INTRODUCCIÓN
Quiero hablarte acerca del proceso que sufre una persona antes de encontrarse con Cristo y qué es lo que sucede después de ese encuentro.
El ser humano tiene ciertos elementos que utiliza para discernir la verdad, para tomar decisiones y hacer lo que hace, que son los razonamientos, las ideas, los pensamientos, la lógica y por otro lado están las emociones. Las dos cosas que mueven el alma del hombre son las emociones y los razonamientos. Lo que sucede con la persona, es que al haber pecado, su alma queda atrofiada o bajo oscuridad para entender la realidad, o sea que queda en tinieblas, de tal manera que lo que ve, percibe u oye lo entiende en función de cómo actúa su intelecto y sus sentimientos. Cuando el hombre peca, sus sentimientos y sus razonamientos quedan distorsionados y cuando ve la verdad, lo hace desde la perspectiva de su alma y emociones; frente a una misma circunstancia las personas reaccionan de diferente manera y tienen distintos sentimientos. Digamos que la razón del hombre no es como un metro patrón que puedes aplicar en diferentes lados; la razón y las emociones varían de persona a persona, de tal manera que frente a una misma situación cada uno toma diferentes caminos porque cada uno ve de acuerdo al grado de contaminación que tiene su alma. ¡El pecado introduce en tinieblas al alma! Por lo que es necesaria otra luz que no sea la razón y los sentimientos, y la única luz verdadera, proviene de Dios.
HOMBRE ESPIRITUAL Vs HOMBRE CARNAL
El proceso de regeneración del ser humano y de salvación del hombre consiste en el hecho de traerlo bajo la autoridad del Espíritu Santo. El incrédulo toma decisiones y hace lo que hace, basado en sus razonamientos y sentimientos pero el hijo de Dios cuenta con su luz y con su verdad que viene por revelación del Espíritu Santo a nuestro espíritu. ¡El alma debe someterse al espíritu! En el hombre natural, el alma somete al espíritu y en el proceso espiritual el espíritu somete al alma; entonces, una cosa son las emociones y las razones fundamentadas en el pasado y en la experiencia de lo que uno vivió, escuchó, vio o estudió en la universidad. Hay una gran diferencia entre esto último y la luz que viene cuando Dios alumbra y te muestra su perspectiva acerca de una circunstancia.
Muchas veces el creyente tiene una mezcla y no discierne bien lo que proviene del alma y del espíritu. El hombre espiritual discierne y entiende las cosas así como Dios lo hace; en cambio el hombre carnal a veces la pega y a veces no; digamos que el hombre carnal es una lotería. Jesús dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Hay pensamientos y sentimientos que son nacidos del Espíritu, por otro lado, hay pensamientos y sentimientos que son nacidos de la carne y ambas cosas tienen distinta naturaleza.
¿Cómo hace una persona para llegar a ser espiritual o cómo hace Dios para atraer a las personas, sacarlas del mundo natural y colocarlas en la dimensión de lo sobrenatural o espiritual? El problema más grande del hombre es el pecado; el pecado oscurece la razón y los sentimientos. Una persona dijo que no quería hablar conmigo porque me tenía miedo y yo quiero decirte que el miedo no es de Dios. No es que yo te meto miedo sino que el miedo te domina; el miedo es un sentimiento. Algo provoca temor sobre las personas, porque donde reina y gobierna el Espíritu Santo no hay temor y la Biblia señala que el perfecto amor echa fuera el temor. El hombre espiritual no tiene esos sentimientos de temor o más bien, cuando vienen esos sentimientos hacia él, los rechaza porque el amor de Dios y la fe en el Señor son las armas que lo mantienen libre de temor.
Lo mismo sucede con la vergüenza, otro sentimiento que no es de Dios; ésta es una forma de temor que te deshabilita o impide hacer determinadas cosas. El hecho que marcó lo que yo te estoy planteando sucedió en el Edén, cuando el hombre vivía en libertad, feliz, lleno de paz y de amor; la presencia de Dios estaba en el jardín del Edén por lo que Adán y Eva disfrutaban de su presencia. A lo largo de mi carrera pastoral he conocido muchas personas que le tienen miedo a Dios. Todo funcionaba bien pero a causa de la desobediencia o por causa del pecado, porque puede ser desobediencia, rebelión, mentira, engaño, adulterio, aunque en el caso de Adán y Eva fue desobediencia ya que desobedecieron a Dios comiendo del fruto que no tenían que comer e inmediatamente sus razonamientos y sentimientos cambiaron. El pecado genera sentimientos y pensamientos que responden a su dominio. Después de que Adán y Eva desobedecieron y pecaron, al sentir la presencia de Dios en el Edén tuvieron miedo y se escondieron. Ellos nunca habían sentido miedo hasta ese momento, nunca se habían escondido de Dios, al contrario, siempre corrían a su encuentro y era un placer para ellos dialogar con el Señor pero ahora sentían miedo. ¿Entiendes que el pecado cambia los sentimientos y los pensamientos? Dice la Biblia en Génesis 3: “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. Se escondió excusándose que estaba desnudo pero siempre habían estado desnudos y no sentían vergüenza, entonces se cubrieron con hojas de higuera, no vaya a ser que Dios vea algo pero lo ve todo.
¿Y qué hace el Señor? Atrae a las personas por medio de la predicación de la palabra. Este mensaje llega a ti porque Dios te ama y quiere hablarte y Él atrae a las personas con lazos de amor. El Señor hace cosas increíbles con tal de alcanzarte; mueve voluntades para atraerte y para colocar su palabra en tu corazón, así podrás tener luz y entender. Cuando llega la palabra de Dios a tu vida, también llega la verdad y esa verdad es conocimiento puro y perfecto. ¡La verdad es revelación de Dios! Una persona puede estar en oscuridad por causa de su pecado pero Dios opera de tal manera que con su palabra comienza a mover su voluntad y sus emociones, entonces esa persona se interesa por las cosas de Dios y no es que sea espiritual porque ninguna persona es espiritual, sólo después de haber sido tocada y transformada por el Señor, porque antes de eso es carnal. La palabra de Dios comienza a despertar algo en su espíritu y esa persona comienza a entender la verdad de Dios y se da cuenta que lo que entendía antes estaba mal y lo que pensaba estaba mal; antes le echabas la culpa a tus padres, a Dios y a las circunstancias, y la pura verdad es que tú no tenías luz para tomar decisiones y lo que hacías no era correcto. Te metiste con el hombre equivocado, con la mujer equivocada; te metiste en el negocio equivocado, comiste lo que no tenías que comer, bebiste lo que no debías beber. Te drogaste buscando satisfacción pero la droga te arruinó la vida. Cometiste pecado y quedaste embarazada y para tapar tu pecado abortaste, cometiendo el peor de los crímenes. ¡El aborto es el peor de los crímenes! Ni yo, ni Dios te acusa, pero sí el Señor te está trayendo a memoria la verdad. ¿Por qué digo que el aborto es el peor de los crímenes? Porque se combate a los criminales pero no se combate a la inocencia. Se combate a un ladrón o a un asesino pero no se lucha por el hijo de las entrañas, quitándole el derecho a vivir, algunas veces porque estorba y eso es un mal sentimiento. La mujer cree que ese hijo le va a arruinar la vida o tiene que tapar ese error a los ojos de la familia o de la sociedad. El hombre siempre trata de tapar su pecado y miente acerca de su verdadera situación.
Quienes asisten a los encuentros se encuentran en la disyuntiva de si confiesan o no sus pecados y es que hay una fuerza que les dice que no lo hagan porque su imagen se va a derrumbar, saldrá avergonzada y ya nadie la querrá o piensa que lo van a echar de la iglesia, entre otras cosas. Lo que pasa es que el diablo está desesperado porque los cristianos se guarden sus pecados y es que la única manera en que satanás puede dominar a un creyente es logrando que éste tenga bien escondidos sus pecados. La mentira es el ingrediente más importante de todo otro pecado; quien roba miente, quien adultera miente, etc. Por lo tanto el pecado tiene que quedar bien taponado o justificado con mentiras. Por ejemplo cuando dicen: “Lo hice por culpa de…” Mas Dios quiere que de una vez por todas dejes salir el pecado que hay dentro de ti. El método de Dios para perdonar es atrayéndote a través de su palabra hacia el hecho de que tengas luz acerca de tu pecado porque es ese pecado lo que te mantiene en oscuridad y lejos de una buena relación con Dios. El Espíritu lucha para que confieses tu pecado pero el demonio lucha para que te lo calles. El método de Dios es entonces hablarte y atraerte, mostrarte y convencerte acerca de tu pecado y espera que tú te arrepientas y lo confieses.
