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MENSAJES DEL CIELO

INTIMIDAD CON DIOS TE DA LUZ

INTRODUCCIÓN

Debemos diferenciar dos clases de vida, las cuales tienen dos orígenes distintos, y se contraponen. El apóstol Pablo presenta en el libro a los Romanos, capítulo 7 una gran disyuntiva que está viviendo como cristiano y habla de las fuerzas que combaten dentro de él y la lucha interior que libra. Romanos 7:7 dice: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”.

Aquí se presenta un dilema porque cuando no existe la ley, no existe el delito, ya que si la ley no dijera: no mentirás, entonces mentir no sería delito, por lo que todo delito es una infracción de la ley. Si yo hago algo que no está en ninguna ley no es ninguna infracción. Primero existe la ley y luego el delito. El apóstol Pablo dice que la ley le muestra que es un infractor pero que ésta no tiene fuerza para ayudarlo a cambiar y no lo libra del pecado; él nos señala una cantidad de cosas que se mueven en su interior y expresa lo siguiente: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:15 al 17). Pablo nos dice que peca porque el pecado vive en él. Debemos entender que el pecado no es algo sin poder en sí mismo ya que es un poder espiritual. Jesús dijo que el que hace pecado es esclavo del pecado. Lo que está declarando aquí es que el pecado tiene poder para enseñorearse, subyugar y esclavizar a las personas. Pablo nos dice: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”. De esta manera ya no tenemos culpa sino que le echamos la culpa al pecado. ¡No! Si dejas entrar en tu casa un chancho, ¿quién es culpable, el chancho o quien lo dejó entrar? ¿Por qué está el pecado dentro de ti? Porque cuando pecaste dejaste entrar el pecado y éste se constituye en un poder que te subyuga; el pecado produce pecado dentro de ti y te lleva a pecar pero tú eres el culpable porque dejaste entrar el chancho. Hay quienes disfrutan de las chanchadas del chancho; otros dicen que no lo quieren, pero igualmente lo dejaron entrar y ahora no saben qué hacer.

VIVIR CONFORME AL PODER DEL PECADO

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18). En nuestra naturaleza no mora el bien, o sea que de nosotros no sale el bien, no pensamos bien, no hablamos y no hacemos el bien. ¿Qué es la carne? Es la naturaleza pecaminosa que está compuesta por el alma y el cuerpo. Al alma la constituye la mente, la voluntad y las emociones, o sea, lo que pensamos, la fuerza que ponemos en hacer o no hacer algo y los sentimientos, y ahí mora el mal. Digamos que no tenemos fuerzas para hacer el bien pero sí para hacer el mal. El mal te gobierna y eres valiente para adulterar pero tienes miedo de que tu esposa se entere; o sea que tienes voluntad para hacer el mal y cuando vienes arrepentido y me preguntas qué hacer, yo te digo que se lo cuentes a tu esposa pero te aterra el hecho de hacerlo. ¡Te acobardas! ¡Tienes fuerza de voluntad para hacer el mal pero no para hacer el bien! Cuando lo que domina es el pecado, entonces hago lo que no quiero, y lo que quisiera hacer, que es lo bueno, no lo hago y me encuentro que soy impotente porque el pecado es un poder que se enseñorea de las personas.

Hablemos de pecados que generalmente no consideramos como tal, por ejemplo la amargura; no sabemos definir bien este sentimiento, pero cuando miramos a la cara de una persona decimos que es amargada. La amargura es un estado de ánimo que domina a algunas personas, ¿y  por qué la domina? Porque la amargura es un pecado, es un chancho que has dejado entrar a tu vida. ¿Quién quiere ser amargado? ¡Nadie! ¿Pero por qué eres una persona amargada? Porque la amargura te gobierna; el pecado se enseñorea de ti. O sea que la amargura es un pecado y ese poder espiritual te gobierna y se enseñorea de ti. La tristeza también es un pecado porque atenta contra tu felicidad, contra tu paz y tu bienestar físico.  No conozco a nadie que tenga ganas de estar triste. La tristeza tiene que ver con el pasado y eso te ata, estás triste por algún familiar o amigo que perdiste o por algo material; tal vez sientes tristeza porque has deseado ser feliz con el flaco con quien bailaste hace veinte años atrás, en la noche de la nostalgia, pero ahora estás casada con un gordo feo y esa tristeza te domina. Nadie quiere estar triste pero ese sentimiento te domina porque el pecado domina a las personas. La conclusión es que la soledad, la angustia y la amargura son un pecado. También lo es la incredulidad; algunos dicen que oran a Dios pero Él no les contesta y eso produce un estado de ánimo negativo. Quiero decirte que cuando el Espíritu Santo gobierna tu vida la amargura no tiene cabida, tampoco la tiene la angustia ni la soledad entre otras cosas. Es fácil saber si te domina el Espíritu Santo o un chancho; es fácil ver si eres espiritual o carnal.

