UN HOMBRE DE VERDAD - Misión Vida para las Naciones

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Montevideo

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MENSAJES DEL CIELO

UN HOMBRE DE VERDAD

INTRODUCCIÓN

Viendo las cosas que están pasando en el mundo, viendo lo corrompido que está el mundo en los más bajos niveles y aún en los más altos, y meditando en ello, Dios me dio un pasaje en la Biblia que se encuentra en Isaías 24: 4 y 5 y dice así: “Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto.”

Me llamó la atención cuando la Biblia dice que la tierra se contaminó bajo sus moradores. La tierra ha sido afectada bajo la autoridad de quienes moran en ella. Y es verdad, porque cuando Dios puso al hombre sobre el planeta Tierra, éste vino a ser el juez sobre ella, el dueño de las decisiones de lo que se hace y lo que no se hace; y el hombre fue quien fracasó en su proyecto de llevar adelante la tierra en bendición. Tenemos que ir al Génesis para darnos cuenta de que la tierra cayó bajo la jefatura del hombre. Ya es muy conocida la historia de Adán y Eva. Todavía no estaba Eva presente cuando Dios le habló a Adán: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2: 16 y 17).

Quiero hablarte acerca de lo importante que es que le demos a la palabra de Dios el valor que ésta tiene. Cuando la Biblia señala que los hombres falsearon el derecho, que traspasaron las leyes y quebrantaron el pacto, significa que no tuvieron en cuenta los mandamientos de Dios ni sus leyes y trastocaron el plan de Dios. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y Él nos dio la libertad para tomar decisiones; sin embargo, cuando el hombre tomó decisiones, lo hizo fuera del consejo de Dios.

Vengo haciendo hincapié en que, si vamos a ser personas que afecten el mundo, si vamos a alumbrar y a ser de bendición, debemos ser una iglesia que tenga la palabra de Dios en el corazón y que tiembla ante ella.

TODA DESOBEDIENCIA ACARREA MALDICIÓN

Nuestra iglesia Misión Vida de Maldonado cumplió once años y fuimos a celebrar junto a ellos. Cuando terminamos el culto, se me acercó una mujer que quería hablar conmigo; nos fuimos a una oficina y le pregunté cómo estaba, a lo que me respondió: “Estoy muy mal. No creo más en Dios”. Le pedí que me contara qué le pasó para haber tomado la decisión de no creer más en Dios y ella me dijo: “Dios me quitó a mi hijo”. “No es que no crees en Dios, sino que estás enojada con Él”, le afirmo. “Sí, estoy enojada porque me ha hecho mal”, agrega.

Muchas veces, a los pastores nos cuesta enfrentar a una persona que está en una situación de quebranto. ¿Cómo decirle a una madre quebrantada que la equivocada es ella y no Dios? ¿Cómo explicarle que Dios es bueno y es justo si ella está viviendo algo que considera una injusticia? Pero Dios me dio gracia y le dije: “Mujer, no sé lo que has vivido, pero yo voy a seguir creyendo que Dios es bueno y a vos no te voy a creer”. La Biblia dice que Dios es bueno y yo seguiré creyendo que es así. “¡Pero me quitó a mi hijo!” insistía. “Yo hice todo bien y mire lo que me pasó”. “Tú me quieres convencer de que eres buena y Dios es malo, que has hecho las cosas bien y Dios hizo todo mal”. Yo no salía de mi asombro y ella tampoco. Sin embargo, me mantuve firme y le dije: “Las cosas no son como tú las sientes sino como la Biblia dice”. Le pedí que me contara cómo perdió a su hijo y me dijo que él había ido a correr una picada con su moto. Una moto se posicionó en una punta y otra moto en otra punta del lado contrario, en un momento ambas motos aceleraron, a toda velocidad colisionando una contra la otra. La mujer me dijo que se le abrió el pecho al hijo y su corazón quedó expuesto. Vivimos en tiempos donde no hay respeto a la vida, no hay temor de Dios. Entonces le dije: “¡Pero mujer, le estás echando la culpa a Dios por ese juego suicida que tu hijo jugó! ¿Le dijiste que no hiciera eso?” “¡Claro que le dije!” me responde. “¿Entonces de quién es la responsabilidad, de Dios o de tu hijo? Porque tu hijo fue quien desobedeció y no te animas a reconocer que él fue desobediente porque está muerto. Prefieres decir que Dios hizo las cosas mal y echarle la culpa a Él”.

