VIDA NUEVA = VIDA TRASCENDENTE - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

VIDA NUEVA = VIDA TRASCENDENTE

INTRODUCCIÓN

Lo primero que me sugiere el escuchar la expresión “vida nueva”, es, seguro que hay vida vieja. La vida nueva es de los creyentes, de los buenos creyentes. Y la vida vieja es la que éstos tenían antes de darle su corazón a Jesús. La vida vieja tiene origen en el corazón del hombre, en el alma del hombre, o sea, en la psiquis. Y la vida nueva tiene origen en el espíritu vivificado que Cristo pone en el creyente. Dios regenera el espíritu, despierta el espíritu y le da al creyente vida espiritual, de tal manera que lo que éste piensa, dice o hace, proviene del mismo Dios del cielo.

Hay muchos creyentes que andan confundidos y no pueden discernir qué viene de Dios o qué viene de su vieja vida. Dice la Biblia: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). La palabra de Dios establece una brecha entre el alma y el espíritu. El creyente no tiene por qué andar confundido diciendo: ¿Será de Dios o no será de Dios? Entonces, ¿cómo hago para saber? La palabra de Dios penetra hasta partir el alma y el espíritu.

Hay cosas que vienen del alma y hay cosas que vienen el espíritu. Lo que surge del alma es del hombre, y lo que surge del espíritu es de Dios; así que, la vida nueva es vida de Dios. La vida nueva se abastece y se sustenta de la verdad, y la vida vieja se sustenta del engaño y de la mentira. Vive de espejismos e ilusiones; vive de sentimientos y pensamientos que no son de Dios. Lo triste es cuando el creyente tiene que tomar una decisión y no discierne si el asunto en cuestión es de Dios o no.

¡Necesitas tomar decisiones certeras! Dios quiere que camines en luz y tiene previsto que no yerres el camino y no te equivoques en las decisiones que tomas. Las decisiones que tomamos con nuestra propia alma traen perdición y oscuridad; y las decisiones que tomamos de la palabra de Dios son decisiones que nos llevan a la vida. Éstas te mantienen en paz, en certeza y seguridad, y tú estás firme porque sabes que estás parado en la palabra de Dios, en el fundamento que es la Roca firme. ¡Jesucristo es la verdad! ¡Jesús es el fundamento de tu vida! No te afecta ni te preocupa, no te da temor ni te angustia lo que venga porque Dios te sostiene. No importa qué tan grande sea la crisis; puedes estar en el mismísimo horno de fuego y Dios está ahí contigo. Puedes estar atravesando el valle de sombra de muerte, pero tú sabes que Dios está contigo.

NO VIVAMOS EN LA VANIDAD DE NUESTRA MENTE

Y de este tema habla el apóstol Pablo en Efesios 4:17: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”.

El apóstol Pablo les envió una carta a los efesios, que eran gentiles. En la época posterior a Cristo había dos clases de personas: O eran judíos, o eran gentiles. Si pertenecía a Grecia, a Roma o cualquier nación de alrededor, era gentil. Entonces el apóstol Pablo les escribió a los gentiles convertidos, porque el que vivía en la ciudad de Éfeso, podría ser gentil, pero estaba llamado a vivir una vida distinta de la que vivían los otros gentiles: “Y tú eres gentil, pero has sido llamado por Dios para vivir otra clase de vida, distinta a los otros gentiles”. Los otros gentiles vivían en la vanidad de su mente;

Dije que la vieja vida se sustenta de los propios pensamientos, de los sentimientos y de la percepción que tenemos a través de los sentidos; y que la nueva vida es una vida espiritual que se nutre de los pensamientos de Dios y de su Espíritu. Por eso, los que no son creyentes nos miran y nos tildan de locos. Algunos que no creen en Cristo y no conocen al Señor, ven a sus parientes que se convierten y los señalan diciendo que les han lavado la cabeza y que prefieren a la otra persona que eran antes.

