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MENSAJES DEL CIELO

UNA VIDA PERFECTA

Quiero hablarte acerca de ese negocio extraordinario de perder todo para ganar a Cristo y que mucha gente no entiende y no ve, lo que es muy triste, pero lo más penoso es que son muchos los cristianos que tampoco lo entienden por lo que todavía no han decidido concretar ese negocio que consta en perder todo para alcanzar a Cristo.

Leemos en Gálatas 5:17: 17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.

Los deseos de la carne se oponen al Espíritu y viceversa; el deseo del Espíritu es contra el de la carne y éstos dos se oponen entre si. La relación entre el Espíritu y la carne es inviable, absolutamente imposible y nada podrá hacer, jamás, que la carne satisfaga al Espíritu y que el Espíritu satisfaga a la carne, por lo tanto uno de los dos debe morir. Se trata de una confrontación de muerte y el Espíritu no puede morir y no lo hará ya que es incorruptible, eterno y vencedor, por lo tanto la carne lleva siempre las de perder. Me estoy refiriendo a dos naturalezas diferentes, a dos clases de vida distintas; una es sobrenatural y la otra carnal o natural, que está contaminada, debilitada, y destinada al fracaso, y muchos creyentes no saben diferenciar entre la vida del Espíritu y la de la carne. En su afán de agradar a Dios, pretenden modificar o adaptar la carne a la vida espiritual, o pretenden hacer cosas que parezcan espirituales intentando así convencer a Dios, como si hicieran las cosas que a Él le agrada. Jesús enseñó en Juan 3:6: 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

Hay dos naturalezas distintas, una ya ha sido condenada y la otra es victoriosa, pero es necesario entender que si vamos a tener una vida victoriosa y de poder, tendremos que aprender a no espiritualizar la carne ni bendecir sus iniciativas, tampoco podemos darle a ésta una posición de honor ni cambiar su naturaleza. Cuando hablamos de la carne nos estamos refiriendo a la naturaleza humana, contaminada por el pecado y que a Dios para nada le sirve ya que todo lo que hace esta naturaleza humana es para lograr sus propios beneficios.

Hablamos entonces de dos clases de vida que se oponen, dos naturalezas cuyos deseos son opuestos por lo tanto no hay esperanza de reconciliación. ¡Las obras de la carne son desechadas por Dios! Las mejores obras de la carne son basura para Él, las mejores iniciativas del hombre, de su naturaleza humana, son imperfectas para Dios, por lo tanto Él no trata de establecer un proceso de purificación con la carne, ni de modificación o de perfeccionamiento. ¡Dios trata en todo momento de destruir la naturaleza carnal! La tarea del Espíritu no consiste en destruir solamente las obras de la carne sino a la carne misma.

Una de las clases de vida es totalmente victoriosa y la otra es total y absolutamente perdedora. Ahora, cuandola Bibliahabla del cristiano, señala que éste es más que vencedor por medio de aquel que nos amó. No hay una vida cristiana tal como sucede con muchos creyentes que a la mañana están llenos del Espíritu Santo pero a la tarde están deprimidos, ¡no existe tal naturaleza de vida! La vida del Espíritu es de victoria y la de la carne es de derrota. No hay una clase de vida cristiana que me lleve a disfrutar porque el Señor está conmigo durante una semana y me siento amado pero a la otra semana siento que Él se alejó, que ya no me escucha. Por una semana creo que Dios me está respaldando ya que me permitió determinado triunfo pero a la semana siguiente creo que Él se ha olvidado de mí porque me vino una enfermedad. El apóstol Pablo dijo que en todas las cosas somos más que vencedores, ¡a él no le importaba si se trataba de una enfermedad o una persecución, no le importaba si era desnudez, hambre, cárcel, pedrada o latigazos, él declaraba que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó!

