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MENSAJES DEL CIELO

DESAFÍO DIVINO

INTRODUCCIÓN

Leemos en Hechos 10:37 y 38: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

Dios el Padre ungió a Jesús, Dios el Padre estaba con Jesús y Él anduvo haciendo el bien. A veces ni descansaba; sus discípulos le indicaban que debía descansar y también que debía comer, mas Jesús les dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”.

¿Tú quieres ser como Jesús? El propósito o la pretensión de Dios es que todos lleguemos a ser uno, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, y también, el Señor declaró que nosotros haríamos las mismas obras que Él. Todos miraban lo que Jesús hacía y escuchaban lo que decía, y en un momento, dijo: “Ustedes van a hablar como yo hablo y harán las obras que yo hago”. El Nuevo Testamento hace mención del crecimiento que Dios le quiere dar a la iglesia y la edificación de ésta hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Te pregunto nuevamente: ¿Quieres ser como Cristo? ¿Te gustaría que te clavaran las manos en una cruz con un clavo herrumbrado? En la época de Jesús los clavos tenían herrumbre y no se había descubierto aún el acero inoxidable. Ser como Cristo significa también padecer como Él. Al Señor lo tildaron de endemoniado y decían que echaba los demonios por el poder de Beelzebú. ¡Querer ser como Jesús tiene un precio! Ser como el Señor no se trata de tener un buen negocio o hacerse rico; querer ser como Jesús no significa que tienes que tener una vida cómoda sino que incluye vivir una vida complicada pero también incluye ser investido por la unción de Dios, tener poder y convicción y experimentar una pasión que hace que tú no te detengas por nada.

DESPOJARNOS PARA SER COMO CRISTO

Debemos entender que para ser como Cristo nos tenemos que despojar de nosotros mismos según la enseñanza bíblica; tenemos que despojarnos de nuestros pensamientos, conocer los pensamientos de Dios y abrazarlos con la convicción de que sus pensamientos son mejores y más altos que los nuestros. Tenemos que despojarnos de nuestros planes, convencidos de que los planes de Dios son mejores que los nuestros. Cuando retenemos algunas cosas y no las queremos soltar, no nos despojamos de nosotros mismos, entonces no podemos hacer la voluntad del Padre. Cuando queremos hacer lo que deseamos, dejamos de hacer lo que Dios desea y lo que yo deseo o lo que a mí me gusta se transforma en una trampa, porque lo que yo anhelo me aleja de lo que el Señor anhela. ¡Mis deseos no son los deseos de Dios!

Cuando yo me aferro a algo que quiero, cuando me aferro a mis planes, caigo en una trampa que no me deja hacer la voluntad de Dios. Te lo explico muy sencillo: cuando tú haces tu voluntad, pecas, en cambio cuando haces la voluntad de Dios, no pecas. Toda obra que sale del corazón del hombre, por buena que parezca, está contaminada por el pecado y a Dios esa obra no le sirve. Por eso Jesús declaró: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Tomar la cruz significa negarse a uno mismo. La cruz representa la voluntad del Padre para Jesús; no era su voluntad ir a la cruz. El Señor oró en el Getsemaní sudando gotas de sangre, diciéndole al Padre: “Para ti todas las cosas son posibles. Tú puedes hacer que yo no beba esta copa. Eres el Todopoderoso y para ti no hay nada difícil. Yo no quiero beber esta copa y tú puedes hacer algo para que yo no la beba pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. ¡Para ser como Jesús hay que despojarse!

Dice Filipenses 2:4 al 7: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. ¿Quieres ser como Jesús? ¿Cómo fue el despojamiento de Jesús? Él estaba con el Padre en la gloria, “la pasaba bomba”, millones de ángeles lo servían y estaba muy bien allá. Pero había un problema y es que de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Hijo Unigénito… ¡Dios también se despojó!

