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MENSAJES DEL CIELO

PRIORIDADES EN EL ORDEN CORRECTO

INTRODUCCIÓN

La mayoría de los cristianos no tienen conciencia de lo que significa que lo más importante es el Señor; o saben que lo más importante es Él pero el hecho de saberlo no significa que estén conscientes de ello y por lo tanto no demuestran con sus vidas que Dios es lo más importante para ellos.

Hay una forma poética o sentimental de declarar que el Señor es lo más importante, pero en realidad, lo que sucede cuando Dios es lo más importante es que le restamos importancia a todo lo demás. Todo lo demás podría faltar: la casa, el cónyuge, los hijos, el dinero, ¡todo! Pero si el Señor es lo primero en mi vida ¡qué me importa! ¡Ya tengo lo más importante! ¡Si tengo a Dios, lo tengo todo! ¡Señor, me faltan cosas pero no me importa! ¡Yo te amo a ti! Me puede faltar todo pero si tú estás, no necesito más. Muchos no logran entender bien ésto. Si Dios te da una linda casa de dos pisos, con jardín y piscina, entre otras cosas, tú dices que el Señor te ha bendecido porque está contento contigo. Si Dios te da lo que le pides, sientes que eres importante para Él y que te está respaldando. Pero, ¿qué pasa si tú cantas: “amo tu presencia más que a nada en este mundo, sólo quiero escuchar tu voz; amo tu presencia más que a nada en este mundo, lo más importante eres tú” mientras te sujeta un terrorista de ISIS a punto de degollarte? ¿Dios siempre es lo más importante en tu vida? ¿Vives agradecido y feliz porque ya tienes lo más importante? Cuando no te va bien en los negocios y has intentado una y otra vez pero has fracasado, si te falta dinero y te endeudas, aun así ¿puedes levantar tus manos y decirle a Dios: “Lo más importante eres tú”?

¡Realmente, para mucha gente, Dios no es lo más importante!

¿TUS HECHOS DEMUESTRAN QUE DIOS ES TU PRIORIDAD?

Una joven por tres años me insistía que Dios la llamaba a servir en la China y ella estaba dispuesta a irse; y cada dos por tres me lo recordaba. Yo le pregunté si se había interesado en saber de su cultura, su idioma, etc. Así que le aconsejé que se interiorizara acerca de ese país, de los problemas que hay allí y que orara; también que estudiara el idioma. Llegó a nuestra iglesia un chico que se enamoró de ella y ella de él así que se olvidó del llamado de Dios. A veces un novio o una novia se convierten en tu prioridad. Nos ha sucedido con varios jóvenes que decidieron casarse con quienes le dijimos que no les convenía, sin embargo dijeron: “Pero yo lo amo” y siguieron adelante en su relación.

En una tarea misionera que realizamos en el interior del país, en la ciudad de Tacuarembó, trabajamos con muchachos y chicas con el fin de abrir una iglesia y allí había una joven evangelista tremenda. Yo me maravillaba del llamado que tenía a evangelizar; un día oré por ella y le dije que el Señor la enviaba a las naciones para llevar su palabra y la usaría con poder pero había un muchacho que la conquistó y la enamoró, entonces la joven se olvidó que tenía un llamado a evangelizar y se apartó de la iglesia junto con él. ¡Sufrió muchísimo! Al tiempo los dos volvieron pero se volvieron a ir y así pasó varias veces. Él se comenzó a involucrar en las drogas, queriéndolo ayudar lo enviamos a un hogar Beraca en San Juan Argentina donde permaneció por dos años recuperándose; cuando vimos que estaba bien mandamos a la joven para allá con sus hijitos y estuvieron cerca el uno del otro hasta que el muchacho se recuperara; luego volvieron a estar juntos. Ella me escribió hace poco: “Recuerdo cuando usted me declaró que yo era una evangelista”. Pero llegó un hombre y la apartó del propósito. Yo te pregunto, ¿qué te aparta a ti del propósito de Dios? ¿Puedes demostrar que lo más importante para ti es el Señor?

