CUARTA DIMENSION: LA ESFERA DEL AMOR - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

CUARTA DIMENSION: LA ESFERA DEL AMOR

INTRODUCCION

 

Hemos oído hablar de una dimensión paralela o de universos paralelos; un universo que no vemos a nuestro alrededor. Algunos tratan de interpretar la existencia de una dimensión paralela a la visible, la que vivimos. Y no están lejos de la verdad porque la Biblia habla de una guerra que libramos y que no es contra carne y sangre sino contra poderes espirituales de maldad en las regiones celestes. Cuando hablamos de esos gobernantes o principados contra los que peleamos, es que estamos peleando contra seres invisibles. Hay una dimensión invisible que nos hace guerra y no somos conscientes de que eso es muy real. Veo mucha gente atemorizada últimamente. Los temores asaltan a las personas y no se dan cuenta que son gobernadas por poderes espirituales de temor. Y menos les resulta entendible o tangible que el temor es un poder espiritual o un ser espiritual; o manifestaciones de seres espirituales.

David Yonggi Cho es el autor del libro: “La cuarta dimensión”. Es la dimensión en la que entiendo vivía el apóstol Pablo cuando le escribió por ejemplo a los efesios; y esto se vivencia en las cartas que les hace llegar, tal cual leemos en el capítulo 3 del libro a los Efesios y que dice: “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”.

 

EL APÓSTOL PABLO Y LA DIMENSIÓN DIVINA

 

Al leer esto me llamó la atención de que hay personas que no soportan las circunstancias que están viviendo. Algunos me dicen que no quieren seguir viviendo porque consideran que es demasiado duro lo que están atravesando. La mayor parte de las cartas de Pablo, que conforman el Nuevo Testamento entre otros, las escribió estando en la cárcel, y no vemos en ninguna de sus cartas lamentarse de su situación. Para colmo está preso por causa de los gentiles, así como les escribe a los de Éfeso. Según él no era prisionero del imperio romano o de los judíos que lo perseguían; era prisionero de Cristo. El Señor había decidido que él tenía que pasar por cárcel.

Estoy seguro que hay gente amargada por mucho menos. Alguien me dijo: “¡No sé qué hacer! ¡Con lo que gano no hago nada!” Gana 90 mil pesos y dice que no puede hacer nada. Conozco personas que viven con mucho menos. ¿En qué dimensión vives tú? ¿En la visible y tangible? ¿Qué sabes de esa dimensión que el mundo no conoce? Porque el mundo no conoce a Cristo, ni lo puede recibir. Para el mundo el evangelio es locura, y el apóstol Pablo dijo: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1ª Corintios 1:21).

A aquellos que realmente le buscan, Dios los saca de la dimensión natural y los introduce en su dimensión que es invisible y sobrenatural. Dijo el apóstol Pablo: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2). También declaró: “…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2° Corintios 4:18). Y tú vives en angustia, en soledad, ira e impotencia, en enojo y en resentimiento; cosas que no nos permiten vivir en la gracia de Dios y ser felices.

Me llama la atención que el apóstol Pablo en ninguna de sus cartas dice que lo que está viviendo es una injusticia, en cambio señala que se goza en sus cadenas. Él estaba preso y no se podía mover, en Roma, bajo el poder del imperio romano; sin embargo, alegremente dijo en una oportunidad a Timoteo: “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2ª Timoteo 2:8 al10).

Pablo, en la cárcel escribía cartas y las enviaba a las iglesias; y hasta el día de hoy alimentamos a través de esas cartas. Y como dijo: “…habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”. La contrapartida de estar preso es que Dios le ha revelado cosas; y él está viviendo en otra dimensión. Al Apóstol Pablo no le preocupaba la situación en la que se encontraba. Estaba en una cárcel profunda, sin ventanas, con humedad. No era un lugar bonito. Tanía cadenas en las manos y cepos en los pies. Sin embargo, él veía la mano de Dios y su poder. Pablo vivía en la dimensión del reino de los cielos, no en la dimensión de lo terrenal. Y estando privado de la libertad escribió: “…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2ª Corintios 4:18).

¡No mires lo que estás viviendo aquí abajo! Te digo porque ya están asustando con una nueva pandemia. Afirman que viene una pandemia peor que la que se vivió y que hay que vacunarse otra vez. ¡Entra urgente a la otra dimensión! En esa perspectiva o dimensión en la que Pablo vivía ya no le importaba la comida o el vestido. Leí algo que decía más o menos: “El hambriento valora la comida, el sediento valora el agua; y el hambriento de Cristo anhela tener un encuentro cercano con Él”. Anhelo vivir con esa hambre y sed de Cristo; hambre y sed por la palabra de Dios que me transporta y me saca de estar mirando las miserias de aquí abajo.

