UN PADRE DE VERDAD - Misión Vida para las Naciones

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo

WhatsApp:(+598) 095333330

MENSAJES DEL CIELO

UN PADRE DE VERDAD

INTRODUCCIÓN

La paternidad constituye una función muy importante en el seno de la familia y la sociedad entera, y es acerca de esto que te quiero hablar.

A lo largo de mi actividad pastoral he visto una impresionante cantidad de situaciones relacionadas a la falta de paternidad, a la ausencia de paternidad o al descuido de este rol. He conocido personas sumidas en depresión, tristeza y angustia por causa de la falta de paternidad, y con cuadros de situaciones de violencia y de odio hacia la figura paterna.

Una mujer con más de cincuenta años de edad me pidió un abrazo y me dijo que tenía a su papá internado; el hombre tiene ochenta y nueve años y nunca le dio un abrazo a su hija. Cuando yo la abracé, comenzó a llorar. Otra mujer me dijo que tuvo un padre muy bueno, siempre la ha tratado bien y la abrazaba con frecuencia, pero hace unos veinte años que falleció y esta mujer se puso a llorar porque lo extrañaba y extrañaba sus abrazos. Por lo que vemos hoy en día, parece que la familia no es muy importante, y aun en las escuelas enseñan a destruir el vínculo familiar. Se enseña en las aulas a deconstruir la familia tradicional, y se considera a la iglesia cristiana un enemigo acérrimo, porque ésta enseña el amor entre un hombre y una mujer, el matrimonio como fundamento de la familia, y que ésta, conforme a la Constitución es la base y fundamento de la sociedad.

He visto mujeres con heridas profundas que no han podido consumar su matrimonio o no pudieron tener una familia exitosa por falta de un padre cariñoso. El hombre en la casa, o el padre, es la persona que da seguridad a la esposa y a los hijos; es la persona por excelencia, encargada de llenar de ánimo a la esposa y a los hijos, de llenarlos de fe y esperanza. Es una persona que no se puede dar el lujo de titubear ni vivir perturbado, sino que tiene que tener una mente clara y saber qué hacer y qué no.

He contado más de una vez cuando una vez habían entrado a mi casa; yo era un niño, pero lo recuerdo bien. Fue un domingo de noche que llegamos a casa después del culto y cuando entramos estaba todo tirado. Mi papá abrió la puerta y cuando mi madre vio todo ese panorama pegó un grito: “¡Joaquín, entraron ladrones!” Imagínate cómo me sentí con ese grito desgarrador de mi madre. Pero mi papá con voz apacible dijo: “Calma, no pasa nada. Aquí no hay nadie”. Yo me aferré a los pantalones de mi papá. ¡No iba a ir con mi mamá que estaba desesperada! Y me refiero con esto a la importancia de que haya un hombre en la casa. Un hogar se ve desprotegido sin un padre; una mujer se siente devastada sin su padre. Falta un equilibrio.

Hoy en día quieren que me arrepienta de ser hombre; nos tratan de patriarcas, retrógrados e infelices. Las feministas hablan de matar al macho. Uno se podría preguntar qué les ha pasado para actuar así. Y fíjate que lo que ha sucedido es que se han levantado contra Dios, aunque no lo sepan, y consideran a la iglesia de Jesucristo un enemigo implacable. ¿Por qué? Porque defendemos el amor de un padre y de un esposo. Y creemos que el hombre es la persona por excelencia que debe proveer de armonía, paz y esperanza al hogar, además del sustento. Cuando era niño nunca me preocupó si íbamos a comer o no, y en mi casa faltaban cosas; pero me he enterado con los años que habíamos pasado por escasez, aunque yo no sabía entonces que éramos pobres. Porque mis padres se esforzaron por mí y por mis hermanos. Yo me crié como una persona segura de mí misma, confiada y sin temores a las circunstancias, porque mis padres no me hicieron parte de los problemas que ellos atravesaron. Ellos lucharon por sus cinco hijos varones, y tener cinco hijos varones no es nada fácil.

