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MENSAJES DEL CIELO

LA MATEMÁTICA DE DIOS

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INTRODUCCIÓN

Existe una relación significativa entre la bendición y la matemática de Dios. La matemática de Dios no es como la nuestra, ya que para Él poco es mucho, y eso lo puedes descubrir en los evangelios cuando Jesús con sólo cinco peces alimentó a cinco mil personas, y nada es todo; si lees el libro de Génesis notarás que de la nada, de lo que no se veía, el Señor hizo todo lo que se ve. Así que según las matemáticas de Dios, poco es mucho y nada es todo. “…Mas bienaventurado es dar que recibir”, dijo Jesús, además agregó que cuando nosotros damos se nos devolvería con medida buena, apretada y remecida. En la antigüedad se pesaban los granos en unos canastos; algunos no eran buenos ya que no daban una buena medida, así que por más que se llenaran, pesaban menos que la medida exacta que debían tener. Es por eso que a los canastos bien hechos se les llamaba medida buena. Apretada se refiere a cuando se sacude el canasto y los granos se acomodan, llenando los espacios, entonces se puede volver a echar más granos. Jesús dijo que si dábamos, se nos devolvería con medida buena, apretada y remecida.

Las bendiciones de Dios vienen sobre los que aprenden a dar y no me refiero sólo a lo económico como la ofrenda y el diezmo. Dar, es la condición de una persona que ama, por lo que una persona que ama, da. Juan 3:16 dice: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito…” Siempre, el que ama da. Cuando yo salgo de viaje no me gusta ir de compras pero en los últimos que hice, como amo tanto a mis nietos les he comprado ropa para cada uno y no me he fijado cuánto cuesta sino en cómo les iba a quedar. A mis nietos los amo tanto que les doy sin medida. Algunos aman tanto a la suegra que le dan sin medida.

La Biblia dice que Dios no puede ser burlado ya que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Si siembras semillas malas obtendrás una mala cosecha. La ley de Dios se aplica para lo bueno y para lo malo. Si quieres comprobar si esto es cierto, trata de golpear a una persona que elijas al azar y ve qué es lo que vas a cosechar. Si siembras violencia, cosecharás violencia. Un joven que vive en uno de nuestros hogares Beraca, una persona violenta, se enojó mucho con el encargado, lo insultó delante de todos y casi lo golpea; al final, el joven se fue de ahí enojado, a la calle, donde volvió a hacer de las suyas y como señala la Biblia, el perro vuelve a su vómito, así que comenzó a drogarse nuevamente y se metió en líos con algunas personas. El tema es que volvió a hablar conmigo y me pidió que lo ayudara, me contó que le han disparado, queriéndolo matar y no podía volver a su casa porque era hombre muerto. “Apóstol, perdóneme, deme otra oportunidad, le prometo que me voy a portar bien”, me dijo. Este joven había sembrado violencia y estaba cosechando violencia. Con tal de que lo ayudara estaba dispuesto a hacer lo que le dijera, entonces lo mandé al mismo hogar de donde había salido mal, peleado con el encargado.

La vida es una continua transacción entre lo que uno da y lo que recibe, y la matemática de Dios señala que cuando uno da es cuando recibe. ¡Tienes que ver bien qué es lo que estás dando! Hoy Dios te enseñará a dar lo que debes dar, para recibir lo que será de bendición para tu vida.

                LA HISTORIA DE JOB

Job era un hombre próspero y feliz, tenía una familia grande, mucho ganado y riquezas, además era recto, temeroso de Dios y apartado del mal. “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él…” (Job 1: 7 al 12). Satanás entonces comenzó a operar maliciosamente contra Job al punto que sus hijos murieron, quedó sin nada, y los vecinos y parientes se alejaron de él. Tal vez te ha acontecido que cuando estabas muy mal, no había nadie a tu lado y te preguntas dónde están aquellos que se decían tus amigos; es que hay “amigos” que sólo están en las buenas pero desaparecen en las malas. He visto a una persona enferma de cáncer que tenía un amigo, el cual no quería ir a visitarlo porque no soportaba verlo mal. Cuando esa persona estaba bien, era amigo, pero cuando estuvo mal no quería verlo en una situación tan lamentable, entonces no lo fue a visitar. Suele ocurrir que en circunstancias adversas desaparecen los amigos y parientes. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Tienes que estar listo para dar lo que tienes que dar, para recibir lo que será para tu bendición.

