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MENSAJES DEL CIELO

LAS 5 SOLAS DE LA REFORMA PROTESTANTE

INTRODUCCIÓN

El 31 de octubre se conmemoran quinientos años de la Reforma Protestante. Se cumplen quinientos años en que Lutero clavó en las puertas de la iglesia de su ciudad, noventa y cinco tesis, las cuales eran tema de discusión para la iglesia y que hacían referencia a algunas prácticas. Una de esas prácticas era la venta de indulgencias, y las noventa y cinco tesis de Lutero le pegan fundamentalmente a este lucro, aunque él le pegaba duro a muchas otras prácticas de la iglesia católica, porque se estaba viviendo un tiempo de oscurantismo.

Hoy en día, tenemos el privilegio de comprar fácilmente una Biblia, pero en aquel entonces no había Biblias, estaba prohibido tenerla, o que la gente leyera la palabra de Dios personalmente, porque tenían que recibir la verdad de Dios a través de la iglesia y del clero. Así que si le encontraban una Biblia a alguien se la quemaban; y había Biblia solamente en latín. Uno de los requerimientos de Lutero era que la Biblia se pudiera leer en el idioma del pueblo, modo que entendió necesario traducirla y permitir que las personas pudieran leerla. Y eso fue una guerra tremenda. Hoy, hasta la iglesia católica tiene Biblia en español y está disfrutando de este logro de la Reforma.

Lutero estaba en una oscuridad tremenda y encontró la luz en la palabra de Dios. Como él era un cura, estudió y se doctoró en sagradas escrituras y fue profesor en la universidad donde estudió, donde enseñó temas que tienen que ver con las escrituras. Entonces él tuvo acceso a la Biblia, la leyó y salió de la oscuridad. Esto afectó tanto su vida que recibió una transformación muy fuerte. De un solo hombre salió un movimiento que cambió el mundo; cambió la cultura, la forma de gobierno, la manera de ver la vida. La Reforma cambió la visión del mundo. Algunos siguen pensando que fue una maldición, una escisión dentro de la iglesia católica, pero lo cierto es que a partir de esa revolución, el evangelio se ha predicado por quinientos años con libertad.

Antes, las personas tenían que ir a la iglesia y allí le vendían reliquias, las hacían rezar tantos Padrenuestro o tantos Ave María, o peregrinar a tal lugar; había penitencias y un montón de cosas más que Lutero practicaba, pero, aunque cumplía con todo eso no encontraba paz en su vida. Él quería agradar a Dios y no encontraba cómo. Fue así que se enfureció contra el Señor y llegó a odiarlo. Lutero dijo: “Dios, tus niveles de justicia son tan altos que nadie los puede alcanzar”. Hacía ayunos, vigilias, etc. Cuenta la historia que una noche en la que nevaba, durmió a la intemperie sin abrigo. Al amanecer, sus compañeros lo llevaron adentro del convento casi muerto. Él hacía de todo para alcanzar el favor de Dios, pero nunca lograba sentirse en paz. Él era monje en un convento y tenía que confesarse, entonces lo hacía tres veces al día unas dos, tres y hasta cuatro horas; y los curas ya no sabían qué hacer con él, pero Lutero quería la absolución de sus pecados. Entonces a uno se le ocurrió mandarlo a Roma ya que había que solucionar un problema administrativo del monasterio donde vivía. Y se fue caminando desde el norte de Alemania a Roma, fue una larga peregrinación.

Lutero estaba entusiasmado porque iba a la ciudad eterna, a la ciudad de los papas y de los cardenales, pero al llegar a Roma se encontró con que todo era un negocio, vio que la iglesia vendía cualquier cosa para hacer dinero. Se enteró que allí había un lugar con treinta y seis mil cadáveres de mártires cristianos, y los que entraban a verlos, recibían gracia y favor. Entonces la gente tocaba los huesos de los muertos y recibían el favor por ellos o por algún pariente. Y había que pagar para entrar a ese lugar. Lutero volvió enojado y decepcionado al ver los manjares que comían y los séquitos que tenían los grandes líderes religiosos. Éstos tenían a su disposición un gran número de personas que los servían y los cuidaban.

