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MENSAJES DEL CIELO

REAFIRMA LOS FUNDAMENTOS DE TU FE

REAFIRMA LOS FUNDAMENTOS DE TU FE

A 500 años de La Reforma

 

INTRODUCCIÓN

Dijo Jesús: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24 y 25). La clave para tener una casa firme es edificarla sobre la palabra de Dios. También declaró Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Ha pasado el romanticismo y otros movimientos culturales; todo pasó hasta llegar al post-modernismo, luego arribó otro nuevo movimiento llamado híper modernismo en el que se dice que ya no hay identidades sexuales. Este movimiento afirma: “Sexo no; equidad de género, igualdad entre el hombre y la mujer”. Y este pensamiento no se detiene sino que va cambiando rápidamente. Entonces han decidido que existen cinco identidades sexuales, aunque hoy ya van por ciento veinte. Y ya hay quienes dicen que es una falacia lo de las identidades sexuales; simplemente, hay que hacer lo que a uno se le da la gana y no ponerle nombre a nada. Híper modernismo, eso es el invento del hombre. Nunca vas a estar saciado, porque cuando llegas a la verdad o cuando alcanzaste aquello que te decían que era lo correcto, se te escapó. Pero Jesús dijo: “Mis palabras no pasarán”.

Quiero hablarte acerca de la Reforma Protestante de la que han pasado quinientos años. Y quiero hacer referencia a los cinco fundamentos doctrinales de la iglesia reformada. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la Reforma Protestante? Hoy aprenderemos de ello.

HISTORIA DE LA REFORMA PROTESTANTE

Hoy estamos viviendo en la revolución más grande que hubo después de la resurrección de Cristo, y esa revolución tuvo lugar en el año 1517. En ese tiempo se desarmó la estructura de fe, se desarmó la relación entre la iglesia católica y los reyes que eran católicos; se cambió la manera de ver las cosas, la ciencia se aumentó sensiblemente, se abrieron universidades muy famosas. Ocurrió un cambio extraordinario en el mundo a partir de la reforma, porque cambió todo en lo cultural, en lo político y en lo religioso.

Nosotros estamos viviendo en un período que comenzó hace quinientos años y todavía está afectando al mundo. Los fundamentos doctrinales que tenemos los evangélicos y los protestantes, no nacieron en la reforma, sino que fueron re alumbrados en ella. Cosas que nos parecen comunes, no eran muy comunes en aquel tiempo, como por ejemplo, la declaración de Jesús cuando dijo: “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”. Hoy predicamos libremente en un idioma que entendemos los cristianos, pero en aquel entonces, la iglesia católica oficiaba la misa en latín. ¡Nadie entendía nada! En aquel tiempo nadie tenía Biblia porque estaba prohibido; es más, cuando encontraban una Biblia, la quemaban ya que los únicos que podían tenerla y estudiarla eran las personas del clero designadas para ello. A Lutero le asignaron una cátedra de teología bíblica, por lo que él tuvo libre acceso a la palabra de Dios. Yo me crié escuchando mensajes que decían: “El hombre prudente es aquel que edifica su casa en la palabra de Dios”. Eso, en la época de Lutero no se escuchaba. Sólo el clero podía interpretar la Biblia, sólo el papa tenía la verdad. Las enseñanzas estaban compuestas por lo que se llama, la tradición romana. La misma refiere a un compendio de normas, de dogmas, o bulas papales; y el concepto señala que el papa era el vicario de Cristo, el representante de Cristo en la tierra. Y la relación que había entre el papa y los gobernantes de las naciones, constaba en que el papa le cedía al rey el derecho de gobernar en la tierra, porque la autoridad divina había sido dada al papa, y éste, al gobierno humano; podemos decir que todo el planeta estaba gobernado por la iglesia y el papa, y los reyes reinaban por un acuerdo con el papado.

