PACTO ETERNO: Mucho más que una amistad - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

PACTO ETERNO: Mucho más que una amistad

INTRODUCCIÓN

La fe ve en la oscuridad y tú tienes, por la fe, la capacidad de ver en la oscuridad. La fe halla recursos donde no hay. La fe encuentra aguas en el desierto. Si tengo fe, no me faltará agua; no me faltará la visión ni los recursos. Si tienes fe, en la oscuridad puedes decir como Dios: “Sea la luz”. Y la luz aparece, eso, después de que se ha ejercido la fe. Los recursos aparecen después de que se ha ejercido fe. Por lo que, lo primero que debo tener es fe.

Leemos en 1ª de Samuel 5: 1 al 3: “Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar”.

Dagón era un dios filisteo; Asdod era una ciudad importante en Filistea donde estaba el templo del dios Dagón. En una guerra, los filisteos vencieron a los israelitas y les quitaron el arca del pacto. Hoy quiero hablarte de la importancia del pacto y del arca del pacto. Quiero hablarte acerca de un Dios que se relaciona con nosotros a través de pacto. O sea, la relación es mucho más seria que una simple amistad; es mucho más profunda. Un pacto es un contrato o alianza.

ANTIGUO PACTO

El arca del pacto no podía estar en Eben-ezer donde se encontraba el ejército de Israel, sino que tenía que estar en Silo, ese era su lugar. Ahí había quedado una tienda, la que Dios había mandado fabricar en el desierto y donde se encontraba el lugar santísimo. Por lo tanto, el arca no podía estar en cualquier lado sino en el lugar santísimo. Nadie podía entrar donde ésta estaba, ni tocarla, ni siquiera los sacerdotes. Sólo podía entrar a ese lugar el sumo sacerdote una vez al año, no sin antes haberse presentado delante de Dios con ofrendas y con sangre de los sacrificios de animales. El sumo sacerdote tenía que hacer primero expiación por èl y después por el pueblo.

El lugar santísimo es el lugar de la presencia de Dios. Ahora, los israelitas no andaban bien con Dios y se les vino la guerra, la cual perdieron. Parece que a uno se le ocurrió que para ganar en la guerra tenían que llevar el arca de Dios porque de esa manera llevarían la presencia de Dios. ¡Error! Gente que no pertenecía al sacerdocio, meterse en el lugar santísimo para sacar el arca del pacto… ¡creían que si tenían el arca lo tenían a Dios! El arca es el testimonio visible del pacto de Dios, pero eso no garantiza mi relación con el Señor. Yo, como estoy casado tengo una anillo o alianza, que es un testimonio visible del pacto que yo tengo con mi esposa. Pero el hecho de llevar una alianza en el dedo no garantiza que esté todo bien. Un testimonio visible de un pacto no es la garantía de que la relación funciona bien. La relación anda bien si yo amo a mi esposa y ella me ama a mí. El pacto funciona en base a una relación de amor. Del mismo modo, el pacto de Dios con nosotros es un pacto de amor. El primer y gran mandamiento que Moisés refirió al pueblo, luego de haberles leído los diez mandamientos que Dios le dio en el Monte Sinaí es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.  Por sobre todo y por sobre todos, amarás a Dios, más que a tus seres queridos, más que a tus pertenencias, y más que a tus deseos íntimos. Dios tiene que ser lo más importante en tu vida. Eso garantiza una relación profunda con Èl y una manifestación poderosa del Señor en tu vida. Porque el amor de Dios por nosotros está garantizado. Así lo dice Juan 3.16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. Aquí ya estoy haciendo referencia del nuevo pacto.

En la Biblia encontramos dos pactos: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. La palabra testamento significa pacto o alianza. Y el Nuevo Testamento tiene una nueva alianza de Dios con la gente, porque el antiguo pacto fue pisoteado por el pueblo de Israel, entonces, Dios estableció un nuevo pacto con un nuevo testimonio que es la sangre de Cristo. En el Antiguo Testamento el testimonio era el arca del pacto; y en el Nuevo Testamento es la sangre preciosa de Jesús y su cuerpo lacerado en la cruz del calvario. Esos son testimonios del pacto, así como la alianza de oro es el testimonio de pacto en un matrimonio.

