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MENSAJES DEL CIELO

HAY QUE SABER BAILAR BIEN EL TANGO

Leemos en Lucas 9:57: 57Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas”. ¿Le has dicho alguna vez a Jesús, “te seguiré adonde vayas”? Jesús conocía el corazón de este hombre que le dijo eso, que era muy propenso a actuar o responder por emociones, y le gustaba la comodidad; por ejemplo, a quienes no les gusta comer arroz y tengan que servir a Dios en Haití les va a tocar comer arroz casi todos los días. El primer mes que llegamos a Haití comimos cada día, en el almuerzo y en la cena, arroz con patas de pollo y preparado siempre de la misma manera. Cuando te encuentras con alguien que quiere servir a Dios, que ve el plato de comida y comienza a revolver con el tenedor separando la comida que no le gusta: “El tomate no lo como, esto tampoco…”, el Señor lo mira y le dice lo mismo que le respondió a este hombre de Lucas 9: “…Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:58). Como queriendo decir con esto, que no iba a cumplir con lo que le estaba diciendo y que no estaba dispuesto a renunciar a sus comodidades para seguirlo. Jesús estaba dispuesto a ir donde fuera el Padre, haya cama o no, haya agua o no, Él iba a donde el Padre quería, aunque no tuviese un lugar donde reposar su cabeza. ¡O sea que tienen más seguridad las zorras con sus guaridas y los pájaros del cielo con sus nidos, que el mismo Hijo de Dios!

El hombre se debe haber quedado pensando y posiblemente le habrá respondido: “Voy a orar y ayunar para ver si Dios me muestra que debo acompañarte”.

Lucas 9:59 continúa diciendo: 59Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre”. Este hombre quiso decir que sus padres estaban muy ancianos y no quería abandonarlos, pretendía que Jesús lo aguantara un tiempito, mas el Señor le respondió: …Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:60). Les llama muertos a los que no pertenecen al reino de Dios, a quienes no conocen a Cristo y no han sido redimidos por su sangre. Si tú no sabes cómo actuar frente a las demandas de Dios en tu vida, lazos familiares te pueden atar para que tú no cumplas con el llamado de Dios.

Y apareció un tercero y dijo: 61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:61 y 62). “Señor déjame que primero termine mis estudios, déjame que me case primero, si me esperas un poco, cuando termine de pagar la hipoteca te voy a servir”. Pero Jesús te dice: “¡Ninguno que pone las manos en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios!”

Estos tres ejemplos que nos dala Bibliaponen de manifiesto las demandas que Jesús tiene sobre aquellos que quieren acercársele y caminar con Él. Todos quieren caminar con Jesús pero no todos lo hacen. Todos quieren la unción de Dios sobre sus vidas pero no todos la poseen, se sienten débiles, no pueden avanzar o no sienten estar listos aún.

Veamos la clase de persona que debo ser para que Dios pueda hacer conmigo lo que Él quiere. Buenas intenciones tenemos todos, todos queremos hacer la voluntad de Dios, pero hay un problema y se trata del grado de renuncia que el creyente tiene respecto de sus anhelos, pensamientos, proyectos y planes. Si un creyente condiciona a Dios con sus deseos o con sus planes, no podrá hacer su obra. ¿Tú quieres hacer la obra de Dios? Si es así, tendrás que consagrarte y dedicarte a eso, a lo que Dios quiere de ti y de tu vida.