Como dije, hay dos clases de vida. El apóstol Pablo dijo: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”. En mi carne y en mi naturaleza no está el bien, por eso nadie puede decir que agrada a Dios si hace algo que surge de su propia naturaleza. Podrás cantar alabanzas a Dios pero no podrás agradarlo si no lo haces por la obra de su Espíritu Santo; cuando adoras a Dios en espíritu y en verdad, le agradas a Él, tú lo bendices y ministras su Espíritu a las personas, impartes su presencia, la paz y la vida del Espíritu a quienes te escuchan. Puedes tocar muy bien algún instrumento pero si tocas sólo porque te gusta la música o para que todos te vean, si sale de ti no es bueno sino que es obra de la carne por lo tanto es malo y Dios lo rechaza. Cuando David tocaba el arpa, los demonios huían. Si tú te estás dando cuenta que estás llevando una vida sin sentido y que no vale la pena todo lo que estás viviendo hasta ahora, debes tomar una determinación, así ya no tendrás que andar con cara de amargura, de tristeza o de resentimiento sino que tu rostro irradiará gozo, paz y vida abundante.

VIVIR CONFORME AL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

En el capítulo 8 del libro de Romanos el apóstol Pablo llega a una conclusión; en el versículo 1 dice así la palabra de Dios: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Aquí aparece la otra clase de vida. Pablo declara que hay algunos que andan conforme a la carne pero también señala que no hay condenación; dice que aunque en él no está el bien, no hay condenación porque no anda conforme a la carne, o sea, el mal está en mi pero yo ando conforme al Espíritu. No trato de venderle a Dios carne consagrada porque hay carne religiosa a la que le gusta la música cristiana, le gusta predicar, bendecir y echar fuera demonios pero la carne nunca echará fuera los demonios y nunca va a bendecir porque en mí no está el bien.

Pero dice Pablo que no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. A mí me costó entender esto de que estoy en Cristo y que no hay condenación para los que están en Él. Los que hemos creído en Jesús no somos cosa extraña al cuerpo del Señor; los creyentes somos la iglesia y ésta es el cuerpo de Cristo, y lo que funciona en Él funciona en mí. Lo que es de Cristo es mío y lo que produce el Señor lo produzco yo porque no soy separado del Señor sino que formo parte de Él. Mi dedo índice no es mi cuerpo porque es sólo el dedo pero es mi cuerpo porque forma parte de él. ¡Yo soy parte de Cristo! Por mi dedo circula la sangre que circula por mi pierna porque es el mismo cuerpo, entonces, lo que sucede en Cristo sucede en mí. Sucede que cuando yo estoy en Cristo opera en mí, otro poder; así como el pecado opera para producir pecado, el Espíritu de Dios produce vida y paz.

Romanos 8:2 dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”. Hay una ley que no es: no matarás, no mentirás, no robarás; hay una ley que es del Espíritu y esa es la ley de vida en Cristo. Si mi vida está en Cristo funciona la ley del Espíritu y de ser así, el Espíritu produce en mí las obras de Jesús. No es lo que yo puedo hacer sino lo que el Espíritu de Dios hace en mí; no es que tomo una decisión para agradar a Dios, ya que no puedo hacer eso porque el mal está en mí y mora en mí no me lo permite, pero si estoy en Cristo el Espíritu opera en mí, y cuando Él opera y llena a los creyentes no acepta convivir con otros espíritus. ¡No puede un espíritu de pecado dominar a un cristiano! Cuando el Espíritu Santo está hay paz y vida, ya no está la amargura, la angustia y la soledad que son espíritus del infierno. ¡Son cerdos que tienen que salir fuera! ¡No pueden permanecer en el creyente!

