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MENSAJES DEL CIELO

DIOS Y SU PALABRA

INTRODUCCIÓN

Toda persona que cree en una mentira, está engañada consigo misma; cuando se cree en algo, se sigue ese algo, es decir, si la persona cree en una mentira, la sigue pero no podrá llegar a nada bueno. Por lo tanto, es esencial conocer la verdad y tomarla en serio. La vida es una sola y el tiempo que disponías hace una hora atrás, ya no lo tienes. ¡No puedes perder el tiempo equivocándote, siguiendo engaños y mentiras! Quienes conocen la verdad, creen en ella y la atesoran, caminan seguros y confiados. La verdad no está en la opinión de la gente ni en la de tus seres queridos. Filosofías hay muchas y todas ellas tienen origen en el corazón del hombre, donde no hay verdad. El único dueño de la verdad es Dios, por lo tanto tenemos que creer en lo que el Señor dice. ¡No creas que hay verdad en algún otro lado! No me vengas con argumentos y si los tienes, que sean de la Biblia.

En el último encuentro que hemos tenido en Monte Beraca, había personas que me hacían preguntas, mientras yo estaba hablando, y me llamó la atención porque no podía creer la clase de preguntas que me hacían, entonces pensé que no conocían la Biblia. Una persona salió con un argumento lógico para él y me dijo: “Pero Dios se equivocó. Él lo hizo al hombre, éste pecó y Dios tuvo que hacer algo para arreglar la cosa”. El argumento humano es que Dios se equivocó, pero la Biblia dice que no fue así y tú tienes todo el derecho de creerle a un argumento humano o creerle a Dios. Yo acepté creer que Dios es perfecto, bueno y justo, y aunque las evidencias me griten lo contrario, acepté que la Biblia es la palabra de Dios y ella me enseñó que el Señor no se equivoca. Si yo tuviera un Dios que comete errores, ¿para qué lo voy a seguir? Prefiero creer que tengo una mente de piojo, que soy mentiroso y necio; prefiero creer que mi mente es finita, que soy injusto y que me equivoco, pero mi Padre que está en el cielo, no. ¿Y por qué mi postura? Porque he creído en la Biblia que es la palabra de Dios, y hoy quiero hablarte de la importancia que ésta tiene.

LA PALABRA DE DIOS ES VERDAD

Punto uno: la palabra de Dios es la verdad inamovible de Dios, y hay un misterio que tiene que ver con ella. Esto lo encontramos en San Juan 14:15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Cuando Jesús dijo, “guardad mis mandamientos” quiso decir que guardaran su palabra y para ello hay que creer en la palabra de Dios. Dicho de otra manera: “No me digan que me aman si ustedes hacen lo que sienten, lo que piensan o se les da la gana. Si me aman, pongan por obra mis mandamientos”. Y cuando hablamos de mandamientos nos referimos a la palabra de Dios. El que ama a Jesús obedece sus mandamientos; de lo contrario quien no obedece los mandamientos del Señor, no le ama. ¡Así de sencillo! Si yo cuestiono a Dios y creo de Él cosas que no son y si me parece que Dios exagera algunas cosas y es injusto en otras, entonces, yo no estoy atesorando la palabra de Dios, no le estoy creyendo y tampoco le estoy amando, y el que no ama a Dios, no le conoce. Sólo quien lo ama, lo conoce, y Él se da a conocer a aquellos que le aman. Hay mujeres que le abren el corazón a cualquier hombre porque están ávidas de afecto, entonces le cuentan su historia, sus tristezas y amarguras a uno que sólo quiere acostarse con ellas. Pero una mujer sabia, antes de abrirle el corazón a un hombre, primero se asegura que éste la ama, porque de no ser así entonces no le abre el corazón. Cuando uno ama y es amado abre el corazón y entra en intimidad y con Dios sucede igual, Él se da a conocer a los que le aman y los que le aman consideran muy importante su palabra.

