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MENSAJES DEL CIELO

LOS FRUTOS Y LA TIJERA DE PODAR

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INTRODUCCIÓN

Leemos en Juan 15: 1 al 5: 1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Tú puedes hacer muchas cosas, pero separado del Señor Jesús, nada puedes lograr que valga la pena. Puedes tener cara de bueno, ser una persona paciente, misericordiosa y compasiva, pero si esa misericordia no es la que emana del trono de Dios, de nada sirve; si esa compasión no es la que viene por estar unido a Jesucristo, entonces es una compasión humana, y eso de que te llevas bien con los vecinos es pura obra de la carne. Hay obras que son conocidas porque estás conectado o pegado a la vid verdadera que es Jesús, y las obras que surgen de esa conexión son espirituales, trascienden lo natural y producen resultados espirituales.

Podemos confundirnos, porque hay obras que parecen naturales pero no lo son; son sobrenaturales porque producen resultados sobrenaturales. A veces, hacer una comida puede ser natural pero esto produce un resultado sobrenatural. O sea que, todo lo que hagas en unión con Jesucristo, sea una obra espiritual o natural, guiada por Él, entonces, el resultado de lo que haces será, de todas maneras, sobrenatural.

Las obras de Dios producen gozo, producen una emoción que embarga y un deseo de continuar haciéndolas. Yo deseo con todo mi corazón continuar hasta que el último aliento de mi vida desaparezca, predicando y hablando de Jesucristo; anhelo seguir extendiendo el reino de los cielos en la tierra porque esto me ha dado aliento, fuerza y alegría. ¡Vale la pena hacer lo que yo hago! ¡Lo que hago tiene sentido y es trascendente! ¡Lo que hago es espiritual y me alegro de ver los resultados porque Dios está obrando juntamente conmigo! ¡Eso es lo que tú debes anhelar también! ¡Es lo que Dios quiere hacer contigo!

Vienen días en que habrá un derramamiento extraordinario del Espíritu Santo sobre los creyentes que anhelan estar unidos a Jesús, la vid verdadera. El Señor dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Tú puedes hacer muchas cosas, pero las que debes y tienes que hacer son las que Dios quiere que hagas. ¡Debes tener la convicción de que lo que haces, Dios lo quiere hacer!

            LA OBRA DE DIOS vs LA OBRA DEL MUNDO

En Haití hemos hecho obras que parecen naturales pero son sobrenaturales; desde escalonar una montaña, hormigonar, levantar paredes, poner el techo; cuando vemos lo que hemos construido con materiales naturales, notamos que el resultado de la obra es sobrenatural. ¿Por qué? Porque no nació de nuestro corazón sino en el corazón de Dios, y comienzan a ocurrir esas cosas que son el resultado de hacer lo que Dios quiere.

Cuando tomamos a Henrisson, nos daba pena verlo; era un niño que no tenía ninguna expresión, no sonreía, no lloraba, no movía las piernitas ni los bracitos. La mamá había muerto y su padre salía a vender lotería, así que lo dejaba en una pieza, solo, en el piso, y se iba. Volvía una o dos veces al día para verlo pero no le brindaba cariño. ¡El niño estaba desnutrido! Pero lo tomamos en nuestros brazos y comenzamos a darle afecto. Amar a un niño puede ser una obra totalmente natural o espiritual. Cuando lo tomamos, nuestra expectativa no era que lo íbamos a alimentar o que le brindaríamos un techo sino que le íbamos a dar a Haití un siervo de Dios. Hoy le estamos dando el amor y el aliento que necesita, y ese niño que no tenía iniciativas, que no tenía esperanzas ni sonreía, hoy es una criatura tocada por Dios. Porque, quienes lo están alimentando, también le dan aliento espiritual, aunque el niño aún no sabe caminar ni hablar, pero reacciona porque el Espíritu de Dios está obrando en su vida.

Juan el bautista fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre y nosotros creemos en el poder de Dios obrando sobre los niños desde su temprana edad. No se trata de tener un niño solamente, es tener espíritu para alimentarlo espiritualmente; es tener amor, pero el de Dios, porque tú puedes estar haciendo una obra natural, lo que cualquier madre haría, aunque de ti está saliendo algo mucho más que ese amor natural de madre, de ti fluye la gracia del Espíritu Santo. Eso es lo que sucede con los dieciocho niños que tenemos en el hogar de Haití, aunque pensamos llegar a cien niños.

