UN CORAZÓN SENSIBLE A DIOS

Quiero que reciban la lección de hoy como una misiva de parte de Dios y que la tomen muy en serio. Cada cristiano está siendo llamado a ser un evangelista, que no solamente es pararse frente a un púlpito para predicar el evangelio, sino que es toda persona que ha conocido el evangelio y por tanto, tiene el deber de parte de Dios de predicarlo. Te digo muy seriamente de parte de Dios que Él te va a demandar la sangre de aquellos que están alrededor tuyo y que no les ha predicado el evangelio. Será tremendo enfrentar a Dios y querer explicarle o ponerle excusas de por qué no le has predicado el evangelio a los que te rodean, sean compañeros de trabajo o familiares. El precio que pagó Jesús en la cruz del calvario por la salvación de la gente es muy caro como para que te calles o te escondas; una luz no se pone debajo del almud sino en lo alto para que alumbre. ¡La palabra de Dios tiene que brillar! El mensaje que Dios me ha dado para compartir contigo hoy es: “No debes callar, es necesario que prediques el evangelio del reino”. ¿Qué es el evangelio? ¡La buena noticia de Dios para los pecadores, para perdón de pecados y vida eterna! ¿Cómo la gente se va a convertir si no hay quién le predique el evangelio? ¡Es tu responsabilidad abrir tu boca, predicar el evangelio y pagar el precio que tengas que pagar con tal que la gente sepa que Jesucristo es el Señor, el Salvador y el libertador!

Me llamo poderosamente la atención el empeño que puso nuestro anexo de la ciudad de Las Piedras en ayudar a un hombre que le llaman “el gadareno de Las Piedras”; lo vieron en una condición tan triste, tan degradante, de modo que decidieron no dejarlo así sino que le hablaron de la palabra de Dios, lo lavaron, lo bañaron y le oraron, sacándole fuera los demonios y le dieron un lugar donde vivir. Hoy está viviendo en nuestra comunidad de rehabilitación “El Dorado” y está agradecido a Dios por lo que Él ha hecho en su vida, de tal manera que la gente se admira del poder de Dios y felicitan a la iglesia diciendo: “¡Qué buena obra han hecho ustedes!” La gente comienza a sentir que el evangelio es creíble cuando llegan a sus oídos esos testimonios del poder de Dios y cuando nosotros mismos creemos y predicamos que cualquier persona puede recibir perdón de pecados, que Cristo ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. ¡Aquellos que están en la más triste situación como basura de la sociedad, pueden ser rescatados por el poder del evangelio! ¡Navidad es la celebración que nos recuerda el gran amor de Dios, su misericordia y gran poder!

Quiero referirme a un tema que he titulado: “Señor, haznos creyentes”. El mundo depende de la fe que tenemos los cristianos en lo que ya hemos recibido; la fe nos lleva a movernos, si tu fe no te mueve, no es fe. Los incrédulos suelen hablar de fe, pero ellos no tienen las fuerzas ni el poder para hacer lo que dicen que creen; no obstante, los verdaderos cristianos demuestran lo que creen, con las obras que hacen y esto tiene que ver con el mandato de Jesús: “Id y predicad el evangelio…”

SEÑOR, HAZNOS CREYENTES

“Haznos creyentes” tiene también otra significación; quiere decir, “Señor, anhelo creer sencillamente, no quiero llenarme de explicaciones para poder creerte, ni pretendo que hagas grandes milagros, ¡quiero creer antes de los milagros!” Significa decir: “Dios mío que pueda en una sencilla palabra, identificar una revelación, quiero tener un corazón abierto y dispuesto”. Esto me recuerda a los radares que giran en los aeropuertos, y están atentos a cualquier cosa que aparezca en el cielo que tenga metal. Son capaces de identificar el tipo de objeto volador, el tamaño que tiene y por dónde viene, con coordenadas muy precisas… ¡Seamos como un radar! Que cuando haya una orden en el cielo no tengamos que escuchar diez veces al predicador para creer y actuar, que no seamos dudantes sino creyentes, que no solamente vengamos a la iglesia a escuchar sino que salgamos de ella llenos de fe para hacer las obras que Dios quiere que hagamos.

