BUENO ES DIOS para con todos y sus misericordias sobre todas sus obras - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

BUENO ES DIOS para con todos y sus misericordias sobre todas sus obras

INTRODUCCIÓN

Leemos en Salmos 145:9: “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras”. Yo creo que Dios es bueno aunque parece que no siempre es así. A veces nos parece que Dios no es tan justo; pero yo creo, no en lo que parece, no en lo que veo o en las circunstancias, sino que creo en la palabra de Dios. ¡He decidido creerle a Dios! He decidido creer que la Biblia es la palabra de Dios y es la verdad. Y la Biblia afirma: “Bueno es Jehová para con todos”; eso te incluye a ti. ¡Cómo no voy a alabarlo y adorarlo! ¡Cómo no voy a bendecir y magnificar el nombre de mi Dios que es bueno con todos! No sólo es bueno con los buenos sino que también es bueno con los malos. La Biblia señala que su misericordia es sobre todas sus obras. Todas las obras de Dios son hechas con misericordia. Nada hizo Dios con resentimiento o con amargura porque alguien le amargó el día. ¡De ninguna manera! Todo lo que Dios hace lo hace con misericordia. Él no es como nosotros. A veces nos levantamos con el pie izquierdo o tuvimos un sueño medio raro y a la mañana nos levantamos perturbados; o tu cónyuge te amargó la mañana, entonces las obras de ese día ya no salen bien. Pero Dios no cambia de estados de ánimo, es siempre igual, Él es bueno con todos, aunque no parezca.

Es bueno aprender a creer en la palabra de Dios. Yo vivo feliz desde el momento en que decidí creerle a la palabra de Dios. Muchas veces me preguntaron: “¿Y si tu Dios es tan bueno por qué permite tal o cual cosa?” Yo no acepto tales argumentos porque creo en lo que dice la Biblia y sé que Dios es bueno con todos. Dice la palabra de Dios en el Salmos 145:10: “Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan”. Cuando entiendes lo extraordinarias que son las obras de Dios, no haces más que alabarlo. Dios tiene propósito en todo lo que ha hecho y hay bendición en ello. ¡Sus obras son maravillosas!

LA CREACIÓN HABLA DE SU BONDAD

La Biblia habla de los tesoros de la nieve. Cuando Dios habló a Job, convenciéndolo de su ignorancia le dijo: “¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, o has visto los tesoros del granizo…?” (Job 38:22). Una vez vi un documental que mostraba  la belleza de los copos de nieve. La forma de los copos de nieve es una forma geométrica que adquieren las moléculas de agua al formar un cristal de hielo; esta forma es hexagonal y no hay un diseño igual a otro.

También estuve leyendo recientemente acerca de un hombre que cree en Dios en contraposición a otros que no creen; y este hombre hablaba de lo extraordinario que es el ADN. El ADN es una especie de disco duro donde hay una cantidad de información; se encuentra en el núcleo de la célula. En nuestro cuerpo tenemos millones y millones de células, y en cada una está escrito el ADN. Con la información que hay dentro del ADN se podrían llenar miles de enciclopedias. Esa información es la que regula u ordena lo que se va a hacer, ya que vienen otros elementos del organismo, copian el ADN y construyen otra célula igual. El ADN vendría a ser el plano con el que se construye una célula nueva. Está todo tan bien diseñado que aun, cada uno de nuestros órganos tiene su ADN, y el ARN saca una copia del  ADN y producen una nueva célula del órgano correspondiente. Este hombre en cuestión, que cree en Dios, señala que hay información, y siempre que hay información, detrás de ésta, hay inteligencia. Si en una computadora encuentras archivos de contabilidad, por ejemplo, no pensarás que eso está ahí por el azar o se formó solo. Inmediatamente creemos que algún ser inteligente ha introducido información en la computadora. Aun cuando creyésemos que la computadora se puede crear sola y espontáneamente; si encontramos dentro de esta, información codificada, información ordenada y que ordena, no podemos decir que no hay inteligencia.

Declara conmigo: ¡Te alaben tus obras Señor! ¡Que cada una de mis células te dé gloria a ti, Señor! Las cosas que Dios hace son maravillosas. Dios es digno de ser alabado y todas sus obras le alaban. Claro que el que está distraído no tiene tiempo para meditar en estas cosas; pero quien se fija en estas cosas y medita en ellas, termina adorando a Dios. Y no nos podemos ni imaginar la inmensidad del universo. ¡Qué agrandado es el hombre cuando se jacta que fue a la luna o a Marte! Lo único que hizo fue hacer un salto de pulga. ¡Es grande el universo! ¡Es grande Dios! Yo, que creo en la Biblia, me maravillo con lo que Salomón declaró: “…He aquí que los cielos de los cielos no te pueden contener…” (1ª de reyes 8:27). ¡Aun Dios es más grande que los cielos de los cielos! ¡Es más grande que el universo! No es que Dios llega hasta los límites del universo; es que Él contiene el universo, y el universo está adentro de Dios. ¿Qué lugar hay al que Dios no llegue? Necesitas acercarte a Dios y adorarlo; entiende que grandes y maravillosas son sus obras y todas ellas han sido hechas con misericordia.

