¿DÓNDE ESTÁS TÚ? - Misión Vida para las Naciones

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Montevideo

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MENSAJES DEL CIELO

¿DÓNDE ESTÁS TÚ?

INTRODUCCIÓN

En este tiempo estamos atravesando por la crisis más grande de la historia de la democracia; el quiebre de aquello que hemos considerado la mejor forma de gobierno que ha habido (aunque la democracia nunca ha sido ordenada por Dios). El hombre declaró que este sistema de gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, entonces, el soberano en la democracia no es Dios sino el pueblo. ¿Y qué está pasando? Que en la nación más poderosa del planeta, con la economía más grande, Estados Unidos, en la nación cuyo presidente es el más importante y poderoso del planeta están sacándose los ojos y peligra que haya una guerra civil, la cual se podría agravar porque los actores del fraude que ha habido en las elecciones de esa nación, son los actores del globalismo, del gobierno mundial que opera en todas las naciones. Esas son personas que van a zafar de ir presas aunque merezcan la cárcel; porque con engaño han estafado a la verdad. Entonces prefieren matar a miles de personas con tal de salir indemnes de esta situación.

¿Por qué te cuento esto? Porque debemos observar que hay mucha oscuridad a nivel global, pero también hay oscuridad a nivel personal. Recientemente fui a predicar a una ciudad del interior del país, y hablé con una pareja, que no es matrimonio porque no están casados. Hoy en día se confunden los términos; la mujer me dijo que había conocido el evangelio y conoció los caminos del Señor cuando era niña, pero en su adolescencia se apartó y comenzó a pecar. Conoció a la que hoy es su pareja, el cual también era pecador; y quien que se drogaba y estuvo preso. Pero se enamoraron y lo cierto es que llevan diez años viviendo juntos, y tienen tres hijos. Por causa de su ceguera que los tiene turbados, asistieron a la reunión en la que prediqué y pidieron hablar conmigo. Cuando la mujer me dijo que conoció los caminos del Señor, la interrumpí y le dije: “Vos no conociste los caminos del Señor. Sabías de esos caminos pero no anduviste en ellos. También sabías que existía el evangelio y escuchaste del evangelio; pero no has dejado que ejerza poder y autoridad sobre tu vida”. Ellos reconocieron que han pecado. Me dijeron que participaron de un encuentro virtual y les gustó mucho. Yo noté que aunque habían participado del encuentro estaban turbados, entonces les pregunté si ellos creían que el Señor les perdonó sus pecados, entonces uno de ellos me dijo: “Bueno, la verdad  nosotros le hemos pedido perdón”. A lo que agregué: “No les pregunté si habían pedido perdón, quiero saber si fueron perdonados”.

                HIJOS DE DIOS Vs. CREACIÓN DE DIOS

Y aprovecho para preguntarte lo mismo a ti: ¿Fuiste perdonado, fuiste perdonada? Muchos dicen: “Yo le pido perdón todos los días a Dios”. Piden perdón pero les queda la duda. Si tú no sabes si han sido perdonados tus pecados, todavía estás en condenación. Tú puedes saber que hay caminos de Dios pero no puedes andar en ellos porque el pecado se enseñorea de los que pecan. Jesús dijo que quien hace pecado es esclavo del pecado. Entonces, si conoces los caminos de Dios pero sucumbes ante en cigarrillo o el porro, entonces el evangelio no es la autoridad en ti ni el poder de Dios está en tu vida. Es importante que hoy te quede claro si eres perdonado o no. No vaya a ser que sigas viviendo confundido, y es que hasta el papa está enredado al declarar que todos somos hijos de Dios.

Hablando con una persona me dijo que estaba de acuerdo con lo que dijo el papa porque Dios nos hizo a todos. Pero yo te digo que no son todos hijos de Dios; hay criaturas de Dios y hay hijos de Dios, y estos últimos son los que tienen a Cristo en su corazón. Le hice ver lo que dice la Biblia en Juan 1:12 y 13: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. Hijos somos aquellos que le hemos creído y le hemos recibido; y si Cristo está en el trono de tu vida el pecado no puede gobernarte porque el Espíritu Santo hace la obra de Dios a través de ti.

