VERDAD y MISERICORDIA Herencia de Dios - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

VERDAD y MISERICORDIA Herencia de Dios

INTRODUCCIÓN

 

Quiero hablarte acerca de algo que ya he predicado y es el concepto de la herencia. Este término es mucho más importante de lo que creemos. Hay un concepto que estableció Dios y tiene que ver con aquello que nos corresponde a nosotros legalmente, y no se trata solo de un testamento que nos deja al morir un pariente, sino que se trata de lo que hemos recibido del Señor.

Las personas heredan los rasgos de sus padres; también heredan bienes materiales. En todos los casos es algo que recibimos y que no hemos trabajado por ello; solo nos tocó en heredad. Los padres heredan a sus hijos, pero también la herencia nos viene de Dios; por lo que hay herencia material y hay herencia espiritual. Nosotros creemos en la importancia de la propiedad privada, ya que es un derecho legal que gozan las personas luego del fallecimiento de algún familiar. Hago énfasis en esto porque hay una corriente en el mundo que manifiesta que en poco tiempo no seremos dueños de nada, aunque el estado será el dueño de lo que nos corresponde legalmente a nosotros. Esto son los planes del nuevo orden mundial y se prevé que para el 2030 nadie será propietario de nada y todo será del estado. Pero vas a ser feliz, según se argumenta, porque el estado te va a dar todo lo que necesitas. En un futuro no muy lejano, los bienes ya no pasarán de los padres a los hijos. Aunque esto ya se ha estado experimentando, por ejemplo, el caso de Cuba y de la Unión Soviética. Pero ahora se está hablando de un globalismo inclusivo; propietarios, empresarios y demás tendrán que entregar el patrimonio que por ley les pertenece, y esto se distribuirá entre todos.

El tema de la herencia en la Biblia lo vemos cuando Dios entregó Canaán a los descendientes de Abraham y les dijo que les entregaba esa tierra por heredad perpetua. Las leyes eran muy concretas en Israel. Nadie podía comprar una tierra que le pertenecía a otra persona y quedarse con ella. Cuando fueron distribuidas las tierras, les pertenecía a determinadas familias y solo podían heredar sus hijos. El valor de la tierra que se compraba era muy variable ya que al llegar al año 50, que es el año del jubileo, las tierras tenían que volver a sus propietarios iniciales. Si se compraba una tierra un año antes del jubileo se pagaba en relación a una cosecha porque al año siguiente había que entregarla. Ahora, si se compraba 40 años antes del jubileo, se pagaba un valor alto, en función de cuarenta cosechas. Lo cierto es que los propietarios tenían que recibir la tierra porque era herencia perpetua que habían recibido de Dios. Si la persona que era propietaria de esa tierra moría y no tenía hijos varones, heredaba la hija; si tampoco tenía hija se le daba al hermano del fallecido, y si tampoco tenía hermanos la recibía el pariente más cercano. Pero el bien tenía que permanecer en la familia. Los israelitas siguen luchando por la tierra que dicen que recibieron de Dios; ellos tienen establecidos los límites y saben qué tierra les pertenece y qué tierras no les pertenece.

 

LA HERENCIA DE LOS HIJOS DE DIOS

 

Dicho esto, quiero hablarte de la herencia espiritual. A nosotros, los hijos de Dios, los que creemos en Cristo Jesús, nos pertenece la herencia de la verdad, por ejemplo. Somos hijos del verdadero Dios, de quien proviene la verdad; y fuera de Él no hay verdad. Fuera de Dios hay oscuridad y en Él está la luz. La verdad es algo muy importante y tenemos que estar aferrados a ella. Cualquiera que echa mano a la mentira o al engaño, se levanta contra Dios. Las mentiras piadosas, el hecho de no querer decir la verdad porque le puede afectar al otro o porque te van a odiar, entonces mejor obviarla; y entonces se llega a creer que la mentira puede ser misericordiosa. Pero la justicia de Dios está fundamentada en la verdad. Siempre lo he dicho, y lo sigo sosteniendo; y es que no existe justicia si no hay verdad. Cualquier sentencia o palabra dicha; cualquier hecho que tapa la verdad, es engaño y mentira, y Dios detesta eso. Aunque Dios saca a luz todas las cosas porque es Dios de luz; y donde hay luz se ve con claridad.

No creas que eres misericordioso si engañas; no creas que haces bien si mientes. Tú tienes una herencia espiritual y esa herencia es la verdad. Si practicas la verdad y la enseñas, entonces Dios te defiende y te hace justicia. Recordemos que Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Cualquier otro camino fuera de Jesús está errado; cualquier otra verdad está errada.

