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INTRODUCCIÓN

Quiero hablarte acerca de la palabra  “semilla” o “simiente” muy mencionada en la Biblia; tanto la palabra “semilla”, “simiente” y “semen” son sinónimos. Toda la actividad que hay en el planeta Tierra está relacionada al término simiente; todo tiene que ver con semilla. Dios ha querido perpetuar los distintos géneros de plantas, animales y personas a través de un sistema que tiene que ver con semillas. Se le llama simiente a la descendencia de un matrimonio; la simiente de Abraham es su descendencia. En otras palabras, nosotros dejamos una descendencia o semilla en el mundo y Dios está esperando que esa semilla que dejamos sea buena.

También la ciencia ha aprendido mucho acerca de semillas y es por eso que ya no es lo mismo envasar cualquier semilla o venderla así nomás; hoy en día se estudian, se separan y se busca sembrar siempre la mejor; las semillas de las buenas flores no se venden en un tarrito así como viene, de a cien o de a mil, ahora las venden una por una, las que antes se arrojaban en el campo al boleo, ahora se siembran con una máquina que las coloca en el surco una por una. ¡La buena semilla garantiza una buena cosecha!

Piensa que tú eres semilla de alguien y dejarás simiente en la tierra. Dios no sólo quiere bendecir el mundo con nuestras vidas sino también con nuestra descendencia, por eso Él toma como algo muy importante la clase de gente que eres tú para garantizar la calidad de la semilla que dejarás en el mundo. Si el mundo va a ser bendecido será por causa de la simiente que dejamos, por lo tanto nuestros hijos son extremadamente valiosos para Dios; ellos no son juguete, no son un capricho ni una mascota, y Dios nos hace responsables a nosotros por la clase de hijos que criamos.

El Señor tuvo tratos con Abraham; leemos en Génesis 22:18: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”. Esta palabra Dios se la dio a Abraham inmediatamente después de pasar por la situación más conflictiva de su vida; él tenía un solo hijo (una sola semilla) y lo amaba profundamente. Dios se lo había dado en su vejez, pero en un momento, el Señor le pide a Abraham que le sacrifique a su hijo y él decide obedecer la voz de Dios porque creyó que más precioso que la semilla es el Dios de la semilla. 

LA SEMILLA DEBE MORIR PARA DAR FRUTO

La semilla que no muere, no germina ni lleva fruto. Hay en esto, una enseñanza teológica y una sabiduría profunda; todo lo que Dios ha hecho fue con propósito y Jesús dijo: “El que quiera seguir en pos de mi niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Esto se interpreta como que debes morir a ti mismo. También enseñó Jesús que si la semilla no cae en tierra y muere, no lleva fruto, aquí habla de su propia muerte. Nuestra vida es una semilla, además es una semilla espiritual o carnal y natural. Para que la semilla sea perfecta lo que hay de carnalidad en nosotros debe morir y el Espíritu Santo trabaja para que eso suceda; por otro lado la carne trabaja para que no se logre el cometido del Espíritu Santo con nosotros. Hay una semilla natural y una espiritual. Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo, así que él toma un asno, lo carga con leña y se dirigen al lugar que el Señor le mostró. Dios lo pone a prueba porque quiere ver si lo ama más a Él que a su propio hijo. Piensa qué estarías dispuesto o dispuesta a sacrificar por Dios. ¡Algunos no están dispuestos a sacrificar nada!

El lugar que Dios le muestra a Abraham lo obliga a caminar tres días y tres noches; Isaac camina con su padre y le dice: “Papá, tenemos cuchillo, leña, fuego, ¿pero dónde está la ofrenda del sacrificio?” Abraham sólo le responde: “El Señor proveerá”. Llegó al lugar que Dios le señaló, y le tocó atravesar el momento más difícil. Tres días de camino hacia allí, pensando: “Voy a sembrar a mi hijo por amor a Dios”. Arma un altar, coloca la leña y sobre ella a su hijo; cuando va a levantar el cuchillo para sacrificarlo, en ese mismo momento el ángel de Jehová le dice: “Abraham detén tu mano, ya sé que no me has negado tu hijo, tu único hijo”. El Señor le promete: “Te juro que te bendeciré y te multiplicaré por cuanto obedeciste a mi voz y no me has negado a tu hijo, tu único hijo. Yo voy a hacer algo, en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”. La simiente de Abraham era el hijo.

