TIEMPO DE APRENDER A CREER - Misión Vida para las Naciones

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo

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MENSAJES DEL CIELO

TIEMPO DE APRENDER A CREER

INTRODUCCIÓN

 

El poder de la palabra de Dios y la fe son dos elementos que no pueden faltar en este tiempo en la vida de los cristianos. La palabra de Dios tiene que abundar en tu corazón. No te molestes si te repito una y otra vez que necesitas leer más la Biblia. La palabra de Dios es la que alumbra nuestro camino; es la que alumbra la conciencia de gobernantes y las naciones. Y la palabra de Dios tiene que ir acompañada de fe. Todo fue hecho por la fe, por la palabra de Dios. Todo lo que existe, existe de lo que no se veía; por causa de la palabra de Dios. Toda cosa visible e invisible es sostenida por la palabra de Dios.

 

LA FE DE LA MUJER SIRO-FENICIA

 

Hablando de la fe, quiero compartir contigo la historia de la mujer sirofenicia. Esta mujer no era israelita. Leemos en Marcos 7:24 y 25: “Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies”. No es israelita pero al postrarse a los pies de Jesús demostró que sabía de Él y creía en Él. A continuación, relata Marcos: “La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”.

Nosotros somos partícipes de la obra de Dios y tenemos un papel importante en su obra. Dios tenía en mente liberar a la hija de la mujer sirofenicia, pero estaba esperando que ella manifestara fe. Y Jesús le puso una prueba a la mujer y le dijo algo que sonó muy grosero, pero era un dicho de la época: “No está bien quitarle el pan a los hijos y dárselos a los perrillos”, dejando ver que no correspondía. Se sabe que Jesús vino primero a la casa de Israel, quienes recibieron el evangelio del reino. La Biblia dice en Juan 1:11: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Entonces Jesús comenzó a manifestarse como el salvador del mundo y no solo de Israel.

Jesús que sabía todo; sabía que esa mujer tenía fe. Él se escondió, pero la mujer se enteró que estaba en las cercanías y se postró delante de Él suplicándole que liberara a su hija. El Señor le dijo algo muy cierto; que Él había venido primeramente a los hijos de la casa de Israel. Y la mujer lo interrumpió con una respuesta fabulosa; ella le dijo: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”. Dicho de otra manera: “Señor no me importa lo que me dices; me importa lo que estoy creyendo. Yo he visto comer a los perrillos de las migajas que caen de la mesa. ¡Dame de las migajas de los hijos de la casa!”

Mateo expone el mismo relato, pero agrega algo; Jesús le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (Mateo 15:28). Ella tenía fe, pero Jesús le puso un límite a su fe diciéndole que no fue llamado a ayudar a los que no son de Israel. Eso sucedería después de su muerte y cuando ascendiera al cielo; y les encomendara a sus discípulos que fueran por todo el mundo a predicar el evangelio. Entonces les dijo también a ellos: “…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19 y 20).

A la fe nada la puede detener. Ni siquiera lo que le dijo Jesús acerca de los perrillos. Y aunque se lo dijo, se quedó esperando la respuesta de la mujer, y ella manifestó la fe que tenía en Él. Usando mis palabras, dijo algo así: “Aunque no me corresponda, aunque no soy de Israel, aunque la Torah no es para mí, aunque el Dios de Israel no es el Dios de los sirios ni de los griegos. A pesar de todo yo creo en ti. Por lo menos un sorbito de tu agua yo puedo tomar porque mi sed es grande y mi necesidad es grande; y yo creo que tú puedes hacer un milagro”. Fue entonces cuando Jesús exclamó: “¡Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres!”

Yo hablé acerca de la necesidad de que nosotros pronunciemos aquí en la tierra las palabras de Dios. La fe te da la visión de Dios para el mundo, para tu ciudad y para tu familia y tú debes confesar esa visión. Debemos consagrar nuestras bocas. No podemos hablar cualquier cosa; tenemos que hablar palabra de Dios. Lo que la mujer dijo era palabra de Dios; era la manifestación de la fe que había en su corazón. Nadie podrá frenarte si tienes fe. La fe activa el reino de Dios en la tierra. Todo lo que el reino de Dios tiene que manifestar en la tierra será porque sus hijos abren sus bocas, pero siendo sus bocas la boca del Señor es como sucederá.

