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MENSAJES DEL CIELO

TU ADVERSIDAD: PUERTA A LA VICTORIA

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INTRODUCCIÓN

Quiero hablarte acerca de un hecho importante y es que Dios ha creado todas las cosas para su gloria y éstas le pertenecen. Todo lo que Él ha hecho, manifiesta su gran poder, su sabiduría y su gloria; y nos muestra el Dios extraordinario que tenemos. El broche de oro es que nosotros hemos sido creados también para mostrar su gloria. El anhelo de Dios es expresarse a través nuestro; que cuando la gente nos trate tenga un encuentro con el Señor y cuando hablemos con las personas escuchen a Dios.

La Biblia señala que somos templo de Dios, hemos sido creados por Él como vasijas para que habite su presencia y se exprese a través de nosotros así poder llegar a otros. Si hay alguna virtud en nosotros, no es nuestra sino de Dios, si hay amor en nosotros, ese amor no es nuestro sino de Él. Por lo tanto nadie puede gloriarse, nadie puede alabarse o agrandarse en su presencia porque sólo Dios debe ser alabado. ¡Él nos ha creado y somos sus criaturas!

Leemos en 2ª de Reyes 4:1: “Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos”. Eliseo era un siervo de Dios, profeta y sacerdote. Aquí se plantea una situación en la que uno se pregunta por qué suceden esas cosas. La mujer se cuestionaría: “Si mi esposo era un hombre que amaba a Dios y le servía, ¿por qué murió? Miren ahora cómo me encuentro, sola y endeudada y los acreedores quieren llevarse cautivos a mis hijos”.  Dice la Biblia que la mujer clamó a Eliseo y le explicó lo ocurrido.

Hay situaciones que se complican y no entendemos por qué nos toca vivirlas, es más, nos preguntamos por qué Dios permite que sucedan; por ejemplo, ¿por qué me dejó mi marido? La ilusión de mi vida era tener una familia y me abandonó. O, ¿Por qué se murió mi hijo? ¿Por qué lo mataron? Si yo dediqué toda mi vida en criarlo, ¿por qué se involucró en las drogas?

Una mujer me contó que tenía un hijo de treinta y tres años con problemas psicológicos, pero no era un inconveniente para la sociedad. Ellos son del interior del país y viajaron a la capital para que él haga un curso especial. Finalizado el curso, el hombre se dirigió a la terminal de ómnibus para volver a su ciudad. Antes de subir le dijo a su cuñado que iría a comprar algo para llevarle s sus sobrinos. Como el ómnibus estaba por salir, fue corriendo al quiosco; cuando el quiosquero lo ve acercarse a toda prisa, saca un revolver y lo mata. Esto fue noticia hace un tiempo atrás. Como se demoraba, su cuñado fue corriendo a buscarlo; cuando llegó, lo ve tendido en el suelo, mira al quiosquero, éste al verlo, levanta el arma y le dispara a él también; aunque salió corriendo, alcanzó a recibir un balazo en su espalda. El dueño del quiosco, en pocas horas quedó libre y se publicó en las noticias que fue un asalto; que un hombre quiso asaltar un local. La madre lleva años tratando de que la justicia haga algo al respecto y la pregunta es, ¿por qué?

¿Has vivido circunstancias complicadas, que no entiendes y te preguntas por qué Dios lo permite?

                NO PRETENDAS ENTENDER A DIOS

En un encuentro que tuvo lugar en Monte Beraca recientemente, al finalizar, estábamos orando para que las personas sean llenas del Espíritu Santo; entre ellas había una joven de unos veinticinco años con el rostro endurecido, que en un momento se había salido de la fila y se sentó a llorar, cuando la mando a buscar para orar por ella, le pregunté qué le pasaba pero no me sabía responder; comienzo a hacerle algunas preguntas y llegamos al punto en que me contó que su papá había muerto antes de que ella naciera, por lo que toda su vida se preguntaba por qué no tuvo un papá que la abrazara. Eso se había transformado en una especie de resentimiento contra Dios y motivo de queja continua. La joven me dijo que no tenía nada contra Dios pero le hice ver que ella lo cuestionaba por la falta de su padre y por poco lo hacía culpable a Él, y me dio la razón.