 

EL EJEMPLO DE RICHARD WURMBRAND

 

Leí un libro de la época de la Unión Soviética, de un pastor que estuvo preso por el régimen soviético por causa de Cristo, y ese libro lleva por título: “Torturado por Cristo”. Predicar en los sistemas comunistas es contraproducente; algo así como ser terrorista. Es que el hecho de predicar el evangelio es algo que se levanta contra el comunismo ateo. Entonces, aprendían a los pastores y los torturaban. Este pastor y autor del libro cuenta del frio que pasaba en prisión sin abrigo ni calefacción; entonces venían los guardias y con una cachiporra le pegaban en la planta de los pies para martirizarlo. O lo mantenían toda la noche apoyado contra la pared sólo con los dedos índices. Nos cuenta también que muchas veces la soledad era tan profunda, todo por predicar a Cristo; que a veces caía en un letargo por debilidad, cansancio, inanición y frio. Allí en el piso, inmóvil, se trasladaba a otra dimensión. Por ahí veía algún animalito y se alegraba, y decía que eran sus amigos. Dialogaba con esos bichitos. Había ratones que se les acercaban y le mordían los dedos de los pies; y él no tenía fuerzas para espantarlos. Pero ese hombre estaba lleno de fe y de la gracia de Dios. Su libro fue traducido en varios idiomas y circuló por todo el mundo cuando aún se desconocía las terroríficas prácticas de los comunistas contra los cristianos.

El apóstol Pablo estaba preso en una situación difícil; sin embargo, estaba extasiado del conocimiento que venía del trono de Dios y se manifestaba a él por lo que pudo escribir todo lo que podemos apreciar en la Biblia. Hablándoles a los efesios de los misterios y el propósito eterno del Padre con su Hijo Jesucristo dijo que en Él “tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria” (Efesios 3:12 y 13). Parafraseando, les dijo: “Por causa de ustedes estoy preso, por amor a ustedes; por predicarles el evangelio y esto es una gloria para mí”. Nunca se le había ocurrido que lo que estaba viviendo era una injusticia y tampoco lo escribió. No dijo como dicen algunos: “No lo entiendo a Dios”, “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?” El apóstol Pablo vivía en la cuarta dimensión.

 

LA FE Y LA CUARTA DIMENSIÓN

 

¿Te gustaría vivir en esa dimensión? Donde los dolores de los huesos ya no importan y donde huye la ansiedad. Los cristianos, los que luchamos por predicar el evangelio recibimos asedio y estamos en guerra constantemente. A los que no predican no les pasa nada de eso. En su carta a los efesios continúa diciendo el apóstol Pablo: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:14 al 16). Él, que no estaba bien alimentado, que no podía ver la luz del sol, que había experimentado azotes y cadenas, pedía que Dios fortalezca a los demás; porque él estaba fortalecido.  ¿Te das cuenta que hay otra dimensión en la que puedes vivir? Vivimos como si el hombre interior no existiera y en lo único que ponemos reparo es en el hombre exterior. Lo que se ve del hombre exterior es el resultado de una raza caída y debilitada por el pecado. Eso que nos bañamos y nos arreglamos. ¡Cuánto amamos al ser exterior!

Pablo se arrodillaba en la cárcel y le pedía a Dios que de esa fuente que había en él, le concediera a los que estaban afuera, esos que podían ver la luz del sol y que llevaban una vida normal, el ser, fortalecidos en el hombre interior, ese que no se ve. El hombre interior es el nuevo ser engendrado por el Espíritu Santo dentro nuestro cuando por la fe nos acercamos al Padre en el nombre de Jesús y le pedimos perdón por nuestros pecados; le pedimos que nos de vida eterna y nos haga parte de Él. Se trata de luchar por entrar en esa cuarta dimensión y vivir en ella para no preocuparnos tanto por lo que pasa en la dimensión visible. Porque la tristeza, la impotencia, la amargura, los celos, la envidia y los resentimientos que gobiernan nuestro estado de ánimo obedecen a sentimientos del hombre exterior y obedecen a las circunstancias que ocurren en el mundo exterior. Pero hay un mundo interior donde reina la paz y la justicia. Hay un mundo interior donde reina, no lo que se ve, sino lo que no se ve. Hay un mundo interior que responde a la fe.

Oro para que todos los que reciben este mensaje vengan a Cristo y entren en la cuarta dimensión; la dimensión de lo invisible del reino de los cielos donde reina la justicia y la paz. Donde el Señor enjuga toda lágrima y nos consuela en todas nuestras aflicciones para que nosotros podamos consolar a otros con la consolación que recibimos de Él. Cuando escuchamos palabra de Dios alimentamos nuestro hombre interior y éste se fortalece. La palabra de Dios es la vitamina que tu ser interior necesita. Yo tengo esperanza de que, cuanto más feo se ponga todo en el mundo visible, más vamos a estar presentes en la dimensión de lo invisible. ¡No nos van a quitar el gozo ni la paz! Entonces entro en la dimensión en la que todo lo puedo. Al que cree, dijo Jesús, todas las cosas le son posibles. Procura entrar tú también en esa dimensión. Dijo el Señor: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).

 

EL AMOR DE CRISTO Y LA CUARTA DIMENSIÓN

 

Las enseñanzas del apóstol Pablo han recorrido el mundo y el flujo de esa bendición que son sus cartas nace en lo profundo de una cárcel oscura y en absoluta soledad. Él dijo en una oportunidad: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen” (2ª Timoteo 4:16 y 17). Da un paso más y entra en esa dimensión. Dijo Pablo: “…para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”.