            APRENDIENDO A BAILAR EL TANGO… Y A TOCAR BIEN EL PIANO

Cuando fui a la ciudad de Salto sucedió algo que me dejó una enseñanza preciosa; cuando finalizó la presentación de mi libro fuimos a buscar mi vehículo y en eso pasamos porla Casadela Cultura, donde estaban enseñando clases de tango; yo me asomé y vi unas veinte parejas que estaban practicando el baile. ¡No era como lo que muestran las películas! ¡Me asombré al ver que no era sencillo bailar el tango! Una mujer que quería entrelazar su pierna a la del hombre quedó enredada y casi se cae. Cuando vemos cómo se baila el tango en la televisión parece fácil pero por lo que pude apreciar, en esas clases donde estaban aprendiendo, trastabillaban y traspiraban. Vi también un hombre que quería alzar la pierna de la mujer, y ésta también casi se cae. Al estar ahí, vi todo lo que tenía que ver y llegué a la conclusión de que para bailar bien el tango hay que dedicarse, ya que da mucho trabajo, a menos que la persona quiera ser un amateur. ¡Pero lamentablemente no hay puestos de amateur en el cielo! Dios me enseñó en ese momento que toda obra de excelencia requiere dedicación. Si no le dedicas tiempo a lo que estás haciendo, no te saldrá bien. Si bailas bien el tango no podrás tocar el piano porque también tendrás que dedicarle tiempo a ese instrumento y entonces deberás prescindir del tango. Así que toda obra de excelencia requiere dedicación.

En términos espirituales, la idea es la siguiente: si no te consagras, no vas a hacer la obra de Dios porque es necesario que para hacer su obra estés consagrado, de no ser así vas a trastabillar como los que estaban bailando tango.

Viene a mi memoria un acontecimiento que viví en mi juventud. En esa época estaba estudiando arquitectura en la universidad, pero también formaba parte del coro universitario enla UniversidadNacionalde San Juan con el que viajamos a varios países, y estudiaba dirección coral enla Escuelade Música, lo que me gustaba mucho; esa carrera tenía varias materias y una de ellas era instrumento por lo tanto debía elegir dos instrumentos en los que tenía que perfeccionarme, y uno de los que elegí fue el piano. Me tocó como profesor, un concertista reconocido, y yo estaba maravillado. El primer día en el que se reunió conmigo me hizo tocar el piano para ver cuánto sabía, y me dijo: “Mire Márquez, usted tiene condiciones para tocar bien el piano, ¿quiere tocarlo bien?” Yo pensé: “¡Claro que quiero tocar bien el piano! ¡Para eso estoy aquí! ¡Y más ahora, con el maestro que tengo!” Entonces le respondí que sí, pero él volvió a hacerme la misma pregunta y volví a responderle afirmativamente. Entonces agregó: “Bueno, usted va a tener que sentarse al piano ocho horas diarias para practicar. Si no lo hace, jamás tocará bien el instrumento”. En ese momento pensé en todo lo que yo hacía: estudiaba arquitectura, era integrante del coro universitario, organista de la iglesia y director del coro, también era diácono. ¡Tenía más títulos…! ¡Vivía haciendo toda clase de cosas! Y dentro de mí una vocecita me decía: “¡Qué ocho horas!” Entonces, el maestro de piano me dio una obra para que yo aprendiera y me dijo que en una semana me escucharía. Yo salí de allí a hacer todas las cosas que hacía. Durante la semana en que debía estudiar la obra, sólo en dos o tres momentos me senté a practicar para no quedar mal; aprendí lo mejor que pude y cuando llegó el día en que el maestro me escucharía, comencé a tocar el piano y pensaba. “¡Voy bastante bien para lo que he estudiado!” Pero me interrumpió a la mitad de la obra y me dijo: “Márquez, ¿usted no ha estudiado ocho horas diarias, no?” Yo le respondí que no, entonces agregó: “¿Usted se acuerda que yo le había dicho que no quería que me hiciera perder el tiempo y que tampoco yo quería hacerlo perder el tiempo a usted? Si usted no va a practicar ocho horas diarias, yo no le voy a enseñar más”. Prometí que lo intentaría y le pedí otra oportunidad. “¡Dame otra oportunidad Dios mío, muéstrale tu voluntad, yo la voy a hacer!” Conclusión, en menos de un mes el maestro me abandonó, no quiso enseñarme más y yo aprendí una gran lección, la que hoy me es útil para enseñarte a ti. Si tú no te consagras para ser un cristiano, ¿qué clase de cristiano serás? Y sólo te he hablado de tocar el piano pero cada obra de excelencia, cada cosa que tú hagas, para hacerla bien, tendrás que consagrarte y dedicarte, por lo tanto, piensa muy bien a qué te dedicas, en qué inviertes tu tiempo, en qué se te van los años…

