PAZ en TODA CIRCUNSTANCIA - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

PAZ en TODA CIRCUNSTANCIA

INTRODUCCIÓN

Estamos viviendo tiempos únicos en la historia de la humanidad, a los que la Biblia llama “los postreros tiempos”. La gente me hace preguntas de toda clase; y sinceramente algunas preguntas yo no las puedo responder. Un joven me dijo: “Mi papá está internado. ¿Se va a morir?” Algunos predicadores dicen que todo va a pasar y vamos a salir, en cambio otros señalan que la cosa va a empeorar. Unos incitan a la desobediencia cívica porque creen que es injusto que nos mantengan encerrados; en cambio otros optan por obedecer y quedarse en su casa, siendo sujetos a las autoridades como nos enseña la Biblia. Todos los días leo argumentos que se contradicen unos a otros. A pesar de todo yo tengo que agradecerle a Dios, que tengo paz y esa paz, Él la ha puesto sobre mí.

Yo soy un testimonio al mundo de lo que es la paz de Dios. Una jovencita me habló por teléfono y me dijo: “Te conozco hace veinte años y vi que has soportado muchas tormentas y seguís firme. No sé cómo es que estás parado con todo lo que has soportado. Y yo acá no sé que hacer con mi vida”. La chica estaba drogada. Ella sí ha vivido años de frustración, de turbación, y no ha logrado cobijarse nunca bajo las alas del Omnipotente.

Para vivir es imprescindible tener la paz de Dios. La palabra paz tiene muchas definiciones. Te quiero decir que hay una paz que es meramente humana, y está la paz que es sustancialmente divina, y nada tienen que ver una con la otra. Si bien es muy utilizada la palabra paz, hay una paz que se distingue de toda otra forma de paz; y esa es la paz que viene de parte de Dios. Yo digo que satanás y sus demonios se especializan en robarnos la paz, porque si nos quitan la paz entonces nos quitan la salud. La falta de paz provoca enfermedad; también trae turbación y las personas no pueden dormir ni descansar. La falta de paz nos priva de tener relaciones sanas con nuestros seres queridos; y tampoco podemos tener una relación correcta con Dios. Es muy importante que tengamos paz; porque la falta de paz, entonces, nos introduce en una dimensión que atenta contra nuestra salud física, mental y espiritual.

LA PAZ DE DIOS te quita toda turbación

Leemos en Juan 14: 27 lo que Jesús les dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Al decir: “mi paz”, Jesús está estableciendo una clara diferenciación con otras clases de paz. También dice que la paz que nos da no es como la que nos da el mundo; el mundo puede darnos cierta paz, pero la paz de Dios es completamente diferente. Jesús dijo esto, no en un momento de bonanza, ya que días después de hacer esta declaración fue crucificado. Él ya les había dicho a sus discípulos que irían a Jerusalén, y que allí, Él iba a ser traicionado, que lo iban a crucificar e iba a morir. Jesús tenía conocimiento de todo lo que iba a padecer. Sin embargo, reunió a sus discípulos y les dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

Cuando falta paz hay turbación. La palabra paz tiene más de sesenta antónimos; y sin embargo no aparece la palabra turbación. Y Jesús les dijo a sus discípulos que les dejaba su paz para que sus corazones no se llenaran de turbación. Ya en el Antiguo Testamento se profetizaba que el Mesías sería el Príncipe de la paz. Dijo el profeta Isaías: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (Isaías 9:7).

Quiero hablarte hoy de una paz que no tiene límites; y te predico esto en medio de un mundo turbado, lleno de temores, de angustias, de ansiedad, con tanta gente enferma que no encuentra explicación a lo que está viviendo. Estamos viviendo cosas que nunca nos imaginamos. Leí recientemente una noticia que refiere a un lugar en donde estaba internada una abuelita y no les permitían a los parientes despedirse de ella ya que estaba a punto de morir. La tenían en una pieza, en un tercer piso, y la ventana daba a la calle. Los parientes, desde la vereda saludaban a la abuelita. Cuenta la noticia que alguien que estaba trabajando cerca con una plataforma elevadora, cuando vio a los parientes desesperados por ver a su abuela, decidió ayudar; entonces subió a los familiares y los elevó hasta el tercer piso para que pudieran despedirse de la anciana a través del vidrio de la ventana. Estamos viviendo un tiempo en que suceden cosas inimaginables que sólo se veían en las películas de ciencia ficción. Jesús nos dice: “Yo les doy una paz y no es la paz que les da el mundo”. El mundo te puede dar cierta paz; y Jesús nos dice que no tengamos miedo ni estemos turbados porque Él nos da su paz.

