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MENSAJES DEL CIELO

EL AMOR TE DA DIRECCION

INTRODUCCIÓN

Hay personas que son más secas que un ladrillo, las exprimes y no sacas nada. Hay creyentes que son una bendición, si lo exprimes sale bendición por todos lados, pero hay otros que son más secos que un ladrillo y por más que lo exprimas no le puedes sacar nada bueno. ¿Qué tienes tú de bueno para dar? Aunque si tienes algo bueno, no es tuyo sino de Dios. Lo que de Dios hay en ti, bendice al mundo, le da esperanza y paz; lo que de Dios hay en ti, motiva a las personas a alabar al Señor y a buscarlo.

Leemos en 1ª de Juan 3:10: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. ¡Lo que tú tienes se manifiesta! Los hijos de Dios se manifiestan, así como también los hijos de diablo. Si adentro tuyo hay odio, éste se manifiesta fácilmente apenas aparece alguna circunstancia para que ese odio se revele. Si estás triste se te nota en la cara, si estás feliz o tienes una terrible depresión se te ve en la cara. Y si estás lleno de Dios, si estás lleno de amor y de gozo, se manifiesta en tu vida. Juan declara: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. En el amor y en la justicia se evidencia que eres hijo de Dios; si se manifiesta en ti el amor y la justicia no cabe duda que eres un hijo de Dios porque éstos dan al mundo lo que hay dentro de sus corazones, o sea que las cosas que se manifiestan en ti, tienen la raíz en el amor y en la justicia. Se menciona el amor y la justicia aunque en realidad van juntos ya que toda obra que no proviene del amor es una obra injusta.

EL AMOR DE DIOS TE ENFOCA

¡Todas las obras de Dios provienen de su amor! El amor en el creyente enfoca las decisiones y el propósito del creyente; el amor en el creyente motiva sus decisiones, aún la persona que elije para compartir la vida. El amor le da dirección y sentido a la vida. Cualquier otra cosa que de dirección a tu vida es injusta y está fuera de Dios. Aclaramos que la ley de Dios, que determina justicia, es la ley del amor. Recordemos los diez mandamientos; los dos primeros tienen que ver con el amor y la obediencia a Dios, y la prioridad que hay que darle al Señor. Y los ocho mandamientos siguientes tienen relación con el prójimo; están todos ligados y conforman la ley de Dios. Los ocho mandamientos que hablan de nuestra relación con el prójimo tienen que ver con el amor hacia los demás. La justicia de Dios está determinada por la ley del amor; amor a Dios y amor al prójimo.

En Uruguay hay un montón de leyes, pero no podemos arreglar nada porque la ley sin amor no logra justicia. Si la ley está arraigada en el amor, produce frutos, si es sólo ley, no produce justicia. Si el creyente no manifiesta el amor y la justicia de Dios, o sea, no ama a su hermano, entonces no es de Dios. Si tú eres de Dios eres observable.

He hablado con una hermana que está terminando una carrera y tiene que presentar un trabajo final. Y en la universidad está en discusión el tema de la ideología de género en la docencia. Esta hermana se está por recibir de docente y muchos callan y opinan conforme a lo que lo profesores enseñan acerca de la ideología de género porque no quieren quedar mal y perder nota, tampoco quieren que se burlen de ellos. Esta joven me contaba que había profesores y compañeros que hablaban con cierta libertad contra el evangelio, contra la iglesia y hasta contra el pastor Márquez. Me dijo también que ellos hablaban de esa manera porque no sabían que ella era cristiana. Hace años que está estudiando en ese lugar, entonces le pregunté: “¿Y dónde está la luz?” ¿Está debajo del almud o de la cama? ¿Cómo van a creer en Cristo si ni se les habla del evangelio? ¿Cómo vas a defender la verdad? Lo que pasa es que yo quiero ese título para servir a Dios. Si no sirves a Dios ahora, tampoco lo harás después. Un hijo de Dios manifiesta la luz de Dios. ¡Es una injusticia ir contra las verdades de Dios que tienen que ver con el sexo y el matrimonio! ¡Es una injusticia que la ideología de género se enseñe con carácter de obligatorio! Y los creyentes nos callamos porque no queremos problemas. En tanto ellos celebran el orgullo gay, se desnudan en la vía pública; hacen de toda clase de cosas y nosotros nos maravillamos: “¡A dónde va a parar este mundo!”