Hemos llevado personas a Haití, que después de estar allá unos meses, nos han dicho que extrañaban. Hay que tomar en serio las demandas de Jesús y Él dice que si alguien pone las manos en el arado y mira hacia atrás para ver qué es lo que dejó, no es apto para el reino de los cielos. ¡No se puede mirar atrás cuando se pone las manos en el arado! Los israelitas salieron de Egipto rumbo al desierto y es lindo decirle a Dios “amo tu presencia más que a nada en este mundo” cuando todo está bien pero, ¿qué pasa cuando estás en el desierto?

Los israelitas miraban hacia Egipto acordándose de las cebollas y los ajos que comían. Dios saca al pueblo y les dice que los va a llevar a una tierra donde fluye leche y miel, les ofrece la tierra prometida y ellos querían volver a Egipto porque anhelaban más las cebollas y los ajos, entonces miraban hacia atrás y no se enfocaban en el propósito de Dios. Israel debía ser luz de las naciones y de allí tenía que venir Jesucristo el Hijo del Dios viviente, el Salvador del mundo; pero ellos pensaban en ajos y cebollas.

Una niña de ocho años, hija de los pastores de Misión Vida de la ciudad de Salto, me dijo que anhelaba ser mi secretaria, entonces le pregunté si estaba dispuesta a irse un tiempo conmigo unas semanas en vacaciones así probábamos; me cebaría mate y haría algunos mandados. En el campamento de niños que tuvo lugar en Beraca, en el que ella participó, le pregunté si seguía en pie eso de que quería ser mi secretaria y me respondió entusiasmada que sí, entonces le dije que se quedaría conmigo una semana y cuando miro a la madre, ella me dice: “¡Es chiquita aun!” Yo le aseguré que la iba a cuidar y le pregunté si se animaba a dejármela a lo que responde con recelo: “Y, si ella quiere…” La nena la mira y le dice: “¡Me quedo con el apóstol Márquez!” ¡A la madre se le cayó el alma al piso! Así que nos llevamos a la niña a casa; con mi esposa estábamos cansados así que nos acostamos a dormir un rato y ella se quedó dormida, sentada en el sillón del living. Cuando nos levantamos le pregunté: “¿Y ahora qué hacemos?” Entonces la nena me dice: “Apóstol, ¿será que me puedo ir con mi papá y mi mamá?” Los padres ya se habían ido así que hicimos un trato y le dije que el lunes a primera hora la ponía en un ómnibus para Salto. Ella estuvo de acuerdo pero al rato me pregunta: “¿No me podrá llevar alguien a Salto?” A todo esto eran las once de la noche del día sábado y teníamos ganas de dormir de nuevo, entonces me pregunta si alguien la podía llevar a la casa del tío que es encargado de un hogar Beraca junto con la esposa. Yo le dije que estaba cansado, entonces la convencí que se quedara a dormir esa noche y a la mañana temprano llamamos al tío y se la llevó. ¡La secretaria me abandonó!

A la tarde me ve en la iglesia, me abraza y me da un beso, ella me ama pero no para comprometerse tanto conmigo porque extraña; y aunque extraña a sus padres prefiere estar con sus tíos que conmigo. ¡Algunos hacen así con Dios! No se dan cuenta que tienen otras prioridades por las cuales postergan al Señor y no pueden expresarle por medio de una canción que lo más importante es Él porque no es así. ¡Examina hoy tu corazón!

Tú que tienes treinta años para saldar tu casa que no quieres soltar ni a palo porque te la dio el Señor, ¿podrá Dios mandarte a algún lado a predicar el evangelio? Te aferras a algo que te dio Dios y no lo sueltas pero Él es más importante y si ve que eso que te dio será un tropiezo para ti y que te separará de Él, Dios que es Señor, puede pedirte eso que te dio. Así hizo con Abraham. Le dio un hijo, el único que tuvo Abraham en su vejez y estaba orgulloso de ese hijo a quien amaba mucho, entonces Dios le pidió que le sacrificara a su único hijo, el hijo que Él le dio. Abraham fue llamado amigo de Dios porque no le negó al Señor ni siquiera su propio hijo.

