FE EN LO CORRECTO - Misión Vida para las Naciones

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Montevideo

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MENSAJES DEL CIELO

FE EN LO CORRECTO

INTRODUCCIÓN

La incredulidad tiene que ver con la fe, y cuando falta fe es porque hay incredulidad. Hay un principio en la física que señala que todo espacio vacío tiende de forma natural a ser llenado. El principio dice que nada puede ocupar el lugar que está ocupando otro cuerpo, pero si sacamos un gas de un recipiente, por ejemplo, se llenará de otro gas, aunque sea aire. Esto se aplica también al liderazgo; cuando hay vacío en el liderazgo, alguien ocupa ese lugar. Lo mismo para la familia, si tú no cuidas a tu esposa, alguien te la va a cuidar. Así que este principio de la física se aplica para muchas cosas. Y con la fe ocurre igual. Donde no hay fe, la incredulidad busca ocupar ese lugar. Jesús enseñó: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación” (Mateo 12: 43 al 45). ¡No hay lugares vacíos! O sea que el Señor espera que si echamos fuera un demonio, la casa se llene con el Espíritu Santo, entonces, si el demonio vuelve y esa casa está llena del Espíritu Santo, ya no podrá morar allí. Los demonios tiemblan ante la presencia del Señor. Estos pueden intentar de mil maneras ingresar a tu vida, pero tendrán que huir si tu vida está llena del Espíritu Santo.

Tu vida tiene que estar llena de fe. No digas más que a ti te falta fe porque se va a enterar el diablo, aunque ya se ha dado cuenta, porque quien tiene fe anda haciendo destrozos en las filas del enemigo; quien tiene fe, cada palabra que habla arruina los planes del enemigo y cada cosa que hace destruye fortalezas, ideas y planes del enemigo. Quienes tienen fe arrebatan personas del infierno y de la condenación.

LA INCREDULIDAD ES FE EN ALGO INCORRECTO

Me viene a la memoria una hermana que trabajaba en el CTI de un hospital en Buenos Aires. Todas las semanas me contaba: “Pastor, le arrebaté un alma al infierno, la persona se estaba muriendo, pero le prediqué de Cristo y se fue al cielo”. Le fascinaba estar ahí donde había personas que estaban al borde de la muerte con un pie en el abismo, entonces ella les predicaba el evangelio y las rescataba del infierno. La gente de fe es la que hace la obra de Dios, en tanto que las que no tienen fe hacen la obra del otro, porque no hay lugares vacíos.

La incredulidad no es falta de fe, sino que es fe en algo incorrecto, es fe en algo que no es Dios. Se le dice incrédulo a alguien que no cree en Dios ni en su palabra. En el Nuevo Testamento vemos que se les llamaba incrédulos, por ejemplo, a los idólatras que creían en distintos dioses. ¿Por qué se les llamaba incrédulos? Porque creían en lo incorrecto, en este caso, creían en dioses que no eran Dios. La incredulidad trabaja para satanás. Ningún creyente debería tener incredulidad. No se trata de que tú tienes incredulidad sino que la incredulidad te tiene a ti.

Mientras yo predicaba en un encuentro en Monte Beraca, noté que había una joven que tenía una expresión tímida, entonces le pregunté si no creyó que Dios perdonó su timidez y no estaba segura. Yo estaba predicando que la timidez es un poder del infierno; si no está el Espíritu Santo en tu vida, alguna timidez, temor u otra cosa se va a meter en ti ya que forman parte del mundo de la incredulidad. Cuando te hablo de incredulidad debo hablarte de fe y si te hablo de fe, tengo que hacer referencia también a la incredulidad. Yo señalé a la jovencita y les dije a los demás que era una gran pecadora. Ella me miró asombrada, entonces le dije: Supongamos que Dios te manda a predicarle al almacenero y tú eres tímida. ¿Qué va a pasar? No querrás hablarle porque eres tímida. Así que la timidez se convierte de pronto en un poder mayor que el de Dios. La timidez te lleva a desobedecer a Dios y la desobediencia a Dios es rebelión. Tú no predicas como Dios te mandó porque la timidez gobierna tu vida. La timidez te tiene a ti; no te dejará predicarle al almacenero y te argumentará que no puedes hacerlo porque tú eres tímida, entonces te hará saber que ella manda en tu vida. Estas son cosas que tomamos como muy triviales y sencillas; creemos que una persona tímida no le hace mal a nadie. Una persona tímida no hace la obra de Dios¸ una persona tímida le hace la huelga al Señor y se vuelve contra Él. Cuando uno no le obedece a Dios es incrédulo, o sea, no le cree a Dios. Le dice al Señor que cree, pero no hace lo que Èl le ha demandado, entonces, está desobedeciendo. Y si desobedece a Dios, ¿en quién cree?

La incredulidad abarca una gran gama de poderes espirituales de maldad que operan en las personas, contra Dios. Nosotros nos hacemos la idea de que los creyentes no somos incrédulos, sino que como sugiere el término, somos creyentes. ¡No! Eso es un título que nos ponemos nosotros. Pero, muchas veces la incredulidad gobierna en nuestras vidas, por ejemplo: el temor, la timidez, etc.

