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MENSAJES DEL CIELO

AQUEL QUE TODO LO LLENA EN TODO

Quiero hablarte acerca de distintas clases de fe que existen. Una cosa es creer en un Dios grande porque he leído o porque me han contado que Él es grande y otra es creer en un Dios grande porque yo he experimentado que Él es así. ¡Son dos clases de fe distintas! Una cosa es creer que Dios es poderoso porque lo leí en la Biblia o me lo han enseñado, y otra muy distinta es experimentar el poder de Dios en mi vida, de modo que yo pueda decir con una convicción total y absoluta que El es poderoso, porque he visto su poder operando a través de mi vida. La pregunta es: ¿Qué clase de fe tienes tú? Porque muchos creen en Dios, pero no todos experimentan el poder, la gloria, la gracia, la misericordia y el amor de Jesucristo en sus vidas. Una cosa es lo que se experimenta con esta clase de fe, la fe que se manifiesta por vivir experimentando la presencia poderosa de Dios en la vida, y otra es el conocimiento que nos viene por algo que nos han dicho, que nos han enseñado, contado o que hemos leído.

Quiero que hoy nos enfoquemos en la necesidad de experimentar la llenura de Dios, su presencia, su poder y su gloria en nuestras vidas. Y la Biblia dice que nosotros hemos sido creados para recibir toda la plenitud de la deidad. O sea que, en un cuerpo de carne y hueso, como el tuyo y el mío, es posible que habite toda la plenitud de Dios. Ya cuando tú tienes eso, la gente no se fija en la cara larga que tienes, sino que comienzan a ver y a experimentar el Dios grande que tienes. Es cuando Dios sale por tus poros, por tu boca, y la gente se choca con Él y no contigo.

            LA PLENITUD DE CRISTO

Hay muchos que están llenos de angustias, de pesares, de tristezas y fracasos; están llenos de amarguras y soledades, y creen en Dios. ¡Tengo que decirte que los demonios también creen! ¿Qué clase de fe será la que tienen los demonios? Ellos saben que Dios existe y que es poderoso, aunque no les sirve absolutamente de nada.

En el primer capítulo de la carta del apóstol Pablo a los Efesios, les dice a partir del versículo 16: 16no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él…” Una cosa es saber por haber oído y otra es experimentar un conocimiento que viene directamente de Él. El versículo 18 continúa diciendo: 18alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos…” El apóstol Pablo quiere que los creyentes, a través de ese espíritu de sabiduría y de revelación, tengan suficiente conocimiento para saber cuál es la esperanza que Dios ha preparado para ellos.

Una cosa es esperar ansioso, otra es esperar enojado, triste o angustiado y otra cosa es la esperanza. Según lo veo yo, esperanza, es esperar con confianza, así que, imagínate la cara de quien espera ansioso, temeroso o angustiado, e imagínate el rostro de aquel que espera con confianza.

O sea que Dios, a nosotros, nos da esperanza, para que lo que esperamos, lo esperemos con confianza. Y el apóstol Pablo declara: “Yo estoy orando por ustedes para que tengan espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, para que conozcan la esperanza a que Él los ha llamado y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”. Yo no voy a hacer referencia de la gloria de los santos, pero quiero que sepas que Cristo es el heredero del Padre y la Biblia señala que todas las cosas le han sido dadas y que nosotros somos coherederos juntamente con Cristo.

Efesios 1:19 continúa diciendo: 19y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero…” (Versículos 19 al 21). Para que ustedes conozcan la supereminente grandeza de su poder que opera en nosotros los que creemos. Una cosa es encontrarse con un creyentito que dice: “Yo creo en Dios”. ¡Pero no se le nota por ningún lado! Y otra cosa es encontrarse con un creyente que ha experimentado la supereminente grandeza de su poder que opera en nosotros. ¡Creemos que el poder que operó en Jesucristo, levantándole de los muertos y sentándolo a la diestra del Dios Padre sobre todo poder y dominio, es el poder que está disponible para los creyentes! ¡El mundo está necesitando ver eso en tu rostro!

Efesios 1:22 y 23 sigue diciendo: 22y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. En resumidas cuentas, todo lo que está orando para que ellos sepan, conozcan, entiendan y experimenten, tiene que ver, según señala la Biblia, con la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. La palabra plenitud, en latín significa, pleno total; pleni significa pleno, y tud es totalidad.