            LA VIDA CRISTIANA: UNA VIDA DE VICTORIA

El tema es que cuando queremos agradar a Dios pensamos que se trata de hacer un esfuerzo para ser mejores cristianos. La vida cristiana no se puede perfeccionar porque es perfecta, ésta no está diseñada para que seamos más o menos vencedores o que lo seamos por un tiempito y en otro momento vivamos fracasados. ¡La vida cristiana está diseñada para que seamos vencedores todo el tiempo! Viene la confusión cuando los creyentes creemos que tenemos que hacer un esfuerzo para lograr un fin; supongamos que hay un cristiano que se la pasa mintiendo pero se da cuenta que así no puede agradar a Dios, así que hace el esfuerzo de mentir menos cada día, poniéndose una meta para llevar a cabo un plan de purificación que lo lleve a ser un vencedor. Alguno me dijo: “Uno no puede cambiar de un día para otro, tenemos que ir cambiando de a poquito”. ¡No se cambia de a poquito! ¡Cuando Cristo te da la nueva naturaleza, el cambio es radical! La nueva naturaleza no te lleva a mentir un poquito o a decir más verdades que mentiras para irte perfeccionando, ¡la vida del Espíritu no se puede perfeccionar porque es perfecta!

“Yo fumaba dos cajas de cigarrillos por día pero comencé a fumar dos cajas por semana porque quiero llegar a ser cristiano”. ¡No se trata de llegar a ser cristiano! ¡Se es cristiano o no se es!

Trataremos de entender la realidad de la vida cristiana que a veces no se concibe ya que ésta es sumamente extraordinaria. Estuvimos realizando hace un tiempo, unos trabajos en Beraca con un grupo de pastores y hermanos; terminábamos cada día totalmente agotados; nos juntábamos como a las doce de la noche a cenar y orábamos en la mesa dando gracias a Dios por el privilegio de servirle. Estábamos muy cansados, pero, esto no es una carga para el cristiano, no le causa opresión servir a Cristo. “¡Hoy no he podido ver a mi familia por servir a Dios! ¡Qué duro es servir a Dios! ¡Es difícil pero lo tengo que hacer!” ¡No tienes que hacer fuerza para ser un cristiano! El naranjo no hace fuerza para dar naranjas porque está en su naturaleza dar esa clase de fruta, y en la naturaleza del cristiano está el servir a Dios y agradarlo. Uno no le pone precio al cansancio y al agobio cuando le sirve a Dios. Es como si una madre llevara anotado en una libretita las veces que le cambia los pañales al nene, le da la leche, o le compra ropa. ¡Quien ama no anota lo que hace! ¡Se complace en dar y esto no le oprime y no lo fatiga porque ama! Esto es para tener en cuenta porque hay quienes quieren servir a Dios pero después de un tiempito están agobiados y se sienten fríos. Hay que ver entonces, con qué naturaleza sirves a Dios, si con la carne o con el Espíritu. ¡Los que sirven en la carne se quedan en el camino y se frustran pero los del Espíritu siguen adelante! ¡Es importante que entiendas esta verdad! ¡Si vas a servir a Dios lo harás con todo tu corazón, con toda tu mente y todas tus fuerzas porque tu servicio proviene de tu amor!