Hay una ley que es la ley del pecado y de la muerte, y el pecado es el aguijón de la muerte. La ley del pecado y de la muerte produce muerte y en mi ser opera esa ley del pecado y de muerte, pero el estar en Cristo hace que opere en mí la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús. ¿Qué es esto? Que ya no me tengo que preocupar por agradar a Dios cumpliendo los mandamientos sino que debo ocuparme de mi relación con el Espíritu Santo. Yo no produzco el bien; el bien lo produce el Espíritu Santo. Mi amor a Dios y mi relación con Él hace operar una ley más poderosa que la ley del pecado que me lleva a pensar bien, a hablar bien y a actuar bien. El apóstol Pablo va destilando el conocimiento y la sabiduría de Dios y dice en Romanos 8:3: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. ¡Es imposible que la ley me ayude! Para entenderlo mejor, el semáforo se pone en rojo advirtiéndonos del peligro pero no nos frena ya que no tiene poder para hacerlo; así es la ley, ésta opera indicándonos lo que está mal en nuestras vidas pero no puede librarnos del pecado ya que no tiene poder para ello. Según este pasaje, la ley es débil porque la carne es poderosa para producir pecado. La ley te pone en conocimiento del peligro pero quien decide lo que va a hacer es uno.

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. Dios envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado, pero no es carne de pecado, eso somos nosotros. Jesús tiene ojos pero no pecó, tiene boca como todos los pecadores y todo lo que tienen los pecadores, parece un pecador pero no lo es; es semejanza de carne de pecado. El diablo lo ve como a uno de nosotros y piensa que se lo va a “comer crudo”; Jesús vino en semejanza de carne de pecado pero Él no ha pecado. El dominio del pecado no está sobre Jesús, todo lo contrario, el poder del Espíritu Santo está sobre Él. Dios cargó en Jesús el pecado de toda la humanidad y esto lo debilita hasta la muerte; Cristo muere y el Padre lo abandona, desciende al infierno y allí satanás y los demonios lo escarnecen celebrando la victoria sobre Jesús pero Él era semejanza de carne de pecado, no era pecado ni estaba dominado por éste. Por eso señala la Biblia que el Espíritu Santo lo levantó de entre los muertos.

A causa del pecado condenó al pecado en la carne de Cristo. El pecado dijo: “Yo domino a todos los hombres”. Entonces llega Cristo en semejanza de carne de pecado y el pecado se quiere enseñorear de Él pero no puede por lo que Dios condenó al pecado. Éste es un poder espiritual, si no fuera así no podría dominar a las personas, mas Dios lo hace fracasar en la carne de Jesucristo. ¡En Cristo, satanás, el pecado y el poder que este ejercía sobre la humanidad se estrelló! ¡Cristo es vencedor y nosotros somos de Cristo! Yo formo parte del cuerpo de Cristo, estoy unido al Señor y ando con Él. Yo no ando haciendo el bien, yo ando con Cristo; no ando haciéndome el bueno, yo ando con Cristo porque soy parte de Él. Por lo tanto, la condenación del pecado sobre la carne de Cristo también es condenación del pecado en mi carne porque no hay diferencia ya que el Señor me hace de Él. El Señor es mío y yo de mi Señor. ¡Soy parte del cuerpo de Cristo! “Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. La ley nos condenaba, nosotros éramos impotentes para cumplirla y era necesario hacerlo. Cristo cumplió la ley y Dios condenó al pecado en la carne de Cristo, entonces, se cumplió la justicia de la ley en nosotros que somos de Él, que creemos en Él y formamos parte de Él.

¿QUÉ PENSAMIENTOS TE DOMINAN?

