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MENSAJES DEL CIELO

FE Y OBEDIENCIA

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INTRODUCCIÓN

Para quien ama a Dios, nada le resulta difícil; servir a Dios no le es dificultoso y abandonar lo que haya que abandonar tampoco. ¡Nada es difícil si uno realmente ama a Dios y tiene fe!

¡La fe hace las cosas más fáciles! Todo eso que te cuesta, lo estás haciendo por tu cuenta, porque el yugo de Jesús es fácil, y es ligera su carga. Pero la fe te lleva a hacer las cosas en el poder de Dios y no en el tuyo, en la unción de Dios y no en la tuya, por causa de la sabiduría y la inteligencia del Señor y no por la tuya. Oramos para que podamos tener el poder, la gracia, la unción, la inteligencia y sabiduría de Dios, así las cosas no nos resultarán difíciles.

¡Dios hace las cosas fáciles! Y como señaló el Pr. Cash Luna en uno de sus mensajes: En el principio estaba todo oscuro, desordenado y vacío, hacía falta luz. En ese entonces no había generadores ni paneles solares, ¡no había nada! “¿Y cómo hacemos?” preguntó un ángel, a lo que Dios respondió: “¡Sea la luz!” Y fue la luz. ¡Así de fácil!

La fe y la obediencia van de la mano. La fe, es un arma poderosa de parte de Dios, que logra que penetremos en su dimensión sobrenatural; y estando en la dimensión de Dios, podrás ver y entender lo que Él quiere hacer. Uniendo la fe a la voluntad de Dios, entonces producirás en el mundo natural la sobrenaturalidad de la dimensión del reino de Dios. ¡Qué Dios te llene de fe! Porque el mundo necesita ver su poder sobrenatural a través de la fe que opera en ti.

            EL CAMINO DE LA OBEDIENCIA ES EL CAMINO DEL PODER

La fe pertenece a la dimensión de Dios y a ninguna otra. Los adivinos, adivinan, pero los creyentes tienen fe. Lo que los creyentes conocen, lo conocen por la fe; éstos no andan adivinando, más bien saben.

La fe es una gota del cielo que baja sobre el creyente para que vea lo que Dios va a hacer, y éste lo habla y lo hace, porque con la fe ha traído desde el nivel sobrenatural al terreno natural, lo que Dios quiere manifestar.

La fe no es para que yo logre lo que quiero sino para lograr lo que Dios quiere. A través de la fe, Dios me asocia con Él para llevar a cabo las cosas que quiere hacer en la tierra. Y por medio de la fe, orando, hablando y actuando, yo traigo al terreno natural, las cosas sobrenaturales de Dios. Entonces, la fe fue diseñada por Dios para que se hagan las cosas que El quiere en la tierra.

El reino de Dios es el lugar donde se manifiesta y lleva a cabo su voluntad. ¡No hay desobediencia ni rebelión en el reino de Dios! O sea, toda persona que tiene fe, está atrayendo al reino de Dios, y en su vida, comienza a manifestarse la voluntad del Señor. ¡No hay otra voluntad en el reino de los cielos! ¡Sólo la voluntad de Dios! Por lo tanto, el creyente que tiene fe, es una persona obediente.

La fe obedece a Dios. Nada bueno sucederá sin obediencia, porque la palabra reino nos habla de un soberano, alguien que ejerce su voluntad. Tenemos que aprender y entender que no es nuestra voluntad la que debe primar sino la voluntad de Dios.

Cuando nos apropiamos de la voluntad de Dios, nos apropiamos del poder, de la unción y de la victoria; entonces descubrimos que su voluntad es buena, agradable y perfecta.