Quien entra en el amor de Cristo, entra en esa cuarta dimensión. Cuando dije que entro en la dimensión en la que todo lo puedo hacía referencia a lo que dice la Biblia en 1ª Corintios 13 acerca de la preeminencia del amor. De esto llego a la conclusión que el amor te enfoca y lo que debemos hacer es lo que manda el amor. Tú te preguntas cuál es la voluntad de Dios o si tal o cual cosa es pecado. Ama y haz lo que debas hacer y quédate tranquilo porque si el que manda es el amor, ese amor te lleva a hacer lo que Dios quiere. El amor no te llevará a hacer lo que Dios no quiere. Llénate entonces de su amor. La dimensión del amor es la cuarta dimensión; donde lo imposible se hace posible. Me han vuelto loco algunas personas, pero andando el tiempo me di cuenta que si las amaba me daba mejor resultado. Algunos se han apartado de la iglesia por mucho tiempo; pero vuelven reconociendo que yo me había enojado con ellos porque hicieron las cosas mal. Indagando, queriendo saber por qué no volvieron entonces, resulta que creían que yo seguía enojado con ellos. Si yo guardara todo el enojo que me provocan algunos, no podría predicar. Debes entrar en esa dimensión en la que te fortaleces por causa del amor que gobierna tu vida. Si no, te mueves por el resentimiento que hay en ti y te carcome los huesos. Quizás te mueve el sentido del deber, pero para Dios no es suficiente; quizás tu conciencia te guía, pero no es suficiente. Quizás te guía un estado de estrés o de enojo. Pero cuando entras en la dimensión del amor de Dios no hay resentimiento que pueda resistir la presencia de Dios. Porque el amor es de Dios y Dios es amor. Cuando entramos en la dimensión del amor de Dios inmediatamente se deshace el poder de la dimensión de lo visible. Lo visible te altera; el amor te apacigua. El amor te da paz. El apóstol Pablo que estaba preso injustamente por predicarles el evangelio a las personas del imperio romano no abogaba por su libertad sino por la libertad de los que no estaban presos como él. Él oraba para que sean fortalecidos en el hombre interior. ¿Y cómo se logra esto? Es que como dijo Pablo: “…que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento…”

 

CONCLUSIÓN

 

El mundo dice que el amor es ciego, pero el amor no es ciego. El amor enfoca a las personas en el camino y en la voluntad de Dios. Si quieres saber qué es el amor lee 1ª Corintios 13 y filtra lo que estás sintiendo. Si lo que sientes cumple con lo que dice la palabra de Dios entonces es amor; de otra forma es estupidez. ¿Quién te gobierna? Te descuidas y el mundo te envuelve. Jesús declaró que Él es la luz del mundo, y la luz que alumbra es el amor de Dios. Y de tal manera amó Dios al mundo, que envió a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna. Bajó el amor de Dios, se hizo carne. ¿Cómo está tu relación con Dios? Si te gobiernan sentimientos de angustia, de rencor o alguna tristeza que te provoca las vivencias pasadas, entonces Dios no está gobernando. Si un espíritu de soledad te aleja de la iglesia y de la comunión con los hermanos, no es Dios el que gobierna tu vida. Si hay pasiones que mantienes en secreto, no está gobernando Dios tu vida.

¡Dios quiere que seas creyente de verdad! Muchas cosas torcidas se quieren meter en el corazón de nuestros hijos. Al menos en ti tiene que gobernar Dios. El Señor quiere que le abras tu corazón para poder llenarlo de su presencia y de su amor. Si te dominan sentimientos negativos, es hora de darle a Dios las riendas de tu vida. Yo como Pablo oro para que ustedes sean fortalecidos con poder en el hombre interior y sean capaces de conocer el valor del amor de Cristo Jesús que excede todo conocimiento. La fuente más importante de conocimiento que tenemos no es la facultad; la fuente de conocimiento que tenemos es el amor. El amor te revela la verdad de Dios. Pienso en esas personas que no pueden ver un padre en Dios; y no les pueden decir Padre porque han sido heridas por sus propios padres y entonces asocian la figura de su padre terrenal con la figura de Dios. Tampoco quieren tener que ver con la autoridad de Dios. Sin embargo, Él te dice: “Si me dejas, vas a conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento”. No andarás preguntando si esto o aquello es pecado, o qué tiene de malo hacer tal o cual cosa porque el amor te va a guiar.

Si necesitas que Dios gobierne tu vida haz una oración y dile: “Señor, he recibido esta palabra en mi corazón. Tú me llamas y yo me presento delante de ti. Envía tu Espíritu Santo y lléname, Señor. Límpiame de todo poder extraño. Límpiame de todo pecado. Establece tu reino en mí. Ven a mi vida, Señor. Te doy gracias porque me has amado. Creo que en esta hora perdonas todos mis pecados por tu gran amor y te doy gracias Padre, en el nombre de Jesús, amén”.

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