Leemos en Gálatas 3:16: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. El apóstol Pablo le escribe a los gálatas dos mil años después del acontecimiento, cuando Abraham en obediencia a Dios decide sacrificar a su hijo. Después de dos mil años nace Jesucristo y Pablo señala que esa era la simiente que bendice a todo el mundo. Dios bendijo a Abraham y lo multiplicó; de la descendencia de su hijo Isaac surgió la nación de Israel. Isaac tuvo un hijo que se llamó Jacob; Dios le cambió el nombre y le puso Israel y de él salieron doce tribus y de esas tribus surgió una nación. Realmente Dios lo multiplicó pero hay una simiente especial y es la simiente espiritual de Abraham, el fruto de su fe y se llama Jesucristo.

Lo cierto es que tú estás sembrando y cosechando por lo tanto todo tiene que ver con la siembra y la cosecha; todo tiene que ver con la semilla, cada día tú haces una siembra; una sonrisa o una palabra son una siembra. ¡Tú has nacido para dejar una descendencia poderosa y de bendición en la tierra! El apóstol Pablo dijo que los descendientes de Abraham somos aquellos que tenemos su fe; por fe Abraham oyó a Dios, por la fe lo obedeció haciéndose amigo de Dios por lo que el Señor lo bendijo. El apóstol Pablo dijo: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham”. Y agregó: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:7 y 29).

Las promesas que Dios le dio a Abraham también son nuestras. ¡Son para nosotros! A ti que dices que eres creyente, Dios te dice hoy: “Te juro que te bendeciré. Te juro que te multiplicaré. Haré tu descendencia como la arena del mar y en tu descendencia serán benditas las familias de la tierra”.

Yo compartí una frase en Twitter que dice así: “Si no estás contento con lo que cosechas, es tiempo que examines la semilla que siembras”. Tú que culpas a tu padre, a tu madre, a tu abuela, a algún partido político o al gobierno de turno, etc; la Biblia dice que Dios no puede ser burlado y que todo lo que el hombre siembra eso también cosechará. Siembras sonrisa y cosechas sonrisa,  siembras insultos y cosecharás lo mismo; si siembras amor cosecharás amor. Algunos dicen que la vida que le ha tocado vivir es injusta y no se merecen vivir lo que están viviendo. ¡Qué dices pecador! Si tú fueras la persona más buena del mundo y la que nunca ha pecado te hubiéramos crucificado a ti y no a Cristo. Otra frase que he compartido en la red dice lo siguiente: “Más valiosa que tu herencia a tu descendencia es tu descendencia como herencia al mundo”. Hay padres que trabajan mucho y se afanan porque quieren dejarles algo a sus hijos, y aquellos que no tienen dinero pretenden dejarles como herencia el estudio, ya que así serán alguien en la vida. ¡Como si no fueran alguien ya! Los padres se afanan por dejarles buenas cosas a los hijos, mas la enseñanza de hoy es: No te afanes tanto por la herencia que le dejarás a tus hijos, mejor trabaja para que ellos sean una herencia para el mundo. ¡Una semilla de bendición!

Yo cuento siempre que tuve un abuelo que creyó a la palabra de Dios, amó el evangelio y pude disfrutar de él sólo algunos años pero ir a su casa significaba tener que escuchar los devocionales que hacía y que nos hiciera orar a cada uno de sus nietos. ¡Eso era extraordinario! Tú posiblemente no has conocido a tu abuelo, y lo más probable es que no conociste a tu bisabuela, mucho menos a tu tatarabuela por lo que no sabes muchas cosas de ellos. Como que en cuestión de sesenta, setenta u ochenta años se pierden en la oscuridad nuestros ancestros. Por ahí aparece uno que dice que es descendiente de Artigas pero no sabe qué ha acontecido en medio y tampoco se nota qué clase de semilla es él o ella. Lo cierto es que los tratos de Dios con Abraham no son así ya que el Señor no olvida las generaciones de aquellos que le aman. ¡Dios ama las generaciones de los que le aman!