Hay cosas que parecen naturales pero son sólo eso. Dios desecha toda iniciativa natural porque es carnal, animal y diabólica. ¡Toda iniciativa natural no honra a Dios! ¡No lo glorifica! Tú puedes hacer obras buenas pero eso sólo te glorifica a ti; sin embargo, cuando haces la obra de Dios, eso que tú haces lo glorifica a Él.

El mundo hace sus obras y está obteniendo sus frutos. La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de Uruguay, montó recientemente una exposición bajo el título: “Diferentes pero no desiguales” donde se desarrolló un taller teórico con niños de quinto y sexto año de escuelas primarias. Al finalizar el taller, de acuerdo a lo que los niños habían aprendido, debían dibujar; los mejores dibujos serían premiados y dentro de los premiados figuraban, niñas besándose en la boca con niñas y toda clase de inmundicias sexuales que no caben en nuestra conciencia. ¡Estas cosas están siendo promovidas en la Facultad Humanidades y de Ciencias de la Educación! ¡Eso está promoviendo el mundo, y Dios contrapondrá a las obras del mundo, las obras del reino de los cielos! ¡Los enfermos serán sanados no sólo por pastores y evangelistas sino también con tus manos! ¡Dios te va a ungir a ti! ¡Y más vale que te unja! Yo te diré lo que te sucederá si no haces esas obras sobrenaturales. El Señor dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador…” El Padre es quien decide qué hará con los pámpanos, con esas ramitas que están gastando la savia sin producir nada. Agrega Jesús: “…todo pámpano que en mí no lleva fruto, mi Padre lo va a cortar”. ¡Me gozo, me alegro y me regocijo que los que no produzcan nada sean cortados! ¡Qué se mueran los feos! dice una canción. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2).

Yo que vengo de San Juan, he visto cómo se hace con las vides. Apenas llegan los primeros fríos en otoño, todos los parrales son podados, se quitan esas ramitas llamadas sarmientos que ya no sirven; en la Biblia se le llaman pámpanos.

La vid suele dar unas ramas muy largas, que en San Juan se le llama vicio; éstas crecen demasiado, con demasiadas hojas y consumen mucha sabia, entonces, si eso no se corta o poda, al año siguiente, la vid dará una pequeña cantidad de fruto, muy escaso y sin fuerzas. Pero si se cortan esas ramas largas que no sirven para nada y que sólo reciben savia, al año siguiente, esa vid dará fruto abundante. Al Señor le molestan esas ramas que sólo consumen savia y dice: “¿Para que le doy savia, para qué le doy palabra domingo tras domingo si no va a producir nada?” ¡Es lógico y es esperable que Dios corte esas ramas! Entonces, los viñateros mandan gente a podar esas ramas, quedando el tronco y unos pequeños pámpanos escogidos que se cree llevarán fruto; a esos los limpian bien, por lo que al próximo año producirán una buena uva. O sea que hay pámpanos escogidos y hay pámpanos desechados. Al escogido, se lo limpia para que lleve más fruto. Cuando el Señor se pone a limpiar a una persona que va a usar en su obra, comienza a sacarle todo lo que no sirve; las ilusiones que tiene que no han sido puestas por Dios, cosas que la tiene atada, como la casa, la parentela o vaya a saber qué. Si tienes el deseo de que Dios te use, Él comenzará a cortar esas cosas a las que estás aferrado. ¡Hay muchas cosas por la que te sientes seguro, pero Dios no quiere que estés seguro de nada!

Hay quienes si se les muere la abuela, quieren morir también. ¡Algunos quisieran tener una abuela eterna! He conocido creyentes que están ofendidos con Dios porque se les llevó a la abuela que tenía noventa y nueve años. ¡La mujer tenía unas ganas de morirse que ya no aguantaba más! ¡Pero ahí estaba el nieto o la nieta pidiendo que no se muera! La abuela había sido más buena que el padre o la madre pero se murió porque Dios no la quería ver sufrir más. Hay nietos que esperan a ver si la abuela tiene algún dinero guardado y la mujer no tiene ni un peso pero lo que tiene se lo da a sus nietos. ¡La despluman a la mujer! ¡Y desean que no se muera! Algunos la quieren para que les salga de garantía. Los que están afectados emocionalmente, sienten que si se les muere la abuela se les acaba la vida. “Yo le pedí a Dios que no se llevara pero se me murió y ahora estoy enojado con Él”. ¡Está resentido con Dios!