Habían aparecido unos amigos de Job y comenzaron a darle consejos. El hombre estaba con sarna, humillado, quebrantado, enfermo, dolorido, preguntándose por qué Dios permitía que le sucediera eso y no entendía, ni sabía que era el fruto de una discusión de Dios con satanás. Tú dices que no lo entiendes a Dios pero no hay que entenderlo; al Señor hay que amarlo y hay que creerle. Las circunstancias mienten acerca de quién es Dios y cómo es Él. Los amigos comenzaron a decirle a Job que algo habrá hecho mal, que Dios esto y Dios aquello. ¡Lo volvieron loco! ¡Lo hicieron enojar! Lo que ellos le decían no eran palabras de consuelo sino más bien una especie de reclamo y a Job le molestaba lo que sus amigos le decían. Finalmente Dios se presenta en el escenario y habla con él y Job se arrepiente de todo lo que había pensado y hablado. El Señor les recrimina a los tres amigos de Job: “Ustedes no han hablado de mí lo recto como mi siervo Job. Arrepiéntanse y vayan a donde mi siervo y cuando él ore por ustedes yo escucharé su oración para no meterlos en oprobio”. Los tres amigos hicieron como Dios dijo y Job oró por ellos. Entonces leemos en Job 42:10 “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job”.

                La aflicción es una condición del alma. Hay personas que por más que tengan mucho, están afligidas, en cambio hay quienes tienen poco y son felices, por lo tanto, la aflicción no depende de circunstancias, del tiempo, de lo que perdí o de lo que me suceda, porque a quien quiere, Dios le da descanso y le da paz. Cuando Job oró por sus amigos, el Señor le quitó la aflicción. Los hijos habían muerto, perdió todos sus bienes pero terminó de orar y sintió un alivio en su alma. ¡Dios le quitó la aflicción cuando oró por otros!

Siempre hay alguien que está peor que tú, por lo tanto, siempre hay una oportunidad para bendecir a esa persona que está peor que tú, orar por ella y compadecerte. Así funciona la matemática de Dios: tú bendices a otros y el Señor te bendice a ti. ¡No mires más tu ombligo! ¡Deja de mirarte a ti mismo! No te fijes si te miran bien o mal, o no te miran, si te llaman o no. ¡Deja de mirar por ti y comienza a mirar por los demás! La ley de Dios dice: “Amarás a tu prójimo” y no “Amate a ti mismo”. Saca la mirada de ti y ponla en las necesidades de tu prójimo. “Tú bendices a los demás y yo te bendigo a ti”, dice el Señor. A eso se le llama siembra y cosecha. Dios te promete que si oras y bendices a los que te rodean, Él te bendecirá a ti. ¡No hay mejor manera de bendecir, que amar! Cuando ames a los que te rodean, ya no te fijarás en lo que te han dicho o te han hecho y darás sin medir, sea alimento, vestimenta, dinero, alegría, amistad y consejo. Lo que tú des será el fruto del amor, y toda obra buena proviene del amor. ¡No hay obras buenas que no provengan del amor!

Primero, Dios le quitó la aflicción a Job; esa noche pudo dormir en paz, sin depresión. Hoy Dios te puede dar a ti dormir en paz, sin pastillas. Dice en el Salmo 127 que a su amado dará Dios el sueño, así que elije, las pastillas o Dios. “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job”. El Señor lo bendijo y lo multiplicó nuevamente, y vinieron a él todos sus hermanos. ¡Volvieron los que se habían perdido! Y si, Dios lo volvió a multiplicar, entonces volvieron todos. Dice Job 42:11: “Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro”. Dios tocará el corazón de alguien para bendecirte; el Señor tocará el corazón de los que te rodean y vendrán a bendecirte. Eso fue cuando Job les dio a sus amigos lo que necesitaban para tener paz en el alma: oró por ellos y les bendijo. A veces no nos gusta dar, porque esperamos más recibir que dar. ¿Cuándo nos ponemos contentos? ¿Cuándo damos o cuando recibimos? ¿Qué cara pones cuando alguien te regala algo? ¡El Señor quiere que estés contento cuando das! Hay algunos que se llenan de cosas materiales pero no tienen bendición porque igualmente están afligidos; no les sirve de nada ganar dinero o bienes, porque no están bien, pero la bendición de Dios llega a quienes aman. Algunos te hacen regalitos que no valen tanto, pero te aman mucho. Tú miras lo que te regalan y piensas: “¡Qué porquería!” Pero te sientes feliz porque quien te lo trae te ama, es decir, que cuando uno da con amor, bendice. Después está ese que regala por compromiso, te compra la misma porquería, y tú se lo agradeces, pero no es igual. Cuando uno da, pareciera que hay un termómetro de amor que le muestra a las personas qué tan amadas son. Así que lo importante no es lo que se da sino el corazón con qué se da. Lo cierto es que Job fue bendecido después que él bendijo a los demás.

