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MENSAJES DEL CIELO

DESDE HOY TE BENDECIRÁ

INTRODUCCIÓN

La palabra que Dios te da, es una palabra para que la creas y para que creyendo, recibas bendición abundante a partir de este día. ¡Pero debes creer y tienes que tomar decisiones! Las decisiones que tomamos generan la clase de vida que vivimos. Tendemos a creer que lo que vivimos es por culpa del gobierno, de mi padre, del clima, de la suegra, culpa de todo el mundo; pero el Señor te dice: “Yo trato contigo en función de tu fe y en función de tus decisiones”. Las decisiones provienen de prioridades. Una persona, se dé cuenta o no, establece prioridades en la vida, por lo tanto, las decisiones que toma, son en función de prioridades. Yo no puedo decir que me va mal pero yo hice las cosas bien. Cuando uno asume las prioridades que corresponde, toma las decisiones que corresponde. Tú estás cosechando hoy, las decisiones conforme a las prioridades que tomaste ayer. Pero hoy puedes cambiar tus prioridades y tus decisiones serán otras para que no te suceda como le sucedió al pueblo de Israel.

PRIORIDADES EN EL ORDEN CORRECTO

Dios le dijo a su pueblo: “Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto”. Estas son las profecías dadas por Dios al profeta Hageo unos quinientos años A.C. Pero veo que también son profecías para nuestro tiempo. ¿No se te esfuma el dinero de las manos? ¿Anhelas tener más dinero? Hablando de la bendición de prosperidad, ¿tú quieres prosperidad? ¿Quisieras ganar un treinta por ciento más de lo que ganas, o el doble de tus ingresos?

¡Dios quiere darte y bendecirte! ¿Por qué? El Señor no te bendice por causa de tus prioridades sino por causa de sus prioridades. Si te da más es porque está interesado en que tengas más porque a Él le importa su reino, y si encuentra a alguien que se interesa en su reino, es muy probable que Dios le dé mucho más porque el Señor necesita que su pueblo generoso tenga mucho más. Tú crees que con un treinta por ciento más podrías vivir mejor, pero Dios no está pensando solo en ti sino en su reino. Tal vez quiera darte diez veces más, pero como tú no sabes de prioridades, como no sabes tomar decisiones que sean de bendición para el mundo, conforme a los planes de Dios y a su voluntad, no recibimos.

A veces no sabemos qué pedir ni cómo pedir nos dice la Biblia. Tenemos que profundizar en este tema; las prioridades que establecemos determinan la calidad de vida que tenemos. Así como te plantee el tema del dinero, te puedo plantear el tema de la familia y una infinidad de temas más. Nosotros debemos tener muy claras nuestras prioridades, porque si no, tendremos conflictos. Te comparto algunas frases importantes que te van a ayudar: “Lo que más amas compite con lo que más deberías amar”. “Lo que más amas puede transformarse en un gran estorbo y compite con lo que más deberías amar”. Nos resulta fácil decir que amamos a Dios, pero a la hora de demostrarlo, notamos que le ponemos muchas excusas; es que hay cosas que amamos que compiten con lo que deberíamos amar por sobre todas las cosas.

Dios le dio un hijo a Abraham que se llamó Isaac. ¡Toda su vida esperó ese hijo! Dios se lo había prometido y cuando lo tuvo lo amó tanto, pero Dios dijo: “Quiero que sacrifiques a tu hijo el que amas”. El amor que Abraham tenía por su hijo Isaac competía con el que debía tener a Dios y el Señor decidió probarlo, quiso ver si en verdad lo amaba y le pidió al hijo en sacrificio. Yo te pregunto, ¿qué estás dispuesto a dejar por amor a Cristo? El amor establece prioridades; yo quedo aferrado a lo que más amo. Has deseado toda la vida tener una casita, se la has pedido a Dios y finalmente lo has logrado. El Señor te concedió una casita de tres dormitorios, te sientes bendecido. Pero ahora el Señor te está mandando a predicar a otra nación y tú no puedes ir porque Él te dio tu casa, y si Él te la dio, ¿cómo te vas a ir ahora? Tienes como cuatrocientos años para pagarla, pero es tuya. Una casa puede enfriar tu amor a Dios y destruir tu relación con Él.