LA PAZ DE DIOS te guarda

El apóstol Pablo le escribió a los filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4: 6 y 7). Cuando dice que por nada estés afanoso significa por nada; ni por una enfermedad, ni por falta de dinero, ni por un accidente o porque te han echado de tu empleo. ¡Por nada! El apóstol Pablo nos llama a no salirnos de nuestro estado de paz; nos alienta que vayamos a Dios y le contemos nuestras necesidades y presentemos nuestras peticiones. El apóstol Pablo nos dice que vayamos delante de Él con una actitud de gratitud, y entonces sucederá lo que dice en Filipenses 4:7: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. La turbación, la angustia, la ansiedad, el temor, la amargura, surgen por la falta de paz. Esos estados de ánimo tienen que ver con nuestros sentimientos y pensamientos. Tu estás turbado porque hay algo que estás pensando que te quita la paz. Estás turbado o turbada porque hay algo en tu corazón y en tus sentimientos que no te dejan estar en paz. Quisieras que los problemas no den vueltas en tu cabeza, pero rondan todo el día. Hay pensamientos que no te sueltan y te atan. No es que tú los dominas, sino que esos pensamientos te dominan a ti. Has querido resolver un problema y después de mucho tiempo te das cuenta que no puedes hacer nada; sin embargo, sigues turbado, pensando, y hasta te duele la cabeza y no puedes dormir. Ni siquiera te duermes contando ovejitas. ¡No hay paz!

Sin embargo, el apóstol Pablo dice que, si nosotros vamos con nuestras cargas al Señor, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. En este tiempo hay mucha gente sin trabajo, familias que no tienen que comer; personas que han tenido que conformarse a que le entierren a su pariente sin poder despedirse. Gente desconsolada porque tienen un familiar internado y no lo pueden ver. ¡Cuántas situaciones conflictivas! Mas si presentas tus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, su paz, que sobrepasa todo entendimiento, guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús. El Señor se llevará cautivo todo pensamiento y todo sentimiento que te perturba.

Cuando los pensamientos que te perturban y los sentimientos que hay en tu corazón salen de tu vida, entonces, entra la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Esto significa que de una manera que no tiene explicación, de una manera que no es racional, se va la turbación, el afán y la ansiedad y viene sobre ti la paz de Dios. Oro que esa paz de Dios sea sobre tu vida. A veces te asaltan algunos pensamientos a causa de lo que está aconteciendo en el mundo y te turbas pensando qué será de tus hijos o de tus nietos. Eso me he preguntado yo al ver a mis nietitos, pero el Señor me reprendió y me dijo: “Quédate tranquilo. Están en mis manos. Entrégame tus cargas”.

Recibo todos los días, toda clase de noticias de fieles de la iglesia, de su familia, etc., que tienen problemas de toda clase, que no pueden pagar el alquiler, que no han cobrado el sueldo, que están endeudados, etc. ¿Qué me mantiene a mí en paz? ¡El Dios de paz! Es su paz que sobrepasa todo entendimiento. ¿Quieres esa paz? Cuando descubres a ese Dios maravilloso, vives en otra dimensión; y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento no es de esta dimensión. No creas que si recibes una buena noticia te entra la paz de Dios; no creas que por las malas noticias se va a ir la paz de Dios. Cuando la paz de Dios se instala en tu corazón no hay nada que te la quite.