Te hablo de tener temor a la palabra de Dios; de tener temor a lo que Él dice. En Génesis vemos que Dios le dijo al hombre: “…del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás…” Toda desobediencia acarrea maldición. Recuerda bien esto que te estoy diciendo. Según la historia bíblica, leemos que la serpiente engañó a Eva y ella comió del fruto, luego sedujo a su marido para que comiese lo que Dios había prohibido comer. En pocas palabras, Adán le hizo más caso a lo que dijo su mujer que a lo que Dios dijo. ¡Ese es el grave problema! La opinión de tu abuela o de cualquier otra persona puede ser buenísima, pero tienes que respetar más la opinión de Dios. Tienes que creer lo que la palabra que Dios dice; y su palabra dice que Dios es justo y yo pienso lo mismo. No hay que demostrarlo sino creerlo. La Biblia dice que Dios es un Dios de paz y yo lo creo. Le dije a la mujer que no tenía paz y no era por la muerte de su hijo sino porque Dios no estaba gobernando su vida. Si Dios gobierna tu vida tendrás paz en tu corazón porque Él es Dios de paz. ¡Dios es justo! ¡Dios es bueno y misericordioso! ¡Lo dice la palabra de Dios, yo lo creo y me regocijo! Quien no le da crédito a la palabra de Dios no se regocija como yo ni tiene la confianza y la esperanza que yo tengo en Él; tampoco disfrutará de la paz que yo tengo. Yo he creído a la palabra de Dios y ésta me ha brindado todo lo que señala que Dios es. ¡Yo creo en la justicia y en la misericordia de Dios!  

De pronto Adán y Eva sienten vergüenza. ¡Nunca antes habían sentido algo así! De pronto ven que están desnudos, sienten la presencia de Dios y se esconden. Dice la Biblia que conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. Sabe que en la inocencia no hay vergüenza. ¿Has visto a un bebé sentir vergüenza por estar desnudo? Cuando Adán y Eva estaban desnudos y había inocencia en ellos no sentían vergüenza alguna. El hombre es culpable de atraer la maldición a la tierra por su desobediencia a la palabra de Dios. Leemos en Génesis 3: 9 al 11: “Mas YAHWEH Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”

Los mandamientos de Dios son sencillos. ¿Quién comió primero del fruto? La mujer. Pero Dios lo hace responsable al hombre. Te dije anteriormente que Eva no estaba presente cuando Dios le dio la orden a Adán. Ella fue creada después y presentada al hombre; y Adán era el responsable, era el líder y la cabeza, y tenía que garantizar que la palabra de Dios se cumpliese. Cuando Dios le preguntó a Adán si había comido, él no le confesó que comió del fruto, sino que hizo responsable a la mujer cuando dijo: “La mujer que me diste por compañera me diò del árbol, y yo comí”. Lo que pasa es que la mujer que me diste. Había que echarle la culpa a alguien y la culpa recae sobre Eva porque ella lo incitó a comer: “Come, dale que a mí no me pasó nada y a vos tampoco te va a pasar nada”. Dios ama a la mujer y no la maldice, sólo le da un castigo como consecuencia y le dijo: “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos…” Pero le da la oportunidad de resarcirse, por lo que le dijo a la serpiente que la engañó: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

La Biblia afirma que donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. Mujer, tú has sido designada por Dios para traer bendición al mundo. La Biblia dice que los hijos son una bendición. Si hay esperanza para el mundo está en el fruto de la mujer. Dios sentenció a la serpiente y le dijo: “Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida”. La serpiente es satanás y Dios lo maldice. Pero cuando enfrenta al hombre quien es culpable del asunto, tampoco lo maldice porque lo hizo a su imagen y semejanza y ya tiene previsto un plan para la salvación de la humanidad. Entonces le dijo: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”. Lo hizo culpable de la maldición que venía sobre la tierra. A eso me refiero cuando digo que el planeta entero está trastornado. Hay evidencia de esto, por ejemplo, en una marcha por la diversidad en México, un grupo feminista atentaron contra una catedral. Uno ya no sabe quién es hombre y quién es mujer. Si eres mujer, pero no piensas como las feministas te la dan y si eres hombre te castigan por ser hombre. Hoy, los hombres tenemos que andar por la vida pidiendo perdón por ser hombres. ¡Somos lo peor de la sociedad! Mas hoy, los hombres vamos a asumir la responsabilidad que nos toca delante de Dios. Por cuanto Dios puso al hombre sobre la tierra le dijo: “…maldita será la tierra por tu causa”. Así comienza la maldición; de ahí es que surge la descomposición. La descomposición no es de ahora de este siglo, sino que su comienzo fue en el jardín del Edén. Los hombres trajeron maldición sobre la tierra.  Dios le dijo al hombre: “Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”. ¡Maldijo Dios la tierra! Esto lo he experimentado porque cuando queremos plantar alguna cosa en Beraca tenemos que comprar semillas importadas, envasadas al vacío y que vienen con fertilizantes y pesticidas. Vienen preparadas para que nada las contamine. Y las semillas se pagan en dólares. Lo único que no te venden en dólares son cardos y espinos. Hay un lugar en Monte Beraca en el que no hemos pasado la máquina que arranca las chircas. Allí habíamos puesto un pasto brasilero y lo dejamos crecer por tres años. Cuando fui a ver el lugar me encontré cardos de mi altura. ¡Eso no hace falta comprarlo porque crecen solitos y son parte de la maldición!