Nosotros hacemos depender nuestra felicidad, nuestra alegría, nuestro gozo y nuestra esperanza, de cosas que anhelamos que sucedan, o que queremos alcanzar, que si la suegra cambia la cara, o si mi cónyuge cambia la cara, y creemos que si las alcanzamos, entonces seremos felices. Pero la tesis de la Biblia no es ésta; más bien es que, si te falta tu esposa, no importa, Jesucristo llena todo, que si sobra una suegra, no importa, Cristo llena todo. Si falta trabajo no importa, Cristo llena todo. ¡La plenitud de Aquel que lo llena todo en todo!

¿No has llegado a ejercer una profesión? ¿No has terminado tu carrera? ¡No importa, porque Cristo puede llenar todo! ¿Hubieras querido ser hombre y naciste mujer? ¡No importa, eres mujer pero Cristo puede llenar todo! Habrás pensado alguna vez que si algo cambiaba, podría llenar tu vida; pero lo que llena tu existencia, según la Biblia es Jesucristo.

Leemos en Efesios 3:17 al 19: 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”.

Jesucristo es Aquel, según señala el apóstol Pablo, en quien habitó corporalmente toda la plenitud de la deidad. ¡En Cristo habitó! ¿Y qué quiere Dios? ¡Que en nosotros habite esa plenitud! Alguno puede decir: “Yo no soy Dios ni el apóstol Pablo”. Otro dirá: “Yo no soy el apóstol Pedro”. ¡No importa! Con que seas un ser humano de carne y hueso es suficiente porque Dios nos ha hecho con la capacidad, y nos ha dado el potencial de ser llenos, no de angustias, sino de la plenitud de Dios, no de soledad ni de amargura, sino de la plenitud de Dios.

Efesios 4:10 afirma: 10El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”. ¡El deseo de Cristo es llenar todo! Recordemos que Él dijo: “El que tenga sed, venga a mí y beba” y continúa: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). “El que bebiere del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás”. ¡Jamás volverá a decir por qué se murió mi hijo! ¡Jamás volverá a decir por qué se murió mi esposo! ¡Jamás volverá a decir por qué tengo que vivir en este mundo injusto! ¡Jamás dirá nada porque estará saturado de Dios y quien está lleno de Él, no podrá estar lleno de ninguna otra cosa! Si llegas a tener eso ya no necesitarás más pastillas para dormir o para salir de la depresión.

            ¿QUÉ TE FALTA?

¿Qué te está faltando? ¡La llenura y la plenitud de Jesucristo en tu vida! Es lo que el Espíritu desea para ti y para mi, y lo que yo deseo para mí, cada día de mi vida. ¿Qué problema detendrá a alguien que está lleno de la plenitud de Cristo? ¿Qué problema será difícil o imposible? ¿Qué me asustará? ¿Qué situación me angustiará? Si la plenitud de Jesucristo, el Todopoderoso, el que se levantó de los muertos, el que está sentado a la diestra del Padre, llena mi vida y mi corazón.

A veces le pedimos: “Dios, dame esto o lo otro” o “Si no me das lo que quiero, no voy a ser feliz”. Hacemos depender nuestra felicidad de algo que le pedimos a Dios y si no nos lo da, nos enojamos con Él y argumentamos: “Yo le he pedido a Dios pero Él no me escucha”. Y es que ambicionamos cosas para sentirnos mejor; pero el día que ambicionemos, el día que vivamos deseando la llenura de Jesucristo en nuestras vidas, vamos a tener todo aquello que necesitamos y que viene de parte de Dios, y no es lo que yo deseo sino lo que Él desea para mí. ¡Eso es perfecto! ¡Jesús llenará todo!