EL ESPIRITU SANTO ENGENDRA NUEVA VIDA
¡Lo más importante que puede sucederte es que la sangre de Cristo te limpie de todo pecado! Cuando una persona llega al punto de venir con su pecado delante de Dios y le pide perdón, Él que es un Dios grande en perdonar, misericordioso y piadoso lo limpia, y en ese instante, el poder espiritual del pecado suelta tu vida y ya no te puede subyugar porque pierde su poder. ¡La muerte pierde su poder porque el pecado es muerte! Jesucristo declaró que el que hace pecado es esclavo del pecado porque éste esclaviza a las personas. No es que tú tienes pecado sino que el pecado te tiene a ti.
Surgen muchos sentimientos cuando hay pecado y te pregunto: ¿Tienes sentimientos o los sentimientos te tienen a ti? Tienes amargura, angustias, tristezas y no te puedes librar de ello; tú tienes odio desde tu perspectiva, te han herido de tal manera que dices: “Es difícil perdonar. No puedo perdonar, no quiero…” El día que el Espíritu Santo llene tu vida, no podrás no perdonar. ¡La fuerza del perdón brotará de tu interior! ¡El amor emanará de ti! El día que el Espíritu Santo llega a tu vida, tus sentimientos, emociones y pensamientos cambian. Antes odiabas a tu padre porque abusó de ti pero ahora que el Espíritu Santo está en tu vida, tú dices: “Pobre papá, se va a ir al infierno. ¡Tengo que orar por él! Papá te perdono y te bendigo”. ¡Sale solo de adentro porque no es poder humano, es poder divino lo que fluye de adentro! ¡No es difícil, es fácil! No perdones con la carne porque no sirve para nada, como los cónyuges que se perdonan y después cuando surge una pela sacan a relucir todo de nuevo. Dios te dice que no te acuerdes de las cosas pasadas porque Él quiere hacer algo nuevo. 2ª Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. ¿En virtud de qué una persona se vuelve espiritual? Aunque uno no se vuelve espiritual sino que es el Espíritu de Dios el que nos hace espirituales. ¿Pero en función de qué? En virtud de que, en el mismo momento en que tus pecados son perdonados y quedas limpio, Dios te declara santificado, justo y puro como si nunca hubieras cometido ninguna falta. En ese instante el Espíritu Santo engendra una nueva vida espiritual dentro de ti. ¡Es vida nueva! Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.
Para ser espiritual, para pensar como Dios piensa y sentir de la manera que el Señor siente las personas necesitan tener vida espiritual. Tu padre y tu madre te han legado una herencia natural pecaminosa y contaminada y tú tienes la naturaleza de ellos. Nunca una mujer dio a luz un caballo; cada persona hereda el género, o la naturaleza que tiene su papá y su mamá, por lo tanto ésta es humana y terrenal. Pero el que es nacido de Dios tiene una naturaleza divina, es la naturaleza de su Espíritu viviendo en la naturaleza corrompida del hombre; naturaleza perdonada, limpiada y santificada. Comienza entonces una nueva existencia para aquel que cree. El evangelio es sencillo, no te esfuerces en cambiar, dale tu corazón al Señor y Él cambiará todo. ¿Cuánto podrás mejorar tu carne? ¿Podrás consagrarla para que se vuelva espiritual? ¡No! ¡No te esfuerces en querer cambiarla por tus propios medios! Tienes que aprender a diferenciar estas dos naturalezas, conocerlas e inclinarte por la naturaleza divina. A esto se le llama negarse a sí mismo e ir a la cruz. El alma es el centro del yo, mas Cristo te dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. ¡Niega tu yo y sométete al Señor! Jesús no pide que hagas algo que Él no hizo, ya que se hizo hombre negándose a sí mismo, sometiéndose a la voluntad del Padre la cual era la cruz. Aunque el Señor se arrodilló y gimiendo oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. En otras palabras, Jesús le dijo al Padre: “Yo te pido que no me lleves a la cruz, tú debes tener otro plan”. Pero Dios no tenía otro plan, entonces Jesús se rindió a la voluntad del Padre. El Señor se negó a sí mismo por eso Dios lo exaltó, porque fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
El título que tiene el Salmo 51 es: “Arrepentimiento y plegaria pidiendo purificación”. Lo más importante es que después de haber escuchado la palabra de Dios venga sobre ti convicción de pecado, o sea, que no te resistas a la voz del Espíritu Santo. Leemos entonces en el Salmo 51: “Al músico principal. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”.
Este Salmo, David lo escribió en un evento muy significativo de su vida. En la época en que los reyes iban a la guerra, David mandó a su general al frente del ejército y él se quedó a descansar en el palacio. Eso es ocio, o sea, un tiempo mal empleado; se quedó a ver televisión o chateando. David estaba en el terrado del palacio a la hora de la siesta y no sabía qué hacer y aunque tenía que estar en la guerra se quedó, entonces salió a pasear y de pronto vio a una mujer bañándose desnuda; la miró, la codició y le preguntó a sus siervos quién era ella, ellos le respondieron que era la esposa de Urías su siervo que estaba en la guerra, entonces David tomó a la mujer, se acostó con ella y ésta quedó embarazada. El proceso es así: “Yo lo hago pero nadie tiene que enterarse y si nadie sabe nada, todo estará bien”. Ahora había que arreglar el asunto, entonces el rey manda a llamar a Urías que estaba en el campo de batalla, lo invita a cenar y a beber hasta embriagarlo, y luego lo manda a su casa para que duerma con su mujer; pero Urías no lo hizo, porque decía: “El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa”. Dice la Biblia que no descendió a su casa sino que se quedó a dormir con los siervos del rey. David quería endosarle el hijo que él había engendrado con Betsabé y debía asegurarse que Urías se acostara con su mujer pero los siervos le dieron parte de que ni la tocó. Dos veces lo invitó al palacio y las dos veces se negó a ir a su casa a dormir con su esposa. Cuando David vio que no podía doblegar la fidelidad de este hombre, escribe una carta al capitán del ejército, la cual envía por mano de Urías, y le dice: “Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera.” Llegó a oídos del rey que Urías había muerto, entonces David suspiró porque muerto el perro, se acabó la rabia. “Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Más esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová” (2ª Samuel 11: 26 y 27).
CONCLUSIÓN
Cuando uno peca, trata de que nadie se entere y que no se conozca su pecado, entonces miente y engaña empeorando la cosa. Pero el pecado no se diluye con el tiempo; el pecado se diluye sólo con la sangre preciosa de Cristo. Alguno declarará que lo que hizo lo hizo cuando fue joven, quiero decirte que ese pecado que cometiste cuando fuiste joven echó raíces y es un cáncer diseminado dentro tuyo que contamina tu cuerpo, tu mente y las emociones, y lo único que puede limpiarlo es la sangre de Cristo.
Leemos en 2ª Samuel 12: 1 al 5: “Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte…Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre”.
David sabía lo que era la presencia del Espíritu Santo en su vida porque cuando fue ungido como rey, desde ese día, el Espíritu de Jehová vino sobre él; así dice la palabra de Dios. También señala que el Espíritu de Jehová, ese mismo día se retiró de Saúl. Algo estaba andando mal en la vida de David, él estaba tapando su pecado pero en el fondo, sus huesos estaban abatidos y sabía que había hecho mal. David creía que nada se sabía, pero delante de los ojos de Dios nada está oculto. En ese momento en que fue confrontado, David entró en el proceso del arrepentimiento. El arrepentimiento es una convicción profunda que te lleva a entender que cada pecado es un atentado contra Dios; no es sólo contra una persona, por sobre todo es contra Dios porque lo ofendemos y necesitamos su perdón. Ahí fue cuando David escribió el Salmo 51: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo…” ¡Tú no quieres la mentira y el engaño, Señor! ¡Tú no quieres que tape mi pecado! Me has revelado la verdad y yo tengo que venir a ti a confesarte mi pecado y pedirte perdón. Algo estaba mal y yo no lo vi ni entendía, Padre. Supuse que no veías nada y escondí el asunto creyendo que estaba todo bien pero tú amas la verdad y no la mentira, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. En lo secreto, en el corazón, el lugar donde el alma se tiene que humillar y el espíritu tiene que prevalecer; pero el alma no quiere que se sepa, no quiere pasar vergüenza ni quedar en ridículo. Mas Dios te habla hoy para que te humilles. El alma quiere mejorar pero Dios no quiere eso sino que se humille y se someta a la voluntad del Espíritu Santo. Nadie puede librarse de sus pecados pero Jesús limpia nuestros pecados y nos libra de toda maldad.
David oró: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve”. El proceso es: cometo pecado, trato de taparlo porque tengo miedo a que se sepa, pero viene el Espíritu Santo y me convence de pecado, entonces me arrepiento y confieso, pido perdón y soy limpiado. Si Dios me limpia, seré más blanco que la nieve.