Conozco mujeres a las que se les ha muerto su esposo y se han vuelto a casar, pero aún conservan las cartas que les mandaba el primer esposo cuando eran solteros. Ella atesora las cartas de ese hombre a quien amó. Aunque ya murió y se casó nuevamente debió haberlas quemado, pero lo que no podemos hacer nosotros es quemar la palabra de Dios ni pisotearla porque el novio que tenemos en el cielo, no se muere. ¡El Padre que tenemos en el cielo no está muerto y nos ama mejor que nadie en el mundo, y la Biblia es la carta de Dios para tu corazón!

¿Por qué la palabra de Dios es tan importante? Aquellos que aman a Dios y atesoran su palabra tienen premio, y este es grande y muy importante. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. O sea, el que ama a Dios guarda sus mandamientos y Jesús intercede delante del Padre para que le dé al que cree y al que le ama un Consolador que esté con esa persona para siempre, es decir, todos los días y en toda circunstancia; cuando pases por las aguas o por el fuego. Y a ese Consolador el Señor le llama en Juan 14:17 “…el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. Aquí habla que Dios está, no al costado, no cerca; habla de Dios dentro de ti.

La clave del mensaje de hoy tiene que ver con que dejes actuar a Dios dentro de ti. Yo he conocido personas que me han dicho: “Jesús siempre ha estado conmigo, yo siempre lo he sentido cerca de mi”. Recuerdo a uno de manera especial quien me contó que estaba en medio de un tiroteo con la policía y se sintió perdido, entonces pensó: “De aquí no salgo”. Era un hombre muerto en medio del fuego cruzado, entonces dijo: “Jesús, si me sacas de ésta, te voy a servir toda mi vida”. Y el Señor lo libró, por lo que me ha dicho: “Jesús siempre ha estado cerca de mí”. Y en verdad, el Señor está cerca de los ladrones, de los asesinos, de los médicos abortistas. ¡Jesús está cerca de todo el mundo! Está cerca de los malvados y violadores, pero no es lo mismo que Él esté dentro de las personas. Lo importante no es que Jesús esté cerca de ti sino que esté dentro de tu corazón.

Veamos la secuencia: “Si ustedes me aman guarden mis mandamientos” dijo Jesús. “Si ustedes guardan mis mandamientos yo rogaré al Padre y Él les dará otro Consolador (se entiende que es otro aparte de Jesús) que va a estar siempre con ustedes, el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. Según señala la Biblia, la palabra de Dios es vida; es viva y eficaz. Es difícil de entender cómo una palabra puede estar viva pero no nos corresponde entender cómo es la cosa sino que debemos creer que la palabra de Dios está viva y la buena noticia es que nadie la puede matar. Está tan viva que nadie le puede hacer nada a esa vida que habita en la palabra de Dios. Jesús dijo: “Mis palabra son espíritu y son vida”. Fíjate que en la palabra está el Espíritu de Dios.

Hace unos días atrás fui al médico a hacerme un chequeo y el doctor me examinó por todos lados, entonces me preguntó si tenía algún dolor en las articulaciones y le dije que sí, que sentía alguna molestia de vez en cuando y me recetó vitamina B. Yo no sé cómo la vitamina B opera dentro de mi cuerpo, además no sé nada de química y bioquímica, no voy a partir una de esas pastillas para ponerla en el microscopio y así ver de qué está compuesta. Yo no sé nada al respecto pero si el médico dice que me la tome, entonces me la tomo. La cuestión es que me tomé el medicamento y se me fueron todos los dolores. El doctor me explicó que a los viejos de sesenta años les sucede que el organismo pierde la capacidad de fijar la vitamina B. Lo cierto es que nuestro cuerpo funciona con vitaminas, proteínas y carbohidratos que entran por la boca. Si andas mal de la vista come zanahorias porque contiene beta caroteno que el hígado transforma en vitamina A. El caso es que tú no sabes cómo es el asunto, porque no estudiaste botánica pero comes zanahoria porque te han dicho que te hace bien y puedes ver que realmente es así.