¿Qué es lo más preciado para un padre? ¡Sus hijos! Sin embargo, el amor por la humanidad hizo que el Padre enviara a su Hijo para que todo aquel que en Él cree no se pierda sino que tenga vida eterna. Dios le dijo a Jesús que tenía que bajar a la tierra pero debía dejar su gloria y su poder en el cielo. “Vas a encarnarte y serás un hombre en debilidad como cualquier hombre. Sujeto a todos los problemas que enfrentan los hombres así que debes dejar tu gloria acá”. ¿En qué consiste esto? Jesús no estimó en ser igual a Dios como cosa de qué aferrarse sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, es decir que vino a servir y no a servirse, vino a servir al Padre y no a hacerse servir. Dice la Biblia que estando en forma de siervo se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. He visto personas que no quieren despojarse de un novio o una novia, de una carrera, de una casa que tienen que pagar en veinte años; entonces, la casa, el novio, la novia o cualquier otra cosa de la que está aferrado impide que entre en el propósito o la voluntad de Dios.

DESPOJARNOS TIENE UN PRECIO

¿Sigues diciendo ahora que quieres ser como Cristo? Yo he visto que los hermanos que fueron a servir a Dios a Haití se despojaron. ¿Qué muebles podían llevar? ¿Qué dinero podían haber llevado? Se fueron con lo puesto, esperando que si algo llegaban a necesitar, Dios se los iba a proveer. No fueron a forjar un futuro para ellos sino que fueron a promover un futuro para Haití y para los niños que allí viven. ¡Renunciaron a todo! Algunos renunciaron a su padre y a su madre. Sucede que no sólo son los programas de televisión que difaman a la iglesia, quienes se oponen a que tú te consagres. Ellos te dicen que Márquez te está robando, esclavizando y manipulando, pero muchas veces son los parientes los que te frenan. Cuando uno se despoja, puede dejar su patria, y deja padre y madre entre otras cosas. Pedro le dijo a Jesús: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” Y el Señor le respondió: “Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna” (Mateo 19: 27 y 29). Está el cristiano que le dice al Señor: “Te voy a seguir pero después que entierre a mi padre y a mi madre”. Mas el Señor a ese le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos y tú ven y sígueme”.  ¡Hay un precio que pagar!

¿Aún quieres ser como Jesús? Hay una joven que me viene diciendo hace tiempo que tiene un llamado para ir a Haití.  Su mamá la dejó con una vecina y se fue. Cuando la vecina se cansó de ella, fue a parar al INAU donde se crió con amargura, con resentimiento y rechazo, preguntándose siempre por qué su madre no la quiso. Ella no podía perdonar a sus padres porque la habían abandonado, pero cuando llegó a los hogares Beraca y el amor de Dios la cautivó, ella pudo perdonar a su madre y a su padre. La joven trabaja en un jardín maternal y está muy feliz, pero quiere irse a Haití. Su madre y su padre que nunca se han preocupado por ella, cuando se enteraron que se quería ir a Haití, me mandaron un mensaje amenazándome que irían al programa de televisión que se ha encargado de difamarme a mí y a los hogares Beraca, para contar que yo quiero dividir a las familias. A veces no sólo se opone el diablo, se opone hasta la familia.

Nunca olvidaré cuando mi hermano que estaba cursando tercer año de ingeniería, fue a mis padres con la noticia de que se iría al seminario teológico bautista porque quería ser pastor. Mis padres que toda la vida dijeron que la única herencia que nos iban a dejar era el estudio y una carrera, no soportaban la idea de que abandonara la carrera. Mi madre le dijo que finalizara y después que hiciera lo que quisiera. ¡Era el orgullo de nuestros padres que tuviéramos un título! Fue una lucha muy dura, pero mi hermano les dijo: “Ustedes me han enseñado el evangelio desde que soy chiquito y me dijeron que eso era lo mejor que hay para bendecir al mundo, entonces renuncio a mi carrera y me voy al seminario porque quiero ser pastor”. ¡Y se fue! ¡Dios ha bendecido grandemente a mi hermano! Tiene un ministerio grande en la ciudad de Neuquén. Tienen primaria, secundaria y universidad; también tienen radio y televisión.