¡Debemos renunciar a nosotros mismos! Es por eso que el Señor declaró: “El que quiera seguir en pos de mi, niéguese a si mismo…” Es imposible ser cristiano sin negarse a uno mismo. ¿Qué significa negarse a uno mismo? Significa que no se hará en tu vida lo que tú quieres, lo que te parece, lo que te gusta; se hará lo que a Dios le agrada. ¡Ya no vivo para mis proyectos sino para los proyectos de Dios! Cuando conozcas el camino de la voluntad de Dios, que es el camino de la obediencia, conocerás el camino del poder. ¡Dios no le da poder a quien quiere hacer lo que le parece!

Siempre hablo con creyentes que me cuentan lo que les gustaría lograr. ¡Pero Dios no está tan interesado en lo que a ti te gustaría sino en lo que Él ha proyectado!

Tú no llegaste al mundo en un momento equivocado, llegaste en el momento en que Dios había establecido que nacieras. Muchos piensan que hubiera sido lindo haber vivido en la época de Jesús. ¡No hubieras encajado allí! Porque los planes de Dios son perfectos. “¡Ah, si yo hubiera nacido hombre, mi padre me hubiera querido!” ¡No hubieras encajado querida! Dios te hizo hombre o te hizo mujer porque tiene planes y propósitos y te irás de este mundo cuando Él quiera porque tiene propósitos contigo. Vives en tu nación porque Dios tiene propósito. ¡Gloria a Dios!

¡Lo mejor que te puede suceder es chocar contra los planes de Dios, descubrir lo que Él tiene para tu vida y dejar de obsesionarte con tus planes! Quien quiere seguir a Cristo, debe renunciar a sí mismo, tiene que dejar de lado sus propios proyectos; es así cuando entras en el territorio de la obediencia. No es una obediencia tonta; es la obediencia a la voluntad de Dios y a sus planes.

Así que con la fe y la obediencia, nada se te hace difícil. Cash Luna también hizo referencia al Mar Rojo y preguntó si era más fácil nadar o cruzar caminando por allí. A una persona racional se le ocurriría nadar, o no, porque se podría ahogar, por lo que no les quedaba otra al pueblo de Dios que enfrentar al ejército egipcio. ¿Qué otra cosa se podría hacer? ¿A quién se le podría ocurrir levantar una vara y ordenarle al mar que se abra? ¡La opción más fácil siempre es la de Dios!

Como Moisés era espiritual, se puso a clamar a Dios: “¡Ah Dios mío qué hago!” Y el Señor le dijo: “¡Deja de clamar!” Ese no era momento de orar; era el momento de hacer lo que Dios tenía previsto. “Señor, no puedo cruzar nadando, no puedo enfrentar el ejercito de faraón. Señor no puedo orar. ¿Qué quieres que haga?” “¡Ve y ordena al mar que se abra!” le respondió Dios.

Si había una cualidad que tenía Moisés, es que era obediente. Tomó la vara, imagínate lo ridículo que parecía eso, mira al mar, mira al ejército y al pueblo, y en obediencia a Dios, levanta la vara. ¡Ridículo! ¡Pero la fe siempre obedece a Dios! ¿Tú tienes fe? ¡Se tiene que notar en tu obediencia! La fe y la obediencia producen las obras de Dios, y sus obras son sobrenaturales. ¡No son pequeñas sino muy grandes! Es ahí cuando la gente puede ver que está Dios y se dice de ellos: “Esta mujer tiene la presencia de Dios”, “Este hombre tiene el poder de Dios”, porque la obra de Dios se manifiesta en la fe y en la obediencia.

Están los desobedientes, quienes señalan que cuando sea el momento preciso se van a consagrar. “Tengo que trabajar. Tengo que estudiar. Tengo que atender a mi familia. Cuando termine de pagar mi casa voy a servir a Dios”. Pero no han tomado en cuenta que: Primero: a Dios se le obedece sí o sí. Una persona que no le obedece no puede tener tratos con Él. Muchos tienen sus propios proyectos, creen que Dios los respalda y cuando les va mal, se preguntan: “¿Qué le pasó a Dios que no me ayudó?” o declaran: “Estoy enojado con Dios porque no me respaldó. Yo lo hice con fe…” Si lo hubieras hecho con fe, todo hubiera salido bien. ¡La fe nunca te manda al fracaso! Si has fracasado, dale gloria a Dios, pídele perdón en lugar de enojarte con Él y reconoce que alguna pavada se te ha metido en la cabeza.