Leamos Juan 4:40-42: 40Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. 41Y creyeron muchos más por la palabra de él, 42y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”.  Saber que Cristo es un ser histórico que revolucionó el mundo no cuesta nada, pero llegar a entender que es el salvador del mundo requiere una fe importante, especial, que la Biblia le llama “fe salvadora”. Los samaritanos son el tipo de gente que creyó a Jesús como el salvador; ellos eran gente despreciable, habían perdido su tradición religiosa, se habían mezclado con otras naciones, de tal manera que era vergonzoso para un judío juntarse con un samaritano; los judíos no comían con samaritanos, no pisaban su territorio ni entraban a sus hogares, porque para ellos era abominación. Es peor una persona que conoció el evangelio y se apartó, que alguien que nunca conoció el evangelio, ese era el sentir que tenían los judíos, preferían tener relación con los gentiles pero no con los samaritanos. Sin embargo, Jesús habló bien de ellos, incluso enseñó una parábola, tomando como ejemplo un samaritano. ¡También les predicó el evangelio! Un día, estando en Judea, quiso ir a Galilea, y para ello, pasó por Samaria. Judea estaba al sur y Galilea al norte, de modo que los judíos debían hacer una gran vuelta para no pasar por el territorio de los samaritanos, pero Jesús pasó por su territorio y se encontró con una mujer en un pozo, donde habló con ella. Ella luego dijo a los de su pueblo: “Hay un profeta aquí que me ha dicho quién soy y me ha contado toda mi vida”. Ellos se interesaron por saber quién era ese hombre y le pidieron a Jesús que se quede dos días. Jesús así lo hizo y la Biblia no cuenta que haya hecho allí algún milagro, simplemente habló con ellos, quienes creyeron que Él era el Salvador, el Cristo, el Ungido.

Juan 6:14 dice: Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo”. Jesús había hecho un milagro, había multiplicado el pan y los peces y muchos, al ver la señal que Jesús había hecho, creyeron que verdaderamente Jesús era el profeta que había de venir. ¡Estos fueron los que creyeron porque vieron! Muchas personas esperaban ver señales para poder creer, y muchas señales hizo Jesús a la gente para que creyesen pero cuando terminó su ministerio, dijo: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Aquellos que no vieron y creyeron tienen un corazón más sensible que quienes tuvieron que ver para creer. Dios quiere tocar en esta hora tu corazón para que seas más simple, más sencillo, menos argumentador, menos racional a la hora de escuchar a Dios. ¿Qué se necesita para poder escuchar la voz de Dios? ¿Qué se necesita para poder creer? Amar a Dios y tener un corazón sensible. ¡Señor dame un corazón perceptivo, de modo que cuando tú hables, pueda entender que eres tú! Muchas veces escuchamos pero nos confundimos y decimos: “Esto es lo que opina el pastor”, sin saber lo que Dios opina; creemos que Dios nos respalda en algo que decimos o pensamos, ¡sin entender que no nos está respaldando! ¡Quiero animarte a que hoy le pidas a Dios un corazón sensible a su voz!