Si Dios es lo primero en tu vida de alguna manera tienes que estar disponible para Él porque si dices que lo amas y es lo primero en tu vida pero no estás dispuesto para Él, ya que pones como prioridad tu trabajo, tu casa, tienes que enterrar a tu padre así como le dijo un hombre a Jesús: “Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre”. Se ve que su padre estaba viejito y no podía dejarlo, así que decidió seguirlo después de muriera porque estaría libre pero Jesús quería que estuviera dispuesto no cuando su padre muriera sino en ese momento, por lo que le dijo: “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos”. ¡Jesús exige prioridad!

Otro joven le decía al Señor que lo quería seguir pero Jesús se dio cuenta que estaba atado a las riquezas. “Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 10: 21 y 22). La prioridad para ese joven eran sus riquezas pero no Jesús.

¿Entiendes ahora lo que significa amar a Dios por sobre todas las cosas con todas tus fuerzas, con toda tu mente y con todo tu corazón? ¿Cuántas veces le has prometido algo a Dios y no has cumplido por causa del estudio, porque te casaste, porque tienes hijos, etc.? Recuerdo a una abuela que era una servidora en la iglesia hasta que le nació el primer nieto; ella se dedicó a él y dejó de servir y cuando me la encuentro le pregunto qué le había pasado que no la vi más, a lo que me responde que se dedicó a cuidar a su nieto porque era tan divino; ella lo había endiosado y ya no era Dios su prioridad sino su nieto.

MI HISTORIA

Hay cosas que tú no quieres perder ni dejar; hay cosas que no quieres que Dios te toque. Yo mismo me sorprendo al ver que dejé tantas cosas por servir a Dios en Uruguay pero continuamente el Señor me muestra que estoy aferrado a otras tantas y yo le tengo que pedir perdón por ello. Tal vez Dios te ha demandado algo que a ti te resulta complicado y difícil. Cuando llegué a Uruguay me encontré con personas que me detestaban y aun oraban para que yo cayera en pecado o para que el Señor me sacara de aquí. Una mujer me trató de “argentino atorrante”. Esto sucedió cuando estaba estacionando mi auto; ella me cedía el paso y yo a ella, creyendo que quería pasar, pero la mujer me insistía en que yo pasara, no me di cuenta que esa señora, era una cuida coches; así estuvimos por un rato hasta que yo me fui cuando vi que insistía en cederme el paso; entonces la escuché decir: “¡Argentino atorrante!”

Yo dejé muchas cosas que amaba por seguir a Jesús pero tengo que revisar mi corazón de continuo porque aún quiero aferrarme a cosas. Yo sentí en mi corazón que Dios me demandaba ir a Haití y cuando llegué allá casi me arrepiento. Bajé del avión y resulta que hacía tres meses que había ocurrido el terremoto que ocasionó grandes pérdidas humanas y materiales en ese país. Al entrar en la zona donde estaban las valijas vi que era un galpón inmundo y la gente caminaba sobre las pilas de valijas buscando la suya, era un panorama devastador. Para colmo hablan en creol y no podía entender nada. Al salir del edificio del aeropuerto el panorama se me puso oscuro; habían muchas personas gritando y levantando la mano y me dije: “¡Yo no salgo!” ¡Me asustaron! Ya me habían recomendado antes de viajar que allá no había agua ni comida, que los hoteles colapsaron con el terremoto, que tuviera cuidado con los mosquitos que trasmitían enfermedades. ¡Todas las pestes estaban ahí en Haití! La impresión que me daba era que todos los negros que allí había estaban apestados. El asunto es que todos se ofrecían para llevarme la valija aunque no sé cuántos querían solo llevármela o robármela, pero no había uno que no pidiera dinero. Entre todos los que había a la salida del aeropuerto, había uno que sonreía, algo que no era muy normal porque los haitianos no se reían, tienen un rostro endurecido, pero había uno que sonreía y yo pensé: “Yo de acá no salgo”.

