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MENSAJES DEL CIELO

TEMOR vs. FE

fe_724_482INTRODUCCIÓN

Admiro a Nehemías, un hombre constructor como yo, una persona valiente y emprendedora. Él estaba muy cómodo en el palacio real, servía al rey, y aunque era un judío cautivo, Dios comenzó a tratar con su corazón y lo inquietó por Jerusalén que estuvo totalmente destruida por más de setenta años, con sus muros derribados y todo quemado. Pero Nehemías contaba con el favor de Dios y del rey, y consiguió un permiso para viajar a Jerusalén y edificar la ciudad, no obstante, cuando se dispuso a reconstruirla comenzaron los problemas. La edificación de los muros de Jerusalén no fue un problema mayor para Nehemías; el inconveniente más serio que tuvo que atravesar fue vencer los temores que el infierno descargó sobre él para que detuviera la obra que se propuso hacer.

Quiero decirte que no es tanto el trabajo que tenemos que hacer en comparación a la actitud de valentía que debemos tener frente a los temores que se presentan para detenernos, para quebrantarnos y debilitarnos. El temor es una de las estrategias que satanás usa contra nosotros para que no hagamos lo que Dios quiere en nuestra vida. Pero yo declaro hoy, que Dios hará una tarea de liberación en los corazones de muchos que no se han animado a servirle en años, por causa de los temores.

La gente no se da cuenta o no sabe que está atada a alguna forma de temor. Tampoco somos conscientes de que las vicisitudes o circunstancias que vienen contra nosotros están diseñadas para que entremos en un estado de temor. Quien tiene temor no tiene fe, por lo que, o tienes fe o tienes temor, ya que estas dos actitudes no pueden cohabitar en tu corazón. La fe es una creencia positiva hacia adelante; es una creencia de victoria y de poder, pero el temor es una creencia de fracaso, de debilidad e imposibilidad. Muchas personas se han declarado inútiles y débiles. Afirman cosas como: “Esto no puedo hacerlo” o “No me animo”. El asunto es que en ellas está operando un espíritu de debilidad que viene por causa de un poder espiritual llamado temor. Así que cuando tienes temor, albergas una fe negativa que no es de Dios, pero cuando tienes la fe de Dios, en ti hay un poder positivo que te lleva a la victoria.

                QUIEN OBEDECE A SUS TEMORES, NO OBEDECE A DIOS

La Biblia dice que el Señor nos ha hecho más que vencedores por medio de Jesucristo que nos amó. Entonces, tenemos que enfrentar los problemas con fe, en contra de todo temor. Debo decir que hay variedad de excusas o sentimientos que en definitiva manifiestan que tengo temor, una de ellas es la timidez, por eso llamamos “timorato” a aquella persona que tiene determinado tipo de temores porque los términos “timorato” y “timidez” tienen una misma raíz proveniente del temor. La timidez no es una virtud sino una atadura y es una manifestación de temor. Lo mismo sucede con la vergüenza; cuando no haces lo que Dios quiere que hagas porque sientes vergüenza, estás obedeciendo a este sentimiento y no al Señor, por lo que, quien obedece a sus temores no obedece a Dios.

Las circunstancias adversas vienen repentinamente a nuestras vidas y la gente declara que no estaba preparada para ello, pero la verdad es que debemos estar preparados para enfrentar cualquier tormenta. Al finalizar una jornada de trabajo en Beraca me estaba yendo a mi casa y comenzó a lloviznar, al rato cayó granizo, tanto que temía que se rompiera el parabrisas del coche, así que busqué un lugar para refugiarme. Por fin llegué a una estación de servicio y decidí cargar combustible. ¡Me metí urgente a la estación para descubrir que había muchísima gente que había decidido comprar combustible a la misma hora! Lo cierto es que logré refugiarme bajo techo y quedé en paz. Cuando uno está bajo la cobertura de las alas de Dios, está protegido, disfruta de paz y no tiene temores. Resulta imposible decir que amas a Dios y le vas a servir si sientes temores, porque éstos te hacen retroceder. Los temores te debilitan; hacen que te vuelvas negativo y que te sientas fracasado. Contrario a la persona de fe, que tiene una visión positiva, tiene fuerza y certidumbre, quien siente temor tiene incertidumbre e inseguridad, se vuelve cobarde y pone excusas: “No hago esto por aquello”. ¡No haces lo que debes hacer porque el temor gobierna tu corazón! ¡Debes ser libre de tus temores y harás todo aquello que nunca te has animado a hacer!