¡Pobre gente que está esperando de la abuela o del pastor! “Estuve enfermo y nadie me visitó, ni siquiera me llamaron por teléfono. ¡En esa iglesia no hay amor! Hay quienes están esperando sólo recibir la savia, de modo que no quieren ni siquiera que se les muera la abuela, porque de ella reciben aliento y entusiasmo. Yo quiero decirte que algún día tienes que empezar a caminar solo, algún día tienes que madurar. Si tú estás de acuerdo con lo que te digo, entonces estás queriendo que Dios te limpie con sus tijeras, porque reconoces que estás atado a cosas, a personas, a tu trabajo, estás atado a tu tiempo, no tienes tiempo para Dios ya que trabajas mucho, etc. ¡A todo aquel que quiera servir a Dios, Él lo podará, y lo limpiará para que pueda llevar fruto!

Recientemente estuve hablando con una mujer lleva años deseando servir a Dios; ella ha sido llamada para servirle, entonces le dije que dejara que se le caiga la casa, que dejara el trabajo y se consagrara a Dios, ¡y aún no se decide! ¿Hasta dónde seguirás? ¿Hasta el cajón, diciendo “¿será de Dios?” ¡Tú sabes muy bien cuál es la voluntad de Dios para tu vida pero andas esquivándola!

Una cosa es que no sepas bien cuál es la voluntad de Dios y otra es que le andas dando vueltas al Señor. ¡Dios quiere que cortes con todo lo que te ata y que le sirvas! No le digas: “La iglesia no reconoce el don que tengo”, “el pastor no se da cuenta quién soy yo”. ¡Con ese verso no lo convences! ¡Dios no dejará que nadie impida que se cumpla en tu vida su voluntad! ¡Si Él tiene que pasar por encima del pastor lo hará pero tú harás su voluntad si así lo deseas!

A la limpieza del Señor le llamaré, la prueba; son esas dificultades que te están impidiendo hacer la obra de Dios. Ninguna prueba ha venido para hundirte así que ponte feliz. ¡Todas las pruebas vienen para fortalecerte y levantarte! Alguno se preguntará: “¿Cómo hago para estar mejor con la prueba que tengo?” ¡Yo le hice la misma pregunta a Dios! “¿Cómo te voy a servir Dios con esta prueba que estoy atravesando? ¡No me siento más fuerte sino todo lo contrario!” La palabra de Dios señala que cuando haya acabado la prueba, tu fe, que es más preciosa que el oro y que el oro fino, será purificada y fortalecida. ¡La prueba no ha venido para detenerte! ¡Vino para ser enfrentada y vencida, y una vez que la cruzaste, terminas con la fe más limpia, fuerte y purificada! Así que no digas que una prueba te impide servir a Dios. ¡La prueba te lleva a la madurez! Los que no pasan por pruebas quedan inmaduros, niños espirituales, gastan savia espiritual, asisten todos los domingos a la iglesia, tienen comprado el mismo banco, se van y vuelven al próximo domingo y tienen el mismo banco caliente.

El viñatero conoce muy bien del tema; ve la rama tan larga con tantas hojas, ¡pero es pura cháchara! ¡Habla de la Biblia, sabe de la Biblia, trae los diezmos, asiste a la iglesia pero no produce nada! Entonces el viñatero decide cortar la rama sin ningún problema, porque lo que espera es que la vid dé un mejor fruto si la corta. Y si queda alguna ramita es porque el Señor quiere que produzca, entonces la limpia, la hace pasar por el fuego. Pero Dios te promete que cuando pases por el agua no te anegará y cuando pases por el fuego, la llama no arderá en ti. ¡El propósito de Dios en las dificultades es hacernos más maduros y más fuertes!

Están los que viven del evangelio, siempre esperan recibir algo, y los que viven para el evangelio. Una mujer estaba ofendida conmigo porque pasé por su lado y no la saludé. Algunas personas esperan el saludo del pastor. A esos les digo: ¡Acércate y saludame, y si estoy muy ocupado igual acercate, dame un beso y seguí! “Es que lo veo tan ocupado… Hace cinco años que quiero hablar con usted pero lo veo con tanta actividad, y ya estoy enojado, a punto de irme de la iglesia”. ¡Quieren un pastor desocupado, debajo de un árbol tomando mate! Están esperando que los hermanos lo saluden o que alguien haga algo por ellos. ¿Sabes por qué? ¡Porque son niños espirituales!