Imaginemos la siguiente escena: Dios está ahí en el lugar santísimo, de pronto se abre el velo y entran unos forajidos, toman el arca del pacto y se la llevan pensando que se llevaban la presencia de Dios, y ahí iba el Señor, detrás del arca a la guerra. ¿Cómo les fue a los israelitas en la guerra? ¡Perdieron! Porque tener el arca no garantizaba que Dios estaba con ellos. Llegaron a perder hasta cuarenta mil hombres en una guerra. ¡Quedaron totalmente despistados! ¿Qué pasó? ¡Trajimos el arca!

En el libro de 1ª de Samuel 4: 5 al 8 leemos la siguiente narración: “Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló. Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto”. Se asustaron los filisteos; dicho ya de paso, filisteo significa palestino. La palabra palestina significa Filistea o tierra de filisteos. Y quiero aclarar algo; en lo que conocemos como la franja de Gaza, es allí donde habitaban los filisteos. Pero los que están hoy ahí no son filisteos, ni esa es la tierra ancestral de los filisteos; los que allí se encuentran son los árabes. Esa es una cultura posterior; los filisteos que venían de Grecia, de Creta y de zonas aledañas desaparecieron; ellos vivían en las costas y eran hábiles navegantes. De ahí que se creía que el dios Dagón era un pez. Pero, ¿qué podía hacer un dios pez sin agua…?

Pero lo cierto fue que Dios no defendió al pueblo de Israel. Ellos pensaron que si portaban el arca entonces contaban con su respaldo. Pero el respaldo de Dios no depende de un testimonio sino de una relación y de una relación profunda, basada en amor. Así que los filisteos capturaron el arca y se la llevaron, y para tenerlo bien custodiado lo metieron en el templo de Dagón junto a èl. Cuenta la Biblia en 1ª de Samuel 5: 3: “Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar”. Y nos dice el relato a continuación: “Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente” (1ª de Samuel 5:4). Se ve que a los filisteos tampoco les fue bien con el arca.

¿Dónde tiene origen el arca? Tiene origen en el pacto que Dios hizo con Israel en el Monte Sinaí. Dios llevó a Moisés a ese lugar, a la parte más alta de la montaña, y allí escribe con su dedo y con fuego, en tablas de piedra, los diez mandamientos que se transforman en algo así como la constitución nacional de Israel. Era la ley que el pueblo debía respetar para mantener su relación con Dios. ¡Esto fue imponente! Lo podemos leer en Hebreos 12:18: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aún una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando”.

Cuando surgió el primer pacto de Dios con el pueblo de Israel, ocurrieron cosas tremendas. Cuando el Señor habló por primera vez al pueblo, éstos se estremecieron. Así lo señala Éxodo 20: 18 y 19: “Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”. Ese fue el trato del pueblo con Moisés, ya que estaban aterrorizados. Pero Moisés también estaba espantado y temblando. La Biblia señala que allí ardía fuego, que había oscuridad, tinieblas y tempestad; había sonido de trompeta y una voz que hablaba…

NUEVO PACTO

Y el autor del libro de los hebreos dice que ellos (los hebreos) no se habían acercado a un monte que se podía palpar, a un monte al que se le puso un límite para que ningún animal o persona se acercase a la zona del Sinaí. Por lo que leemos en Hebreos 12:22: “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles”. Este no es el Monte de Sion que está en Jerusalén, aquí se refiere a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén la celestial, a la compañía de millares de ángeles. Y aquí está hablando del nuevo pacto. Los que entramos en el nuevo pacto, nos hemos acercado a la ciudad de Jerusalén celestial; nos hemos acercado a la Roca de Sion. No la que está en Jerusalén sino la Sion celestial. Nos hemos acercado dice el autor del libro de Hebreos, a millares y millares de ángeles, al trono de Dios. Hemos entrado en el lugar santísimo, pero no del templo, sino a la presencia del Dios del cielo y de la tierra. Lo que está diciendo es que éste segundo pacto es mucho más terrible y es mucho más importante que el primero. Ustedes tienen que tener cuidado de guardar este pacto y valorarlo dice el autor. Se han acercado, continúa diciendo en el versículo 23: “a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”. Mediante este pacto hemos sido hechos perfectos. ¡Cristo nos ha hecho perfectos ante de los ojos de Dios! Esto es profundo, valioso e importante. ¡Esto es tremendo!