Conozco personas que por veinte años han declarado que saben que tienen un llamado de parte de Dios pero no se han animado a actuar. Creen que si hacen lo que Dios les ha mandado, se quedarán sin comer, por ejemplo; creen que si sirven al Señor sus vidas serán un fracaso, y que Dios les va a fallar. En otras palabras, sienten temor a que Dios les mienta y no cumpla.

Yo sé que no voy a poder contar con los tímidos para hacer la obra de Dios. Hay una joven de la iglesia que no se animaba a salir a la calle, el temor la tenía totalmente atada pero Dios la hizo libre. Ella está bajo su cobertura. ¡Bajo sus alas habitarás seguro!

Hay cristianos que dudan en hacer algo por temor y cuando se van a dormir declaran: 8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmos 4:8). ¡Son desobedientes, timoratos, débiles y cobardes! La Biblia señala que los cobardes no entrarán en el reino de los cielos. ¡Si eres cobarde no entrarás al reino de Dios! Dice la Biblia que el reino de los cielos sufre violencia y los violentos, no los cobardes, lo arrebatan. Para pertenecer al reino y hacer las obras de Dios se necesita ser valiente, y para ello hay que tener el Espíritu de Dios que es un Espíritu de poder, de amor y de dominio propio. ¡Es un Espíritu de poder y no de cobardía!

Nehemías se propuso reedificar el muro de Jerusalén y comenzaron los problemas: 1Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos” (Nehemías 4:1). Sanbalat no era un vecino amoroso. Él escribía en las paredes: “Haga patria, mate un judío”. Leemos en Nehemías 4:2 y 3: 2Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? 3Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”. ¡Con soberbia declaró que una zorra derribaría lo que edifiquen los judíos!

Hay temores que provienen de la estupidez; hay temores que provienen de la nada, ¡no son nada! Hay personas que le temen a una sombra. El temor los tiene acobardados, no se animan a caminar de noche por algunos lugares. No faltan los creyentes que duermen con la luz prendida. ¡Cobardes! ¿Qué podrá suceder si apagas la luz? Ellos creen que aparecerá un demonio. Sé lo que te estoy hablando porque yo también he experimentado temores. Cuando andaba por ahí, caminando a la noche, sentía que alguien me perseguía. Yo iba silbando, haciéndome el macho, pero estaba achuchado. Muchas veces le tenemos miedo a la nada y éste opera con razones o sin ellas pero en la Biblia, Dios no admite ninguna sola razón para sentir temor, con razón o sin ella. Hoy tienes que renunciar a tus temores porque éstos son la excusa perfecta para no amar a Dios y no servirle. Jesús les dijo a sus discípulos: “¿Por qué dicen que me aman y no hacen lo que les digo?” Quien ama a Dios hace lo que el Señor quiere, en cambio, quien teme no hace lo que Él quiere. ¡El que teme hace lo que el temor quiere!

¿Qué se necesita para ser victorioso? La Biblia dice que nosotros somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó; esto significa que no hay ninguna circunstancia, no hay nada que el Señor nos mande a hacer que nos pueda frenar si tenemos lo que tenemos que tener. Pero hay algo que no debemos tener y eso es temor. La fe es certeza, es seguridad; la fe mueve tu voluntad y tus emociones, y aunque no veas nada con tus ojos físicos, si has visto con los ojos de la fe, tu alma y tu corazón se moverán a lograr aquello que Dios quiere para ti.