            DIOS HOY ESPERA DE TI, MÁS QUE EL AÑO ANTERIOR…

Todo árbol chico no da fruto porque es inmaduro, es un arbolito niño; todo niño, al principio no da fruto porque es inmaduro. La criatura sabe que llorando o gritando maneja a toda la familia, especialmente a los abuelos, lo digo por experiencia propia. En la etapa de la inmadurez, el niño grita y recibe atención, sea el alimento, cambiarle los pañales, etc. La criatura no está para dar sino para recibir. Pero si ves a un adolescente de quince años que hace como un niño chiquito, algo anda mal.

Lo mismo sucede con los creyentes; tienen veinte, treinta, cuarenta años en iglesias, porque no van sólo a una, porque son infieles; pasan por varias iglesias y a donde van, cuentan los defectos de las iglesias en donde estuvieron. Ha venido gente de otra iglesia y me ha dicho que están encantados conmigo. “Márquez, usted sí que es una bendición”. Y comienza a hablarme mal de los otros pastores que ha conocido y de lo mal que ha pasado. Entonces le digo que en nuestra iglesia lo vamos a amar y a cuidar, le prometo el oro y el moro pero al tiempo me encontró algún defecto y comienza a declarar que yo soy igual que todos y que está orando porque siente de parte de Dios que se tiene que ir a otra iglesia. ¡Esos están sólo para recibir! Pero, el creyente maduro va asumiendo responsabilidades y entiende que tiene que hacer la obra de Dios. Se espera que un creyente que ya tiene tres años, aunque sea, dé algún fruto. Tres años dándole savia, dándole la mamadera, es de esperar que de uno o dos limoncitos, y que el próximo año producirá más. ¡Dios espera de ti mucho más que el año anterior! ¡Si tú estás en la misma que hace tres o cuatro años atrás, cuidado con la tijera!

Una persona que en el reino de Dios no produce los frutos del Espíritu Santo, es una persona frustrada porque no le da a Dios lo que Él está esperando; éstas suelen ser personas amargadas, resentidas, les domina la tristeza o la depresión y se les nota en la cara.

Me alegró el comentario que me dejó una mujer en Facebook recientemente; ella me contó que estaba en el hospital con una criatura que se le estaba muriendo. ¡Estaba desesperada! Los médicos no encontraban el problema que tenía su hijo y se iba agravando, hasta que le dijeron: “Al niño le quedan unas horas de vida”. La mujer salió desesperada a la calle, agarrándose la cabeza y gritando sin saber qué hacer. Pero, en ese momento pasaban frente a ella unos chicos que estaban vendiendo pastas con un carrito, quienes al ver su desesperación, le preguntaron que le sucedía; estos chicos pertenecían a los hogares de Beraca. ¡Ella los miró extrañada pensando qué podrían hacer ellos! Los chicos insistieron en que les contara lo que le estaba sucediendo porque querían orar por ella, entonces la mujer les declaró lo que le habían dicho los médicos. Un chico la interrumpió y le dijo con firmeza: “¡Mamá, tu hijo no se va a morir!” Esas palabras sorprendieron a la mujer, y es que cuando hay fe se nota, también se nota cuando hay cháchara. Porque hay obras que son de la fe, y ésta es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y la fe no falla. Por otro lado hay obras de la carne que surgen de la ilusión. “Yo tenía la ilusión de que viviría pero se murió”. Si se murió, lo tuyo no era fe.

En una oportunidad fui a orar por un muchacho que estaba en el hospital por causa de un accidente que había tenido con la moto. Los que me habían pedido que fuera a orar por él, no eran creyentes. Llegué al hospital y me dejaron entrar al CTI a orar por él; cuando salí le dije a la madre: “Quedate tranquila porque tu hijo va a vivir” y me fui. Tres días después me informan que se había muerto el joven. ¡Dios me dio duro! Porque no se trata de dar una palabra, sino que esa palabra esté acompañada de fe. Si es de la fe, entonces viene de Dios y esa palabra se cumple.