Hablé con una hermana a la que le he profetizado hace unos años atrás que sería una evangelista; ella me acompañó en el tiempo en que abrimos una iglesia en la ciudad de Tacuarembó, pero en algún momento se enganchó con un hombre y dejó todo. Él se metió en la droga y la dejó con dos hijos. Exclamé: ¡Cuánto tiempo ha pasado desde que te alejaste!” Y ella me respondió: “Yo me alejé, pero volví”. “Sí, volviste, le señalo, pero ya no eres la misma que conocí en aquel tiempo”. “Sí, es verdad”, agregó. “Asistes a la iglesia sólo porque asistes pero no eres la sierva de Dios que conocí”. “¡Hace siete años que me alejé!” ¡Siete años! ¿Se pueden desperdiciar tantos años? Pues hay cristianos que arrojan a la basura, veinte, treinta, cuarenta años de su vida porque no saben que no hay cristianismo part-time. Mucha gente cree que le puede dar un tiempito a Dios y el que queda es para ellos, que le puede dar un poco de dinero a Dios y el resto es para ellos. Hay cristianos que están tan agarrados a lo que tienen, de modo que Dios por ejemplo, no lo puede mandar a Haití. Si tú tienes trabajo, tienes casa, estas cosas te tienen muy agarrado… ¿y podrá Dios enviarte a Haití?

Hacer la voluntad de Dios requiere negarse a uno mismo, requiere pedirle perdón por tus anhelos, por tus planes personales y que renuncies a tus deseos y a tus planes porque quieres hacer los de Él. ¡Reconoce que tienes que consagrarte y dedicarte! ¡La obra de Dios es una obra excelente, más que tocar el piano y que toda obra de arte! ¡La obra de Dios es más excelente que toda ciencia! ¡La obra de Dios es la más excelente de todas las obras que hay para hacer sobre la tierra! Y si su obra es excelente, Él no podrá hacerla con gente que tiene el pensamiento puesto en otro lado, o ciertas ideas que lo detienen; o si tiene ciertas pretensiones como por ejemplo que Dios espere. ¡Dios no espera, Él sigue de largo, si no lo hace contigo, lo hará con otro pero su obra será hecha!

¿Qué clase de gente Dios puede usar? Porque si Él va a hacer una obra excelente, no la hará con personas que no estén dedicadas o consagradas. ¿Tú cómo estás tocando el piano? Yo tenía muchas cosas en mi mente y mi corazón, tenía varias actividades como en la iglesia, el coro, etc., por lo tanto, no podía volcar mi corazón al piano, no podía satisfacer las demandas del maestro de piano, del concertista. Si yo tengo muchos afanes y ansiedades, si tengo muchos temores, no podré consagrarme a Dios; conozco creyentes que dicen: “Yo no quiero consagrarme porque tengo miedo de fallarle a Dios. O sea que le fallas a Dios por miedo a no fallarle. Lo mandas a pasear porque tienes miedo a fallarle. ¡El miedo es tu Dios! ¡El miedo dirige tu vida! ¿Qué clase de consagración es esa?

Otros dicen: “Yo quisiera servir a Dios pero tengo mis dudas. Yo no sé quién me va a pagar, ¿qué voy a comer, a dónde voy a ir?” Yo predico: “Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas les serán añadidas”. Alguno dirá: “¡Claro, usted lo dice apóstol, porque para usted es fácil, porque tiene la vaca atada!” El día que yo me desconsagre, el día que deje de dedicarme con amor, con fuerza y pasión a lo que Dios quiere que me dedique, ¡ese día la vaca se desata y se va! ¿Para qué querría Dios respaldar a alguien que está ocupado haciendo lo que quiere? Todos quieren la unción, pero, ¿para que querrá ungir a quien no está interesado en hacer la obra de Dios? ¡La unción es para hacer la obra de Dios! Jesús dijo: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; (Lucas 4:18). La unción operó sobre Jesús por cuanto Él tenía un llamado y había sido enviado para predicar el evangelio, para sanar a los quebrantados de corazón. Si Jesús no lo hubiera hecho, la unción no tendría sentido; si Él no abría las puertas de las cárceles, ¿para qué querría la unción? ¡Los cristianos estamos confundidos buscando unción!