EL PROPÓSITO DEL HOMBRE, ESTÁ EN EL CORAZÓN DE DIOS

Pero lo más grande de esto es que el hombre no sabe qué hacer con su existencia, no sabe para qué está en la tierra y si es hombre o mujer; lo mismo sucede con las mujeres. No encuentran propósito en su existencia porque el propósito del hombre y de la mujer está en el corazón de Dios. No hay que buscar en otro lado, sólo en Dios. Se necesitan hombres que traigan bendición al planeta Tierra por causa de su obediencia a Dios, por causa del respeto a su palabra y que alejen por medio de la obediencia, la maldición. La maldición se aleja cuando el hombre es obediente a la palabra de Dios; y viene cuando el hombre no tiene respeto por la palabra de Dios.

Hombre, a ti te digo que tienes el potencial de traer bendición al mundo; si tiemblas a la palabra de Dios, si haces lo que Él quiere y no lo que tú quieres. Hacer lo que Dios quiere significa apegarse a sus leyes y a su voluntad. Dios tuvo que mandar un hombre a la tierra para recuperar la bendición que había antes de que Adán cayera. Él mismo vino y se hizo hombre de carne y hueso en semejanza de pecado; porque por cuanto Dios le había dado al hombre la autoridad sobre la tierra, debía ser un hombre quien le pisara la cabeza a satanás y ese hombre fue Jesucristo. Y lo que lo caracterizó es que Él no vino a hacer su voluntad sino la voluntad del Padre. Donde hay un hombre de verdad hay bendición del cielo.

Uno de nuestros pastores se va como encargado al hogar de niños en Haití junto con su familia. Él era un mujeriego, estafador, tenía una boca donde vendía droga. ¡Un desastre! Tenía hijos desperdigados por ahí, pero Dios lo tocó, recuperó a su mujer, se casó y hoy es un hombre de bendición. Cuando un hombre responde a Dios, la bendición de Dios viene sobre la tierra. La bendición más grande la trajo un hombre y su nombre es Jesús. Él obedeció al Padre en todo, guardó la palabra de Dios y trajo salvación a los matrimonios, las personas son sanadas por más que los médicos les digan que no hay solución. Los que viven en un pozo de oscuridad sin encontrar salida, de pronto salen a la luz y los tristes se alegran. ¡Eso es bendición! Esta es la bendición del evangelio, y el evangelio es la buena noticia de Dios. Y el que la escucha y ama la palabra de Dios, el que la obedece, no sólo será bendecido, sino que también será bendición en la tierra.

¡Están faltando hombres de verdad! No se es hombre por haber nacido del sexo masculino. Se necesitan hombres que despierten admiración en las mujeres por su amor, por su madurez y su entrega. Debo decir que lamentablemente las mujeres han tomado el lugar del hombre; han tomado la responsabilidad que debieran tener los hombres. Los hombres se han desorientado y se han perdido. Me llama la atención como así porque sí abandonan a sus esposas y a sus hijos. Un niño de nueve años todos los domingos al finalizar el culto se me acerca y me abraza. Los hijos están buscando padres y las mujeres están buscando esposos. Hay una gran carencia de hombres. Le pregunté al niño cómo se llevaba con su papá y me dijo que no podía contar con él. Él me ve una sola vez a la semana, pero encontró en mí una figura paterna. Tal vez lo ve al padre más que a mí, pero encontró en mí lo que no tiene del padre.