Dios lo tiene todo planeado, el color de tus ojos, si tu pelo sería lacio o rizado, dónde tenías que nacer, etc. ¡Dios lo tiene todo planeado! ¡Y Él quiere que todo salga conforme a su plan!

La persona más victoriosa es la que logra cumplir con el plan de Dios a la perfección, y Cristo lo logró. Y nos ha dado su Espíritu para que logremos lo que Él logró.

            100% DE OBEDIENCIA

            Números 15: 1 al 5 expresa: 1Jehová habló a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que yo os doy, 3y hagáis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, por especial voto, o de vuestra voluntad, o para ofrecer en vuestras fiestas solemnes olor grato a Jehová, de vacas o de ovejas; 4entonces el que presente su ofrenda a Jehová traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite. 5De vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto o del sacrificio, por cada cordero”.

Tú no puedes decir: “Dios me pide un cuarto, yo le voy a dar menos”. Dios dice: “Está bien, ustedes tienen en su corazón traerme ofrendas, yo les voy a decir cómo será. ¡Ustedes me traerán lo que yo les diga!” Números 15: 8 al 11 continúa diciendo: 8Cuando ofrecieres novillo en holocausto o sacrificio, por especial voto, o de paz a Jehová, 9ofrecerás con el novillo una ofrenda de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite; 10y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor grato a Jehová. 11Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito”.

¿Qué quiere decir con esto? ¡Yo no puedo darle a Dios cualquier ofrenda! Yo tengo que ofrecerle la ofrenda que Él quiere y como quiere. Yo tengo que adorar a Dios y no debe ser como yo quiero sino como Él quiere. Porque los que le adoran en espíritu y en verdad, es necesario que le adoren. ¡Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad! ¡No cantantes! Muchos dicen: “A mí me gusta cantar”. ¡Pero Dios quiere adoradores!

Dios mandó a Noé a construir un arca porque iba a venir un diluvio y le dio las medidas para su construcción. ¿Te imaginas a Noe, que no le alcanza la fe, y entonces, en lugar de hacerla de ciento cuarenta metros como Dios le dijo, decide que será de cien metros? ¡El arca no puede ser de la medida que a Noe se le ocurre sino como la quiere Dios! ¡Él tiene todo diseñado! Entonces, yo me tengo que encontrar con la voluntad de Dios.

Del mismo modo, Dios le indicó a Moisés cómo hacer el tabernáculo en el desierto; cuántas columnas tendría, cómo iba a ser la cubierta, qué tendría delante y atrás, Dios le dio instrucciones de cómo se haría todo y le dijo: “Mira que hagas el tabernáculo de acuerdo al modelo que yo te he mostrado”. ¡Todas las cosas se hacen conforme a la voluntad de Dios! Tú no debes casarte con la mujer que a ti se te da la gana, tú tienes que querer la mujer que Dios tiene para ti.

¡Yo no he nacido para mí, he nacido para Dios! ¡Él me ha hecho para darle gloria! ¡Dios me ha creado a su imagen y semejanza para que yo brille como Él pero no con mi luz sino con la suya! ¡Ten cuidado porque puedes creer que estás haciendo las cosas bien y no es así! Tú tienes tu propio concepto de cómo tienes que ser y eres, por ejemplo, no mientes, amas a tus hijos, pero esos son proyectos tuyos; digamos que eso está bien, es parte de la voluntad de Dios, pero no te puedes conformar con el hecho de que lo haces para Dios porque Él tiene proyectos trascendentes para ti. Tú has entrado en un proyecto eterno de Dios. Has llegado al mundo en el mismísimo día que Dios planeó y te vas a ir el día que Él tiene planeado. ¡Entraste en la historia de Dios! ¡El Señor está guiando la historia del planeta Tierra!