¿Cuál es tu llamado? ¿Cuál es tu pasión? ¿Cuánta es tu consagración y a qué te has consagrado? ¡La unción viene sobre el creyente para hacer la obra de Dios!

            LOS PLANES DE DIOS: PLANES ETERNOS

Muchos tienen pensamientos e ideas propias; y yo fui uno de ellos, sé por las etapas que debemos pasar hasta que nos consagramos. Una vez me presenté delante de Dios y le traje unos cuantos planes e ideas, ¡casi se cae del trono! y dijo: “¡Uhh, no se me había ocurrido!” Yo quería impactarlo con esas ideas y planes pero no entendía que los planes de Dios son eternos. ¿Qué plan puedo tener yo que abarque la eternidad? Con el tiempo entendí que Dios ha venido haciendo cosas desde antes que yo naciera y en el momento en que vine al mundo, me introdujo en el proyecto que tenía preparado durante años, al día de hoy, continuó trabajando en él y si me muero, Dios continuará con sus planes, porque éstos son eternos, comenzaron antes que yo llegara y continuarán después que me vaya. ¡Ahí tengo que entrar y no en mis proyectos! ¡Mis aspiraciones son egoístas y cortitas!

Dios planificó desde antes de la fundación del mundo mi llegada al planeta Tierra. Él dijo: “Necesito un apóstol en Uruguay”, y comenzó a tejer la trama, a jugar su juego de ajedrez para que mi tatarabuelo se casara con mi tatarabuela y tuvieran a mi abuelo, y éste se juntara con mi abuela para que naciera mi mamá. Mi madre no entendía nada de los planes de Dios, tampoco mis abuelos y tatarabuelos, ¡no tenían idea en qué iba a terminar! Sucedió que tuvieron un nieto o bisnieto pastor, lo que estaba en los planes de Dios aunque no en los de mis ancestros y mucho menos en los de mi mamá. En otras oportunidades he contado que cuando mi mamá quedó embarazada por primera vez, ella oraba a Dios para que le diera una nena; la quería para que le cebara mate y la ayudara con las tareas y le hiciera compañía. Imagínate que esa oración iba en contra de todo lo que ha venido planeando Dios desde antes de la fundación del mundo. Mi mamá tenía una buena idea, quería alguien que le cebara mate y la ayudara en los quehaceres. ¡Un plan sin trascendencia! Y ella estaba tan convencida que Dios le iba a contestar sus oraciones que armó todo el ajuar rosado, pero nací yo, ¡y cuando vi todo rosado me dio asco! ¡Tuvieron que salir corriendo a cambiar todo! Ella quería tanto una hija para que la ayudara, que me agarró a mí para hacer las tareas de la casa, ¡así aprendí a hacer de todo! Aprendí a hacer bollitos de anís, biscochuelos, a batir las claras de huevo dejándolas a punto nieve, etc. Cuando venían a casa las vecinas, mi mamá les decía: “¡Jorge me ayuda en todo!” A mi me gustaba ver a mi mamá feliz de que yo la ayudara en todo y con tal de verla contenta, hasta aprendí a tejer el punto Santa Clara, así llegué a tejerme una bufanda. Todo eso fue por el afán de mi mamá de tener una nena, pero llegó un día en que no lavé más ni siquiera un plato.

¡Mi mamá tenía sus planes y Dios los suyos! Yo creo que es ridículo que le pidas a Dios tener una nena o un nene si los planes de Dios ya están establecidos desde antes de la fundación del mundo. Unos se ponen contentos porque le pidieron a Dios una nena y Él se las dio. ¿Tú crees que te la dio porque era tu deseo? ¡Te concedió una nena para su gloria, porque Él así lo quería y se terminó! ¡Tú no decides el sexo de tu bebé porque Dios tiene planes eternos y si viene una nena, gloria a Dios, porque Él tiene planes con ella! ¡Y si es hombre, gloria a Dios porque también tiene planes con él! ¡Te felicito si eres bien hombre y te felicito si eres bien mujer porque Dios te ha dado el sexo que tienes! ¡Cumple la voluntad de Dios! ¡Cumple con sus propósitos! ¡Haz lo que Dios quiere que tú hagas! ¡Te trajo al mundo para su gloria, porque tiene propósito contigo!