Continúa diciendo el Salmo 51: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu”. David sabía que con el Espíritu Santo era victorioso, sabía que su mirada era limpia, que sus razonamientos, sus sentimientos y emociones eran correctos por eso le pidió a Dios: “Señor, no quites de mi tu Santo Espíritu”. Perdoname Padre, hazme blanco como la nieve; alégrame y sana mis huesos. No me eches de delante de ti ni quites de mí, tu Santo Espíritu. Es que el hombre sin el Espíritu de Dios es polvo del infierno, no tiene eternidad, no conoce la verdad y no puede agradar a Dios. ¡No hay manera en que puedas agradar a Dios sino es por el Espíritu Santo! Lo que alegra el corazón de Dios es lo que haces bajo la dirección del Espíritu Santo, no por lo que piensas o sientes. El Señor quiere cambiar tu vida; Él necesita personas llenas de su Espíritu porque tiene proyectos eternos para el mundo. Dios está extendiendo su reino sobre la tierra y no les ha dado a los ángeles esa tarea sino a los hombres y mujeres que se ponen en sus manos.
Tus pecados detienen la obra de Dios en tu vida y en el planeta. ¡Estás frenando la obra de Dios! ¡No pelees más contra Él ni le resistas! Ven a Dios para que tus pecados sean perdonados y limpiados, permite que su Espíritu alumbre tu existencia.
“Trae arrepentimiento genuino sobre las vidas, Señor. Obra con poder en cada corazón y llena con tu Espíritu Santo las vidas, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.
Quiero hablarte acerca de la palabra “semilla” o “simiente” muy mencionada en la Biblia; tanto la palabra “semilla”, “simiente” y “semen” son sinónimos. Toda la actividad que hay en el planeta Tierra está relacionada al término simiente; todo tiene que ver con semilla. Dios ha querido perpetuar los distintos géneros de plantas, animales y personas a través de un sistema que tiene que ver con semillas. Se le llama simiente a la descendencia de un matrimonio; la simiente de Abraham es su descendencia. En otras palabras, nosotros dejamos una descendencia o semilla en el mundo y Dios está esperando que esa semilla que dejamos sea buena.
INTRODUCCIÓN
Leemos en Génesis 37:3 y 4: “Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente”.
Estos versículos tienen escondidas algunas verdades que quiero manifestarte y una de ellas es que los seres humanos no sabemos amar. ¿Cómo puede ser que amando hagamos daño? Si uno no ama bien, produce malas obras; si amamos mal producimos divisiones. Es común ver padres que hacen diferencias entre los hijos provocando amargura y heridas que acompañan a las personas durante toda su vida. Está mal cuando se ama mal pero es peor cuando no se ama o no se sabe amar.
Vienen a mi mente varios casos; Jacob, a quien Dios le cambió el nombre y le puso Israel, de quien surgió la nación de Israel, tenía diez hijos en ese momento y José era el número diez, el más chico, quien le había nacido en la vejez. Ya era viejo Jacob cuando le nació un hijo varón y se volvió loco con él. Comenzó a amarlo con una pasión desmedida, haciendo diferencia con el resto de sus hermanos y una de las diferencias que marca la Biblia era que a Josecito le hizo una túnica bordada de varios colores; en ese tiempo no era algo muy normal ya que las túnicas eran de un color natural, un poco aburrido diría yo. Pero las personas de dinero tenían acceso a las tintas con las que se teñían las telas o los hilos con que se confeccionaban y se podían dar el lujo de usar túnicas de colores. Jacob veía a su hijo con su túnica y se volvía loco, mientras los hermanos veían que hacía diferencia entre ellos y José. Era el consentido de la casa, se sentía tan especial y creo yo que miraba de reojo a los hermanos, entonces éstos comenzaron a detestarlo y según señala la Biblia, ellos no podían hablarle pacíficamente; este término viene de paz por lo que entendemos que no había paz cuando hablaban con José. Cuando llegaba, tal vez le decían: “¡Ya estás acá otra vez!” No había manera de frenar esa bronca que tenían y la historia nos cuenta que hasta lo quisieron matar. También lo vendieron de esclavo a unos comerciantes que pasaban por ahí y lo llevaron a Egipto.
Pero yo quiero centrar tu atención en que la Biblia afirma que Israel amaba a José más que a todos sus hijos. Cuando amamos mal, lo hacemos seleccionadamente, o sea que seleccionamos a quien amar y a quien no; cuando hacemos eso, hay confusión interna en nosotros, la cual no nos permite amar como Dios quiere que amemos. El verdadero amor no se da por medida; el verdadero amor es una fuente inagotable de bendición y de poder. No es que les damos más amor a unos que a otros porque escasea; el verdadero amor es una fuente que brota de nosotros y va llenando todos los vacíos que hay en las personas que nos rodean. ¡El amor es de Dios! Dios es amor y su amor todo lo llena.
No le negamos amor a otra persona porque nos esté faltando sino porque no queremos, porque no nos gusta la cara por ejemplo, o nos cae pesada esa persona; o porque arbitrariamente seleccionamos a alguien que nos gusta más, para amar, alguien que nos llene o satisfaga. Y cuando hacemos eso no estamos obrando por el poder del amor sino por el poder de la lascivia. El amor selectivo busca a alguien que nos llene; pero el verdadero amor no busca que yo me llene sino llenar a los demás, bendecirlos y hacerles bien. Toda la obra de Dios tiene sus raíces y su fundamento en el amor. ¡Dios es amor! Todo lo que sale de Él es por el impulso de ese motor poderoso que es el amor.
AMOR: FUNDAMENTO DE LA OBRA DE DIOS
Dios hizo el sol con amor, de tal manera que los que no estamos acostumbrados a mirar sólo las paredes, nos sorprendemos al verlo y disfrutamos de cada amanecer y atardecer. El hogar de niños de Haití está ubicado en la falda de una montaña y vemos cómo se pone el sol, abajo en el mar. ¡Todas las tardes disfrutamos de una puesta de sol espectacular! Cuando he ido, me he dedicado a fotografiar varias puestas de sol porque no había una igual a la otra. No sólo tenemos la necesidad de un sol que nos da energía sino que disfrutamos de su belleza y Dios lo hizo para que nos deleitemos. Es tan maravillosa la obra que ha hecho Dios y en cada generación se han levantado poetas que hablan maravillas acerca de este astro. Es que Dios todo lo ha hecho con amor, con belleza, sabiduría e inteligencia. Nos alegra la salida y la puesta del sol; y no hay poeta que no haga mención de la belleza de la luna.
Estuve en la ciudad de Tacuarembó en medio del campo perdido, ¡una belleza! ¡Qué silencio más hermoso se disfruta allí! El único ruido que hay es el canto de las aves y Dios ha hecho los campos con amor. ¡Todo lo ha creado con amor! A ti también te ha creado con amor. Toda obra buena y justa está fundamentada en el amor; todo lo que sale de él es bueno y justo, bendice y hace justicia. Dios anda buscando recipientes para llenar con su amor, porque le sobra. Nadie se preocupa que le falte oxígeno, respiramos tranquilos porque Dios lo ha hecho en abundancia y es mentira que cuando lleguemos a ocho mil millones de habitantes en el planeta va a escasear el oxígeno, quédate tranquilo porque Dios ha hecho las cosas bien. No es que el agua va a escasear porque Dios nos ha dado abundantemente de este bien. ¡Todo lo hizo en abundancia! Y su amor no se acaba ya que es una fuente de bendición y el Señor está buscando recipientes para llenar. Él no quiere que suceda como con la familia de Jacob quien no amó bien sino que produjo división en su propia familia. Tú dirás: “Lo amo porque es mi hijo más chico”. Cuando el amor no está bien dirigido, no sirve, mientras que si está bien dirigido une la familia y bendice. El amor une matrimonios, une a los padres con los hijos y a los hijos con los padres. El amor crea relaciones extraordinarias en la sociedad y hace que nos vinculemos bien con otros, pero está faltando amor. El mundo está infectado de personas que quieren matar a sus propios hijos, así como hacen las mujeres al abortar, y es porque se aman a sí mismos, no aman al hijo que está por venir porque les estorba, porque no llegó en el tiempo que ellos querían. ¡Amas más tu vida que la de tu hijo! ¡No puede ser!
Muchos padres no han sabido amar, no han querido o no han podido hacerlo, y sin importar cuál es la causa, hay dolor en el corazón de los hijos. Una joven me dijo un día que si ella hubiera sido varón tal vez su papá la hubiera amado. “Mi padre amaba más a los varones que a las niñas y yo para que él me amara comencé a hacer cosas de hombre. Me cortaba el pelo bien cortito, jugaba al futbol y hacía todo lo que hacían mis hermanos porque quería la aceptación de mi padre”, me dijo la joven. Ella se crió con un vacío y una necesidad de recibir afecto, de ser elogiada por su padre y a mí me dolía el corazón cuando la escuchaba. ¡Qué triste cuando un papá se niega a bendecir a su hija sólo porque es mujer! Pero sucede al revés también, tal vez a un padre le gustan las niñas y desprecian a sus hijos, entonces les dicen palabras hirientes o no les prestan atención.