Quiero enseñarte algunos principios; por ejemplo, Dios no es para entenderlo. Nuestra mente es muy pequeña, por lo tanto, Dios no nos puede explicar algunas cosas porque van más allá de nuestra razón. Nuestras razones tienen límites pero las de Dios llegan muy lejos. Por eso, el Señor no ha querido que nos relacionemos con Él a través de los pensamientos o razonamientos sino mediante el amor y la fe. ¡Se trata de creer y confiar en Él! ¡Se trata de creer en lo que la Biblia dice de Él! Dios es bueno y justo, y aunque tus ojos vean tantas injusticias, tú no eres quien determina la justicia porque no la conoces lo suficiente ya que somos seres injustos y no podemos juzgar a un Dios justo. ¡Nosotros somos pequeños pero Él es grande! Le trasmití a esa joven lo que Dios quería que ella supiera: “Hija, yo he provocado esta situación. Yo soy el responsable de que nacieras sin papá y lo he querido así. He querido que pases por esta experiencia porque te quiero usar para que consueles a muchos que no han tenido un padre que les abrase. Déjame entrar en tu corazón porque te quiero usar”. La joven luchaba con esa idea, pero Dios le dijo que quería usar esa experiencia para bendición de muchos. Una experiencia que normalmente y racionalmente es imposible de entender, la podemos usar para ofendernos con Dios, para alejarnos de Él y entrar en amargura, o podemos usarla para bendecir al mundo.

El mensaje de hoy es: Dios usará lo que estás viviendo para la gloria de su nombre. ¡No busques tu gloria! ¡Muestra a través de tu circunstancia la gloria de Dios! El Señor es un Dios soberano y lo que Él hace no es para tu mal porque a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. Tú te relacionas con Dios mediante el amor y la fe. Por la fe, puedes llegar a determinados lugares que tu razón no alcanza. Tu razón tiene un límite, pero la fe que Dios te quiere dar va más allá de los límites de la razón y de los límites de lo natural hacia la dimensión de lo sobrenatural. Por la fe podrás hacer que por medio de esas circunstancias negativas de tu vida puedas honrar a Dios, porque tú has nacido para su gloria.

Alguien que entendió bien esto fue Nick Vujicic, una persona sin piernas ni brazos, que al principio, cuando vio que su vida no sería normal comenzó a deprimirse al punto de intentar suicidarse. Pero cuando vio que Dios lo podía usar dejó que el Espíritu Santo lo llenara y ahora es un hombre que lleva palabras de esperanza a todo el mundo. ¡Él es una bendición de Dios para el mundo! ¡Nació sin sus miembros para la gloria de Dios! ¡El Señor puede hacer algo muy bueno con tu circunstancia mala! Cuando Lázaro murió, hasta Jesús lloró; lloraron las hermanas y demás parientes porque él era muy querido. Entonces le recriminaron: “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no hubiera muerto. ¿Por qué no llegaste a tiempo?” ¡Pero Jesús necesitaba un Lázaro muerto! Cuando le dijeron que su amigo se estaba muriendo se quedó dos días más en donde estaba y cuando decidió ir, caminó otros dos días y ya hacía cuatro días que lo habían enterrado. “Ah Señor, si hubieses estado aquí…” Mas Jesús habrá pensado: “¡Me alegro de no haber estado aquí!” ¡El Señor es capaz de arruinar un velorio! ¡Él cambia tus circunstancias! ¡Tú tienes que creer y tener esperanza en Jesús! No vayas a Él con quejas porque éstas provienen de tus razones.

Le damos gloria a Jesús porque Él sana a los enfermos; mucha gente ha sido sanada por el Señor, y en la Biblia hay muchas historias acerca de sanidades divinas, pero resulta que para tener una sanidad tremenda hace falta una enfermedad tremenda.