Dante, un hermano en Cristo que falleció hace unos años, fue una de las personas que estuvo conmigo cuando comenzamos a construir en Monte Beraca. Antes de irse a vivir allí con su familia, él me ayudó en las tareas y al comienzo no había ninguna vivienda, no había agua ni luz y yo me quedaba porque no quería perder tiempo en ir y venir, tampoco quería gastar dinero en combustible, entonces Dante se quedaba conmigo y dormíamos en cualquier lado. Nos hicimos muy amigos y trabajábamos duro. Dante falleció pero con nosotros quedó uno de sus hijos, Leo, quien se casó hace unos días. Justamente fui a la ciudad de Tacuarembó donde él está viviendo y lo vi. Yo lo miraba con un amor tan profundo, él es un joven bastante tímido y callado, y siempre deseé que le vaya bien por el hecho de ser el hijo de mi amigo Dante. Hace un tiempo atrás se puso de novio y me alegré mucho. Hay personas que para nosotros son más especiales que otras, tal vez te sucede que miras algún sobrino o el hijo de un amigo de una manera especial y tienes una iniciativa del corazón para bendecirlo de distinta forma que a otros. Yo me alegré y vi con buenos ojos que Leo se casara con una joven tan linda porque uno tiene deseos profundos de bendición. A Dios le sucede igual, Él ama profundamente la descendencia de aquellos que son sus amigos. Tú puedes hacer muchas cosas en la vida pero lo mejor que puedes hacer es bendecir a tus hijos. ¡Tienes que procurar que tu descendencia sea bendita! Me da pena cuando las madres dicen: “Que Dios me mande a mí lo que está padeciendo mi hijo pero que a él lo sane”. No entiende que la bendición pasa de los padres hacia los hijos. ¡Tu hijo necesita una madre bendecida! Si la madre sonríe, el hijo sonríe; si la madre es jetona, el hijo es jetón. Una madre que tiene paz imparte paz a sus hijos y la paz no viene por la ausencia de problemas sino por la presencia poderosa de Dios en su corazón.

Alguien me contaba todo lo malo que pasaba, pero le tuve que decir que ya no me contara más lo que le estaba sucediendo sino de cómo iba a solucionar esas dificultades; el problema no es externo sino interno, está dentro de ti, en cómo miras las circunstancias que tienes que enfrentar y cómo ves la vida. Una persona que ha decidido ser feliz con Cristo no hay diablo que lo amargue o lo entristezca. Una madre con esperanza tendrá hijos esperanzados y si ella sonríe, sus hijos también lo harán. ¡Una madre que duerme en paz tiene hijos que duermen en paz! Me deleito en ver a esos padres que aman bien a sus hijos y los educan bien porque los aman bien; no me refiero  a esos padres que crían hijos caprichosos, consentidos y mal educados, hablo de los buenos padres.

Algunos piensan que han nacido para ser perdedores pero yo te digo que no has nacido para perder; esos que piensan así hasta ponen la cara de perdedores y creen que no debieron haber nacido. Tú eres una semilla, un espermatozoide corrió los cien metros llanos para que tú nacieras. Hay millones de personas en el mundo que pierden la carrera porque creen que Dios no los ama y que no debieron haber nacido. ¡Piensan un montón de estupideces cuando lo que tienen que hacer es creer en Dios y en su palabra! Millones y millones de semillas van a parar al cementerio y en ese lugar queda enterrado el potencial de una gran persona. Nadie nace sin ser una gran persona porque Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Yo creo que mis hijas son grandes personas porque son hijas de una gran persona. ¿Tú eres hijo de Dios o no? Muchos no alcanzan a creer que Dios les ama y tiene un gran propósito con sus vidas, entonces terminan su existencia sin fruto, sin hacer nada significativo y sin dejar una descendencia significativa. Más importante que tu propia existencia es tu descendencia porque tus hijos tendrán descendencia y la descendencia de tu descendencia tendrá descendencia, así que tú eres solamente uno pero los que vienen después de ti son muchos.