En una oportunidad, yo entré al baño de la iglesia y se me acerca un hombre de más de sesenta años de edad queriendo hablar conmigo. ¡Hasta qué edad llegan los dolores del alma! Él me dice: “Pastor, necesito hablar con usted porque no doy más. Toda mi vida he luchado, he estudiado y trabajado pero todo lo que hice fue para ver si conformaba a mi papa, pero nunca lo logré. Él nunca estuvo conforme con nada de lo que hacía. Me casé, fui padre, formé una familia y me doy cuenta ahora que nada hice por ellos sino por recibir la aceptación de mi padre”. ¡El hombre se abrazó de mí y se largó a llorar ahí en el baño! ¿Qué es lo que hace el amor? El amor sana heridas profundas del corazón, por lo tanto las relaciones también son sanadas. ¡El mundo necesita que las relaciones sean sanadas!
El hombre ha inventado cosas, como por ejemplo, el derecho de rehacer su vida porque entre los cónyuges ya no se soportan, y cualquier cosa es buena cuando ya el amor no funciona. Buscan otra mujer u otro hombre para rehacer sus vidas, entonces, quedan los hijos sin saber qué hacer. Los empiezan a repartir, vos con tu padre, después con tu madre o con la abuela, y ellos miran sin poder entender, pero el amor no hace eso. Si tú dejas obrar a Dios en tu vida, Él derramará amor sobre ti y el amor es sabio, es prudente, hace bien las cosas; el amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, todo lo sufre. ¡El amor nunca deja de ser! Hombres y mujeres pretenden rehacer sus vidas y deben ensamblar una familia juntando a todos los hijos de cada uno en una pieza de la casa; de ahí que algunos niños dicen: “Mi padrastro cuida más a sus hijos y a nosotros no nos quiere”. ¡El hombre no sabe amar! El hombre necesita a Dios porque Dios es amor.
También surgen cosas como estas: “Mi amor, sos lo más lindo que tengo, sos mi hija y te amo un montón pero mamá está rehaciendo su vida y mi nuevo novio no quiere que vivas con nosotros”. La madre trata de explicárselo bien para que la niña entienda pero la hija piensa que la está cambiando por ese hombre y el mensaje que le llega a ella es: “Yo no soy importante para mi madre. Ella dice que me ama pero no es así. No puedo vivir con ella y me obliga a ir a vivir con otra persona”. Y en el peor de los casos le dice: “Hija no me estorbes, dejame hacer mi vida. Buscate un hombre”. ¡Así le dijo una madre a su hija de trece años! ¡Así es como se destroza la sociedad! No sabemos cómo amar ni sabemos a quién amar. La mujer se aferra a un hombre dejando a su hija y éste en poco tiempo le hace otro hijo y la abandona.
La sociedad se está resquebrajando porque la familia se está resquebrajando; y aun dentro de la iglesia hay falta de amor en los creyentes, y yo no te puedo obligar a amar. El amor no se da porque yo tenga buena voluntad o buenos deseos. Dios es amor y lo que falta es presencia de Dios en tu vida. Dios no puede exigirte que ames si primero Él no te provee de amor, y si Él te exige que ames es porque tiene amor para darte, y quiere que dejes entrar en tu corazón de esa fuente inagotable de amor. ¡Necesitas ser lleno del amor de Dios para poder bendecir a los que te rodean!
La madre y el padre le dicen a su hija que no puede tener ese hijo, que le va a arruinar la vida, que no va a poder estudiar y deciden matar a ese niño. ¡Se convierten en criminales de sus propios hijos! Nos escandalizamos cuando Estados Unidos o Rusia tiran bombas y matan a los niños pero peores son las mujeres que matan a sus hijos que están en sus vientres. Claro que si tienes amor te vas a aferrar con todo a tu hijo y no amarás más una computadora, una profesión o un sueldo que a tu hijo. No existe el amor selectivo; no existe eso de que cuando tengas eso que tanto deseas entonces ahí tendrás un hijo. ¡El amor tiene que entrar ahora en tu corazón y Dios debe gobernar tu vida! El Señor no te va a dejar faltar el alimento. ¿Cómo Él te va a decir que mates a tu hijo que llevas en tu vientre porque te va a faltar comida? Aquel que todo lo puede, quiere llenarte de amor y el que está lleno del amor de Dios, es feliz.
El abuelo puede dejar marcas porque era abusador; el papá puede haber dejado un vacío porque se fue de la casa, o la mamá porque decidieron rehacer sus vidas dejando de lado a sus hijos…
AMOR: LA ESENCIA DE DIOS
Cada una de esas experiencias dejan vacíos pero Dios es experto en llenarlos y cuando Él te llena con su amor ya no llorarás más a tu padre que nunca te abrazó o a tu madre porque te abandonó. ¡No, porque el Señor llena tu existencia! ¡Si lo tienes a Dios lo tienes todo! Él es el todo para mí. Dios es amor y quiere hacer cosas grandes en tu vida. Jacob eligió qué hijo amaría más, pero Dios no hace eso; El Señor nos ama a todos por igual. Dios te ama, no importa si eres el primero o el último. Él no te ama por tu cara porque si fuera así no te amaría. Dios te ama porque eres su creación. Él no puede negarse a sí mismo, te ama porque te concibió; Dios te trajo al mundo, no fue tu madre ni tu padre, tú naciste por voluntad de Dios.
El rey David dijo: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10). ¡Aunque ellos no estén conmigo Dios sí está! Lamento mucho que haya cristianos que no han conocido el amor de Dios; ellos ha asistido a la iglesia y no les fue suficiente el amor de Dios. Les decimos que Dios les ama profundamente pero se lamentan porque el padre nunca les abrazó. Hoy Dios quiere llenar ese vacío y sanarte. ¡El amor sana las heridas!
El hombre comete injusticias aun sin querer, porque queriendo defendernos del mosquito trasmisor del Zica, mandan a las mujeres que aborten. Muchas mujeres infectadas del virus dieron a luz hijos sanos, entonces los médicos matan por las dudas, y las madres acceden porque se los dijo un doctor. Arman una matanza de niños y después dicen que aún no está comprobado si es que el mosquito trasmisor del Zica causa microcefalias en los bebes, pero como señal de advertencia matan a los niños. Esto es como cuando Herodes mandó matar a los niños menores de dos años porque llegó a sus oídos que había nacido un niño que era el Mesías. Le dijeron que el que había nacido sería rey de Israel y decidió matar a los niños para librarse de ese Mesías. ¡Como si Dios fuera tonto! Él no envió en vano a su hijo al mundo. El Señor no ama selectivamente, no importa quién seas o qué te enseñaron tus padres, Dios te ama profundamente. No importa cómo te ha catalogado la sociedad o lo que ésta piensa acerca de ti; Dios tiene los mejores pensamientos acerca de ti y las mejores ideas para ti. Cuando le conozcas profundamente y no hay manera más profunda de conocer a Dios que amarlo, entonces conocerás qué grandes cosas tiene el Señor para ti. Él tiene un almacén de bendición y quiere transformarte en bendición, y cuando te llena, no es solamente para que te sientas lleno sino para que también desbordes y salpiques a los que están cerca de ti. ¡Dios puede sanar las heridas más profundas de tu corazón y cambiar tu historia! ¡El que está en Cristo es una nueva criatura, las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas! Cuando Dios llena a una persona con su presencia, ésta nunca vuelve a ser la misma. ¡Ya no serás igual! ¡Dios va a cambiar tu historia! Él cambiará tu relación con tu madre, tu padre, tu cónyuge, tu suegra; cambiará la relación con tus hijos porque el amor es sabio.
Dicen que el amor es ciego, pero la Biblia declara todo lo contrario; la palabra de Dios señala que el amor todo lo puede, también que las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. El amor es un fuego impetuoso que devora a su paso y destruye todo lo malo y establece todo lo bueno. Por eso el Señor ha fundamentado todo en el amor a Dios y en el amor al prójimo; no hay otra cosa más importante que amar a Dios y a nuestro prójimo y amar a Dios implica amar a mi prójimo. Juan 3:16 dice que de tal manera amó Dios al mundo; mira si dijera que de tal manera amó a los rubios o a los pelados. Dios no ama a los hombres por el hecho de que son hombres y detesta a las mujeres porque son mujeres, el Señor ama a todos por igual. Nosotros como padres somos imperfectos y necesitamos el amor de Dios para no hacer “la burrada” que se mandó Jacob al establecer una disensión de muerte entre sus hijos, ya que los hermanos de José quisieron matarlo, después vieron que era mejor negocio si lo vendían y así hicieron, todo porque no podían hablarle pacíficamente y fue porque el padre amó desmedidamente a uno más que a otros. La Biblia dice que Dios amó al mundo y eso te incluye a ti y a Él no le preocupa que tan malo seas o cuántos pecados has cometido; Dios te ama y quiere que abras tu corazón para que pueda llenarlo con su presencia. ¡Hoy el Señor te traerá alivio y paz!