Un hombre tenía un negocio y le pedía a Dios que lo prosperara, entonces el Señor lo bendijo económicamente, y cuando empezó a irle bien deseó tener una casa y se compró un terreno muy lindo pero alejado de la iglesia. La construcción de su casa comenzó a demandarle tiempo por ende asistía menos a la iglesia, y cuando tuvo su casa quería más prosperidad. ¡Le gustó lo de prosperar! Entonces procuró una casa mejor y comenzó a edificarse otra. Cuando quiso acordar estaba lejos de Dios, rodeado de empresarios tomando whisky con mujeres. ¡La prosperidad que le había pedido a Dios le costó la vida! Lo que amas determina tus prioridades y compite con lo que más deberías amar. Tienes que ponerte a pensar si Dios es realmente la prioridad de tu vida.

Nosotros somos probados muy seguido, un nieto puede ser el estorbo de tu vida porque quién no dijo: ¡qué divino es mi nieto! ¡Sólo Dios es divino! Nadie hay más divino que Dios, así que no le digas a nadie que es divino. Y somos probados constantemente a ver si amamos a Dios como deberíamos amarlo o no, y para ver qué estamos dispuestos a perder o a dejar por amor a Él. Yo amo a mis nietos, suspiro por ellos. Me fui de viaje y desde que volví aún no los he visto, y las malvadas de sus madres no me los han traído. Me vuelvo loco por hablar con mi nieta Justina y a veces cuando la llamo por teléfono, me dice: “Hola abuelo, estoy ocupada”. ¡Y me cuelga! Un día la madre le dijo que se iban a ir al día siguiente a ver a su abuela Susana que vive en otra localidad de Uruguay. “¡Qué lindo mamá, nos vamos a Rivera a la casa de la abuela Susana!” dijo Justina. El día que se iban de viaje se despertó a las siete de la mañana, y ella jamás se despierta a esa hora. La madre le preguntó: “Justina, ¿por qué te has despertado tan temprano?” “¡Porque vamos a la casa de la abuela Susana!” Cuando yo me enteré, en tono jocoso me pregunté: “¿por qué existirá la abuela Susana? ¡Esa vieja!” ¿Por qué se tiene que poner tan feliz la niñita por ver a esa abuela? ¿Y yo qué?” El amor establece prioridades. ¿Qué estoy dispuesto a dejar porque amo más a Cristo que esa prioridad?

Otra frase que quiero compartir contigo es ésta: “Aquello en lo que confías reemplaza aquello en lo que más deberías confiar” Supongamos una persona a la que se le detecta una enfermedad de cáncer. Esa persona tiene una confianza tremenda en el Señor y vive sonriéndole a la vida, y declara: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46). “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23). Vas al médico y te dice que tienes cáncer. Allí se te esfuma tu confianza en Dios porque has puesto tu confianza en lo que te ha dicho el doctor. Él te dijo que lo tuyo es grave y que humanamente y científicamente no se puede hacer nada. Al escuchar ese diagnóstico te desmoronas porque en realidad tu confianza no estaba puesta en Dios. Si tienes una cuenta bancaria llena de dinero entonces vives confiado; si el banco da quiebra y te quita todo, y eso es muy probable, se te termina la confianza y comienzas a preguntarte dónde está Dios que permite que te pase esto. Tenemos cierta confianza en Dios, pero es fácil de explicar cuando en realidad nuestra confianza la ponemos en el dinero, en el trabajo, en la casa, etc.

“Las cosas que más nos importan se oponen a que las cosas importantes de Dios prevalezcan”. En realidad, las cosas que más nos importan, son las cosas que más amamos. A veces cambiamos la gloria de Dios por cosas que son nuestra gloria, nuestro deseo y voluntad, y creemos que si tenemos esas cosas vamos a estar bien bendecidos. Quiero que sepas que la única bendición que no se roba ni se pierde es la bendición de Dios en tu corazón; la bendición de la presencia de Dios en tu vida. Si Dios es la prioridad en tu vida, no hay mal tiempo que pueda contigo, no hay escases de dinero, no hay falta de trabajo, ni maldición que te espante.

“¿Qué tanto amas lo que estás amando que te impide que ames de verdad a Dios por sobre todas las cosas?” Pareciera que la prioridad de tu vida es Dios, pero en realidad hay cosas que se interponen para que no hagas su voluntad; y si haces la voluntad de Dios tu vida es bendecida.

¿CUÁL ES TU PRIORIDAD?

