DIMENSIÓN DIVINA EN VASOS DE BARRO - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

DIMENSIÓN DIVINA EN VASOS DE BARRO

INTRODUCCIÓN

 

Tenemos la tendencia de que, si no entendemos algo, no lo aceptamos y en realidad no hemos nacido así ya que cuando éramos niños y nuestros padres que nos estaban formando nos decían que un color era blanco, para nosotros era como ellos decían. La mayor parte de lo que hemos aprendido fue por creer a lo que nos decían nuestros padres y no por razonar. Cuando le decimos a un niño que algo está mal, se podrá enojar y rebelar, pero si le enseñas y le explicas por qué está mal, ese niño lo va a aceptar sin cuestionar.

La fe forma parte de nuestra existencia y va más allá de la razón. La fe recibe y acepta lo que nuestro intelecto cuestiona o no entiende. Porque las cosas de Dios se conocen, se aceptan, y funcionan por la fe. El conocimiento de Dios se recibe por la fe y no por la razón. No digo que la fe no es razonable; me refiero a que la fe va mucho más allá de la razón.

En medio de nosotros se tejen cosas muy sigilosas, y el hombre que trata de ser dios quiere asemejarse a lo que Dios es a través de sus propios medios. Tal vez has escuchado del post humanismo. Esta teoría sugiere cambios en el concepto de la identidad humana introducidos por paradigmas tecno-científicos. Se trata de que el hombre deje de ser hombre o el fin de lo humano como se ha conocido hasta hoy, para proponer un ser que dirija su propia evolución genética, permitiendo despojar a la «identidad humana», individualizada, en ese sujeto racional y autónomo. El razonamiento ya no será exclusivo del cuerpo humano, sino que podría ser reproducido y copiado fuera del cuerpo por cualquier máquina inteligente.

Según la ONU la vejez no será más un estado de transición de la vida humana hacia la muerte; se ha declarado que la vejez es una enfermedad y se tratará de luchar para que el ser humano viva más años. Y no me refiero a todos los seres humanos sino a ese grupo que cree que son importantes y merecen vivir más años, dentro del cual tú y yo no somos considerados. Con todo esto se pretende extender la vida hasta los 300 años, más o menos, e incorporar en el hombre tecnología que le permitirá a la persona tener información a través de distintos medios como las antenas, por ejemplo, o como la tecnología G5.

Hay un hombre que se implantó una antena en su cabeza que según él le permite oír los colores, así como recibir imágenes, videos o llamadas. Según él se inspiró en los animales; por ejemplo, en las cucarachas que tienen antenas, o tener la visión de los gatos y la sensibilidad auditiva de los perros. Con todo esto que está implementando ya es considerado trans humano. Luego de esto viene la era del post humanismo cuando lo humano queda relegado para dar lugar a otro ser completamente distinto al original, a ese hombre que Dios creó del polvo de la tierra.

Hay un área de física que aplica los principios de la mecánica cuántica. Esta área estudia determinados conceptos que la razón se niega a aceptar o entender; se trata del estudio de partículas pequeñas, a nivel molecular, atómico y aún menor. Los electrones y protones, además de otras partículas que se encuentran dentro de un átomo tienen un comportamiento distinto a la materia que estudia la física. Ni siquiera se pueden prever los efectos que pueden producir al tratar con esas partículas y según los entendidos en el tema, esas partículas se pueden encontrar en dos lugares a la vez. En mecánica cuántica se ha comenzado a vislumbrar cosas que para la física común que conocemos, son delirantes. Se dice que no se puede llegar a predecir qué sucede en el universo que conocemos. Si intentamos voltear un vaso con agua, el agua caerá al suelo; aunque según la mecánica cuántica se podrá llegar al punto en que, aunque volteemos el vaso, el agua, en vez de caer por la gravedad, subirá.

Hay cosas que para nuestra mente es difícil de aceptar. Vivimos en un tiempo en el cual la tecnología quiere transformar al ser humano en un dios eterno con una inteligencia y capacidad increíble. Nosotros los creyentes hemos escuchado o leído en la Biblia que Dios es Omnipotente, lo que significa que Dios todo lo puede. También es Omnipresente, lo que significa que Dios está en todas partes. ¡Pero ciertos conocimientos que Dios nos ha impartido son mucho más importantes que el conocimiento científico que nos pretende llevar a una torre de babel y a una confusión cósmica!