Hay algo que Dios te quiere dar que solamente Él lo tiene. Lo que se necesita es amor, madurez y entrega. La madurez tiene que ver con el hecho de aceptar responsabilidades. Quien asume responsabilidades y lucha por vencer dificultades termina siendo una persona madura. Pero en estos tiempos son las mujeres las que asumen responsabilidades y son ellas las que se vuelven maduras; en cuanto a los hombres, siguen siendo inmaduros. Hay casos de hombres que se sientan a mirar la televisión mientras la mujer hace todo en la casa. En el edificio donde funciona nuestra emisora radial, un joven fue a encender la luz, levantó la llave pero no prendió. Insistió y como no funcionaba dijo que había que llamar a un electricista. Una mujer, sacó la tapa de la llave, sacó los tornillos y unió un cable que se había soltado. “Es que yo no soy electricista”. ¡No hace falta que lo seas! ¡Hace falta iniciativa! La madurez viene de enfrentar situaciones y resolverlas. Ahí está el inmaduro que deja a su esposa y a sus hijos, y desde lejos le dice a la mujer qué hacer con sus hijos y si salen mal se enoja con ella. Al niño le va mal en la escuela y, ¿quién tiene la culpa? ¡La madre! El hombre vive en otro lado y los ve a veces. La mujer es la que se desvela cuando sus hijos tienen fiebre, la que corre al médico o a la escuela, la que se encarga de la economía del hogar. La que mantiene su hogar porque el hombre no le da un peso. Él le dice: “¡No tengo! ¿Qué queres que haga?” ¡Tus hijos comen todos los días! ¿Por qué una mujer puede enfrentar esas situaciones y no lo puede hacer un hombre? ¡Eso es inmadurez! Se necesitan hombres maduros, llenos de amor y de entrega. El amor hace que la persona se entregue a ayudar a la otra.

Los hombres comentan: “Mi hijo está enfermo, le dije a mi esposa que lo lleve al médico y no lo hizo”. Entonces la mujer enfrenta las situaciones y termina resolviéndolas. Por eso es que algunas no quieren saber nada con los hombres porque se manejan solas. ¡Pobrecitas algunas! Por ahí se enamoran de alguno que resultó ser un inservible y ella tiene que hacer todo. No queremos ver más mujeres frustradas por falta de hombres viriles. Mujeres que tienen que huir de los hombres porque son agresivos, por causa de su machismo y su inmadurez. Y es que no encuentra en él un lugar donde sentirse amada, valorada y segura. Todo lo contrario, el hombre inmaduro desvaloriza a la mujer. Cuando hablo de virilidad no me refiero a machismo que tanto daño le ha hecho a la sociedad.

Todo esto sucede porque la tierra se está descomponiendo bajo el hombre. ¡Se necesitan hombres que motiven ser amados! Las mujeres están necesitando un hombre que las motiven a amarlo. La mujer está dispuesta a amar, pero no puede amar a un machista porque no se siente valorada y no puede amar a una persona que no sabe enfrentar situaciones porque no se siente protegida. Muchas veces elijo mujeres para hacer tareas de la iglesia porque ellas resuelven rápido las cosas, son más obedientes y ponen menos excusas. Y veo que el hombre no es así.

Lo que ocurre con esto de la diversidad, es que la mujer quiere ser hombre y el hombre quiere ser mujer. El hombre no busca a una mujer a quien amar y proteger, sino que busca una mamá. Busca una mamá que le cocine, que lo atienda y con quien se sienta protegido. Y la pobre mujer tiene que seguir enfrentando todas las vicisitudes de la vida mientras ellos están confiados. Así son los hombres que van a trabajar y creen que lo único que tienen que hacer es poner su sueldo. No son capaces ni siquiera de administrar el dinero, se lo dan a la mujer y ella se tiene que hacer cargo. El nene se le acerca y le dice: “Papá me duele acá”. “Decile a tu madre” le responde el padre. Se necesitan hombres que motiven a la mujer a ser amados. Dios quiere que tú seas uno de ellos. Hombres viriles que no se depilen. Ven a otros de la farándula que se depilan y ellos, en vez de imitar a verdaderos hombres, ¡no! imitan a esos que hasta te muestran un tutorial de cómo se depilan. No digo que no te cortes la maraña que tienes en las cejas, pero de ahí a que te las depiles bien formadita como se usa ahora y que te las pintes, ¡déjate de embromar! ¡Necesitamos hombres!