Una vez, fui con unos pastores amigos a pescar al río Paraná. Al que manejaba la lancha, le dijimos que éramos pastores y que estaba rodeado de gente buena, a lo que él nos contestó que no le gustaba el evangelio ni los pastores. Le preguntamos por qué, y nos dijo: “Yo estaba bien casado, pero mi señora se convirtió a la iglesia de ustedes, se volvió evangelista. Y antes, teníamos mucho sexo. Pero desde entonces ella se puso dura y no quiso saber nada con tener relaciones conmigo”. Lo cierto es que la mujer se declaró pura y santa por lo que el hombre no quería saber nada con el evangelio.

La vida del alma es libertina por el sólo hecho de que no sabe someterse a Dios ni quiere, y no entiende cómo las cosas cambian cuando es el Espíritu Santo el que gobierna la vida de una persona. Claro, el hombre quería hacer cada cosa, y había que decirle que no. Aunque hay algunas damas que se van a los extremos en cuanto a la santidad.

Según el diccionario, “vanidad” significa “una especie de arrogancia de presunción”. Y presunción es creérsela. “Yo sé lo que tengo que hacer, no necesito que nadie me diga”. Yo presumo que veo y entiendo bien las cosas y nadie me tiene que decir lo que tengo que hacer. Y Dios tampoco. ¿Por qué debo hacer lo que Dios quiere? ¿Por qué Él me quiere someter? Por eso las feministas cantan: “Iglesia basura, vos sos la dictadura”. Es que, algunas mujeres no quieren amar a sus esposos hasta la muerte. Pero ellos también quieren libertad y que no los obliguen a amar a sus mujeres.

En Génesis 3, satanás se le aparece a Eva y le dice: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” ¡Pobrecitos ustedes los cristianos! Dios les prohíbe hacer, les coarta la libertad. Y Eva le respondió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”. ¡Dios los ha engañado a ustedes! No, Dios dijo que si comíamos, nos morimos. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”.

La ideología del infierno que aún subsiste es que el hombre es dueño de hacer lo que se le da la gana, que no tiene que haber Dios ni religión que le indique cómo tiene que vivir, qué tiene que hacer o qué tiene que hablar. Y la Biblia dice: “Vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”. Cuando se puso a dialogar con satanás, se le llenó de vanidad la mente y le surgieron deseos que ella antes no había sentido. Eva fue tentada, y ahora, estaba por decidir que la voluntad de Dios no era buena y que el Señor los había engañado. Entonces, el diablo le estaba mintiendo que iba a ser como Dios. En otras palabras, le quiso decir: “No vas a necesitar a Dios”.

Las feministas y la ideología moderna señalan que podemos hacer lo que se nos dé la gana, podemos hacer todo lo que nos cause placer; lo que nos hace entrar en rebelión contra Dios. Nos llenamos de vanidad, presunción y envanecimiento. O sea que nos llenamos de ideas y sentimientos que no tienen valor, que no sirven y son vacíos. Según el diccionario, la vanidad es una cosa inútil y sin sustancia; no tiene sustento. La vanidad es una ilusión; algo que no tiene sustento en la realidad, sino que es un invento del alma del hombre. Busqué también la palabra vano, lo que significa: algo falto de realidad, de sustancia o identidad. Es hueco y vacío, falto de solidez; no tiene fundamento. Muchas cosas hacen las personas sin fundamento; lo hacen simplemente porque el alma tiene una capacidad de crear ilusiones. Y el apóstol pablo dice: “Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”.

El entendimiento es la facultad o el poder del alma, en virtud del cual, concibe cosas. Hay mujeres que creen que están embarazadas, tienen todos los síntomas, pero el médico les dice que no están embarazadas. Una madre que cuidaba a su hija, no la dejaba ir a los bailes y cuando se puso de novia, les permitía estar en el zaguán de la casa, nada de andar por ahí. Pero un día la hija queda embarazada. Su madre no aceptó ese hecho, porque, según ella, la cuidó mucho. Entonces dice que si quedó embarazada fue por obra del Espíritu Santo como María. ¡Parece que el Espíritu Santo había venido al zaguán! El alma fabrica toda clase de excesos.