TIPOS DE PADRES

Quiero decirte que a lo largo de mi carrera pastoral he visto que hay distintos tipos de padres. Están los que engendran hijos y los abandonan; se van lejos, no están cuando ellos lo necesitan, sin embargo, desde lejos les dicen: “Vos me tenes que hacer caso porque yo soy tu padre”. Son los “machos Alfa”. Una joven me muestra una foto y me dice: “Esta es la tercera novia que tiene mi padre después de dos matrimonios”. Son esos que dejan hijos desperdigados por todos lados y nunca se preocupan por su bienestar. Imagínate el corazón de ese hijo o esa hija. He visto el odio que tienen algunas personas por la ausencia de un padre y por la falta de amor que han sufrido por parte de su progenitor. Hijos e hijas que lloran con amargura en su corazón porque su padre nunca les abrazó.

Viene a mi memoria un hombre que está orgulloso de su hijo, pero este hijo había pasado por etapas críticas de homosexualismo, de drogas, de mucho libertinaje, etc. Y este joven salió adelante estando en los hogares Beraca. En ese lugar recibió la contención de una familia. Entonces su padre le manda un mensaje diciéndole: “¡Qué orgulloso que me siento de vos!” Le escribe unas cuantas cosas más; y al final del mensaje le dice: “Tu padre que te ama y siempre está al lado tuyo”. ¡Nunca estuvo! Hace poco el hijo le avisó que lo iba a ir a visitar a lo que el padre le dijo que no lo iba a poder atender. Las heridas más profundas ocurren en el seno de la familia; y las heridas más profundas las producen los padres que no entienden la importancia de la paternidad y no entienden cuánto los necesitan sus hijos.

Están los padres que no quieren tener hijos. Se casan sí, pero como son muy jóvenes y quieren disfrutar la vida prefieren esperar unos años antes de tener hijos. Piensan que los hijos son un estorbo para su felicidad y una desgracia. Ahora, los que conocemos a Dios y conocemos su palabra, si viene un hijo nos ponemos felices porque la Biblia dice que los hijos son una bendición de Dios. Cuando llegan al mundo nos gozamos de tan grande bendición, cuando los abrazamos y alimentamos los consideramos una bendición, y cuando los vemos crecer y salir adelante nos gozamos en la bendición. Nosotros le creemos a la palabra de Dios y no al espectro cultural y social que estamos viviendo, que aduce que es mejor matar a los niños para vivir tranquilos. ¡No le creas al mundo! ¡Créele a Dios! Esos hombres no quieren tener hijos, pero los terminan engendrando igual ya que no se privan de tener sexo. Entonces dejan embarazada a la mujer y lo ven como un hijo no deseado. Y nace, no una bendición, sino un hijo despreciado; un hijo que va a sufrir depresión, tristeza e inseguridades. Hijos que se terminan enterando que los han querido abortar, pero no pudieron. Hijos que caminan por la vida con desazón. Así le sucedió a una chica que se enteró que su mamá, casada, había quedado embarazada pero el esposo decidió que no era su hija, y se fue de casa. Tenía otras tres hijas a las que sí consideraba suyas y las visitaba cada vez que cumplían años. Y cuando entraba a la casa, saludaba a las que consideraba sus hijas, pero no saludaba a la otra. La jovencita tenía que ver cómo su padre abrazaba a sus hermanas y quedarse con las ganas de recibir un abrazo. ¡Cuánta falta hacen los padres!

Luego están aquellos que quieren un solo hijo pero que sea varón, para satisfacer su ego. Le ponen a su hijo el mismo nombre. Si llegase a nacer nena, ¡pobre desgraciada! Porque lo que el hombre quiere es satisfacer su ego y sentirse orgulloso de ese hijo que va a malcriar. Le compra pelota y camiseta, lo lleva a jugar futbol, etc. Están esas chicas que hubieran preferido haber nacido hombre porque su padre las hubiera amado, y es que él sólo ama a los varones. Entonces, ella se corta el pelo, aprende a jugar al futbol y hace de todo para que su papá se agrade de ella y la ame, pero es despreciada por ser hija mujer.

