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MENSAJES DEL CIELO

SOMOS TEMPLO DE DIOS

Leemos en 1º de Corintios capítulo 3 versículos 16 y 17, que nos dice así: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.  Cuando Dios creó al hombre, lo creó a Su imagen y semejanza, lo hizo con un propósito: que el ser humano fuera templo del Espíritu Santo. Dios  hizo al hombre para poder habitar en él y le dio espíritu para que viviera en comunión con el Espíritu de Dios.  Dice la Biblia que Dios no habita en templos hechos por manos de hombres. Pero cuando entró el pecado en la humanidad, el hombre no pudo ya ser templo de Dios por cuanto había pecado y su espíritu había muerto. Por eso en el nuevo pacto, cuando Cristo murió en la cruz del calvario y resucitó, antes de morir y de resucitar Jesús les dijo a sus discípulos  “A ustedes les conviene que yo me vaya, porque si yo me voy, entonces desde el cielo enviaré sobre vosotros el Espíritu Santo, el cual estará en vosotros, el espíritu de verdad al cual el mundo no puede recibir, pero vosotros lo conocéis”  El espíritu de verdad, de poder, de consejo, ¡el espíritu de gracia! Ese es el espíritu que se movió en Jesús y le ungió para que hiciera la obra que hizo. Pudo hacer esa obra a causa de la unción y del espíritu que tenía -y que recibió cuando fue bautizado, cuando Su Padre dijo: “este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”-. Jesús fue ungido y comenzó su ministerio. Hasta ese momento Él había sido un carpintero pero desde entonces fue el hijo de Dios obrando con poder en el mundo y los muertos se levantaron; los paralíticos caminaron;  los sordos oyeron y los endemoniados fueron liberados. El poder y la gloria de Dios se manifestaron a través de Cristo. En la antigüedad cuando el templo fue inaugurado dice que la gloria (shekina) de Dios bajó sobre el templo y los sacerdotes no podían estar ahí adentro ministrando por la gloria que había en ese lugar. Eso era solamente sombra, de lo que sucedería después: Jesucristo dejó una promesa, ¡que Él iba a llenar nuestro ser con su Espíritu Santo! Esto sucedió por primera vez en Pentecostés cincuenta días después de la resurrección de Cristo, en medio de creyentes que oraban y esperaban la promesa del padre, allí descendió el Espíritu Santo. Así se inició una nueva era, la era en la cual la ley de Dios ya no se escribe más en libros ni en piedras sino como dicen las Escrituras: “yo escribiré mi ley en sus corazones”.

VIVIMOS PARA QUE EL DIOS VIVO HABITE EN NOSOTROS

Es realmente triste y  frustrante que un creyente no camine sabiendo que ha sido creado para ser templo del Dios altísimo. El apóstol Pablo dice: ¿ustedes ignoran que somos templo de Dios? y continúa diciendo: “cualquiera que destruya el templo de Dios, Dios le destruirá a él porque el templo de Dios el cual sois vosotros santo es”. No solamente has sido creado para ser templo de Dios sino que fuiste creado para ser santo, ¿podría Dios habitar en un lugar que no es santo? ¡No! Cuando Dios habita en un lugar lo santifica. En la antigüedad cuando el pueblo se degeneró en su relación con Dios se acercó a la idolatría, y así llegaron a ocurrir cosas muy sucias. En la época del rey  Acab metieron baales dentro del templo de Jehová; en otra época hombres que eran levitas -familias de sacerdotes- comenzaron a acostarse con mujeres que estaban ahí para cuidar el templo. Dios comenzó a ver esas cosas y comenzó a abominar el templo que había sido consagrado para Él. Dios le escribe al profeta Ezequiel, y le habla a otros profetas diciéndoles: “mira lo que han hecho en mi templo; las abominaciones que están haciendo” ¿Qué hace Dios cuando el templo está contaminado? Se retira y abomina su santuario, abomina el lugar en el que ha puesto su Nombre y su gloria se retira. Cuando esto sucede el templo se convierte en “una guarida de demonios”. Si Dios no habita en ti es peligroso porque puede habitar en ti una legión de demonios.