Las obras de Dios son obras de amor. ¿Por qué cantan los pajaritos? Porque Dios nos ama. ¿Por qué son tan bonitos los animalitos? Porque Dios nos ama. ¿Por qué Dios creó los ríos, los mares y arroyos? Porque el Señor nos ama. Porque quería un lugar hermoso para nosotros. Como las madres que preparan el dormitorio para el bebé que está en camino. Lo pintan, lo arreglan, le ponen un cartel dándole la bienvenida, aunque el bebé no sabe nada de leer y escribir. Ella está preparando el ambiente con colores acordes por si es nene o nena. Así hizo Dios con el planeta Tierra. Creó todo y lo preparó: árboles, plantas, frutas, pájaros, peces. ¡Todo! Y entonces después vino el hombre y lo puso en un jardín que Dios mismo creó. Las obras de Dios son obras de amor. La cruz del calvario es una obra de amor, también lo es el perdón de pecados: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Cristo murió por nosotros! Hemos conocido el amor por el hecho de que Él dio su vida por nosotros.

EL AMOR DE DIOS CAMBIÓ A ALEJANDRO

En la iglesia hay muchos testimonios de personas que fueron alcanzadas por el amor de Dios y su gran misericordia. ¡Me deleita ver las maravillas del Señor! Alejandro llegó un día a los hogares Beraca; nadie daba nada por él, ni él daba nada por sí mismo. ¡Era una piltrafa humana! Treinta años de droga no te deja nada de amor, nada de fe o esperanza, no esperas nada más que la muerte. Junto con la droga incursionó en la delincuencia, anduvo con varias mujeres y de algunas tuvo hijos que no reconoció, a quienes no les dio padre ni familia. Pero tuve el privilegio de casarlo hace unos días. Antes de la ceremonia le pregunté cómo fue que había ingresado en los hogares de Beraca y me dijo: “Entré hecho trapo”. Sólo eso. ¡No servía para nada! ¿Quién podría esperar algo de él? Si lo exprimían era un ladrillo que no tenía nada para dar. Pero hay personas que decidieron dar su vida al servicio de otros dejando todo para vivir con gente como Alejandro y mostrarles lo valiosos que son y cuánto las ama Dios. ¡El amor de Dios lo manifiestan los hijos de Dios! El amor de Dios lo vemos en las ramitas de los árboles donde se posan los pajaritos a cantar, lo manifiestan los pajaritos cantando; el amor de Dios está en el aire que respiramos y que no nos falta, pero sobre todo, el amor de Dios lo manifiestan sus hijos. El amor es poderoso, señala la Biblia que el amor todo lo puede.