POR SU BONDAD, NOS LIBRA DE OPRESIÓN

Y entonces dice el salmista en el Salmos 145:11 al 14: “La gloria de tu reino digan, y hablen de tu poder. Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones. Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos”.

Quiero hablarte acerca de la opresión. A veces vivimos oprimidos y ni siquiera entendemos por qué estamos oprimidos. La opresión es una intervención de fuerzas extrañas; tú estás en medio, las fuerzas malas vienen sobre ti y te oprimen. No puedes soportar fuerzas poderosas que vienen sobre ti, y vivir de esa manera hace que te angusties, que sientas que no vales nada. Estar bajo opresión; vivir de esa manera te hace sentir débil, menospreciado o depreciada. Y la consecuencia es que no te puedes librar de la opresión porque no tienes una relación con un Dios tan bueno, tan grande, cuyas obras son poderosas y misericordiosas.

Lo que te libra de la opresión es la fe en Dios. Hablé con una hermana que tiene un esposo complicado y dos hijos también complicados. Me contaba de su situación familiar y lloraba. Me dijo: “Pastor, los tres son muy duros y yo soy la única en mi casa que ora y cree en Dios; pero ellos son de carácter fuerte y yo soy solita”. Le pregunté. “¿Tenes fe?” Y ella me dice: “¡Claro! Yo oro todos los días”. Sinceramente, no puedo entender cómo alguien dice que tiene fe y vive oprimido. Oro y digo que tengo fe, pero termino de orar y me levanto con toda la carga que tenía. Vine hasta Dios con mi carga, llore delante de su presencia y en vez de dejarle mi carga me la llevo de nuevo, y después ando oprimido.

“Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos”, dice la Biblia en Salmos 145:14. Pero ésto funciona con aquellos que creen. Yo creo que como dice la Biblia, Dios es grande y justo; Él es bueno, y creo que su misericordia es para siempre. Entonces, mi corazón está abierto para recibir todo el poder, toda la misericordia y la gracia. Si tienes fe, aunque sea como un grano de mostaza, ¿tienes idea lo que un granito de mostaza puede hacer?

La hermana me aseguró que conoce lo que dice la palabra acerca de la fe como un grano de mostaza. ¿Pero de qué le sirve conocer si no lo aplica? Cuando les trajeron a los discípulos de Jesús un muchacho lunático, estos no lo pudieron sanar, mas Jesús reprendió al demonio; y los discípulos le preguntaron por qué ellos no pudieron echarlo fuera, entonces el Señor les respondió: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20). Le pregunté a la hermana: ¿Crees que con una fe del tamaño de un granito de mostaza puedes hacer cosas extraordinarias?” “Sí pastor, yo creo”, sostiene. “¿Entonces por qué dices que eres solita y que tu esposo y tus hijos te ganan? ¡Ellos no tienen un Dios que los escucha! ¡Tú eres a quien Dios oye respecto de tu familia!”

Tenemos un problema de fe. Creemos que Dios puede, pero no creemos que lo haga. La palabra que Dios me dio para compartir contigo afirma que Dios es bueno con todos, que sus obras son hechas con misericordia, que sus santos le tienen que bendecir y hablar de la gloria de su reino y de su poder para que la gente sepa de los poderosos hechos de sus manos, y la gloria de la magnificencia de su reino. El me sostiene a mí para que todos sepan qué bueno y grande es Dios. Él lo hace conmigo porque he creído en lo que dice su palabra. Siempre hago mención de los creyentes que como el chancho, lloran de hambre arriba de una bolsa de maíz. Todos los recursos de Dios están a tu favor; están disponibles para ti. Pero tú no ves la grandeza del Dios que tienes y las maravillosas obras que Él hizo y aun hace. No creas que quien toca el tambor al lado de tu casa tiene más poder que tu Dios. Cuando crees que es poderoso quien está haciendo algo malo contra ti, es cuando te afliges, te angustias, te pones mal y te sientes impotente. Ahí es cuando te llenas de temores y de impotencia. Pero cuando conoces el Dios que tienes y sabes que Él es bueno con todos y misericordioso en todo lo que hace; cuando sabes en todo lo que ha hecho, le alabas.

Los arboles le alaban, los pajaritos alaban; Dios ha perfeccionado la alabanza en los bebes. Tú no sabes cómo adorar a Dios pero los gritos de un bebe son alabanzas a Dios. Tienes que conocer quién es Dios y tienes que alabarle. Dios te ama y todo lo que él hace es fruto de su amor y de su misericordia. Muchos se han levantado contra Dios y preguntan para qué los trajo al mundo. ¡Te trajo al mundo para mostrar su gloria! Es bueno que estés atravesando alguna situación difícil porque en esas situaciones Dios manifiesta su poder.