Entonces, el entendimiento es el poder del alma en virtud del cual concibe las cosas, las compara, las juzga e induce y deduce otras de las que ya conoce. El alma tiene capacidad o habilidad para tomar ideas y compararlas creando estructuras mentales. Cuando los pensamientos o ideas vienen de Dios, cuando uno deja que el Espíritu le hable y no está tan enfocado en las cosas del alma, como las vanidades de la vida, cuando tiene su alma en paz, oye la voz de Dios, conoce los pensamientos del Señor, siente placer de leer la palabra de Dios, entonces a esa persona le vienen los pensamientos de Dios, sus ideas y sus visiones, y concibe, pero ya no con pensamientos propios, sino con los pensamientos de Dios. Si el alma no tiene a Dios sigue trabajando como si supiera y concibe cosas, pero esas cosas que concibe no tienen valor alguno, están vacías, son pura vanidad. Vanidad puede ser un anillo que brilla mucho como un diamante, pero es una fantasía, y no necesitas asegurarlo porque no vale nada. Algo que no es vanidad es una alhaja de oro fino, de diamante, etc.

El apóstol Pablo dice que los otros gentiles tienen el entendimiento entenebrecido, lo que significa que está en oscuridad. Tener el entendimiento oscuro significa que no ve bien. Quien anda en la vanidad de su mente, lo que discierne, lo que entiende o concibe no tiene valor alguno y no sirve para nada. Porque en la oscuridad uno no entiende ni discierne bien. Entonces creemos que tenemos algo importante, pero para Dios no es importante, y, en definitiva, cualquier cosa que a nosotros nos parece importante y ha nacido de nuestra alma, es un estorbo para Dios porque no le sirve para extender su reino en el planeta Tierra. Lo que viene del Espíritu Santo es de Dios y le sirve al Señor para rescatar a las personas que Él quiere salvar. Porque lo que concibe el alma del hombre en virtud de su relación con Dios; lo que concibe en virtud a los pensamientos que vienen de Dios le dan la gloria a Él y hace que Cristo se manifieste en el corazón de la persona. Por lo tanto, es Jesucristo quien brilla en su vida. Lo que piensa tiene valor, tiene sustancia y poder. Lo que Dios hace en el corazón del hombre es poderoso y eterno. Así que hay una gran diferencia entre la vida del espíritu y la vida del alma. Quien no haya entendido que tiene que abandonar su vieja vida, que tiene que renunciar a su soberbia, porque aquel que quiere andar como se le da la gana es un soberbio ante Dios, es una persona que piensa vanidades, y como reza el dicho: hace mucho ruido y pocas nueces.

Entonces, quien no ha entendido que tiene que arrepentirse de manejar su propia vida sin Dios, no tiene futuro con Él y más adelante tendrá condenación eterna. Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Cuando la Biblia habla de andar en tinieblas, o de tener el entendimiento entenebrecido, significa que tienes una vida, pero es una vida sin Cristo. Para Dios esa vida está muerta. Pero, si tu vida es alumbrada por Jesús, el Señor declaró: “Yo soy la verdad”. Quien tiene los pensamientos de Dios, tiene la justa; quien esgrime los pensamientos de Dios tiene la verdad. El que es guiado por sus sentidos, considera una burrada lo que sienten y piensan otros, esa persona cree que sabe más y que entiende mejor; cree que es más tolerante, que es libre y respeta la libertad de los demás. Y considera a los que no piensan igual a él o ella, que son muy cerrados y conservadores. ¡Dios, abre nuestro entendimiento para que podamos caminar dentro de tu voluntad perfecta y agradable!

NO VIVAMOS AJENOS A LA VIDA DE DIOS

Seguimos leyendo en Efesios 4:18: “…teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”. Los que están en oscuridad son ajenos a la vida de Dios. No conocen ni entienden. Señala la Biblia que aquellos que tienen una vida natural, no disciernen o no entienden las cosas de Dios porque para ellos son locuras. Quien está del lado de la oscuridad ve como locura la manera de pensar del que está en luz. Todo lo que proviene del corazón del hombre se levanta contra el Espíritu Santo, y es su enemigo. Del mismo modo, el Espíritu Santo es enemigo de los designios de la carne; de lo que sale del alma del hombre que no depende de Dios. La vida de Dios es la vida espiritual y la vida del alma es la vida natural. Pero la vida natural está condenada por Dios. Dice Ezequiel 18:20: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. Esto significa que tendremos que presentarnos delante de Dios sin poder echarle la culpa a nadie por nuestras decisiones, por nuestra manera de pensar; no podremos llegar delante de Dios y decirle: “Lo que pasa es que mi papá me trató mal y es por eso que soy así”.