Cuando estábamos construyendo el templo en Monte Beraca, les pedí a los pastores que me mandaran tres o cuatro personas para ayudar en la obra. Y en los hogares, los pastores tienen gente de confianza que aprendieron a hacer las cosas con eficiencia y justamente a esos no me los mandaron. ¿A quién me mandaron? ¡A Alejandro! ¡No, Dios! decía yo. ¡No hacía una tarea bien hecha! Cuando le daba algo para hacer, él se iba a otro lado, entonces yo le preguntaba cómo le fue con lo que había encomendado y me decía que no lo terminó porque se puso a hacer otra cosa. No había manera de transar con Alejandro. Aunque tenía una virtud y es que no era atrevido y contestador, siempre fue muy respetuoso conmigo. De todas maneras, lograba agotarme la paciencia. Así que yo buscaba qué tarea darle que no terminara de sacarme de quicio, como juntar hojitas, qué se yo… En un momento, él les había comentado a otros que le dolía cómo yo lo trataba, y yo estaba abocado a hacer el templo. Pero en una oportunidad le di algo para hacer, que cambió mi perspectiva acerca de Alejandro. Le di una tarea que hizo muy mal, entonces le dije: “¡No te puedo dar nada para hacer porque lo haces mal! ¿Dónde tenes los ojos?” Y me responde: “Disculpe apóstol es que yo no veo bien. Yo veo un bulto y sé que es una carretilla entonces me acerco y la agarro”. ¡Dios mío! ¿Qué estábamos haciendo con este hombre? En el hogar le habían dicho que le mandarían a hacer los lentes, pero de esto había pasado un año y nada, entonces le dije que la iglesia se haría cargo de comprarle lentes. Él siempre se acercaba a mí, serio y a la defensiva, porque yo no podía confiarle una tarea ya que me hacía irritar mucho. Un día llego a Beraca y él me recibió con sus anteojos puestos y me dijo: “Le quiero agradecer por este gesto. ¡Ya veo todo bien!” Lo abracé y le dije que me alegraba mucho verlo bien. Desde ese entonces tuvimos una mejor relación, no obstante, Alejandro no tenía la ilusión de casarse y formar una familia. Y la que hoy es su esposa tampoco se ilusionaba con casarse ya que desde muy chiquita careció de afecto paterno. Ella buscaba quien la amara y eso la llevó a estar en brazos de muchos hombres de donde salió cada vez más destruida. Buscaba alguien que la amara, pero lo único que conseguía de las relaciones era quedar embarazada y tiene varios hijos de diferentes padres. Ella estaba desahuciada de la vida hasta que alguien la invitó a la iglesia donde la presencia de Dios se manifiesta y su amor se hace tangible. La recibieron con besos y abrazos, y el evangelio comenzó a hacer su obra su corazón, llenándola de amor y del consuelo de Dios. Los días de reunión en donde le tocaba colaborar a Alejandro, lo ponían siempre en la puerta para recibir a la gente y él muy atento les decía: “Bienvenido, pase, Dios le bendiga”.  Así que la mujer iba a entrar a la iglesia y en la puerta estaba Alejandro dándole la bienvenida, y desde ese día ella comenzó a mirarlo con otros ojos. Lo cierto es que la mujer llegó a una conclusión que es el fundamento de lo que yo hoy te estoy predicando. Ella lo observaba, oraba por él y Alejandro comenzó a ver que ella era linda y que lo saludaba amablemente entonces le daba gusto recibirla en la puerta, deseando que entrara muchas veces para volverla a ver. La mujer llegó a la conclusión de que Alejandro amaba a Dios y si amaba a Dios también la amaría a ella. Cuando Dios se hace presente en la vida del creyente la mente se ilumina, los sentimientos dejan de gobernar, la sabiduría se abre paso y el amor que está dentro del creyente produce cosas hermosas. ¡El amor direcciona a los creyentes! Cuando estás lleno de amor, el resultado de lo que haces es distinto a lo que harías si no tienes amor. Cuando el amor gobierna tu vida, ese amor ocupa tu mente y direcciona tu corazón.

Lo cierto es que Alejandro y la que hoy es su esposa se enamoraron y él nunca se imaginó a los cincuenta años tener una esposa tan linda. ¡Esto es fruto del amor! Alejandro conoció el amor en la iglesia.