Tenemos entre la cabina de radio que está en la comunidad “Beraca Villa García” y los estudios de Zoe FM, un sistema de señal que se llama “enlace de microondas”, de modo que aquello que hablamos en Beraca va por medio de un enlace para los estudios, y allí sale por otro enlace de microondas para la planta  trasmisora, de donde a su vez sale por la antena para que sea escuchado a través de todos los receptores de radio. Las antenas se clasifican por su sensibilidad; por ejemplo, si observamos las antenas que hay en el techo, algunas son más sensibles que otras. La Biblia afirma que el hombre natural no entiende nada de las cosas del espíritu, es como si con una antena de FM quisiéramos escuchar una AM. ¡Será imposible! Porque la sensibilidad de un antena de FM no tiene nada con la de una antena de AM. Necesitamos decirle al Señor: “¡Quiero tener una fe sencilla para captar tu voz!” Dice la Biblia que el hombre natural no puede entender las cosas que son de Dios porque para él son locura, porque se tienen que entender espiritualmente. Tenemos que pedirle pues a Dios que nos dé un corazón espiritual. El carnal nunca termina de entender bien lo que Dios quiere, pero el espiritual comprende todas las cosas, y las juzga. Hay cosas que a veces no sé cómo explicarlas; muchos me dicen: “¿Cómo sabe usted que tal cosa es así?” Allí entramos en el territorio de la razón, de los pensamientos, del alma, pero si tengo que explicar en el territorio del alma algo que estoy viendo en el mundo espiritual, ¡no lo vas a entender! Sólo un corazón espiritual está sintonizado para poder sentir lo mismo que siente otro corazón espiritual; si tu antena es de microondas y la mía también, yo te trasmito y tú recibes, pero si yo tengo una antena de microondas y tú tienes un radar, por más que sea muy lindo el radar, no podrás recibir mi señal de microondas. Del mismo modo, para poder tener revelación de Dios no necesitamos un siervo de Dios ultra espiritual, porque nada lograremos con un siervo de Dios muy espiritual que esté predicando a corazones carnales. ¡Necesitamos gente con una predisposición a lo espiritual! La palabra de Dios no escasea, ella viene, el problema es cuántos corazones sensibles encontrará Dios.

ANHELO ESTAR EN SINTONÍA CON DIOS

Yo estoy creyendo en un avivamiento y estoy orando por él, ¡quiero ver la gran visitación de Dios a Uruguay! Creo que veré más en el tiempo que ha de venir, que en los doce años que estoy aquí en Uruguay, ¡porque sé que Dios tiene más para nosotros! He recibido una profecía del Apóstol Rony Chaves quien vislumbra para el 2006, un año especial para la predicación del evangelio y salvación de muchas almas, pero también es un año de mucho ayuno y oración, porque se necesita un corazón sensible a la directiva de Dios.

Cuando Cristo nació en Belén había mucha gente “desintonizada”, pero hubieron unos pocos que sí estaban sintonizados. Él no había hecho nada para que la gente creyera en Él como el Mesías, sin embargo hubo quienes sí lo supieron y creyeron inmediatamente. Jesucristo no había hablado, no había hecho ningún milagro porque era un bebé, aún no sabía hablar, sin embargo, ya había personas que estaban esperando su llegada, que habían recibido revelación del Espíritu Santo, que no morirían sin ver la salvación de Jehová. Quizás muchos quisieran una mejor explicación del mensaje, pero todo lo que necesitamos es un buen receptor; en muchos lugares no se puede sintonizar Zoe FM porque no tienen un buen receptor, es decir, muchas veces el problema radica en el receptor y no en la transmisión. Os lo he dicho, y no creéis dijo Jesús en una oportunidad… (Juan 10:25). Jesús hizo muchos milagros y señales para que ellos creyeran, ¡pero no creyeron! y llegó a decir que cuando alguien no cree, por más que se levante un muerto de la tumba, no creerá; se negará a creer aunque vea resucitar a un muerto; así funciona el mundo espiritual. El que no tiene un espíritu sensible a la voz de Dios, está muerto, insensible, a las cosas espirituales. ¿Qué significa estar muerto a las cosas espirituales? Que no capta, no entiende ni discierne, está muerto… es como decirle a un muerto: “Mira lo que está pasando”. El muerto jamás podrá contestarte, aún cuando lo agarres fuertemente y le digas: “¡Miss Universo está saliendo por televisión! El muerto está muerto, no podrá escucharte.