SOMOS EL RESULTADO DE UNA SEMILLA GANADORA

En el mes de Julio después de más de cincuenta años del fallecimiento de mi abuelo, ciento cincuenta de sus descendientes nos vamos a juntar para honrar a Dios por el abuelo que tuvimos, quien nos predicó el evangelio y le creyó a Dios que su descendencia estaba en sus manos. Él se responsabilizó en ser un buen padre mientras vivió e inculcó a sus hijos el evangelio. Mi abuelo tenía muchas frases, y cuando hagamos un libro con su historia  y sus anécdotas las vamos a citar; una de esas frases que le decía a un tío mío era: “Si no me obedece porque soy su padre, obedézcame por ser su hermano en Cristo”. El nació en Montalvano, un pueblo perteneciente a la ciudad de Sicilia, Italia; no sé cuanta gente vive allí ya que es una ciudad pequeña, pero mis primos y yo, sus descendientes, vamos a ir a Montalvano a llevar el libro con la historia de mi abuelo para cada familia que vive en ese lugar. ¡Vamos a sacudir el pueblo donde nació mi abuelo! Juntos con mis primos vamos a ir a esa ciudad a llevar el evangelio. La familia de mi abuelo era muy grande y muy importante en Montalvano pero rechazaron el evangelio, hoy quedan solo dos descendientes que se están por morir, así que después de ellos ya no quedará más descendencia en Italia. Mi abuelo se vino a América solo, donde formó una familia y tuvo seis hijos. En breve nos vamos a juntar más de ciento cincuenta descendientes cristianos para honrarlo porque creemos que sobre él se cumplió la palabra que Dios le dio a Abraham: “Te multiplicaré, te bendeciré y serán benditas en ti las naciones”. Nosotros hemos entendido que somos una semilla de Dios y que el Señor dejó semillas de bendición por parte de mi abuelo para el mundo. Entre los descendientes de mi abuelo, seis somos pastores.

Tú eres el resultado de un espermatozoide campeón, millones han quedado en el camino pero ese del cual has nacido se esforzó y no se dio por vencido, ganándole a todos los demás. No naciste de un espermatozoide tonto. ¡Naciste de un espermatozoide campeón! ¡Tú eres bendito! Si tu semilla es campeona, tú eres campeón, tú eres campeona. ¡Yo bendigo ese espermatozoide que te trajo al mundo! Pasando a un nivel más alto que el del esperma, dice 1ª Pedro 1:23: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. Aquí dice que somos renacidos; supongamos que tu espermatozoide era cojo o tonto, entonces, todos los que murieron en el camino ¿qué serían? Cuando venimos a Cristo somos renacidos. Jesús le dijo a Nicodemo: “Es necesario que vuelvas a nacer”. Nicodemo preguntó: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:4 y 5). A eso se le llama nuevo nacimiento. La semilla de Abraham vino engendrando vida por dos mil años hasta que Cristo nació, fue ahí que Dios sembró la semilla perfecta sin pecado; no fue la virgen María concebida sin pecado, sino que fue Cristo concebido sin pecado. La inmaculada concepción de María es una doctrina católica que señala que, para que Cristo pudiera ser sin la mancha del pecado original, la madre tenía que ser santa, de ahí el término “inmaculada concepción”. ¿Así que el milagro no estaría en Cristo sino en María? Nosotros no creemos en tal cosa. María misma dijo: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva…” (Lucas 1: 46 al 48)

¡Cristo es la semilla perfecta! Es la semilla que produce fruto dentro de nosotros; la vida de Cristo se injerta adentro de quienes creemos en Él. La vida de Cristo se reproduce en nosotros, aunque el envase siga siendo el mismo, pelado, narigón, ñato; la que es mujer sigue siendo mujer y quien nació hombre sigue siendo hombre y somos vivificados en nuestro espíritu. Por eso el apóstol Pedro dice: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. La vida que está en ti si eres hijo de Dios, si eres de Cristo, es una clase de vida superior a la del espermatozoide que te trajo al mundo.