¿Para qué son esas circunstancias en las que uno no sabe qué hacer con ellas? ¡Son para que Dios se glorifique! Si tú confías en el Señor y esperas en Él, si le das la gloria y el honor, Dios tomará tu problema y te mostrará cuán grande y poderoso es. ¡Te mostrará cuán maravilloso y glorioso es! Una mujer sola se siente desgraciada porque no tiene a nadie, la soledad la turba, pero un día la presencia del Señor llena su vida. Hace falta una mujer o un hombre en soledad para poder conocer lo que es la compañía de Dios. ¿Tú quieres ver un nuevo día? Espera que pase la noche y recuerda que cuando más oscura es la noche, más pronto amanece.

Hay cosas que no puedes razonar, sólo debes creer. Yo creo que Dios se glorificará en mi vida y en mi circunstancia, no importa lo que suceda porque a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien.

                EL TESTIMONIO DE BIANCA TOLEDO             

Estuve viendo el testimonio de una mujer, una cantante cristiana. Ella era muy linda, su vida estaba encaminándose bien, servía a Dios con amor y tenía un sueño secreto que nadie sabía; su mayor sueño era ser mamá. En su adolescencia le descubrieron una endometriosis que le impedía quedar embarazada. Todos los meses sentía síntomas falsos y se hacía exámenes que le daban negativos. Ella había desistido de su sueño y se enojó con Dios, pero una noche, estaba en un culto y una misionera se le acercó y le dijo: “Dios está tocando tu vientre. Él va a realizar el deseo de tu corazón”. Cuando le dijeron eso, ella pensó: “Ese es un engaño de satanás para que empiece a soñar de nuevo y me frustre nuevamente”. En otro culto se le acercó un pastor y le dijo: “El Señor va a alegrar tu casa”. Y ella nuevamente pensó que estaba oyendo mal pero la misma semana, se le acercó una misionera y le dijo: “Soñé contigo. Tú estabas con un bebé en los brazos, sonriendo”. Le dijo uno, le dijo otro y otro que tendría un hijo. Dios había enviado a varios para decírselo pero la incredulidad se había apoderado de ella. En un momento le pidió perdón a Dios por haber desistido de su sueño y por haberse enojado con Él. Pasaron los meses y cuando ella sentía síntomas se hacía exámenes que daban negativos; pero aunque su situación no había cambiado, ella en cambio sí había cambiado. Hasta que llegó el día en que se sintió mal y fue a hacerse un examen, el cual le dio positivo. Entonces comenzó a soñar y a preparar el dormitorio del bebé; le compró ropita para su hijo y dividió el ropero en sectores: recién nacido, de cero a tres meses, de tres a seis meses, así hasta dieciocho meses. ¡Estaba feliz! El embarazo era perfecto, todo estaba bien, pero cuando tenía nueve meses de embarazo, despertó con un dolor de abdomen insoportable y pensó que estaba en trabajo de parto. Llegó al hospital, y comenzó a vomitar mucho, por lo que decidieron hacerle cesárea para sacar al bebé y así poder hacerle exámenes para descubrir lo que tenía. Pero en el momento en que entró a sala de partos quedó inconsciente y aunque su hijito nació bien, ella no lo pudo ver. Lo que le había sucedido fue por causa de una operación que se había realizado antes de concebir, y se trataba de un bypass gástrico; cuando quitaron al bebé se le rompió el bypass que le habían hecho, y esta situación comenzó a necrosar sus órganos y se interrumpió el flujo intestinal provocando que el líquido fecal entrara por la cavidad abdominal, contaminando todo su cuerpo, lo cual significaba la muerte. El diagnóstico fue septicemia generalizada.

La abrieron, lavaron todos sus órganos, cerraron la operación, pero a los pocos días tuvieron que volver a abrir; así pasó por quince cirugías abdominales. De tantas veces que la abrieron ya no podían volver a cerrarla, así que la dejaron abierta porque cada semana surgía algo y tenían que intervenirla. Sus órganos, uno a uno comenzaron a colapsar. Cada vez que los médicos daban el parte, algo más severo tenía la mujer y declaraban que no viviría mucho. La mujer fue empeorando cada día y estaba conectada a varias máquinas; le practicaron una traqueotomía y le conectaron a un respirador, en tanto que otra máquina le hacía circular la sangre. Necesitó trescientas transfusiones de sangre, lo cual fue un hecho trascendente en Rio de Janeiro. Dios comenzó a movilizar a la gente para que oraran por ella. Los parientes habían informado a través de la web lo acontecido, y esto se fue diseminando por toda la red, de modo que hubo mucha gente que se agregó para orar por ella. ¡Personas que ni la conocían se sumaban para interceder! Se libró una guerra espiritual porque no había forma de que sobreviviera a lo que estaba padeciendo. Pero Dios fue moviendo todo. Se enteró al tiempo por el jefe de policía de Rio de Janeiro, que un grupo de policías cristianos estaban orando por ella y que él había liberado a quinientos efectivos para que le donaran sangre.

