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MENSAJES DEL CIELO

RECETA PERFECTA: ORACIÓN + AYUNO + ACCIÓN

INTRODUCCIÓN

Una puerta es un dispositivo que impide el paso de algo o de alguien; también podemos decir que impide la entrada de algo malo o la entrada de algo bueno. Y ese algo bueno pueden ser personas buenas, puede ser por ejemplo, medicamentos o alimentos. Todas las naciones tienen puertas, las instituciones tienen puertas. El corazón también tiene una puerta y entra lo que nosotros queremos que entre. En el corazón no entra el mal porque el diablo es malo; el mal que entra, es porque nosotros abrimos las puertas a través de nuestras codicias y deseos. Nosotros abrimos puertas a maldiciones y las cerramos a las bendiciones o abrimos puertas a bendiciones y las cerramos a las maldiciones.

¡Nosotros queremos que en nuestra nación se cierren determinadas puertas! Hay ideologías en nuestro medio, que no son “criollas”, autóctonas, sino que son extrañas a nuestro país; eso de destruir o deconstruir la familia está repercutiendo en toda las naciones y no es algo que pertenece a nuestra cultura sino que viene de afuera. No es algo que ha pensado algún gaucho tomando mate debajo de un ombú; son cosas nuevas que se introducen y entran por determinadas puertas que tienen que ver con el dinero y la economía, y que tienen que ver también con la debilidad de los gobiernos. ¿Por qué entra la droga a un país? Porque hay puertas abiertas. Ya no pensamos que la droga entra porque son muy vivos los narcotraficantes. El puerto es una puerta en un país, por ahí entran y salen personas. Por un puerto puede entrar un gurú que llega al país a dejar una maldición o alguna banda de música satánica, por ejemplo. Pero también por el puerto puede entrar un predicador del evangelio. Al puerto entran cosas y personas que se permiten que entren. Yo viajé recientemente a Buenos Aires y me encontré allí con el pastor Andrés que está encargado de la iglesia en la ciudad de San Juan y me alcanzó un bidón con aceitunas negras. Yo vine muy contento con el bidón de aceitunas y un bolso de mano; llego al puerto y pongo el recipiente y el bolso en la cinta de la aduana. Un funcionario me preguntó qué llevaba, yo sonriendo le dije que eran aceitunas y me mandó que abriera el recipiente; saco unas y me las como y le digo que eran aceitunas. En conclusión me dijo que no las podía entrar porque la ley no lo permitía. ¡¡¡No me dejaron entrar aceitunas, pero dejan pasar cada cosa!!! En las noticias sale luego que se encontraron toneladas de droga que entraron al país.

¿Cómo es la cosa? ¿Cuándo están abiertas las puertas y cuándo están cerradas? ¿Cuándo hemos permitido que entren determinadas cosas y cuándo hemos permitido que salgan determinados valores en nuestra vida? ¿Cuándo hemos dejado de apreciar la vida para matar el hijo del vientre? Al dejar de valorar la vida, hemos traído hijos rechazados y resentidos al mundo. Hemos traído hijos no deseados. No sé qué es peor, aunque creo que es peor matarlos. Pero cuando traemos esos hijos a los que se les ha tachado de hijos no deseados, lo que creamos, son hijos resentidos; criamos hijos que no han encontrado cabida en la familia ni en la sociedad por lo que han salido en busca de algo que llene el vacío de su existencia. Esas son ideas foráneas que vinieron de afuera. Leí que Estados Unidos estableció una política exterior de exterminio que tiene que ver con el aborto, y por ello, el gobierno le donaba a Planed Parenthood  quinientos millones de dólares anuales, la mayor organización abortista privada del mundo. Es una política de Estados Unidos con el fin de ayudar al desarrollo de las naciones y han llegado a la conclusión de que es mejor matar a los pobres, ya que ese es un grave contratiempo, porque éstos son los que más hijos tienen. Los pobres tienen más hijos que los ricos, por lo que multiplican la pobreza, ya que sus hijos tienden a ser pobres. Hay excepciones, pero la pobreza se multiplica, entonces para erradicar este flagelo, matamos a los hijos de los pobres. Esa es la idea principal, aunque no se puede decir así; debemos decir, libertad para todos, todos pueden abortar. Estas ideas no surgieron en Uruguay sino que vienen del exterior. Ideas que vienen de organismos como la ONU que recibe millones de dólares para su propósito.