Lutero era hijo de un campesino acomodado, quien tenía una industria de fundición de cobre; y el papá se propuso que su hijo fuese abogado. El padre de Lutero era sumamente violento y exigente, tanto que no había nada que pudiera hacer Lutero para agradarlo. Hay muchos casos de hijos que tratan de agradar a su padre pero nunca lo logran. Tanto le exigía, que Lutero sentía bronca por su padre. No obstante, permaneció sujeto a él y le obedeció en cuanto al estudio. En cuanto a Dios, Lutero pensaba que éste era injusto. Pero ocurrió una vez, cuando fue a visitar a sus padres, que iba por el bosque y se desató una gran tormenta, entonces cayó un rayo cerca de él y lo tiró de su caballo. Lutero cayó al suelo aterrorizado creyendo que se moría ahí mismo, entonces clamó a Santa Ana y le dijo: “Si me salvas voy a ser monje”. Entonces vendió todos los libros que tenía, dejó de estudiar y se dedicó a cumplir la promesa que le había hecho a Santa Ana.

Años más tarde declaró que no entró a ser monje por su devoción a Dios ni por amor a Él, sino que lo hizo porque había hecho una promesa y él era un hombre de palabra. Así como cuando se dedicó a estudiar y decidió ser un buen estudiante, se dedicó a ser un buen monje. Ahora, Lutero tenía un problema; él quería estar bien y en paz con Dios, entonces se fue a vivir a un monasterio. Allí debía confesarse, y lo hacía hasta tres veces al día. Cuenta la historia que a veces se confesaba seis horas sin parar y los curas ya no sabían qué hacer con él. Pero Lutero quería estar limpio delante de Dios y satisfacerlo.

Como intentó satisfacer a su padre y nunca lo consiguió, ahora quería satisfacer a Dios pero no lo lograba. No conseguía tener paz. Había un paralelo entre la relación con su padre y su relación con Dios. En el monasterio hacía largos ayunos y se laceraba el cuerpo para mutilar su carne y se vivifique la obra espiritual dentro de él. Tanta era su lucha que se peleaba con Dios y le decía: “¡Contigo no se puede!” Ahora, Lutero era muy inteligente y tenaz, pero no podía lograr el perdón de sus pecados y es por ello que se examinaba qué pensamientos tenía, qué había mirado, qué cosas le habían molestado; se confesaba todos los días y sus confesiones no eran de quince minutos sino de horas. Así que al líder del lugar donde Lutero vivía se le ocurrió mandarlo a estudiar teología a ver si ocupaba un poco la mente. Y se doctoró en teología y llegó a ser profesor en una universidad. En las universidades se estudiaba teología, música y ciencias. Pero el tener un doctorado no le satisfacía, y no le daba paz; no encontraba solución para su vida.

Pero comenzó a leer la Biblia y en un momento vino luz a su vida y comenzó a entender que nunca iba a conformar a Dios con nada que él pudiera hacer. Comenzó a entender principios bíblicos que no estaban claros o no se conocían. Por ejemplo, le decían que tenía que hacer una peregrinación y él la hacía, y si recitaba tantos Padre nuestro o tantos Ave María sería más fácil entrar al cielo. Además, había una doctrina en la iglesia católica que aún se aplica y es que los muertos van al purgatorio. Ese es un lugar donde se van después de morir y donde tienen que esperar si se van al cielo en algún momento o al infierno. Entonces se enseñaba en la iglesia católica que había que hacer misas por los muertos para sacarlos del purgatorio, y cobraban por ello. Si el muerto valía mucho, más cara la misa. También había toda clase de venta de cosas. Le decían que él también podía hacer salir a un pariente del purgatorio si hacía méritos. Se vendían santitos, toneladas de astillas de la cruz de Cristo y le decían que si compraba la astilla de la cruz de Cristo, mejoraba su condición para entrar al cielo. Había santos de toda clase; estaba el santo para ponerse de novio, para que no te faltara el alimento, para conseguir trabajo, y se vendían sus estatuitas.