Y están aquellos que son verdaderamente padres; esos que aman a sus hijos y se desvelan por ellos. Son esos que no aman más un partido de futbol que a sus hijos y no ponen a sus amigos antes que a sus hijos. Son esos hombres que ponen a su familia en primer lugar. Esa es su satisfacción. Se deleitan al abrazar a sus esposas e hijos; se deleitan al ver a sus hijos arrojarse en sus brazos cuando llega a casa. No como esa jovencita que cuando llegaba su padre a casa se escondía debajo de la cama porque él llegaba borracho, dando gritos.

Yo estoy experimentando una segunda paternidad, porque cuando mi hija mayor era chiquita me dijo en una oportunidad: “Papi, cuando yo sea grande me voy a casar contigo”. ¡Y yo más orgulloso! Y ahora mi nieta, hija de mi hija mayor me dice: “Abuelito yo me voy a casar contigo. Yo soy tu novia abuelito”. Me abraza y me aprieta los cachetes y me dice: “Abuelito te amo”. ¡Qué gozo es saber que tus hijos no tienen que correr a otros brazos en busca de ese amor de padre porque lo reciben de ti! Mis nietitos quieren venirse conmigo a mi casa. ¡Es hermosa esa sensación que se siente cuando los nietos te abrazan y te miman! Ellos te consideran importante y un modelo a seguir. Quieren aprender de ti. Mis nietos me piden a cada momento que les cuente historias de mi vida. ¡Cuánto bien les hacen a los hijos los padres que los aman!

Mi mensaje va para hijos que no han sido amados como yo amo a mis hijas y a mis nietos; yo sé que sientes dolor y sufres mucho. Sé que no has podido tener una familia estable y feliz porque careciste de un padre amoroso que te dejó un gran vacío. Nunca me voy a olvidar de ese hombre de unos sesenta años de edad que mientras yo estaba en el baño de la iglesia me dijo llorando: “Pastor, necesito que me dé un abrazo”. Cuando salí del baño le pedí que me contara lo que le estaba pasando a lo que me dijo: “¡Soy un fracasado! Todo lo que hice en mi vida fue tratar de tener la aprobación de mi padre. Me he casado y tuve hijos, pero nunca tuve la aprobación de mi padre en mi vida. Jamás hice lo que me gustaba a mí, sino que hice todo para que mi padre me aprobara, para que me palmeara la espalda y me dijera que se sentía orgulloso de mi, pero nunca sucedió”.

Después están esos padres que nunca engendraron hijos, pero les han brindado su amor a esos hijos que no tienen padre. Conozco historias de chicos y chicas que se sienten felices porque han encontrado un padre que los han cuidado, los han amado, que les ha dado lo que necesitaban y estuvieron cuando estaban enfermos o en alguna otra dificultad. ¡Y no es el padre que los engendró! También están esos padres buenos que, aunque no sean los hijos biológicos, los adoptaron como sus hijos y les brindaron todo su amor.

Hay mujeres que quieren tener un esposo como fue su padre, y están esas mujeres que tienen odio hacia la figura paterna y siempre están a la defensiva, pero se terminan relacionando con hombres que son como su padre. Se casan y tienen hijos, pero siempre están a la defensiva, con una herida abierta que no han podido sanar.

Por ultimo están los padres espirituales. Leemos en 1ª de Corintios 4: 14 y 15: “No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados. Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio”. El apóstol Pablo estaba defendiendo su paternidad espiritual. Siempre hay gente que quiere ayudarte, darte consejos y guiarte; gente que quiere ser tu amiga. Pero te aseguro que no tienes muchos padres espirituales que te engendraron en Cristo. Son aquellos que predican el evangelio y producen hijos espirituales. El apóstol Pablo defendía su derecho de padre porque los había engendrado en Cristo, por medio del evangelio. Están entonces esos padres que además de ser buenos padres con sus hijos son padres espirituales. Son esos que se preocupan por la gente y se ocupan de sus necesidades afectivas; a quienes buscan las personas porque encuentran en ellos un espíritu paternal.

