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MENSAJES DEL CIELO

RELIGION: LA VIDA Y LA MUERTE

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INTRODUCCIÓN

Me ha quedado dando vueltas en mi cabeza el tema de unas fotos que subí al Facebook, de unos corderos que comimos en el Campamento de jóvenes, y que ha tenido mucha repercusión. Yo me he estado preguntando: ¿A qué valor o idea responde tanto alboroto este tema de los corderos? ¡Pues se trata de un animal que se mata para comer! Y esto no es algo nuevo. Me he dado cuenta de que es una especie de religión eso del amor a los animales, y yo no digo que no hay que amarlos, ¿cómo no los vamos a amar? Pero los amo como amo las montañas, las nubes, los lagos y ríos, etc. ¡Amo la creación de Dios! También me he dado cuenta de que los cristianos nos volvimos muy religiosos con asuntos que nada tienen que ver con la Biblia, sino que provienen de ciertas normas que se están imponiendo en el mundo y que nos están influyendo.

Yo he hablado acerca de esos ricos famosos que aparecen en los titulares de la prensa, señalando que han puesto millones de dólares para salvar a los pingüinos o a las ballenas, pero también han contribuido con su dinero para promover el aborto. Los que nos inculcan el amor a los animales también nos inculcan el desprecio hacia los seres humanos. Y no digo que los que han criticado la foto de los corderos que he subido a la Web desprecien o rechacen a los seres humanos pero sí he notado que hay una especie de religión en cuanto al amor a la naturaleza que más que amor parece adoración. ¡Hasta nos han sugerido que nos hagamos vegetarianos! Es justamente por este hecho que quiero hablarte acerca de uno de los problemas más graves que enfrentó Jesús, y que le opuso resistencia en su andar por la tierra: La religión.

¡No seas religioso! No te apegues a normas como las que sugieren si se puede o no comer, qué día hay que guardar, que si la carne fue sacrificada a los ídolos o no, etc.

Pensando en estas cosas, recordé que en República Dominicana, en Haití y en varios lugares más, vi unos corderos que colgaban de unos palos, los que estaban para la venta, allí mismo en la calle. Si tú vieras eso, te matas. En esos lugares, matar al animal y comerlo es algo normal.

A veces tenemos normas culturales que se meten en nuestro corazón como normas religiosas. Quiero decirte hoy que lo más importante en la vida cristiana es conocer y apegarse a la palabra de Dios, que tus normas vengan de la palabra de Dios y sean sopladas por el Espíritu Santo porque hay demonios que también soplan palabra que está escrita en la Biblia. Necesitamos que el Espíritu sople sobre nosotros la palabra de Dios, entonces así podremos movilizarnos y darle para adelante con todo.

            JESÚS NO ES RELIGIÓN

Por supuesto que tenemos que defender a los animales. ¡Hay gente que los maltrata sin razón! Podemos ver a los que andan con caballos tirando de un carro lleno de basura, y esos animales dan más lástima que la basura que lleva el carro. ¡No está bien maltratar a los animales, pero comer cordero no es malo!

Estuve escudriñando pasajes de la Biblia donde podemos ver a Jesús teniendo encontronazos con la religión. ¿Sabías que Cristo no vino a instaurar una religión?

Los que se aferran a normas, artículos, estatutos y costumbres, y las aplican con fuerza de ley, son personas que han endurecido su corazón y se han vuelto religiosas. Han transformado las buenas costumbres en una especie de religiosidad, y no hay cosa que fastidiara más a Jesús, que le aplicaran normas religiosas, porque lo que Él hacía no cuadraba con lo que hacían los religiosos. Eran ellos, los religiosos, los que se indignaban contra el Señor y lo injuriaban, también planificaron crucificarlo porque no se avenía a las normas que tenían establecidas, ya que Jesús en algún momento les refirió a que se guiaban por normas y enseñanzas de los ancianos, y que ellos obedecían más a las normas de los hombres que a lo que Dios ha establecido en su palabra. Por eso, es bueno que conozcas muy bien la palabra de Dios.

Le hice recientemente una entrevista a uno de los relatores de futbol más escuchado en Uruguay, Alberto Kesman. En un momento me dijo: “Como dice la Biblia: ayúdate que te ayudaré. ¿No es así pastor?” Y yo le respondo: “No, no es así. Esa es una frase que se ha hecho popular”. Suena bonito, suena a palabra de Dios, pero es un invento de los hombres.