Los chicos le declararon a la mujer: “¡Mamá, tu hijo va a vivir!” Hasta le hicieron gritar: ¡Jesucristo es mi Señor!, y ella lo hizo; después la hacían repetir a viva voz: ¡Mi hijo va a vivir! Esos chicos oraron por ella en la calle, reprendieron la enfermedad, echaron fuera al diablo y le dijeron: “Mamá, quedate tranquila que tu hijito va a vivir”. La mujer volvió donde estaba el niño, más calmada, en paz; su hijo no se murió a la hora, ni en dos, ni en tres. A los tres días los médicos le dijeron que el niño se iba a salvar, pero que no iba a poder ver ni caminar. La mujer, por un lado estaba feliz porque su hijo no se iba a morir, pero por el otro estaba muy triste. En ese momento en que estaba muy angustiada, los chicos que habían orado por ella volvieron al hospital y la estaban buscando; cuando la encontraron, la vieron llorando, entonces oraron nuevamente por ella y por el niño, y le dijeron: “No va a suceder lo que los médicos te han declarado, Dios va a sanar a tu hijo. ¡Confía en Él!” Le hicieron hacer una confesión de fe y luego oraron por su hijo. A los pocos días, le habían dado el alta al niño y no presentaba nada de lo que los médicos habían dicho, la criatura podía ver y caminar. ¡Estaba totalmente sano!

¡Esas son las obras de Dios! Si tú las haces, serás feliz, vendrás a decirme que has orado por alguien y que se sanó. ¡Se te irá la tristeza, la angustia y todo eso que asusta a la gente! Y sobre ti habrá un sol radiante que es la gloria de Dios en tu vida. ¡No hay cosa más hermosa que producir frutos para Dios!

Hace un tiempo, hablé con una mujer que se había separado de su esposo hacía unos diez años; resulta que vino a mí su esposo a decirme que ella estaba depresiva, que no quería levantarse y que sería bueno si ella podía hablar conmigo. La mujer vino a mi oficina y comenzamos a hablar; en un momento ella se puso a llorar y me dijo: “Pastor, disculpe que abuse de su tiempo, se que usted es un hombre muy ocupado, pero quiero decirle que sus palabras me hacen mucho bien”. Yo, por dentro, daba la gloria a Dios, agradecido porque cuando abro mi boca imparto fe y esperanza. La mujer estaba muy agradecida. El marido ateo, no cree en Dios pero cree que yo puedo ayudar a la esposa. Le dije a ella que volviera para hablar conmigo las veces que quisiera, le agregué que ella iba a salir de ese problema, que lo suyo no era grave porque he visto a muchos salir de una situación igual y que yo conocía bien lo que es la depresión porque he estado en esa situación, pero a mí Dios me ha levantado y a ella también la levantaría. Como no regresó más ni volvió a llamar, la llamé yo, y con una voz de alegría me dijo: “Apóstol, me ha llamado. ¡Dios lo bendiga! No quiero abusar de usted, estoy muy mal pero gracias por llamarme porque hablar con usted me hace bien”. Tuvimos unos cuantos encuentros; hablamos y la mujer comenzó a creer, a sentirse renovada, comenzó a asistir a la iglesia, también a un encuentro y se bautizó. Oraron por ella para que sea llena del Espíritu Santo y comenzó a hablar en lenguas. ¡Está totalmente transformada! Ella me dice: “¡Gracias pastor por amarme tanto, gracias por todo lo que ha hecho por mi!” Yo le dije que no necesito que me de las gracias porque soy feliz sólo con ver su rostro transformado, porque cuando la vi las veces anteriores tenía cara de muerta y tenía anhelos de morir, antes no se peinaba ni se pintaba pero ahora se arregla. ¡Bendito sea el Señor!

¡El ver la obra de Dios me alegra la vida! Y eso es lo que hace que a pesar del mal tiempo o de que esté cansado, siga predicando su palabra, porque cuando lo hago se que algo sucederá en algún corazón. Hay personas que son un peligro en Facebook y muchos pastores señalan que éste sistema es del diablo. ¡Qué va a ser del diablo! ¡Podemos hacer tantas cosas buenas a través del Facebook!

Un creyente resentido se contactó a través del celular con uno de esos chat para encontrar pareja; del otro lado le habló supuestamente una mujer: “Soy una rubia despampanante, mido 90, 60, 90”. Y resulta que seguramente es un hombre feo y sin dientes. Después de un tiempo de mandarse mensajes le dice a la supuesta mujer que la quiere conocer pero la otra persona le dice que está ocupada por el momento, pero que no deje de contactarla. “¿Pero cuando nos vamos a ver?”, le pregunta, y del otro lado le responden: “En cualquier momento, ahora seguimos en contacto por el chat. ¡Gil!” ¡Lo tiene dando vueltas y vueltas! Un día pierde el teléfono y lo encuentra la esposa; cuando ella se fija, descubre las charlas que tenía su esposo con otra mujer. ¡Tú puedes usar el Internet para cualquier barbaridad pero también lo puedes usar para la gloria de Dios! Mi señora y yo usamos el Internet para bendecir a muchos; a veces gasto una hora por día para contestar mensajes, para dar aliento. Doy consejería pastoral a gente de Venezuela, de Colombia, Perú, Australia, etc. ¡De muchos lugares nos piden consejos! Una tarea que podría ser carnal se vuelve una tarea espiritual. Dejo de lado actividades que tengo para hacer, pero le contesto a mucha gente que está mal. Entonces me devuelven palabras como: “¡Dios lo bendiga pastor y bendiga su ministerio!” ¡Yo estoy sembrando pero también estoy cosechando! Miles de personas fuera del Uruguay oran que Dios me bendiga y bendiga la obra que estamos haciendo. Muchos me dicen: “¡Cómo quisiera formar parte de su ministerio!” Son gente de varias partes del mundo.