En ese contexto nació una gran revolución. Nada conformaba a Lutero y regresó de Roma peor de lo que estaba. Entonces los líderes del monasterio en el que vivía Lutero lo mandaron a estudiar teología y obtuvo un doctorado en las Santas Escrituras con las mejores notas. Entonces comenzó a dar cátedra en una universidad y escribió muchos libros. Pero cuando lo mandaron a estudiar las Santas Escrituras, resultó que Lutero encontró en la Biblia lo que no encontró en la iglesia, a pesar de los ayunos, de las oraciones y las vigilias que hacía. Hizo tantas cosas para encontrar la paz con Dios y lo logró cuando leyó la Biblia. Lutero recibió una licenciatura en artes, entre otras cosas estudió música y compuso varios himnos. Cuando descubrió el poder de la palabra de Dios, el poder del Espíritu Santo, el perdón de sus pecados por la sangre de Cristo; cuando tuvo fe para entregarle todos sus temores y angustias a Jesús, recibió la paz y escribió el himno: “Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo”.

Nosotros somos consecuencia de la Reforma de hace quinientos años y creemos en todo lo que descubrió Lutero. Y él no fue el único, solo que nació en Alemania, donde el movimiento fue más fuerte, pero hubieron otros reformadores como en Inglaterra y en Suiza. Y el 31 de octubre se conmemoran quinientos años de la Reforma Protestante. En aquel entonces, Lutero fue excomulgado por un papa, y el pontífice actual, el papa Francisco, declaró que quizás al cumplirse en esta oportunidad quinientos años, sea tiempo de quitarle a Lutero la excomunión.

En la iglesia romana, un papa hacía una bula y después venía otro papa y la anulaba. Una bula papal está bajo la doctrina de la infalibilidad del papa. Pero una de las cosas que descubrió Martín Lutero, es la autoridad de la palabra de Dios. La iglesia católica tiene como fuente de autoridad, de fe y de práctica, la Biblia y además la tradición romana que está compuesta por los concilios romanos y las bulas papales. Lutero vio que había muchas contradicciones en la historia de las tradiciones romanas, pero leyó en la Biblia lo que Jesús declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

La canonización de los santos es un largo proceso, y creo que fue el papa Juan XXIII que le sacó la santidad a más de cien santos; un papa los había canonizado y éste los descanonizó. Dentro de la tradición romana hay dogmas que no están alineados a la palabra de Dios, por ejemplo, la inmaculada concepción de María. Eso no está en la Biblia sino en la tradición romana, y ha sido aceptado que la virgen María nació sin mancha de pecado. O sea que ella no podía pecar, porque Dios la escogió para dar a luz al Salvador del mundo. ¿Y cómo iba a dar a luz al Hijo de Dios un vientre que no fuese inmaculado? Entonces llegaron a la conclusión de que la concepción de María, o sea, cuando fue concebida en el vientre de su madre, fue inmaculada. Eso no está en la Biblia. Y hay muchas otras cosas como éstas en la tradición romana.

Pronto, Lutero comenzó a poner fe y a prestar atención a la palabra de Dios. Una bula papal puede o no puede pasar; un concilio decide una cosa u otra, pero la palabra de Dios es inconmovible. Lutero encontró un fundamento firme. Hay cinco fundamentos de la Reforma Protestante llamados las cinco solas; la doctrina reformada protestante se resume en estas cinco solas:

1.- SOLO SCRIPTURA o solamente las Escrituras

Él comenzó a encontrar suficiente fundamento como para creer que no hacía falta nada, más allá de la palabra de Dios para encontrar el perdón de pecados, la salvación y la vida eterna. Martín Lutero afirmó que con la Biblia alcanza porque la palabra de Dios es suficiente. En aquel entonces nadie podía decir eso porque, por ejemplo, para entrar al cielo, uno tenía que ser católico, apostólico y romano. Pero Lutero señaló que en la Biblia no encontraba ningún fundamento para llegar a la conclusión de que la iglesia tenía algo que ver con la salvación porque el que salva es Cristo, el que perdona los pecados es Cristo, el que murió y resucitó es Cristo. Llegó a descubrir que, para alcanzar el perdón de los pecados, la salvación de la humanidad y la vida eterna es cuestión de resolver la relación personal del pecador con Dios. La iglesia puede predicarte, puede enseñarte, pero no puede perdonarte, no puede darte vida eterna y no se puede arrogar el privilegio de decir que sólo por ella se va al cielo. Algunos nos han tildado de sectas, pero yo tildo de secta a cualquier iglesia que diga que sólo a través de ella hay salvación. La puerta de la eternidad es Cristo. “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9), dijo Jesús. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6), declaró el Señor.

Esto es precisamente lo que la iglesia debe predicar. En esa lucha estaba Lutero por encontrar la verdad, y en contraste con lo que estaba viviendo, de que no lo podía conformar a Dios, de que nada de lo que hiciera era suficiente, cuando vio la putrefacción de lo que acontecía en la iglesia católica. El papa Francisco ha dicho que en la época de Lutero la iglesia no era un buen testimonio, y que llega el tiempo en que habría que quitarle la excomunión. También declaró que Lutero era un reformador que habrá cometido errores, pero lo que quería era enderezar los males de la iglesia. Lutero encontró que sólo la escritura alcanza, es suficiente, y no hacen faltan dogmas y doctrinas de algún otro lado.

2.- SOLA FIDE

También encontró que era sólo por fe, SOLA FIDE. Solamente la fe; yo no tengo que hacer nada para adquirir el favor de Dios. Lutero había hecho todo lo que le demandaban para poder alcanzar el favor de Dios, pero leyó en la Biblia que solamente por la fe en Jesucristo, uno alcanza del favor de Dios. Él dijo: “Creí, y la mente se me liberó. Creí y tuve nueva vida. Creí y supe que mis pecados habían sido perdonados”. La vez que leyó que por la fe uno es justificado y esta es la doctrina de la justificación por la fe en Jesucristo, cuando descubrió esta verdad, tuvo paz. ¿Quién le iba a quitar esto?

3.- SOLA GRATIA

El tercer fundamento de la reforma es: SOLA GRATIA. La salvación, la fe, el perdón de pecados, la vida eterna, no necesitan el favor de la iglesia. Dios no necesita que yo le ayude. Nos equivocamos al querer mejorar nuestra vida cristiana como si nosotros pudiésemos lograrlo. ¡Nosotros no podemos mejorar nuestra vida cristiana! La vida cristiana perfecta es un regalo, es por gracia, y lo que es por gracia no se tiene que pagar ni hay que ayudarlo. Si haces un ayuno no es para encontrar el perdón o la salvación sino porque estás buscando más profundamente a Dios. Pero tú no puedes ayudar a la gracia. ¿Qué es la gracia? Que Dios tiene todo previsto y que es un regalo gratuito de parte de Dios para el ser humano. Dios ofrece gratuitamente al que cree, el perdón de los pecados y la vida eterna; el Señor declara justo a un injusto por causa de la fe, y eso es un regalo. No tienes que irte de rodillas a ningún lado, prenderle velas a algún santo, ni pagar ofrendas y diezmos; eso nada tiene que ver con el perdón de los pecados y con la salvación. Si es sólo por gracia, ¿qué puedo aportarte yo a tu salvación, o qué te puede aportar la iglesia? ¡Nada! Todo lo que se necesita para la salvación es sólo la gracia, llamada también don o favor inmerecido de Dios. Tú tienes que convencerte que has recibido ese don o esa gracia inmerecida. Algunos no quieren ir a la iglesia porque dicen que están muy mal, así que lo harán cuando estén mejor. Pero la iglesia es el lugar donde Dios te va a hablar y te va a llevar al arrepentimiento. La iglesia es el lugar donde Dios habla a tu corazón. Tienes que congregarte estés como estés. Tienes que ir a la casa de Dios y no debes sentir miedo si te miran o si te critican. ¡Eso no importa! Lo que importa es que Dios te invita a su cena. La iglesia es la casa de Dios, y es donde el Señor reparte regalos a los creyentes.