                LA HISTORIA DE DAVID

En 1ª Samuel 30 encontramos una historia interesante. David huyendo de Saúl fue a parar a la cueva de Adulam y vinieron a él unos cuatrocientos hombres sobre los que se constituyó jefe; eran cuatrocientos amargados, endeudados y afligidos. ¡Lindo ejército tenía David! Él era un amargado más, un afligido y perseguido, pero comenzó a liderar a esa gente y Dios lo bendijo. David andaba de aquí para allá con sus cuatrocientos y llegando a Siclag se encontraron con que los amalecitas prendieron fuego a la ciudad y se llevaron el ganado, los bienes, también llevaron cautivos a los hijos y las esposas. 1ª Samuel 30: 4nos dice: “Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar”. Los que estaban con David comenzaron a tramar contra él para matarlo ya que le echaban la culpa por lo que había sucedido, y la Biblia dice que David se fortaleció en Jehová su Dios. “Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos”. A pesar de su estado de ánimo, de estar cansado y agobiado por haber llorado, llamó a los cuatrocientos hombres y les animó para ir a rescatar a su gente porque el Señor le había dicho que iban a vencer. Tenían clara la misión, ellos iban a perseguir a los amalecitas. 1ª Samuel 30:11 en adelante dice así: “Y hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual trajeron a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua. Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches. Y le dijo David: ¿De quién eres tú, y de dónde eres? Y respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de un amalecita, y me dejó mi amo hoy hace tres días, porque estaba yo enfermo…” En aquel entonces era muy común abandonar a un esclavo, ya que no costaba caro y no valía la pena gastar dinero y tiempo en esa persona cuando se enfermaba, así que compraban otro; el amo de este esclavo, lo abandonó entonces a su suerte. Yo digo que hubiera sido más humano matarlo que dejarlo morir insolado, con sed y hambre. Pero David tenía un corazón conforme a Dios y se compadeció del hombre; no le importó si era esclavo o no porque era un ser humano. Hoy en día ya no se respeta la vida; recientemente, Amnistía Internacional y Center for Reproductive Rights argumentaron en una sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que no hay derecho a la vida sino hasta el nacimiento. O sea que un niño en el vientre de la madre es poco menos que un esclavo y no tiene derecho a la vida. Yo digo que los de la ONU están locos. Para el amo, la vida de ese esclavo no valía nada pero para Dios y para David sí valía. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. No importa si es libre o esclavo porque Jesús dio su vida por esa persona en la cruz del calvario.

El esclavo le había declarado a David que habían prendido fuego a Siclag y se llevaron los bienes, a los niños y a las mujeres. “Y le dijo David: ¿Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo: Júrame por Dios que no me matarás, ni me entregarás en mano de mi amo, y yo te llevaré a esa gente”. Era esclavo pero nada tonto. No quería volver a ser siervo de un hombre tan malvado pero sí de uno que le dio de comer y de beber, entonces prefirió ponerse bajo la autoridad de David.

¡David hizo el bien a una persona que lo llevaría a donde estarían los ladrones! Lo cierto es que después que hubo bendecido a ese hombre, David vio que en él estaba escondida su bendición. Encontraron a los enemigos, era de noche, estaban todos durmiendo, se habían embriagado porque estuvieron de farra celebrando por todo el botín que habían acumulado, entonces David los sorprendió, los hirió y les quitó todo. Recuperó a las mujeres, los hijos, el ganado y además arrebató un gran botín; y el postrer estado de David y de los cuatrocientos hombres fue mayor que el primer estado.

Tal vez no entendemos que cuando Dios permite que nos incendien un Siclag, es porque hay una bendición escondida detrás de ello. Nunca más digas: ¿Por qué Dios permite que me pase esto? Dios permite cosas en tu vida para a la postre bendecirte y multiplicarte. ¡Cree en Dios y confía en Él con todo tu corazón!