El versículo 30 de Mateo 7 dice: “Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”. Podría haberle pedido a Jesús que la acompañara porque tenía miedo; más Jesús le dijo: “Ve; el demonio ha salido de tu hija”. Y ella creyó y se fue a su casa; y al llegar halló que el demonio había salido y su hija acostada en la cama. ¡Benditos los que creen!

 

LA FE: ARMA DE DIOS

 

En este tiempo se necesita fe. Tienes que orar al Señor y pedirle que quite toda incredulidad de tu corazón. Que no te trabe lo que la gente piensa o dice, que no te traben las circunstancias. Tienes que conocer la palabra de Dios y operar en función de la luz que la palabra de Dios arroja. La Biblia señala que la fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios. La Biblia no te dice por ejemplo con quien te vas a casar o qué negocio vas a hacer, pero la fe te lo mostrará. Mi abuelo que se había ido de Italia, volvió a predicar el evangelio a la ciudad de Sicilia, un pueblito en una montaña a unos mil metros de altura; pero nadie creyó en el evangelio que él predicaba. Su propia familia lo despreció y lo echó. Al final decidió que no se iba a quedar allí y tampoco iba a formar una familia en Italia porque a los cristianos se los insultaba y se los apedreaba. Él oró: “Señor, yo me voy a casar con la primera mujer que acepte el evangelio”. Un día estaba preparando sus pertenencias para irse a alistar para la guerra y una mujer lo estaba ayudando, entonces él le predicó el evangelio. Mi abuelo había estado casi todo el día predicándole y cuando terminó le dijo: “María, todo el día te hablé del Señor, pero no has abierto tu boca y no me has dicho nada”. María, que era mi abuela le respondió: “¿Qué le voy a contestar? ¡Dichosa la mujer que se case con usted!” ¡De ellos salí yo! Mi abuelo entendió que su oración había sido contestada. Al menos encontró en Italia una que lo escuchó y le entregó su corazón a Jesús. Inmediatamente pensó: “Con esta mujer me caso”. Pero no le quiso decir nada porque temía que, si iba a le guerra y moría, no quería que ella sufriera. Si no lo mataban en la guerra y volvía, se le iba a declarar y se casaba con ella. Y se fue.

Mi abuelo estuvo a punto de morir en dos oportunidades, y ese tiempo su hermano mayor se enamoró de María. Como la situación apremiaba por causa de la guerra, el hermano de mi abuelo le envió una carta en la que le dijo: “Felipe, yo sé que en América hiciste dinero que tienes guardado. Papá no tiene dinero y yo me quiero casar. Necesito que me ayudes con la fiesta de mi casamiento. Me voy a casar con María”. Mi abuelo quedó sacudido. Pensó que como era un hijo de Dios no le podía mentir al hermano diciéndole que no tenía dinero y tampoco le podía confesar que amaba a María porque no sabía si moriría en la guerra. Entonces decidió que le iba a dar el dinero. Por causa del casamiento le dieron a mi abuelo un franco para poder asistir a la boda de su hermano con la mujer que él amaba. Cuando estaba todo preparado para la fiesta, el hermano mayor cayó con fiebre amarilla y a los días falleció. Así que mi abuelo, entre lágrimas y suspiros se casó con María. ¡Lo que es la fe!

Por momentos las circunstancias te muestran que no va a suceder lo que has creído. Pero la fe atraviesa las tinieblas. La fe puede por sobre toda circunstancia adversa. La fe es un arma poderosa que Dios le ha otorgado a los que creen para que su voluntad se haga en la tierra. Yo vengo de un hombre que casi muere en la guerra y de una mujer que casi se casa con otro. Pero los planes de Dios son perfectos. De mi abuelo surgió una familia de creyentes y pastores. Dios tenía planes que se cumplieron porque mi abuelo creyó.