CONFLICTOS PROVOCAN LA BÚSQUEDA DE DIOS

Leemos en Nehemías 1:1 en adelante: “Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado”.

Nehemías era copero del rey; era esclavo pero un esclavo acomodado, así como Daniel en Babilonia. Nehemías se encuentra en Susa capital del imperio persa, cuyo rey se llamaba Artajerjes. Los hebreos estaban cautivos hacía setenta años casi; estaban cautivos primero bajo el poder del imperio babilónico, después bajo el poder del imperio medo y por último bajo el poder del imperio persa. Parece que muchos de los hebreos que estaban en Babilonia fueron trasportados a Persia y allí fue a parar Nehemías quien era copero del rey. Habían pasado setenta años de haber sido despojados, de haber sido arrancados de su tierra; setenta años de olvido, de vivir en culturas distintas, con idiomas diferentes, con otras creencias y otros dioses. Pero había un remanente que esperaba en Dios y buscaba de Él. Uno de ellos era Nehemías.

Jeremías había profetizado que serían setenta años de esclavitud, y estaban llegando a su fin esos años. Pero los niños que habían salido cautivos de Jerusalén con un año de edad, ahora tenían setenta años, y los que habían salido con cuarenta o cincuenta años de edad ya no estaban, en tanto, los que se habían casado, habían formado su familia en la esclavitud. Así que lo que había era un recuerdo de ancestros que rezaba: “Nosotros venimos de Jerusalén, somos hebreos y creemos en el único Dios verdadero. El Dios Todopoderoso”. Y se había trasmitido algo de eso, pero, ya estaban afincados, tenían casas y bienes en la nación donde estaban cautivos. Era algo muy difícil pensar en movilizar una nación para que vuelva a su tierra. No sé a quién se le podría ocurrir semejante idea, máxime, sabiendo que los persas eran un imperio muy poderoso y ellos eran esclavos de los persas. Pero los judíos no tenían nada; no tenían ejércitos ni armas, y no tenían riquezas. No obstante, aquí comienza a gestarse algo importante. Así como vimos que sucedió con Daniel, ahora lo veremos con Nehemías. Hay circunstancias que provocan conflicto, que provocan cierta tristeza pero no cualquier tristeza ya que es una tristeza de parte de Dios, que lleva al creyente a orar y a ayunar.

Yo confieso que las oraciones más sentidas que he hecho en mi vida surgieron cuando estuve en situación de conflicto. Yo, con lágrimas le preguntaba a Dios: “¿Qué quieres de mí? ¿Cuál es tu voluntad? ¿Qué esperas de mí? ¿Por qué Señor yo tengo que estar viviendo esto? ¿Cuándo vas a hacer algo Dios mío? ¿Dé que sirve la vida si tengo que vivir como estoy viviendo?” En ese tiempo de conflicto surgieron las mejores oraciones y los mejores ayunos. En una oportunidad ayuné veintiún días sin comer nada. La crisis me llevó a un deseo profundo de buscar el rostro de Dios y de orar para que el Señor me mostrara su voluntad, para que se haga su voluntad  en la tierra como se hace en el cielo.

Nehemías se puso triste, se sentó y lloró; y comenzó a orar. Han pasado setenta años, pero él oró: “…confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado”.  Señor, lo que estamos viviendo no es culpa tuya sino nuestra. No venimos a ti confiados en nuestras buenas obras sino en tus muchas misericordias.

Cuando nos acercamos a Dios no lo hacemos para mostrarle lo lindos que somos o lo bien que hacemos las cosas. Nos acercamos a Dios para tocar su corazón, para que su misericordia se mueva sobre nosotros. “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, declaró David en el Salmo 51:17.