Tendrás que venir con tus propios pecados o con tu perdón alcanzado por haber creído en Jesucristo. Tú le vas a tener que responder a Dios; tendrás que presentarte delante de Él y nadie podrá defenderte. Nadie te podrá ayudar porque tú tienes que darle cuenta a Dios de tus actos. Tienes que darle cuenta si hiciste su voluntad o no; y su voluntad es una luz nueva para el creyente, y éste cada día tiene que caminar con Jesús. No es que ya se la sabe porque hace veinte años que está en la iglesia. ¡No! Se la sabe, cuando vive una vida de comunión con Cristo, y el Señor es su luz en cada decisión que toma.

Efesios 4 dice de los otros gentiles que, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón. Y en el versículo 19 continúa diciendo: “…los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza”. La vida sin Cristo no es satisfactoria; la vida sin Cristo no llena el corazón.

Yo tenía un tío que era muy mujeriego, la esposa estaba enferma y la atendían los hijos; y ese hombre no paraba en casa. Pero un día, entre mi hermano y yo lo confrontamos y le dijimos: “Tío, no vas bien”. A él le gustaba el cigarro, el baile, el alcohol; andaba con muchas mujeres. Y nos dijo: “Vamos a suponer que yo estoy equivocado, ¿quién me quita lo bailado?” Quiso la vida que mi tío quedara confinado a una silla de ruedas, pero las hijas no quisieron cuidarlo. Y un hijo que era bastante bueno trató de ayudarlo, pero el hombre estaba acostumbrado a hacer lo que se le daba la gana y le decía al hijo que lo llevara para allá que lo trajera para acá, hasta que su hijo se cansó. Un día le dije: “Tío, ¿Qué era eso de que quién te quita lo bailado? ¿Podés disfrutar ahora lo que bailaste?” Nosotros necesitamos vida cada día, y la mente y el corazón sin Dios que sólo desea vanidad, no puede producir algo que lo lleve a decir que es una gran vida. Yo sí puedo declarar que la vida de Cristo en mí, es una gran vida. A través de los años he visto los resultados. ¡Dios ha caminado conmigo! Dios me ha ayudado en mis decisiones y me ha ayudado en mis grandes problemas que he tenido y aún tengo como tú, pero sé que Dios está conmigo. ¡Yo me paro firme en la Roca y sé que no voy a perecer! Aunque esté en el valle de sombra de muerte, aunque esté en el horno de fuego, yo sé que Dios está conmigo y voy a avanzar. Las circunstancias quedarán atrás. ¡Las circunstancias son temporales! ¡Yo no soy temporal! ¡Soy un hijo del Dios eterno! ¡Hay eternidad en mí!

Seguimos leyendo en Efesios 4:19: “los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza”. Después que han perdido toda sensibilidad, significa que perdieron la facultad de sentir o de ejercer sentimientos. Eso es una facultad del alma, pero a veces esos sentimientos son alimentados desde otro lugar que no es Cristo. Entonces, la persona trata de satisfacerse y prueba alcohol, drogas, mujeres u hombres; prueba el rock and roll o el reguetón. Y te gusta todo eso, pero después queda un vacío adentro que no puedes llenar. Y lo que tú estás necesitando es bendición. El alma busca satisfacción, pero no puede si Cristo no se hace presente.