Nunca digas, como he escuchado de algunas mujeres: “Si yo hubiera sido varón, mi papá me hubiera amado porque él amaba más a mis hermanos y a mi nunca me quiso. Me crié necesitando un padre…” Él la despreciaba porque era mujer, y como machista que era, quería hijos varones. ¡Muchas mujeres me han dicho semejante cosa! Por esa causa han aprendido a jugar al fútbol entre otras cosas, para poder agradar a su padre.

Los planes de Dios son largos, en cambio los nuestros son muy cortos, ¡no sirven para nada! ¡No le vayas a Dios con ideas o planes alternativos! ¡Tú debes conocer la voluntad de Dios y hacerla! ¡No puedes ponerle excusas! Si te ha creado para que hagas determinada tarea, si te ha creado con un propósito, tú te tienes que consagrar a ese propósito. Si para poder tocar bien el piano hay que consagrarse, ¡cuánto más para hacer la obra de Dios! Él no puede encomendarle tareas a una persona que no está consagrada.

            CREYENTES PART TIME Y FULL TIME

Otra cosa que hemos inventado los creyentes son los cargos part time; hay pastores full time y part time. ¿Qué significa part time? Que tiene un laburito para sí, en el que se dedica a sus cosas y logra sus deseos y en el tiempo que le sobra, sirve a Dios. Así que Dios tendría que ponerse contento porque después de todo lo que hace, aparta un tiempito especial para servirle a Él. ¡No señor, toda la vida del creyente es de Dios! ¡Tu trabajo es de Dios, lo mismo que tu dinero y tu casa!

¿Tu casa es de Dios? ¿Podrías hospedar a un drogadicto? Tú dirás: “Mi casa es de Dios pero tengo que cuidar a mis hijas de los extraños”. “¡Me salvé! Tengo dos dormitorios, uno es el mío y de mi señora y el otro de mi hija”. En Haití, en dos dormitorios dormimos doce personas, o sea que en tu casa caben nueve personas más. Lo único que falta es que digas que tu casa es chica. ¡Gloria a Dios, me salvé! ¿Dios puede disponer de tu casa?

Muchos son como Pedro: “Señor, aunque éstos te nieguen, yo jamás te voy a negar. Si tengo que morir por ti, voy a la muerte Señor”. Ya que tu casa es de Dios, ¿podrías hospedar algunos drogadictos, o algún viejito que esté tirado en la esquina? ¿Puede disponer Dios de tu casa?

Otros cristianos part time manejan su dinero como quieren, y se endeudan sin que Dios los mande a hacerlo. ¿Has recibido alguna visión de parte de Dios que debías endeudarte? ¿Alguna vez Dios te mandó a pedir algún préstamo, o a pedir uno para poder pagar otro? ¡Esas son ideas nuestras nomás! Entonces los creyentes part time dicen: “Dios sabe que yo no puedo ofrendar ni diezmar porque tengo deudas”. Le preguntas si el dinero que gana es de Dios y te dice que sí, pero que debe pagar las deudas. ¡Tienen prioridades que cumplir y eso impide que le puedan dar dinero a Dios!

No se puede disponer de la casa de los cristianos part time, no se puede disponer de su dinero ni de su tiempo porque están muy ocupados. “Cuando tenga tiempo, pastor, cuente conmigo”. Cuento uno, dos, cinco años y él o ella aún no pueden. Digamos que hay un gran porcentaje de cristianos que no entienden lo que es vivir para Dios y siempre le están [1]“haciendo el caño”, pero Él te dice: “¡Ya basta! ¡Tengo una obra grande que hacer y busco gente que no me ponga excusas! Ando buscando gente que se consagre, que me dé su vida”.

El objetivo del mensaje de hoy es que te consagres a Dios, que le des tu vida, pero de verdad. ¡Dale tu vida a Cristo pero en serio! Yo tenía mis planes e ideas y quería que Dios los bendijera, pero Él tenía otros proyectos desde el principio, ¡y bendigo la hora en que me abrió el entendimiento y me ayudó a dejar todo lo que me ataba! ¡Yo se de lo que te estoy hablando! ¡Sé lo que tuve que dejar de lado para ser el pastor que hoy soy! Me costó lágrimas porque estaba aferrado como puedes estarlo tú, a muchas cosas y por eso no has podido servirle.