Nuestro corazón se entristece sobremanera cuando comenzamos a ver los grandes males que están sucediendo en el mundo, ciento de miles de refugiados, decena de miles de cristianos acribillados por amar a Cristo y creer en Él, millones y millones de dólares invertidos en guerras, en prostitución, en la promiscuidad de adultos con deseos sexuales hacia los menores; nos angustia ver cómo esos males están entrando en Uruguay o ya han entrado, cómo el poder de la droga sigue extendiendo sus garras, cómo se ha legalizado la marihuana, que tiene un 15 % más de tetrahidrocannabivarina que la marihuana que se conocía en los años 60 y 70, que consumían los hippies americanos. ¡Qué ponen a la venta en farmacias! ¡Parece un chiste esto! No te están vendiendo algo para curarte de algún mal; es una droga que se usa sólo por placer y que está legalizada para consumir por placer.

Esto es muy triste y tiene que generar una tristeza de Dios en nuestro corazón. Cuando vemos cómo se destruyen matrimonios y los hijos quedan a cargo de parientes o del INAU, o quedan en la calle, nos entristecemos… Cuando vemos que los jóvenes no tienen iniciativa para trabajar, ni siquiera para estudiar, pero están pensando todo el día cómo hacer para lograr una dosis más de droga. ¡Es tiempo de orar y de ayunar! ¡Es tiempo de lamentarse y de pedirle a Dios que toque las naciones! Perdónanos Señor, porque nosotros hemos dejado entrar los males en las naciones; no le hemos puesto freno, no le hemos cerrado las puertas a estos males. A los cristianos no nos ha interesado estar en política, ni estar en alguna función de gobierno o en esos lugares donde entran y salen maldiciones. Preferimos estar en casa tranquilos y gozar de los derechos y beneficios que nos dan las leyes, y gozar de los beneficios del evangelio. ¡Pero no hemos hecho nada por mejorar nuestros países! Es duro lo que digo y es duro entender que el mal no es tan grave por causa de los malvados sino por causa del silencio de los buenos. ¡Los buenos prefieren callar y pasar desapercibidos! ¡Los buenos no luchan y el mal avanza! Dios le dijo a Isaías: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Y él respondió: “Heme aquí, envíame a mí”. ¿Habrá alguien que diga: Señor, envíame a mí, yo voy a hacer lo que tú quieras?

CONFLICTOS PROVOCAN LA APARICIÓN DE PROYECTOS EXTRAORDINARIOS

Nehemías tenía tres características importantes; era un hombre de oración, hombre de ayuno y hombre de acción. Nehemías clamó a Dios y dijo: “Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo…”

Comenzó a dar vueltas en su cabeza la idea de que Dios podría hacer que el pueblo volviera a adorar en Jerusalén. Ese pueblo que hacía setenta años había salido de Israel, pensaba Nehemías que el Señor los podía hacer volver si les perdonaba los pecados, entonces oró, lloró y ayunó: “Señor, quizás tú quieras traer un tiempo de bendición a nuestra nación”. Él oró por los pecados de sus padres; oró por pecados de setenta años atrás. Una circunstancia pequeña, o sea, enterarse por su hermano que los muros de Jerusalén estaban destruidos y las puertas quemadas, lo que significaba que cualquiera podía entrar y saquear, lo motivó a buscar el rostro de Dios. Dios, que es bueno y misericordioso, comienza a hacer soñar a Nehemías con una idea muy loca; porque no es solamente volver a Jerusalén sino a una ciudad totalmente destruida. Eran puras rocas, no había casas ahí, los muros estaban derribados. ¿Dónde vivir si volvían? Entonces leemos en el capítulo 2 de Nehemías: “Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera”. Nehemías había orado, pero parece que no estaba esperando que surgiera una conversación de ese tipo con el rey. “Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?” Jesús dijo que nosotros somos la sal de la tierra y una de las características que tiene es la de conservar. Si le pones sal a los tomates, haces conserva de tomates y no se te echa a perder. Si pones sal a la carne obtienes charque, asimismo si le pones sal al jamón lo puedes tener años colgado que no se pudre. La sal tiene un poder conservador y Jesús dijo: “Ustedes son la sal de la tierra”.