Acerca de lo que sucedió con la mujer sirofenicia, nosotros identificamos a Jesús como el salvador del mundo. Al Señor no le interesa solamente los hijos de la casa, sino que también le importan los hijos que están afuera porque Dios creó a todo ser humano; y todos los seres humanos le pertenecen. Dios tenía un plan. A través de la muerte de Jesucristo los cristianos iban a ser perseguidos y el evangelio sería predicado en todo el mundo. Dios tiene planes con aquellos que creen que no forman parte de un plan. Tal vez crees que no formas parte de la familia de Dios, mas el Señor te tiene anotado en el libro de la vida. Muchos no se han enterado aún pero algún día se enterarán; quizás hoy mismo te estás enterando que Dios te he escogido y eres parte de su familia. Si recibes esta palabra hoy no digas que no eres nada ni nadie; no digas que no sirves. Por algo esta palabra llega a tus oídos ahora mismo. ¡Que penetre en tu corazón! Dios busca gente que le crea a Él y solo a Él. Créele a Dios, cree en su palabra y no creas a ninguna otra cosa. Varios me han dicho que no tienen perdón de Dios, pero, ¿el Todopoderoso no podrá perdonar el más vil de tus pecados? ¿No podrá librarte de las cadenas que te atan al infierno? ¡Sí! ¡Dios puede quitar tu culpa y limpiar tu vida! ¡Dios puede hacerte una nueva persona! Algunos creen que la iglesia es para los buenos, pero debo decirte que la iglesia está llena de pecadores, y que la iglesia es el hospital donde se sanan los pecadores. No esperes a ser justo para ir a la iglesia. Tal vez sientes que no mereces acercarte a Dios. Ninguno de nosotros merecemos acercarnos a Dios. Nadie merece su gracia; y su gracia es un regalo inmerecido que Dios nos da por amor. La gracia es la misericordia de Dios.

Yo quiero decirle a esa persona que piensa que no tiene oportunidad de presentarse delante de Dios porque ha cometido pecados graves o quiere esperar a santificarse para ir a la iglesia; yo soy el primero en reconocer mi ineptitud. No sé por qué Dios se fijó en mí. No sé por qué me amó. No sé por qué me llamó. Pero celebro que se haya fijado en mí, que me haya perdonado y limpiado, y que me haya llamado. ¡Es por su gracia! La mujer sirofenicia por su fe y no por su condición de no pecadora recibió el milagro. No porque era religiosa o adoraba al Dios de Israel. Ella vivía en una ciudad totalmente idólatra donde había dioses de todos los colores. Pero esa mujer creyó en Jesús y el Señor la alcanzó con su gracia y su misericordia.

No vayas delante de Dios pensando que Él es sordo. O sintiendo que no te escucha. Cuando te presentes delante de Dios no pienses que es ciego y no ve tu dificultad. No te acerques a Dios con duda e incredulidad sino con fe. No solo Jesús tiene potestad para hacer lo que hizo. Tanto en el Antiguo cono en el Nuevo Testamento encontramos hombres de Dios que el Señor ha usado con poder; quienes han abierto su boca, pero no fueron ellos que hablaron sino el Espíritu Santo a través de ellos. Jesús les dijo a sus discípulos: “Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir” (Lucas 12: 11 y 12). Los cristianos reciben el flujo de la palabra de Dios a través del Espíritu que está en ellos. Estamos puestos por Dios para representarlo a Él en la tierra. No solo para hablar por Él; estamos delante del mundo para hacer en el nombre de Jesús las obras de Dios. Dios quiere hacer sus obras en el mundo a través de ti. Que tus ojos sean los ojos de Dios, que tus manos sean las manos de Dios y que tus pies sean los pies de Dios. Que tus pasos sean encaminados por Él. Que tus ojos miren lo sagrado; que miren lo que no se ve, porque lo que no se ve es eterno, y lo que se ve es temporal y pasajero. Siempre ha habido hombres de Dios; a ellos debemos acudir. Dios ha puesto hombres y mujeres en la tierra a quienes hay que escuchar.