Leemos en Isaías 58:10  “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. No se trata sólo de dar dinero o alguna otra cosa material sino también saciar algún alma que está afligida. A tu alrededor hay personas afligidas y si tú sacias esas almas, Dios te saciará a ti y te bendecirá. ¡Tú cosecharás conforme a tu siembra! ¡Dios está dispuesto a bendecirte! Lo más oscuro de ti, será como el mediodía, cuando el sol está en lo más alto. Hay gente que me bendice y me dicen: “Lo amo pastor, Dios le bendiga”. Y me escribe el texto que está en Isaías 58:11: “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”. Como me aman, me ponen un versículo inspirador pero no saben que a éste le preceden otros, o sea que la promesa contenida en ese versículo es una consecuencia de obrar de acuerdo a lo que establecen los versículos anteriores: “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Y entonces, continuamos leyendo en Isaías 10:11: “Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”.

                DAR, PARA RECIBIR

Cuando vivíamos en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, hubo un día en que no teníamos dinero ni comida, así que decidimos con mi esposa declarar día de ayuno ya que no teníamos para comer ni dinero para comprar, sólo había en la alacena unas rodajas de pan, eso era todo lo que teníamos. Cuando nos dispusimos a comer el pan que teníamos, de pronto una vecina golpea la puerta, era la una de la tarde de un día sábado y los negocios estaban cerrados. La vecina nos contó que había invitado a unos parientes a almorzar, preparó la comida pero se olvidó de comprar pan y nos preguntó si nosotros teníamos algo para ofrecerles a sus invitados. Marta tomó el único pan que teníamos, yo estaba sentado y de pronto la veo pasar con mi pan para dárselo a la vecina. Nos miramos nuevamente y dijimos: “¿Qué hacemos?” Declaramos día de ayuno total. Pasadas unas horas, vuelven a llamar a la puerta, ¿y quién era? La vecina, pero esta vez tenía una bandeja de pescado al horno, nos lo regaló en agradecimiento por el pan que le habíamos dado, entonces nos miramos con mi esposa y dijimos: “¡Cortamos el ayuno!” Y nos comimos el pescado.

Dios siempre está pendiente de los detalles de tu vida. En esos tiempos de escases, fue cuando Dios comenzó a sensibilizar mi corazón. El Señor siempre tiene propósito y en ese tiempo en que yo estaba mal, me encontraba con personas que estaban peor que yo. Cuando salíamos de la iglesia y nos íbamos caminando hacia nuestra casa, veíamos mujeres con niños durmiendo en la calle, en pleno invierno, cubiertos con cartones. Fue entonces cuando nos comenzamos a fijar en esas cosas a las que antes no le prestábamos atención, como la gente que estaba sufriendo, es más, seguíamos de largo sin importarnos esa clase de personas. Entonces, comenzamos a darles consejos y a bendecir a la gente que nos rodeaba porque siempre había alguien que estaba más necesitado que nosotros.

En una oportunidad tuvimos que entregar una casa que estábamos alquilando porque no teníamos para pagar y no queríamos dar mal testimonio, pero no teníamos a dónde ir, entonces un amigo nos llevó a vivir a su casa, nuestras hijas eran chiquitas. Su casa contaba con dos dormitorios, el matrimonio tenía también dos hijos y la señora estaba embarazada, así que ellos se quedaron con sus hijos en un dormitorio y nosotros en el otro con nuestras dos hijas. Una noche estaba mal y oraba: “¡Dios mío, no entiendo! Tu palabra dice: “No he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”. Creí que le estaba haciendo “un gol de media cancha” a Dios con mi oración pero el Señor me preguntó: “¿Estás mendigando? Yo le dije: “No, pero mira la situación que estoy viviendo. ¡No tengo techo!” “¿No te gusta el techo que te he dado?”, insistió. El Señor me enseñó que no me dejaría sin techo. “Este techo no es tuyo, es mío, y yo te lo he dado. Confórmate con lo que te doy”, me dijo Dios. Por eso es que en ese tiempo comencé a fijarme en los que no tenían techo, esos que dormían en la calle y resultó que nuestro corazón fue sensibilizado para con esa gente.