Mientras más hablaba con la pareja más los amaba porque se puede ver cuando una persona, por más que esté errada y equivocada, se le ve ese hambre y el deseo de que algo pase en su vida. La semana previa a la reunión donde conocí a esta pareja, el hombre había soñado algo muy feo; soñó que a una de sus hijas se le volteaban los ojos y entraba en una especie de convulsión. Entonces, se levantó bien temprano y fue a ver a su hija; ella estaba durmiendo plácidamente. Tomó unos mates y antes de irse a trabajar fue a verla de nuevo, y estaba bien. La mujer lo interrumpió porque quería seguir contando la anécdota; resulta que cuando el esposo se fue, ella sintió que algo raro sucedía en el dormitorio y cuando fue, encontró a la hija en la cama convulsionada y con los ojos dados vuelta, tal cual había soñado el hombre. A partir de eso se llenaron de temores y angustia, y la mujer ya no podía dormir tranquila. Pensaba que si se dormía la hija se le moría y se despertaba sobresaltada. Aunque la hija se le podía morir igual estando despierta. Los dos me dijeron que tenían dudas acerca de que si habían sido perdonados o no. La pura verdad es que quien no está seguro, quien no ha creído, entonces no tiene certeza. Les hice ver, tal como dice la Biblia, que la fe es la certeza, una convicción profunda de algo que no se ve y no se puede explicar. Pero cuando uno cree acerca del perdón, sus pecados son limpiados y perdonados. Los invité a orar, pero esta vez con fe,  y confesando que ellos creían que Dios les estaba oyendo. Cuando terminamos de orar, la mujer puso sus manos en su pecho y dijo: “¡Qué alivio! ¡Hoy voy a dormir toda la noche!”

El perdón de los pecados es algo muy real; se puede sentir que el pecado sale y deja de oprimirte. Cuando reina Jesús en tu corazón, no tienes que andar haciendo fuerza para no pecar. No tienes que hacer fuerza para no fumar porque, no fumar no cambia tu naturaleza pecaminosa y no te transformas en un cristiano o una cristiana. Solo Dios puede transformarte, y una persona es cristiana porque Dios la engendra espiritualmente, conforme a su naturaleza; naturaleza divina. Cuando Dios hace hijos los hace conforme a su sustancia. Los seres humanos podemos engendrar hijos biológicos, pero Dios engendra hijos de naturaleza divina. Ahora, cuando el Espíritu Santo está reinando y gobernando la vida de un creyente, en esa vida hay luz. Cerca de Dios hay luz. ¿Qué significa esto? Que la mente está alumbrada, no está pensando mal. Al contrario, piensa bien porque los pensamientos de Dios están en esa mente. Significa que los caminos que estoy caminando son los de Dios. Una cosa es que yo conozca los caminos de Dios y otra cosa es que sepa acerca de esos caminos. La carne no puede producir las obras de Dios, tampoco puede obedecer a Dios. Pero el espíritu sí. Entonces, es importante que tengas fe y sepas si Dios te ha perdonado los pecados o no. Aquellos que han sido perdonados son hijos de Dios. Hay mucha oscuridad aun dentro de la iglesia. Tú no eres cristiano solo porque conoces el evangelio desde pequeño; eres cristiano porque le has dado tu vida a Cristo y él gobierna tu vida. Dios pone en nosotros tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Hay personas que hacen cosas que no están bien y en su defensa dicen: “Y bueno, Dios lo habrá querido así”. ¡Tú cometiste el pecado solito, Dios no tuvo nada que ver! Otros alegan que pudieron reflexionar después de pecar, así que no lo ven como algo malo. ¡Dios no quería que pecaras! Él, que es bueno y misericordioso, que te ama profundamente, hace lo imposible por hablar a tu corazón con amor, por salvarte y sacarte del pozo en el cual te has metido. Cuando yo me meto en un pozo, tengo que ir a Dios arrepentido y pedirle que me perdone, que me limpie y me saque. No puedo decir: “¡Qué bueno que pequé! Habrá sido tu voluntad Dios mío”.