Nosotros estamos luchando contra los poderes del mal para establecer el reino de nuestro Padre que está en los cielos, aquí en la tierra. Si quieres ver la gloria de Dios en tu vida, tendrás que ser obediente a su voluntad. En la Biblia, la obediencia y la desobediencia marcan todo. El mundo se llenó de pecado el día que Adán decidió desobedecer a Dios, pero también recibió la esperanza más grande que podía haber recibido en toda su historia el día que Jesús hizo la voluntad del Padre y habló de ella; y a pesar de que la voluntad de Dios era la muerte y muerte de cruz, Jesús abrazó la voluntad del Padre. Se negó a sí mismo, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, y dejando su gloria se hizo hombre, y estando en la forma de hombre se hizo siervo, y fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz; y por eso, Dios lo exaltó y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús de Nazaret se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

¡Dios encontró un hombre obediente, y pudo hacer con él todo lo que se había propuesto hacer! La pregunta es: ¿Dios podrá hacer contigo lo que quiera? “No puedo porque tengo mucho trabajo”, “No puedo porque tengo que pagar las deudas”, “No puedo porque tengo que estudiar primero”, “No puedo porque ahora estoy de novio y me estoy preparando para casarme”, “No puedo porque ahora que me casé tengo que pagar la casa”, “No puedo porque mi señora está embarazada”… Luego llegaron los hijos: “No puedo porque tengo tres hijos”… ¿Vas a servir a Dios o lo seguirás esquivando? ¿Cuándo se debe servir a Dios y obedecerle? No puedes decir que terminarás de estudiar y te recibirás de aviador y luego sí, servirás a Dios. ¡Sírvele ahora!

Yo te pregunto: ¿Conoces realmente la voluntad de Dios? ¿Estás dispuesto a renunciar a lo que sea para llevarla a cabo? Atendí una pareja que conoce el evangelio pero no se han casado, y llevan conviviendo juntos cuatro años. Querían hablar conmigo porque no sabían qué hacer ya que se peleaban mucho por causa de los celos. Me contaron acerca de todas la pelas y me pidieron que los aconseje para no altercar más. Les pregunté si convivían juntos sin estar casados, y si eran creyentes, a lo que me respondieron afirmativamente. Luego les digo: “¿Dónde está Dios en el asunto? ¿Y la voluntad de Dios dónde está en esta pareja?” Estaban esperando que saliera el divorcio, pero mientras tanto, pecaban conviviendo juntos. Les señalé que el problema más importante no eran los celos ni las peleas. Ella se ponía tan mal que se le daba por beber y después golpeaba al hombre y a su vez él le prometió que dejaría el grupo de cumbia en el que cantaba, y lo hizo, pero le gusta cantar, entonces, cuando lo invitaban a reuniones de amigos, él iba y se emborrachaba. Yo les señalé que eso no era nada porque se arreglaba fácilmente, y agregué: “El día en que ustedes le entreguen su corazón a Jesús, todos los inconvenientes que están sufriendo se van a arreglar”. Aunque insistían en que querían solucionar precisamente eso, les dije: “¡No me digan de qué color van a pintar el barco mientras éste se está hundiendo! ¡Veamos si podemos hacerlo flotar y después veremos de qué color lo pintamos! Ustedes quieren arreglar sus vidas y después ven si sirven a Dios. Pero no saldrán de ésta si no se separan y se consagran individualmente al Señor”. ¡Tú tienes que decidir primero si es que harás o no la voluntad de Dios y se acabó! ¿Vas a ser obediente o no?