Un día mandaron a Lutero a Roma a solucionar un problema del monasterio donde él vivía, y él soñaba con pisar la ciudad santa de Roma. Estaba entusiasmado porque iba a conocer a los hombres santos de Dios, pero se encontró con la sorpresa de que éstos eran tremendos obesos que comían y bebían. ¡Se encontró con un panorama terrible! Cuando vio todo eso, se decepcionó de Roma. Los curas tenían hijos, las prostitutas se les ofrecían, y encontró que todo era un negocio infame. La iglesia católica en ese tiempo era una iglesia pervertida. Tanto que cuando le preguntaron al papa Francisco acerca de Lutero y la reforma, él respondió: “Lutero fue un reformador en un momento difícil y puso la palabra de Dios en manos de los hombres. Tal vez algunos métodos no fueron correctos, pero si leemos la historia vemos que la Iglesia no era un modelo a imitar: había corrupción, mundanismo, el apego a la riqueza y el poder”[1].

Lutero volvió decepcionado de Roma y comenzó a oponerse a la avidez de dinero y a los placeres carnales del clero. Pero él no quería producir un sisma en la iglesia católica, no quería dividir. Lutero era un reformador y esta palabra no era mala. Las personas que querían cambiar algo en la iglesia católica, dejaban preguntas o consejos en las puertas de las catedrales, y un 31 de octubre de 1517 Lutero colgó noventa y cinco tesis en la puerta de la catedral que le correspondía a él. Y esas tesis atacaban muchas creencias arraigadas en la iglesia, como por ejemplo, las indulgencias. ¿Qué eran las indulgencias?

El papa de ese entonces quería construir la capilla Sixtina entre otras cosas más, pero no tenía suficiente dinero. A él le gustaba el arte y convocó a los mejores artistas del mundo. Entonces ideó un programa de marketing para vender indulgencias. Éstas eran bulas papales, a través de las cuales se le concedía el perdón de los pecados a tal persona por todo lo que hizo desde ese momento para atrás. Y esa bula tenía determinado valor. Y como la gente quería el perdón de sus pecados, la compraba. Llegaron incluso a revenderse las bulas. Se les daba a los reverendos un paquete de bulas y se les cobraba cierta cantidad de dinero, entonces éstos les ponían otro precio y las revendían. Uno de ellos había puesto una frase en la alcancía donde se colocaba el dinero de la venta de bulas, que decía: “En el momento en que la moneda toque el fondo de la alcancía y se sienta el ruido, en ese instante son limpios los pecados”.

Si compraban una bula más valiosa, todos los parientes que estaban en el purgatorio, como por arte de magia se iban al cielo. ¡Había una corrupción terrible! Y Lutero se enojó mucho. Era un hombre muy impulsivo; hasta llegó a enojarse con el papa. En ese tiempo enojarse con el rey o con el papa, y el papa era más que el rey, corría el riesgo de que le cortaran la cabeza. Si el papa ordenaba al rey a cortarle la cabeza a Lutero, el rey debía hacerlo porque los monarcas estaban bajo la autoridad del papa.

Lo cierto es que un día se le iluminó la mente a Lutero. ¿Cómo? Leyendo la Biblia. Nadie tenía Biblia en ese tiempo, hoy cualquiera puede tener una, pero llena de polvo. Hoy cualquiera tiene una Biblia, pero no todos la aman. No todos aman la palabra de Dios y no todos se aferran a ella, y eso es muy triste. Lutero toda su vida había querido cumplir con Dios y hacer las cosas bien pero no estaba convencido de haberlo logrado. Lutero declaró que si alguien tenía que ir al cielo por los ayunos y las confesiones que hizo, debía ser él. Pero no tenía paz. Él se dedicó a predicar lo que la palabra de Dios decía.