4.- SOLO CHRISTUS

Otro fundamento es: SOLO CHRISTUS que significa, solamente Cristo. Él es nuestro salvador, Jesús es el camino, la verdad y la vida. Cristo murió por mí y no la iglesia ni la virgen. Cristo resucitó por mí, salió de la tumba y está sentado a la diestra del Padre en el cielo, y según declara el apóstol Pablo, nosotros estamos sentados juntamente con Él. Lo que Jesús hizo nos incluye a nosotros; si Él murió, nosotros morimos, si resucitó, nosotros también resucitamos. No necesitamos pagar porque Cristo ya pagó un muy alto precio por nuestro rescate y presentó delante del Padre su sangre perfecta, limpia y sin pecado, y el Padre la aceptó. Y nos cubrió con su sangre; ya no nos ve a nosotros, sino que ve la sangre de su Hijo amado sobre nosotros.

5.- SOLI DEO GLORIA

El último punto del fundamento de la reforma es SOLI DEO GLORIA, o sólo a Dios la gloria. Si tú haces algo y tienes mérito, te aplaudimos, pero porque Cristo hizo todo por nosotros, entonces lo aplaudimos a Él. Si la iglesia tuviera poder para perdonar pecados y cambiar a una persona, hay que aplaudirla, pero eso no es posible porque el único que tiene poder para perdonar pecados y cambiar las vidas es solamente Cristo. ¡Solo Cristo! Estamos acostumbrados los cristianos a escuchar esto, pero hace quinientos años, en el oscurantismo, Lutero estaba perdido. No sabía qué hacer con su vida y así como él, había miles de personas. Las pestes azotaban Europa, los pueblos se quedaban sin población y las personas vivían asustadas. Y la iglesia lucraba con el miedo de la gente. ¡Era muy triste el panorama! Por eso hoy, a quinientos años, tenemos que agradecer a Dios por la Biblia. Porque en aquel entonces la gente no tenía derecho a tener una y leerla. Hoy, hasta en la iglesia católica leen la Biblia en el idioma del pueblo, pero hace quinientos años atrás la leían el latín y oficiaban la misa en latín y nadie entendía nada. Las personas se iban como habían llegado.

¿Son las escrituras suficientes para la salvación o se necesitan otros aditamentos? Si la palabra de Dios es suficiente tengo que amarla, leerla, estudiarla y escudriñarla. Y cualquier cosa que suceda, la voy a filtrar por la autoridad de la palabra de Dios. En el tiempo de Lutero, el papa y la iglesia eran autoridad sobre lo que decía la Biblia. Lutero se negó y dijo que la autoridad de la Biblia está por encima del papa y de la iglesia. Un creyente puede leer la palabra de Dios e ir ante su presencia, sin iglesia, sin pastor, resolver sus problemas con Dios, salir perdonado y con vida eterna. Es una cuestión de tener una relación personal con Dios.

Si llegamos a la conclusión de que la escritura es autoridad suficiente para nosotros ser salvos, entonces, no hacen falta corredentores. Uno de los títulos que le han puesto a la virgen María es el de corredentora. Dicen que María padecía los mismos sufrimientos que Jesús; era la madre del Salvador, entonces lo vio sufrir y María se consustanció con el dolor de su hijo. Según la iglesia católica, el Salvador es Cristo, pero junto con la madre. Y Lutero no encontró nada de eso en la Biblia. No pudo hacer un dogma de eso. Entonces decidió creer lo que está en la Biblia y lo que no esté en ella, no lo iba a creer.