O tienes temores o tienes fe. Cuando comienzas a sentirte derrotado, es porque hay determinados espíritus de temor que están operando en tu vida. Hay quienes han fracasado varias veces el área afectiva, económica, laboral, o en alguna otra. Ahora, todo el bagaje que tienen es un pasado que les detiene, y carecen de valentía para volver a amar o para volver a emprender, mas aquellos que están en Cristo son nueva creación, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. ¡No tomes como referencia lo que pasó! ¡Atiende a lo que Dios te está hablando hoy y atesóralo! ¡No te bases en tu pasado! ¡No lo arrastres! Arrastrar el pasado es temer, ya que muchos fracasos has tenido, pero si estás con Cristo no tienen por qué volver los fracasos a tu vida, es más, no hay fracaso que sea un fracaso si el Señor está contigo. ¡A los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien! Así que lo malo que te está sucediendo no es malo porque Dios hará algo bueno con eso. Aquello que te parece que está mal y te hace daño, a Dios no le parece malo y te declara que no te hará daño porque Él está contigo y transformará la maldición en bendición. ¡Dios transformará tus circunstancias negativas en positivas! ¡Él te bendecirá! Pero el Señor te dice como le dijo a Josué: “9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9). Declara conmigo: “¡Voy a salir del pozo! ¡No me voy a quedar estancado! ¡No me va a derrotar una enfermedad! ¡El cuco y el viejo de la bolsa no podrán hacerme mal!

A algunos se les metió el temor cuando eran chicos y se quedó a vivir adentro, pero hoy tienes que echarlo de tu vida. Todo aquello que declaras que no puedes, en realidad sí puedes porque así como el apóstol Pablo, tú debes creer y confesar: “13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Un hermano que declaró que nunca había hecho nada bueno en su vida es uno de los mejores albañiles que tengo en la obra del templo en Beraca. ¡Lo que antes no podías, hoy lo puedes hacer porque con Cristo todo es posible! Yo nunca imaginé que haría las cosas que hago hoy, pero lo he logrado.

El valiente no pone excusas, en cambio, el timorato pone toda clase de pretextos: “No lo voy  lograr”, “No voy a poder”, “Yo nunca he hecho eso”. Eso lo declara por causa de los temores, pero otros no quieren perder cosas, por eso ponen excusas. Hay gente que no sirve a Dios porque le tienen miedo. Ponen como pretexto que si sirven a Dios, pueden llegar a perder su casa o alguna cosa que aman.

Viene a mi memoria una joven tenía un proyecto de vida, estudiaba danza y le iba muy bien; los profesores la querían mucho y ella estaba feliz. Además se especializó en decoración de interiores y estaba por recibirse. También estaba de novia hacía seis años, y su novio se fue a Nueva Zelanda a trabajar, así podía juntar dinero para casarse. Entre los dos, tenían proyectos extraordinarios. Ahora, ella comenzó a buscar a Dios, y el Señor le mostró que ella no amaba a la gente sino a sus proyectos. Lo cierto es que los planes que esta joven tenía no le interesaban a Dios por lo que el Señor la estaba incomodando y le demandaba que le sirviera a Él. Mientras el novio trabajaba en Nueva Zelanda para juntar dinero, Dios le dijo a ella: “No me sirve tu carrera de danza y de decoración. ¡Yo tengo otros planes para ti!” La joven comenzó a sentir temor y cuando le comentó a su familia acerca del trato que Dios tenía con ella, le dijeron que estaba loca porque lo que ella hacía es lo que siempre quiso. Dijeron también que en la iglesia le lavamos la cabeza, que el apóstol Márquez explotaba a la gente, etc. Pero la joven tuvo una necesidad genuina de responderle a Dios y comenzó a avanzar enfrentando sus temores de perder lo que amaba. Sabes que son los temores los que te llevan a no querer perder lo que más amas, por servir a Jesús. El Señor te dice que quien le quiera seguir, tiene que negarse a sí mismo, y eso significa que debes entregarle a Él tu futuro y no encargarte tú de éste. Quien tiene miedo a perder sus planes alegando por ejemplo: “¿Qué tiene de malo que esté de novio? ¿Qué tiene de malo que estudie esto?”, en realidad pone excusas para no hacer lo que Dios quiere. Son amores que uno teme perder lo que nos llevan a no hacer lo que el Señor demanda. ¿Qué harías si Dios te quisiera en Haití? ¿Podrá Él mandarte a la China, a la India o al África? ¿Estás dispuesto o dispuesta a perder lo que haya que perder para servirle?