Resulta que ese que sonreía era el pastor que me fue a buscar pero yo no lo conocía así que me fui acercando despacito y entre el griterío alcancé a escuchar: “¡Hermano Márquez!” “¡Acá está mi salvación!” suspiré. Nos dirigimos en una camioneta por una avenida donde había una cola de autos larga, todos tocando bocina y las personas hablando fuerte a los gritos; mi pecho comenzó a oprimirse con todo ese panorama. Allá no hay reglas de transito así que los conductores hacen lo que quieren, hasta las motos tenían bocina como de camión grande. Mientras avanzaba la camioneta, escuchaba los gritos de la gente, las bocinas, personas que me querían vender agua y otras cosas más, entonces se metían por la ventanilla del vehículo, o si no, nos frenaban para ofrecernos cosas o  para limpiarnos el parabrisas.

Yo le pregunté a Dios: “¿Señor, fuiste tú que me mandaste acá o yo me vine solito? ¿Qué estoy haciendo aquí?” Me llevaron a visitar a un pastor al que se le había caído el techo del templo entero y las paredes sucumbieron. En ese mismo terreno tenía unas trescientas personas viviendo en carpas entre vecinos y miembros de la iglesia; allí se hacía una olla popular donde todos comían, y me ofrecieron un plato especial, una comida típica de Haití. Yo no me podía negar porque me estaban apartando una porción especialmente para mí, habiendo tantas personas para alimentar. Cuando veo, era un caldo oscuro y adentro un hueso con pelo nadando y unas verduras que jamás vi en mi vida. ¡Para mi gusto eso era feísimo! Yo me excusaba que no tenía hambre pero el pastor me decía que si no comía estaba haciéndoles un desaire, entonces en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo lo comí.

Sé que la Biblia dice que tenemos que comer lo que nos pongan en la mesa y así hice. Hay invitados que vienen a los campamentos y nos sugieren lo que quieren comer; hay jóvenes que han estado comiendo de la basura por años cuando se drogaban y al ingresar a un hogar de Beraca se quejan de la comida que se les da. Lo cierto es que también en eso se puede ver si tu prioridad es Dios o no. Yo tuve que decidir en mi primer viaje a Haití si realmente era un loco que se había deschavetado o era Dios quien quería que fuésemos allá; y entendí que el Señor nos quería en esa nación. Recuerdo que a mi regreso a Uruguay entré al edificio de American Airlines y había aire acondicionado y Wifi, aparentemente había entrado a un mundo normal, salí de la oscuridad y entré a la civilización. Ahí mismo lloré y sentí que una gran opresión salió de mí; escuché a satanás que me decía: “No hace falta que hagas tanto sacrificio por ellos”. Además vi tantos grupos norteamericanos que llevaban puestas camisetas con distintivos como: “Cristo para las naciones”, vi a los médicos sin frontera entre otros; arribaban varias delegaciones a ese país de gente que llevaba mucho dinero, medicamentos, grupos de hasta veinte doctores, etc. Y yo le decía a Dios: “Señor, hay tanta gente que viene a Haití a ayudar y cuentan con recursos, y yo no tengo dinero. ¿Cómo voy a hacer yo un hogar aquí?” Y Dios me mostró una estrategia que consistía en dar la vida. Los que iban a ofrecer ayuda humanitaria iban por unos días y se regresaban a contar sus experiencias, mostrando fotos de cómo ellos les daban de comer y ayudaban a los haitianos, todos iban, ayudaban en lo necesario y se volvían, pero Dios me dijo: “Ustedes van a venir pero se van a quedar. No serán como los otros”. El Señor me mostró que lo mejor que podíamos hacer por Haití era dar la vida y no sólo comida.