Fíjate que donde Dios pone su programa, su voluntad y sus proyectos, coloca su unción, su poder y su provisión. Con la llegada del Pr. Cash Luna, llevamos a cabo un evento que costó mucho dinero, pero no faltó nada, sobró, por lo que hemos decidido ofrendar una parte a la organización Teletón y la otra parte para proveer agua potable al hogar de niños en Haití. ¡Parecía inalcanzable el presupuesto! ¡Parecía! ¡Pero, para Dios las cosas son fáciles! Tú entras en el proyecto de Dios y Él se encarga de suplir para sus planes.

Deslómate trabajando para pagar tu casa, pero no cuentes con el respaldo de Dios si tu prioridad son las añadiduras y no su reino. En Números 14:39 la Biblia habla de una derrota que sufrieron los israelitas, la derrota de Horma. Habían llegado hasta la tierra prometida y Dios les ordenó ver esa tierra que Él les daba, por lo que se nombraron doce espías para que indagar el lugar.

Dios le había hecho una promesa a Abraham, a Isaac y a Jacob, y aunque los israelitas estuvieron cuatrocientos treinta años cautivos en Egipto, Dios no se olvidó de su promesa. Él los sacó de allí con brazo poderoso, con mano extendida; el pueblo vio la mano de Dios obrando a su favor cuando envió las diez plagas sobre la nación que los tenía cautivos. Fueron testigos del mover de la mano de Dios cuando les dio pan del cielo, cuando les proveyó agua en el desierto. ¡El pueblo había salido de Egipto con oro y con plata! Y también vieron cómo el Mar Rojo se abrió.

Llegaron a la tierra prometida, investigaron acerca de ésta y dijeron: “Es buena la tierra que Dios nos da pero…” Se hicieron manifiestos el corazón y el cerebro de los hombres, por lo que declararon: “Hay ciudades amuralladas hasta el cielo”. ¡Qué exageración! ¿Cuánto podría tener de altura la muralla? ¡Doce o quince metros! Ellos se veían como cucarachas a lado de los habitantes de la región. Señalaban que habían visto gigantes en ese lugar y se quejaron: “¡No podemos!” Diez de los doce espías contaminaron el ánimo del pueblo. ¿Tú no eres de esos, no? Esos espías corrompieron el ánimo de todo un pueblo, lloraron y se lamentaron: “¡Dios nos ha traído aquí para que los cananeos nos coma crudos! ¡Dios nos ha traído para que muramos, y también nuestros hijos van a morir!” Hablaban acerca de apedrear a Moisés.

Pero había dos que tenían fe y eran obedientes, uno se llamó Josué y el otro Caleb: éstos declararon: 9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (Números 14:9). Los diez espías malvados contaminaron al pueblo, y en un momento Dios se enojó por causa de ellos, porque según lo que vieron sus ojos y apreció su corazón, la empresa a la que Dios los mandaba era una misión imposible de lograr.

Algunos están obedeciendo en su propia opinión, cuando en realidad están en desobediencia. Y tu tarea es discernir si eres realmente eres obediente o no.

Hay creyentes que se plantaron firmes diciendo: “¡Esto es lo que yo quiero!” Ellos creen que Dios los está respaldando y ayudando. Encima declaran: “¿Qué tiene de malo que yo haga esto?” Tú tienes que saber si lo que estás haciendo realmente es la voluntad de Dios. En tu vida se tiene que ver su gloria, porque si tú haces la obra de Dios, ésta manifiesta su gloria y la gente que te rodea glorifica a Dios por causa de lo que tú haces.

Los diez espías precavidos,  esos que dijeron que no se podía, murieron por enfermedades y pestes. Dios les dijo: “Bueno, ¿no quieren entrar a la tierra prometida? ¡Ustedes creen que van a morir a espada junto con sus hijos! Entonces vuelvan al desierto hasta que perezcan todos los rebeldes que no quisieron obedecer mi voz”.

Cuando tú dices: “No puedo”, ¡cuidado con eso que declaras! No creas que convences a Dios con tus dichos, tal vez convenzas al pastor, pero no está bien eso que expresas. El apóstol Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. ¡No declares no puedo! ¡Mejor di, no quiero, soy rebelde y desobediente!