La mujer estaba abierta, en un estado putrefacto y emanaba mal olor de su cuerpo. La tenían que asear continuamente. Pero ella no estaba consciente y sus órganos funcionaban gracias a los aparatos. ¡Más caótico no podía ser el panorama! En un momento abrió sus ojos; ella oía pero no se podía mover. Le decían que si escuchaba, parpadeara, pero aunque quería, no podía. Desde el momento que cobró conciencia, podía escuchar todo lo que hablaban. Las enfermeras la aseaban en la cama, tenían que moverla con cuidado porque estaba abierta con sus entrañas a la vista, pero según la mujer, ella contó que amaba que le hicieran eso porque le quitaban esas cosas molestas que tenía. Cierto día, una de las enfermeras le estaba lavando el cabello y mientras lo hacía le cantaba una canción: “Recibe la sanidad Bianca, recibe la unción”. ¡Yo alabo a Dios por las enfermeras cristianas! ¡Dios las llene de su Espíritu Santo! ¡Que ellas puedan entender el propósito de su existencia!

Se había formado una cadena de oración por la mujer en todo el mundo. Ella cuenta que hubo un camillero, esos que llevan enfermos a algún área del hospital y también transportan muertos, el cual se paraba al lado de la cama y decía: “¿Puedo orar por la señora? Levantaba su mano al cielo y comenzaba a clamar: “Señor, en el nombre de Jesús, yo sé que eres Dios de imposibles. ¡Sana a esta mujer! Señor, yo quiero que ella conozca a su hijo”. Oraba con tanta intensidad que lloraba. Cuando terminaba, decía: “Hasta luego” y se iba. Un día, un médico diferente se acercó a su cama; ella notó que no era como los demás y que su rostro brillaba; dijo que iba a hacerle una curación. Cuando la tuvieron que intervenir por primera vez, habían elegido un cirujano al azar, el cual la había operado unas quince veces; ella no lo conocía, pero resulta que ese médico fue quien se le acercó y le dijo: “Yo te conozco, conozco a tu familia, conozco tu historia. Soy pastor y mi iglesia está orando por ti”. Y agregó: “Existe una guerra por tu vida. ¿Tú estás orando?” A partir de ese momento entendió que tenía que orar de alguna forma, entonces su mente solamente concebía un pensamiento: “Espíritu Santo, quédate conmigo”.

Dios necesitaba una muerta para hacer un milagro y les dio la orden a varias personas para que fueran a donde estaba la mujer y oraran por ella, y aún sin conocerla, iban y se presentaban en el hospital para interceder por un milagro.

Después de dos meses en coma, la pastora de Bianca llamó a una amiga y a un pastor que tiene el don de sanidad. Llegando al CTI, el pastor oró diciendo: “Dios, tantos pastores vinieron aquí. ¿Qué puedo hacer de diferente?” Y el Señor le respondió: “Preséntate como embajador de mi reino y lo demás lo haré yo”. Entonces entraron en la habitación y cuando la amiga de su pastora logró acercarse con dificultar a ella por causa de las máquinas, comenzó a cantarle una antigua canción: “Talita cumi, levántate niña de los ojos de Dios. Tu historia comenzará, por tu nombre te llamaré y tus sueños voy a realizar”. Luego, el pastor comenzó a decir: “Satanás, mi nombre es Janio Cesar, tú me conoces. Yo vengo como embajador del reino de Dios y doy una orden a los órganos vitales que vuelvan a funcionar ahora, en el nombre de Jesús”. En ese mismo instante su cuerpo comenzó a agitarse y las máquinas comenzaron a sonar todas a la misma vez.