He participado de una reunión que se realiza con los abuelos, que llamamos el Club de los más Fuertes y hay que ver cómo se divierten y bailan con banderas, mejor que cualquier joven. En esta oportunidad se celebraba el día del abuelo y había una abuela de ochenta años, a quien le pregunté si le había costado venir a la iglesia y me respondió que no. ¡Ochenta años! ¡El poder de Cristo operando en esos ancianos! La hermana que lidera esa actividad llevó a su sobrino de trece años, quien editó un video, en el que se mostraban fotos del historial de los abuelos. Luego me contaron el testimonio de ese chico; su mamá estaba embarazada de él y los médicos le dijeron que el bebé presentaba problemas, a lo que comenzaron a hacerle varios estudios. En un momento le dijeron que el bebé estaba muerto y debían sacarlo; entonces le hicieron una cesárea y sacaron al bebé, pero éste estaba vivo, aunque no tenía esófago y padecía de hidrocefalia. También había nacido con los dos brazos cortos, uno más que otro y con una mano chiquita. ¡Padecía toda clase de males! Los médicos declararon que se moriría, pero su madre, antes de que el niño naciera, le había pedido a Dios una nena, y Él le respondió que le daría un varón, a quien debía ponerle Lázaro. Así que antes de que naciera ya tenía el nombre de su hijo, y la verdad que nació muerto según los médicos. Lo operaron y aunque permaneció internado por tres meses, y estuvo conectado a un respirador artificial, comenzó a mejorar y se le fue la hidrocefalia. Ha culminado la primaria con sobresaliente, y en el primer año de secundaria terminó con doce de promedio. ¡Le falta un pedazo de brazo y dedos en una mano!

La pregunta es: ¿Se puede ser feliz o no se puede? ¡Claro que se puede! ¡Si Cristo llena tu vida no importa que te falte un brazo, no importa que te falten dos; no importa que te falten las piernas! No es lo que deseas lo que traerá satisfacción a tu alma, no es lo que tienes o lo que te falta. He visto mujeres amargadas porque tienen el pelo lacio y se sienten infelices, otras están insatisfechas porque tienen el pelo enrulado y se lo viven planchando. Unas sufren porque son flacas, otras porque son gordas. ¿Qué es lo que te sobra o lo que te falta para ser feliz? ¡Si Cristo llena tu vida, nada te falta! ¡Esto no es cosa mía, lo dice la Biblia! ¿Tú crees en la palabra de Dios?

El próximo veintidós y veintitrés de octubre nos visitará Nick Vujicic. “¿Qué es lo que hace a un ser extraordinario? ¿Sus habilidades? ¿Sus talentos? ¿O simplemente su sonrisa? Cuando conocí por primera vez a Nick Vujicic supe que había encontrado a alguien extraordinario. Desde el momento en que empezó a compartir su historia conmigo, soy testigo de cómo Dios usa a un hombre sin brazos y sin piernas para ser las manos de Dios en la tierra”. Así comienza diciendo una periodista que le hizo una entrevista. ¿Qué te falta? ¿Qué es aquello, que si Dios te concede saciará tu alma? ¿Crees que eso es lo que necesitas? ¿No será algo mucho más profundo lo que precisas? Teniendo piernas y brazos seguimos siendo desagradecidos; teniendo ojos, seguimos siendo desagradecidos. ¡No importa tu condición social, cultural o económica; no importa qué tan lleno estés de cosas de este mundo, si en tu alma no está reinando Cristo, si no está la presencia poderosa de Aquel que todo lo llena en todo!

Cuando Él llena, todo vacío se termina. Los cuerpos tienen una propiedad denominada “impenetrabilidad”, la cual implica que ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro. El espacio que yo estoy ocupando no lo puede ocupar otro sólido. Y la enseñanza es la siguiente: El espacio que Jesús está ocupando en tu corazón, no lo puede ocupar la angustia; no lo puede ocupar la soledad, ni la tristeza, ni la impotencia ni el fracaso. El espacio que Jesús está ocupando en tu corazón no lo puede ocupar la miseria y la pobreza. ¡Nada puede estar junto con Cristo adentro tuyo! ¡Si la plenitud de Aquel que todo lo llena viene a tu vida, huye todo lo demás! ¡Desaparece! ¡Qué dichoso me siento de poder predicar esto! ¡Me hace feliz poder impartirte esta esperanza! ¡No importa lo que te falte, si Cristo te llena, nada te falta!

Recuerdo cuando mis hijas eran pequeñas, yo predicaba acerca de la segunda venida de Cristo y decía que Jesús vendría pronto. Al terminar el culto, nos dirigíamos en el auto a nuestra casa y ellas me decían: “¡Qué no venga tan rápido que me quiero casar! ¡Yo quiero tener un novio!” Pensaban que si Cristo venía antes de que ellas se pudieran casar, las embromaba porque les iba a faltar algo. Ellas siempre oraron por quien sería su esposo y finalmente se casaron. ¡Ahora que lo han logrado puede venir Cristo! ¡No hay problema! ¡Ya experimentaron el casamiento! Se casaron, comieron perdices y dijeron: “¿Esto era?”