El ángel le dijo a María: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS…Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. En el campo se dice que el macho cubre a la hembra y a María la cubrió el Espíritu Santo por lo tanto la semilla que recibió ella era de Dios. Jesús, por ser hijo de María es hombre, pero es hijo de Dios por cuanto es semilla del Señor. Cuando la sangre de Cristo viene sobre ti, te cubre, te limpia y perdona tus pecados, engendra vida por la palabra; tú escuchas la palabra de Dios y le crees, ésta entra en tu corazón y genera vida nueva, eterna e incorruptible.

CONCLUSIÓN

La única manera que dejes una descendencia perfecta en el mundo, una descendencia que bendiga la tierra, es que tú como padre y madre seas una persona renacida de nuevo y tengas la semilla de Dios incorruptible en ti. Todos aquellos que hemos creído en Cristo contamos con la posibilidad de tener una descendencia como la de Abraham y Dios te dice hoy: “Te juro que te bendeciré. Multiplicaré tu descendencia y ésta será fuerte sobre la tierra. No me es suficiente que seas mi sierva o mi siervo; no me es suficiente que tú hagas obras buenas, yo quiero también que tus descendientes hagan obras buenas”.

Yo he recibido esta fe de mi abuelo y la predico; yo te estoy impartiendo esa fe. ¡Tu descendencia será bendita y bendecirá naciones! No te afanes por lo que vas a comer y vestir, no luches sólo por eso; no luches por una casa, deja todo y dáselo a Dios. En esto de morir a ti mismo para que la semilla de Cristo viva en ti, incluye como hizo Abraham, amar a Dios más que a tu propio hijo. ¿Qué es lo que más aman las mujeres que son madres? ¡A sus hijos! Una buena madre y un buen padre son capaces de morir por un hijo, son capaces de no comer con tal de que su hijo coma y lo más precioso que tiene una madre son sus hijos. No te preocupes por los bienes materiales que quieres para tus hijos, más bien preocúpate de ser una madre y un padre espiritual. Ocúpate de que tu hijo se alimente de la palabra de Dios. No esperes que un maestro de escuela bíblica le predique el evangelio a tu hijo, predícale tú. Mi hija Viviana cada noche le pone unos videos con historias bíblicas a mi nieta y ella se duerme escuchando y viendo eso con su mamá. Que no le falte alimento a tus hijos pero lo más importante es que no les falte la palabra de Dios. El Señor quiere hacer contigo como hizo con Abraham, Él quiere cuidar a tus hijos cuando tú ya no puedas hacerlo.

Hay personas que no se juegan por Dios porque no quieren perder su casa ya que se han endeudado y les falta muchos años para pagarla, entonces Dios no puede contar con ellos porque deben trabajar para saldarla. No sirven a Dios por algún trabajo que no quieren dejar o porque temen quedarse sin alimento. ¿Te has puesto a pensar si realmente Dios vale más que todas las cosas en tu vida? ¿Podrá faltarte todo pero tú seguirás en paz alabando a Dios porque eres su hijo declarando que Él es bueno y para siempre es su misericordia? Job no dejó de creer y confiar en Dios, él no dejó de esperar en el Señor y declaró: “¡Yo sé que mi redentor vive!” Job perdió todo, hasta su salud; el diablo le había dicho a Dios: “Tócale los bienes y renegará de ti”. Y el Señor le respondió: “Toca todos sus bienes y su salud”. Mas Job nunca dejó de amar a Dios y de esperar en Él.

Dile al Padre: “Señor, toca lo que quieras pero que yo no deje de amarte. Que yo no te cambie por mis hijos, por mi trabajo o por ponerte excusas por causa de que trabajo mucho y estoy cansado o cansada. Padre, perdoname; yo quiero ser bendito y tener una descendencia bendita”.

Tu descendencia vale para el mundo y para Dios mucho más de la herencia que tú les puedas dejar a tus hijos. Tienes que poner a Dios como prioridad en tu vida, Él te dice hoy: “No quiero que juegues más conmigo, no juegues más a ser cristianito. Me has puesto muchas excusas. Dame tu corazón y yo haré maravillas. Cuando tú ya no estés, yo seguiré obrando en la vida de tus descendientes y así como hice con Abraham, haré contigo”.

 

 

 

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