¡Dios quiere hacerse presente en tu vida! Porque puedes decir que eres cristiano, pero no se ve la gloria de Dios en ti. A Jesús la gente lo quería escuchar y decían: “Nunca nadie nos ha hablado como este hombre. Y nunca hemos visto que un hombre haga los milagros que este hombre hace”. Entonces la gente se agolpaba para escuchar a Jesús, aun en el desierto, porque su vida era atractiva, porque sus palabras eran vida. La gente buscaba a Jesús. Quien tiene la vida de Dios, quien está siendo guiado y alumbrado por el Espíritu Santo manifiesta la vida de Cristo. ¡Y Dios está buscando esa clase de gente! No esa clase de gente que se sirve del evangelio sino esos que sirven al evangelio. No esa clase de gente que se sirve a sí mismo del evangelio para poder tener más cosas. Dios está necesitando gente interesada en llevar su reino y su voluntad a los demás. Tal vez asistes a la iglesia siempre esperando que Dios haga algo para ti, pero no has renunciado a tu alma; y tu alma está perdida si no es guiada por Dios. Hay personas que no sirven a Dios en sus planes; no sirven para que se haga la voluntad de Dios ni para instaurar su reino en la tierra. ¿Por casualidad estarás pensando que porque trabajas mucho y llevas plata a tu casa ya has cumplido? ¿Será posible que pienses que, porque te llevas bien con todos y no te peleas con nadie, que, porque tienes buen carácter, buena cultura y ética, es eso lo que Dios te demanda? Están los oidores de la palabra de Dios y están los hacedores. No uses la palabra de Dios para enseñarle a nadie nada si la palabra de Dios no está produciendo vida a través de ti en otras personas.

Sensibilidad es la facultad de sentir, de los seres animados. Pero cuando es Dios el que opera en tu vida, tú sientes distinto a lo que siente tu alma. Viene a mi memoria una mujer drogadicta que tenía una bebé de meses, y vivía en una pieza inmunda, no tenía un solo mueble, todo estaba sucio. Allí la mujer recibía hombres que le daban dinero y droga. Ella era insensible al sufrimiento y la desnutrición que le estaba causando a su hijita de meses. Sólo tenía apetencia por la droga y eso era lo que más le importaba. Los vecinos le llevaban alimentos para ella y su bebé, pero esa mujer no se inmutaba; lo que ella quería era dinero o droga. Para ello tenía que ofrecer su cuerpo a cambio de esa pasión inmunda que se había apoderado de ella que es la adicción a las drogas, al alcohol, a los fármacos, al sexo, etc. Hasta que alguien le predicó el evangelio, y desde ese entonces dejó de sentir como sentía. La mujer tenía desesperación por la droga, y ahora abrazaba a su hija y se lamentaba por lo mala que había sido con ella. No podía creer que veía a su hija mal y no la atendía, por lo que tenían que encargarse los vecinos. Pero ahora ama a su hija y le da gracias a Dios porque sus sentimientos habían sido tocados por el poder del Espíritu Santo.

Una cosa es lo que sientes cuando no estás en Dios, y otra es lo que sientes cuando estás en Dios. Quizás haces obras buenas, pero es sólo un tema de conciencia, y no es que has entendido que eso era el plan de Dios para tu vida. Acallas o cauterizas tu conciencia haciendo alguna obra buena por día o por semana. Se trata de conformar tu conciencia con eso que haces, pero no tienes conciencia de que Dios espera otra cosa de ti. Efesios nos señala que a raíz de haber perdido la sensibilidad se han entregado a la lascivia. La palabra lascivia significa “propensión a los deleites carnales, apetito inmoderado de algo”. Cuando estoy con mi entendimiento en tinieblas tiro manotazos de ahogado y hago cosas para satisfacer mi alma, pero en realidad no me llenan, sólo me esclavizan en el pecado.

¿Estás en luz? ¿La palabra de Dios está alimentando tu corazón? ¿Tu mente y tus emociones funcionan con los sentimientos y pensamientos de Dios o con lo primero que ves u oyes? Dios hoy quiere que te abraces a la vida nueva y que camines conforme a la vida que Él planeó para ti. Dios te ha engendrado para que tengas su vida. Dijo Jesús: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Seguimos leyendo en Efesios 4: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”. Si eres de Cristo, has aprendido a caminar en luz; abrázate a la luz. ¡Reconoce tus rebeliones!

CONCLUSIÓN

Tu relación con Dios te llevará a tener certeza de que lo que estás haciendo es de Dios y lo harás pase lo que pase. La voluntad de Dios es prioridad, está antes que la voluntad de tu padre, de tu madre, de tu hijo, de tu cónyuge, y antes que las leyes del gobierno. Yo protesto que se están aprobando leyes injustas que no son conforme a la verdad ni al bien, sino conforme a los deleites podridos de algunas mentes que imponen cosas a la sociedad bajo el pretexto de libertad, pero nos están haciendo esclavos. “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4: 20 al 23).