Me han pedido oración por una mujer que tiene un cargo relevante en un banco importante de Uruguay. La mujer padece cáncer; tiene mucho dinero pero está muy enferma, el tumor comenzó por el útero y ahora le tomó el estómago; los médicos le han dado cinco meses de vida. Alcanzar la posición económica que has deseado en tu vida, ¿podrá llenarte el alma cuando te diagnostican un cáncer? Le mandé a decir a esa señora, que no cree en Dios, que si quería, yo iba a visitarla. Le diré que si Cristo llena su vida, no le faltará nada. ¡Se puede pudrir su dinero porque no le podrá quitar el cáncer! Pero si viene a su vida Aquel que todo lo llena en todo, el cáncer no puede permanecer en su cuerpo. Porque si la plenitud de Aquel que subió para llenarlo todo, llena su vida, la enfermedad no puede habitar en ella, ni puede enseñorearse.

¿Dejarás hoy tu pobre vida a los pies del Señor? ¡La gente quiere saber qué puede hacer! ¡No tienes que hacer nada, quédate quieto porque la embarras! ¡Sólo tienes que desear la llenura! ¡No es lo que tú puedes hacer, sino lo que Dios puede hacer en ti y a través de ti! ¡Es lo que Dios puede! ¡No es que tú te hagas ver, es Dios que se quiere hacer ver a través de ti! La plenitud de Dios sobre tu vida no permitirá que la sonrisa sea tuya sino la de Él; no permitirá que sea tu mirada sino la de Él. No permitirá que un apretón de manos sea el tuyo sino de Él. No serás tú dándole paz a la gente, será Dios a través de tu abrazo, de tu mirada, de tu sonrisa o un apretón de manos. ¡Será la gloria de Dios tocando el mundo a través de tu vida!

Imagínate a un creyente con cara larga tratando de convencer a un incrédulo de que se tiene que convertir a Cristo. Éste lo mira y dice: “¿Y este caripela me quiere predicar a mí? ¿Este cara de ansioso me quiere predicar a mí?” Me hace acordar a esa mujer pobre que le predicaba a su vecina rica y le decía: “Tienes que entregarle tu vida a Cristo. Tienes que conocerlo porque Él es Poderoso. ¡Cristo te prospera y te bendice!” La mujer la escuchaba… Cuando la hermana creyente, que le habló de las grandezas de Cristo terminó de predicarle, ¡al rato manda a su hija a pedirle a la vecina rica una tacita de azúcar! ¡Es una total incoherencia!

Están esos cristianos que dicen: “Soy un infeliz…” “Yo no tengo palabras… ¡No me animo a predicar!” También están esos que se juntan y cuál de los dos vive más asustado por todas las cosas que pasan. La mujer rica, al ver como vivía la pobre dijo: “¡Yo no quiero saber nada con ese Cristo del que me habla mi vecina!”

¿Realmente tú tienes algo para dar cuando estás con otras personas? ¡Con razón no llevas a nadie a la iglesia! En el lugar donde tú trabajas, ¿saben que eres cristiano? ¡Me dices que eres cristiano, pero no se ve la gloria de Dios en tu vida!

Una mujer que ha comenzado a asistir a nuestra iglesia, hace unos quince años atrás era católica y sentía rechazo por los evangélicos. Ella opinaba que yo era un sinvergüenza, y el esposo, que es ateo y la vio muy mal, se me acercó y me dijo: “Sabes que mi esposa está sufriendo de depresión y la veo muy mal. ¿Podrías venir a orar por ella? Fui a su casa, y hablé con ella; luego le dije que se arrodillara para orar y lo hizo por respeto pero por dentro renegaba: “¡Este sinvergüenza me manda a arrodillarme!” Yo oré por ella y cuando me fui, le dijo al esposo: “¡Este es un sinvergüenza pero algo tiene porque cuando oró por mi me quedé con una paz tremenda!”

¡Si la plenitud del que todo lo llena viene a tu vida te sentirás mejor que Superman, que Tarzán y el hombre araña juntos! ¡Si la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo viene a tu vida, el hombre araña será un piojo al lado tuyo!

La mujer que quince años atrás me rechazaba, hoy me abraza y me bendice. Se junta con unas chicas que trabajan en las oficinas de la radio y me confesó que quiere estar con ellas porque al lado de ellas tiene paz.