He viajado recientemente a la ciudad de Tacuarembó con un joven y recordamos el tiempo en que se casó con una muchacha que no quería saber nada de la vida porque siendo una niña, su madre se fue de la casa y su papá la tomó de esposa poniéndola a cargo de sus hermanos, la hacía limpiar y cocinar, y hasta abusó de ella por mucho tiempo. Cuando la chica logró escapar de ese infierno se fue con un muchacho que la decepcionó mucho ya que lo descubrió con varias mujeres, quien también abusó de ella. Destruida se sentó en un muro que hay en frente de la iglesia que da a un túnel donde pasan vehículos, dispuesta a quitarse la vida. En eso estaba, cuando levantó la vista y vio el cartel de la iglesia que decía Misión Vida, comenzó a escuchar las canciones que estaban cantando adentro y decidió cruzar para ver de qué se trataba; entonces entró y me escuchó predicar acerca del amor. Al finalizar la prédica llamé al frente a aquellos que estaban necesitando un abrazo de parte de Dios, porque yo les quería abrazar y esa joven pasó llorando. Cuando la abracé, el fuego de Dios la envolvió y le cambió la vida. ¡No se fue más de la iglesia! Quería ayudar en lo que fuera necesario y resulta que se encontró con el joven que cuidaba la iglesia; él la ayudaba a limpiar, la aconsejaba, la consolaba y le daba palabra de Dios, así hasta que se enamoró de ella, hoy están casados y sirven a Dios. ¡Yo me deleito en ver cómo Pablito ama a Gigi y cómo ella lo ama a él!
CONCLUSIÓN
Viene a mi mente otra chica que nació siendo despreciada por su mamá; desde muy pequeña tenía que escuchar a su madre que le decía asquerosa, negra fea, estúpida, y la echaba de su lado. Esa niña con cinco años de edad había sentido hablar de Dios y del cielo y pensó que estaría mejor en el cielo que aquí, entonces dijo: “Me quiero ir con Jesús”. Tomó un carrito que tenía y un muñeco, ella vivía pegado a una ruta y aunque tenía prohibido acercarse, decidió cruzarla para que un auto la pisara porque pensó que estaría mejor en el cielo que aquí. Un vecino que la vio, la agarró y se la llevó de nuevo a su madre. Esa niña se crió escuchando las palabras hirientes que le decía su mamá, quien además le expresaba: “A vos nunca nadie te va a querer y nunca te vas a casar”.
Quiero decirte que tuve el privilegio de casarla. Recién cuando experimentó el amor de Jesús, ella comenzó a creer que podía ser amada y se casaría algún día. Isabel llegó a la iglesia a la edad de treinta años y ya había decidido que su vida no tenía sentido, que su destino era lo que estaba viviendo y tenía un gran vacío pero Cristo llenó su vida, la llenó de gozo y le dio un novio con quien se casó. Cuando ella entró a la iglesia, una hermana que estaba en la puerta la abrazó y le dijo: “¡Bienvenida!” Yo honro a esa hermana que abrazó a Isabel porque ese abrazo que le dio era de Dios. El amor de Dios no es como el nuestro ni como el de Jacob que discrimina, separa y hiere; el amor de Dios te hace sentir parte de la familia de Cristo. Puede ser que asistas a la iglesia seguido pero todavía tienes heridas en tu corazón que no se sacian porque estás buscando ser saciado con aquellos que no tienen para darte. Si quieres que tu padre te dé un abrazo, entonces no estás buscando que Dios llene ese vacío, sino tu padre. ¡Así estás despreciando el amor de Dios! Tú tienes que dejar que el Señor te llene y te libre porque con las heridas que tienes vas a tratar con tu cónyuge, con tus hijos, y las heridas condicionan tu relación con los que te rodean.
Dios tiene la medicina para esta enfermedad tan grave que es la falta de amor, una epidemia que está destruyendo la sociedad, y el remedio que Dios tiene para ellos, es el amor. Él quiere derramarse dentro de ti hoy y consolarte por la falta de aceptación de tu padre o tu madre, porque te abandonaron, porque no te han besado ni abrazado. ¡Dios sí sabe amar! Yo he descubierto que el mayor remedio de Dios para el mundo, para la mujer rechazada, para el alcohólico, para el que se droga, para la mujer herida por causa del engaño de su esposo, es el amor de Dios. No sé por qué valle de sombra de muerte estás atravesando, mas Dios te dice: “Yo quiero sanar tus heridas. Quiero quitar tus angustias, librarte de tus temores y quitarte esa carga que tienes encima”. ¡No importa cuántos años tienes de creyente o si recién te has acercado hoy por primera vez a la iglesia, Dios tiene un anhelo profundo por llenar tu existencia con su presencia y con su amor!
Leemos en Hebreos 11:6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Antes de aceptar lo que dices, las personas deciden si te aceptan a ti o no; si te ven aceptable y confiable, les es más fácil que acepten lo que dices. Yo, antes de predicar, me baño, me visto con lo mejor que tengo y me pongo perfume para agradar a la gente. Sucede lo mismo a la hora de presentarte delante de Dios; el que se acerca a Él debe estar presentable; debes lograr ser aceptado a los ojos de Dios y Hebreos 11 nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios. ¡No te acerques a Él sin fe! Si lo haces con fe lograrás sacarle una sonrisa a Dios y te mirará con agrado; para poder estar presentables ante su presencia Él nos ha dado algo muy importante y es la fe. Vuelvo a decirte que si no tienes fe, no te acerques a Dios ya que Él demanda que el que se le acerca, debe hacerlo con fe.
INTRODUCCIÓN
La mayoría de los cristianos no tienen conciencia de lo que significa que lo más importante es el Señor; o saben que lo más importante es Él pero el hecho de saberlo no significa que estén conscientes de ello y por lo tanto no demuestran con sus vidas que Dios es lo más importante para ellos.
Hay una forma poética o sentimental de declarar que el Señor es lo más importante, pero en realidad, lo que sucede cuando Dios es lo más importante es que le restamos importancia a todo lo demás. Todo lo demás podría faltar: la casa, el cónyuge, los hijos, el dinero, ¡todo! Pero si el Señor es lo primero en mi vida ¡qué me importa! ¡Ya tengo lo más importante! ¡Si tengo a Dios, lo tengo todo! ¡Señor, me faltan cosas pero no me importa! ¡Yo te amo a ti! Me puede faltar todo pero si tú estás, no necesito más. Muchos no logran entender bien ésto. Si Dios te da una linda casa de dos pisos, con jardín y piscina, entre otras cosas, tú dices que el Señor te ha bendecido porque está contento contigo. Si Dios te da lo que le pides, sientes que eres importante para Él y que te está respaldando. Pero, ¿qué pasa si tú cantas: “amo tu presencia más que a nada en este mundo, sólo quiero escuchar tu voz; amo tu presencia más que a nada en este mundo, lo más importante eres tú” mientras te sujeta un terrorista de ISIS a punto de degollarte? ¿Dios siempre es lo más importante en tu vida? ¿Vives agradecido y feliz porque ya tienes lo más importante? Cuando no te va bien en los negocios y has intentado una y otra vez pero has fracasado, si te falta dinero y te endeudas, aun así ¿puedes levantar tus manos y decirle a Dios: “Lo más importante eres tú”?
¡Realmente, para mucha gente, Dios no es lo más importante!
¿TUS HECHOS DEMUESTRAN QUE DIOS ES TU PRIORIDAD?
Una joven por tres años me insistía que Dios la llamaba a servir en la China y ella estaba dispuesta a irse; y cada dos por tres me lo recordaba. Yo le pregunté si se había interesado en saber de su cultura, su idioma, etc. Así que le aconsejé que se interiorizara acerca de ese país, de los problemas que hay allí y que orara; también que estudiara el idioma. Llegó a nuestra iglesia un chico que se enamoró de ella y ella de él así que se olvidó del llamado de Dios. A veces un novio o una novia se convierten en tu prioridad. Nos ha sucedido con varios jóvenes que decidieron casarse con quienes le dijimos que no les convenía, sin embargo dijeron: “Pero yo lo amo” y siguieron adelante en su relación.
En una tarea misionera que realizamos en el interior del país, en la ciudad de Tacuarembó, trabajamos con muchachos y chicas con el fin de abrir una iglesia y allí había una joven evangelista tremenda. Yo me maravillaba del llamado que tenía a evangelizar; un día oré por ella y le dije que el Señor la enviaba a las naciones para llevar su palabra y la usaría con poder pero había un muchacho que la conquistó y la enamoró, entonces la joven se olvidó que tenía un llamado a evangelizar y se apartó de la iglesia junto con él. ¡Sufrió muchísimo! Al tiempo los dos volvieron pero se volvieron a ir y así pasó varias veces. Él se comenzó a involucrar en las drogas, queriéndolo ayudar lo enviamos a un hogar Beraca en San Juan Argentina donde permaneció por dos años recuperándose; cuando vimos que estaba bien mandamos a la joven para allá con sus hijitos y estuvieron cerca el uno del otro hasta que el muchacho se recuperara; luego volvieron a estar juntos. Ella me escribió hace poco: “Recuerdo cuando usted me declaró que yo era una evangelista”. Pero llegó un hombre y la apartó del propósito. Yo te pregunto, ¿qué te aparta a ti del propósito de Dios? ¿Puedes demostrar que lo más importante para ti es el Señor?