Los haitianos no son transformados por la ayuda que se les da, porque reciben agua y quieren más, reciben alimentos y quieren más; se convierten en pedigüeños esperando que alguien llegue con alguna ayuda para ellos y si son dólares, mejor. No esperan a alguien que les diga: “Vamos a trabajar codo a codo, yo me quedo a vivir contigo y voy a bendecir esta nación”. Lo que más impacta a una vida es que alguien se la juegue por ellos ofreciéndoles su tiempo y su vida. ¡Tu vida impacta más que tu ofrenda!

Asistió a la iglesia una mujer morena procedente de Angola y me dijo que se encontraba sola y triste; ella había viajado a Uruguay porque su hermana estaba viviendo aquí pero se regresó a su país: Su padre se había enojado con ella y le dijo que no volviera más porque ya no la querían y si ya había tomado la decisión de dejarlos, ahora que se las arregle sola. La mujer está trabajando y vive completamente sola; oriunda de Angola a la que le comenzó a latir el corazón por su nación. “Quien te diga que vamos a bendecir tu país”, le señalé. Le dije que se acercara a nosotros porque la íbamos a llenar de amor y ya no se sentiría sola.

Aún en los pequeños detalles se puede ver si realmente Dios es tu prioridad número uno. Cuando Dios es tu prioridad todo lo demás es secundario; trabajo, familia, casa, etc. ¡Dios vale más que todo! Jesús dijo: “… el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45 y 46). Y yo te pregunto: ¿Estás dispuesto a dejar de lado todo lo que tienes y eres con tal de alcanzar la perla de gran pecio que es Jesucristo? ¿Puedes renunciar a tu profesión o a tu carrera? ¿Puedes dejar lo que sea porque le has dado tu corazón a Jesús?

Los cristianos no entendemos que cuando le hemos dado el corazón a Jesús hemos hecho una transacción. Es como cuando se hace una compra venta de un inmueble o vehículo y se transfiere el dominio. Tu corazón es tuyo hasta que se lo entregas a Cristo; tú eres el gerente de tu corazón hasta el día que le dices a Jesús que tome tu vida, en ese mismo instante hay una transferencia de domino y  tu corazón ya no te pertenece, ahora el manager es Jesús. ¡Quien toma las decisiones es Él! “¿Yo ya no puedo hacer esto o lo otro?” ¡Pregúntale a Jesús! “¿Pero qué tiene de malo lo que yo quiero?” Pregúntale al Señor porque Él es el dueño de tu vida ahora. De otro modo no le cantes: “Lo más importante eres tú”. ¡No te atrevas porque Dios que te ve dice: “Cuánta hipocresía!

LA HISTORIA DE DANIEL

Hubo un rey llamado Nabucodonosor, el más importante y más poderoso del imperio más grande, quien con un gran ejército atacó Jerusalén llevando cautivos a los israelitas a Babilonia, -lo mismo hizo con varias naciones- de tal manera que los israelitas vinieron a ser esclavos, o sea que ellos no podían tomar decisiones porque el rey Nabucodonosor decidía dónde iban a vivir, qué iban a comer, si se quedaba con la esposa de alguien o se la dejaba y decidía qué hacer con los hijos de los esclavos porque éstos no eran dueños de nada.

Leemos en Daniel 1: 3 y4: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos”.

De los miles que había, Daniel y tres amigos suyos se sacaron la lotería porque fueron elegidos para estar en el palacio del rey. “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey”. Se sacaron la lotería porque siendo esclavos, vivían en el palacio y por decisión del rey ellos comerían de su comida. No sólo eran Daniel y sus amigos sino también varios príncipes de diferentes naciones; muchos serían formados y cuidados para que estén en el palacio y sean personas sabias, consejeras del rey. Todos estaban conformes con lo que se les servía, pero Daniel amaba a Dios. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Otra versión de la Biblia señala que Daniel se propuso no pecar comiendo la comida del rey.