El albañil de la obra del templo que estamos construyendo en Beraca es un joven que con su esposa vivió en la calle, y había un rincón donde ellos frecuentaban para drogarse, y dormían cubriéndose con cartones. Resultó que un joven, hijo de un pastor que pasaba cada día por allí en ómnibus, un día decidió bajarse y les habló, diciendo: “No puede ser que ustedes estén en esa situación”. Y los invitó a ir a su casa, al joven drogadicto y a su esposa; allí les dio de comer y les predicó el evangelio. Al tiempo, el joven llegó a uno de nuestros hogares Beraca y se transformó en el oficial albañil más importante que tenemos en el hogar. ¡Tu bendición está escondida en lugares que tú no te imaginas! Cuando le hagas caso a Dios y le des pan al hambriento, descubrirás su bendición. “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Dilo en primera persona: “Si doy mi pan al hambriento y sacio al alma afligida, en las tinieblas nacerá mi luz y mi oscuridad será como el mediodía”. Puedes darle a Dios con aflicción, opresión, tristeza o con mal ánimo y  Él te mira, porque eso que das es el termómetro que mide tu amor y tu vida espiritual. Dios mira tú dádiva y tu corazón. Hay quienes ofrendan y diezman pero lo hacen con pesar, en cambio otros lo hacen con alegría porque aman mucho a Dios y quieren bendecir a los demás. Hay creyentes que nunca salen adelante y siempre están endeudados y eso es porque no diezman y le ponen excusas a Dios a la hora de hacerlo.

La multinacional Colgate fundada en 1806 tiene más de doscientos años de trayectoria y es una empresa muy importante en el mundo. Su fundador William Colgate tenía veintitrés años cuando inició el negocio y al comenzar declaró que cada diez dólares que entrara en la empresa, un dólar era para Dios. Instruyó a su contador para que abriera una cuenta en el banco y depositara ese diez por ciento de las ganancias. Le dijo que esa cuenta no era de él ni de la empresa, tampoco se usaría para pagar deudas; esa cuenta era para la obra de Dios. Hace muchos años que murió pero su familia continuó con la misma política y de las ganancias que genera la empresa el diez por ciento es de Dios. Seguramente tienes algún producto Colgate en tu casa. Es una empresa exitosa porque la lideran personas que le han creído a Dios. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. La matemática de Dios dice que te conviene tener noventa por ciento con bendición que cien por ciento con maldición. Tal vez has creído que tus argumentos son buenos para no diezmar, cuando dices que no te dan las cuentas o no puedes hacerlo porque tienes muchas deudas. Si tú no le das a Dios lo que le corresponde, no esperes que Él te devuelva bendición. Hay personas que me piden oración porque sienten una opresión muy grande, ven que nunca salen adelante y quieren que Dios los prospere. Cuando voy a pedirle a Dios que bendiga a esa persona, el Señor me dice: “Pregúntale si diezma”. Entonces le pregunto: “¿Estás diezmando?” “No, no lo estoy haciendo”, me responden. Y yo no puedo orar por esa persona porque la Biblia dice en Malaquías 3: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado”. ¿Cómo yo voy a bendecir a alguien de quien la Biblia dice que está en maldición por cuanto le ha robado a Dios? Perdóname si con esto te ofendo pero debo decirte lo que está en la palabra de Dios, tú harás lo que quieras, estás en libertad.

                CONCLUSIÓN

Dios hoy te promete bendición hasta que sobre y abunde. Cuando Él te da porque encontró un corazón dadivoso, no te da para que te alcance, sino para que sobre porque sabe que vas a bendecir a otros. Él sabe que vas a bendecir su obra así que a Dios no le interesa darte para que te alcance sino para que también sobre y abunde. “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38)

El Señor te dice: “Te has olvidado de orar por los demás. Te olvidaste de bendecir a tu prójimo. Cada vez que te acercas a mi te acuerdas sólo de ti, de tu familia, de tu dinero, pero yo quiero que a partir de hoy te acuerdes de aquellos que están peor que tú. ¡Yo quiero bendecirte! Tú no conoces mi palabra, la ignoras o la resistes pero yo te prometo que en la medida en que ames a tu prójimo yo te bendeciré; si tú das, yo te daré a ti”.

Si no has bendecido a tu prójimo estás en deuda con Dios; si no le has dado lo que le corresponde estás en deuda con Él. Dile a Dios: “Señor, perdóname, yo no he hecho lo bueno. He descuidado el primer mandamiento y el segundo: Amarás el Señor tu Dios y amarás a tu prójimo. Señor, no me he fijado en los que me rodean porque no he dejado de mirarme a mí mismo. He vivido quejándome de mis problemas y he ocupado todo mi tiempo, orando por ellos. Dame un corazón como el tuyo Señor, quiero ser como tú”.

Desde el mismo momento en que comiences a bendecir a los que te rodean, Dios quitará tu aflicción y hará contigo como hizo con Job a quien después de haber orado por sus amigos le quitó la aflicción y aumentó el doble todo lo que tenía. Que Dios te bendiga depende de la decisión que tomes con la palabra que hoy has recibido. Tienes que ponerte a cuentas con el Señor, hoy.

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