Los problemas que hay en Uruguay así como en otros países, son generados por cristianos; no son generados por políticos. ¡El problema no está en los gobernantes sino en nosotros! Nosotros somos los conservadores de la nación y nos llaman así, porque creemos en aquellos valores que Dios enseñó y son valores eternos. Las verdades de Dios no cambian, no se deterioran y esas verdades conforman el fundamento de aquello que tenemos que edificar como sociedad. Mientras permanece el fundamento estable, la comunidad puede ser edificada. Pero si el fundamento no es estable, entonces la sociedad se resquebraja y se destruye. Los valores que están introduciendo en la sociedad vienen a revertir todo, a lo malo le dicen bueno y aquello que ha sido bueno en toda la historia de la humanidad, ahora dicen que es malo y tratan de establecer leyes que nos prohíban a nosotros creer lo que creemos y practicar lo que practicamos. Porque para ellos hay que deconstruir la familia y el matrimonio. ¡Y nosotros hemos permitido que eso suceda porque no hemos sabido ser la sal de la tierra! Nosotros hemos permitido que estas cosas entren en la sociedad porque no hemos querido cerrar las puertas; porque nos hemos negado a estar en lugares de gobierno o incursionar en la política ya que queremos tener una vida tranquila. Nosotros no hemos querido intervenir en la enseñanza y a nuestros hijos les están enseñando cualquier cosa.

En un instituto de enseñanza superior del Uruguay, un grupo de estudiantes que constituyen una organización dentro del lugar, propusieron hacer baños mixtos. Esto no lo plantean las autoridades sino jóvenes gay que están aliados a las autoridades. Un joven que asiste a la iglesia fue a uno de los baños y cuando salió se encontró con una chica. Para los heterosexuales han puesto baños en el sub suelo. Los jóvenes que representan al instituto, quienes comprenden un gremio de estudiantes, han promovido fiestas donde los varones debían ir vestidos de mujer, entre otras cosas. Cuando un chico se opuso a los baños mixtos lo escracharon y lo humillaron. ¡Y nos llaman a nosotros violentos y predicadores del odio! Ellos son los violentos y nos señalan a nosotros como tal. ¡Pero la culpa es nuestra! ¿Cuánto hemos orado y ayunado? ¿Y cuán dispuestos estábamos para hacer que esto no suceda en la nación? ¡Te pido perdón, Señor! Hemos estado demasiado tranquilos, no hemos hecho nada. No hemos levantado la voz ni predicado la verdad. ¡Perdónanos, Señor! ¡Hemos pecado contra ti! Nosotros y nuestros padres hemos pecado.

Pero algo pasó. Nehemías estuvo triste, entonces oró y ayunó. Y el mismo rey le preguntó qué le sucedía y después le preguntó qué quería pedir. “Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré”. ¿Cuánto oró en esa oportunidad? ¡Tres segundos! “¡Ayúdame Dios”! Aquí hay un experto en vinos hablando de reedificar una ciudad y el rey a continuación le dice: “¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?” ¡Qué sabía él de cuanto se iba a demorar! Nehemías no era arquitecto. Yo soy arquitecto y a veces me agarro la cabeza cuando veo algunas obras que quieren hacer los chicos de los hogares; veo que hacen un desastre que se les puede caer encima. ¿Cuánto sabrá de construcción un hombre que lo único que sabe es servir vino al rey? ¡El negocio era demasiado grande! Sin embargo, Nehemías le puso fecha al rey. Dice la palabra de Dios: “Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí” (Nehemías 2: 6 al 8). Lo más impensado comenzó a suceder; que una nación se iba a movilizar después de setenta años; que gente de sesenta, setenta, ochenta que nunca conocieron Israel se iban a movilizar para construir la ciudad. Que un emperador que tenía esclavizado al pueblo hebreo le concediera el permiso para ir. ¡Cosas increíbles!

Restaurar una ciudad entera era un proyecto muy grande y Nehemías era una sola persona, pero él se había conmovido por la situación y había orado y ayunado. Ahora Dios estaba obrando juntamente con Nehemías. Él decidió ir y levantar la ciudad.