En el mundo hay dichos y costumbres que se han adquirido en las iglesias, en el seno de la familia, etc. Y como no somos muy versados en la palabra de Dios, pareciera que esos dichos cuadran bien. ¿Sabes por qué camino firme y seguro en la vida? ¡Porque he afirmado mis pensamientos en la palabra de Dios! Si está en la palabra de Dios lo recibo, y si no, lo examino; tal vez sirva de algo o tenga algo de la palabra de Dios, pero no lo voy a imponer como una norma.

Recordemos cuando Jesús sanó a un paralítico y por esa causa tuvo problemas con los religiosos. Ellos no se acercaban donde estaba Jesús porque les encantaba escucharlo, lo hacían para ver si podían encontrar algo de qué acusarle. Leemos en Lucas 5:17al 20: 17Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 18Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. 19Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. 20Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados”.

Cuando estuve en Israel visité la que supuestamente era la casa donde enseñó ese día. No era la sinagoga sino su casa, según relata Marcos 2:1, así que los amigos del paralítico rompieron el techo de su casa. Pero Jesús, no se fijó en el techo roto, ni se enojó por lo que hicieron sino que vio la fe de ellos. La conclusión que yo saco de esto es que cuando alguien viene delante de Jesús con fe, Él no ve otra cosa más que la fe que tiene aquel o aquella que se le acerca.

Había entonces un grupo de cuatro amigos que traían delante del Señor a un paralítico, los cuales destruyeron las normas de la convivencia ya que le rompieron el techo al vecino en un acto desesperado pero que estaba íntimamente relacionado a la fe; y al ver Jesús la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. ¡¿Para qué dijo eso?! Leemos en Lucas 5:21: “21Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? En otro evangelio, señala la palabra de Dios que los fariseos cavilaban en su corazón, o sea que no lo manifestaron audiblemente. Pero qué distinta fue la revelación que tenía Juan el bautista cuando dijo del Señor: “…He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Fíjate que la religión no te permite ver la verdad pero la fe sí.

Los religiosos ven a Jesús quitando el pecado de la gente y dicen: “… ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Era un pensamiento que se había establecido y arraigado, y es verdad porque nadie puede perdonar pecados sino Dios, o alguien que lo hace en su nombre. La Biblia señala en Juan 20:23: 23A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos”. Remitir el pecado es sacarlo de la persona mandándolo a otro sitio.

Estaba Jesús declarándole al paralítico, “tus pecados te son personados” y los fariseos que encontraron una oportunidad para acusarlo, decían: “¿Quién es éste que se arroga el derecho de perdonar pecados?” Ellos cavilaban en su corazón que Jesús hablaba blasfemias. Buscando en el diccionario encontré que blasfemia es una palabra gravemente injuriosa, de altísimo nivel negativo. Sería como cuando te recuerdan a tu mamá señalando que ella es lo que no es. Una injuria es algo que se dice de modo blasfemo, con mala intención y mal deseo. Le asignaban a Jesús el hecho de que estaba diciendo algo gravemente injurioso, por haberle dicho al hombre que sus pecados le eran perdonados. El diccionario se refiere al término injuria como agravio, ultraje o dicho contra la razón o contra la justicia.

Ellos eran religiosos y conocían todas las normas religiosas pero no conocían a Dios, no sabían lo que tenían que saber, porque durante dos mil años se había profetizado acerca de la llegada del Mesías, todos estaban esperándolo, todos sabían que nacería en Belén de Judá, sabían muchas cosas pero ignoraban que quien estaba allí frente a ellos era Jesús, el libertador, a quien todavía esperaban.

Y qué menos podía hacer el Señor que liberar a una persona de sus pecados, pero los religiosos no veían lo que veía Jesús, tampoco lo que veían los amigos del paralítico que tenían fe. Los que tenían fe declaraban que Jesús lo iba a sanar y de alguna manera llegarían a Él. ¡Y lo hicieron! ¡Y les fue bien! Ellos no les tenían miedo a las normas.

Leemos en Lucas 5:22: 22Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones?” Puedo imaginarme la cara de odio de los fariseos cuando Jesús le dijo “tus pecados te son perdonados”. Y agregó: 23¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:23 y 24). ¡Jesús demostró que tenía autoridad para perdonar pecados!