Había mediadores; todos los santos y vírgenes son mediadores y la gente les pide a ellos. Será que le tienen más confianza que a Cristo. Ahora, Lutero leyó un pasaje de la Biblia que dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Tú puedes ir a Cristo como estés; no necesitas un santo que te haga de secretario, ve tú a Cristo y cuéntale lo que te aqueja. Hay gente que dice que Jesús no les contesta, pero tienen un santo que es bárbaro. Martin Lutero no encontró eso de que los muertos podían lidiar con los vivos. Nosotros no creemos en las oraciones a los muertos. Y no orar a los muertos incluye no orar a los santos ni a las vírgenes.

Estos conocimientos surgieron de leer la Biblia y llevaron a la Reforma. Se llamó Reforma porque no pretendía dividir la iglesia sino reformarla; o sea, mejorar algunas cosas, y terminó en una contra reforma, una guerra que duró treinta años.

Si la escritura es suficiente, con creer lo que dice la palabra de Dios basta, no necesito hacer penitencias, ni pagar indulgencias. Había, en tiempos de Lutero, revendedores de indulgencias. El papa tenía algunas personas de confianza y les entregaba un paquete de indulgencias y los autorizaba a revenderlas en distintos lugares. En una de las cajas de indulgencias decía: “En el momento en que la moneda toque el fondo de la alcancía y se sienta el ruido, en ese instante son limpios los pecados”. Reliquias: éstas eran pavadas, eran baratijas, como toneladas de astillas de la cruz de Cristo o el manto de Turín, también el cáliz de la primera iglesia de algún lugar, etc. La gente compraba tal reliquia y adquiría derechos espirituales o subía determinados niveles espirituales. Y estaban también las peregrinaciones.

UN ANALISIS DE CADA FUNDAMENTO

SOLA SCRIPTURA. Martín Lutero descubrió tesoros como el pasaje de la Biblia que dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2ª Timoteo 3:15 y 16). Si tú no sabes nada, las escrituras te pueden enseñar. Redargüir es amonestar o advertir a alguien con el fin de que se corrija. Si te torciste, la palabra de Dios te puede enderezar o corregir. Si la escritura hace todo eso, ¿necesitaremos algo más? ¡No! La palabra de Dios, si la tomamos en serio, nos enseña, nos redarguye, nos corrige e instruye en justicia. La Biblia es suficiente. Yo no necesito otros enseñadores, no necesito sacar verdad de otro lado que no sea la palabra de Dios porque en la Biblia está toda la verdad. Lutero empezó a escudriñar las escrituras y se maravillaba. Pensar que se mataba de hambre para alcanzar el favor de Dios, hacía vigilia y penitencias; quería alcanzar la salvación y descubrió que el evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. La salvación y el poder no están en mí, están en el evangelio. ¿Dónde está el evangelio? En la palabra de Dios. SOLA SCRIPTURA. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). ¡La palabra de Dios tiene poder! Lutero pensó que para qué iba a buscar en otros libros u otras fuentes si en la Biblia tiene todo, y así surgió el primer fundamento: SOLA SCRIPTURA.

Jesús les dijo a los discípulos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). La vida eterna está en las escrituras, ustedes mismos lo confirman, y la misma palabra da testimonio de mí, declaró el Señor. Y también dijo: “Yo soy el Mesías. Yo soy el Salvador”. Juan dijo de Jesús: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Aquí, verbo se traduce como palabra. Y dijo más adelante: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). La palabra de Dios es Cristo. Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6) Está diciéndonos que sólo Él salva, y Él es la palabra, y la palabra es suficiente.