A mí me conmueve cuando la gente me escribe para el día del padre y me dice, por ejemplo: “Feliz día del padre a mi papá espiritual” y cosas semejantes. Me dicen que les hacen bien mis abrazos y que se sienten amados por mí. ¡Los hijos necesitan padres!

Hoy es el día en que tenemos que pedirle a Dios que nos enseñe cómo ser padres y también buenos hijos, porque, así como hay malos padres también hay malos hijos que no reconocen el amor y el esfuerzo de sus padres.

LA REVELACIÓN DEL PADRE CELESTIAL

Me puse a indagar acerca de la palabra padre y descubrí que, en el Antiguo Testamento, Dios aparece como Padre no más de cinco veces; sí aparece cientos de veces la palabra padre, pero en el sentido biológico, o como patriarca, cuando hace referencia a quien fue padre de equis persona, respecto a la descendencia. Dios se manifiesta en el Antiguo Testamento como el Dios Todopoderoso, Jehová, nuestro sanador, nuestro defensor y un montón de adjetivos que lo caracterizan, como el Dios Omnipotente, Omnisciente, amoroso, etc. Pero muy pocas veces se hace referencia de Él como Padre. La palabra Padre está reservada para el Nuevo Testamento donde podemos notar que se escribe con mayúscula decenas y decenas de veces. Dios se revela como Padre en el Nuevo Pacto y lo hace engendrando un hijo. Engendra a Jesús en el vientre de María y la relación que va a surgir entre el Padre que está en el cielo y el Hijo que está en la tierra, es tal, que muestra nuestro modelo de relación con Dios. Vamos a encontrar a Jesús diciendo, por ejemplo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”, “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar”. Jesús siempre habla del Padre y tiene una relación tal con Él que en algún momento se escucha la voz del Padre desde el cielo como un trueno diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.

La palabra padre está reservada para lo más sublime de una relación entre un hijo y su padre; es un gran misterio y tan maravilloso. Nunca veremos a Jesús titubear, al contrario, Él se mostraba lleno de fe y bien seguro porque el Señor sabía de dónde vino, para qué vino y cuál era su propósito en la vida. Siempre Jesús se refirió a Dios como su Padre, porque Él admiraba a su Padre, porque Él era su fuente. Jesús nació como todos nosotros y tuvo que aprender todo de su Padre; a los doce años de edad ya conocía la palabra del Padre y discutía con los doctores de la ley quienes quedaban maravillados y se preguntaban de dónde sacaba tanto conocimiento. Es que Jesús tenía una relación íntima con el papá, el Dios de cielo. Encontraremos a Jesús orando toda una noche porque Él no quería hacer su voluntad, sino que quería cumplir con la voluntad del Padre. Por eso guardaba comunión con el Padre de una manera muy especial.

En algún momento Jesús comienza a relacionarnos a nosotros con su Padre, por ejemplo, cuando uno de sus discípulos le pide que les enseñara a orar, y Jesús no les dijo: “Vosotros orareis así: Oh Dios Todopoderoso, Omnipotente y Omnisciente.” ¡No! Jesús les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos…” Y comienza a identificar a su Papá con nosotros, haciendo de su papá nuestro Padre. Ya no es sólo el Papá de Jesús, sino que también es el papá de sus amigos. Ahora es el Padre de los que creen en Jesús y le siguen. Cuando el Señor resucitó, se le apareció a María Magdalena quien estaba llorando junto al sepulcro porque pensaba que habían robado el cuerpo de su Señor al no verlo allí, entonces Jesús le dijo: “¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20: 16 y 17).