La religión no le atribuye a Jesús ni el poder, ni la gloria, ni el honor, ni el señorío que sólo le pertenece a Él. ¡Cuánta gente se va de la iglesia por causa de la foto de un cordero! ¡No entienden de la gloria, de la palabra y de la presencia del Espíritu Santo!

Me escribió en mi muro de Facebook una mujer que me contó que estaba apartada hace muchos años porque le han hecho algo en su iglesia, no tengo idea de qué le ha ocurrido, pero ella me declaró que le dolió mucho y desde ese entonces no asistió más y dejó de sentir la presencia de Dios, cuando ella lo servía en muchas áreas. Ella me confesó: “Pastor, necesito volver a servir a mi Dios”. Le contesté que era necesario que Dios sanara sus heridas porque por causa de éstas ella se había apartado.

Lo que te han hecho hiere tu corazón y esa herida que no has permitido que sane, constituye una puerta para que un demonio de injusticia, de resentimiento, de amargura, de rechazo, entre en ti y rechaces sin darte cuenta a Jesús. Me dijo que contra Dios no tenía nada pero sí contra la iglesia y los hermanos, y resulta que queriendo hacer justicia te vuelves religioso y justiciero ya que los religiosos se guían mucho por los reglamentos y estatutos. ¡El problema más grande con que se enfrentó Jesús fue con las normas de los ancianos!

Leemos en Lucas 6:1:Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos”. Los discípulos de Jesús no sabían mucho de religión, eran pescadores. Y lo que estaban haciendo ellos era violar una norma de los ancianos. Pero, ¿qué tiene esto de malo? Lo malo es que lo estaban haciendo en el día de reposo, si lo hubieran hecho otro día estaba bien y nadie les iba a decir nada, pero lo hicieron en un día sábado y la ley decía: 10mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxodo 20:10). Los religiosos llegaron a discutir si era lícito comer el huevo de una gallina puesto en día de reposo, porque, como las escrituras decían que no debían trabajar ni el buey, ni el asno ni ningún otro animal, ellos se preguntaban: “¿Y si una gallina pone huevo en día sábado?”

Entonces, pues, los discípulos, no entendían mucho de religión; ellos eran del pueblo, era gente del vulgo y sin letras de acuerdo a la opinión de los doctores de la ley, gente necia que no entendía de las normas religiosas. Pero como eran discípulos de Jesús y los fariseos observaban cada paso que daban, confrontaron al Señor: 2Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?”  (Lucas 6:2).

¿Quién había establecido que no se podía arrancar una espiga y comerla en día de reposo? ¡No fue Dios! ¡No fue Moisés! ¡No era la ley! La ley, en general, declaraba que no se podía trabajar en día de reposo, entonces, cuando Jesús quiso sanar a alguien en día sábado, los fariseos lo atacaron y le dijeron que se podía recibir milagros cualquier otro día pero no en el día de reposo. Si el milagro se hace en día sábado es del demonio, si se recibe cualquier otro día es de Dios. ¡Esto es una locura o una contradicción de Dios porque, ¡¿cómo va a hacer Él un milagro en día sábado, cuando estableció que ese día no se podía trabajar?!

Las normas religiosas nos dividen; éstas apagan el amor y rompen la comunión. Los fariseos le preguntaron a Jesús por qué hacía lo que no es lícito hacer en día de reposo, a lo que el Señor responde: “…¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban;  4cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él?” (Lucas 6:3-4). Esos eran panes sagrados que estaban en el templo y no se podían comer, pero fíjate que Dios no es religioso y David, por causa del hambre hizo algo que no era lícito. Y Jesús declaró que fue sin pecado, porque una cosa es la ley y otra el espíritu de la ley. En otra oportunidad les preguntó Jesús a los intérpretes de la ley: “5Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo? (Lucas 14:5) “Si Ustedes ayudan a un animal a salir del pozo en un día de reposo, ¿por qué yo no puedo hacer bien en día sábado? ¿Por qué no puedo bendecir a alguien, sanándolo en día de reposo?” ¡Cuidado con las normas!

Algunos dicen por ejemplo: “Yo soy así”, o “yo pienso así”. Es seguro que has adquirido ese pensamiento, conocimiento o práctica, de tu madre o tu padre. ¡Pero cuando vienes a Cristo se te acaba el librito de tu padre, de tu madre, de tu abuela o bisabuela! ¡El librito es la palabra de Dios!