Cuando Lutero colgó en la puerta del monasterio las noventa y cinco tesis contra las indulgencias papales, se armó revuelo. Entonces el papa mandó al emperador del imperio romano-germánico de ese tiempo que mandara a buscar a Lutero y lo juzgara. Ser hereje era motivo de muerte. Lutero no quería ir, pero el emperador le dio garantías de que nada le iba a suceder. Entonces Martín Lutero se presentó en lo que se llama la Dieta de Worms y allí fue juzgado ante los líderes religiosos del imperio, el emperador y los príncipes. Durante días lo estuvieron persuadiendo para que se retractara de lo que había hecho y había dicho. Lutero iba a una muerte segura e intentó varias veces de evadir las preguntas que le hacían. Él preguntaba de qué se le acusaba porque escribió muchas cosas que son verdades del evangelio y la iglesia lo reconocía, y de eso no se podía retractar. “Contesta simplemente. ¿Te retractas o no te retractas?”, esa fue la pregunta final.

Ahí fue cuando Lutero comenzó a hablar, abofeteando con sus palabras a la iglesia católica y al papado: “Me piden una respuesta, hela aquí: sólo que me convenzan por medio de la Biblia y no por papas y concilios, que a menudo se contradicen entre ellos. Mientras no me convenzan de que hago mal estoy obligado a creer en los textos de la Biblia. Mi conciencia es cautiva de la palabra de Dios. Ir contra la conciencia no es bueno ni justo, por eso yo no puedo y no quiero retractarme. He dicho. No puedo hacer otra cosa. ¡Que Dios me ayude!”

¡Ojalá tu conciencia sea cautiva de la palabra de Dios y que no haya una autoridad familiar ni eclesiástica que te presione a creer algo que esté fuera de la palabra de Dios!  Hay padres que se perturban cuando el estado les quiere enseñar obscenidades a nuestros niños y ellos no actúan por miedo a que se las agarren con sus hijos. No ejercen autoridad, no tienen poder y así no van a lograr ninguna victoria. Lutero, solo, estaba enfrentando al organismo más poderoso de la tierra. Aún los ejércitos de los reyes estaban a disposición de los papas. ¿Y él qué dijo? “Mi autoridad no es el papa. Mi autoridad es la palabra de Dios”. ¿Qué dice la Biblia? Que si el hombre se acuesta con homosexuales está en pecado y fuera del reino de Dios. No es que Dios no ame al homosexual. ¡Dios lo ama! Y ama a cualquier pecador que se arrepiente y confiesa su pecado. Yo me aferro a la palabra de Dios.

Ahí estaban todos los poderosos y él solo era un curita del pueblo. Roma no tenía noción de lo que podía llegar a hacer un cura de pueblo. Un solo hombre, sin ejército, sin dinero y sin poder frente a los imperios de la tierra. Cuando Lutero regresaba a su pueblo fue secuestrado por un príncipe, pero éste lo secuestró para que nadie le hiciera nada. Lo llevó a un castillo y ahí lo tuvo por un año, cuidándolo. Y en ese castillo, por primera vez en la historia del catolicismo, Lutero tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán. Y por primera vez el pueblo alemán comenzó a leer la Biblia por su propia cuenta. En ese tiempo, el impresor alemán Gutenberg inventó la imprenta e imprimió la Biblia, la cual se diseminó por todos lados. La gente comenzó a leer declaraciones de Jesús como: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.

SOLA FIDE, solamente la fe. La interrogante es: ¿Justicia por la fe o justicia por las obras que hago para cumplir la ley de Dios? ¿Te esfuerzas para ser un buen cristiano? Tú no puedes cambiar tu naturaleza pecaminosa, no te puedes hacer un buen cristiano. Tu justicia es por la fe en Cristo Jesús. Tu justicia no está basada en la capacidad que tienes de mejorarte. Dices que vas a dejar de mentir, que vas a dejar de fumar o de adulterar, pero sigues siendo pecador. Dios no te puede declarar justo porque dependes de tus obras y Dios quiere que dependas de las obras de Cristo.