En la época del profeta Hageo, según nos cuenta la Biblia, el pueblo de Israel había salido de la esclavitud, en la que permanecieron por setenta años. Un grupo importante había vuelto a Israel, y algunos se acordaron cuando echaron las bases del templo de Salomón y vieron la gloria del templo. Pero cuando llegaron vieron que Jerusalén estaba completamente destruida; los muros, el templo y las casas. Las puertas de acceso a la ciudad habían sido quemadas. Llegaron los que habían estado cautivos y lo primero que hicieron fue tomar decisiones y elegir prioridades. Decidieron hacer lo qué era lo más importante en ese momento, y edificaron los muros porque era necesario tener la ciudad amurallada para estar protegidos ya que así sería muy difícil que los enemigos pudieran prevalecer contra ellos. Entonces edificaron los muros para poder habitar seguros dentro de la ciudad. La prioridad número dos fue edificar sus casas ya que habían vivido en esclavitud y no eran dueños de su propiedad, entonces con las piedras de las ruinas comenzaron a edificar sus casas. La Biblia nos dice que las casas que se habían hecho eran artesonadas o sea que tenían arte, y algunos dicen que las revistieron por dentro con madera. ¡Era un lujo! Ahora ya no vivían como esclavos; ahora estaban en su tierra, tenían un muro de defensa y habitaban tranquilos, entonces se construyeron casas confortables. Ahora, el problema que se planteó en el tiempo de Hageo, fue que esa no era la prioridad de Dios para su pueblo. Leemos en Hageo 1:4: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” ¿Es para ti, tiempo para ti? El profeta les preguntó de parte de Dios si era tiempo de habitar en sus casas artesonadas y la casa de Dios estaba desierta. Lo que había quedado sin edificar era la casa de Dios. Habían levantado el muro, sus casas estaban terminadas, pero no pensaron en reedificar el templo. Ellos creían que tenían bendición más Dios les hace ver que no era así. Entonces le dijo el profeta al pueblo: “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos” (Hageo 1: 5 al 7).

Hoy nosotros también estamos meditando acerca de nuestros caminos. ¿Qué tan bendecido estás? ¿Qué tanta paz tienes? ¿Qué tan satisfecho estás con la vida que llevas? ¿De qué depende que tú estés bien? Ellos creían que estaban protegidos pero no era así ya que sembraban mucho y cosechaban poco. Comían y no se saciaban, bebían, pero no estaban satisfechos y se vestían mas no se calentaban. Recibían dinero, pero en saco roto. “Piensen bien en lo que están haciendo”, dice el Señor. A continuación, les manifiesta su prioridad: “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová” (Hageo 1:8). Ustedes creen que están bendecidos porque ahora tienen un muro que los protege y una casa propia, pero yo les digo que ustedes no conocen mi voluntad. El Señor quería que ellos edificaran el templo porque allí iba a manifestarles su voluntad y ellos sabrían cuál era su bendición. Ellos no le dieron lugar a lo que era más importante.

¿No es verdad que a veces le damos más prioridad a nuestras cosas y a Dios le damos lo que sobra? Para gozar de bendición lo más importante es conocer la voluntad de Dios y estar dispuestos a hacerla. Pero si no hago primero lo que Dios quiere, ¿cómo voy a conocer su voluntad? ¿Y cómo voy a saber lo que es bendición? A la hora de la insatisfacción del alma, tu casa no va a llenar tu vacío, tampoco lo hará el dinero; a la hora del quebranto matrimonial no será un nuevo esposo o una nueva esposa quien satisfará tu alma. No hay nada que sea más importante cuando llega el día malo, sólo que Dios esté contigo. Y cuando las cosas no van bien es importante que sepas que no es por culpa del gobierno que te va mal, no es por culpa del clima o de otras personas; tú debes examinar tu corazón y meditar sobre tus caminos. Dios quiere que a partir de hoy sepas establecer prioridades para que camines en bendición.