            LA RELIGIÓN TERGIVERSA LA PALABRA DE DIOS

Cuando nos volvemos religiosos, comenzamos a interpretar mal los mandamientos de Dios, que están en su palabra, la Biblia. En el campamento de jóvenes, una chica me dijo que sentía un llamado de parte de Dios pero está mal y llora a la noche porque Dios quiere que ella obedezca a su llamado pero sus padres se oponen, y la Biblia dice: “Honra a tu padre y a tu madre”. La chica tiene unos veinte y tantos años y resulta que su llamado de parte de Dios es bien claro. La madre le recalca lo que dice la Biblia y yo le digo que hay otro mandamiento mayor que ese y es: “…amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.¡Ahí están incluidos tu madre y tu padre! ¿A quién es necesario obedecer primero? ¡A Dios antes que a los hombres! Algunos utilizan este tipo de enseñanzas para poder patear contra la madre, el padre. ¡No te equivoques, conoce cuál es el espíritu de lo que te estoy enseñando! Hay un mandamiento más superior que el de honrar al padre o a la madre, porque para poder obedecer a Dios, a veces es necesario dejar casa, tierras, padre, madre y hermanos. ¡Vuélvete leguleyo con lo que Dios te exige pero no con lo que exigen los hombres! ¡No transformes en una norma religiosa algo que dice la Biblia, para hacer las cosas fuera del plan de Dios!

Una de las chicas que está a cargo del hogar de Haití sintió el llamado de Dios para ir a esa nación; sus padres se habían separado y a la única que tenía y con quien vivía, era su mamá. Cuando el padre se enteró que quería irse a Haití se lo prohibió terminantemente pero ella estaba decidida a obedecer a Dios y se lo comunicó. Él le reclamaba obediencia ya que era su padre y la amenazó que si se iba se mataba, y la joven le respondió: “Papá, si se va a dar un tiro, hágalo ahora porque cuando esté en Haití no podré venir al velorio”. ¡Y se fue! Y ahí está el padre, ¡orgulloso de la hija que tiene!

Alguien me escribió: “¿Puede ser que una mujer pastoree una iglesia? Claro, la Biblia señala que la mujer tiene que estar bajo autoridad, que debe callar ante la congregación, etc. Algunos toman esa norma y se vuelven malos. Yo le respondí a esa persona: “Lo normal, lo que uno debe anhelar según el texto bíblico es que el hombre sea la cabeza de la mujer, que la mujer debe estar bajo autoridad, etc. ¡Pero cuando faltan hombres Dios usa mujeres! También le sugerí que estudiara la historia de Débora y Barac. Débora era una mujer valiente, consagrada, profeta y jueza, y fue en busca de Barac para decirle que el Señor lo mandaba a enfrentar determinada nación y él le contestó: “Yo solo no me animo, si vas conmigo yo voy a la guerra” ¡Mira qué hombre macho! A ella le pareció bien, y lo acompañó a la batalla pero le dijo que la gloria ya no sería de él sino de ella, una mujer.

Algo parecido me sucedió en Haití. Yo había llevado unos cuantos varones y un matrimonio, pero me faltaron hombres que tomaran las riendas del asunto. Al final, una chica de veintidós años que demostró ser eficiente, que lloraba cada vez que se equivocaba, que pidió perdón, pidió ayuda, comenzó a alivianarme las cargas de lo que yo le exigía a ella y cuando los demás fallaban en su labor, también me ayudó a sacarme de encima la carga de los otros y terminó siendo la líder del grupo que trabaja en el hogar de niños en Haití. ¡Nunca he tenido cerca de mí una persona así como Carolina! He trabajado con varias mujeres preciosas, extraordinarias, pero siempre han estado cerca de mí, mas Carolina está lejos, enfrentando los problemas, sola. Todas las semanas me escribe pidiéndome consejos y agradeciéndome por la respuesta. Cuando ella decidió irse a Haití, y se encontró con la negativa de sus padres, llorando les dijo: “Ahora no lo entienden pero más adelante entenderán”. Cuando se fue, me contó que algo le decía: “Ahora sí que tu papá y tu mamá no se van a convertir nunca, ahora sí, odian el evangelio, has deshonrado a tus padres”. Ella me decía: “Yo se que la voluntad de Dios es que yo esté aquí pero el diablo me está acusando”. Y en cuestión de seis o siete meses sus padres que aparentemente jamás se entregarían a Cristo por culpa de la hija que se les fue a Haití, atravesaron por una crisis, consultaron a un pastor, se entregaron a Cristo, se bautizaron y hoy están orgullosos de la hija que tienen trabajando en Haití.