La iglesia romana tenía y tiene aún dos fuentes de revelación divina, una es la palabra de Dios, la que nadie podía leer porque sólo el clero la podía interpretar, así que había que ir a preguntarle al cura y a los obispos acerca de cosas de la vida y ellos decían que sí o que no, pero nunca mencionaban la palabra de Dios. Y la otra fuente que tiene la iglesia católica es la tradición romana. Ésta consiste en doctrinas y dogmas que vienen de la historia romana. Por ejemplo, la asunción de la virgen, y esto no es algo que está en la Biblia, es una doctrina de la tradición romana. Otra doctrina es la inmaculada concepción de María. Ellos enseñan que María nació sin pecado, y según la Biblia todos nacemos en pecado. Y le dieron el título de madre de Dios y corredentora. Usaban argumentos racionales: ¿Cómo iba a nacer Cristo puro si la madre no era pura? ¿Qué era más milagroso entonces, el nacimiento de Cristo o el de María? El de María. Esas y muchas otras cosas más componen la tradición romana.

Lutero comenzó a apegarse a la Biblia hasta que llegó a tener una convicción absoluta de que la Biblia era la revelación máxima de Dios y la autoridad máxima, más que el papa, que el rey y la iglesia. Y el concepto en esa época era que el papa estaba por encima de las escrituras, esa era la doctrina de la infalibilidad papal, lo que le daba el derecho de estar por sobre la palabra de Dios y las doctrinas de la iglesia. Una vez un papa bajó de un plumazo a más de cien santos, que otro papa había santificado. Yo era muy chico, pero lo recuerdo bien; bajaron una cantidad de santos. Y se va a armar si el papa Francisco le anula o retira la excomunión a Lutero. Un papa lo excomulgó y ahora otro papa le quitará la excomunión.

5 FUNDAMENTOS DE LA REFORMA PROTESTANTE

Hay cinco puntos llamados las “Cinco Solas”, que son el fundamento de nuestra fe. Como nosotros vivimos con esas creencias, no las consideramos importantes, pero después de lo que conté acerca de Lutero y la iglesia católica, te darás cuenta que se trata de  fundamentos extraordinarios. Las cinco solas son cinco fundamentos que surgieron en la Reforma. Estos son: Sola Scriptura, Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus y Soli Deo Gloria. Son cinco fundamentos doctrinales inamovibles respecto de los cuales debemos tener conocimiento, los cuales Lutero descubrió como un tesoro y te aseguran el perdón de tus pecados y la salvación eterna.

Sola Scriptura significa solamente la escritura o solamente la palabra de Dios. Lutero tuvo que luchar para erradicar las tinieblas de su entendimiento y de los que le seguían a él; tuvo que luchar para llegar a entender que no había otra autoridad superior a la palabra de Dios, y que el poder y la verdad estaban en ella. Y que si tenía que caer el papa así debía ser, pero la palabra de Dios para él era inamovible. Lutero llegó a entender lo profundo que era lo que había declarado Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

Sola Fide significa, sólo la fe. Solo las escrituras salvan, solo la fe salva.

Sola Gratia: La salvación es sólo por gracia. Lutero llegó a la conclusión que la salvación, el perdón de los pecados y la vida eterna eran un regalo. La gracia es un regalo, es un don inmerecido. Y Lutero descubrió que no se trataba de hacer algo para alcanzar el perdón y la salvación, sino que tenía que creer y recibir la gracia. Descubrió que Cristo había cumplido en la cruz del calvario con la condena que tenía sobre sí.

Solus Christus: Jesucristo es el Salvador del mundo. Hoy es fácil de entenderlo, pero, ¡lo qué costó que se entendiera en aquel entonces! Se enseñaba también que si no pertenecías a la iglesia católica no tenías perdón de pecados y no ibas a entrar al cielo, y que si no te sometías a las bulas papales y a la iglesia no alcanzarías la salvación. También hablan lo que sufrió la virgen María juntamente con Jesús, lo cual la hizo corredentora, lo que significa, según la iglesia católica, que Cristo no es suficiente. Lutero descubrió que Cristo es suficiente y no necesitaba de la iglesia, del papa y de la virgen, ni siquiera de las indulgencias. Cristo no necesita de nuestros ayunos para otorgarnos salvación. ¡Él es suficiente! Los protestantes y los evangélicos decimos que Cristo es nuestro único y suficiente salvador.