Hay mucha oscuridad y tinieblas a nivel global y a nivel personal. Surgen entonces, los cristianos angustiados, que sufren de temores, de depresiones y otras tantas cosas. Hablé con una hermana preciosa, la cual me dijo que estaba muy deprimida y angustiada, y que no le encontraba sentido a la vida. Te hablo de una pastora. Me dijo también que se le atravesaban pensamientos de muerte. El temor domina a las personas por causa del pecado. Un ejemplo: el esposo comete adulterio y teme que se entere la esposa. El pecado introduce el temor. No va y le dice: “Amor, sabes que anoche la pasé bomba con otra mujer”. ¡Tiene miedo! ¿Por qué? ¡Porque pecó! ¿Y cómo soluciona su pecado? Con más pecado. Inventa mentiras para que su esposa no sospeche, pero tiene miedo que su mentira sea descubierta. Todo el que peca huye por temor. Sucede lo mismo con el que comete estafa. El ladrón no va a ir a la policía y le va a decir: “Comisario, anoche le robé a la vecina”. Tiene miedo y huye porque sabe que ha hecho mal. El miedo es un poder espiritual que domina a las personas cuando estas le han abierto una puerta al pecado. Así sucede con otros poderes espirituales como la angustia, la depresión y el deseo de muerte que sienten muchas personas; y resulta que Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Con el Señor puedes enfrentar la Cristo está oscuridad y declarar como David: “Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo”.

Un cristiano sabe que con él todos los días de su vida porque así lo prometió el Señor: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Un cristiano no le abre puertas a la angustia, al miedo ni a ningún otro poder espiritual de maldad; porque le ha abierto la puerta a la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Le ha abierto la puerta de su corazón al Dios Todopoderoso que perdona pecados, que corta maldiciones y deja ir libres a los que están cautivos. Así que no hay poder en la droga, en el alcohol o el cigarro; no hay poder en el mundo que pueda detener a un cristiano porque este avanza hacia su destino guiado por el Espíritu Santo. Normalmente, cuando la persona tiene temor, le echa la culpa a su progenitor, a una vivencia particular, etc. Pero es la persona que tiene miedo la única culpable porque le ha abierto la puerta al temor. Tu relación con Dios es personal; la culpa no es de nadie más que de ti. Tú necesitas tener una buena relación con Dios. Si estás padeciendo algo preséntate delante de Dios y pídele ayuda. Dile que no tienes otro a quien ir y que solo Él es tu Dios y tu Padre. ¡No puede ser que algún familiar o cualquier otra persona te quite la paz! ¡No permitas que una enfermedad te robe la paz de Dios! Si cualquier cosa te quita la paz entonces Dios no está reinando en tu vida. El Señor ha declarado que somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Es importante que leas la Biblia y conozcas lo que dice la palabra de Dios; es importante que te llenes de Dios porque Él es el único que te va a ayudar a avanzar en victoria en medio del caos mundial que se avecina.

OSCURIDAD HAY PARA QUIENES ESTÁN EN PECADO

La Biblia dice en Isaías 60 que oscuridad vendrá sobre las naciones. Los gobernantes no sabrán qué hacer pero tú sí sabrás que hacer y sobre ti será vista la gloria de Dios. Ni siquiera el presidente más importante del mundo de la nación más poderosa, puede estar en paz porque le bloquean las redes por causa de sus declaraciones. Así es, los que controlan las plataformas virtuales impiden que las personas emitan su opinión personal porque les bloquean la cuenta.