Nabucodonosor era el rey más poderoso de la tierra y desobedecer una orden suya significaba la muerte. “Y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza”.

Pero Daniel tenía las cosas claras; la Biblia habla de “comida contaminada” así como las ofrendas de comida que se les hace a los dioses de la umbanda, de quimbanda, etc. Y lo más seguro es que los alimentos que consumía el rey eran sacrificados a los dioses y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con eso, o sea que tomó una decisión y enfrentó la orden del rey más importante del mundo. ¡Un esclavo decidió desobedecer la orden de un rey!

Si alguien tiene un gran compromiso con Dios, Dios tiene un gran compromiso con esa persona. ¡Nunca te fijes que Dios le da a otros y a ti no! ¡Dios respalda a los que le aman, a los que le buscan y quieren hacer su voluntad! Daniel demostró de varias maneras su compromiso con Dios; lo obligaban a que no orara y él lo hacía tres veces al día con la ventana abierta porque no se avergonzaba de buscar a su Dios. Recordemos que en Babilonia había muchos dioses y todos sabían que Daniel se postraba solamente delante de Jehová de los Ejércitos y a Él elevaba sus oraciones. Entonces sus enemigos planearon hacerlo caer y lograron un decreto que señalaba que por treinta días nadie podía adorar ni hacer petición alguna a ningún dios sino solamente al rey Nabucodonosor y fue sellado pero Daniel confrontó ese decreto.

Yo honro al diputado Gerardo Amarilla quien asumirá como presidente de la cámara de Diputados y a quien le preguntaron qué haría si hay una ley contraria a la palabra de Dios, entonces él respondió: “Si la ley es contraria a la palabra de Dios yo la voy a desobedecer”. ¡Él es un hombre que se ha arriesgado a todo por Dios!

Daniel confrontó el decreto del rey y dejando las ventanas abiertas se arrodilló delante de Jehová de los Ejércitos, entonces sus enemigos le informaron al rey: “Hemos encontrado a Daniel que se ha arrodillado delante de su Dios y el decreto dice que nadie le puede pedir nada a ningún dios”. Por esta causa lo echaron al foso de los leones. Siempre tenían un grupo de leones hambrientos que devoraban lo primero que encontraban, pero cuando arrojaron a Daniel, los leones justo ese día habían declarado ayuno. Lo cierto es que el ángel del Señor les tapó la boca.

Toda persona que asume un gran compromiso con Dios, El a su vez, asume un gran compromiso con esa persona. ¡Los leones no lo tocaron! Tan impresionante fue que el rey Nabucodonosor hizo un decreto mandando a que todos honren y den gloria al Dios de Daniel y esto fue publicado en todo el imperio babilónico. ¿Tú quieres tener el respaldo de Dios? ¿Cuánto te juegas tú por Él para que te respalde así como lo hizo con Daniel? A quienes están endeudados pagando sus casas, Dios no les va a pedir que vayan a otro lado a predicar el evangelio porque hay que saldar la deuda. La Biblia dice que quien pide prestado es esclavo del que presta, así que esa persona es esclava de la deuda y no puede decirle a Dios que se la juega por Él. En todo caso le dice como el joven que quería enterrar a su padre antes de seguir a Jesús: “Deja que pague la deuda y cuando lo haya hecho yo te voy a seguir”. ¡Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia!

¿Qué interfiere al momento de decidir que la prioridad de tu vida tiene que ser Dios? ¿Cuánto vale tu deporte, tu trabajo o tu familia? ¡Nada vale más que tu compromiso con Dios! Ese es el tipo de trato que el Señor acostumbra. Daniel le dijo al eunuco: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas”. Tenían una gran variedad de carnes y otras exquisiteces de las que Daniel y sus amigos quisieran, pero prefirió comer legumbres como garbanzo, lentejas, porotos, etc. “¿Y cómo lo quieres?” le pregunta el jefe, y Daniel le dice: “Hervidito nomás”. “¿Y con qué vino lo va a acompañar?” “Con agua nada más”. El jefe de los eunucos vio que el rostro de Daniel y sus amigos eran mejores que el de todos los demás que comían de la porción del rey y decidió darle lo que él había pedido porque Daniel honraba a su Dios y no estaba dispuesto a contaminarse con la comida del rey aunque fuera una exquisitez, porque no quería pecar contra Dios.