En Israel, en la época de Jesús no había ateos; todos eran descendientes de Abraham y estudiaban las escrituras en las sinagogas cada sábado. No se trata de que cuando falta fe sólo falta fe; algo sobra cuando falta fe. Algo está donde no debe estar, ocupando el lugar de la fe. No hay lugares vacíos. Si no hay fe en Dios, hay fe para otra cosa; para creer en una piedrita, para creer en la ciencia, para creer que una cintita colorada me va a proteger, o una ristra de ajo, etc. Siempre que no le crees a Dios y no le obedeces, a alguna otra cosa vas a obedecer. Lo que tienes, no lo tienes, te tiene a tí. Es igual con la fe; no es que tú tienes fe, es que la fe te tiene a ti. Porque tú no le haces hacer a la fe lo que tú quieres, sino que la fe te hace hacer a ti lo que Dios quiere. Entonces, no es que tú tienes fe; es que la fe gobierna tu vida y te lleva a hacer la voluntad de Dios. Quien tiene fe está impulsado por Dios y la obra de Dios hace.

La fe te lleva a tener la visión correcta, no de lo que tú quieres, no de que vas a lograr lo que se te antoje sino de lo que Dios quiere, y te va a llevar a la voluntad del Señor. Hebreos 11:3 dice así: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. Eso es lo que se entiende por la fe. Si no tienes fe entenderás otra cosa. He mencionado que Stephen Hawking como no tenía fe en Dios armó todo un esquema de cómo se formó el universo sin Dios, donde surgió lo que se conoce como la teoría del Bing Bang.

Cuando nosotros entendemos, adquirimos conocimiento. Decimos que por la fe entendemos, esto se trata de que por la fe estamos recibiendo una visión y la visión es un conocimiento que en este caso viene por la fe. Leemos en Marcos 5:30: “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?” Este es el relato de una mujer que llevaba doce años padeciendo una pérdida de sangre que nunca se sanaba, y ya había probado de todo. Se había gastado todo lo que tenía. La mujer estaba en un estado de gran debilidad y pobreza, pero ella dijo: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. Un rayo de fe le cayó encima y la llevó a actuar creyendo que sería sana. No hay lógica en esto; no hay nada de física, de química ni de matemática, simplemente dijo: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”. ¿Qué pasó cuando tocó el manto de Jesús? ¡Poder salió de Él!

Esto demuestra que la fe arrebata a Dios lo que quiere. No fue la mujer, fue su fe. No era la mujer que tenía la fe; la fe la tenía a ella, y esa fe la impulsó a tocar el borde del manto de Jesús. Jesús estaba ocupado, atendiendo a la multitud, pero la mujer viene de atrás y lo toca. ¿Has experimentado que cuando te han dado la mano has sentido una corriente? Ella tocó el manto de Jesús y poder salió de Él. No es que el Señor la miró o le dirigió la palabra, no la mandó a hacer esto o lo otro; la mujer ya tenía la fe y con esa fe lo tocó al Señor. No necesitó pedirle oración ni que le impusiera las manos. Ella sabía que si tocaba el borde de su manto sería sana. Hasta ese momento, Jesús no tenía claro lo que estaba por suceder, no era consciente; entonces la mujer tocó su manto y poder salió de Él. “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?” (Mateo 5:30).

En ese momento se dio cuenta que algo había sucedido y enseguida conoció que poder había salido de Él, por eso se dio vuelta y preguntó quién lo había tocado. Por la fe conocemos. Leemos en Mateo 5:31: “Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?” Aquí podemos ver el conocimiento natural y el conocimiento revelado. Los discípulos no estaban equivocados, ellos estaban en lo cierto en lo que respecta al conocimiento natural; sólo que no tenían conocimiento ni revelación espiritual. Creían que Jesús estaba errado al preguntar eso. Lo que yo veo no es lo que Jesús ve; y lo que tú ves no es lo que el Señor ve. Él es el autor y el consumador de la fe. Entonces, Jesús recibió un conocimiento revelado en ese momento y se dio cuenta que algo sucedió en el mundo espiritual porque poder salió de Él. Estaba consciente de que algo grandioso había sucedido, y preguntó entonces quién fue. El conocimiento natural te lleva a la incredulidad. Tú crees por lo que ves y por lo que palpas, pero no es un conocimiento real sino natural. Hay una persona en Argentina, muy popular, que se viste de mujer, pero es un hombre. Y esta persona dijo: “Yo soy una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre y no puedo salir”.

Los discípulos veían lo natural por lo que le dijeron a Jesús: “Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?” Jesús sabía por qué había hecho la pregunta; y es que el Señor tenía conocimiento espiritual y sus discípulos tenían conocimiento natural.