Una persona que tiene sólo un tubo injertado, puede contaminarse con alguna bacteria hospitalaria y morirse. Yo tengo un amigo que fue a atenderse a un hospital, se contaminó con un estafilococo y murió. Esta mujer estaba abierta totalmente y se agarró todas las bacterias hospitalarias habidas y por haber. Surgió una bacteria nueva contra la que no había medicamente eficaz ya que era resistente a cualquier tipo de antibióticos. Ella es una mujer rubia de tez clara y por causa de la agresividad de los antibióticos su piel quedó de un color marrón oscuro, su pelo se le cayó y estaba toda hinchada. ¡Parecía un monstruo! Los médicos no entendían por qué no se moría. Cuando le retiraron todos los medicamentos, inexplicablemente su organismo comenzó a funcionar; aunque ella pensaba que ya no sería cantante, que ya no podría ni siquiera escribir, Dios le dio una visión, le mostró continentes, países, tribus, pueblos y le dijo: “Yo te restauraré por completo. Te llevaré por toda la tierra para que cuentes lo que hice por ti”. Cuando el cirujano que la operó se enteró que la trasladarían de hospital, cuestionó a Dios: “¿Por qué se la llevan de aquí si yo creí desde el comienzo y quería verla sanada?” Y el Señor le respondió: ¿Sabes por qué la estoy sacando de aquí? Porque quien la sanará soy yo. La gloria no será de un hospital ni de otro; no será de un médico o de otro. La gloria no será de ningún medicamento. ¡La gloria será toda mía!”

¿Crees que Dios resucita muertos? Se necesitan muertos para poder resucitarlos. ¿Crees que el Señor sana enfermedades severas? Se necesita algún enfermo desahuciado para que sea sanado. Jesús sanó un ciego de nacimiento. Una persona en esta condición ni siquiera tuvo la oportunidad de pecar para quedar ciego. Los discípulos le preguntaron a Jesús: “Señor, ¿quién pecó? ¿Este o sus padres para que quedara ciego?” Y el Señor les respondió: “Ni este ni sus padres, él está ciego para la gloria de Dios”. ¿Dios podrá usarte a ti para su gloria? ¿O cuando te viene una enfermedad o un problema grave, o se te muere un ser querido comienzas a preguntar: “¿Por qué a mi Dios? Yo que soy tan bueno…”?

¡Y la mujer se levantó! Ella tenía cinco tubos de drenaje, para poder tratarla y limpiarla. Después que la hubieron cerrado, le quedó un agujero en su abdomen, una fistula abdominal la cual le dijeron que nunca cerraría; todas las semanas iba a su casa una persona especializada para tratar esa fistula y le dijo a la mujer: “He trabajado con esto por años y nunca vi que algo así se cerrase”. ¡Pero el agujero se cerró! Ella no podía hablar porque se le habían atrofiado las cuerdas vocales por causa de la traqueotomía, pero pudo volver a hacerlo y con agujero y todo salió a predicar el evangelio. Ya su pasión no era tener un hijo. Cuando había llegado del hospital a su casa, el hijito le sonrió, pero ella no lo podía tocar por causa de las bacterias, ya que podía contaminarlo. Cuando el niño tenía casi siete meses recién lo tomó en sus brazos por primera vez. Su pasión ahora era hablar de las grandezas del Dios del cielo, y mostrar al mundo su gloria y su poder.

                LA GRANDEZA DE DIOS SE VERÁ EN TU DEBILIDAD

Dios necesita gente despojada de sí misma; el Señor no necesita gente que piense y sienta por sí misma sino que se deje usar por su Espíritu. Tu razón y tus sentimientos no le dan lugar al poder de Dios. ¡Se necesitan personas crucificadas! “El que quiere seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día y sígame”, dice el Señor. Gente que no llore por los clavos que tiene clavados sino que declare: “¡Estos clavos son para dar vida!” Jesús necesitaba demostrar el poder que tenía sobre la muerte. Las hermanas de Lázaro le dijeron: “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no hubiera muerto”. El Señor Jesús se demoró en llegar donde estaba su amigo, pero Él tenía un propósito. “Me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis…” dijo el Señor. Mientras, los otros lloraban diciendo: “¿Qué estás haciendo maestro? ¿Por qué dices eso?” Es que la lógica de Dios no es nuestra lógica.