Nehemías era un hombre de oración, de ayuno y de acción. Si sólo oras no alcanza, si ayunas no alcanza, si oras y ayunas tampoco alcanza; necesitas ponerte en acción. Y si tú eres una persona de acción no hagas nada sin primero orar y ayunar. Y Dios respalda a aquellos que oran y hacen descender sus proyectos a la tierra. Yo aquí no tengo ningún proyecto, es Dios el que establece sus proyectos y yo soy ejecutor de ellos.

Llegó el día en que Nehemías fue a ver Jerusalén. “Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio”. En el capítulo 3 comienza a mencionar los nombres de las familias que se encargaron de edificar las doce puertas de Jerusalén y las que se dedicaron a levantar los muros. Da en detalle todos los nombres de quienes trabajaron, porque los nombres de los que hacen las obras de Dios están escritos en el cielo. ¡No pasan desapercibidos! ¡Esos son los siervos de Dios!

Yo llevo veinticinco años predicando en Uruguay y siempre he declarado que voy a ver la gloria de Dios en esta nación. ¡La voluntad de Dios se va a hacer en Uruguay! No es en vano que ores, no es en vano que ayunes; Dios te está guiando en el ayuno y en la oración. El Señor está necesitando gente que esté dispuesta a levantar su rostro al cielo y pedirle a Dios que se haga su voluntad en la tierra como se hace también en el cielo. ¿Entiendes que el tema es grave?

Una hermana de la iglesia comenzó la universidad y me llamó para decirme que durante toda la semana, desde que comenzaron las clases le han estado introduciendo la ideología de género. No enseñarán bien de matemáticas ni de geografía pero les están enseñando la ideología de género. ¡La están imponiendo! ¿Acaso será difícil para Dios cambiar una nación? La historia de Nehemías nos dice que ciertamente no es difícil para Dios y la Biblia nos dice que para Dios no hay nada imposible. Sólo que tú y yo nos pongamos de acuerdo con Dios en ayuno y oración y que estemos dispuestos también a dar la cara. Jesús dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

¿Estás dispuesto a ponerte en acción? Porque hay cristianos que pasan desapercibidos, son los cristianos de la policía secreta, nadie sabe que son cristianos. Hay quienes esconden el nombre de Jesús para no pasar vergüenza. Hay cristianos que no producen nada para Dios, todo el tiempo se esfuerzan por producir aquello que les gusta, aquello que anhelan. Pero para transformar el mundo, Dios necesita gente que esté dispuesta a ponerse en sus manos y pagar el precio que haya que pagar, porque seremos perseguidos.

En estos últimos días hemos estado nuevamente saliendo en la prensa. ¡Somos muy famosos! Parece que somos los más malvados del mundo y nos acusan de violar los derechos humanos. Y uno se pregunta, ¿por qué se la agarran conmigo? ¿Por qué no se la agarran con esos que dejan entrar droga al país? Quienes no oran sólo opinan, esos son los opinólogos, quienes no ayunan, sólo opinan y quienes no hacen nada, sólo opinan. Si tú oras y ayunas quédate tranquilo; si pones tus manos en el arado y luchas por instaurar el reino de Dios en la tierra, quédate tranquilo. De otra manera eres un opinólogo, sólo sirves para dar opiniones pero no produces nada para el reino de los cielos aquí en la tierra. Dicho de otra manera, los que opinan no oran, no ayunan ni hacen nada; esos son los licenciados en opiniones. Son esos que están en el público indicándoles al que juega al futbol cómo debió patear el penal; esos que insultan al jugador porque no les conformó el juego. ¡Opinan pero no hacen nada!

Muchas cosas que hacemos como iglesia, muchas cosas que hago yo como pastor, son criticables, pero lo son por la perspectiva desde la cual se mira lo que hacemos. Por ejemplo, desde la perspectiva de los políticos, lo que hacemos no es conveniente, está mal. Pero esa es su perspectiva porque a ellos los mueven determinados intereses políticos. Ciertas cosas que hacemos son criticables desde el punto de vista de la religión porque los religiosos tienen también su punto de interés y su punto de vista, y es el punto de vista de la religión. Lo que hacemos es criticable desde el punto de vista de los medios de comunicación; los comunicadores tienen también su propio interés y ven las cosas desde su perspectiva. Unos cuantos medios, para tener más audiencia han salido a decir cosas extraordinarias contra nosotros. Esas cosas son criticables desde el punto de vista político, religioso y de los medios masivos de comunicación. Mas nuestro interés es distinto al de ellos; nuestro interés es el reino de Dios en la tierra. Sus intereses no concuerdan con los nuestros, por lo tanto lo que hacemos está mal para ellos.