Muchos dicen que no saben cuál es la voluntad de Dios pero, ¿cómo te podrá Dios mostrar su voluntad si te ve tan ocupado en la tuya? ¿Para qué te la va a mostrar? Cuando Él vea que tu corazón está dedicado y consagrado, verás su respaldo y su gloria. Verás cómo Dios envía el sustento porque Él respalda su obra pero no los proyectos personales. Si tú estás haciendo la voluntad de Dios, no temas porque Él paga bien.

Hoy es el día en que tienes que decir: “Basta de versos, no quiero ponerte más excusas Señor, me voy a dedicar, vas a poder contar conmigo”.

Hay quienes se la pasan orando y ayunando pidiéndole a Dios que les muestre su voluntad pero no tienen sus corazones dispuestos. Si Dios te manda a hacer algo que no está dentro de tu esquema, no lo cumplirás por más ayuno y oración que hagas. Se necesita tener un corazón doblegado, por eso Jesús dijo: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). ¿Qué es negarse y tomar la cruz? Es morir a todo lo que yo pretendo, morir a todo lo que pretendo que Dios haga, a lo que me parece que tengo que hacer o Él tiene que hacer. ¡Debo morir para poder ver la gloria de Dios y conocer su voluntad y debo tener un corazón dispuesto! Ninguna obra de excelencia será hecha sin dedicación y esto es paralelo con el mundo espiritual. La obra de Dios es perfecta, maravillosa, gloriosa. ¡Tocar el piano no es nada, comparado con la obra de Dios!

El apóstol Pablo dijo: 20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20) y también dijo a los filipenses: 7Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7 y 8).

            CONCLUSIÓN

¡Hoy tiene que pasar a un segundo plano todo lo que para ti era muy importante!

Dios me ha mostrado que la obra de Haití sólo la puede hacer con gente que ha renunciado a muchas cosas. He llevado a algunas personas que estaba seguro que debían ir porque me tenían que ayudar, aunque no tenía claro si debían quedarse allá, pero el Señor fue confirmando. Aunque allá hay chicas que tenían planes de estudio, tuvieron que renunciar a ellos para servir a Dios en Haití con la certeza de que Dios las ha plantado en ese lugar y están decididas a morir allá. Están haciendo la obra, felices, porque han descubierto la voluntad de Dios. Una de las chicas que está en Haití está enamorada de un joven que vive en Uruguay y en el momento en que los pastores decidieron que era el tiempo en que se tenían que poner de novios, yo le dije a ella que tenía que irse a Haití. Su respuesta fue: “Apóstol yo voy a donde usted me diga. ¡Voy a servir a Dios!” Llegó allá y enseguida tuvo la certeza de que Dios la quería en Haití. “¿Y el chico que amas?” “Si Dios lo trae a Haití bien y si no, adiós”.

Si te retiene tu casa, tu sueldo, una idea, algo que quieres lograr, no estás libre para servir a Dios.

En Haití hemos llorado al ver todo lo que hemos dejado por amor a Cristo, pero fue llegar y comenzamos a enamorarnos de la gente y a palpitar con sus necesidades. Gente que no sonreía, con la mirada dura, que no ha aprendido a ser feliz y no tenía paz. Comenzamos a abrazarlos y pudimos ver cómo han reverdecido, se alegran cuando nos ven. ¡Esa es  la obra de Dios! ¡Los niños nos acarician la cara!

Me dijo una chica que está allá: “¡Mire apóstol qué hermosura este nene!” ¡Un negrito sucio, descalzo, desnudo! “Yo quiero un nene así”, agregó la chica, a lo que le respondí: “Pero para tener un hijo así te vas a tener que casar con un negrito”.  “Si me tengo que casar con un negro, lo hago, estoy en la voluntad de Dios y no me importa nada, sólo su voluntad”.

