NAVIDAD: DIOS CON NOSOTROS - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

NAVIDAD: DIOS CON NOSOTROS

INTRODUCCIÓN

No sé de dónde salieron los colores que se usan para identificar la Navidad, como el rojo y verde, o el rojo y blanco, típico de papa Noel. Pero Navidad no tiene nada que ver con los colores, con papa Noel, con adornos ni arbolitos, aunque en este tiempo especial celebramos con ese tipo de cosas. Sin embargo, hay quienes que se esmeran más en las decoraciones, se enfocan en los regalos de papa Noel, el cual es un intruso que ha usurpado el lugar de Jesús, y a quien han introducido a la fuerza en la Navidad, pero nada tiene que ver con este acontecimiento. Y a algunos creyentes les pasa lo que a todo el mundo, que empiezan a correr por la Navidad, enfocados en que no se les pase ningún detalle. La gente cobra el sueldo y se lo gasta en estas fechas, y aun, no les alcanza para comprar todo lo que se han propuesto; y terminan más endeudadas después de Navidad, fin de año y reyes. Es que entran en una vorágine que nada tiene que ver con la Navidad; y se desenfocan de lo que verdaderamente celebramos en esta fecha.

En Uruguay tuvimos un presidente, que está bien muerto, pero que, el Cristo que él pretendió que no celebremos, está bien vivo. El muerto que ese presidente quiso enterrar goza de buena salud, y el cristianismo sigue celebrando la Navidad a pesar de que en Uruguay, el laicismo militante ha querido transformar la Navidad en sólo una fiesta para la familia. Pero la Navidad no es una fiesta de la familia sino la celebración de la venida del Dios encarnado al mundo, para librar a la humanidad de sus pecados, de la condenación y de la muerte, y para darnos vida eterna. No celebramos a los parientes ofreciéndoles regalitos. ¡Celebramos a Jesús! A Jesús ofrendamos nuestra vida como Él lo hizo en una Navidad cuando vino a ofrendarnos su vida. Los que aman a Dios entienden mejor el significado de la Navidad. Quien ama a Dios intima con Él, y quien intima con Dios le conoce. Quien intima con Dios recibe su revelación. Dios no se revela a cualquiera sino sólo a los que le aman.

¿Quieres vivir un tiempo distinto? Ama a Jesús con todo tu corazón y Él te abrirá su corazón, mostrándote cosas que ojo vio, ni oído oyó, ni se ha manifestado en el corazón de los hombres. ¡Dios tiene cosas grandes guardadas para los que le aman!

NAVIDAD: LA REVELACIÓN DE DIOS AL MUNDO

No hay muchos que entiendan lo que significa verdaderamente la Navidad y no celebran lo que hay que celebrar, tampoco disfrutan lo que hay que disfrutar. Y desgraciadamente, los cristianos entran en la misma vorágine como los demás. Entonces se afanan por lo que van a comer o a beber; qué pariente invitan o en la casa de quién van a pasar. Comienzan a comer y a beber en exceso, entonces se pierden en una maraña de costumbres de estas fechas, y no celebran ni disfrutan lo que realmente hay que celebrar y disfrutar.

En el tiempo en que nació Jesús, había tres magos de oriente y ellos sí sabían qué era lo que iban a hacer a Belén. Ellos tenían revelación. Una estrella les sirvió como señal para encontrar al Rey que nació. Todavía nos preguntamos si eran astrónomos o astrólogos; realmente la astrología es una deformación de los planes de Dios en la astronomía. La Biblia dice que los cielos cuentan la gloria de Dios. En el cielo está escrita la historia de Jesús. No fue la astrología lo que los guió sino la revelación.