EL AMOR DE DIOS TE SANA

La gente está muy herida, sufren de soledad, de depresión, de tristeza, de amargura y tantas otras enfermedades que te arrugan la cara y te estrujan el corazón. Padecimientos que te enferman el cuerpo. Por ejemplo, el odio y el resentimiento te alteran la presión sanguínea. ¡La gente está enferma! Las personas no pueden confiar en nadie. No se casan porque no confían en el matrimonio, prefieren juntarse porque ya están previendo que puede salir todo mal. ¡Mira qué fe! Y el remedio de Dios para todas las enfermedades es el amor; es el remedio para la soledad, la tristeza, el odio, la amargura, el fracaso, etc. ¡El amor es el remedio de Dios!

No se trata sólo de que te hable acerca de la importancia del amor sino que tengas amor y hoy Dios quiere derramar su amor sobre ti. Hoy tienes que ser lleno de la presencia de Dios lo que significa que serás lleno de amor en tu corazón. Esa presencia te sana y elimina todas las enfermedades con la salvedad de que lo que Dios ha puesto en ti es como un río que fluye para vida eterna. Lo que el Señor te da a ti sale de tu interior y salpica a otros. Dios te dice que te bendecirá y tú serás bendición. ¡No sólo tendrás para ti sino también para los que necesitan!

“Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros…Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1ª Juan 3:11 y 14). No estamos viendo que quizás vamos a tener vida eterna ya que la fe produce en el creyente la certeza de que nosotros hemos pasado de muerte a vida y lo sabemos bien. ¿Por qué lo sabemos? Porque amamos a los hermanos. Cuando tienes amor como una fuente de agua que no puedes parar, puedes estar seguro y segura que has pasado de muerte a vida. Y no es un amor así nomás, es un amor desprendido. 1ª de Juan 3:16 nos dice: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”. ¡El amor da la vida! “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” señala 1ª de Juan 3:15.

Nosotros creemos que amamos a todos, pero hay algunos que no soportamos y será mejor que no me los encuentre porque me veré en el compromiso de saludarlos. Alguien te hizo algo y es mejor no toparte con esa persona así que si va por la misma vereda que tú, te cruzas a la otra. Si no soportas a un hermano, no estás manifestando lo que deben manifestar los hijos de Dios. Es más, se cumple lo que dice 1ª de Juan, que aborreces a tu hermano. Suena muy fuerte el término aborrecer así que usaremos una frase más actual: “No me lo banco”. ¿Qué te dice acerca de esto 1ª de Juan? ¡Que todavía estás en muerte! “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”. No hay que clavarle un cuchillo a alguien para ser homicida, sólo por aborrecer a un hermano te conviertes en tal. ¡Estás matando a tu hermano! Padre, ayúdanos a tomar con seriedad lo que dice tu palabra. Nos parece un poco exagerado lo que dice la Biblia y que no es tan así, que habría que pensarlo, pero yo te digo que no lo pienses porque la palabra de Dios no es para razonarla sino para creerla y obedecerla. Dios hoy quiere librarte de un camino de homicidio y de muerte. Abre tu corazón para que el Señor pueda derramar su presencia en ti. ¡Hay parientes que no bancamos, hay vecinos que no soportamos!

Hemos estado escuchando testimonios de la obra carcelaria que llevan adelante algunos pastores de la iglesia junto con otros hermanos. Las autoridades les han dado un sector dentro de un módulo carcelario y mandaron unos treinta presos con quienes comenzaron a trabajar. Créeme que es denigrante y deprimente entrar a las cárceles; es muy lúgubre, un ambiente muy duro, frio, sucio, se ve la miseria humana allí adentro. Pero en el sector donde trabajan los hermanos de la iglesia junto con los presos, está pintado, ordenado, pusieron allí una biblioteca; la verdad que entrar allí es entrar a un lugar bendecido. Hay presos que predican en ese lugar y oran por otros que están en su misma condición. Los pastores y hermanos que están a cargo de esta obra no sólo van a predicarles, sino que se sientan a tomar mate con ellos y a dialogar. Les hacen sentir que el amor y la gracia de Dios es para ellos. Tan bien resultó esa tarea que les entregaron otro sector donde entran doscientos presos; pero antes, los presos del otro sector acondicionaron el lugar y ya están trabajando con otras personas allí. Están sucediendo cosas extraordinarias en las cárceles porque los hijos de Dios manifiestan el amor de Dios. Por eso la Biblia dice: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos…” (Hebreos 13:3). ¡El amor de Dios alcanza para los criminales! Tú no bancas a tu hermano, a tu suegra, a tu cónyuge, pero el amor de Dios llega a los criminales, a los drogadictos, a los violentos, etc.