Hay quienes consumen muchas pastillas para poder dormir en paz; o para poder vivir en paz. La paz de este mundo es tan efímera y tan débil. Recuerdo una mujer que odiaba a su marido alcohólico y golpeador, y estaba feliz porque se había librado de él. Resulta que su esposo se fue a España y ella estaba feliz de la vida, rogando que no volviera más. La mujer se sentía en paz. Pero al marido le fue mal y se volvió al país. Cuando la vuelvo a ver a la mujer, andaba con cara larga, enojada porque había vuelto. Hay una paz que se siente mientras no veo a esa persona; pero si me la llego a cruzar esa paz se esfuma. ¡Dios anhela darte su paz que es duradera! Tú la necesitas. Si tienes paz, no sientes turbación; cuando estás turbado, tomas malas decisiones. Si sientes afán y ansiedad, esos sentimientos te llevan a tomar malas decisiones; no logras hacer las cosas con lucidez. Para tomar buenas decisiones es necesario que tengas la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. La paz de Dios se tiene que apoderar de ti. Y Él es Dios de paz, según la Biblia.

DIOS, el autor de la PAZ

Muchas personas con las que hablo me cuentan sus problemas y lo que están sufriendo a causa de eso; y cuando les pregunto si están asistiendo a la iglesia me dicen que no, les pregunto si leen la Biblia, tampoco. La gente pide ayuda por causa de alguna dificultad que les aqueja; y no se dan cuenta que necesitan entrar en una relación con Dios que no tienen. Dios es luz; Dios es paz. La presencia de Dios en tu vida trae bendiciones que a ti te faltan. Tú estás mirando las bendiciones que te faltan y no te das cuenta que lo que te falta es Dios. En estos tiempos de dificultad que está atravesando el mundo es importante buscar a Dios de corazón. No son las circunstancias las que te pueden dar paz; es el Dios de paz el que te da la paz. Dijo el apóstol Pablo a los romanos; y esta palabra también es para ti: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). No se trata de obtener la paz que trae la mejoría de tu situación; lo primero que necesitas es tener paz para con Dios. Tus pecados te oprimen y te obligan a tomar decisiones erradas, a hacer y decir cosas que van contra Dios y su voluntad. El pecado nunca ha llevado a los hombres a obedecer a Dios. Y la turbación que tú experimentas no tiene que ver con los pecados que puedas haber cometido sino con tu enemistad contra Dios. ¡Dios te resiste! Tú has determinado que Dios sea tu enemigo. Tu manera de ser y de pensar; las cosas que has hecho mal te llevan a ser enemigo de Dios. Y encima que las hiciste mal tratas de explicar por qué razón lo hiciste y por qué es válido y justo lo que hiciste. Por ejemplo, odiar a tu prójimo. Está bien, te hicieron daño; pero Dios no justifica a nadie para que odie. Y tu problema más grande no es con esa persona que te hizo daño; tu problema más grande es con Dios. Dios no quiere que odies, sino que ames. Tú dices que no puedes o no quieres amar y perdonar; y entonces, tu enemigo no es el que te hizo daño. ¡Tu enemigo es Dios! Es Dios quien te resiste y no te deja avanzar.

Necesitas tener paz con Dios. ¿Y cómo hacer las paces con Dios? Fui a visitar un lugar provisorio donde mantenemos a unos veinticinco jóvenes aislados preventivamente por causa de Covid19, a los que derivaremos después a diferentes hogares Beraca. Entonces les pregunté si creían en Dios y veinticuatro levantaron la mano. Al final de la reunión hablé con el joven que no había levantado la mano y le pregunté por qué no creía en Dios, a lo que me dijo que él le había pedido que no se muriera su abuela y se murió, después le pidió que no se muriera su papá y se murió, y por ultimo le pidió que no se muriera su hermano, pero se murió. Entonces decidió no creer más en Dios. “¡Qué problema más grande tienes!” le dije. Tu desgracia no es la ausencia de tu padre, ni de tu hermano o tu abuela; tu problema es la ausencia de Dios. Hay algo que necesitamos y es tener paz con Dios. Le dije al joven: “Estás enojado con el único que tiene el poder para ayudarte”. ¡Necesitamos tener paz con Dios! ¡Eso es lo principal! El apóstol Pablo dijo que somos justificados por la fe; por creer. La fe es depositar nuestra confianza y nuestra esperanza en Jesús. Porque de verdad, todos hemos hecho cosas malas; no hay justo ni aun uno, dice la Biblia. No hay uno que haga lo bueno; no hay quien busque a Dios. Por eso Dios envió a su Hijo Jesucristo a morir por nosotros; porque no había uno que se pudiera presentar delante de Dios, justo y limpio para interceder por el resto de la humanidad.