Leemos en Salmos 25:10: Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios”. Aquí hay otro elemento importantísimo en la práctica del reino de Dios. Ningún camino que se tome que no esté fundamentado en la verdad y en la misericordia, no será el camino correcto. Tú puedes juzgar sin misericordia, por ejemplo. Si le matan a un hijo a alguien, la primera reacción es querer hacer justicia y quisiera matar a quien mató a su hijo o a su hija en venganza. Pero la justicia de Dios no funciona como el instinto del hombre que es el de venganza; la justicia de Dios opera en la misericordia.

Tuve un maestro de Biblia que pasó por una experiencia terrible, y es que le habían matado a su suegro y él se envenenó. Resulta que no tuvo papá y su suegro fue como un padre para él. El hombre era cristiano y enseñaba la Biblia, pero se turbó cuando mataron a su suegro. Él le decía a Dios: “No me pidas que lo perdone, porque ese asesino merece morir. ¡Qué se pudra en la cárcel!” En esa actitud había una raíz de amargura y quería venganza. Por supuesto que no iba a ir a matarlo, pero tampoco le iba a predicar el evangelio; algo que Dios le pidió que hiciera.

¿Qué es realmente la justicia? ¿Es pagar con muerte a quien mató? La justicia de Dios está fundamentada en la misericordia y en la verdad. Eso de que no puedo perdonar porque lo que me han hecho es terrible es actuar bajo la influencia de un espíritu que no es el Espíritu de Dios.

Recientemente, un pastor y su hijo persiguieron a un ladrón dándole muerte. El ladrón les había robado cinco veces y a éste lo conocía todo el barrio, pero los vecinos estaban cansados de que les robara. El pastor y su hijo están bajo la cobertura de un pastor amigo. Este pastor amigo exclamó: “¡Yo lo conozco hace años, ese es un hombre de Dios! ¡Si él hizo eso, cualquiera de nosotros podría hacer lo mismo!” ¡Yo me quedé estupefacto con esa declaración! Otro dijo que a él le pasó algo similar; un ladrón entró a robar a la iglesia y el pastor agarró un cuchillo. En un instante reaccionó y dijo: “Pero, ¿qué estoy haciendo?” O sea que puedes perder la cabeza en ciertas situaciones y olvidarte de la palabra de Dios. Yo les dije a los pastores que le iba a pedir a Dios que tenga misericordia de mí y que no se me dé por hacer semejante locura de tomar venganza por mano propia.

Recuerda que todos los caminos de Dios son misericordia y verdad. Quien mencioné que era maestro de la Biblia cuando yo era niño, este hombre tenía metido ese veneno adentro contra el asesino de su suegro. Pero este hombre no era feliz, en cambio vivía turbado y no tenía paz. No tenía la ilusión de matarlo, pero tampoco perdonarlo. Y quien no perdona no transita por los caminos de Dios. Dios pretende que nosotros amemos como Él ama, que perdonemos como Él perdona y tengamos misericordia como Él. Recuerda que Cristo murió en la cruz del calvario para darnos su vida y para que su vida prevalezca en nosotros; para que su mente opere en nosotros. ¡Dios sí que tiene fe! Y lo que Él cree lo puede. Dios lo cree todo, y Él puede hacer de ti una persona benigna. No puedes decir que eres cristiano, pero andar en los caminos del diablo.

Muchos cristianos alegan que no pueden perdonar. Una mujer me pidió que orara por ella porque no podía perdonar. Perdonar es un mandamiento de Dios, y esta mujer no podía. ¿O sea que Dios te manda algo que no se puede hacer? Dios nos manda a hacer cosas que podemos hacer. Si no perdonas es porque no quieres, no es que no puedes hacerlo. Puede que lo que te han hecho es muy grave y no quieres perdonar. Tienes que querer hacer lo que Dios manda, y el Señor quiere que seamos misericordiosos. Yo digo que la misericordia es un escalón más alto que el amor. El amor ama, y el misericordioso, ama al miserable, al que no merece ser amado. La misericordia va más allá que un simple amor. Yo amo a mis nietos, a mi cónyuge y a mis hijos, pero les cierro la puerta a los otros.