La persona que tiene su corazón endurecido al evangelio no quiere creer. Mas Dios envía su palabra para quien tenga su corazón dispuesto a recibirla; nosotros tenemos el deber de predicar el evangelio, le vamos a hablar a muchos muertos, pero hay algunos de ellos que están listos para resucitar, y cuando le hablemos la palabra de Dios, oirán su voz. ¡Están muertos mas Dios les va a levantar porque están anotados en el libro de la vida para salvación! ¡Oirán y creerán porque son parte de los escogidos de Dios!

¡La navidad es un desafío! No podemos esconder una verdad tan grande y maravillosa como es la salvación, ¡no podemos ser insensibles! Debemos ir tocando las puertas de los corazones para ver si los despertamos a creer en Jesucristo como el Señor de la Navidad y el Salvador de sus vidas. ¡No podemos permitir que papá Noel sea el señor de la Navidad! Jesucristo es el “hombre bueno” de la Navidad, no papá Noel. ¡Tengo que predicar a Jesucristo!

Los regalos se llevan a quien cumple años. Pero nosotros hemos dado vuelta todas las cosas, nadie se acuerda de Jesús ni le da regalos, nadie le ofrece la vida a Jesús en el día de su cumpleaños, ¡todos los regalos son para nosotros! Me imagino a Jesús diciendo: “Qué bueno si me pusieran un regalito en el árbol de la Navidad…” Cuando llega la hora de repartir los regalos, a José le toca uno, a Juan otro… ¡pero no hay ninguno para Jesús! Hay para todos nosotros menos para Jesús. ¡Yo quiero darle mi vida a Jesús!

Jesús tuvo un encuentro con Tomás, el que había dicho “no voy a creer si no veo los agujeros en sus manos y meto mis dedos en ellos”; cuando Jesús se le presentó y le dijo “aquí están mis manos horadaras, mete tu dedo en la cicatriz…” Tomás se estremeció entero y cayó de rodillas diciendo: “Señor mío y Dios mío”. Jesús le respondió: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:28). Aún dentro de los cristianos hay diversos grados de sensibilidad ¿Cuánta sensibilidad y cuánta fe quieres tener tú? ¿Quieres un Dios que te deje tranquilo y no te  embrome… un dios que te deje cómodo con tu fe? ¿O quieres un Dios que te desafíe? ¿Quieres una fe grande o pequeña? Una fe grande significa grandes desafíos, grandes cosas pero también grandes crisis. La fe grande jamás te dejará con la boca callada. Les voy a contar un misterio, quien no predica y se calla la boca, no tiene fe, es un incrédulo, porque la fe mueve el corazón, mueve la boca. ¡El que tiene fe no pude estar callado porque es muy grandioso lo que ha creído, es muy grande el mensaje del evangelio!

En Navidad hubo creyentes sumamente especiales, que creyeron sin ver nada. ¿Qué evidencia es un bebé? ¡Ninguna! Hubo pastores y aún magos que creyeron, pero por sobre todo me llama la atención Simeón, porque fue guiado por el Espíritu Santo hasta el templo, y cuando llegó y vio al niño, entendió que era el Salvador enviado al mundo por Dios. Para todo el mundo era solo un niño, pero para Simeón era más que un niño, ¡era el Salvador! Era lo que él había creído, lo que el Espíritu Santo le había hablado… para que te hable el Espíritu Santo tienes que estar sintonizado con Dios. También me llama la atención Ana una profetiza, que desde que quedó viuda, estuvo ochenta y cuatro años orando y ayunado y a ella también le había sido revelado que no moriría sin ver antes al Mesías y cuando vio a Jesús, supo inmediatamente que era Él, aunque todavía no caminaba, no hablaba, ni había hecho ningún milagro. ¡En Navidad celebramos la venida al mundo del Salvador del planeta tierra!