Me enteré que alguien subió a las redes unas ideas contrarias a Cash Luna. Yo lo increpé por qué no había hablado conmigo si tenía alguna desavenencia y me dijo que no quería hablarme del tema porque Cash Luna era mi amigo. Esa persona estaba arriba del pulpito conmigo. Le pregunté cuál era el punto doctrinal del asunto y me refirió que Cash Luna dice que nosotros somos dioses, y se ha hecho dios a sí mismo. Yo recuerdo esa predica de Cash Luna en la que dijo que somos Jehová Jr. Admito que de entrada me cayó mal, pero me puse a analizar la Biblia a ver si encontraba un punto de acuerdo. Esto lo menciono para que sepas lo importante que es el pacto en la sangre de Jesucristo. Yo le pregunté a esa persona si era hijo de Dios y me contestó afirmativamente. ¿Entonces? agregué yo, ¿qué naturaleza tienes? A lo que me respondió que tenía naturaleza humana. Pero Dios no tiene naturaleza humana. Nosotros hemos sido engendrados como hijos de Dios, y a los que hemos creído se nos ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios. Así lo afirma la palabra de Dios en Juan 1: 12 y 13: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. Y en Romanos 8: 16 y 17 también leemos: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

El hermano me discutía que Cristo es Cristo y nosotros somos nosotros. Es más, le referí que la Biblia dice que Cristo no se avergüenza de llamarnos hermanos de nosotros y añadió que Èl es el hermano mayor y nosotros los menores. La Biblia no habla de hermanos más grandes y hermanos más chicos, sino que se refiere a hermanos. Si dice la Biblia que Cristo es Primogénito, el primero entre muchos hermanos, entonces, ¿qué naturaleza tenemos los hijos de Dios? ¡Tenemos la naturaleza incorruptible de Cristo! “Pero eso no significa que es la naturaleza de Dios” expuso. ¿Cómo que no? Como decimos siempre; las chanchas tienen chanchitos, las ovejas tienen ovejitas, los humanos tienen humanos, y los hijos de Dios tenemos la sustancia de Dios, tenemos su naturaleza. Por eso hemos sido engendrados por el Espíritu Santo. Èl nos ha engendrado como hijos de Dios. El Espíritu Santo tiene naturaleza divina, y no puede engendrar una naturaleza distinta a ésta. Supongamos que se llama Pedro. Yo le dije: “Si tienes un hijo y lo llamas Pedrito, ¿hay algún problema que le digan Pedro Jr.? Tu hijo tiene tu misma naturaleza. Le volví a preguntar: “¿Eres hijo de Dios o no lo eres? ¿Fuiste engendrado por el Espíritu Santo? ¿Tienes naturaleza divina o no? “Sí” me respondió. Entonces, ¿qué problema hay que te digan Jehová Jr.?

Dice la Biblia que Dios puso en la iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. ¡Como Cristo! A Jesús lo quisieron matar porque decían que se hacía hijo de Dios siendo hombre y el Señor le dijo: “¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada) ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (Juan 10: 34 al 36).

Para que sepas la gloria que Dios ha preparado para ti; el Señor ha decidido hacer de ti un hijo del Dios viviente con la naturaleza perfecta e incorruptible de Jesucristo. Todo esto está contemplado en el pacto del Nuevo Testamento. Para que sepas que el nuevo pacto es muy importante; tiene mucho valor, tanto, que Cristo dio su sangre. Nunca antes de Cristo hubo una sangre como la el Señor, y nunca después de Èl hubo una sangre como la del Señor. La sangre de Cristo es única, perfecta, inmaculada, sin mancha. ¡Ese fue el precio que pagó! ¡Tiene mucho valor! El Padre estuvo dispuesto a entregar a su hijo porque consideró que tu valor era muy importante, porque vio que un hijo de hombre podía llegar a ser un hijo de Dios. Cristo dejó colgada su deidad en el cielo y vino a hacerse hijo de hombre, con naturaleza de hombre, así, operando como hombre, darnos su naturaleza divina para que nosotros tengamos la naturaleza de Dios.