Hay una enormidad de injusticias que pesan sobre tu vida, y la paga es la condenación eterna. ¿Cómo vas a tener paz en tu corazón si hay mucha culpa que te doblega la espalda? ¿Cómo vas a tener paz con Dios si el pecado ha establecido una barrera entre tú y Él? Pero puedes creer en Jesús; puedes creer que su sangre te cubre y te limpia de todo pecado. Somos justificados por Dios; justificados significa, declarados justos. Es decir que vino alguien, pagó el precio y yo ya no tengo deuda. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Ahora sí, puedes acercarte a Dios.

¿Sabes cuantos hay que no se quieren acercar a Dios? No lo hacen por varias razones, pero no hay otro lugar dónde ir; no hay otro en donde recibamos justificación. Dios es juez de toda la tierra. Él es el Señor de todo. ¿A dónde vas a ir a buscar misericordia? ¿Quién va a tener misericordia de ti sino sólo Dios? ¿Quién te va a amar mejor que Dios? No te justifiques más con tus razonamientos; no te compares con los demás y no te excuses por haber hecho esto o lo otro. No razones más, pídele a Jesús que te limpie de tu pecado y te cubra con su sangre. Dios quiere que estés en paz con Él; y Él te dará paz en todas tus circunstancias.

El conocimiento de Dios viene a través de perseverar con nuestros pensamientos en Él. Así dice Isaías: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3) La paz viene cuando pones tu confianza en Dios; la paz viene cuando tus pensamientos están alineados con los pensamientos de Dios. Hoy Dios te ofrece la paz que te falta. La palabra de Dios son los pensamientos de Dios; su palabra te da aliento y paz. Así dijo el apóstol Pablo a los romanos y esto va para ti: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Romanos 16:20). No me turba esta pandemia que afecta al mundo; y aunque se multiplique la maldad en la tierra, a mí me tiene sin cuidado, porque yo le pertenezco al Dios de paz que aplastará en breve a satanás bajo mis pies. Los enemigos de Dios y los demonios que me quieren turbar están destinados a ser aplastados bajo mis pies. Dios pondrá debajo de nuestros pies los poderes de maldad.

CONCLUSIÓN

Confía en ese Dios de paz que aplastará ponto a satanás bajo nuestros pies; y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea contigo. Era una salutación que acostumbraba a decir el apóstol Pablo, como leemos en Romanos 15:33: “Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén”. Es Dios de poder, Dios justo, Dios amoroso; y es también el Dios de paz. En lugar de tomar pastillas tranquilizantes, mejor llena tus pensamientos con la palabra de Dios para vivir en paz, y de paso le quitas ganancia a los laboratorios que tanto lucran con la desesperación de la gente. Los que confiamos en Jesús hemos recibido la promesa del Espíritu Santo quien gobierna nuestra vida; el Espíritu Santo gobierna nuestros pensamientos y nuestras emociones. El Espíritu que habita en mí, es un Espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Sólo el Espíritu Santo puede darte dominio propio; porque nosotros no tenemos mucha fuerza de voluntad. El futo del Espíritu es: amor, gozo, PAZ, paciencia, benignidad, bondad y fe. Por eso, puedo tomar una decisión difícil y estar en paz. Por eso puedo recibir críticas y ser atacado y quedarme en paz. Por eso duermo por las noches. Puedo estar en paz en medio del caos del mundo. La paz de Dios no es sólo para momentos de bonanza; su paz es para momentos difíciles. Dios quiere hacerse presente en tu vida con su paz que sobrepasa todo entendimiento.

Quiero ayudarte a hacer una oración. Dile al Señor: “Padre mío, te doy gracias porque tu paz está aquí. Te abro mi corazón y te doy toda gloria. Con toda mi turbación me presento delante de ti para entregarte todo sentimiento y todo pensamiento contrario a ti. Ceo en ti, creo en Jesucristo; creo que murió por mí y prometió darme su paz. Recibo tu Espíritu Santo; recibo tu paz, en el nombre de Jesús, amén”.

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