Romanos 8: 5 dice: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”. ¿Quieres saber quién es espiritual o quien es carnal? Escucha sus conversaciones, el que es de la carne habla carnalidades y cuestiona todo. Cuando yo era joven, en el grupo de jóvenes de mi iglesia discutíamos si era malo o no ir a bailar. Alguno decía que allí se movía el diablo, que allí había muchas tentaciones. Enseguida otro discutía: “¿Qué tentaciones? ¿Qué tiene de malo ir a bailar? Si bailo con mi hermana no pasa nada”. ¡Es feo bailar con la hermana! Y agregaba: “Yo voy pero bailo con mi hermana”. Supongamos que eso de bailar con la hermana es un argumento excelente pero, ¿es un argumento espiritual o carnal? Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne y dicen cosas como: “¿Se puede hacer esto o no se puede?” Cuando le dices que no, saltan: “¿Y qué tiene de malo?” Está pensando a ver cómo encontrarle la vuelta para poder pecar sin pecar. Si tengo una voz maravillosa y tengo unas ganas terribles de cantarle a Dios, entonces me paro en el púlpito y le canto, pero si es de la carne y no proviene del Espíritu, la canción es carnal, o sea que es producida por mi carne y eso a Dios no le agrada. Los que son del Espíritu piensan en las cosas del Espíritu. Examínate, es fácil, no se necesita saber de teología o doctrina para ver si una persona es carnal o espiritual, observa si se levanta la persona temprano pensando qué va a hacer de comer. ¿Qué tiene de malo pensar en la comida? Si lo primero que sale son pensamientos de comer y si ocupas toda tu mañana en ver qué vas a hacer de comer, ¡no te estás dedicando a cosas espirituales! Sí, hay que comer y comprar para hacer los alimentos pero tus pensamientos no tienen que estar enfocados sólo en eso. Si piensas sólo en la comida, sales a hacer las compras, pasas por al lado de un indigente o de una persona que está mal y tú ni te enteras y tampoco te importa.

El carnal ve determinadas cosas, el espiritual ve todo lo contrario; en la persona carnal opera el poder del pecado, mas en el espiritual opera un poder más grande y es el poder del Espíritu Santo. ¿En qué vamos a terminar? Romanos 8:6 dice: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. Si te ocupas todos los días todo el día en qué harás de comer, nunca vas a salvar a nadie y tampoco te salvarás tú; no te dedicarás nunca a extender el reino de Dios ni te preocupará su voluntad ni sus propósitos porque tu mente está ocupada en cosas que tienen que ver con la carne. El apóstol Pablo aclara la cosa y dice: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”.

Dios quiere que haya personas que le sirvan tocando los instrumentos pero si eso lo haces en la carne, es enemistad contra Él. Dios quiere predicadores pero si estos predican porque quieren fama y gloria, si lo hacen por dinero o lo que sea, ese predicador está en contra de Dios. Los designios son los planes y los planes de la carne siempre, de continuo, son enemistad contra Dios. No hay forma de que un ser humano pueda agradar a Dios, solamente le agrada aquel que es dominado por el Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo es tu Señor, entonces lo que dices y haces le agrada a Dios. El apóstol Pablo dice que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios y agrega: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

¡Se pone más duro el asunto! Si eres cristiano pero un espíritu de frustración te domina todo el tiempo, la Biblia dice que los que son guiados por el Espíritu de Cristo son de Él. Un espíritu de frustración no es de Cristo. ¡El Señor es victorioso en todo y hace a los creyentes victoriosos en todo! Si el espíritu de frustración domina tu vida, domina tus pensamientos, tus sentimientos, emociones y hasta tus decisiones. Quien tiene un espíritu de frustración dice: “Me quemé con leche y ahora veo la vaca y lloro”. Una persona frustrada es alguien que ha fracasado pero como no quiere fracasar más no quiere hacer más nada. ¡El que es guiado por la frustración no es del Señor!

Te domina la amargura pero tú te excusas que es culpa de tu suegra; tienes un espíritu de amargura que domina tu vida. Dices que es por culpa de tu esposo porque es malo, pero tú le abriste la puerta al chancho, en este caso la amargura, y lo dejaste entrar. Si te guía el Espíritu Santo el resultado es vida y paz; si te guían la amargura, la frustración u algún otro espíritu negativo, estás siendo dominado o dominada por un poder de pecado y para esto la única solución es la sangre preciosa de Cristo porque vivir amargado o amargada no glorifica a Dios, no muestra el poder del Señor ni su victoria. Debes ir a Cristo y decirle: “Perdóname Señor, cúbreme con tu sangre, líbrame de la atadura del pecado”. Si el Espíritu Santo domina tu vida el rencor no podrá permanecer dentro de ti. ¡No puedes sentir rencor porque quien tiene al Espíritu Santo tiene amor! Podrás hacer fuerza para odiar pero no podrás, porque el Espíritu Santo no puede odiar. ¡El Espíritu Santo ama! Él no puede inducirte nunca a la tristeza ni a la soledad; sí te puede inducir a una clase de tristeza para salvación pero no es esa tristeza que te estoy hablando.