Hemos llevado personas a Haití, que después de estar allá unos meses, nos han dicho que extrañaban. Hay que tomar en serio las demandas de Jesús y Él dice que si alguien pone las manos en el arado y mira hacia atrás para ver qué es lo que dejó, no es apto para el reino de los cielos. ¡No se puede mirar atrás cuando se pone las manos en el arado! Los israelitas salieron de Egipto rumbo al desierto y es lindo decirle a Dios “amo tu presencia más que a nada en este mundo” cuando todo está bien pero, ¿qué pasa cuando estás en el desierto?
Los israelitas miraban hacia Egipto acordándose de las cebollas y los ajos que comían. Dios saca al pueblo y les dice que los va a llevar a una tierra donde fluye leche y miel, les ofrece la tierra prometida y ellos querían volver a Egipto porque anhelaban más las cebollas y los ajos, entonces miraban hacia atrás y no se enfocaban en el propósito de Dios. Israel debía ser luz de las naciones y de allí tenía que venir Jesucristo el Hijo del Dios viviente, el Salvador del mundo; pero ellos pensaban en ajos y cebollas.
Una niña de ocho años, hija de los pastores de Misión Vida de la ciudad de Salto, me dijo que anhelaba ser mi secretaria, entonces le pregunté si estaba dispuesta a irse un tiempo conmigo unas semanas en vacaciones así probábamos; me cebaría mate y haría algunos mandados. En el campamento de niños que tuvo lugar en Beraca, en el que ella participó, le pregunté si seguía en pie eso de que quería ser mi secretaria y me respondió entusiasmada que sí, entonces le dije que se quedaría conmigo una semana y cuando miro a la madre, ella me dice: “¡Es chiquita aun!” Yo le aseguré que la iba a cuidar y le pregunté si se animaba a dejármela a lo que responde con recelo: “Y, si ella quiere…” La nena la mira y le dice: “¡Me quedo con el apóstol Márquez!” ¡A la madre se le cayó el alma al piso! Así que nos llevamos a la niña a casa; con mi esposa estábamos cansados así que nos acostamos a dormir un rato y ella se quedó dormida, sentada en el sillón del living. Cuando nos levantamos le pregunté: “¿Y ahora qué hacemos?” Entonces la nena me dice: “Apóstol, ¿será que me puedo ir con mi papá y mi mamá?” Los padres ya se habían ido así que hicimos un trato y le dije que el lunes a primera hora la ponía en un ómnibus para Salto. Ella estuvo de acuerdo pero al rato me pregunta: “¿No me podrá llevar alguien a Salto?” A todo esto eran las once de la noche del día sábado y teníamos ganas de dormir de nuevo, entonces me pregunta si alguien la podía llevar a la casa del tío que es encargado de un hogar Beraca junto con la esposa. Yo le dije que estaba cansado, entonces la convencí que se quedara a dormir esa noche y a la mañana temprano llamamos al tío y se la llevó. ¡La secretaria me abandonó!
A la tarde me ve en la iglesia, me abraza y me da un beso, ella me ama pero no para comprometerse tanto conmigo porque extraña; y aunque extraña a sus padres prefiere estar con sus tíos que conmigo. ¡Algunos hacen así con Dios! No se dan cuenta que tienen otras prioridades por las cuales postergan al Señor y no pueden expresarle por medio de una canción que lo más importante es Él porque no es así. ¡Examina hoy tu corazón!
Tú que tienes treinta años para saldar tu casa que no quieres soltar ni a palo porque te la dio el Señor, ¿podrá Dios mandarte a algún lado a predicar el evangelio? Te aferras a algo que te dio Dios y no lo sueltas pero Él es más importante y si ve que eso que te dio será un tropiezo para ti y que te separará de Él, Dios que es Señor, puede pedirte eso que te dio. Así hizo con Abraham. Le dio un hijo, el único que tuvo Abraham en su vejez y estaba orgulloso de ese hijo a quien amaba mucho, entonces Dios le pidió que le sacrificara a su único hijo, el hijo que Él le dio. Abraham fue llamado amigo de Dios porque no le negó al Señor ni siquiera su propio hijo.
Si Dios es lo primero en tu vida de alguna manera tienes que estar disponible para Él porque si dices que lo amas y es lo primero en tu vida pero no estás dispuesto para Él, ya que pones como prioridad tu trabajo, tu casa, tienes que enterrar a tu padre así como le dijo un hombre a Jesús: “Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre”. Se ve que su padre estaba viejito y no podía dejarlo, así que decidió seguirlo después de muriera porque estaría libre pero Jesús quería que estuviera dispuesto no cuando su padre muriera sino en ese momento, por lo que le dijo: “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos”. ¡Jesús exige prioridad!
Otro joven le decía al Señor que lo quería seguir pero Jesús se dio cuenta que estaba atado a las riquezas. “Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 10: 21 y 22). La prioridad para ese joven eran sus riquezas pero no Jesús.
¿Entiendes ahora lo que significa amar a Dios por sobre todas las cosas con todas tus fuerzas, con toda tu mente y con todo tu corazón? ¿Cuántas veces le has prometido algo a Dios y no has cumplido por causa del estudio, porque te casaste, porque tienes hijos, etc.? Recuerdo a una abuela que era una servidora en la iglesia hasta que le nació el primer nieto; ella se dedicó a él y dejó de servir y cuando me la encuentro le pregunto qué le había pasado que no la vi más, a lo que me responde que se dedicó a cuidar a su nieto porque era tan divino; ella lo había endiosado y ya no era Dios su prioridad sino su nieto.
MI HISTORIA
Hay cosas que tú no quieres perder ni dejar; hay cosas que no quieres que Dios te toque. Yo mismo me sorprendo al ver que dejé tantas cosas por servir a Dios en Uruguay pero continuamente el Señor me muestra que estoy aferrado a otras tantas y yo le tengo que pedir perdón por ello. Tal vez Dios te ha demandado algo que a ti te resulta complicado y difícil. Cuando llegué a Uruguay me encontré con personas que me detestaban y aun oraban para que yo cayera en pecado o para que el Señor me sacara de aquí. Una mujer me trató de “argentino atorrante”. Esto sucedió cuando estaba estacionando mi auto; ella me cedía el paso y yo a ella, creyendo que quería pasar, pero la mujer me insistía en que yo pasara, no me di cuenta que esa señora, era una cuida coches; así estuvimos por un rato hasta que yo me fui cuando vi que insistía en cederme el paso; entonces la escuché decir: “¡Argentino atorrante!”
Yo dejé muchas cosas que amaba por seguir a Jesús pero tengo que revisar mi corazón de continuo porque aún quiero aferrarme a cosas. Yo sentí en mi corazón que Dios me demandaba ir a Haití y cuando llegué allá casi me arrepiento. Bajé del avión y resulta que hacía tres meses que había ocurrido el terremoto que ocasionó grandes pérdidas humanas y materiales en ese país. Al entrar en la zona donde estaban las valijas vi que era un galpón inmundo y la gente caminaba sobre las pilas de valijas buscando la suya, era un panorama devastador. Para colmo hablan en creol y no podía entender nada. Al salir del edificio del aeropuerto el panorama se me puso oscuro; habían muchas personas gritando y levantando la mano y me dije: “¡Yo no salgo!” ¡Me asustaron! Ya me habían recomendado antes de viajar que allá no había agua ni comida, que los hoteles colapsaron con el terremoto, que tuviera cuidado con los mosquitos que trasmitían enfermedades. ¡Todas las pestes estaban ahí en Haití! La impresión que me daba era que todos los negros que allí había estaban apestados. El asunto es que todos se ofrecían para llevarme la valija aunque no sé cuántos querían solo llevármela o robármela, pero no había uno que no pidiera dinero. Entre todos los que había a la salida del aeropuerto, había uno que sonreía, algo que no era muy normal porque los haitianos no se reían, tienen un rostro endurecido, pero había uno que sonreía y yo pensé: “Yo de acá no salgo”.
Resulta que ese que sonreía era el pastor que me fue a buscar pero yo no lo conocía así que me fui acercando despacito y entre el griterío alcancé a escuchar: “¡Hermano Márquez!” “¡Acá está mi salvación!” suspiré. Nos dirigimos en una camioneta por una avenida donde había una cola de autos larga, todos tocando bocina y las personas hablando fuerte a los gritos; mi pecho comenzó a oprimirse con todo ese panorama. Allá no hay reglas de transito así que los conductores hacen lo que quieren, hasta las motos tenían bocina como de camión grande. Mientras avanzaba la camioneta, escuchaba los gritos de la gente, las bocinas, personas que me querían vender agua y otras cosas más, entonces se metían por la ventanilla del vehículo, o si no, nos frenaban para ofrecernos cosas o para limpiarnos el parabrisas.