Soli Deo gloria significa, sólo a Dios la gloria. Si yo pudiera hacer algo para convencerlo a Dios de mi santidad, si logro hacer cosas buenas, entonces me corresponde un poco de gloria. Si logro poner en la balanza más obras buenas que malas y así poder ir al cielo, entonces la gloria no es de Dios sino mía. Ahora, si Cristo salva, si su sangre me limpia de todo pecado, si el Espíritu Santo llena mi vida y hago buenas obras por el Espíritu que mora en mí, ¡Dios se merece toda la gloria!

¿Son las escrituras suficientes para la salvación o se necesita otro aditamento? ¿Yo puedo encontrar en la Biblia todo lo que necesito para tener paz con Dios, para el perdón de mis pecados y para obtener la vida eterna, o se necesita algo más?

Corredentores: La virgen María fue nombrada corredentora, reina del cielo, entre otros títulos. Nosotros no estamos en contra de la virgen ni le quitamos mérito, pero no le damos más de lo que Dios le ha asignado. Leemos en Lucas 1:46 al 48: “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones”. María era una simple mujer, no era inmaculada, y en este pasaje habla de Dios su salvador, el que la salva de sus pecados. María era una mujer humilde de corazón, pero no corredentora ni santa.

Mediadores: Una vez fui a visitar a una de mis tías que no conocía y cuando llegué a su casa tenía una grutita chiquita que muchos tenían en sus casas, donde había una foto y una vela encendida. Cuando le pregunté qué era eso, me respondió que la foto era de una tía de ella que se había muerto y le prendía una vela. Ella le pedía cosas a su tía. Como yo era evangélico le pregunté si no era suficiente con pedirle a Cristo, a lo que me respondió: “No, a Cristo no le pido nada porque nunca me ha contestado. En cambio, mi tía me responde enseguida”. En la iglesia católica todos los santos son mediadores. Y Lutero leyó en las escrituras que no hay mediador más que uno solo, Cristo.

Penitencias: Consistía en una serie de actos, como por ejemplo, períodos de ayunos, encierros, con el objetivo de recibir la absolución de los pecados. Lutero vivía haciendo ayunos porque quería estar bien con Dios. No olvidemos que tenía un trauma con su padre y eso lo proyectaba en Dios. El confesó que le decía a Dios, “contigo no se puede”, y lo insultaba. Había hecho más penitencias que todos los monjes, rezaba más que los demás y se confesaba más que los otros, pero no tenía paz. Anteriormente mencioné las indulgencias. Otra tradición de la iglesia romana eran las reliquias; consistía en la venta de astillas de la cruz de Cristo, que obviamente no era verdad. Y por último estaban las peregrinaciones. Lo que Lutero encontró era que sólo en la palabra de Dios había suficiente luz para alcanzar la salvación sin ningún otro aditamento.

Lutero encontró pasajes como los que se encuentran en 2ª Timoteo 3: 16 y 17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. ¿Qué significa que es útil para enseñar? Si tú no sabes nada, la escritura te puede enseñar todo. Redargüir es algo así como advertir. Y cuando ya te torciste, la palabra de Dios te corrige y te endereza. También te instruye en justicia, o sea, cuando tú eres injusto en cualquier cosa, en la palabra de Dios aprendes justicia. La Biblia sirve para que el hombre de Dios sea perfecto. Y si por la palabra de Dios llega a ser perfecto, ¿qué otra cosa necesita? Sólo la escritura; con la palabra de Dios no necesitas ninguna otra enseñanza fuera de ella, con ella llegas a ser perfecto y enteramente preparado para toda buena obra. Cuando Lutero descubrió ese tesoro, se maravilló de que ya no necesitaría al papa porque la Biblia le podía enseñar, pero las misas se oficiaban en latín, y diligentemente trató de que la Biblia fuera traducida en el idioma del pueblo porque pensó que la gente vulgar debía conocer la palabra de Dios.