El Señor le dijo más al pueblo por medio del profeta Hageo: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa”. Cada uno se preocupa por lo suyo. Hablé con una mujer, pastora, a la que su esposo abandonó para irse con otra mujer. Ella comenzó a buscar explicaciones por lo que le sucedió y por eso comenzó a entristecerse y angustiarse al punto de abandonar el pastorado yéndose a vivir con un familiar. Se encerró en sí misma pensando en lo que le había sucedido y cuestionando a Dios. Hace cuatro años entró en un pozo depresivo del que no puede salir. Yo le pregunté: “¿Tú eras o eres pastora?” Llorando, con tristeza en su corazón me dijo: “Yo era pastora”. Entonces le recordé: “¿Sabes que el llamado de Dios es irrevocable? Así que si Dios te llamó a ser pastora no dejaste de serlo porque aún eres pastora. No estás ejerciendo tu profesión ni estás bendiciendo a los demás, pero eres una pastora”. La miré fijo y le dije: “Mujer, tú eres preciosa, eres escogida por Dios. Has perdido cuatro años sumida en tu miseria y en tu problema, pero el día que le des la prioridad a Dios y salgas a hacer la obra que Él te ha encomendado, tu tristeza, tu angustia y tu soledad se irán de tu vida”.

Tu problema no es resolver lo que no puedes resolver. A veces Dios te mete en dificultades que no puedes resolver, así que le tienes que entregar al Señor ese problema y poner en sus manos tu tristeza, tus fracasos y angustias, y decirle: Señor, ¿qué quieres de mí? Vas a tener que aprender a establecer tus prioridades. ¡Dios tiene que ser tu prioridad número uno y su voluntad también! ¿Por qué estará así el clima? Y Dios dijo: “Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos”. Cuando Dios no es la prioridad viene la sequía, los problemas en la tierra; siembras mucho y cosechas poco, etc. “Te estás afanando por producir más; te afanas por tener mejores cosas pero no me has mirado a mí y yo soy el que bendice”, te dice el Señor. “Yo soy el Dios que te da el aceite y la semilla. Yo soy el Dios que te prospera. ¡Mírame a mí!” La lógica dice: hagamos un muro de defensa, hagamos una casa para vivir mejor y Dios te dice: “¡No! La lógica mía es: Yo soy la prioridad. Mi casa debe ser edificada, y ahí pondré mi nombre y mi voluntad. Allí seré glorificado”.

Leemos en Hageo 1:13: “Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová”. Yo te traigo esta palabra, absolutamente convencido de que Dios está contigo.  “Yo estoy contigo” te dice el Señor. Cuando Hageo les dijo esto al pueblo, leemos en el versículo 14: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios”. La palabra que se traduce aquí como despertó es: provocó, excitó, motivó o abrió los ojos del corazón. Cuando Dios dijo, yo estoy con ustedes, sucedió que el corazón de Zorobabel, el gobernante, de Josué hijo e Josadac el sumo sacerdote y el del resto del pueblo fue excitado. Incitó el espíritu de todos ellos para que hiciesen la voluntad de Dios y no la suya propia.

Dice el profeta Hageo de parte de Dios a su pueblo en el capítulo 2, versículos 15 al 19: “Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová. Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte. Os herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis a mí, dice Jehová. Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón”.

El Señor está excitando hoy tu corazón, está despertando tu espíritu para que suceda un cambio rotundo en tus prioridades. Hoy tienes que tomar una decisión, y Dios dice: “No voy a esperar que el templo esté construido, voy a contar con la decisión que tomes a partir de hoy. Todavía no se han levantado las paredes, pero desde este día te voy a bendecir”. Y lo que le dijo al pueblo por medio del profeta Hageo, te lo dice a ti hoy: “¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré”. ¡Dios está despertando tu corazón! Sólo tienes que examinar tu corazón y meditar sobre tus caminos, pero el Señor te propone que si cambias tus prioridades desde este día te va a bendecir. Antes que tú hagas algo para Él, te dice que te bendecirá desde este día. ¡El Señor cuenta con tu decisión!

Ya no cambiarás tu amor a Dios por otra cosa; no cambiarás más la voluntad de Dios por algún deseo personal. Vas a rendirte a Dios y te inclinarás delante de Él. ¿Será posible que Dios haga de ti lo que Él quiere? Yo tengo un llamado de Dios y sé que Él quiere que haga su voluntad, quiere que me consagre, pero mi mamá está viejita y ella me dijo: “¿Me vas a dejar sola?” Y la palabra de Dios dice: “Honra a tu padre y a tu madre”. Yo te digo que la palabra de Dios dice: Honra a Dios por sobre todas las cosas incluidos tu padre y tu madre. ¡No cambies oro por espejitos!