En Génesis, la Biblia señala que Dios creó el sol, la luna y las estrellas para que señoreen y para que sirvan como señal. Dios tiene señales que marcan sus tiempos. Los eventos de Dios no suceden en el tiempo cronológico del reloj, sino, mediante los acontecimientos que Él ha anunciado y que se van sucediendo uno a uno. Fue una estrella la que les anunció a los magos de oriente. Vuelvo a decir, no fue mucha la gente que entendió quién era ese niño. No fueron muchos los que lo celebraron. El dueño del mesón, ¡pobrecito! Llegaron a su puerta José y María; era un mesón, o lo que conoceríamos como un hotel de un pueblo. José le contó acerca de que su esposa estaba por dar a luz y que necesitaban una habitación, el mesonero los mira de arriba abajo, y ellos no tenían pinta de personas acaudaladas. Entonces prefirió reservar las habitaciones para algún personaje más importante, y les ofrece un lugar en el establo. Ese no sabía quién era el que estaba por nacer. ¡No tenía revelación! José y María no tenían otra más que aceptar quedarse en el establo, un lugar calefaccionado con la bosta de los animales. No muchos supieron quién era el que estaba por nacer.

Yo te pregunto: ¿Tú sabes bien quién es el que nació un día en Belén? Quien más revelación tiene acerca del que nació en Navidad, más ama, más adora, y mejor celebra en esta fecha especial. Hubo un hombre que recibió revelación de parte de Dios, a quien se le había dicho que no iba a morir sin antes ver al Mesías, y ese hombre, impulsado por el Espíritu fue al templo el mismo día en que llevaban a Jesús para presentarlo a Dios, vio a María con el niño, entonces lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación”. ¡Él vio lo que nadie veía!

Jesús tuvo que nacer en un pesebre hediondo. Aunque él no necesitaba un lugar lujoso para ser quien era. Fíjate que, sin un lugar decoroso para nacer, sin palacio, sin ejército, en suma humildad y pobreza, Jesús causó la revolución más grande de todos los tiempos. No necesitó dinero, era Él y el poder del Espíritu Santo. ¡Jesús cambio la historia de la humanidad! María lo tomó en sus brazos, y debajo de la piel del bebé, estaba Dios. Ese niño nació porque la semilla de Dios entró en un óvulo de María. El semen de Dios, su simiente incorruptible, engendró en María, la cual concibió del Espíritu Santo.

La gente, entre ellos los ateos, los científicos y agnósticos nos tratan de locos; pero es esta fe la que nos relaciona a los cristianos con Dios. ¡Por la fe, el justo vivirá! Porque quien cree en Dios cree en lo que dice su palabra. Quien dice creer en Dios tiene que creerle a Dios. Por lo tanto, para creer en Dios es necesario conocer su palabra que es la Biblia y creerla. Y la Biblia relata que, cuando el ángel anunció a María que iba a quedar embarazada y nacería un niño que sería el Mesías, ella dijo: “¿Cómo será esto? pues no conozco varón”. Esto significa que no tuvo relaciones sexuales con ningún hombre. Entonces el ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. ¡Jesús fue el único que vino al mundo teniendo la simiente de Dios y la simiente de una mujer!

Lo que nosotros celebramos en Navidad es sumamente importante. El arbolito, la comida y el champagne no son importantes. La Navidad tiene que ver con la fe en Aquel que nació, y quien es el Hijo del Dios viviente. En Él estaba la naturaleza divina y la naturaleza humana. ¿Y por qué Jesús vino? Porque el Padre le había prometido a la serpiente que iba a levantar un hombre nacido de mujer que le iba a pisar la cabeza. El diablo hizo caer al hombre, y Dios quiso restaurarlo a su lugar de origen, a la posición que le había dado al principio. Quiso darle al hombre poder y autoridad sobre la tierra. Debía ser un hombre el que restauraría todas las cosas, y Dios trajo a un hombre. Jesús es el Mesías profetizado desde Génesis capítulo 3, versículo 15; cuando Dios maldijo a la serpiente diciéndole: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Jesús vino al mundo para arrebatarle a satanás su dominio.