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16 y 17). Lutero leyó que en el evangelio estaba el poder de Dios para salvar y no en la iglesia. Si no tienes el evangelio incorporado, la iglesia no te salva porque la iglesia no tiene poder para salvar, mas el evangelio sí. Otros pasajes bíblicos que descubrió Lutero: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

Lutero podía tener acceso a la Biblia porque era profesor de teología. La palabra de Dios alumbra y alumbra cualquier cosa. Lutero había visto a curas cometer pecado y él se enloquecía buscando la santidad. Dijo Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Los discípulos creían que Jesús era el Mesías y el Salvador. ¿De dónde se afirmaban los discípulos acerca de esa creencia? Jesús les dijo que escudriñaran las Escrituras; eso significa, expriman las Escrituras, apréndanla, léanla. En otra traducción de la Biblia dice: “…vosotros estáis convencidos que en las Escrituras tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mi”. La palabra de Dios da testimonio de Cristo. Ella es la que te convence de que Jesús es el Mesías.

Llegó un momento en que Lutero hizo un alboroto tan grande que el papa ordenó al emperador Carlos V que lo hiciera arrepentirse de todo lo que divulgó ya que escribió muchos libros y enseñó acerca de lo que iba descubriendo. Lutero creía que estaba haciendo algo bueno; que iba a introducir un tiempo de bendición en la iglesia católica pero el clero y el papa se endurecieron. El emperador, en obediencia al papa, conmina a Lutero a presentarse en una asamblea llamada “Dieta de Worms”. Ahí estaban las autoridades de la iglesia y los príncipes de los imperios, quienes culpaban a Lutero acerca de lo que estaba divulgando y de haberse levantado contra el papa y contra la iglesia.

El proceso era largo; allí le hacían muchas preguntas y él contestaba, pero ellos decían que no estaba respondiendo lo que le preguntaban, y Lutero les decía que había escrito muchas cosas y no sabía bien de qué se tenía que retractar. Había cosas que escribió que eran pura doctrina de fe de la iglesia. Le insistían en que se retractara de todo lo que había escrito y enseñado. Se dice que cuando se vio presionado pidió que le dieran dos días y luego de dos días volvieron a reunirse esperando que se retractara. Entonces Lutero responde: “Solo que me convenzan por medio de la Biblia y no por Papas y concilios, que a menudo se contradicen entre ellos. Mientras no me convenzan de que hago mal, estoy obligado a creer en los textos de la Biblia. Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Ir contra la conciencia no es bueno ni es justo. Por eso yo no puedo y no quiero retractarme. He dicho. No puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.”

Esa no retractación significaba la muerte. Se había convertido en un hereje. La iglesia era la máxima autoridad y levantarse contra la iglesia era una sedición, y no sólo eso, sino que se levantaba en contra del soberano. El rey estaba sometido al papa. Al mismo tiempo, había condicionantes políticas, sociales, etc. que ayudaron a la Reforma: Los reyes estaban un poco hartos de las exigencias del papa y de los impuestos de la iglesia, y muchos príncipes comenzaron a ver con simpatía a Lutero y a otros reformadores, porque los había por todos lados. Comenzaron a surgir reformadores en Suiza, en Francia, etc. Y el más famoso e importante fue Lutero, de donde surgió la iglesia luterana. En Inglaterra surgió la iglesia anglicana y otras más, que eran protestantes. Los reyes, pues, se comenzaron a levantar contra la autoridad del papa. Así que no estaba solamente el aspecto teológico sino que había otros aspectos políticos, económico, etc.

Previo al encuentro con el soberano del imperio, Lutero había dicho que no quería ir, pero el emperador le dio un salvoconducto y le prometió que no lo iba a matar. De todas maneras, necesitaba recibir la orden del papa para saber lo que iba a hacer con él. Pero cuando Lutero no se quiso retractar, ya todos lo daban por muerto. Cuando volvía a su ciudad, lo raptaron y se lo llevaron a un castillo. Entonces había una gran incertidumbre porque desapareció. En el tiempo en que estuvo en ese castillo, tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán y comenzó a divulgarlo. Eso fue una novedad. Décadas antes, Gutenberg inventó la imprenta. Tampoco se podía difundir la Biblia porque había que copiarla, pero cuando Lutero dijo que había que publicarla en el idioma del pueblo, la imprenta la podía imprimir y multiplicar. Así que los alemanes comenzaron a leer la Biblia y los corazones comenzaron a ser transformados. Se vivía en una época de la historia que se llamaba oscurantismo, pero cuando la palabra de Dios empezó a circular, llegó la luz.