Asimismo Natanael es otra persona a quien Dios reveló su Hijo. Juan 1:47-49 expresa: 47Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”. Cuando Natanael creyó, Jesús no había hecho ni un solo milagro. ¡Qué maravilloso es tener un encuentro con Jesús y creerle directamente sin necesidad de ver un milagro! Suponte que yo hablo con Marta y digo de Rodrigo que es un chico tremendo, que es un siervo de Dios y él pregunta: “¿De dónde me conoces?” “Te vi nomás”… Natanael le contestó: “…tú ere el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel”. La conversación que tuvieron no daba para tremenda conclusión. Pero cuando el corazón está preparado, ¡la revelación viene! Le habían dicho a Natanael que habían encontrado al Mesías y el dijo: “¿Sí? ¿De dónde es? “De Nazareth”, le contestaron. “¿De Nazareth puede venir algo bueno?” replicó. Sin embargo, lo trajeron a Jesús y éste cuando le vio dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” “¿De dónde me conoces Señor?” Jesús te mira a los ojos y ya te conoce, Él lo sabe todo… ¡nada le puedes esconder a Jesús! ¡Qué nivel de fe el de Natanael! Que yo pueda decir de alguien “eres un profeta” y que al poco tiempo se vea que realmente era un profeta. Hay muchas personas que están listas para creer que Jesús es el Cristo, el Mesías, pero necesitan que alguien vaya y se lo diga. “Este es el que te puede perdonar los pecados, liberar de las drogas, enderezar tu vida, este es quien puede hacer que tu esposo vuelva a tu hogar, el que puede sanar tu parálisis, tu cáncer…”. Dice la Biblia que si nosotros predicamos, somos atalayas. Un atalaya es quien se subía en una torre y anunciaba la venida del enemigo; la Biblia afirma que si predicamos el evangelio, o sea, tocamos trompeta, los que oyen el sonido, deberán aprestarse para la guerra, y si no se aprestan, ¡es problema de ellos! Tú cargas con la culpa de todos aquellos a quienes no les ha predicado el evangelio; hay quienes dicen: “¿Para qué voy a predicar si se burlan?” Si se burlan, es problema de ellos, serán condenados por no haber creído en el evangelio, pero si tú no predicas por miedo a que se burlen, cuando ellos vayan al infierno, Dios te va a hacer cargo a ti por la sangre de esas personas que no creyeron. Hay personas que tiene  el nivel mínimo de fe, de modo que cuando tú abras la boca, ellos dirán: “¡Sí, creo!”

                CONCLUSIÓN

Hoy es un día para decirle a Jesús: “Señor, quiero un cambio, que esta Navidad marque una decisión en mi vida de ser un cristiano de otra dimensión; quiero ser sensible, derrama sobre mí tu amor, tu Espíritu Santo, que así como alguien me predicó el evangelio, yo predique tu palabra y te dé a conocer, y como yo he creído, quiero que otros también crean.

¿Cuántas almas ganaste en este año para Cristo? Si esta palabra ha llegado a tu corazón, y no ganaste a nadie para Cristo en este año, es necesario que hoy le pidas perdón:

“Padre, hoy quiero pedirte perdón, cambia mi vida, saca mi vergüenza, mi timidez, reconozco que son demonios del infierno, pero te pido que seas tú quien domine mi vida y mi corazón. ¡Rompe las ataduras del infierno! Quiebra toda dureza. Dame un corazón sensible, quiero tener una fe semejante a la de Simeón y de Ana… que sólo necesitaron ver la criatura para creer que tú eres el Cristo el Hijo del Dios viviente.

Que sea quebrantado todo yugo del infierno, toda duda, todo espíritu de temor, todo espíritu de timidez, todo yugo del infierno que me ha impedido predicar el evangelio. ¡Que sea lleno con tu Espíritu ahora en el nombre de Jesús! Que sean desatados tus dones sobrenaturales sobre mí. Señor, llévame a descubrir a aquellos que tú tienes marcados para vida eterna, en el nombre poderoso de Jesús hago esta oración, amén”.

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