La Biblia habla en términos de vieja vida, de viejo hombre; o en términos de hombre exterior, o sea, lo que tú exteriorizas, lo que se ve de ti. Y también la Biblia habla del hombre creado según Dios. Así leemos en Efesios 4:24: “…vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. El viejo hombre combate por ser señor de tu vida, y el nuevo hombre combate por ser señor de tu vida. El nuevo hombre se somete a Dios, en cambio el viejo hombre se somete a la tiranía de su alma. Y quien elige eres tú. ¡Tú decides qué hacer con tu vida! Elegir a Cristo es negar tu yo, es negar tu voluntad y tus deseos; elegir a Cristo es crucificar tu yo. O sea que, o decides alimentar la vida de Cristo en ti, o decides alimentar la vida de la carne en ti.

Había un hombre que tenía un perro blanco y uno negro, y los hacía pelear. Promovía que la gente apostara por quien creían que iba a ganar. Muchos apostaban al blanco, pero ganaba el negro. A la siguiente apostaban por el negro ya que había ganado, pero ganaba el blanco. Y así eran las apuestas, si creían que ganaba uno, el resultado era el contrario y eso confundía a la gente. Pero un niño se hizo amigo del hombre dueño de los perros, y un día en confianza le preguntó cómo hacía para que ganara el perro por el cual no habían apostado. A lo que le responde: “Cuando quiero que gane el perro negro no le doy de comer al blanco, y cuando quiero que gane el blanco no alimento al perro negro”. Por consiguiente, el animal que no había comido estaba debilitado el día de la pelea. Tú alimentas los deseos de la carne y encima le dices a Dios: “Dios, yo te amo, pero sabes que soy débil”. Supongamos que el perro blanco es el bueno y el perro negro es el malo. Cuando los deseos de la carne dominan en tu vida es porque alimentas al perro negro. Y si tu vida trasciende lo natural y afecta a los demás con el poder de Dios, es porque estás alimentando al perro blanco. ¿Quienes tratan contigo están impactados porque tu vida refleja a Jesús? ¿Surgen de ti palabras de fe, de esperanza y de ánimo que hacen que la gente se pregunte qué tienes de especial? No se trata de cuánto te sirve Dios a ti sino cuanto le sirves tú a Él.

¿Puede Dios contar contigo? ¿Estás alistado en su ejército? ¡Se tiene que ver la vida de Cristo en ti! Tú sabes qué decisiones has tomado que han dejado en segundo plano la voluntad de Dios. Dios quiere de ti frutos y Jesús dijo: “No pueden llevar fruto si no permanecen en mi”.

Una evidencia de que no estás viviendo la vida de Cristo es que te frustras fácilmente. Es que todo lo que proviene del hombre produce frustración. Otra evidencia es que vives lleno de temores y el temor es una señal de falta de fe y de desconfianza. Si la angustia por algún problema se apodera de ti es señal de que no estás firme en Cristo; te has apoyado en ti mismo. La fuente de tu gozo, de tu fortaleza y de tus decisiones viene de tu alma. Y Cristo te dice: “Si te aferras a mi vendrá la paz a tu vida. La depresión, la angustia y el temor huirán. Tienes que hacer mi voluntad porque mi voluntad es agradable y perfecta. No es fácil la vida que vas a llevar, pero te daré victoria. ¡Vencerás en cada circunstancia!”

Dale a Cristo el timón de tu vida. Pídele perdón porque has estado pensando sólo en lo que te gusta a ti. El Señor está esperando que hagas lo que a Él más le gusta. Tu vida no ha sido distinta a la de cualquier vecino que no tiene a Cristo. Pídele perdón a Dios porque has desperdiciado su conocimiento, has desperdiciado su palabra y te envaneciste en tus propios razonamientos, entonces, lo que has estado produciendo es lo que produce el corazón del hombre.

“Quiero que produzcas lo que hay en mi corazón”, te dice el Señor. “Arrepiéntete y decídete si vivirás para mí o para ti. Renuncia a lo que consideras tus deleites, tus planes y deseos. Dame tus planes. Deja ya de considerar qué es lo mejor para ti; deja de vivir conforme a tu conveniencia. Busca primeramente mi reino y su justicia y todas las demás cosas yo te las voy a dar”. 

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