Hay muchos que quieren ir a Haití ahora, es que ahora hay grifería y hay baños instalados. Cuando llegamos a ese país, a la montaña, en donde no había nada, todo el terreno era baño; los que fueron a trabajar a Haití dejaron atrás muchas cosas, renunciaron a muchas cosas. Uno de los hermanos, Miguel, a poco de llegar estaba medio turbado y me dijo: “Apóstol, creo que Dios me está llamando a quedarme aquí”. Le pregunté qué es lo que pensaba la señora que quedó en Uruguay con una nena, y él me respondió que sentía cada vez más fuerte que Dios lo quería allí; entonces le dije que habría que ver que es lo que decía su señora, así que la llamó y le informó que se quedaría en Haití. “¡Estás loco!, le contestó ella, ¿dónde se va a criar la nena, dónde va a estudiar? Fue un balde de agua fría para él, entonces decidió ayunar. Dispuesto a quedarse allá, dijo que la señora lo tendrá que seguir. Hablo yo con la señora y me refirió que le preocupaba dónde estudiaría su hija, con quién se iba a criar, etc. Le señalé que no es importante dónde va a estudiar ni con quién se va a criar, lo importante era si Dios quería que ella fuera o no, porque si Él quiere que ella se vaya a Haití, se encargará de lo demás. A los pocos días me dijo que no quería estorbar la voluntad de Dios ni a su esposo y que estaba decidida a ir donde estaba él.

Lo cierto es que aunque tú no veas nada, Dios ya tiene preparado todo lo que necesitas para que su voluntad se haga en tu vida, el mejor equipamiento lo tiene la persona que está consagrada; el equipamiento de Dios es para la victoria y no para la derrota, es para que tú y tu casa puedan disfrutar de la gloria de Dios.

Yo sufrí mucho cuando salí de Argentina, sufrí mucho cuando salí de San Juan, debí desprenderme de todo y si no lo hubiera hecho, no tendría el ministerio que tengo ahora, tampoco habría llegado a donde estoy ahora, como por ejemplo en la televisión, ni recibiría los mensajes que recibo como una persona que me escribió por Facebook diciéndome que hace veinte años que  se congrega con nosotros desde Mar del Plata y que se siente parte de Misión Vida. Durante veinte años nos ha seguido por radio, por Internet, se ha alimentado de Misión Vida y mientras estuve en Haití la última vez, viajó a Uruguay decidida a bautizarse en nuestra iglesia porque se siente parte de nosotros.

O como la hermana que me puso: “Un saludo desde Melbourne, Australia, estoy muy lejos de ustedes pero algún día Dios me permitirá trabajar con ustedes. Por ahora les apoyo con mis oraciones desde Australia”. También en Miami tenemos gente que nos sigue, pero nada de eso existiría si yo no hubiese renunciado a todo lo que tenía que renunciar, y tú hoy, tienes que renunciar y dejar de ponerle excusas a Dios.

Dile al Señor en esta hora: “¡Perdón por haberte metido tantas excusas! Hoy me quiero consagrar, estoy dispuesto  a hacer una obra excelente, tocaré el piano de tal manera que alegraré tu corazón. Ya no haré una obra a medias sino que apartaré mi corazón para ti Señor. ¡Iré a donde quieras, dejaré lo que haya que dejar y perderé lo que tenga que perder!”

Tú sabes si eres la persona que Dios hoy ha llamado, porque has recibido un mensaje en el que Él habló directamente a tu corazón, sabes que te habló a ti. No tienes escapatoria ni puedes decir que este mensaje ha sido para otro, sabes que Dios te ha hablado a ti. Y yo te digo hoy: ¡No seas cobarde! Que no te detenga el temor, la cobardía, la vergüenza, la timidez; hoy tienes que romper los moldes y debes decirle a Dios: “¡Cuenta conmigo! ¡No part time sino full time, usa todo el tiempo que tú quieras!

Hoy el Espíritu Santo quiere llenarte, la unción está preparada para ti. La unción no es para cualquiera sino para aquel que realmente se consagra, es para aquel que realmente se aparta y está disponible hoy para ti. ¡Serás ungido con poder si de verdad renuncias delante de Dios!


[1] Hacer el caño: Expresión utilizada en el fútbol, que significa hacer pasar la pelota por entre las piernas de un jugador adversario.

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