Se dirigieron hacia donde habían enterrado a Lázaro y pidió que corrieran la piedra. “Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Más también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:21 al 25). Tú dirás: “¡Era el amigo y lo dejó morir! Con amigos como ese, ¿para qué queremos enemigos?” La Biblia señala que cuando Jesús resucitó a Lázaro, los religiosos de la época convinieron matarlo, diciendo: “Si dejamos que siga haciendo estas cosas, todo el mundo irá tras de Él”. Resucitar a Lázaro le valió que los religiosos pactaran quitarle la vida. Y Jesús vino al mundo con el propósito de demostrar que Él tenía poder sobre la muerte y que ésta no podía vencerlo. Hubo dos ocasiones en las que Jesús tenía que demostrar que tenía poder sobre la muerte, una fue en ocasión de la resurrección de Lázaro, y la otra fue sobre Él mismo. Dios necesitaba un muerto y Jesús se ofreció a morir para que la gloria del Padre sea conocida. ¡Bendigo a Jesús por haber hecho esas cosas que nosotros no entendemos! Él fue a la cruz porque antes de resucitar era necesario que muriese. ¡En tu fracaso está la victoria de Dios, en tu tristeza está su gozo!

El apóstol Pablo fue un hombre de ímpetu y mucho empeño, viajaba de una ciudad a otra predicando el evangelio, y en algún momento un aguijón se apoderó de él, posiblemente una enfermedad o algo que no soportaba y quería que Dios se lo saque. “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2ª Corintios 12: 7 al 9). Tal vez Pablo creía: “Si Dios me saca esto entonces voy a poder servirlo mejor”. ¿Has pensado así tú también? ¡Tú tienes que servirle al Señor con cáncer o sin cáncer, con problemas o sin ellos! ¡Es en tus dificultades que se manifiesta la gloria de Dios! El poder de Dios no es para los fuertes ni para los poderosos; el poder de Dios es para los débiles. ¡Serán los débiles los que experimentarán el poder del Señor en sus vidas! Tal vez has dicho que no das más, pero el Señor se va a glorificar en tu vida. ¡Dios lo hará! “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Dios te quiere débil porque es en esa condición que mostrará su grandeza y su poder. En tus circunstancias difíciles, lo hará. Cada uno con su cruz. Nunca digas que la cruz de otros es más pequeña que la tuya porque no opinarás con sabiduría al declarar eso. Cada uno tiene la cruz que merece. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Esas son las cosas incomprensibles de Dios. Si estás enfermo veremos el amor y la misericordia de Dios en tu enfermedad. Si algún ser querido murió, vamos a ver la gloria de Dios en tu vida.

                CONCLUSIÓN

¿Tú entiendes lo qué es despojarte de ti mismo y que tus razonamientos y tu voluntad no te pueden librar? ¡Dios será quien te libre! Él te dice: “Yo te voy a levantar y voy a mostrar mi gloria a través de ti. Yo recibiré la gloria porque para eso te he creado, para mi gloria lo he hecho. Tú no eres fuerte por tus fuerzas sino porque yo te hago fuerte. ¡Yo soy tu Dios! ¡Soy el primero y el último! ¡No hay Dios antes de mí ni lo habrá después de mí! ¡No te quejes más! ¡Dale al Señor la gloria! Di: “Señor yo creo con todo mi corazón que en mi vida y en mis circunstancias veré tu gloria”. ¿Cómo hace Dios? ¿Por qué permite esto o lo otro? ¡No importa por qué lo permitió! Él es sabio y sabe lo que hace. El Señor te quiere bendecir y quiere llenar tu vida.

“Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. ¿Qué tienes tú que Dios pueda usar? ¡Nada! El Señor te dice: “Tú pones el barro y yo pongo la gloria”. La viuda le dijo a Eliseo: “Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.” El profeta le preguntó qué tenía en la casa y ella le declaró que no tenía nada. Pero de pronto le dice: “Tengo una vasija con aceite”. La vasija es de barro. ¿Y tú que eres? ¡Barro! El apóstol Pablo declaró: “Tenemos este tesoro en vasos de barro”. “Señor, yo no tengo nada, sólo una vasija para que tú te glorifiques. Por supuesto que Dios tiene que limpiarte porque no entrará en una vasija sucia. Por eso quiere que seas humilde y le pidas perdón; Él quiere perdonarte, limpiarte y santificarte porque no llenará una vasija sucia y miserable. Es que al Espíritu Santo no le gusta entrar en esos lugares mugrientos. El Edén era un lugar hermoso, todo era armonía, lo había hecho la mano de Dios. ¿Te imaginas ahí ratas o cucarachas? ¿Te imaginas toda clase de alimañas? ¡No! Quiero decirte que así como está tu casa, está tu vida. Si tu casa está desordenada también tu vida lo está y el Espíritu Santo no quiere morar allí.

El Señor te limpia y perdona todos tus pecados. ¡No los tapes! ¡No cubras la vasija! Deja que la sangre de Cristo te limpie de todo pecado, y entonces la vasija quedará limpia de toda inmundicia; quedará limpia de resentimientos, de amargura y soledad. Antes no entendías por qué Dios permitía eso y ahora le dices: “¿Qué vas a hacer Dios? Estoy expectante por ver tu gloria. Cuando ya nadie me puede ayudar, cuando yo ya no puedo hacer nada, allí está tu gloria y tu poder”.

La viuda tenía una vasija llena de aceite y es así como tiene que estar tu vasija, llena de aceite y no de ti mismo. El aceite es figura del Espíritu Santo. El profeta le dijo a la mujer: “Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite” (2ª Reyes 4: 3 al 6). De una vasija se llenaron varias. ¡Ahí está el poder de Dios! ¡Era el Espíritu Santo que estaba obrando! Jesús dijo que de nuestro interior correrían ríos de agua viva, y eso sucedería con aquellos que creen en Él, y lo dijo del Espíritu que iban a recibir los que creyesen en Él. El Espíritu Santo fue quien levantó de los muertos a Jesús y fue quien lo ungió. Él es quien hace los milagros no tú. ¡Tú no resucitas muertos! ¡El Espíritu Santo sí! Lo único que necesita Él es una vasija de barro para poder manifestarse a través de ella. Nosotros no tenemos ningún ingrediente que no sea de la tierra; si comes zanahoria, estás comiendo tierra, si comes vaca estás comiendo pasto que sale de la tierra.

Tú eres una vasija pero no es para que estés lleno de ti mismo; no existe para que esté llena de tus pensamientos, razonamientos  o emociones. ¡Dios hizo la vasija para su gloria! El aceite de la viuda cesó cuando ya no había más vasijas. Mientras haya vasijas no cesará el aceite. ¿Tú eres un recipiente disponible para Dios? La viuda llenó cada vasija del aceite que ella tenía. ¡De tu interior correrán ríos de agua viva! Tú comienzas a tratar con personas y ellas abren su corazón, entonces tú las comienzas a llenar con lo que hay en ti. ¡Dios quiere llenar tu vida con su aceite!

“Limpia los corazones Padre, perdona los pecados; perdona esos pensamientos que se han levantado contra ti, como cuando te cuestionamos diciéndote, ¿por qué a mi Señor? ¿Por qué permites esto? Nos hemos levantado contra tus planes, Padre”.

Cuando has declarado: “Esto no me gusta” o “Esto no lo quiero. Yo quiero hacer algo que sienta y lo que me guste”, le has negado a Dios la posibilidad de que Él haga lo que quiere. Tú no te has negado a ti mismo y el Señor quiere que hoy tomes una decisión. ¿Tomas tu cruz o no? “Yo no te puedo llenar si no tomas tu cruz”, te dice Dios. “Yo no te puedo dar vida; no te puedo dar mi gloria si primero no mueres. ¡La cruz es antes que la resurrección! Dios hoy te dice: “No te quiero vivo, te quiero muerto y yo te resucitaré. ¡Te levantaré de esa cama, aún te levantaré de la tumba!”

 

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