Una de las señales del nacimiento de Jesús fue la estrella que guió a los magos de oriente. Dios no necesita tanta teología ni doctrina para revelarte algo. Los magos supieron y emprendieron un viaje para ir a adorar al niño. Los teólogos se plantean que, ¿cómo gente que no conoce la Torá, que no conoce la religión judía y no pertenece a ninguna casta sacerdotal, ni siquiera son ciudadanos judíos, salen en busca de ese niño al cual le dicen Rey, del cual se había profetizado? Sabemos muy bien que no se adora a nadie que no sea Dios. Solamente se adora a Dios, y esos magos adoraron al niño, aunque no conocían mucho de teología ni de la ley judía. Pero ellos tenían revelación de parte de Dios.  

NAVIDAD: UNA SEÑAL EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD      

Leemos en Mateo 1:18: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”. ¡Antes que se juntasen se halló que había concebido del Espíritu Santo! ¡Parece una locura! La gente se burla de nosotros por esto, pero no nos importa. Conocí una madre, hace muchos años, que creía que el Espíritu Santo había embarazado a la hija. No creía que había quedado embarazada de otra forma porque siempre estuvo encima de la hija cuidándola. No la dejaba salir a bailar, y no quería que saliera con el novio por ahí. El único momento que estaban un rato solos, era en el hall de la casa. Sería en ese momento que vino el Espíritu Santo y la embarazó, pensé yo. La Biblia señala que se halló que María había concebido del Espíritu Santo. Solo ella sabía, ni siquiera José estaba enterado.

En Navidad siempre surgen problemas familiares y de alguna otra índole. En Navidad José tuvo problemas. Apareció su prometida embarazada y todavía no se habían casado, por lo que no habían tenido relaciones sexuales. José pensó en dejarla para no difamarla, por eso tuvo que bajar un ángel y decirle: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”. ¡Esta historia sí hay que creerla! Fue Dios mismo quien engendró en el vientre de María. ¿Cuál fue la señal? Que Isaías había profetizado: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Isaías también había anunciado que ese niño, que era el Mesías, nacería de una virgen: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14). La Biblia señala que ese Mesías sería descendiente de Abraham y de David; tenía que ser de la tribu de Judá; y también tenía que ser descendiente de Adán, porque cuando el hombre peca, Dios promete a la serpiente en Génesis 3:15, que iba a levantar a alguien de la descendencia de la mujer. Por lo que había que hacer una línea de todo nacido de mujer para asegurarse quién sería ese Santo ser que le iba a pisar la cabeza a satanás, y quien sería ese Mesías que iba a traer liberación al pueblo de Dios. Y precisamente, el evangelio de Mateo, escrito por un evangelista que pretendía llegar al corazón de los judíos, es el único evangelio escrito con la intensión de tocar el corazón de los israelitas para que creyeran en el Mesías. Y es por eso que Mateo comienza diciendo: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1). Cuando Herodes escuchó que había nacido un niño que era Rey de Israel, señala la Biblia que se turbó y con él toda Jerusalén. Mateo 2: 4 y 5 nos relata que: “Convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta”. Y Mateo queriendo demostrar que Jesús era el Mesías comienza escribiendo que es hijo de David y es hijo de Abraham, o sea, descendiente de ellos. Sabemos que la mayoría de los judíos no creen que Jesús es el Mesías. Ahora, Belén está en la actualidad, en manos de los palestinos, dentro de unas murallas muy altas. Allí, el gobierno israelí no tiene intervención. Yo digo que Belén está muy descuidado por los judíos, porque si es verdad que dicen que pronto viene el Mesías, tendrían que tener puestos los ojos en Belén y no es así. Esperan un Mesías, pero no tienen en cuenta lo que dice la profecía que debe nacer en Belén, debe ser de la tribu de Judá y del linaje de Abraham y de David. Esto es inconveniente para ellos porque las genealogías bíblicas son desde Adán hasta Cristo y después de Cristo no hay más genealogía. ¿Quién se va a poner a indagar acerca de los niños que nazca en Belén en este tiempo, y que el nuevo Mesías que ellos están esperando tenga el linaje de David y de Abraham? ¡Imposible! Hace más de dos mil años se ha perdido la genealogía porque ya no hace falta, porque ya sabemos quién es el Mesías. Nacido Jesús, se terminó la genealogía. Una señal certera era que el Mesías tenía que ser del linaje de David y de Abraham. Así que tenemos una virgen, una estrella, profecías que indican donde nacería el Salvador, y otras tantas profecías, las que se cumplieron con la venida de Jesús.