Lutero, que había hecho tantas cosas por alcanzar el favor de Dios, leyó en Gálatas 2:16: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”. Cuando el apóstol Pablo declara: nosotros también, es porque él era judío, y los discípulos también; y los judíos confiaban en las obras de la ley. Pero él declara que también ellos han dejado su confianza en las obras de la ley y han puesto su confianza en Jesucristo para ser justificados por la fe en Él. Justificados significa ser declarados justos por la fe de Cristo. Eres malo, mas Dios te ama; no puedes mejorar tu vida, pero Dios te ama y te declara justo o te justifica. O sea, declara que no has cometido pecado.

La ley son los diez mandamientos y todas las ordenanzas del Antiguo Testamento. Dice el apóstol Pablo en Romanos 3: 21 y 22: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él…” Hay una justicia para los que cumplen la ley, pero hay otra justicia que se ha revelado y manifestado a los que creen en Jesucristo. Aquella justicia de la ley testifica de esta justicia; porque en esta justicia, la de la fe en Cristo Jesús, lo que se dice es: Cristo cumplió toda la ley. El Señor no pecó, obedeció en todo al Padre y murió por nosotros. Y todo aquel que cree en Jesús ha cumplido la ley juntamente con Él; porque el Señor representa a todos aquellos que en Él creen.

En el Antiguo Testamento estaba la ley que había sido tallada por Moisés en el Sinaí, pero cuatrocientos cincuenta años antes de la ley y los diez mandamientos, y en la época de Abraham, no había ninguna ley. El trato de Dios con Abraham, Isaac y Jacob, y otros más, fue un trato de fe. Ellos no podían cumplir ninguna ley porque no había. Pero ya eran justificados aquellos que le creían a Dios. Por eso dice la Biblia: “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham” (Gálatas 3:6 y 7). Nosotros somos hijos de Dios, descendientes de Abraham, porque tenemos la fe de Abraham. No confiamos en nuestras obras para satisfacer a Dios sino en la obra que Cristo hizo por nosotros en la cruz del calvario. Lutero, que odiaba a Dios porque no lograba satisfacerlo, al leer la Biblia entendió que Cristo satisfizo la voluntad de Dios y cumplió la ley por él y ahora podía tener paz creyendo en Jesucristo.

Continúa diciendo Gálatas 3: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones”. Las naciones somos nosotros, los gentiles; porque el mundo se dividía en judíos y en gentiles. Y Dios prometió a Abraham que los gentiles también serían salvos en la fe que él ha tenido. Abraham creyó y el Señor lo declaró justo por cuanto creyó.

“De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición…”

¿Seguirás haciendo esfuerzos por mejorar tu vida cristiana? Si es así estás bajo maldición porque nadie puede cumplir la ley. Nadie puede hacer las obras que Dios quiere a menos que, el que comande tu vida, sea Jesús y produzca en ti las obras de Dios. El apóstol Pablo dijo también: “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá”. No es por cumplir la ley, sino que el justo es justo por la fe y la fe lo lleva a la vida. SOLA FIDE. Romanos 5:1 y 2 dice así: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. Esto significa que somos declarados justos por medio de la fe en Jesucristo.

SOLA GRATIA, significa: don o favor inmerecido. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)…” (Efesios 2:4 y 5)

Todos estos pasajes Bíblicos leía Lutero y no podía creer que había vivido una vida infeliz. Todo lo que había hecho para agradar a Dios y se enteró que el perdón de pecados, la vida eterna y todo lo demás era un regalo de Dios. Somos salvos porque Dios nos ha regalado la salvación. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8 y 9). La fe también es un regalo de Dios. Si tú puedes lograr algo por tus méritos, entonces la obra de Dios no es completa en ti y tenemos que aplaudirte, pero la gloria no es toda de Dios. Y si Dios ha hecho todo, si ha provisto todo, entonces la gloria le pertenece a Él. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). El Señor nos bendijo con toda bendición. ¡Tu bendición ya está! ¡No la tienes que buscar! Dios te bendijo ya en los lugares celestiales; ya te tiene anotado y anotada en el cielo. Y algunos andan mendigando bendición…