Las cosas que tú necesitas para la vida biológica entran por la boca y aunque no entiendas de zanahorias o de vitaminas, tú comes y te hace bien porque mantiene tu cuerpo revitalizado. Ahora, en la vida espiritual también cuentas con vitaminas, proteínas, minerales, etc. Y todo eso está en la palabra de Dios. ¡Todo lo que tú necesitas para tener una vida espiritual saludable está en la palabra de Dios! Lo que le va a hacer bien a tu cuerpo físico entra por la boca y lo que le hace bien a tu vida espiritual entra por el oído. Entonces, por el oído entra la palabra de Dios, si tu corazón está abierto, y ella es la sustancia espiritual más poderosa, y le digo sustancia pero me refiero al Espíritu del Dios viviente que entra por el oído y anida en el corazón. ¡Es Dios obrando! ¡Es Dios haciendo! ¡Es Dios trayendo su mentalidad y poniendo en nosotros sus sentimientos! ¡Es el Señor poniendo su corazón en el nuestro cuando entra su palabra! Algunos me dicen: “Pastor, póngame la mano en la cabeza” y se creen que es como un microondas que en un instante se les arregla el lío que tienen en su cabeza pero no es así porque la palabra de Dios tiene que entrar primero por el oído. Hay cosas que se trasmiten por la imposición de manos pero la vida espiritual que tú necesitas no entra por la mano sino por el oído. Por eso Jesús dijo: “Si ustedes me aman guarden mis mandamientos”.

SU PALABRA DEBE MORAR EN ABUNDANCIA

Decía que en el encuentro me llamó mucho la atención las personas que me hacían preguntas, porque me di cuenta que no conocían la palabra de Dios. Desde muy chiquito mis padres me llevaban a la escuela dominical y todos los domingos estudiábamos la Biblia. A los diecisiete años era maestro de la palabra de Dios y le enseñaba a Marta, mi esposa, es por eso que salió tan buena. Así que yo me crié conociendo la palabra de Dios. ¿Y qué pasa cuando uno conoce la palabra de Dios? Sucede que cuando se presenta un argumento que no es de la Biblia, lo detecto inmediatamente; me doy cuenta que lo que dice la persona no concuerda con la palabra de Dios y si no concuerda, entonces no es verdad, viene de otra fuente pero no de Dios, por lo tanto no es verdad. Así que yo aprendí a desechar lo que no es de la palabra de Dios.

Surgen dichos populares, por ejemplo: “Más vale perro vivo que león muerto”. ¿Has escuchado alguna vez esta frase? ¿Tú crees que es de la Biblia? ¡Sí! ¿Acaso la conocías? ¡Tú tienes que conocer la palabra de Dios! ¡La palabra de Dios no se conoce por una corazonada! Se la conoce por haberla leído, escudriñado y atesorado en el corazón. Tú no te tienes que guiar por lo que te dicta el corazón sino por lo que dice la palabra de Dios y ésta dice: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto” (Eclesiastés 9:4). Si tú te afirmas en la palabra de Dios caminarás seguro, de lo contrario caminas sobre brazas encendidas, sobre engaños y mentiras. ¿Tienes una Biblia, es un libro negro que tiene inscripto en su tapa: Santa Biblia? ¿Te ha pasado que lees la Biblia pero no entiendes nada? Yo te confieso que hay muchas cosas que leo de la Biblia y no las entiendo, te soy sincero, pero te pregunto: ¿qué sabes tú de vitamina B? ¡Tú no sabes nada! Y si posees algún conocimiento es porque te lo han dicho, no tienes un laboratorio en tu casa, no sabes nada de bioquímica pero si el médico te receta vitamina B tú te la tomas, y si te dicen que comas zanahoria porque tiene beneficios, lo haces; no entiendes, pero la comes. ¡Con la Biblia es igual! Hay cosas que no entiendes pero te la comes igualmente. La lees, entra en tu corazón y quizás ahora no entendiste nada pero de aquí a un tiempo, eso que has leído y que está adentro de tu corazón, el Espíritu Santo a su tiempo te alumbrará y tú te maravillarás porque Dios ya te lo había dicho. El apóstol Pablo dijo: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros…” (Colosenses 3:16). ¡No tus sentimientos sino la palabra de Dios! Y que sea su palabra la que te mueva. Tú no necesitas conocer las obras de los hechiceros para poder pelear contra la hechicería. La palabra de Dios opera aunque tú no entiendas cómo lo hace; si está adentro, seguro que va a operar. En una oportunidad comenzamos a estudiar a los dioses de la umbanda y contactamos a algún ex brujo que se había convertido para que nos dé una lista de esos dioses y así poder reprenderlos, pero después aprendí que no era necesario hacer eso. En los bancos, a los cajeros se les enseña a detectar dólares falsos, esto consiste en hacerles contar fajos de dólares verdaderos por mucho tiempo y ellos al tocar los billetes, se acostumbran a su textura. Les dan a contar billetes nuevos y viejos, pero el asunto es que hay una memoria táctil; los cajeros cuentan y cuentan, y después de cierto tiempo le intercalan algún billete falso entre los verdaderos, entonces al ir contando, de pronto se dan cuenta que ese billete no es como los demás, y lo han reconocido, no porque han estado trabajando con billetes falsos sino porque han estado en contacto con billetes verdaderos. Quien conoce la verdad no necesita conocer lo falso. Dicho de otra manera, si tú estás acostumbrado a la luz y caminas en ella, ves bien, pero cuando ésta se apaga, ¿necesitarás aprender sobre la oscuridad para saber que careces de luz? ¡No! Te das cuenta inmediatamente que hay ausencia de luz porque has comprobado vivir en la luz. La verdad y la luz es la palabra de Dios. ¿Y cómo funciona? La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de doble filo.