El apóstol Pablo escribió cartas estando preso en Roma, y le daba aliento a los que no estaban presos diciéndoles: “…sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa”. Escribía libros en la cárcel y les daba aliento a otros. Hay gente que logra vivir en una dimensión incomprensible y es la dimensión de la fe. Hay gente que logra salir del nivel chato, natural e intrascendente; logran salir del nivel pasajero que es el de las pruebas y logran entrar en la dimensión sobrenatural de Dios. Y desde allá arriba, miran hacia abajo los problemas que están viviendo, y se ríen de ellos.

MI EXPERIENCIA PERSONAL

Hubo un tiempo en que entré en un estado de opresión, de impotencia y de no entender qué era lo que Dios quería conmigo. Yo preguntaba por qué me trajo al mundo y por qué tenía que sufrir tanto. Preguntaba por qué Dios permitía que me pasara lo que me estaba pasando. Le pedí a Dios que me hablara y en ese tiempo, yo no era muy de creer en la palabra. Cuando leía la Biblia dudaba si esa palabra era para mí, si era Dios que me daba esa palabra o era que yo leía por leer. No entendía bien, y es que a veces para entender determinadas cosas de Dios, hay que verlo con los ojos de la fe. Y Dios me habló a través del salmo 40 que escribió David y que dice: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmos 40:1 al 3).

Era un tiempo en que yo no quería cantar; yo sólo quería llorar y lamentarme. Pero Dios puso en mi boca cántico nuevo. En ese tiempo yo no veía nada, pero hoy, a mis sesenta y nueve años Dios me dice: “¿Has visto que lo que te dije lo cumplí?” ¡Esto lo verán muchos, y temerán, y confiarán en Jehová! Yo no estaba para esperar pacientemente; yo estaba para apurarlo a Dios. Por lo tanto no me cabía esto de entender lo que significa: pacientemente esperé a Jehová. “¿Qué tengo que esperar? ¡Hablame!”, le decía a Dios; y Él me decía por su palabra: “pacientemente”. “¡Pero yo quiero salir de esto! Y me volvía a decir: “pacientemente”. Dios me hizo sacar del pozo de desesperación.

Con veintidós años yo no le encontraba sentido a la vida, no tenía ganas de estudiar y tampoco tenía ganas de trabajar. Me sentía viejo con veintidós años de edad. Yo decía: “¿de qué sirve todo lo que hice? ¡Nada vale la pena!” Y leí en la Biblia: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”. Él estaba enderezando mis pasos y yo no lo sabía. Estaba queriendo transformarme en un pastor y yo no me había dado por aludido. Yo tenía otros planes, ¿cómo podría ver? ¡No entendía! No podía adorar a Dios. Yo era uno de esos que decía: “le pedí algo a Dios y no me lo dio”. Es que no le tienes que pedir a Dios lo que a ti te importa sino lo que a Él le importa. No tienes que hacerlo entrar a Dios en tu voluntad; tienes que entrar tú en la voluntad de Dios. Entonces, comencé a caminar en los caminos que Él tenía planeados para mí.  

CONCLUSIÓN

En este tiempo donde muchos caen y fracasan; y aun mueren sin entender para qué vinieron al mundo. Tú que recibes esta palabra entiende que tienes que confiar en Dios, alabarlo, bendecir  su nombre y caminar en sus propósitos. Yo no soñaba con ser pastor, tampoco quería; ni pretendía que muchos escucharan del Dios grande que tengo. Mas hoy veo que Dios cumplió su palabra en mí, cuando me prometió: “Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3). Dijo también David: “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira” (Salmos 40:4).

Le dije a la hermana que tendría que estar sonriendo y no tendría que afligirse por la conducta de su esposo ni de sus hijos. Más bien tendría que levantarse de sus rodillas al orar y decirle a Dios: “¡Gracias Señor, porque me has escuchado! Mi carga ahora es tuya”.

¡No te quejes más a tu marido ni a tus hijos! Confiésales a tus hijos con tu boca que estás orando por ellos y tienes fe de que Dios hará grandes cosas con ellos. ¡Cree en Dios y alégrate! La fe no es en vano. ¡Cree que una fe pequeña como un grano de mostaza puede hacer una gran obra! Recibe fe por la palabra de Dios en el nombre de Jesús. Arrebata ahora la palabra que Dios te ha dado. Dile al Señor: “Ya sé. Dios, recibo fe. Ya no voy a caminar por la vida aturdida, angustiada, fracasada. Voy a enderezar mis pasos delante de ti y voy  a caminar dándote gloria porque maravillosas son tus obras. ¡Grande y misericordioso eres tú, Señor! Perdona mi poca fe, perdona mis confesiones negativas, Padre. Tú me has hablado. Yo creo que tú inclinas tu oído a mí. Tú oyes; tú ves. Tú harás de mí como hiciste con el apóstol Márquez. Muchos verán lo que harás en mí y temerán y confiarán en ti. Tú eres Dios. Yo estoy protegido bajo la sombra de tus alas. Creo en ti y confió en ti; yo te amo a ti. Bendigo tu nombre Jesús. Muchas gracias Señor, amén”.  

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