Viene a mi memoria una experiencia que viví hace un tiempo, con un muchacho que ha sido libre de la droga, un chico muy inteligente, conocedor de su oficio quien nos ayudó a instalar la torre de nuestra emisora Zoe Satelital. Yo estaba apasionado con esa torre, y para mí es la mejor que hay en Uruguay porque puedo ver el propósito de Dios que hay en ella. Veo la dirección con que esa torre ha sido construida, no me fijo cuál fue el costo de su colocación, quiero que funcione porque sé que miles y miles serán bendecidos, tocados y transformados por el poder de Dios. ¡No es una torre cualquiera! Entonces la pinto y la mantengo y he estado trabajando con ese muchacho que conoce del tema; cuando ya habíamos finalizado de colocarla, se acerca el joven y me dice: “Pastor, le tengo que contar que me siento oprimido y mal”. Yo le pregunto cuál es el motivo, pero él me responde que no sabe, lo cierto es que quería irse del centro comunitario en el que estaba viviendo. Le dije que lo comprendía, sabía que él era un hombre muy hábil, inteligente y conocedor de su oficio. Durante la semana en que estuvimos trabajando en la colocación nos visitó un empresario de torres para vendernos unos cables de acero y vio cómo trabajaba este muchacho, entonces lo apartó y le ofreció pagarle mil pesos por día si se iba a trabajar con él. Ese joven está en una comunidad porque a pesar de su capacidad, y es uno de los mejores torreros que hemos tenido, su corazón no estaba bien; lo habían echado de su trabajo, se quedó endeudado, en la calle, perdió su familia aún con toda la habilidad que tenía. El problema de la carne es que confía en las habilidades pero Dios mira el corazón; el problema no está en las destrezas del hombre sino en su corazón. Dios trata más con el corazón de las personas que con sus habilidades. ¿De qué te sirve ser el mejor matemático si tu corazón está mal? ¿De qué te sirve ser el mejor en lo que haces si tu corazón está mal? Tú puedes hablar muy bonito pero si tu corazón está mal, los frutos serán malos. Le recordé al muchacho que él había llegado al centro comunitario siendo un inservible, un descarriado sin rumbo, sin saber qué hacer con su existencia, y nosotros no le hemos cobrado nada, más bien le dimos mucho amor y lo ayudamos a salir de todo pero ahora viene un hombre que le ofrece buena paga, y deja todo. También le agregué que hay gente con habilidades, personas inteligentes que pueden desenvolverse y desarrollar sus propios proyectos pero que son difíciles de consagrarse. Ahora, quien no sabe a dónde ir ni sabe qué hacer y ha perdido todo, por lo que ya no tiene nada más que perder, ese se consagra más fácilmente. Puedo decir que tenemos un porcentaje altísimo de inútiles consagrados y un porcentaje bajísimo de gente capacitada, inteligentes, que prefiere perder todo con tal de conocer a Cristo.

Cuando tu proyecto compite con el de Dios entonces sale perdiendo el Espíritu, pero por un tiempito porque después vendrá Cristo y juzgará a todos, colocándote a la izquierda que es el lugar de las cabras y te dirá: “Apartaos de mí, hacedores de maldad a la condenación eterna”. Porque el reino de los cielos se reduce a algo muy simple: o se hace la voluntad de Dios o no se hace. Quien hace la voluntad de Dios irá a la derecha que es el lugar de las ovejas y el Señor les dirá: “…Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34). Ahora, el que está a la derecha no es de esos que dicen: “Bueno, a partir de esta semana voy a mentir menos”. No son esos los que irán al cielo, tampoco los que prefieren servir a sus proyectos y más adelante verán qué van a hacer con Dios. He conocido quienes dijeron: “Cuando me jubile me dedico tiempo completo a la obra de Dios, ahora no tengo tiempo para nada”. Pero  puede suceder que cuando te jubiles el Señor te diga: “Ya no te necesito. ¿Me vas a dar tu despojo? ¡Me estás dando la perniquebrada! ¡Yo soy un Dios grande y poderoso y quiero lo mejor! Quiero la seleccionada, la que no tiene manchas”. ¿Qué le piensas dar a Dios?

Respecto a las dos clases de vida, le dije al muchacho que trabajó en la torre de la emisora: “Habrás construido muchas torres en tu vida pero ésta es la mejor que has levantado, ¡y es la que no estás disfrutando! Algunas otras que has levantado se usan para trasmitir cualquier sandez, ¡no sirven para nada! Pero tendrías que estar contento con ésta que hiciste. Ahora querés ir a hacer otras torres porque te pagan, así podés construir tus planes, ser independiente sin que nadie te diga lo qué hacer. Podrás hacer lo que se te da la gana y como vas a ganar mucho dinero traerás ofrendas a Dios, sólo para hacerte ver. ¡Gloria al hermano fulano de tal!” Y yo lo comprendo porque soy arquitecto de profesión y mi sueño era tener una empresa, ganar mucho dinero y tener dominio, quería hacer edificios y que la gente los admirara… ¡Ahora estoy poniendo telitas de sombra en Beraca! Mi idea era tener dinero y así dar buenas ofrendas pero, ¿para qué iban a ser las buenas ofrendas que yo quería dar? ¡Para sentirme bien yo! Toma Dios esta ofrenda, manda a algún estúpido que predique y yo sigo con mi gloria.