He escuchado gente decir: “Esto no es lo mío. No es lo que a mí me gusta”. Gente que no tiene como prioridad hacer lo que Dios quiere. Como que Dios tuviera que citarte a su escritorio y decirte: “A ver mi amor, contame qué te gusta. Dime lo que quieres así no sacrificamos tu voluntad. Yo voy a transformar mi voluntad en tu voluntad. ¿Te gusta tocar la guitarra? Bueno, no te voy a poder mandar a hacer otra cosa. Te propongo que toques la guitarra. ¿Así te gusta?”

¿Podrá Dios disponer de tu vida? ¿No será que pusiste las manos en el arado y después de un tiempo has mirado para atrás? Muchos abandonan el plan o el propósito de Dios. Y el Señor te dice: “Si has entendido cuán importante soy para ti y cuán importante es mi voluntad, entonces debes cambiar tus prioridades”. Muchos cristianos sufren de desinterés o falta de interés. ¿Qué significa tener desinterés por algo que Dios te demanda? Que tienes interés en otras cosas. No mirar con interés algo que Dios te demanda es tener otros intereses que tú consideras prioridad. Por eso es que pones excusas que suenan válidas, pero eso no significa que lo dejas contento al Señor. Porque Dios te dice como a Josué, esfuérzate y sé valiente. Cobra ánimo y no tengas miedo; yo te envío a la guerra. Pelea porque tengo promesas para ti. Tú peleas y yo te doy victoria, te dice el Señor.

A la hora de darte victoria Dios no puede soportar tu desinterés por sus asuntos. Otra actitud es el desaliento o desánimo, es no tener ganas, algo parecido a no tener interés, pero no es igual. El desaliento es no poner el corazón en lo que Dios quiere. Cuando mis intereses son más fuertes entonces tengo ánimo para hacer lo que quiero pero no lo tengo para lo que Dios quiere. Por otro lado está la insatisfacción. Si a mí me satisface tener una casa y mi prioridad es eso, poca satisfacción me va a causar que Dios me quiera mandar a Haití. ¿Dios puede disponer de ti o no? Cristo renunció a todo por ti; murió y derramó su sangre por ti. El Señor postergó su vida por ti y puso como prioridad tu vida. Puso como prioridad su sangre para cubrir tus pecados. Jesús dejó su gloria y se hizo hombre porque te amaba. El amarte te transformó en una prioridad para Dios. Pero hay un trato que tienen que hacer, el Señor te da su todo pero tú debes darle tu todo.

El relato bíblico de libro de Hageo y su historia es igual a lo que acontece hoy, sólo que el templo de aquel entonces era un símbolo de lo que es hoy en día. La Biblia dice que Dios no habita en templos hechos por hombres; el Señor habita en nosotros. Nosotros somos el templo de Dios. Ahí quiere poner su voluntad, ahí quiere ser exaltado; el Señor quiere que su gloria esté en tu corazón. Pedro declaró: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Jesús edifica la iglesia sobre la verdad de que Él es el Hijo del Dios viviente, el Mesías, el Ungido de Dios. Edificar la iglesia es edificar el templo de Dios; es hermosear la casa para que el Señor habite en las personas. Algo similar dijo Jesús con respecto a lo que les declaró Dios a su pueblo por medio del profeta Hageo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

“No hagan para ustedes casas ni muros de defensa; busquen primero mi voluntad y déjenme que yo me encargue de sus necesidades. Yo tengo provisión para ustedes; yo me hago cargo de las añadiduras. Edifiquen mi casa”, dice el Señor. Estamos en un tiempo en el que Dios está por desatar el avivamiento más grande de la historia de la humanidad, en medio de una crisis mundial como nunca antes ha habido. Habrá un derramamiento extraordinario de su Espíritu Santo y los entendidos resplandecerán. Los creyentes que se la jueguen por Dios serán como estrellas en el firmamento. ¡Su luz se dejará ver!

CONCLUSIÓN

Y Dios te dice que a partir de hoy va a repetir la historia; y aquellos que mediten en sus corazones y examinen sus caminos que están sembrando mucho y cosechando poco, que no les alcanza el dinero, que sufren enfermedades y son acosados por las pestes, que tienen problemas que los oprimen y se llenan de tristezas sumidos en el fracaso. El Señor dice hoy: “Yo estoy con vosotros y si ustedes dan prioridad a mi voluntad, les prometo que entes de que empiecen a hacer mi voluntad, los bendeciré desde este día”. ¡Si has creído arrebata esta palabra para ti! Yo puedo percibir el anhelo ferviente de Dios de bendecir a su pueblo. Veo al Señor repitiendo la historia con su pueblo como en el tiempo de Hageo, bendiciendo a su pueblo a partir de este día.