¿Qué tan importante es para ti tener un pacto con Cristo? ¿Qué estás dispuesto o dispuesta a perder para acceder a este pacto con Cristo? ¿Qué cosas no quieres dejar, y que amas más que a Cristo? El amor a Dios tiene que ser más fuerte y más profundo que el amor que tienes hacia otra persona. “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10: 37). Si es tan importante, yo le tengo que dar el lugar que se merece a esa relación. Tengo que tomarla en serio. Yo no le puedo poner excusas al Señor que tengo mucho trabajo, que me gusta esto y quiero lo otro; o no quiero perder mis planes. ¡Vale la pena perder todo para acceder al todo de Cristo!

Debemos aprender a valorar lo importante que es Dios y lo importante que es tener un pacto con Èl. 1ª de Samuel 5: 7 dice así: “Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón”. Desde ese día Dagón quedó sin manos y sin cabeza. ¡Pobre Dagón que quería ponerle el pie encima al arca de Jehová! Ni los judíos podían enseñorearse del arca de Jehová, ni los filisteos. ¡Con Dios no se juega! Entonces los filisteos de Asdod le mandaron el arca del pacto a los de Gat. El arca del pacto era grande y tenía en su interior las tablas de la ley; la ley fundamental del pueblo de Israel cuyo primer y gran mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”, y todas las demás leyes que hablan del amor hacia nuestro prójimo. También estaba adentro del arca la vara de Aaròn, quien era sacerdote del sistema sacerdotal del primer pacto. Otra de las cosas que había dentro del arca eran unas muestras que Dios había pedido, del maná que había caído del cielo, para que quedara como testimonio que durante cuarenta años el Señor les dio a comer pan del cielo. Dice la Biblia que con ese pan que Dios les daba, nunca se habían enfermado en cuarenta años.

Le mandaron el arca entonces a los de Gat y dice la palabra de Dios: “Aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores”. Y se la enviaron a los de Ecròn, pero éstos no la querían. “Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo”. Y la mandaron a Bet-semes, para que volviera a Silo, cincuenta kilómetros en medio de montañas, de desierto, en medio de un sequedal. El arca volvió a estar en el lugar que Dios había dispuesto.

CONCLUSIÓN

Los hebreos no tenían comprado a Dios. Ellos lo tenían que amar, y si lo amaban le tenían que obedecer, de otra manera no había arca que pudiera ayudarlos. Y los filisteos, no porque tenían el arca de Dios lo tenían a Èl. No había Dios ni pueblo que le pudiera poner freno al Señor. Dios no trata con personas que no toman en serio su pacto y que no lo aman.

En el Nuevo Testamento, Jesús tomó pan y vino, y establece otro testimonio de un nuevo pacto. De hecho, cuando el Señor tomó la copa dijo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26: 27 y 28). Este pacto ya es eterno, es celestial e incluye un nuevo nacimiento; no de agua sino del espíritu de aquellos que son engendrados por el Espíritu Santo.

¿Qué tan valioso y cuán importante es para ti el pacto que tienes con Cristo? No me cabe duda que Jesús lo tomó en serio porque para celebrarlo lo hizo con su propia sangre. ¡El Señor derramó su propia sangre! Y a sus discípulos les dijo: “Hagan esto en memoria de mí”. No cabe duda que Dios es fiel y si algo anda mal no ha sido la infidelidad de Dios, aunque algunos creen que el Señor no es fiel y se ha olvidado de ellos. Muchos dicen que Dios no es justo porque permite la injusticia. ¡Dios no tiene fallas! El Señor es justo, santo, bueno y perfecto. Si alguien ha fallado, esos hemos sido nosotros. ¡Es por nuestra infidelidad! Esa infidelidad ha trastornado nuestra relación con Dios, mas Dios es fiel.

Haz una oración de todo tu corazón a Dios y dile: “Señor, si alguien ha fallado soy yo. Tú no has fallado. Hoy estoy siendo examinado por ti y a tu luz estoy viendo mi infidelidad. Yo he rehusado tus proyectos, y los planes que tenías para mí; y he escogido otras cosas sin importancia, desechando tu fidelidad. Puse primero en mi vida mis prioridades en el trabajo, en los estudios, en la familia, pero hoy me siento avergonzado por haberte fallado. Vengo delante de ti arrepentido Señor. ¡Perdóname y restáurame Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén!” 

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