Dice Romanos 8:13 y 14: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. Volvamos al versículo 6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. No se trata de qué hay que hacer para agradar a Dios sino qué poder te domina. ¿De qué te ocupas? ¿Te ocupas de la carne? Producirás carnalidades. ¿Te preocupa tener una buena relación con el Espíritu? Vas a producir vida y paz. ¿Qué estás produciendo?

CONCLUSIÓN

La conclusión es que necesitas que Dios perdone tus pecados ya que has estado dando un mal testimonio por causa de tu angustia, de tus tristezas, por causa de los rencores y la amargura que hay en tu corazón, pero no entendías que era un pecado que moraba en ti y te justificabas diciendo: “¿Cómo no voy a estar amargada con lo malo que es mi esposo?” Les echas la culpa a otros pero resulta que la amargura la tienes tú. Si una suegra o tu cónyuge son capaces de quitarte la paz y el gozo, estás declarando así que Dios no sirve para nada. Ninguno de estos poderes que te he mencionado puede contra el Espíritu Santo. No necesitas proponerte ser mejor sino someterte a Él. Pídele a Jesús que te perdone y te cubra con su sangre preciosa y después pídele que te llene con su Espíritu Santo.

El problema más grande que tienes no son los familiares que te rodean, no son los gobernantes de turno, no es la situación económica ni las enfermedades; el problema más grande que tienes es el pecado y Cristo apareció para condenar el pecado en su propio cuerpo. El Señor vino para perdonar y limpiarnos de todo pecado y una vez que te limpia te transformas en una vasija vacía que debe ser llenada con el Espíritu Santo. Cuando entra el Espíritu Santo no es suficiente ser limpio, es necesario que entre ese poder superior al poder de la carne y del pecado. ¡Es un poder que produce vida y paz! Si alguna circunstancia te roba la paz es porque no tienes una buena relación con el Espíritu Santo pero si puedes burlarte de los problemas y seguir confiando en el Señor entonces Él gobierna tu vida. No importa lo grave del problema o lo grande del poder del mal que ha venido sobre ti porque el poder del Espíritu Santo es más grande que todos los males. Si eres feliz con la vida que llevas, quédate tranquilo pero si estás cansada o cansado del fracaso, de la frustración y la tristeza, reconoce que has pecado, acércate a Jesús, pídele que te perdone, que te limpie y que te llene con su Espíritu Santo.

Tú te preguntarás cómo haces para saber cuál es la voluntad de Dios y yo te digo que no es tu problema, porque el Espíritu Santo te va a guiar a toda verdad. Si me preguntas por qué vine a Uruguay yo te contesto que no sé pero sí sé que fue el Espíritu Santo quien me trajo. Yo busqué a Dios y Él me metió en su voluntad. ¡Debes saber que el Espíritu Santo guía tu vida! ¡Deja que te lleve!

Sueño con que Dios levante siervos y siervas que conquisten las naciones. Es necesario que dejes que Dios disponga de tu vida, ofréndasela a Él. Necesitas entender que no puedes seguir luchando con tus propias fuerzas y que no transformarás tu carne y harás de ella carne consagrada para agradar a Dios porque no lo agradarás ya que para Dios la carne está condenada. Dice Romanos 8:11: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. Lo que hizo el Espíritu Santo con Jesús levantándolo del infierno, también hará con tu cuerpo mal trecho y muerto. ¡El Señor vivificará tu cuerpo muerto y te dará un cuerpo glorificado! Esto no es obra tuya sino del Espíritu Santo. ¡No te conformes con lo que eres porque Dios quiere hacer cosas grandes contigo!

“Espíritu Santo, la palabra ha sido dada, toca las vidas. Aquellos que son llamados por ti para ser transformados, sean tocados hoy con tu poder, en el nombre de Jesús, amén”.

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