Resulta que cayó preso un violador y en la cárcel, lo común es que los violen a ellos o los maten, y éste iba a una muerte segura. Entonces el director del módulo sugirió que lo llevaran a otro lado y el violador fue a parar al módulo donde estaban trabajando los cristianos, aunque los presos cristianos no querían tenerlo allí porque los otros iban a tomar represalias contra ellos. Pero después de meditar en el asunto y de orar, decidieron recibirlo. Luego de unos meses, los psicólogos fueron a ver cómo estaba el hombre y lo habían visto tan bien que se preguntaban qué habían hecho con él. En ese sector los hijos de Dios manifiestan el amor de Dios y allí no lo han maltratado ni abusado sexualmente, sino que le predicaron el evangelio. El evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. ¡El amor todo lo puede! ¡Esa es la obra de Dios! Y es la obra que el Señor hace a través de sus hijos. El amor de Dios es el remedio para las enfermedades del alma y como todo medicamento, viene en un envase, ese remedio está adentro de los creyentes. ¡Tú eres el envase que posee el remedio de Dios para la gente!

CONCLUSIÓN

Dios te da esta palabra hoy para llenar tu alma y para hacer que sobreabunde su amor en tu vida. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1ª Juan 3:16 al 18). ¡No seas hablador! ¡Que se vea el amor de Dios en tu vida! ¿Cuándo se ve y cómo? Cuando hay alguien necesitado, desnudo, con hambre. Si cierras tu corazón, si estás muy ocupado como para ver la necesidad de los que te rodean eres una persona que tiene el corazón cerrado. Vives afanado con tu trabajo, no te alcanza el dinero, entonces no piensas en la necesidad de tu prójimo; tienes el corazón cerrado. Y si está cerrado el corazón, ¿cómo se manifestará el amor de Dios en esa persona? “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

¡Hay un mundo que espera la manifestación gloriosa de los hijos de Dios! La presencia de Dios, la que brota y se manifiesta a través de tu vida es esencial para el mundo. Necesitamos reconocer nuestra escases del remedio de Dios, que es el amor. A algunos, ese remedio alcanza sólo para ellos, porque piensan sólo en ellos. Y algunos predican que tienes que amarte a ti en primer lugar porque si no lo haces, no servirás para amar al prójimo. Pero el mandamiento no es ese; el mandamiento es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¡Da la vida por tu prójimo!

¿Estás lleno o estás falto? Si estás falto correrás el riesgo de ser acusado que el amor de Dios no está en ti o de encontrar el día de mañana que en ti no hay vida sino muerte. Y es que el diablo acusa a los creyentes y le dice a Dios: “¿Este es tu hijo? ¿Esta es tu hija?” Satanás se burla de Dios porque ve que en los creyentes no se manifiesta el amor de Dios.

Dile al Señor: “Perdóname porque he tenido muchas ocupaciones, muchos afanes y cosas que no he logrado, y eso ha provocado que mi corazón se endureciera. Hazme libre Señor, lléname de tu presencia y derrama tu amor sobre mí. No estuve funcionando con el remedio que tienes para la gente. He sido demasiado egoísta y he pensado demasiado en mí. Lávame Señor con tu sangre y límpiame de mi pecado. Hoy quiero que tu amor rebose sobre mí y quiero darle ese remedio de amor a los necesitados, en el nombre de Jesús, amén”.

 

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