Yo celebro la diversidad a mi manera; celebro a esos hombres que no se pintan los labios ni las uñas. Celebro a los hombres peludos y viriles que no son admirados por el look que tienen porque no se es hombre por el look sino por las virtudes, por las actitudes y por su visión. Un hombre que tiene estas cualidades, por más feo que sea a matar, va a encontrar una mujer que lo ame bien. Viene un muchacho y me dice que se enamoró de la fulanita. No estudia, no trabaja y sólo le gusta la cumbia. ¿Qué le vas a ofrecer a esa chica?, le pregunto. “Y, lo que Dios quiera” me dice. Apenas tiene diecisiete años, no sabe nada de la vida, no resuelve un problema, no estudia, no trabaja. “Pero estoy muy enamorado” me dice. “¿Y a dónde van a vivir?” “Y, Dios nos dirá. Yo amo a Dios, pastor”. Si amas a Dios vas a ser el hombre que Dios quiere. Se necesitan hombres que no sean timoratos, o sea que no sean tímidos ni tengan temor. Se necesitan hombres valientes y emprendedores. Hay demasiadas mujeres emprendedoras, en las facultades hay más mujeres que hombres. Y es que el hombre está renunciando a su rol de hombre y a ser cabeza sobre el planeta Tierra. A falta de hombres viriles, los mismos hombres aceptan seguir tendencias contra naturaleza. Los hombres y las mujeres están confundidos. Por ahí las mujeres buscan un hombre, pero encuentran una mujer con iniciativas, que son emprendedoras y se enamoran de ella. Y el hombre, como no anda buscando ser protector o valiente, sino que como le ha impactado el rol de su mamá se inclina a ser mujer. Y entonces elijen prácticas que son contra su naturaleza y según afirma la palabra de Dios, cosechan en sus propios cuerpos las consecuencias de sus desvaríos. ¡Todo está en la Biblia!

Yo creía que exageraban al decir que los homosexuales o gay tienen una expectativa de vida de unos treinta y cinco años. Pero vi casos y hablé con médicos al respecto, y me han dicho que realmente, el cuerpo se les contamina con las prácticas homosexuales adquiriendo enfermedades que los destruyen en poco tiempo. Nosotros estamos ayudando a chicos que han salido de esas prácticas a que sean librados de la muerte. Porque si el hombre no es hombre, no será nada; si la mujer no es mujer, no será nada. Es un paso más hacia la frustración que el hombre pretenda ser mujer porque un hombre jamás podrá ser mujer. Podrá vestirse de mujer y hacerse operaciones, pero nunca será una mujer. Necesitamos modelos de hombres que no sean de la farándula podrida e infectada por la lascivia de gente extraviada. La lascivia es un deseo corrompido de gente extraviada. ¿A dónde vas a buscar tu identidad de hombre? ¿A la farándula?

Hablé con una mujer que se casó con un hombre agresivo que la golpeaba. Por veinte años la trató mal, la denigró hasta que no tuvo más remedio que divorciarse, aunque tenían dos hijos. Pero se volvió a casar con otro que se drogaba. La mujer sigue luchando por sus hijos, sale cada día a trabajar para que coman, para que tengan lo que necesitan y para que estudien. La verdad es que valoro mucho a las mujeres y les quiero pedir perdón en nombre de todos los hombres. Las hemos herido mucho a las mujeres. Hay muchas que tienen heridas causadas ya sea por un padre, padrastro, hermano, primo, etc. Los hombres hemos aprendido a herir más a las mujeres que a bendecirlas. Pido a Dios que traiga sanidad a tu vida, mujer. Porque el hombre en su impotencia, la insulta, la denigra, la maltrata. Por esta causa, las mujeres no pueden entender que Dios no las ve como la ven los hombres, que Él no las insulta ni las denigra y que es el hombre corrompido quien la maltrata. Dios quiere sanar el corazón de esas mujeres que han sido heridas y que han dejado de confiar en los hombres.