Acerca de la naturaleza de Jesús, yo digo que la estrella de Belén dividió en dos la historia de la humanidad. La estrella se hizo visible en un momento clave. Hasta la aparición de la estrella, se conocía el Antiguo Pacto. Y en el Antiguo Testamento había hablado Yahweh, conocido más por Jehová. Quiero aclarar que los estudiosos de la raíz del nombre de Dios señalan que la pronunciación más probable del nombre de Dios es Yahweh. Dijo Isaías: “Así dice Yahweh Rey de Israel, y su Redentor, Yahweh de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:6). ¡Esto lo dijo Dios!

El evangelio de Juan, el cual no fue escrito para los judíos sino para todos en general, comienza diciendo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Juan señala que en el principio ya existía en Verbo, el cual era con Dios y era Dios. El Verbo es la palabra de Dios, y Juan dice que cuando comienza el principio, antes del principio ya existía el Verbo, que estaba con Dios y que era Dios. ¿Qué había antes del principio? Antes del principio había sólo Dios. Por eso dice: “Yo soy el primero”. Porque Dios no tiene un tiempo de haber comenzado a existir. “Yo soy el primero y yo soy el postrero”, dice Dios. ¿Qué hay después de que termina el tiempo? ¡Hay Dios! ¿Y dónde está la eternidad? La eternidad no es tiempo. Cuando la Biblia dice que en el principio creó Dios los cielos y la tierra, o cuando dice que en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, el principio indica la creación del tiempo. El tiempo comienza a existir porque Dios lo creó. Tiempo y espacio son creación de Dios. Pero Él va más allá del principio. Tiempo y espacio forman parte de la creación de Dios. No existe el espacio sin el tiempo, y no existe el tiempo sin el espacio. Están íntimamente ligados. Cuando Dios declara que Él es primero y el postrero, lo que quiere decir es que no hay nada más allá de Él. Dios lo llena todo.

Lo extraordinario es que Jesús en el Nuevo Testamento dijo algo parecido. Leemos en Apocalipsis un relato de Juan que dice así: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1: 17 y 18). Vemos, en el Nuevo Testamento que Jesús dijo lo mismo que el Padre dijo en el Antiguo Testamento. Ahora, ¿hay un Dios o hay dos dioses? ¡Hay uno solo! La conclusión es que Yahweh y Jesús son uno solo. “Muéstranos al Padre” dijo uno de los discípulos de Jesús y el Señor le respondió: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14: 9 y 10).

¿Cuándo vino Jesús, quién vino? Vino el que es el primero y el postrero. Esto tiene un significado muy especial; a mí no me salvó un hombre. Muchos dicen que el Mesías es un hombre. ¡Se viene una gran confusión en el mundo! Los judíos están esperando un hombre, con naturaleza de hombre, no un Dios hecho hombre. Ellos están clamando por el Mesías. ¿Sabes lo que Dios les dará? Un Mesías de carne y hueso, un anti Mesías o anticristo. Jesús dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Juan 5:43).

Se celebra en Israel en este tiempo en que celebramos la Navidad, la fiesta de Janucá o fiesta de las luces. Esta fecha marca el tiempo en que el pueblo de Israel fue librado de un rey idólatra, sumamente malvado. Hubo reyes que han destruido el templo de Jerusalén, pero el rey griego, llamado Antíoco Epifanes IV, que en principio se mostró benevolente con el pueblo judío entró en el Templo de Dios y sacrificó un cerdo en el altar. Este rey, Antíoco Epifanes es tipo de un ser malvado que va a venir, del cual dijo Jesús: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)” (Mateo 24:15). No ha habido en la historia de Israel una abominación más grande que la que la se hizo en el Templo de Dios por Antíoco; pero el que vendrá, gobernará el mundo y dice la Biblia en 2ª de Tesalonicense 2:3 y 4: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”. Ahí se darán cuenta los judíos que en quien han creído es un falso Mesías. Tienen que darse ciertas señales porque con este falso Mesías viene un falso profeta que hace señales, y se hace una gran convocatoria, ya que hay que convocar al mundo para hacer un pacto de paz.