¿Justicia por la fe o justicia por cumplir la ley? ¿Qué tengo que hacer para tener paz con Dios? ¿Qué tengo que hacer para ser declarado justo? Y surge la doctrina de la justificación. O sea, ¿cuál es la causa por la cual Dios puede declarar a una persona injusta, justa? ¿Por la fe o por ser bueno? ¿Por la fe o por cumplir con la ley? Lutero se había criado en un ambiente en el que tenía que hacer de todo para ser santo. Entonces va a la Biblia y lee en Gálatas 2:15 y 16: “Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”.

Los judíos tenían el mandato de cumplir la ley y ésta tiene tantas exigencias que ni el más santo la puede cumplir. El mundo gentil era idólatra, pagano, tenían muchas mujeres, eran pervertidos, en cambio, los judíos guardaban la ley, practicaban el sábado, estudiaban la palabra de Dios. Los gentiles a los que se refería el apóstol Pablo en ese momento, eran los griegos con toda su cultura griega. Éstos tenían muchos dioses, como, por ejemplo: el dios del vino, la diosa de la fertilidad; había dioses para todo. Los judíos miraban a los gentiles y decían que estaban tomados por el diablo; sólo ellos creían en el único Dios verdadero. Y su ley era: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” Se veían santos a sí mismos en comparación con los gentiles. Por eso el apóstol Pablo les escribe a los gálatas; Galacia era de los gentiles. Entonces les dice: “Nosotros, los judíos…” Pablo descubrió lo mismo que Lutero, que el hombre no es justificado por las obras que hace cumpliendo la ley, sino por la fe en Jesucristo. Lutero se había rezado todos los Padre nuestro y los Ave María que se podían rezar, e hizo todas las peregrinaciones que se podían haber hecho. Había dado todas las limosnas, etc. Y ahora lee que ningún hombre es justificado por las obras de la ley. Nadie podrá hacer algo para dejar satisfecho a Dios. Recordemos que Lutero nunca dejó satisfecho a su padre. Ahora tenía el mismo problema con Dios, pero descubre que el Padre lo amaba y que no hay nada que él pueda hacer porque lo hizo todo Jesucristo en la cruz del calvario.

¡El libro de Romanos también cautivó a Lutero! Y encontró en Romanos 3:21 que decía: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. ¿Cómo se cumple la justicia de Dios o la ley de Dios? Cristo la cumplió por nosotros; nosotros somos desobedientes, mas Cristo fue obediente. Nosotros pecamos, mas Cristo no pecó. Nosotros no nos humillamos, mas Cristo se humilló. Se trata, no de humillarte tú, sino que la humillación de Cristo es un regalo de Dios para ti. La obediencia de Cristo es un regalo de Dios para ti, el perdón de los pecados es un regalo de Dios para ti. O sea que, lo que tienes que hacer es creer en Cristo.

Tú has querido estar bien con Dios, pero no has podido librar tu conciencia ni decir que eres bueno, y el que cree que es bueno es un tonto. La justificación es para todos los que creen; la justicia de Dios es para los que creen. ¡Eso fue un descubrimiento extraordinario para Lutero! Él quería perdón y paz, pero no la conseguía por ningún medio. Lo mandaban a rezar, a hacer ayunos, a lacerarse, etc., y ahora descubre que no tiene que hacer nada de eso porque el perdón, la paz y la justificación es para los que creen en Jesucristo.