Muchos dicen: “¡Yo quiero servir a Dios!” Entonces le digo que lo necesito en tal tarea y me responden: “¡Ah, eso no me gusta!” Mandé a alguien a trabajar en el vivero y, ¡por Dios, qué crisis le dio! Ella quería trabajar en un lugar que la hiciera sentirse bien pero el vivero la hizo sentir “una rata”. Quiere servir a Dios pero debe dejar ciertos conceptos que tiene acerca de sí misma; tiene que perder su ego y sus temores. ¡Y sé que lo va a lograr porque ama a Dios!

Cuando estés libre de temores, estarás pronto para decirle a Dios sí, a lo que Él quiera, así como dice la Biblia, preparados para toda buena obra. ¡Qué cosa más linda es ver a los hermanos despojados de sí mismos, sin temor a nada, haciendo lo que Dios quiere!

Estamos comenzando un nuevo ministerio y ya contamos con varias personas que se han inscripto. Vamos a salir a conquistar prostitutas para que se transformen en princesas del reino de Dios. Ahí aparecen los temores: “Ah, ¿yo haciendo eso?” “No lo siento…” “No creo”, “No me veo…” Pero otro dice: “¡Yo quiero! ¿Qué hay que hacer?”

Te imaginas a un boxeador que está a dos horas de una gran pelea, y la prensa le pregunta cómo se siente a lo que él responde: “La verdad es que me siento como la mona”. “¿Usted cree que ganará esta pelea?” “No sé, me parece que no. ¿Ustedes han visto qué músculos tiene ese hombre? ¡Mírenme a mí lo que soy!” “¿Entonces usted cree que va a perder?” “Y sí, es muy probable. Yo calculo que en el tercer round me noquean”. ¿Qué piensas tú de un boxeador así? ¡Es un cobarde! ¡Es un timorato! ¡Que se vaya a tejer! Si vas a luchar contra un boxeador muy importante, hay razón para sentir temor, pero si vas a encarar la pelea, tendrás que atravesar la barrera de los temores y vencerlos. ¡Pero hay veces que estás peleando contra el cuco!

                MUCHOS DE TUS TEMORES SON SÓLO GLOBOS LLENOS DE AIRE

Yo sé lo que es tener temores porque lo experimenté cuando Dios comenzó a serrucharme los amores, cosas que yo no quería dejar para poder servirle a Él. Hubieron muchas cosas que yo no quería perder, pero entendí que para ganar lo que Dios tenía para mí, era necesario perder lo que atesoraba y tuve que vencer los temores. Algunos  eran sólo globos inflados y muchos de los temores que tú tienes son sólo aire, ¡no son nada!