            CONCLUSIÓN

¡Hacer la obra de Dios te alegra la vida! Por eso, la Biblia dice que la voluntad de Dios es agradable y perfecta. ¡Haz las obras que Dios quiere que hagas! Te evitarás muchos males y el mayor mal es que venga la tijera de Dios, que te corte y seas echado al fuego. Jesús dijo: “No todos los que me dicen Señor, Señor entrarán en el reino de los cielos sino los que hacen la voluntad de mi Padre”. ¡Dios quiere usarte!

El infierno está manifestando los peores embates, sus peores deseos se están haciendo públicos en la civilización occidental y cristiana; está buscando cómo destruir sus valores más importantes. Y en este tiempo de tanta oscuridad, Dios encenderá muchas luces. Él hará que su gloria sea vista en tu rostro y cuando la gente te vea, tendrá esperanza. Huirán de ti la tristeza, la angustia, la impotencia, el resentimiento. ¡Tu rostro cambiará, tus ojos brillarán! ¡La gente se preguntará qué tienes de especial!

Si esto no está aconteciendo en tu vida, algo tiene que cambiar hoy. ¡No gastes el tiempo de Dios! ¡No gastes la vida que Él te ha dado, ni los dones que te ha dado en estupideces! Dios nos ha mostrado que Haití será una base misionera para las naciones, pero, ¿a quién usará? Él no puede usar a nadie que esté atado a su casa, a su trabajo, a sus deseos y planes. Dios puede usar solamente gente que renuncia a sí misma, y a quienes puedan declarar: “…y ya no vivo yo sino que vive Cristo en mi” (Gálatas 2:20) y 7…cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7 y 8). Gente que comprende que el reino de Dios es la perla de gran precio por la cual vale la pena vender todo lo que tiene valor, considerando que ya no lo tiene con tal de alcanzar la única perla preciosa que es el reino de Dios. ¡Dios está necesitando esa clase de gente! Personas que le abran el corazón y declaren: “Señor, entra en mi vida y haz lo que quieras. Tú eres el dueño de mi vida, de mis tiempos y mis dones. No quiero gastar más mi vida en lo que no sirve, en lo que no recompensa; no quiero gastar más mi vida en vanidades. ¡Quiero gastar mi vida para ti! ¡Quiero que tu luz brille en mí! ¡Quiero que la gente se enamore de ti a través de mí! ¡Tus planes se terminarán y comenzarán a manifestarse los planes de Dios!”

Hay quienes dicen que no conocen cuál es la voluntad de Dios y llevan veinte o treinta años buscándola, pero no la conocen porque nunca han estado dispuestos a dejar lo que tienen que dejar para alcanzar su voluntad. ¡Cómo Dios va a perder tantos años de tu vida sin mostrarte su voluntad! ¡Él no invierte mal! Probablemente tú no has estado dispuesto. Pero Dios puede hacer algo nuevo contigo hoy. Antes que te corte y te eche al fuego dile: “Señor, quiero ser un pámpano que lleve fruto. Quiero estar unido a ti, Jesús”.

¡El Espíritu Santo quiere tocar tu vida! Quiere que le habilites hoy a romper tus ataduras. El Espíritu Santo quiere deshacer cadenas, quiere destruir fortalezas espirituales y estructuras carnales en tu vida. ¡Permítele a Dios hacer la obra que Él quiere! ¡Ríndete a Dios de verdad!

“Venga tu unción Espíritu Santo sobre todos aquellos que de todo corazón quieren unirse a Cristo para llevar fruto abundante. Que no pase desapercibido para nosotros el necesitado, el angustiado. Padre, en el nombre de Jesús, transfórmanos, haz una obra nueva con la iglesia y sobre aquellos que han recibido este mensaje, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.   

 

 

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