Leamos Gálatas 3: 6 y 7: “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham”. Lutero descubrió lo mismo que descubrió Pablo, algo que sucedió unos cuatrocientos cincuenta años antes de que se promulgaran los diez mandamientos, la ley, en el Monte Sinaí, en el desierto. Ya Dios había tenido tratos con Abraham, con Isaac y Jacob. Y no tuvo tratos con ellos mediante la ley, sino por la fe; y creyó Abraham al Señor, y le fue contado por justicia. El apóstol Pablo descubrió que los verdaderos creyentes son los de la fe de Abraham porque ya Dios lo había declarado justo por su fe. Así que, ¿qué es la ley? Es el testimonio de que nadie puede cumplir con Dios; es el testimonio de que no hay ninguno que pueda ser salvo porque ha infringido alguna norma. Por eso dijo el apóstol Pablo que puso a todos bajo pecado para que no sean salvas las personas por mérito propio sino por los méritos de Cristo.

“De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3: 9 al 11). Lutero pensó que estaba bajo maldición; él quería cumplir la ley y satisfacer a Dios y su palabra dice que está bajo maldición. Le decían que debía rezar más, que debía comprar más reliquias e indulgencias, etc. Lutero descubrió un tesoro en la palabra de Dios. El leyó eso y creyó, y por primera vez durmió en paz. El día que Lutero creyó, ese día, sus pecados le fueron perdonados. A nosotros nos resulta mucho más fácil porque hace quinientos años que se predica este bendito evangelio, y desde ese entonces tenemos acceso a la palabra de Dios. La Biblia es el libro que se tradujo a más idiomas en todo el mundo. Y todos los días se predica el evangelio de Jesucristo. Pero en el tiempo de oscuridad que vivió Lutero esto era oro en polvo. Ya el Antiguo Testamento, en Habacuc 2:4, declaraba que el justo por la fe vivirá, o sea, tendrá vida por su fe y no por hacer las obras de la ley.

Romanos 5:1 y 2 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. Justificados significa, declarados justos. ¿En qué estamos firmes? ¿En las buenas cosas que hemos hecho? ¡No! Estamos firmes en la gracia: SOLA GRATIA. El diablo te acusa de que has hecho cosas malas, pero tú hazle recordar que estás en la gracia. El favor de Dios es sobre ti; has creído y la justicia de Dios te ha sido revelada, no la has producido tú. Por eso, SOLI DEO GLORIA, sólo a Dios la gloria.

CONCLUSIÓN

Los evangélicos y los protestantes somos poco agradecidos. Lutero y otros más estaban dispuestos aun a perder la vida por esto y me estremece pensar en las palabras de Lutero: “Mi conciencia está sujeta a la palabra de Dios. A menos que me convenzan por la Biblia, no por papas, no por bulas ni razonamientos. Convénzanme por la palabra de Dios. No puedo traicionar mi conciencia. No puedo retractarme de lo que he creído”. ¡Lutero tuvo una convicción profunda!

Todo lo que tienes que hacer es recibir el perdón de tus pecados por la fe; todo lo que tienes que hacer es creer que el Espíritu Santo va a tomar tu vida y cambiará tu historia. Tú no harás nada bueno para Él, pero Él vendrá y hará que tú produzcas sus frutos. Tus obras serán buenas por cuanto Dios ha derramado su gracia sobre ti y no porque tienes fuerza y valor para hacer lo bueno. No es lo que tú produces, es lo que Dios produce en ti. Cuántas veces has querido dejar de pecar y no has podido porque eres débil. Te has apartado de la gracia y por eso pecaste. Pídele perdón al Señor porque te creías fuerte para llevar la vida cristiana, pero descubriste que eres débil.

Y ya no tienes que confiar en ti sino en el Señor porque Él es tu fuerza y tu refugio. ¡El Señor es tu salvador!

“Padre, te queremos dar sólo a ti la gloria. Perdónanos por esas veces que nos sentimos incómodos y no estamos dispuestos a pagar el precio como Lutero. Te agradecemos profundamente el perdón de nuestros pecados; te agradecemos por tu misericordia, por tu palabra. Te agradecemos por la fe porque es un don tuyo, y por la gracia porque también es un regalo tuyo. Porque todo lo consumaste tú en la cruz del calvario. Gracias Jesús por tanto amor, amén”.

 

[1] https://elpais.com/internacional/2016/10/31/actualidad/1477931910_974787.html

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