LA INCREDULIDAD LIMITA A DIOS

Quiero citar un versículo que para mi gusto es el más triste de la Biblia, que se encuentra en Marcos 6:5 y dice así: “Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos”. Dice la Biblia que Jesús es el Cordero de Dios inmolado desde la fundación del mundo, dice también que Èl es Rey de reyes y Señor de señores. Dice la Biblia que el Señor es Todopoderoso. Las escrituras dicen que Jesús fue ungido con poder por el Espíritu Santo, así leemos en Lucas 4:18: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos…” Él es aquel por quien todas las cosas fueron hechas, y sin Él nada de lo que fue hecho ha sido hecho. A Jesús lo oyó un muerto que llevaba cuatro días en la tumba cuando clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Sin embargo, Marcos 6:5 dice: “Y no pudo hacer allí ningún milagro…” ¡Eso me pone muy triste! ¿Cómo es que el Todopoderoso no puede hacer ningún milagro? Es que te ha dado la facultad a ti de decidir si quieres que lo haga o no. Y para que decidas que sí te ha dado la fe. Tú tomas la fe o te llenas de incredulidad.

Entonces continúa diciendo Marcos 6: 5y6: “…salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando”. Jesús estaba en Nazaret, la tierra donde se crió. Estaba leyendo la palabra de Dios en una sinagoga un día sábado porque era maestro. Así lo describe Lucas en el capítulo 4, versos 16 al 19: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.

Más adelante relata Lucas: “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue”. Lo querían matar porque ese texto bíblico, todo el mundo sabía que era un pasaje que se refería al Mesías. Muchos se referían a Jesús como el hijo del carpintero, o se decían: “¿No es este Jesús, el hijo de María?” En mi familia, no se refieren a mí como apóstol; me dicen, por ejemplo: “Che, Jorge”. Ellos dirán: “Nosotros lo conocemos bien. Este es Jorgito el travieso”. Yo era el más inquieto de mis hermanos. Un primo me contó algo que yo ni me acordaba y era que cuando era un niño, me subía a un muro lindero de un metro ochenta de alto en mi casa y corría por allí arriba. Él, que me estaba viendo, se agarraba la cabeza. Ahí aparecía mi mamá y gritaba: “¡Jorge!” Yo hacía como que me iba a caer y mi madre a los gritos que me bajara. ¡Para mí eso era divertido! Me imagino el pensamiento de mis familiares: “¡Este se la da de apóstol! ¡Si nosotros lo conocemos bien!” Yo era muy travieso e insoportable.

Cuando voy a San Juan, algunas abuelas me saludan diciéndome: “Hola, Jorgito”. Muchas personas ven en mí a un apóstol, pero la gente que me conoció desde pequeño, no. Veamos el paralelo: Nazaret, carpintero. Conocimiento natural. El conocimiento natural se levanta contra el conocimiento espiritual. El conocimiento natural es incredulidad pura y se levanta contra Dios como un conocimiento real. Por eso algunos dicen: “Yo soy realista”. Claro, los realistas sólo pueden creer en lo que ven; pero los espirituales vemos lo que creemos. ¡Creer para ver! Así le dijo Jesús a Marta la hermana de Lázaro: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11: 40). El conocimiento natural se afirma en lo que ve por cuanto es natural y responde a los sentidos naturales; pero el conocimiento espiritual proviene de la fe. El verdadero creyente renuncia a lo que ven sus ojos para creer en aquello que ve su espíritu.

 

CONCLUSIÓN

 

¡Yo reprendo el espíritu de incredulidad sobre tu vida! Cuando este espíritu se va, se va la ceguera espiritual. Ya sabes que en muchas áreas de tu vida eres una persona incrédula. Ya sabes que en muchas áreas de tu vida te apoyas en lo que perciben tus sentidos. Pero el Señor hoy te dice: “Renuncia al conocimiento natural para que yo te pueda mostrar revelación espiritual”.

“En el nombre de Jesús, voy contra todo espíritu de incredulidad que opera en nuestras vidas. Dios mío, libero mi vida y la de mis hermanos de todo poder de incredulidad. ¡Espíritu de incredulidad suelta las vidas, te lo ordeno en el nombre de Jesús! Suelta los pensamientos, los razonamientos y argumentos que has metido en la cabeza de la gente para que no puedan acceder al conocimiento de Dios. Padre mío, libera a los cautivos de la incredulidad, libera a aquellos que no pueden lograr hacer tus obras. Libera a aquellos que ven de lejos tus visiones y nos las pueden realizar porque están atados a la incredulidad. Espíritu de incredulidad, te echo de las vidas. ¡Vete ahora, en el nombre de Jesús! ¡Suelta la mente! Proclamo en el nombre de Jesús libertad en las mentes y en los corazones. Espíritu de fe desciende ahora sobre las vidas con poder. Elévanos a las alturas y muéstranos las obras del Padre. Te lo pido en el nombre de Jesús”.

Di en esta hora: “Señor, recibo espíritu de fe. Lléname ahora. Yo renuncio a la incredulidad, la echo fuera de mi vida y corto de mí en el nombre de Jesús todo poder de incredulidad. Declaro que tuyo es el poder Señor, y tuya es la gloria, amén”.

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