Al final de tres años dice la Biblia que el rey los examinó a todos y entre cientos de jóvenes Nabucodonosor no encontró a nadie más sabio y más inteligente que Daniel y sus amigos. Cuando alguien asume un gran compromiso con Dios, Dios asume un gran compromiso con esa persona. Tú te quejas que Dios no te contesta; otro dice que si le muere la abuela se muere con ella. Al parecer la abuela es más importante y que no se le muera porque si no, ese cristianito no sirve más. “¡Le pedí a Dios que no se la lleve y se murió!” Queda enojado, bloqueado y con su corazón frio porque su abuela valía más que Dios. El trabajo, los hijos, la casa son cosas que se ponen como prioridad antes que Dios y Él te demanda que tomes una decisión firme por el reino de los cielos. ¡No juegues más al cristianito! Pídele perdón al Señor porque tú cantas y levantas las manos diciendo: “Lo más importante eres tú” ¡No me mientas!, te dice el Señor. ¡Yo no soy lo más importante para ti!

CONCLUSIÓN

Que el Espíritu Santo te toque y te demande lo que la palabra de Dios te dice hoy. Tienes que hacer un pacto serio con Dios; decide si le vas a servir o no y si ha llegado a ti este mensaje quiero decirte que estás en el horno, mejor te hubiera sido no escucharlo. ¿Te demanda tu trabajo o tu familia más que Dios? ¿Te demandan tus deudas más que Dios?

Ojalá puedas declararle al Señor sinceramente: “Amo tu presencia más que a nada en este mundo, sólo quiero escuchar tu voz; amo tu presencia más que a nada en este mundo, lo más importante eres tú”. ¿Te puede mandar a otra nación Dios? ¿Puede hacer lo que quiera contigo? Satanás le dijo a Dios: “Ese Job te ama por todo lo que le has dado; tú lo has bendecido por todos lados. Le has dado familia, ganado, casa y riquezas, por eso él te ama. Pero si le quitas todo ya no te amará más”. Y Dios se la jugó por Job diciéndole: “Job me ama no por la bendiciones que le he dado sino que me ama a mí”. ¡Dios es más importante que todas las bendiciones! Le dio permiso a satanás para que tocara todo lo que Job tenía salvo su vida, y le toco a los hijos ya que todos murieron y perdió todos sus bienes, mas dice la Biblia que Job no atribuyó a Dios despropósito en todo lo que estaba viviendo. Él declaró: “Yo sé que mi redentor vive” A veces me he sentido como Job aunque no perdí a mi esposa ni a mis hijas. El compromiso de Job con Dios era firme y estaba por encima de todas las bendiciones que el Señor le había dado. ¡No ames a Dios porque te dio una casa! ¡No lo ames porque te dio a tu cónyuge y a tus hijos! ¡Amalo porque es Dios! Lo más caro y lo más precioso no es lo que Dios te ha dado sino que es Dios mismo.

Haz un trato con Él y dile: “Señor, aunque pierda todo, si te tengo a ti, tengo todo lo que necesito”. El Espíritu Santo te dice: “Tú eres una de esas personas que se ha estado engañando a sí misma creyendo que eres una gran cristiano pero no es así porque no me has dado tu vida y no me pusiste a mi como la prioridad de tu existencia. Yo te demando hoy que me pidas perdón y me consagres tu vida. Quiero que hoy firmemos la escritura; tu corazón dejará de ser tuyo a partir de hoy y comenzará a ser mío. Ya no manejarás tu corazón porque a partir de ahora lo haré yo y yo tomaré las decisiones, no tú”.

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