La misericordia hace que los cristianos le den de comer al necesitado. Una joven que se droga, que ha sido baleado, no solo por la policía sino también por los que han querido ajustar cuentas, lleno de odio; un día decide pedir ayuda a los hogares Beraca. Le pide a su madre, que no lo puede recibir en su casa porque la situación no daba para más; que interceda por él para que lo reciban en Beraca. La madre no lo puede dejar entrar a su casa, pero en los hogares Beraca lo reciben. ¡En la gente que trabaja en Beraca hay misericordia! ¡Esos son los caminos de Dios! Llega el punto, en que los padres y las madres no saben qué hacer con sus hijos. Un joven que ha estado en un hogar Beraca por siete años, se fue y volvió a la droga, etc. Se fue hablando mal de nosotros. Volvió a esa vida horrenda que vivía, y la enfermedad lo asalta nuevamente y lo destruye. Él culpa al padre por la vida que lleva, porque lo abandonó y no se preocupó nunca por él. Pero este joven le pide al padre que interceda para ver si lo reciben de nuevo en Beraca. El padre que lo echó muchas veces y le dijo que se olvidara que es su padre, y que no le bancaba una más. Entonces, el padre nos llamó y nos preguntó si es posible que lo recibamos de nuevo. “¡Claro que es posible!”, le digo. “¡Si nosotros lo amamos! Claro que lo vamos a recibir”.

¿Eres de lo que practican la misericordia o eres de los que aman a sus hijos, pero los hijos de los vecinos dices que sus padres se encarguen? Al hijo de tus vecinos lo creó ese a quien tú le llamas Padre. A Dios le importa tu hijo, pero también el de tus vecinos. El corazón de Dios está lleno de misericordia y quiere llenar tu corazón de misericordia.

Una mujer que fue maltratada una y mil veces por su esposo, pero éste le ha pedido perdón una y otra vez; ¿qué necesita esa esposa? Necesita un corazón misericordioso. Una mujer tuvo una pelea terrible con su marido porque éste le fue infiel, salió gritando a la calle, envenenada, tomó un taxi y le ofreció al taxista tener sexo. La mujer terminó embarazada del taxista. Estando embarazada conoció el evangelio y me dijo que quería abortar a ese hijo. Le dije que el niño no tenía la culpa y que ella no tenía derecho a matarlo. Ella enojada me dijo: “¿Ahora Dios me va a exigir tener este hijo si fue un error?” No fue un error, fue un acto de maldad, un pecado; y no podía añadir más pecado a ese pecado. Insistía en que estaba ebria en ese momento y no se había dado cuenta de lo que había hecho.

 

CONCLUSIÓN

 

Tenemos que saber que hay cosas que no podemos soltar y esas cosas, son la misericordia y la verdad; y estas son herencia de Dios para los creyentes. ¡No puedes pisotear tu herencia! ¡No puedes menospreciarla! Dios es Dios justo y quiere que su justicia sea tu herencia. Dios es un Dios misericordioso y quiere que la misericordia que Él tiene también la tengas tú. Dios no tiene misericordia de nosotros porque somos buenos; sin tomar en cuenta lo que hicimos, Dios nos amó.

No escondas más tu pecado; el Señor quiere que lo confieses porque no habrá trato con Dios si no hay verdad y si no estás arrepentido o arrepentida de verdad. La Biblia dice en el Salmo 89:14: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro”. El trono de Dios es inamovible porque está fundamentado en la verdad y en la misericordia. Es inamovible porque no hay poder humano que destrone a Dios; no hay poder demoníaco que pueda destronar a Dios. ¡No hay quien pueda destruir la verdad y la misericordia!

¿Quieres experimentar la misericordia de Dios? Atiende a lo que dijo Jesús en es sermón del monte: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7). Cuando me enseñaban acerca del apóstol Pablo yo decía: “Bueno, pero él es el apóstol Pablo. Yo no soy él”. Me conformaba con no ser como él. Yo creía que estábamos autorizados a ser un poco menos que el apóstol Pablo o a ser menos que Dios. Sin embargo, Dios nos dice: “Sed santos, porque yo soy santo” (1ª Pedro 1:16). Dios es misericordioso y quiere que nosotros seamos misericordiosos. ¿Qué padre o madre hay que no quiera que sus hijos se parezcan a ellos? ¡Dios es así! Si te concibe por su Espíritu Santo para que seas su hijo y su hija; Él quiere que su ADN esté en ti. El Señor quiere que abraces la misericordia y la verdad. ¡Así es la iglesia de Cristo! Como Él es, somos nosotros en la tierra; la obra que Él hace, la hacemos nosotros en la tierra. Él perdona, nosotros perdonamos. Por lo menos sé aspirante a la misericordia y a la verdad de Dios. Tal vez te falta un montón, pero si eres aspirante, hay esperanza.

Dile al Señor: “Padre, me alegra saber que tú me quieres como tú eres. Recibo esta palabra en mi corazón y te pido que obres por tu palabra poderosa, para producir en mi aquello por lo que no estaba seguro de alcanzar. No es mi obra Señor, es tu obra en mí. No es mi poder, es tu poder en mí. Haz en mí, como has dicho Señor, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.

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