Dice la Biblia en Efesios 4:11 y 12: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. No te pastorees a ti mismo; deja que los pastores de Dios te edifiquen.

 

 

NAHAMAN Y EL TESTIMONIO DE LA SIRVIENTA

 

En 2ª Reyes 5 aparece un capital sirio, general del ejército del rey. “Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán”.

Los sirios habían tomado cautiva a una muchacha de Israel. Yo bendigo a las mujeres que trabajan en casa de familias y les predican a sus patrones. La joven de esta historia era esclava en la casa del general del ejército y era una servidora de su esposa. Continuamos leyendo: “Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.  Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel”. El rey lo envió con presentes para el hombre de Dios que era Eliseo, y una carta dirigida al rey de Israel en la cual le dice que envía a su siervo para que lo sane de su lepra. El rey de Israel pensó que estaba planeando una guerra contra él porque no era Dios para sanarlo de la lepra. No había entendido el obrar de Dios. Quien está en oscuridad no ve nada. El rey pensó que, si no sanaba al general del ejército sirio, le declaraban la guerra. La Biblia dice: “Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel” (2ª Reyes 5:8). El general fue a la casa de Eliseo y este en lugar de recibirlo se quedó adentro de la casa y le mandó a decir por un siervo: “Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio”. El general se enojó porque no salió a recibirlo y encima lo mandó a bañar en el agua sucia del Río Jordán. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: “Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio”.

La fe siempre es probada. ¡Qué humillación para el general era meterse en las aguas sucias del Río Jordán! ¡Y todos mirándolo! Así que entró al río y se sumergió una vez. ¿Qué pasó? ¡Nada! Mira para todos lados y las miradas estaban sobre él. Se sumergió por segunda vez y nada. Todos seguían mirándolo. “¡Qué vergüenza! Todos mirándome y yo aquí haciendo esta idiotez que me mandó el hombre de Dios”. Se sumergió por tercera, cuarta, quinta vez. Todos mirándolo para ver qué pasaba y no pasaba nada porque el hombre de Dios le dijo que se sumergiera siete veces. Digo que cada vez que se sumergía más vergüenza sentía. No estaba seguro de lo que iba a pasar. ¿Qué sucedería si salía a la séptima vez y no lograba nada? Cuando se sumergió la séptima vez salió sano, y dice la Biblia que su carne se volvió como la carne de un niño.

El general no se sanó por la fe que él tenía; se sanó por la fe de una esclava humilde. Y es que Dios también opera por la fe de terceros. Recordemos lo que le dijeron Pablo y Silas al carcelero: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Tú puedes confesar la salvación de tu familia. Deja de llorar por los malos pasos de tu hijo o de tu hija; comienza a operar en la fe. No llores; confiesa que tu hijo será libre de las drogas. Tal vez tu esposo no cree, pero si tú crees Dios, por tu fe Dios te va a responder.  Cuando le llevaron a Jesús un paralítico en un lecho, entre cuatro lo bajaron por el techo. A esos cuatro no los iba a frenar nadie; ni los discípulos, ni la multitud, ¡nada! Rompieron el techo de la casa donde Jesús estaba predicando y bajaron al paralítico. Dice la Biblia que Jesús al ver la fe de ellos lo sanó. No siempre opera Jesús por la fe que Él tiene sino por la fe que tú tienes. La Biblia no dice que el paralítico creía, sino que sus amigos tenían fe, y Jesús al ver la fe de ellos lo sanó.