La secuencia es, según lo que dijo Jesús: “Si ustedes me aman guarden mis mandamientos; si guardan mis mandamientos, entonces yo voy orar y el Padre les enviará otro Consolador, el Espíritu de verdad el cual el mundo no conoce ni puede recibir”. El Señor promete en Juan 14:18: “No os dejaré huérfanos”. ¡Jesús prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo! Luego, en Juan 14:21 dice algo similar: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. ¡No me digas que amas a Dios si no guardas su palabra! No es que Jesús viene en carne y hueso sino que el Padre envía su Espíritu, el Espíritu de Cristo que es el Espíritu Santo y es el Espíritu de toda verdad, y Dios lo envía sobre nosotros, los que guardamos sus mandamientos y le amamos. Uno de sus discípulos, Judas, le preguntó: “Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?” ¿Cómo es eso de que yo estoy aquí y hay otro al lado mío y tú te manifiestas a mí pero no al que está a mi lado? “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” ¡El Espíritu Santo viene a morar contigo! El apóstol Pablo dijo: “La palabra de Dios more en abundancia en vosotros”. ¿Qué significa morar? Significa vivir, entonces si cambiamos el término, sería: “La palabra de Dios viva en abundancia en vosotros”. ¿Y qué es eso de que viva en nosotros? El Señor declaró: “Mis palabras son Espíritu y son vida”. Cuando la palabra de Dios es atesorada en tu corazón, y entra por el oído, lo que entra es la vida de Dios adentro tuyo. ¡Es la palabra la que trae a Dios adentro!

Juan 15: 26 y 27 dice: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”. Leemos en Juan 16: 5 al 8: “Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Los discípulos estaban contentos con Jesús, andaban con Él, comían con Él y si faltaba comida, el Señor la multiplicaba; si había un paralítico, Jesús lo levantaba. ¡Era hermoso estar con Jesús! Ellos no querían que se vaya, querían tenerlo siempre cerquita. La cosa se complicaba cuando Jesús estaba lejos, como cuando se enfermó Lázaro, el Señor estaba a cuatro días de camino. Así que mandaron unos mensajeros, cuatro días de camino para decirle a Jesús que su amigo Lázaro a quien Él amaba, se estaba muriendo, estaba muy enfermo, pero el Señor se quedó dos días más en donde estaba y luego caminó cuatro días para llegar a donde estaba su amigo. ¡Era tarde! Cuando llegó, el cuerpo de Lázaro estaba podrido. Las hermanas le dijeron: “Maestro, si hubieses estado aquí…” Lo necesitaban ahí pero estaba lejos y para ellos era un problema. Entonces Jesús dijo: “A ustedes les conviene que yo me vaya porque si me fuere, les mandaré el Espíritu de verdad que procede del Padre, el tomará de mí y les hará saber todo, estará con ustedes siempre y los guiará a toda verdad”.