DESPOJARNOS PARA SER UNGIDOS

Quiero decirte que a quien Dios no ha despojado, no lo puede revestir. Si el Señor no saca de ti todo eso que a Él le molesta conforme a su propósito, no te puede ungir con su Espíritu Santo. Piensa qué cosas te están estorbando e impiden que te puedas consagrar cien por ciento. ¿Qué cosas hay que no quieres renunciar? ¿Qué le estás negando a Dios? Los que quieren ser como Jesús tienen que despojarse como Él se despojó. El Señor fue revestido con el poder del Espíritu Santo después de haber venido al mundo y nacer despojado y después de dar prueba que no le interesaban sus propios planes. Jesús declaraba: “Las palabras que oyen de mí no son mías sino de mi Padre que está en los cielos”. Jesús podía hablar lo que quisiera pero se había despojado, había renunciado a hablar por su propia cuenta y dijo: “Sólo lo que el Padre me da que hable, eso es lo que hablo”. Es por eso que también declaró: “Mis palabras son Espíritu y son vida”. Porque las palabras venían del Padre y no de Él. Aun estando aquí y habiendo tomado forma de siervo se hizo obediente, y como el Padre había ordenado que los pecadores se bautizaran, Jesús se bautizó aunque era sin pecado porque dijo que era conveniente obedecer en todo.

Dice la Biblia que a Jesús le era necesario pasar por Samaria. A esa región no iban los judíos porque era una ciudad idólatra, contaminada y ellos no querían contaminarse pisando el polvo de esa región. Cuando la gente venía del norte de Galilea a Jerusalén, los judíos esquivaban Samaria. ¡No querían pasar por nada del mundo por ahí! Pero la Biblia dice que a Jesús le era necesario pasar por Samaria, mas no era una necesidad suya porque Él no obedecía a sus necesidades, sino que Dios tenía algo con esa región ya que cuando Jesús pasó por allí se encontró con una mujer en un pozo: La mujer samaritana de la que la Biblia hace mención. A ella Jesús le predicó el evangelio; le pidió agua y la mujer le dio de beber. El Señor en un momento le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva… Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed”. ¿Jesús tenía la necesidad de pasar por Samaria? ¡No! Era el Padre que tenía una mujer señalada para que sea salva y para que muchos sean salvos por su testimonio. Los discípulos llegaron y lo vieron hablando con una mujer y un judío no podía hablar con una mujer samaritana. Ellos lo observaban a la distancia pero en un momento se le acercaron y le dijeron: “Maestro tienes que comer”. Pero Jesús les respondió: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”.  ¡Así debe ser un cristiano! Por sobre todo debo hacer la voluntad de Dios. “No la mía sino la tuya Señor. Quiero despojarme como lo hizo Jesús y que me uses como lo usaste a Él. Padre, quiero que la unción que había sobre Jesús esté sobre mí porque quiero hacer las obras que el Señor hacía”.

Si yo no hubiera dejado de lado el coro que dirigía, la iglesia que amaba y mi tierra natal que tanto amaba, la ciudad de San Juan, Dios no hubiera cumplido en mí, su perfecto propósito. Allá cantábamos una canción que dice así: “Ay San Juan, ay San Juan, mi tierra querida. Ay San Juan, ay San Juan, ay San Juan de mi corazón. Ay San Juan, ay San Juan, ay San Juan, por ti doy la vida. Ay San Juan, ay San Juan, ay San Juan de mi corazón”. En esa última estrofa se nos caían las lágrimas… ¡Era más importante San Juan que Cristo! La canté tantas veces y lloré tanto, que dije: “De aquí de San Juan no me saca nadie”. ¡Pero Dios me sacó! ¡Amar a Dios es peligroso! Si no hubiera renunciado a la tierra que amaba, a la profesión que amaba y a otras cosas, no estaría en Uruguay y la iglesia Misión Vida para las Naciones no existiría. ¡Qué importante es una decisión!

LA IMPORTANCIA DE NUESTRAS DECISIÓNES

En este último viaje que hice a Haití casé a Carlos y Vanny, y cuando estaba celebrando la ceremonia yo lo miré fijo y le dije: “Qué importante son las decisiones, ¿no?” Él asentía, pero no entendía lo que yo le estaba diciendo. Cuando comenzamos la obra de Haití, Carlos era nuestro traductor y cobraba veinte dólares diarios por hacerlo, hasta que un día le dije que no le iba a pagar más y que decidiera si sería uno de nosotros, o sea, si se iba a despojar de sus pretensiones o no. Eso fue una puñalada en el corazón, ya que para él eran muy importantes esos veinte dólares diarios, unos seiscientos al mes, lo que era mucho para vivir en Haití. Pero algo le dijo a su corazón como hoy te está diciendo a ti: “Quedate, aquí hay propósito y llamado”. Carlos tomó la decisión, pero después quiso retroceder porque despojarse duele, pero él perseveró y se transformó en un líder. Yo le dije en su casamiento: “Carlitos, si no hubieras tomado la decisión de quedarte, no tendrías la esposa que tienes hoy”.  Él dijo delante de todos los que estábamos allí: “No entiendo cómo Dios me ha dado una esposa tan linda, siendo yo tan feo”. “Lo que pasa es que Dios paga bien”, le dije.