Por más de veinte años venimos orando que queremos ver la gloria de Dios en Uruguay y ahora me entero que Dios está queriendo ver su gloria en mi vida y en la tuya. Él te dice: “Cuando mi gloria esté en ti y sobre la iglesia, esa gloria también será vista en Uruguay”. ¡Veremos la gloria de Dios en Uruguay pero primero la veremos en nuestras vidas! ¡Veremos la gloria de Dios en Argentina pero primero la veremos en ti que eres argentino! Lo mismo para aquellos que se encuentren en cualquier parte del mundo. ¡Primero, Dios quiere llenar tu vida y entonces sobre ti será vista su gloria!

Alguno me preguntará: “¿Y qué hago con esta tristeza que tengo encima? ¡Busca a Jesús! “¿Qué hago, porque mi hijo se murió?” ¡Busca hoy a Jesús! “¿Qué hago, porque me abandonó mi marido?” ¡Busca a Jesús! “¿Qué hago, perdí el trabajo?” ¡Busca a Jesús hoy!

Hay quienes se dicen cristianos y declaran que creen en ti Señor, pero les faltan alas para volar. No obstante, Dios hoy les dice: los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31). Nick dijo: “No necesito piernas ni brazos porque tengo alas para volar”.

            CONCLUSIÓN

Hace unos cuatro años fui a visitar a un hermano que hoy es pastor de nuestra iglesia, Hagop. Él estaba en su casa, triste, llorando y clamaba a Dios: “¡Señor, yo quiero servirte!” Este sábado pasado predicó a la mañana en nuestro templo central, en la reunión especial que tuvimos para celebrar el día de los abuelos; y como los otros pastores estábamos en otra actividad, en el interior del país, le pedimos que predicara en la reunión siguiente; también tenía que estar más tarde en una cena de hombres, y para completar, uno de los pastores que estaba conmigo le pidió si podía ir celebrar una ceremonia de casamiento ya que él no llegaría. Así que, este hombre de setenta y cuatro años y su esposa, predicaron a la mañana, a la tarde y casaron una pareja antes de ir a la cena de hombres; y el domingo a la mañana llegaron a la iglesia central antes que yo. Le dije a Hagop que estaba cada vez más feliz y orgulloso de tenerlo a mi lado. Además de todas las actividades que tiene, los jueves a la mañana se junta con un grupo de pastores de otras denominaciones a orar; un día le pidieron que dé una palabra, y él contó su testimonio. Uno de los pastores me confesó que los había hecho llorar a todos porque les contó cómo Dios lo sacó del pozo. Testificó que a los setenta años era un hombre fracasado. ¡Pero hoy damos fe que a su edad tiene nuevas fuerzas y de su interior fluyen ríos de agua viva!

Si Dios pude usar a Hagop con setenta y cuatro años, ¿por qué no va a poder usarte a ti? Todo lo que se es que él estaba clamando a Dios: “¡Señor, quiero servirte!” No le importaba riqueza o pobreza, ¡nada! Él quería que Dios lo tomara en sus brazos y que lo usara. ¡Qué hoy sea éste tu más grande anhelo! Tú quieres más de Cristo pero, ¿para qué? ¿Para llenarte la panza? ¿Para mirarte al espejo y decir: ¡Qué lindo lo que Dios ha hecho conmigo!? Dios quiere que su gloria sea vista en tu vida, en la calle. ¡Él quiere que la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo habite con poder en nuestras vidas!

No se trata de lo que tú debes hacer sino de lo que le permitas a Él hacer.

“Señor te adoro, te bendigo y proclamo tu gloria en Uruguay y en las naciones. Vamos a ver tu gloria, pero primero será vista en nosotros y a través de nosotros. Ven y llénanos ahora, de corazón levantamos nuestra mirada al cielo y deseando que la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo esté sobre nosotros. ¡Glorifica tu nombre, Señor! Sabemos que si tú llenas Dios mío, la tristeza no podrá habitar en nuestras vidas, ni la angustia, ni la soledad. Sabemos que si tú llenas Dios mío, ninguna otra cosa podrá molestar. Gracias Señor por la vida de Nick, aunque sabemos que con haber visto su testimonio no alcanza, te necesitamos a ti, Señor. ¡Necesitamos al Dios de Nick! ¡A tu nombre damos gloria y honor Señor! En el nombre de Jesucristo hacemos esta oración, amén”. 

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