El Espíritu Santo nos anhela celosamente, tan grande es el amor que Dios tiene por ti que envió a su hijo unigénito para que todo aquel que en El cree no se pierda sino que tenga vida eterna. Quien no deja entrar a Dios se pierde y es condenado porque no sirve para aquello para lo cual fue creado. Algunos cristianos cuando se les pregunta para qué fueron creados, responden: “Para la gloria de Dios”, y ellos entienden que eso simplemente significa llevarse bien con su esposa, tener dinero y hacer todo el bien que puedan.  Pero, ¡no estamos aquí en la tierra para eso! Estamos aquí para que el Dios viviente pueda habitar nuestra vida.  Cuando el Espíritu Santo está el creyente no necesita preguntar ¿qué tengo que hacer? Si habita en tu vida el Espíritu Santo manda, y donde está El, está el poder. Hay otros creyentes que dicen “bueno, yo predico pero no pasa nada” “yo predico pero me da vergüenza” y todo ese tipo de cosas. ¿Se imagina usted a Dios dentro suyo sintiéndose impotente? Jesús dijo: “cuando ustedes estén delante de gobernantes y de las personas importantes no estén pensando de antemano lo que van a hablar porque el Espíritu Santo que está en vosotros les va a dar en el momento las palabras que quiere que digan”. Si queremos dejar de ser infructuosos, tenemos que estar ligados a Jesús, si no estamos ligados a él  nada podemos hacer. No se trata de cuanta Biblia conoces porque eso no es suficiente, ¡el Diablo conoce más Biblia que tú! Así hay personas que usan la Palabra de Dios  y el conocimiento que tienen  para golpear a otros. Mas bien se trata de que en ti habite el Espíritu de Dios y que por tu boca sea El quien hable. Si tú predicas la palabra de Dios en el lugar que Dios te mandó y en el momento que Dios te mandó el resultado va a ser gloria, va a ser poder y fruto, si tu predicas el evangelio en un lugar donde Dios no te mandó, y en un tiempo en el que Dios no te mandó, entonces no va a haber fruto, porque Dios te respalda cuando haces lo que El quiere pero para que tú hagas lo que El quiere tienes que estar lleno de la presencia del Espíritu Santo.

En otro tiempo éramos enemigos de Dios y teníamos una manera de pensar vana, heredada de nuestros padres y según la corriente de este mundo, llenos de maldad. Sin Cristo somos infructuosos y débiles, pero si recibimos la naturaleza de Dios, comienzan a producirse las obras de Dios, cuando nuestros  ojos son los ojos de Dios Su Espíritu hará la obra de Él a través de ellos.

¿PUEDE EL ESPIRITU SANTO LLENARTE?

¿Estas seguro que has sido lleno del Espíritu Santo? ¿Cómo podría llenarte el Espíritu Santo si hay temor en tu vida, si hay vergüenza? ¿Te dominan los recuerdos de tus fracasos? ¿Hay amargura en tu corazón por algo que te hicieron? Si no has podido perdonar a alguien Dios no va a poder llenarte ni producir sus obras en ti. El gran engaño de Satanás es mimetizarse de tal manera que tú hables cosas de demonios sin darte cuenta y que te parezcan lógicas y razonables. Así es como el mundo entero está lleno de demonios. Hoy en el mundo hasta hay cristianas que abortan sin saberlo; usan el DIU y pastillas contra conceptivas, creyendo que son anticonceptivos, cuando que en realidad son mecanismos contra conceptivos porque actúan  sobre el óvulo fecundado, sobre el embrión. Eso es asesinato. Si un espíritu de homicidio está en ti, ¿cómo puede Dios llenarte?  Hoy la gente se ha vuelto loca, ya no sabe ni que sexo tiene; proclaman libertad y a la vez confiesan que son prisioneros y dicen: “me siento una mujer prisionera en un cuerpo de hombre” “¡esta es mi libertad!” ¿Cuál es tu libertad? ¿Es que eres una mujer prisionera en un cuerpo de un hombre? ¡El mundo tiene que conocer la libertad de Cristo!

Algunos dicen; cuando deje de pecar Dios me va a recibir. En realidad sólo no vas a terminar nunca de pecar, tú tienes que venir a Cristo para dejar de pecar, el Espíritu Santo tiene que llenarte para dejar de pecar; el pecado es obra de la carne, pero cuando Dios nos llena la carne no tiene lugar y el poder de Dios se manifiesta en tu vida. Tú simplemente tienes que saber que has sido credo para ser templo de Dios y si eres llenado por Dios él producirá en ti tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Dios hará en ti una obra que no vas a poder creer. Por eso es que hoy hemos venido a pedirle a Dios llenura del Espíritu Santo.

CONCLUSION

Jesús les dijo a sus discípulos que no se movieran, que permaneciesen en Jerusalén y esperaran la promesa del Padre y que después que viniera sobre ellos esa promesa, el Espíritu Santo, serían sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.  ¿Ha visto usted cuantas veces se equivocó Pedro queriendo ayudar a Cristo? ¡Hasta lo negó! ¡Juró, insultó y dijo que no lo conocía! También quiso detener a Jesús para que no fuera a Jerusalén, pero cuando vino el Espíritu Santo sobre él, en la primera reunión que hizo se entregaron 3000 personas a Cristo en Pentecostés, y a los pocos días otras 5000.

¡Señor! queremos que hagas la obra en nosotros, límpianos, cámbianos por amor de tu nombre, muchos de nosotros no éramos consientes de que somos tu templo, Señor, queríamos que nos llenaras para sentir alguna cosa especial pero no nos dábamos cuenta que tú quieres llenarnos para habitar en nosotros. Quita de nosotros toda cosa inmunda.

“Llena Señor, cubre con tu sangre preciosa y santifica estos templos. Espíritu de Dios santifica y purifica, llénanos para que nuestra casa no quede vacía,  te lo pedimos en el nombre de Jesús. Que ningún pensamiento vano o malvado pueda entrar en nuestra mente. Jesús, mueve tu mano, sopla tú Espíritu, Llénanos hoy, te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén”.

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