Sabe que tienes que ir a la cruz para poder recibir esta promesa; es que si el grano de trigo no cae en tierra y muere no lleva fruto y tú tienes que tomar la decisión de morir a tus deseos y a tu voluntad y entregarle a Jesús tu corazón. Dale a Dios tus fuerzas y entrégale tus preocupaciones. No edifiques para ti muros de defensa porque el Señor es tu Roca y tu fortaleza. Dios se encargará de ti y te bendecirá. Te está hablando alguien que vino por mandato de Dios a Uruguay sin sueldo, sin casa, sin muebles, y como digo siempre, ni siquiera los cubiertos para comer me traje. Dios nos mandó a Uruguay y tuve que aferrarme a sus promesas así que ni siquiera trajimos los cubiertos. Pero nuestra prioridad era predicar el evangelio. Y Dios vio, y bendijo. Esto me marcó mucho en mi vida porque mi pastor en Argentina me dijo: “Te necesito en Uruguay”. ¡Yo no tenía en mis planes Uruguay! Pensé que sería mejor mandarme de misionero a Singapur, a Miami, Italia, etc. ¡Pero me mandó cruzar el charco! Entonces resignado le pregunté cuándo quería que partiera para Uruguay y me dijo: “Te necesito ayer. Es urgente que te vayas”. Le dije que iba a orar y me respondió. “Ora ligero porque si no tengo que mandar a otro”.

Cuando llegamos a la ciudad de Colonia, mis hijas tenían que continuar el período de clases que ya había comenzado en Argentina, pero fue un cambio rotundo en cuanto a la historia, a los métodos que aquí se utilizaban, tenían que aprenderse el himno uruguayo. Mi esposa y yo sabemos lo que es renunciar a todo. Yo tenía grandes planes ya que sólo en Capital Federal había diez millones de personas y estaba convencido de que Dios me había puesto allí por esa gran cantidad de gente, pero no, me mandó a Colonia con unos veinte mil habitantes. Y nos vinimos con mi esposa y mis dos hijas. Yo sé lo que es dejar padre, madre, familia, tierra. Sé lo que es que te critiquen como han dicho de mí que llegué para formar una iglesia robando ovejas de otras iglesias. ¡Había pastores que oraban para que Dios me sacara de Uruguay!

Yo no te pido que renuncies a todo, “porque tengo la vaca atada”[1], como dice el dicho popular; yo he tenido que renunciar a muchas cosas, pero he visto la bendición de Dios a través de los años en los que le he servido. He entendido que hacer negocios con Dios vale la pena; un negocio en el que yo pierdo todo para que Él me dé todo. Para que yo no tenga nada mío, sino todo de Él. Dios quiere que le des tu corazón, pero de verdad quiere que decidas hoy cambiar tus prioridades. La calidad de vida que llevas tiene que ver con la calidad de decisiones que tomas y cuáles son tus prioridades.

Si has entendido esto y has creído a su palabra, desde este mismo día, antes de que hayas puesto la primera piedra para edificar su iglesia, antes de que hayas comenzado a trabajar, desde este mismo día, el Señor te bendecirá.

Prefiere hoy la bendición de Dios antes que todos tus anhelos si has entendido que tienes que hacer lo que a Dios le gusta y no seguir tras tus deseos. Si has entendido que tienes que pagar el precio que Dios te demanda por alcanzar su bendición y la bendición no es lo que tú quieres o te gusta, porque bendición es lo que el Señor te quiere dar, haz una oración a Dios y dile: “Señor, hoy renuncio a mis prioridades para que sean establecidas en mi las tuyas. Yo voy a edificar tu templo. Sopla sobre mi tu Espíritu Santo, en el nombre de Jesús, amén”.

 

 

 

 

 

[1]tener la vaca atada“. Hace alusión al hecho de tener una posición económica asegurada. Por ejemplo, si alguien nace en el seno de una familia muy adinerada, alguien podría decir respecto a esa persona que “la tiene atada” (a la vaca), es decir tiene asegurada su situación económica de por vida, nunca va a necesitar trabajar.

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