Adán y Eva entraron en tinieblas y dejaron de ver las cosas con claridad; dejaron de saber cuál era el verdadero camino cuando pecaron. Antes andaban delante de Dios y era maravilloso encontrase cada día con Él. Pero un día se acercó la serpiente a conversar con Eva. Antes que Eva fuera creada, Dios le había dado orden a Adán de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal; así que, el responsable de que la mujer no comiera del fruto era Adán por ser la cabeza. A los hombres casados les digo: tú eres la cabeza de tu hogar, debes cuidar a tu esposa. Un hombre me dijo que estaba destrozado porque su esposa lo había abandonado. Ellos no se peleaban y tampoco el hombre veía indicios de que la esposa estuviera mal. Aparentemente estaba todo bien, aunque los problemas se van gestando sin que la persona lo perciba. La esposa se fue de la casa cuando él estaba trabajando. Cuando el hombre llegó a su casa no encontró a nadie, tampoco estaban las pertenencias de la esposa; pero encontró una nota en un cajón que decía: “Me  cansé, no quiero verte nunca más”. Él ni enterado estaba que su esposa estaba harta. Me contó un poco de su vida y me dijo: “Yo tengo tres empleos. Así que me levanto todos los días a las cinco de la mañana y me voy a trabajar, y mi esposa está dormida. Vuelvo pasada la media noche y mi esposa está dormida. Yo me he matado toda mi vida para darle a mi familia lo que necesita. No le he dejado faltar nada”. Lo interrumpo y le digo: “¡Le faltó el esposo!” Los fines de semana él estaba muy cansado, la esposa le decía para salir pero se quedaba en casa a dormir siesta y descansar. Resulta que la mujer todas las mañanas llevaba a su hija al colegio en el subte; allí también viajaba un hombre que llevaba a su hijo al mismo colegio. Se juntaban en la misma parada y viajaban en el mismo transporte hasta el colegio cada día. Mientras esperaban el subte ellos aprovechaban a conversar. El hombre le hablaba como el lobo a Caperucita. En el subte seguían hablando hasta llegar al colegio. ¡El tipo era tan amoroso con ella! Después de un tiempo ella lo comenzó a mirarlo con otros ojos y terminó yéndose con ese hombre que la sedujo.

Cuántos padres dicen que le han dado a su familia lo mejor sin embargo le pagan mal. Vives en oscuridad y no entiendes que eres el sacerdote de tu casa, eres la persona que tiene que guiar a su familia bajo la autoridad y la unción del Espíritu Santo. Te falta sabiduría y visión. Tú crees que estás haciendo bien las cosas y estás en la dirección correcta, pero dice la Biblia en Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. Si no conoces a Dios y por ende no tienes comunión con Él; le echas la culpa a Él y a todo el mundo de lo que te sucede y no ves que tú eres el responsable. Tienes que arreglar ya tus cuentas con Dios. Te recuerdo que tu relación con Dios es personal. No puedes meter a nadie en esa relación. ¿Qué sucedió? Eva comió del fruto que Dios dijo que no comieran y le ofreció a su marido que también comió. Entonces, dice la Biblia en Génesis 3:6 y 7: “…vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.

Ahora que habían desobedecido veían, pero veían todo distinto. Y Dios le dijo: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” (Génesis 3:11) Antes estaban desnudos y disfrutaban en la presencia de Dios, no estaban violando ninguna ley o norma; ellos eran inocentes. Su bien y su mal estaban en Dios. Ahora que querían conocer el bien y el mal, se miraron y se dieron cuenta que estaban desnudos. Comenzaron a ver las cosas desde la perspectiva del poder del pecado que los había dominado, y comenzaron a actuar en consecuencia. No en el camino de Dios, sino que tomaron un nuevo camino que no entendían. Continuando con el relato de Génesis 3, nos dice la Biblia: Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:8 y 9).

Antes sentían la presencia de Dios y corrían hacia Él. ¡Eran felices! Mas ahora habían pecado y huían de su presencia. Corrieron detrás de un árbol, como si un árbol pudiera esconderlos de la vista de Dios. Ahora la presencia de Dios los asustaba y la querían evadir detrás de un árbol. Seguramente Dios no andaba buscando al hombre, porque Él sabía dónde estaban. Lo que Él quería era que el hombre reflexionara y se diera cuenta dónde estaba parado. Estaba perdido y en oscuridad. Ahora hacían las cosas mal. ¿Cómo se iban a esconder de Dios cuando antes andaban en su presencia? ¿Cómo iban a arreglar el problema de su desnudez tapándose con excusas? Tú dices: “Yo soy así y hago lo que hago por culpa de mi madre o de mi padre, por culpa de mi cónyuge” O de algún otro. Tú tienes que solucionar tus problemas con Dios y hoy tienes que recibir el perdón y sentirte perdonado.