Yo era recién casado y estaba leyendo un libro sobre demonios antes de dormir. El autor del libro contaba experiencias de liberaciones demoníacas. Yo no me había criado en una iglesia en la que se predicara acerca de la existencia de demonios y de que había que echarlos fuera, así que eso era algo nuevo para mí. El escritor hablaba acerca de cómo reprendía los demonios y éstos se negaban diciendo que la persona les pertenecía. A medida que iba leyendo, me asustaba  más. Yo pensaba que parecía cosa del diablo eso de los demonios, entonces me amedrentaba. Eran las doce de la noche, mi señora se había dormido y yo me compenetraba cada vez más en la lectura del libro. Pero esa lectura, en vez de bendecirme, me atemorizó. Entonces me sucedió algo que tal vez te ocurrió a ti; la casa estaba en silencio y yo creía que el diablo andaba cerca, de pronto sentí un ruido y me pregunté qué sería… Era verano, y en la ciudad de San Juan a la medianoche había veintiocho grados de temperatura y nada de viento que hiciera mover las hojas de los árboles, hacía un calor impresionante, tanto, que para poder dormir me acostaba en el piso… Esa noche, en que yo estaba compenetrado en la lectura, el miedo estaba haciendo su tarea en mí y se podía sentir la presencia demoníaca; cerré el libro y apagué la luz disponiéndome a dormir, pero fue peor. Entonces hice lo que tú también habrás hecho alguna vez: Me metí debajo de las sábanas y me cubrí hasta la cabeza. ¡Traspiraba como loco pero no me iba a destapar ni a palos, porque debajo de las sábanas me sentía protegido de la embestida de los demonios! De pronto en la cabecera de mi cama sentí como unos rasguños en la pared y pensé: “¡Ah Dios mío, aquí están los desgraciados!” ¡Yo no quería ni respirar! Los ruidos seguían y yo clamaba: “¡Jesús de mi vida! ¡Espíritu Santo, ayúdame! ¡Ángeles protectores vengan a mí!” Entonces, me llené de coraje y decidí ir a ver qué estaba pasando. ¡Tenía tanto miedo! Me levanté en calzoncillos, y subí al techo orando: “¡Dios mío, ayúdame!” ¡Yo ya era grande y estaba casado! Mi señora estaba creída que se casó con un macho terrible, pero no era tal, aunque ella era peor que yo, porque un día la tuve que ir a rescatar al baño: Yo creía que la estaban asesinando, y era que estaba arriba del wáter gritando porque vio una cucaracha. ¡¡Así nos íbamos conociendo!! Subí entonces al techo y me asomé al patio del vecino donde daba la pared de la cabecera de nuestra cama, miré hacia abajo, ¡y allí había un limonero! ¡El viento lo movía y las ramas raspaban la pared donde estaba mi cama! ¡Qué alivio! Yo me dije: “¡Nunca más le voy a tener miedo a un limonero!” ¡No podía creer que el viento y un limonero me hayan transformado en un cobarde al punto de traspirar como loco debajo de las sábanas en pleno verano! Con esto quiero decirte que muchos de los temores que sentimos están fundamentados en cosas que jamás van a suceder y que no responden a poderes espirituales de maldad sino que un espíritu de temor se ha metido dentro de nosotros, que nos lleva a temer, y ese demonio está con un inflador agrandando la cosa.

                EL TEMOR TE HACE PERDER LAS MEJORES OPORTUNIDADES DE LA VIDA

¡Cuántas cosas has dejado de hacer por culpa del temor! Debiste haberlo hecho hace muchos años atrás pero aún no te has animado. Tú sabes que Dios te ha demandado cosas y no las hiciste.

Viene a mi memoria la historia de un creyente que vivía en la provincia de Mendoza, y esto es verídico. De niño fue muy pobre y al lado de su casa vivía una familia rica, era una propiedad muy linda y allí vivía una niña muy bonita. El niño pobre jugaba con la niña rica y a medida que iba creciendo, la vecinita le gustaba cada vez más, pero él se sentía mal al pensar que no tenía el mismo nivel social que su vecina, por lo que nunca se animó a declararle su amor. Se hizo más grande y por amor a la chica decidió que no iba a ser cualquiera en la vida, él sería alguien, entonces se avocó a estudiar y le fue muy bien. Finalmente se fue a Estados Unidos, se preparó y  llegó a ser un catedrático de lenguas en una universidad prestigiosa. Lo cierto es que nunca se animó a hablarle a la chica porque tenía temor a ser rechazado. Él pensaba: “No me va a querer porque soy un don nadie”. Pero quedó muy agradecido con ella porque por culpa de ese amor decidió ser alguien importante en la vida. Después de muchos años volvió a su ciudad, entonces decidió ir a visitar a quien había sido su vecina y contarle su historia. La buscó, y cuando la encontró, le dijo: “Yo soy fulano de tal y vivía al lado de tu casa. Vine porque quería decirte algo. Cuando era adolescente me enamoré de ti pero nunca me animé a contártelo por miedo a que me rechazaras, porque no tenía tu misma posición. Y te quiero agradecer porque ese amor que sentía por ti me motivó a estudiar. Yo vivo en Estados Unidos, estoy casado, tengo hijos y soy un catedrático prestigioso”. La mujer le respondió: “Yo todavía estoy soltera y quiero que sepas que siempre te amé”. ¡El hombre quedó paralizado! Había sido muy valiente para progresar en la vida pero no para declararle su amor a su vecina quien fue el amor de su vida. Como sucedió con este hombre, hay quienes no se han atrevido a servir a Dios, siendo que Él es el amor de sus vidas.