Debemos entender que muchas veces, cuando servimos a Dios tenemos que conocer bien el corazón con el cual estamos sirviendo. Si estamos sirviendo a Dios, no nos vamos a cansar. Te lo dice uno que pasó por varias etapas de convalecencia. Es que servir a Dios es precioso, te acuestas cansado pero al día siguiente te levantas con las fuerzas renovadas. ¡Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas!

La vida del Espíritu no se llega a lograr, no se trata de que hagas tal o cual cosa para recibir como premio esa vida victoriosa, ésta, es un don de Dios, un regalo, no tienes que hacer nada. La vida victoriosa se recibe por fe, el perdón de los pecados se recibe por fe, y la salvación también. ¡Se trata de recibir el señorío de Cristo por la fe! La verdadera vida cristiana es la verdadera vida de Cristo en mí, ya no vivo yo sino que vive Cristo en mí. El que no miente es Cristo, Él no tiene que esforzarse para no mentir; si Cristo es tu Señor y Él domina tu vida no tienes que hacer ningún esfuerzo, simplemente tú no mientes porque Cristo es el Señor de tu vida y se terminó. No se trata de decir que vas fumar un cigarrillo menos por día, tienes que dejar que Cristo llene tu corazón, comenzarás a sentir repulsión por el cigarrillo. No es algo que vas logrando con tu esfuerzo, es algo que viene y se establece en tu vida, es un rechazo al pecado, a la carnalidad, a lo que te ata, es un rechazo a las prácticas pecaminosas y que proviene de la vida victoriosa que Dios te regala. Eso es un don, tú no tienes que alcanzar esa vida victoriosa, Dios te la da.

2ª Corintios 2.14 dice: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento”. En otra versión de la Biblia dice así: “Mas gracias sean dadas a Dios, quien nos lleva siempre en triunfo (y aclara) en Cristo”. O sea que Cristo es tu victoria, Él es quien produce en ti, el querer y el hacer por su buena voluntad, así que no se trata de un esfuerzo de mejorar la vida cristiana porque ésta no se mejora, ya viene perfecta de fábrica. Se trata más bien de mejorar mi relación con Dios y llegar a un punto en que yo le diga a Jesús: “Señor, quiero que seas realmente mi Señor y quiero recibir por la fe esa vida victoriosa”.

“Pastor, yo no sé qué hacer con mi carácter, toda la vida fui así y todos los días hago fuerza para mejorar”. Tu mal carácter siempre será malo, pero cuando Cristo reine en ti, su carácter saldrá de tu interior como una fuente de agua viva que brota de tus entrañas. No responde a un esfuerzo lograr la vida cristiana o la vida victoriosa, tampoco es una recompensa sino que es un favor, porque, Dios te ama tanto, que si tú la quieres, Él te la da.

“Pastor, yo me esfuerzo” ¡No hagas más fuerzas que te vas a hacer encima! No se trata de una vida modificada o cambiada, Dios no toma a alguien para hacerle chapa y pintura, la vida de la carne es carne y a Dios no le sirve. La vida victoriosa es un intercambio de vida; yo te doy esto y tú me das aquello, yo le doy a Cristo mi vida y Él me da la suya. ¡El Señor nunca tuvo que hacer fuerza para no mentir o para dejar el pucho! ¡Él nunca fue vencido del mal, jamás lo venció el pecado, Jesús venció la muerte, venció todos los poderes de las tinieblas! El Señor es victorioso en todas las cosas y se le ha dado un nombre que es sobre todo nombre para que en el nombre de Jesús toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Él te dice: “Si me das tu vida, yo te doy la mía”. El negocio es que tú le des tu vida ya que le es muy útil a Cristo y a ti te es muy útil la suya. ¡Dejarás de esforzarte para ser cristiano porque lo serás de una vez por todas!