Yo le pregunté a Dios: “¿Señor, fuiste tú que me mandaste acá o yo me vine solito? ¿Qué estoy haciendo aquí?” Me llevaron a visitar a un pastor al que se le había caído el techo del templo entero y las paredes sucumbieron. En ese mismo terreno tenía unas trescientas personas viviendo en carpas entre vecinos y miembros de la iglesia; allí se hacía una olla popular donde todos comían, y me ofrecieron un plato especial, una comida típica de Haití. Yo no me podía negar porque me estaban apartando una porción especialmente para mí, habiendo tantas personas para alimentar. Cuando veo, era un caldo oscuro y adentro un hueso con pelo nadando y unas verduras que jamás vi en mi vida. ¡Para mi gusto eso era feísimo! Yo me excusaba que no tenía hambre pero el pastor me decía que si no comía estaba haciéndoles un desaire, entonces en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo lo comí.
Sé que la Biblia dice que tenemos que comer lo que nos pongan en la mesa y así hice. Hay invitados que vienen a los campamentos y nos sugieren lo que quieren comer; hay jóvenes que han estado comiendo de la basura por años cuando se drogaban y al ingresar a un hogar de Beraca se quejan de la comida que se les da. Lo cierto es que también en eso se puede ver si tu prioridad es Dios o no. Yo tuve que decidir en mi primer viaje a Haití si realmente era un loco que se había deschavetado o era Dios quien quería que fuésemos allá; y entendí que el Señor nos quería en esa nación. Recuerdo que a mi regreso a Uruguay entré al edificio de American Airlines y había aire acondicionado y Wifi, aparentemente había entrado a un mundo normal, salí de la oscuridad y entré a la civilización. Ahí mismo lloré y sentí que una gran opresión salió de mí; escuché a satanás que me decía: “No hace falta que hagas tanto sacrificio por ellos”. Además vi tantos grupos norteamericanos que llevaban puestas camisetas con distintivos como: “Cristo para las naciones”, vi a los médicos sin frontera entre otros; arribaban varias delegaciones a ese país de gente que llevaba mucho dinero, medicamentos, grupos de hasta veinte doctores, etc. Y yo le decía a Dios: “Señor, hay tanta gente que viene a Haití a ayudar y cuentan con recursos, y yo no tengo dinero. ¿Cómo voy a hacer yo un hogar aquí?” Y Dios me mostró una estrategia que consistía en dar la vida. Los que iban a ofrecer ayuda humanitaria iban por unos días y se regresaban a contar sus experiencias, mostrando fotos de cómo ellos les daban de comer y ayudaban a los haitianos, todos iban, ayudaban en lo necesario y se volvían, pero Dios me dijo: “Ustedes van a venir pero se van a quedar. No serán como los otros”. El Señor me mostró que lo mejor que podíamos hacer por Haití era dar la vida y no sólo comida.
Los haitianos no son transformados por la ayuda que se les da, porque reciben agua y quieren más, reciben alimentos y quieren más; se convierten en pedigüeños esperando que alguien llegue con alguna ayuda para ellos y si son dólares, mejor. No esperan a alguien que les diga: “Vamos a trabajar codo a codo, yo me quedo a vivir contigo y voy a bendecir esta nación”. Lo que más impacta a una vida es que alguien se la juegue por ellos ofreciéndoles su tiempo y su vida. ¡Tu vida impacta más que tu ofrenda!
Asistió a la iglesia una mujer morena procedente de Angola y me dijo que se encontraba sola y triste; ella había viajado a Uruguay porque su hermana estaba viviendo aquí pero se regresó a su país: Su padre se había enojado con ella y le dijo que no volviera más porque ya no la querían y si ya había tomado la decisión de dejarlos, ahora que se las arregle sola. La mujer está trabajando y vive completamente sola; oriunda de Angola a la que le comenzó a latir el corazón por su nación. “Quien te diga que vamos a bendecir tu país”, le señalé. Le dije que se acercara a nosotros porque la íbamos a llenar de amor y ya no se sentiría sola.
Aún en los pequeños detalles se puede ver si realmente Dios es tu prioridad número uno. Cuando Dios es tu prioridad todo lo demás es secundario; trabajo, familia, casa, etc. ¡Dios vale más que todo! Jesús dijo: “… el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45 y 46). Y yo te pregunto: ¿Estás dispuesto a dejar de lado todo lo que tienes y eres con tal de alcanzar la perla de gran pecio que es Jesucristo? ¿Puedes renunciar a tu profesión o a tu carrera? ¿Puedes dejar lo que sea porque le has dado tu corazón a Jesús?
Los cristianos no entendemos que cuando le hemos dado el corazón a Jesús hemos hecho una transacción. Es como cuando se hace una compra venta de un inmueble o vehículo y se transfiere el dominio. Tu corazón es tuyo hasta que se lo entregas a Cristo; tú eres el gerente de tu corazón hasta el día que le dices a Jesús que tome tu vida, en ese mismo instante hay una transferencia de domino y tu corazón ya no te pertenece, ahora el manager es Jesús. ¡Quien toma las decisiones es Él! “¿Yo ya no puedo hacer esto o lo otro?” ¡Pregúntale a Jesús! “¿Pero qué tiene de malo lo que yo quiero?” Pregúntale al Señor porque Él es el dueño de tu vida ahora. De otro modo no le cantes: “Lo más importante eres tú”. ¡No te atrevas porque Dios que te ve dice: “Cuánta hipocresía!
LA HISTORIA DE DANIEL
Hubo un rey llamado Nabucodonosor, el más importante y más poderoso del imperio más grande, quien con un gran ejército atacó Jerusalén llevando cautivos a los israelitas a Babilonia, -lo mismo hizo con varias naciones- de tal manera que los israelitas vinieron a ser esclavos, o sea que ellos no podían tomar decisiones porque el rey Nabucodonosor decidía dónde iban a vivir, qué iban a comer, si se quedaba con la esposa de alguien o se la dejaba y decidía qué hacer con los hijos de los esclavos porque éstos no eran dueños de nada.
Leemos en Daniel 1: 3 y4: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos”.
De los miles que había, Daniel y tres amigos suyos se sacaron la lotería porque fueron elegidos para estar en el palacio del rey. “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey”. Se sacaron la lotería porque siendo esclavos, vivían en el palacio y por decisión del rey ellos comerían de su comida. No sólo eran Daniel y sus amigos sino también varios príncipes de diferentes naciones; muchos serían formados y cuidados para que estén en el palacio y sean personas sabias, consejeras del rey. Todos estaban conformes con lo que se les servía, pero Daniel amaba a Dios. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. Otra versión de la Biblia señala que Daniel se propuso no pecar comiendo la comida del rey.
Nabucodonosor era el rey más poderoso de la tierra y desobedecer una orden suya significaba la muerte. “Y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza”.
Pero Daniel tenía las cosas claras; la Biblia habla de “comida contaminada” así como las ofrendas de comida que se les hace a los dioses de la umbanda, de quimbanda, etc. Y lo más seguro es que los alimentos que consumía el rey eran sacrificados a los dioses y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con eso, o sea que tomó una decisión y enfrentó la orden del rey más importante del mundo. ¡Un esclavo decidió desobedecer la orden de un rey!
Si alguien tiene un gran compromiso con Dios, Dios tiene un gran compromiso con esa persona. ¡Nunca te fijes que Dios le da a otros y a ti no! ¡Dios respalda a los que le aman, a los que le buscan y quieren hacer su voluntad! Daniel demostró de varias maneras su compromiso con Dios; lo obligaban a que no orara y él lo hacía tres veces al día con la ventana abierta porque no se avergonzaba de buscar a su Dios. Recordemos que en Babilonia había muchos dioses y todos sabían que Daniel se postraba solamente delante de Jehová de los Ejércitos y a Él elevaba sus oraciones. Entonces sus enemigos planearon hacerlo caer y lograron un decreto que señalaba que por treinta días nadie podía adorar ni hacer petición alguna a ningún dios sino solamente al rey Nabucodonosor y fue sellado pero Daniel confrontó ese decreto.
Yo honro al diputado Gerardo Amarilla quien asumirá como presidente de la cámara de Diputados y a quien le preguntaron qué haría si hay una ley contraria a la palabra de Dios, entonces él respondió: “Si la ley es contraria a la palabra de Dios yo la voy a desobedecer”. ¡Él es un hombre que se ha arriesgado a todo por Dios!