Llega un momento en que ya no es tan importante si has tenido un buen padre o no, o si tu padre que ha sido tan malo ha dejado mal parado a tu Padre Dios. Lo más importante es que, aunque tu padre y tu madre te dejen, tu Padre Dios jamás te dejará y jamás se olvidará de ti. Ya no andes por el mundo inseguro o insegura, ya no andes sin fe y titubeando; no te preguntes más cuál será la voluntad de Dios. Entra en intimidad con el Padre de tal manera que sepas lo que Él quiere porque entonces sabrás que lo que Dios quiere es lo mejor. Sabe que la voluntad de Dios es agradable y perfecta. ¿Cuánto conoces de tu Padre y cuánta relación tienes con Él?

Le dije a un joven de la iglesia que estaba turbado, que no lo veía buscar a Dios y tenía que esforzarse por buscarlo, y procurar tener un encuentro con Él. Le dije que necesitaba entrar en intimidad con Dios, que tenía que amarlo porque el amor produce intimidad. Si no entras en intimidad con Dios es porque no tienes amor a Dios. Lo vi muy turbado y me pidió que lo ayudara porque nunca contó con un padre, entonces le dije que debía buscar a Dios con todo su corazón porque Jesús caminaba seguro ya que tenía comunión con el Padre. Mira que ni sus amigos más íntimos eran buenos consejeros. Jesús debía ir a Jerusalén y sabía que iba a morir allí pero no estaba turbado. Y la Biblia nos narra una conversación que tuvo el Señor con Pedro en Mateo 16: 22 y 23: “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”. Jesús sabía lo que debía hacer porque tenía comunión con el Padre y nadie lo iba a hacer dudar al respecto.

Siguiendo con la historia de este joven al que le dije que debía buscar a Dios, resulta que habíamos pasado una película en la iglesia que me estremeció hasta las lágrimas; en un momento salí al hall de la iglesia y lo veo sentado en la escalera. Entonces le pregunté qué estaba haciendo y después de varias excusas me dijo que no le gustaba el lenguaje con el que habían traducido la película que era medio gallego y no la vio por eso. Me enojé con él y le dije que la Biblia estaba escrita en el mismo idioma español y por eso se usan términos como: vosotros, etc. Le pregunté si tampoco quería leer la Biblia porque el idioma no le gustaba. ¿Cuál es la excusa tonta por la cual te niegas la posibilidad de acercarte a Dios? ¿No será el celular? ¿No serán las series o películas? Conozco muchos chicos que no logran crecer espiritualmente pero se ven todas las series de Netflix.

Tú necesitas tener una relación de intimidad con el Padre del cielo. Lo que sé es que Dios entregó a su Hijo amado porque te amo a ti y me amo a mí. La única vez que lo vi turbado a Jesús fue en el jardín del Getsemaní cuando se negaba a beber la copa que el Padre le estaba sirviendo y esa copa era la cruz; y no era que el padre disfrutaba al ver que su Hijo era clavado en la cruz. Lo que pasa es que Él nos ama tanto que estuvo dispuesto a pagar el precio necesario por la salvación de nuestras vidas. Ahí estaba Jesús traspirando gotas de sangre y diciendo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14: 36). “Abba Padre” significa: Papito. La única vez que lo vi titubear a Jesús fue cuando su carne luchó contra la voluntad del Padre, mas Él no quería hacer su propia voluntad sino la voluntad de Dios. Antes había hecho todo con total y absoluta certeza, pero en esa hora estaba turbado, las fuerzas del infierno estaban sobre Él, presionándolo. Cuando Jesús se dio cuenta de que el Padre no iba a cambiar su designio se puso de pie y levantó su cabeza dispuesto a ir a la cruz porque esa era la voluntad de su Padre. ¡Esa era su cruz! ¡Bendito sea el Señor!