Toda la paz, todo el gozo, toda la esperanza, el perdón de los pecados que cometiste y los que estás por cometer, cree que ya están incluidos en la gracia de Dios. ¡Es un regalo del Señor! ¡Alégrate, ten paz y duerme tranquilo! ¡Dios te ama! Leemos en Efesios 1:4: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. No eras advenedizo o extranjero para Dios; ya eras un escogido y una escogida, así que alégrate. Cuando Lutero leyó esas cosas se lamentaba de todo lo que se había perdido por no leer la palabra de Dios.

“…habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:5-6). Yo le tengo afecto a algunos que me caen bien, especialmente si son lindos; pero a Dios no le interesa si eres lindo o feo porque el puro afecto de su voluntad es para todos, es para cualquiera que crea. Puedes ser una persona fracasada o terriblemente pecadora, mas Dios te dice que te ama y te ofrece gratuitamente el perdón de pecados porque ya su Hijo pagó el precio en la cruz del calvario, resucitando al tercer día y sentado ahora en los lugares celestiales, y Dios lleva juntamente con Él a todos aquellos que han puesto su esperanza en Él.

Dios no te ve a ti, sino que ve a su Hijo en ti. Tú no le puedes agradar, Cristo le agrada. El Señor en ti es la esperanza de gloria tuya. “…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”. ¡Menos mal que no tienes que hacer méritos!

El apóstol Pablo tenía, según él, un aguijón en la carne y le pidió a Dios varias veces que se lo quitara, pero el Señor no lo hizo, sin embargo, le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Aún en las cosas difíciles, Dios perfecciona su favor, su poder y su gracia en nosotros.

SOLO CRISTO. Ni vírgenes, ni santos, ni pastores, ni sacerdotes ni iglesias. La iglesia no te salva; la iglesia te predica de Cristo, pero tu salvador es Jesús. No hay otros mediadores porque hay un solo Dios y un solo mediador, Jesucristo. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, dijo el Señor. Tú puedes acercarte sin miedo a Jesús y decirle: Te necesito, perdóname, he fracasado, he vuelto a caer. No le tengas miedo porque Él es tu Salvador. Murió por ti y te ha demostrado su gran amor. No tienes que ir a una virgen o a un santo; no tienes que decirle al pastor que le pida a Dios por ti porque está más cerca de Dios. Me agarran a mí de intercesor, de mediador. ¡No! Tú puedes ir con toda confianza a Dios por medio de Jesucristo.

SOLI DEO GLORIA. La salvación conlleva un profundo agradecimiento y un deseo de darle a Dios toda la gloria. Señor no merezco nada, no tengo méritos, soy salvo por gracia. Para alabanza de la gloria de su gracia. ¿Para qué es la gracia? Para que Dios se lleve toda la gloria ¿Para qué la fe? Para que Dios se lleve la gloria. Tú no puedes hacer nada por salvarte porque la Biblia señala que por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios. No es que tienes algún mérito. ¡No tienes nada! Entonces Dios te dio la fe, la gracia, y la salvación. ¿Para qué? Para la alabanza de su gloria. Somos declarados justos por Cristo a fin de que seamos para alabanza de su gloria. ¡Solo a Dios la gloria! ¡Sólo Él merece gloria! ¡Solo el Señor debe ser glorificado!

Fuimos sellados por el Espíritu Santo. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1: 13 y 14). Fuimos creados por Dios y para Dios, para su gloria y honra. Todas las cosas fueron creadas para su gloria. Mi esposa encuentra una flor y dice: “Sólo Dios podía haber hecho esto tan hermoso”. Una flor fue hecha por Dios para que aquellos que son sensibles, le den la gloria a Dios. El Señor ha hecho todo para dar a conocer su gloria y no pasar desapercibido. “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).

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