Daniel confrontó el decreto del rey y dejando las ventanas abiertas se arrodilló delante de Jehová de los Ejércitos, entonces sus enemigos le informaron al rey: “Hemos encontrado a Daniel que se ha arrodillado delante de su Dios y el decreto dice que nadie le puede pedir nada a ningún dios”. Por esta causa lo echaron al foso de los leones. Siempre tenían un grupo de leones hambrientos que devoraban lo primero que encontraban, pero cuando arrojaron a Daniel, los leones justo ese día habían declarado ayuno. Lo cierto es que el ángel del Señor les tapó la boca.
Toda persona que asume un gran compromiso con Dios, El a su vez, asume un gran compromiso con esa persona. ¡Los leones no lo tocaron! Tan impresionante fue que el rey Nabucodonosor hizo un decreto mandando a que todos honren y den gloria al Dios de Daniel y esto fue publicado en todo el imperio babilónico. ¿Tú quieres tener el respaldo de Dios? ¿Cuánto te juegas tú por Él para que te respalde así como lo hizo con Daniel? A quienes están endeudados pagando sus casas, Dios no les va a pedir que vayan a otro lado a predicar el evangelio porque hay que saldar la deuda. La Biblia dice que quien pide prestado es esclavo del que presta, así que esa persona es esclava de la deuda y no puede decirle a Dios que se la juega por Él. En todo caso le dice como el joven que quería enterrar a su padre antes de seguir a Jesús: “Deja que pague la deuda y cuando lo haya hecho yo te voy a seguir”. ¡Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia!
¿Qué interfiere al momento de decidir que la prioridad de tu vida tiene que ser Dios? ¿Cuánto vale tu deporte, tu trabajo o tu familia? ¡Nada vale más que tu compromiso con Dios! Ese es el tipo de trato que el Señor acostumbra. Daniel le dijo al eunuco: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas”. Tenían una gran variedad de carnes y otras exquisiteces de las que Daniel y sus amigos quisieran, pero prefirió comer legumbres como garbanzo, lentejas, porotos, etc. “¿Y cómo lo quieres?” le pregunta el jefe, y Daniel le dice: “Hervidito nomás”. “¿Y con qué vino lo va a acompañar?” “Con agua nada más”. El jefe de los eunucos vio que el rostro de Daniel y sus amigos eran mejores que el de todos los demás que comían de la porción del rey y decidió darle lo que él había pedido porque Daniel honraba a su Dios y no estaba dispuesto a contaminarse con la comida del rey aunque fuera una exquisitez, porque no quería pecar contra Dios.
Al final de tres años dice la Biblia que el rey los examinó a todos y entre cientos de jóvenes Nabucodonosor no encontró a nadie más sabio y más inteligente que Daniel y sus amigos. Cuando alguien asume un gran compromiso con Dios, Dios asume un gran compromiso con esa persona. Tú te quejas que Dios no te contesta; otro dice que si le muere la abuela se muere con ella. Al parecer la abuela es más importante y que no se le muera porque si no, ese cristianito no sirve más. “¡Le pedí a Dios que no se la lleve y se murió!” Queda enojado, bloqueado y con su corazón frio porque su abuela valía más que Dios. El trabajo, los hijos, la casa son cosas que se ponen como prioridad antes que Dios y Él te demanda que tomes una decisión firme por el reino de los cielos. ¡No juegues más al cristianito! Pídele perdón al Señor porque tú cantas y levantas las manos diciendo: “Lo más importante eres tú” ¡No me mientas!, te dice el Señor. ¡Yo no soy lo más importante para ti!
CONCLUSIÓN
Que el Espíritu Santo te toque y te demande lo que la palabra de Dios te dice hoy. Tienes que hacer un pacto serio con Dios; decide si le vas a servir o no y si ha llegado a ti este mensaje quiero decirte que estás en el horno, mejor te hubiera sido no escucharlo. ¿Te demanda tu trabajo o tu familia más que Dios? ¿Te demandan tus deudas más que Dios?
Ojalá puedas declararle al Señor sinceramente: “Amo tu presencia más que a nada en este mundo, sólo quiero escuchar tu voz; amo tu presencia más que a nada en este mundo, lo más importante eres tú”. ¿Te puede mandar a otra nación Dios? ¿Puede hacer lo que quiera contigo? Satanás le dijo a Dios: “Ese Job te ama por todo lo que le has dado; tú lo has bendecido por todos lados. Le has dado familia, ganado, casa y riquezas, por eso él te ama. Pero si le quitas todo ya no te amará más”. Y Dios se la jugó por Job diciéndole: “Job me ama no por la bendiciones que le he dado sino que me ama a mí”. ¡Dios es más importante que todas las bendiciones! Le dio permiso a satanás para que tocara todo lo que Job tenía salvo su vida, y le toco a los hijos ya que todos murieron y perdió todos sus bienes, mas dice la Biblia que Job no atribuyó a Dios despropósito en todo lo que estaba viviendo. Él declaró: “Yo sé que mi redentor vive” A veces me he sentido como Job aunque no perdí a mi esposa ni a mis hijas. El compromiso de Job con Dios era firme y estaba por encima de todas las bendiciones que el Señor le había dado. ¡No ames a Dios porque te dio una casa! ¡No lo ames porque te dio a tu cónyuge y a tus hijos! ¡Amalo porque es Dios! Lo más caro y lo más precioso no es lo que Dios te ha dado sino que es Dios mismo.
Haz un trato con Él y dile: “Señor, aunque pierda todo, si te tengo a ti, tengo todo lo que necesito”. El Espíritu Santo te dice: “Tú eres una de esas personas que se ha estado engañando a sí misma creyendo que eres una gran cristiano pero no es así porque no me has dado tu vida y no me pusiste a mi como la prioridad de tu existencia. Yo te demando hoy que me pidas perdón y me consagres tu vida. Quiero que hoy firmemos la escritura; tu corazón dejará de ser tuyo a partir de hoy y comenzará a ser mío. Ya no manejarás tu corazón porque a partir de ahora lo haré yo y yo tomaré las decisiones, no tú”.
Leemos en el Salmo 45: 1 y 2: “Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto; Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. (Y el rey responde) Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”. Aquí habla de “palabra buena”; al parecer hay palabras buenas y malas. Señala la Biblia que hay palabras que sanan y otras que son maldición y enferman. Leí que en una guerra, un médico visitaba todas las mañanas a sus pacientes y les decía a cada uno: “Buen día, ¿cómo está? Saque la lengua”. Él no esperaba la respuesta de la persona, más bien era un formalismo, simplemente le interesaba verles la lengua. El enfermo tal vez le decía que se sentía mejor o que estaba mal, pero al médico eso no era lo que le importaba porque sólo quería verles la lengua, y así observaba cómo estaba evolucionando la enfermedad.
Quiero hablarte acerca de fundamentos. Lo primero que se hace antes de comenzar a edificar un edificio es poner el fundamento, y esto es muy importante porque si éste no sirve, la estructura que se coloca encima no durará sino que caerá.
Nuestra vida también está edificada sobre fundamentos a los que les llamamos valores o costumbres cristianas pero que en realidad tienen origen en la palabra de Dios o sea que el fundamento es la palabra de Dios. Decimos que el fundamento es el origen de una estructura o edificio por lo tanto es necesario tener una idea clara de cuáles son nuestros orígenes, ya que lo que sabemos de nuestro origen sirve de fundamento a lo que vivimos, hablamos y pensamos. De ahí la interrogante: ¿de dónde vengo? o ¿De dónde viene el ser humano?
Cuando una persona camina en la voluntad de Dios, puede ver su mano moviéndose a favor de lo que está haciendo. Varias personas me han preguntado por qué pasamos tanto trabajo y tanta opresión con los campamentos que llevamos a cabo cada año en Monte Beraca e insisten para que deje de hacer esta actividad en la que muchos han conocido a Dios, se han consagrado, han conocido a su esposo o esposa y formaron una familia bendecida. Cada año previo a los campamentos trabajamos en los preparativos, y me han querido tentar para que descanse y me tome vacaciones. Lo cierto es que cuando uno hace la voluntad de Dios cuenta con su respaldo y su provisión.
Quiero hablarte acerca de un Dios despreciado, un Dios que creó el cielo y la tierra y también nuestras vidas. Un Dios que preparó un jardín precioso en el cual puso a Adán, pero lo que sucedió andando el tiempo, fue que quedó demostrado que el hombre es muy desagradecido con Él. El hombre prefiere llenarse de afanes, ansiedades y preocupaciones pretendiendo resolver su vida por sí mismo y en ese esfuerzo se olvida que hay un Dios sustentador, un Padre que es el mejor Padre que existe y no hay otro como Él. Y como señala el preámbulo de la Constitución Argentina: “Fuente de toda razón y justicia”, Dios es la fuente de la sabiduría y de la inteligencia.
Quiero hablarte acerca del perdón. El perdón es el regalo más grande que Dios le ofrece al hombre. Claro que ese presente viene con otro presente; Jesús murió en la cruz del calvario por toda la humanidad y eso hace posible que nosotros recibamos el perdón de Dios.