Yo te recuerdo que Jesucristo es el príncipe de la paz. Sin embargo, y presta atención a esto, el papa Francisco, convocó para el 14 de mayo de 2020 a los grande estadistas, políticos y gobernantes del mundo, también a los grandes líderes religiosos, para firmar un pacto global de paz con todas las religiones, las ideologías y los poderes del mundo. ¡Atiende a esta señal por favor! Nosotros estamos atentos a las señales de la palabra de Dios, y la estrella que se vio en el cielo el día que nació Jesús, marcó la llegada del verdadero Mesías, el único enviado del cielo, nacido como hombre, pero no sólo era hombre ya que la simiente de Dios estaba en Él. ¡A mí no me salvó un hombre! ¡A mí me salvó Dios! ¡Mi Redentor es Dios! No murió un hombre por mí. ¡Murió mi Dios, quien dio su vida por mí en la cruz del calvario!

Con la llegada de cada Navidad, nosotros tenemos que estar conscientes de qué es lo que celebramos. Hay gente que comienza en horas tempranas a preparar la carne asada, y terminan a las doce de la noche ebrios, hablando sandeces, peleándose con los parientes. Y a las doce de la noche no es Navidad sino más bien un desastre. ¿Eres de esas personas que comienza dos días antes a hacer las compras para preparar comida, entonces te estresas y llega la medianoche del veinticuatro y ya no puedes más del cansancio y el dolor de espalda? ¡Y en vez de disfrutar de la cena familiar tienes que acostarte porque no puedes más!

La Navidad no se trata de bebida ni de comida; no se trata de arbolitos, de luces, ni de regalos. La Navidad se trata de honrar, de adorar y de agradecer a un Dios tan bueno y tan grande. ¿Qué le habrá visto Dios al hombre para venir a salvarlo? ¿Con qué nosotros atrajimos a Dios para que se identificara como lo hizo con el hombre? La respuesta es: Nada. No es lo que tú tienes; es lo que Dios tiene. No es lo que tú eres; es lo que Dios es. Dios es amor y en su corazón estaba rescatar a lo más vil y menospreciado; Él nos vino a rescatar a nosotros, pecadores. Es el amor de Dios que lo hizo venir a morir por gente como tú y yo. No había nada bueno en nosotros, pero Él nos amó profundamente. Por eso adoramos a Jesús en Navidad y lo reconocemos como nuestro Dios y Salvador. Y tenemos muy en cuenta las palabras que Dios dijo, las que encontramos en Isaías 44:6: “Así dice Yahweh Rey de Israel, y su Redentor, Yahweh de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios”. Y que también Jesús declaró cuando le dijo a Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén” (Apocalipsis 1:18). No es la única vez que la Biblia hace mención de esto; en Isaías leemos lo que dijo Dios: “Óyeme, Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero” (Isaías 48:12). También en Apocalipsis 2: 8 vemos que Jesús le pide a Juan que escriba una carta a la iglesia de Esmirna, diciéndole: “Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto…” Los que han estudiado la etimología de la palabra Jehová y Jesús, han descubierto algo extraordinario. ¿Qué descubrieron? Que la palabra Yahweh y Yeshua tienen las mismas consonantes. En el hebreo no hay vocales, las palabras se forman con consonantes, y la práctica hace que se le introduzcan algunas vocales.

En el Antiguo Testamento, cuando Dios se revela, lo hace con un nombre formado por cuatro consonantes: YHWH. Ese es el nombre de Dios. Y la Biblia dice que todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. Algunos se pierden la bendición de Dios por no mencionar el nombre Yahweh. Él es nuestro Redentor. Él es nuestro Salvador. Pero no es otro más que el que vino y habitó en el mundo. Son uno, y son la misma persona. Por lo tanto, Yahweh y Yeshua es el nombre del Dios nuestro. Es el Dios que te amó y que decidió no abandonarte. Es el que se hizo culpable de los pecados que nosotros hemos cometido.