¿Para qué quiere Cristo tu vida? Para que Él pueda darte la suya y para colgar tu vida en la cruz del calvario, así estarás muerto y rematado allí y no podrás moverte nunca más ni intentar ninguna otra cosa. La carne para nada sirve, no vale para nada, es por eso que el apóstol Pablo decía: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi” (Gálatas 2:20).

2ª Corintios 2:14 y 15 señala que Él nos lleva siempre en triunfo en Cristo y que somos grato olor de Cristo para los que se salvan. O sea que cuando Cristo entra en nuestras vidas, quedamos impregnados de su olor y cuando la gente nos huele, siente el aroma de Cristo.

            CONCLUSIÓN

Es hora de dejar de luchar y comenzar a creer, que todo lo que no has podido vencer lo harás por la fe en el Victorioso. ¡Jesús es tu victoria! Por lo tanto, no vencer es anormal en la vida de un creyente.

No es la vida cristiana, no es la vida de un cristiano, no es lo que éste trata de hacer, simplemente es la vida de Cristo en mi. ¡No tiene que ver con el esfuerzo que una persona haga sino con la relación que tiene con Cristo! A estas alturas te habrás dado cuenta que tu vida cristiana no es la que vence todos los días y que todavía Cristo no es el Señor; y no se trata del esfuerzo por mejorar o agradarlo sino que se trata de un acto de fe que debes hacer hoy mismo. Tienes que decirle a Jesús: “Señor, estoy dispuesto a perder todo con tal de conocerte”, como dice una canción: “Todo lo que yo soy, todo lo que hay en mi, toda mi fuerza y vigor, mi futuro Señor. Todo lo quiero perder, todo lo quiero entregar a fin de conocerte a ti. Por conocerte mi Jesús a ti”.

¿Aún no le has dado todo a Jesús? ¿Todavía le pones excusas? ¿Es que tu profesión no te deja? ¿Tu deseo de ganar un poco más no te lo permite? ¿Es que tu familia te demanda demasiado? ¿Se trata de que no tienes tiempo? ¡Qué apuros van a pasar algunos cuando vayan al cielo y se sienta tan ridícula la excusa de no tener tiempo o que la familia o la profesión no se lo permitía! Los domingos estabas cansado como para asistir a la casa de Dios y servirle. ¿Aún no te has consagrado y no le has entregado todo a Jesús? ¿Aún estás haciendo el esfuerzo por ser un buen cristiano? ¡Lo que puedes lograr ahora, extendiendo tus manos a Cristo! ¡Todavía no has podido vencer, pero a partir de hoy lo podrás hacer! Hoy puedes vencer el cigarrillo, las drogas, las mentiras, ¡todo!, si es que Cristo entra a tu corazón y te llena. ¡Él es la victoria! ¡Él es el poder, es la fuente! ¡Dios va a obrar ahora mismo! Si hay algo que anhela Jesús es sentarse en el trono de tu corazón y comenzar a producir en ti esa vida victoriosa.

Dile a Dios en esta hora: “¡Señor, no te voy a poner más excusas, extiendo mis manos a ti! Necesito de ti, Señor, sé que no soy nada sin ti. ¡Estoy cansado de hacer el esfuerzo para ser buen cristiano! ¡Glorifícate Jesús! ¡Toma mi vida, Señor! Gracias te doy porque me has hablado y me has tocado. ¡Quiero que recibas mi vida! Yo recibo por la fe la vida victoriosa que viene de ti Jesús, no solamente el perdón de mis pecados sino la vida de poder Señor. Ven a sentarte en el trono de mi corazón y reina Señor, gobierna tú, te lo pido en el nombre de Jesús. ¡Recíbeme ahora, Señor! Yo creo que me amas y lo quieres hacer, creo que está en ti hacerlo. ¡Te alabo y te bendigo! Te recibo como Señor y como el autor de la vida victoriosa en mi, en el nombre de Jesús hato esta oración, amén”.

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