El mundo espera ver qué sucederá con los hombres y mujeres de fe. Hombres y mujeres que lo sorprendan al Señor, y diga como dijo del centurión romano: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe…Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:10 y 13). Dios quiere darte fe hoy por causa de esta palabra, y la fe viene por el oír de su palabra. Si tú crees Dios lo hará. No es que Dios a veces quiere y a veces no quiere. Cuando tú tienes fe, Dios quiere. ¡Dios lo hará! ¡Practica la fe! Lee la Biblia porque la fe viene por la palabra de Dios. No sé cuántas oraciones tienes colgada por ahí porque te cansaste de orar; cuando el Señor nos enseñó que teníamos que ser insistentes como la viuda que le pedía al juez injusto que le hiciera justicia y lo importunaba. Golpea las puertas porque si lo haces, se abrirán. La fe no cede ante los impedimentos. La fe no se detiene. La fe atraviesa circunstancias. Si lo que oras no sale es porque te faltó fe. Si tienes fe sucederá. No es que Dios a veces contesta que no y a veces sí.

Yo aprendí esto cuando oré dos años por Marta y me leí muchos libros que hablaban acerca de la oración. En varios leí que a veces Dios contesta que no y yo terminaba más deprimido. Hasta que leí uno que me enseñó que Dios jamás contesta que no al que tiene fe. Porque la fe viene de Dios, es de Dios y está diseñada para que los que estamos aquí abajo podamos traer a la tierra el reino de los cielos. Es para que se haga la voluntad de Dios. Cuando pides algo sin fe impides que el reino de Dios se manifieste en la tierra, o que su poder se manifieste por la palabra y por la fe. Hombres de la fe me enseñaron en un tiempo, que cuando yo tuviera un plan era mejor quedarme callado y no decir nada para no pasar vergüenza si la cosa no salía. Y yo no decía nada; hasta que un día aprendí que tenía que confesarlo y encararlo en el nombre de Jesús. Y si encaro algo y le doy con todo, pero no sale, entonces el tonto fui yo que no tuve fe. Pero yo he visto puertas abrirse. He visto cosas imposibles hacerse posibles cuando creí y confesé que lo iba a hacer. Beraca es un ejemplo. Cuando decidí hacer el templo, tenía la certeza de que debía que hacerlo, pero no había dinero, y no me importaba de dónde iba a salir el dinero porque yo tenía fe. Yo tengo fe y Dios tiene recursos. Él es Dios de la provisión. Si la visión que tienes es de Dios, entonces habrá provisión. ¿Cómo te va a dar una visión y no te va a dar los recursos? Algunos se quedan con que Dios no los ayudó, pero tienes que confesar que te faltó fe.

 

CONCLUSIÓN

 

Hoy tienes que aprender a creer. Pídele a Dios que te ayude. Porque el que tiene fe honra a Dios y el que no tiene fe lo deshonra; porque lo que hace lo hace fuera de su visión y de su reino. Sus logros podrán ser tremendos para esa persona, pero para Dios no lo son. Las obras que hacen los hombres y las mujeres de fe le dan la gloria a Él.

Quiero orar por ti si te sientes frustrado a tal punto que has pensado en dejar de orar por eso que has venido orando. Tal vez te has cansado de orar y pensaste en abandonar el propósito de Dios. Estás atravesando una crisis muy grande ya hace tiempo, pero has abandonado la lucha y has vuelto tu mirada atrás. Dice la Biblia que el perro vuelve a su vómito. ¡Has dejado el arado! Los médicos te han dicho que tu enfermedad no tiene cura, mas yo te digo que Dios tiene el poder para sanarte. Si tienes algún familiar o amigo con una enfermedad terminal, tú puedes presentarte con tu fe por esa persona delante de Dios, así como la mujer sirofenicia fue a Jesús por su hija.

“Padre, oro por los que están cansados, atribulados y fatigados. Toca las vidas, Señor, quita todo agobio, llévate el peso de sus vidas. Quita la ceguera y la culpa, Padre, en el nombre de Jesús te lo pido. ¡Derriba el espíritu negativo, Señor! Destruye toda negatividad y duda; destruye la incredulidad, Padre, te lo pido en el nombre de Jesús. Tú conoces lo que están atravesando las personas en sus vidas Padre. ¡Glorifica tu nombre, Señor! ¡Amén!”

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