CONCLUSIÓN

Mi papá trabajaba y mi mamá también como maestra; los cinco varones nos quedábamos solos en casa. Imagínate lo que era mi casa cuando no estaban mis padres. Un día, uno de mis hermanos salió afuera con una piedra, justo a cuarenta metros de casa había una camionetita, de un vecino y mi hermano tira la piedra, la cual pega en el vidrio de la furgoneta y lo rompe. Yo no vi en ese momento lo que sucedió, pero lo vi a mi hermano correr hacia el fondo de la casa. Le pregunté que le pasó y me dijo que no pasó nada. En eso viene un vecino a casa y pregunta: “¿Dónde está el chico que le pegó con una piedra al vidrio de la furgoneta?” “¡Este fue el Roberto!”, pensé. Lo llamo y le digo: “Roberto. Aquí está un vecino que te busca”. Roberto escondido en algún rincón de la casa no apareció. Entonces el vecino se quejó con mi papá quien tuvo que pagar el vidrio roto. Mi padre se hizo responsable de lo que hizo mi hermano. ¿Quién pagó por los vidrios que tú has roto? ¡Dios! ¿Quién se hizo cargo de todos tus desvaríos? ¡Fue Dios! ¿Quién pagó el precio de muerte por tus pecados? ¡Dios! ¿Quién pagó el precio de rescate por tu salvación? ¡Dios! ¿Quién vino a nacer en Belén? ¿Quién fue ese a quien adoraron los magos de oriente? ¡Ese niño es Dios! Dios caminó entre nosotros.  

El portal de Belén está en medio de la historia. Quiero decirte que el fin está cerca, y ¿qué hay después del fin? ¡Dios! ¡No hay nada más! Y yo estoy allí. Para eso murió en la cruz del calvario. Yo iré más allá del fin de los tiempos. Por la fe he entrado en la eternidad. En el fin está Dios y están los que reinarán con Él, los que han sido llamados para ser reyes y sacerdotes y para heredar el reino que se le entrega a Jesús. Somos coherederos juntamente con Cristo. ¡Yo voy a estar! ¿Tú vas a estar? Antes del principio estaba Dios. Dios y yo.

Yo he aprendido de la Biblia que ya Él me tenía en su corazón, aunque yo no había nacido aún. Así le dijo el Señor a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. Los planes de Dios son desde la eternidad hasta la eternidad. La eternidad no es una línea recta sino un círculo. Está Dios en el principio y en el fin, y se juntan el principio con el final, y no hay fin. Yo estaba en el corazón de Dios en la eternidad antes del principio. Mi madre no sabía que yo iba a nacer. Nadie sabía que yo iba a nacer. ¡Dios sí lo sabía! Él sabía que yo iba a pecar y dijo: “Voy a ir a rescatarlo”. Por eso, este es un tiempo de adoración y de gratitud a Dios.

El papa Francisco va a convocar a líderes religiosos y políticos de todo el mundo para firmar un tratado universal de paz. Pero no será él, no serán los imanes del mundo musulmán los que traerán la paz. Yo creo en Dios y en su palabra. Yo sé que el príncipe de la paz es Jesús. Hay quienes no saben lo que es vivir una fiesta en paz con Jesús. Gente que vive en una ansiedad tremenda. Pero hay quienes han conocido a Jesús y ha experimentado la mejor Navidad de su vida. Entrégale a Jesús todo tu afán y toda tu ansiedad; entrégale todo tu dolor y resentimiento. Porque Jesús no quiere que vivas cargando con los problemas. Quiere quitar tu carga y perdonar tus pecados. ¡Él quiere liberarte y ser revelado en tu corazón!

“Toma las vidas en tus manos, Señor. Quita sus cargas, Padre, rompe las cadenas y ataduras del resentimiento. Quita el dolor de la ausencia paterna o materna. Cambia el lamento en baile, Señor. Establece tu reino en cada vida a la que le llega este mensaje, Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”. 

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