Para algunos es lindo recibir un consejo del apóstol Márquez pero a mí no me puedes tener en tu mesita de luz, pero si tienes la palabra del Dios vivo, lo tienes cerquita. Lo que quiero decirte es que si tú lees la palabra de Dios y la atesoras en tu corazón, el Espíritu de Dios no está lejos, está adentro. ¡El poder de Dios habita en ti! ¡La sabiduría de Dios habita en ti! ¡Los pensamientos del Señor habitan en ti! Es que todavía no has entendido la palabra de Dios y no has creído cómo debes creer, pero el Señor te dice que si tú quieres Él puede llenar tu existencia con su presencia. ¡Ya no se necesita tu consejo porque tienes el consejo de Dios! ¡Ya no se necesita de tu sabiduría porque la sabiduría del Padre está en ti! ¡No necesitamos ver tu poder porque el poder de Dios está en ti! ¡Qué tremenda es la promesa que tenemos! Dios te está diciendo: “Si tú me amas, el resultado inmediato será que tú vas a atesorar mi palabra y mi palabra es Espíritu y es vida y hará su obra desde adentro tuyo.” Juan 16:13 al 15 dice así: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”. ¡Lo que tiene el Padre es del Hijo y o que tiene el Hijo te lo hace saber!

CONCLUSIÓN

Muchas veces estamos aferrados a cosas que no queremos soltar; claro que, o estás lleno de consejos que no son de Dios o de su palabra. A mí me han dicho: “La Biblia dice tal cosa pero mi padre dijo tal otra y yo no sé qué hacer porque la Biblia me manda a honrar a mi padre y a mi madre. Así que yo tengo que hacerle caso a mi papá”. Yo te digo que tú tienes que honrar a Dios por sobre tu papá y tu mamá y por sobre todas las cosas que existen. ¡Tienes que honrar a Dios y tienes que aferrarte a su palabra! Quizás no has entrado aún en una relación de este tipo y no has considerado importante el hecho de tomar en serio la palabra de Dios; tal vez no has entendido que la palabra de Dios es el conductor del Espíritu Santo. Para que lo entiendas, puede haber un conductor sin energía eléctrica pero la palabra es el conductor de la energía, el poder y la sabiduría de Dios, que es el Espíritu de Dios. Junto con la palabra de Dios viene su Espíritu.

Tú quieres que Dios te llene, pues entonces llénate de su palabra, ábrele tu corazón, hoy el Señor te ha hablado. Si tú abres tu corazón Él lo llenará y esta palabra se hará carne en tu vida y no te olvidarás jamás de lo que Dios hoy te ha hablado. Los que no toman en serio la palabra de Dios, que no digan que le aman porque están mintiendo; el que toma en serio y guarda los mandamientos de Dios ese es el que le ama. Posiblemente estás lleno de muchos razonamientos y argumentos y ni siquiera sabes que éstos no son de la palabra de Dios sino tuyos, de tu propio corazón. Y la Biblia dice que Dios conoce los pensamientos de los hombres, que son todos, vanidad. ¡Sólo el consejo de Dios prevalecerá! Tu palabra es palabra humana y no es eterna, pero la palabra de Dios vive eternamente. “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”, dijo el Señor. La palabra de Dios es Dios mismo, y Dios es la palabra.

Para poder atesorar su palabra tienes que renunciar a tus ideas, a tus pensamientos y a ti mismo. Hay personas que tienen miedo a renunciar, temen que Dios les pida o les quite algo que no quieren soltar, pero para que entres en una relación con Dios, debes hacerlo porque el Señor no mezclará sus planes con los tuyos. No pueden convivir los pensamientos de Dios con los tuyos, hace falta una renuncia. “El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”, dijo Jesús. No se trata de tenerlo cerca; no se trata de tenerlo al lado sino de despojarte a ti mismo para que el Señor habite dentro de ti. ¿Qué es lo que impide que el venga con poder a tu vida y llene tu existencia? Dile a Dios en este día: “Señor, soy tuyo, soy tuya, y son tuyas todas las cosas que tengo. Te entrego todo a ti, llévate lo que quieras, haz lo que quieras hacer. Obra en mi Señor, amén.”

 

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