Eran dos parejas que se casaban ese mismo día y a los cuatro les dije: “Este casamiento es el mejor que he realizado en los hogares Beraca y digo que es el mejor porque ustedes han dejado muchas cosas por servir a Dios en este lugar” ¡Quién honra a Dios será honrado por Él! Yo espero mi galardón de parte del Señor, no lo espero de los políticos y mucho menos de los que conducen programas televisivos; no espero mi galardón de la gente, porque mi galardón viene de Dios. ¡Dios paga! ¡Él no es deudor de nadie, dice la Biblia! Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús, entonces, ¿para qué quieres la unción y el poder del Espíritu Santo? Le pides al Señor que te unja y te llene y no sabes para qué. Ser como Cristo significa tener la pasión que tuvo el Señor. ¿En qué consiste esa pasión? Es un fuego y una fuerza que te mueve en determinada dirección; la pasión es la decisión de sufrir por una causa. Es un fuego que te lleva a avanzar pase lo que pase porque es más fuerte que tú y ese es el fuego que Dios puso en Jesucristo y anhela poner en los que hoy se quieren despojar. ¡Dios quiere poner pasión en ti!

Él dijo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Significa, este hijo me hace sentir bien porque me obedece, entonces descendió el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma y desde ese momento comenzó el ministerio de Cristo. Dice la Biblia que el Señor fu ungido con poder. Hechos capítulo 10 dice. “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. ¿Para qué tenía Jesús esa pasión y ese fuego? Para andar por ahí sanando a los oprimidos del diablo y haciendo bienes. Así debe ser contigo, no hacer lo que te conviene sino el bien a los demás.

CONCLUSIÓN

La pasión de Dios y de Jesús es la gente y si tú quieres ser como Cristo, la gente se transformará en tu pasión para sanar a los oprimidos del diablo y bendecir. Lo que ocurrió con Jesús fue porque Dios estaba con Él. Ser como Cristo no consiste en lograr grandes emprendimientos personales; Jesús anduvo por todas partes consolando, sanando y liberando endemoniados. Mal que le pese a quien sea, las opresiones que hay en el mundo son ocasionadas por demonios y dentro de la iglesia hay mucha gente que también vive oprimida. Si vives oprimido no es por la causa de Dios sino por causa del diablo porque aquel que es atacado con dardos venenosos del maligno, pero es como Cristo, se goza en las tribulaciones y no vive oprimido. Vive con fuego y pasión en su interior y declara que no lo van a detener porque lo que Dios le ha mandado hacer lo hará.

¡Dios nos ha mandado a bendecir y así lo haremos! El Señor nos ha hecho bendición y nosotros vamos a bendecir. Fortaleceremos a los débiles y daremos ánimo al cansado porque somos como Cristo, porque la unción que hay sobre mí es la misma unción que hubo sobre Cristo. ¿Cuál es la unción? ¡La presencia poderosa de Espíritu de Dios!

Abre tu corazón al Señor y piensa si sinceramente estás honrando a Dios. Muchos viven para el evangelio pero muchos viven del evangelio. El desafío que se te presenta hoy es para que vivas para el evangelio.

“Señor, establece tu reino y tu voluntad en lo más profundo de nuestros corazones. Si hasta hoy no se ha visto tu poder en mi vida, que sea visto a partir de hoy y que puedas decir de mí que soy tu hijo amado, tu hija amada en quien tienes complacencia. No quiero temer ser despojado o despojada, quiero rendirte todo. ¡Obra con tu poder en mí, Padre! Líbrame de mi egoísmo y de mis temores. Que tú puedas contar cien por ciento conmigo. Quiero andar por todas partes haciendo bien y sanando a los oprimidos del diablo como lo hizo Jesús. Libra de opresión y de temor, Padre; libra de egoísmo, en el nombre de Jesús. Sean rotas las opresiones y caigan los muros de contención; sean rotas las cadenas y los lazos del infierno, en el nombre precioso y bendito de Jesús, amén”.

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