¿Qué es lo que recibimos de Dios que nos hace tanto bien y por qué es tan necesaria nuestra comunión con el Padre? Leemos en Santiago 1:17: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. ¡Los buenos padres dan buenas dádivas a sus hijos! Las mejores dádivas a un niño no las dan los tíos ni los abuelos, pero sí se las da un padre a sus hijos. ¡Sólo un padre puede darle a su hijo lo que es bueno! Yo le pedí a Dios una esposa y Él no me dio cualquier mujer, me dio a Marta. También me dio dos hijas hermosas y nietos que me llenan el corazón. ¡Las dádivas de Dios son buenas!

CONCLUSIÓN

Me estremece cuando se me acercan los jóvenes y dan gracias a Dios porque por causa de mis prédicas sus vidas fueron transformadas y ya no duermen más en las calles, ni se drogan. Me estremecen cuando me dicen que me aman. Esas son las dádivas de Dios. Las dádivas de Dios son las más caras. Yo me delito cuando veo a la iglesia alabar a Dios, gente que no amaba a Dios, pero ahora lo ama; personas que decían de mí que yo era un chanta y que le robaba el dinero a la gente, ahora me aman. ¡Esas son las dádivas de Dios! Lo mejor viene del Padre como los dones, como la paciencia. Yo aprendí a esperar pacientemente en el Señor. ¡Eso es un don de Dios! Aprendí a amar a los que no merecían ser amados. ¡Eso es un don de Dios! Soy feliz por causa de eso. No ando preocupado por lo que voy a comer o a beber ni por cuanto tengo en el bolsillo. ¡Qué lindo es tener el Padre que Cristo tiene! ¡Él es mi Padre y yo soy su hijo! Y Jesús es mi hermano; es el heredero y yo soy el coheredero. Tenemos el mismo Padre y la misma herencia.

Ya no importa si tu papá fue malo, lo importante es que Dios te ofrece ser tu Padre. Él te dice: “Di a mi Hijo para lograr ser tu Padre, para ser lo más importante en tu vida”. Lo más importante en la vida es poder tener un padre y contar con él. Ya nunca más tomarás la palabra padre con ligereza, con bronca o con asco. Quizás algún hombre pisoteó el valor de la palabra padre y a ti te ha costado vivir confiado, enamorarte, formar una familia, rechazaste a tus hijos porque no sabes cómo ser un buen padre. ¡Ya no importa cómo fue tu padre! La Biblia dice: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10). Todo lo que necesitas viene del Padre de las luces en el cual no hay mudanza. No tendrás dudas si eres hombre o mujer porque él te hizo como te hizo, hombre o mujer. ¡No les creas a los hombres! ¡Créele a Dios! Hay gozo en el cumplimiento del propósito por el cual Dios te ha creado.

Tal vez tienes heridas en tu corazón por causa de un hombre que no supo ser un buen padre. Te duele lo que estoy compartiéndote porque recuerdas cosas que te han hecho y provocaron heridas en tu alma; y luchas por sanar, pero no lo consigues. Hoy Dios quiere abrazarte y consolarte. El Señor te dice: “Déjame ser tu Padre”. Saca toda tu frustración afuera, abre tu boca, haz una oración sincera y dile a Dios: “Padre celestial, Padre bueno. Te necesito. Estoy herido, me falta padre. Te abro mi corazón, sana toda herida y dolor, saca toda frustración y todo resentimiento por causa de los recuerdos que aún me lastiman. Yo los echo fuera de mi vida. No quiero perder el disfrutarte como mi Padre y decirte Abba Padre. Eres importante para mí, no quiero seguir viviendo sin ti. Sáname, límpiame, abrázame. Recibo hoy tu consuelo y acepto que me adoptes como tu hijo. Yo declaro que eres mi Padre, en el nombre de Jesús, amén”.

MENSAJES

MISIÓN

VIDA

PARA LAS NACIONES

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo, Uruguay

WhatsApp: (+598) 095 333 330

email: info@misionvida.org

twitter: misionvidauy

facebook: iglesiamisionvida

Diseño: VerakaWeb