La norma es hacer la voluntad de Dios, amarlo por sobre todas las cosas y obedecerlo, como hizo Abraham cuando Dios le ordenó dejar su tierra y su parentela e irse a la tierra que Él le mostraría. ¡Y Abraham obedeció!

Según las normas, los discípulos de Jesús no podían refregarse las manos y comerse las semillas de trigo.

Y leemos en Lucas 6:6 y 7 lo que ocurrió en otra ocasión: 6Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle”.

A los fariseos les importaba un bledo la mano seca, les importaba un bledo el enfermo, el asunto era si Jesús cumpliría con la norma o no. Me imagino al Señor viendo al hombre con la mano seca muriéndose de ganas por sanarlo. ¡Le salía de adentro la misericordia! ¡El poder de Dios para sanar estaba sobre Él! Y los otros decían: “Miremos a ver qué hace…”

Estuve en Israel justamente un día de reposo, y además de ser un día sábado, era la fiesta de Pentecostés. Estábamos en un hotel que respetaba la norma del día sábado, y si queríamos ir a nuestro cuarto no podíamos oprimir ningún botón para llamar al ascensor, éste por sí solo subía y bajaba piso por piso, así que había que esperar a que llegara a donde estábamos. ¡No podíamos hacer nada! En Israel se han ido innovando en cuanto a la norma del día sábado y por ejemplo, uno entra a su casa y como está prohibido trabajar, tienen un sistema que detecta cuando uno entra y se enciende la luz sola, sin necesidad de oprimir el botón. ¡Todo para respetar el día de reposo!

En la época de Jesús, los fariseos estaban expectantes viendo qué hacía Él, si sanaba al hombre de la mano seca o no. Yo he llegado a la conclusión de que los que tienen la mano seca son los que le quieren imponer normas al resto. La gente llega a la iglesia buscando normas y preguntan si se les permite a las mujeres afeitarse o si pueden usar pantalones. La idea de la gente es que si haces lo que Dios quiere entonces encontrarás la paz y estarás bien con Él. Entonces hay normas que dictan que las mujeres no se pueden cortar el cabello ni teñirse, etc. ¡Normas religiosas! ¡Y Cristo vino a hacernos libres! ¿Habrá alguna norma que te dicta lo que tienes que hacer o lo que no tienes que hacer que te está afligiendo? Yo soy de los que cree que si conozco bien la palabra de Dios es suficiente y aunque no me acuerde de algunos versículos bíblicos, se que el Espíritu Santo me recuerda la verdad y me guía. No ando dudando si me guiará el Espíritu de Dios o no, o si estará enojado conmigo. ¡No! ¡Se que me está guiando! ¡Soy feliz! ¡Camino confiado, tomo decisiones con seguridad porque conozco la palabra de Dios y se que si la conozco y me someto a la autoridad del Espíritu Santo, Él me guía a toda verdad! ¡No tengo miedo a hacer algo mal porque se que Dios me ama y yo soy su hijo, así que Él me corrige! ¡Ser corregido por Dios es una bendición! Que te corrija un fariseo es una carga que Dios no te pone. Por eso Jesús dijo: 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29 y 30). No me lo imagino al Señor cuidándose de los fariseos, atemorizado de comer o hacer algo porque éstos lo estaban observando.

En otra oportunidad los fariseos confrontaron a Jesús acusando a los discípulos que comían sin haber hecho la ceremonia del lavamiento de las manos, y el Señor les dice: “¡Límpiense por dentro! ¡Están tan sucios! ¡Ustedes limpian lo de afuera pero lo de adentro está podrido!”