CONCLUSIÓN

Yo declaro que la iglesia Misión Vida para las Naciones será una iglesia de ayuno, de oración y de acción. ¡Tendremos que pagar el precio! Vamos a ser confrontados, burlados e insultados, pero llevaremos la verdad de Dios y no nos moverán de nuestra posición los intereses políticos, los religiosos o cualquier interés de otra índole. Tenemos un interés supremo que es el interés de Dios; son los negocios del Señor en la tierra. Se necesita gente que intervenga en las decisiones de la economía. Los países están atados por problemas económicos; las deudas de las naciones con los poderes económicos del mundo son impagables, hasta Estados Unidos tiene una deuda impagable con los poderosos de la tierra. El Banco Central de los Estados Unidos no pertenece al gobierno; es un banco privado y el estado le debe a esa institución. La Reserva Federal de los Estados Unidos la componen socios anónimos. Es un poder bancario que le ha prestado dinero desde el año 1913 al estado y éste ha ido a la guerra usando los fondos de la Reserva Federal y ha hecho lo que ha querido con los esos préstamos. ¡Estados Unidos está atado a las deudas! Se necesita gente en los lugares donde se toman decisiones que tengan que ver con políticas económicas; se necesita gente en los niveles de educación, jóvenes que se preparen para ser educadores. ¡Tenemos que reconstruir las puertas para cerrar las puertas a lo malo y abrirlas a lo bueno! El Ministerio de Desarrollo está sosteniendo cientos de personas gay. Yo no estoy contra la gente que quiere ser gay, pero estoy en contra de que usen mis impuestos para que le enseñen a mis hijos a ser como ellos.

Necesitamos pastores y predicadores; necesitamos gente que se juegue la vida por el evangelio. ¿Podrás decirle al Señor que puede contar contigo? En una oportunidad, Dios le habló a Isaías y le dijo: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Mas Isaías respondió: “Heme aquí, envíame a mí”. Y Dios lo usó. Isaías es fuente de inspiración hasta el día de hoy. ¡Cómo me han bendecido las profecías de Isaías! La obra de Isaías ha trascendido los siglos y está consolando y bendiciendo a millones de personas; hay profecías que hoy en día se están cumpliendo. Un hombre que se puso en las manos de Dios, hizo una obra trascendente y eterna.

¿En qué estás gastando tus días? ¿En qué estás gastando tu dinero? ¿Servirás a Dios de una vez por todas o no? Dile al Señor: “Ya no te pondré condiciones, yo te voy a servir. Voy a construir los muros y las puertas. Puedes contar conmigo Señor, yo voy a predicar el evangelio. No quiero perder más tiempo; ya he perdido mucho buscando estar bien, en tratar de encontrar satisfacción y que tú me des lo que yo quiero. He perdido mucho tiempo queriéndome acomodar y usar el evangelio para mi bienestar pero no he dispuesto mi vida para que tú la uses. ¡Toma mi corazón, Señor! ¡Toma mi vida! No seré de los que opinen Padre, seré uno que ore. Yo creo en el poder de la oración, Dios mío; yo creo en ti. Creo que puedes hacer conmigo lo que hiciste con Nehemías, un hombre que sólo servía de copero al rey, pero tú lo usaste para reedificar los muros de la ciudad. ¡Lo usaste para reedificar una nación! Por causa de las oraciones de Nehemías, tú tocaste el corazón del emperador persa Señor, así como por las oraciones de Moisés tocaste el corazón del faraón. Heme aquí, envíame a mí, Señor. Quiero entrar en una visión más grande que la mía; te pido en el nombre de Jesús que me hagas entrar en un proyecto que yo sea incapaz de hacer si tú no vienes conmigo. Hazme una persona valiente Dios mío, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.

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