Tú piensas que estas demandas son muy severas para ti, pero yo no te hablo de parte de Jorge Márquez sino en el nombre de Jesús. Yo puedo saber qué es lo que piensan algunos: “Sí claro, para vos es fácil porque tenés la vaca atada”, me dicen algunos. Y agregan: ¿Pero yo? ¿Cómo lo hago y cómo dejo esto?” ¡Déjalo como yo dejé todo!

Leemos en Números 14: 39 y 40: 39Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. 40Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado”. No querían ir al desierto, entonces decidieron obedecer a Dios. La primera vez no obedecieron a Dios, pero en la segunda dijeron: “Aquí estamos, vamos a ir a pelear y obedeceremos a lo que Dios nos dijo”. ¿Y qué dijo Dios? “¡Vuelvan al desierto!” Seguimos leyendo en Números 14: 41 al 45: “41Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. 42No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. 43Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. 44Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento. 45Y descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma”. La segunda vez decidieron obedecer, y, creyendo que estaban obedeciendo, en realidad estaban desobedeciendo.

            CONCLUSIÓN

En el pueblo de Dios hay gente que no ha entendido obediencia y no sabe en dónde está la obediencia. Espero que después de haber leído este mensaje, sepas cuándo y dónde has desobedecido a Dios, y te conmino hoy, en el nombre de Jesús, a que le pidas perdón y le digas: “Dios mío, yo se que te he fallado, he negado tu señorío sobre mi vida, sé que me ha importado mi voluntad más que la tuya. Perdóname por favor, y líbrame. Guárdame Señor, quiero hacer tu voluntad. Enséñame tu voluntad y enséñame obediencia. No quiero volver a ser desobediente. Tócame con tu Espíritu Santo. Han pasado los años y yo no hice lo que tú querías. He fracasado y los perjudicados son mis hijos, mi matrimonio y yo. Te pido Señor, que me libres. ¡Obra con poder en mi vida, Dios! ¡Me humillo delante de ti! Tócame Señor, con el Espíritu de Cristo que te obedeció hasta la muerte y muerte de cruz. Yo quiero obedecerte hasta la muerte, Dios. Yo quiero honrarte obedeciéndote en todo lo que me pidas. Quiero ser un milagro; quiero ser diferente al resto. Cada uno corre detrás de lo suyo, pero yo quiero correr detrás de tu voluntad, Señor. ¡No dejaré pasar este día!”

¿Cuando había que obedecer a Dios? Cuando Él dijo: “Vayan a la conquista”. ¡Ese día había que obedecerle!

¡Tú no puedes decidir obedecer más adelante! ¡No es tuyo el futuro! No sabes cuándo vas a morir. Lo que tienes es hoy, ahora. No tienes el pasado ni el futuro; tú tienes hoy la posibilidad de tomar una decisión y declararle al Señor que le vas a creer y le vas a obedecer ahora.

El mundo verá lo que Dios puede hacer con una persona que le cree y le obedece.

Dios dijo de Jesús: “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”. Señor, que seamos hijos amados que te complazcan. Yo quiero hacer tu voluntad todos los días de mi vida. Perdóname el tiempo perdido; perdóname por lo que debía hacer y no hice, Señor. No voy a dejar para adelante lo que tengo que hacer hoy. No voy a ponerte más excusas, Señor. Perdóname porque te he puesto el cartel del almacenero: “Hoy no se fía, mañana si”. Te he tenido a cuentos Dios mío, perdóname y líbrame, te lo pido en el nombre de Jesús. Hoy es el día de tomar una decisión y yo decido servirte y honrarte; decido consagrar mi vida a ti. En el nombre de Jesús hago esta oración, amén”.

Dios hoy te demanda que le obedezcas; te demanda que seas de Él y de sus planes. ¡Dios quiere tu corazón!.

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