Se que hay gente que vive temerosa de que si hace tal o cual cosa Dios los va a castigar, señalan que si Dios no les da algo es porque está enojado. El padre de un amigo mío era alemán y trabajaba en las fuerzas de seguridad de Argentina ubicada en la frontera. Tenía un alto grado en gendarmería nacional. Era un hombre muy recto y muy duro y mi amigo un joven común hijo de un alemán y gendarme. Muchas veces el padre se enojaba con él y no le hablaba, pero mi amigo se le acercaba con cualquier excusa para que éste le hablara. Entonces, en una oportunidad le dijo: “Papá, ¿te puedo robar un minuto?” “¿Para qué?” Refunfuñó su padre. Y él le dice: “¿Te puedo contar un chiste?” ¡Y se lo contaba nomás! ¡Ya el padre tenía que ablandarse y dejar de lado su gesto duro! Luego el hijo le preguntaba: “¿Te puedo abrazar papá?” ¡Eso es el espíritu de hijo!

Yo calculo que muchas veces se habrá enojado conmigo Dios pero yo no le tengo miedo, tengo un temor reverente. ¡Yo amo a mi Dios y Él me ama! Puedo subirme a su regazo confiadamente. Pero hay quienes no se animan a acercársele porque no saben que Dios no es un viejo malo y que no tiene en cada mano el código civil y el código penal. Dios es un Padre amoroso que trata con cariño, misericordia y bondad a sus hijos y los quiere enderezar porque no los va a dejar hacer cualquier cosa, entonces Él nos guía. ¡Yo considero un privilegio que Dios me rete!

Muchos años atrás, un grupo de pastores me citó porque había llegado a sus oídos que yo había dicho y hecho determinada cosa. ¡Creí que estaba ante el sanedrín! ¡No había ni una pizca de amor en ellos! ¡Eran unos fariseos! ¡Los religiosos son malos! Pero si Dios te ve con la mano seca aunque sea día sábado te va a sanar. ¡A Jesús no le importan los reglamentos! ¡El Señor te ama profundamente!

 

            CONCLUSIÓN

Quizás te preguntes: “¿Me amará Jesús?” o “¿Y si Jesús me ama porque permite que me suceda esto?” ¡El Señor te ama a pesar de todo lo que haces o lo que te sucede! Lo que necesitas para poder disfrutar de una buena relación con Él es correr a sus brazos como hacen los niños cuando llorando corren a los brazos de su padre o de su madre. ¡Dios es tu Padre! Entonces tú no tienes que responder a normas religiosas sino al amor. Yo te garantizo que si conoces la palabra de Dios y lo amas con todo tu corazón, descubrirás el gran amor de Dios en tu vida.

Me gusta que Dios me corrija porque se que si Él lo hace, yo seré mejor. ¡No le temo a la corrección del Señor! ¡Y si tiene que doler que duela pero yo quiero ser como Él quiere que yo sea!

¡Dios te ama aunque hayas hecho el mal! No es que dejó de amarte porque tienes una enfermedad, ¡Él te ama aunque estés enfermo! ¿Por qué se esto? ¡Porque la Biblia lo dice! 16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Dios no quiere perder a nadie! ¡Él te va a corregir pero lo hará con amor! ¡Las normas y los reglamentos no reflejan el amor de Dios! Hay personas que sienten temor y yo digo como la palabra de Dios, que en el temor no se manifiesta el amor de Dios, porque en lugar de temor tiene que haber fe y esperanza, entonces así se manifestará su amor en las personas.

Quien padece angustia está ausente al amor de Dios, puede ser que llegue a tu vida la angustia pero ésta no puede dominarte. Si vives angustiado o temeroso, no has experimentado el amor de Dios, porque quien tiene fe no se angustia y sabe que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. ¡Dios hará bien del mal! ¡Dios usará demonios para bendecirte a ti! ¡Todo está bajo su autoridad! ¡Dios usará cualquier cosa para bendecirte porque eres su hijo! ¡Recibe el amor de Jesús ahora!

Haz una oración conmigo y dile a Dios: “Vengo a entregarte mi angustia, Señor; te entrego mis temores y mis perturbaciones nocturnas. ¡Te necesito Señor! Me acerco a ti porque quiero ser libre de normas y de temores. Quiero amarte y quiero experimentar tu amor en mí. Ven sobre mi vida, te abro mi corazón. Hazme libre de maldiciones, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.

¡Se libre en esta hora! ¡Echo fuera de tu vida el temor y la angustia! Echo fuera de tu vida la soledad, en el nombre de Jesús. Bendice a tu pueblo con tu paz y tu bendición, Padre. Resistimos y echamos fuera todo espíritu de las tinieblas que perturba, que roba la fe y la esperanza y que aleja a las personas del amor de Dios, en el nombre de Jesús, amén.

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