“Señor, en tu nombre echamos fuera demonios. En tu nombre predicamos…” Pero el Señor responde: “Nunca los conocí. Nunca les vi haciendo mi voluntad. Apartaos de mí, obradores de maldad. Ustedes no han hecho lo que yo quiero sino lo que se les antojó”. Aunque suene duro debo decirte que los cobardes no entrarán en el reino de los cielos. ¡Hoy tienes que entregarle a Dios todas tus excusas! Tienes que entregarle todas aquellas cosas por las cuales te sientes justificado para no servirle. ¡Tienes que servir a Dios! Si tú eres de Él, tienes que perder todos los temores. Yo temí a Dios pero Él me fue quitando uno a uno esos temores cuando supo que yo quería hacer su voluntad. Alguien me preguntó: “¿Pero cómo hago? Yo amo a Dios pero hacer su voluntad es complicado. ¡No es fácil!” “Lo único que Dios necesita es saber que cuenta contigo”, le respondí. “Tú no vas a hacer la obra. ¡La hará Dios!” agregué. Si Dios ve que tú realmente quieres renunciar a todo, Él te ayudará a hacerlo. Como un doctor, Dios meterá el bisturí y hará lo que sea necesario, tú no te animas a hacerlo pero Dios sí, y lo hará, y te transformará en una persona victoriosa.

No ha aparecido el problema, la circunstancia o la situación espiritual o física que transforme de un creyente en un cobarde. El creyente ha nacido para ser valiente y más que vencedor por medio de Jesucristo. ¡Tú no te puedes quedar estancado! Si eres un hijo de Dios, Él te ayudará a sobrepasar las circunstancias que te inyectan miedo. Pero debes tomar una decisión. Temer es pecar, y los pecados deben ser confesados. Si has sentido timidez, si has tenido vergüenza o has puesto excusas, eso significa que has tenido alguna clase de temor. La persona tímida no hará la voluntad de Dios sino la del espíritu de timidez y Dios te quiere hacer libre hoy.

Tú eres esclavo del cigarrillo, de la droga a alguna otra cosa que te domina y es pecado, pero vienes a Dios y le dices: “Señor, estoy arrepentido de mi pecado, quiero que me perdones y me libres. Perdóname por mis temores y líbrame de toda maldad que provenga de esos temores. Yo quiero ser valiente y prometo que haré la obra que tú quieres. Entiendo que he nacido para hacer la obra que tú has pensado y no la que yo he planeado. No quiero hacer mis planes, sino los tuyos Señor”. Dios no sólo te perdonará sino que también te librará del poder del pecado, te librará de los temores.

Oro por ti: “Señor, que en esta hora descienda tu Espíritu Santo a socorrer a esa persona que está sometida bajo el poder del temor. ¡Glorifica tu nombre y extiende tu mano, Dios mío! Que tu pueblo hoy te entregue a ti eso que ama demasiado, aquello que tiene miedo a perder. ¡Libra a tu pueblo! Descienda sobre ellos tu Espíritu Santo con poder y úngelos. Hago esta oración en el nombre de Jesús. Yo ato y reprendo el espíritu de temor sobre cada vida, en el nombre de Jesús. Qué tu nombre sea exaltado y el mundo pueda ver el poder, el valor y la gloria de los hijos de Dios, amén”.

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