El Señor hoy te pregunta dónde estás; porque tinieblas cubre a las naciones, pero sobre ti tiene que ser vista la gloria de Dios. Tienes que ser alumbrado con la luz de Dios. No seas como esos que dejan de asistir a la iglesia y pierden las fuerzas después para volver alegando que algo no los deja. ¡Se enfrió tu relación con Dios y te perdiste! Has dejado de buscar a Dios y de obedecerlo. ¿Cuándo te vas a rendir a Dios y a decirle que eres de Él? Dios le preguntó a Adán: “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” Y el hombre respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3.11 y 12). Por lo que dijo Dios era el culpable del pecado de Adán. Tal vez si le hubiera dado otra mujer, él no hubiese pecado. Y así las mujeres se quejan de sus esposos porque no salieron como ellas querían y los hombres se quejan de las mujeres por lo mismo. Es que si no encaras tu vida con Dios, serás una persona infeliz con cualquier hombre o con cualquier mujer.

CONCLUSIÓN                                      

¡Necesitas tener un encuentro con Dios! No es la cultura cristiana la que te hace cristiano; tampoco es el conocimiento de la Biblia lo que te hace cristiano. No es por asistir a la iglesia que eres cristiano. Lo que te hace un verdadero cristiano es tu relación íntima con Dios; lo que te lleva a tener una buena relación con tu familia, con tus pastores y hermanos de la iglesia. Es la relación intima con Dios la que te llena de su presencia y su amor, y entonces vas desparramando y contagiando amor por todos lados. Cuando Dios reina en tu vida eres un cristiano con todas las letras. No tienes que hacer fuerza para no pecar, tienes que esforzarte por buscar a Dios con todo tu corazón. Tienes que amarlo con todas tus fuerzas, con toda tu alma y con toda tu mente, porque ahí radica tu bendición. Porque en Dios está tu luz, tu poder y tu salvación.

Continuando con el relato de Génesis, Dios le dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3:13). Y a pesar de todo, Dios no maldijo al hombre ni a la mujer. Maldijo la tierra. Dice la Biblia en Génesis 3:17 y 18: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”. Hasta el día de hoy la tierra produce cardos y abrojos, y por más que los cortes vuelven a nacer.

La pareja con la que hablé, la mujer me dijo: “¡Qué alivio siento! ¡Qué bien haber creído!” Y sin saber lo que iba a pasar ella me dijo que iba a dormir en paz como hacía tiempo que no dormía. La fe es certeza; esa fe la llevó al perdón y a la salvación. Yo les hice ver que ellos se juntaron pero no habían formado un matrimonio con la bendición de Dios. Es que ellos se habían creído que el matrimonio es una relación química o de piel entre un hombre y una mujer, pero estaban equivocados. Porque Dios tiene planes eternos con los matrimonios. Dios trae hijos al mundo para poblar su reino. Eso es mucho más que aguantar una vida acá en la tierra. El matrimonio es un plan de Dios. Así que les hice prometer que no iban a tener más intimidad hasta casarse y estuvieron de acuerdo. La mujer, a pesar de que me dijo que había conocido los caminos de Dios, era consciente de que estaba fornicando. En realidad ella sabía de los caminos de Dios pero no ha transitado por ellos. Un matrimonio no es meramente la unión de un hombre y una mujer; es la unión de Dios con un hombre y una mujer que van a cumplir sus planes en la tierra.

Deja que Dios arregle las cuentas con tu papá y con tu mamá. Deja de lado al mundo con su podredumbre. Tú arregla tus cuentas con Dios. Tú tienes que reconocer que eres el único o la única culpable. Dile a Dios: “Mis maquinaciones, mis pensamientos y sentimientos me llevan por caminos lejos de tus caminos. Sé que tengo que caminar en tus caminos y ser obediente. Tengo temores y estoy consciente que no han surgido por la culpa de otros sino que le abrí una puerta cuando pequé. No sufro angustias por culpa de otros, sino que es por mi pecado. Yo soy responsable de la relación que tengo contigo y los que me rodean. Líbrame de mí mismo, Señor. No importa cómo actúen los demás, sólo quiero ser la persona que tu quieres que sea. Y sé que con mis fuerzas no lo voy a lograr, por eso me presento delante de ti, Señor. Hoy te entrego mi vida y lo hago en serio. Hoy te dejo la mochila de mis pecados y recibo tu perdón y tu paz. Lo creo, y en el nombre de Jesús lo declaro, amén.  

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