Yo trato con mujeres que no tienen confianza en hablar conmigo por causa de lo que le hizo su padre o su esposo. Se quemaron con leche, entonces ven una vaca y lloran. Ven a un hombre y deciden que no se puede confiar en ellos. Las heridas que le ha causado algún hombre están condicionando su conducta, sus actitudes y sus decisiones. Hombre, si te han robado tu valentía, tu virilidad y tu creatividad, corre hacia a Dios. ¡Busca a Dios! Tu padre no podrá darte lo que Dios tiene para darte; tu madre tampoco. Ni siquiera un pastor. Le dije a la mujer que estaba enojada con Dios porque su hijo murió, que ni siquiera yo tenía para darle lo que ella estaba necesitando. Ella estaba enojada con Dios y Él es el único que puede sanar su herida. Me ha tocado orar por muchas mujeres heridas, abusadas con golpes, psicológicamente o sexualmente… ¡Los hombres tenemos que correr a Dios! Debemos ser el refugio de las mujeres heridas. A mi alrededor hay muchas mujeres que sirven a Dios con alegría, pero no pueden contar con un esposo. Hay muchas mujeres solteras en la iglesia y yo me pregunto dónde están los desgraciados. ¿Dónde hay un hombre para ellas? A falta de ello, la mujer tiene que resolver asuntos que no le competen a ella sino a los hombres. Y cuando encuentra un hombre, él depende de lo que diga la mujer porque ella se ha vuelto emprendedora y se hace cargo de todo. ¡El hombre no sabe qué hacer!

CONCLUSIÓN

Se necesitan hombres que corran a Dios para recibir de Él la virilidad que no tienen y la iniciativa que no tienen. Si te han robado tus sueños y tus iniciativas, si te han robado tus ganas de superarte en la vida, ¡corre a Dios! Dios que te ha creado sabe quién eres tú. En Él encontrarás la identidad que perdiste. La fuente de tu virilidad no está en practicar deportes, no está en tus hormonas ni en la cultura predominante. No serás el hombre que Dios quiere por tus hormonas sino por amarlo a Él y por obedecer su palabra. ¡Jesús es la verdadera fuente de tu virilidad! ¿Por qué digo que es Él? Porque Jesús es el hombre que Dios aprobó para traer bendición, paz, misericordia, perdón de pecados y vida eterna a la humanidad. No habiendo ningún hombre, Dios se proveyó de uno. ¡Jesucristo! Lo que el mundo necesita está en Jesús, lo que tu familia necesita está en Jesús. Y tú necesitas ser como Él. ¡Corre ahora a Jesús! La virilidad no fluye de lo natural; la virilidad fluye de lo sobrenatural. ¡De Dios viene la virilidad! No se trata de tener algo entre las piernas porque los animales también lo tienen. No te hace hombre ni te hace macho tener muchas mujeres. El que te puede hacer un hombre de verdad es Dios. El apóstol Pablo les dijo a los de Corinto: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1ª de Corintios 16:13). Y Dios te lo dice a ti. Toma este consejo, varón. No sólo las mujeres están necesitando hombres de verdad; Dios está necesitando hombres de verdad.

Viene a mi memoria una mujer que se me acercó una mujer y me dijo que desde que vino al evangelio, se siente tan bien. Me dijo que tuvo no menos de cinco hombres y con todos les fue mal. El que no la insultaba, la golpeaba, el que no se emborrachaba, se drogaba. ¡Totalmente herida por los hombres! Me dijo que el evangelio le ha hecho bien y Jesús la ha consolado. Le dije inocentemente: “Mujer, la Biblia dice que el que está en Cristo es una nueva criatura, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. ¡Dios ha hecho todo nuevo en ti mujer! Eres una bella mujer, y joven. Dios te va a dar un hombre que te ame”. A lo que me respondió: “¡No! ¡Hombre no!” Todo estaba bien hasta que le dije que Dios le iba a dar un hombre…

Si eres una de esas mujeres heridas, Dios quiere sanar tu corazón y quiere devolverte la confianza que has perdido. Destruyeron tu confianza y ahora desconfías de todos, aun del pastor. Pasó adelante para que le orara una niña de seis añitos de la que me enteré que la han abusado, entonces me agaché, la abracé y le pregunté si me amaba; ella me dijo que sí y me abrazó. Dios puede sanar tus heridas. Quizás tienes una conducta que no sabes manejar y es consecuencia de lo que te hizo tu padre, tu tío, tu hermano, tu abuelo, tu padrastro. Hay cosas que no puedes dominar y te consuelas diciendo que eres así. ¡Tú no eres así mujer! ¡Tus heridas te han hecho así! Pon hoy tus cargas en las manos de Dios porque Él quiere sanar tus heridas y consolarte.

“Padre, libra de heridas y de condicionantes por causa de circunstancias duras. Anhelamos tener el carácter de Jesús. Sana el corazón Padre, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Gracias Espíritu Santo porque estás restaurando y sanando los corazones en esta hora, en el nombre de Jesús, amén”.

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