 

LA DIMENSIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS

 

Dios tiene algo para nosotros mucho más grande que el trans humanismo o post humanismo; el Señor nos ha colocado a nosotros en la dimensión de los hijos del Dios Altísimo. Nos ven como locos, pero nosotros creemos en algo más trascendente que la mecánica cuántica. Dios ha llamado mi atención a cosas muy sencillas que pasamos por alto; por ejemplo, cuando Jesús resucitó. Los discípulos estaban reunidos en algún lugar, con miedo, escépticos al escuchar que Jesús había resucitado. Tomás no estuvo con los discípulos el día en que Jesús se les apareció, por lo que dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25). Dice la Biblia que llegó Jesús, estando las puertas cerradas, o sea, atravesó la pared.

Los estudiosos de la mecánica cuántica le denominan a esto, el efecto túnel: fenómeno por los que una partícula viola los principios de la mecánica clásica penetrando una barrera mayor que la energía de la propia partícula. Entonces, Jesús le dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Lucas narra cuando Jesús se les apareció, y dice la Biblia que estaban espantados porque pensaban que veían espíritu. Entonces Jesús les dijo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?” (Lucas 24:39 al 41).

Hay una dimensión que es la resurrección, por la que nosotros podemos atravesar paredes y podemos estar en distintos lugares al mismo tiempo. Es una dimensión corpórea, es decir, no somos espíritu sino seres humanos transformados a la imagen de Cristo por la gloria de Dios Padre. Antes de ser crucificado, Jesús habló con sus discípulos y les dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:1 al 6).

Jesús los desconcertó usando los principios de la física cuántica. Empecemos a creer lo que no entendemos. ¡Jesús es el camino al Padre! Los que creen en Jesús serán como Él, hablarán como Él y harán sus obras. Los discípulos menos entendían cuando les dijo Jesús: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. El Padre y el Hijo son la misma persona; tenemos que empezar a creer lo que nuestra lógica cuestiona. Hay quienes enseñan que el Hijo y el Padre son dos personas distintas y cómo hay un solo Dios entonces el Hijo no puede ser Dios por lo que para ellos es meramente un ser humano. Pero nosotros creemos por la palabra de Dios que el Padre y el Hijo son uno solo y no creemos en revelaciones humanas. A continuación, relata Juan: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:8 al 10).

La física común nos señala que un sólido no puede ocupar el mismo lugar que otro sólido en el espacio; ahora, la física cuántica dice que esto es posible. Jesús declaró cosas que hoy en día los científicos recién están vislumbrando. Ellos están en la disyuntiva de que si la realidad es lo que vemos o hay algo más, y hablan de universos paralelos. O sea que hay un universo en medio nuestro que no vemos ni percibimos, pero es real. No solo hay que pensar en los cielos de los cielos, sino que, así como la Biblia declara, el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende. Los ángeles no están tan lejanos; están cerca de nosotros.

Jesús los quiere hacer entrar en una dimensión que solo se puede aceptar por fe porque la razón no la puede entender. Jesús le dijo a Felipe. “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”. Te pregunto: ¿Crees que es Dios hablándote a través de mí? ¿Estás creyéndole a su palabra? Con esta declaración Jesús les muestra la dimensión de lo que ocurre cuando Dios habla. Jesús le dijo a un paralítico: “Levántate y anda”, y era el Padre que habló. La palabra y la obra era del Padre y Jesús fue el instrumento de Dios para que el paralítico escuchara la voz del Padre y se levantara. Podríamos indagar por qué este hombre estaba paralítico o que afección lo llevó a estar así; pero Dios habló y el paralítico se levantó. ¡Si habla Jesús habla Dios!

Qué bueno sería que cada vez que abras la boca hable Dios. Si lo dejaras, estarías haciendo su obra. El misterio de Dios va mucho más allá de entender si el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre. Jesús dijo: “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”. Mientras estaba en el mundo Él era la luz del mundo, y las obras del Padre hacía. Y esto va mucho más allá. Jesús añadió: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:11 y 12). ¿De qué obras hablaba Jesús? ¡De las obras del Padre! ¡Benditos los que hoy escuchan y creen! Benditos porque van a abrir su boca y va a hablar el Padre; van a abrir su boca y harán la obra de Dios. Jesús se iba al Padre, pero las obras de Dios se seguirán haciendo aquí en la tierra y los que creen en Él las obras que Él hace, ellos también las harán; y aún mayores obras harán porque Jesús ha ido al Padre, y aquí abajo nosotros hacemos la obra del Padre.

Que Dios no te tenga que reclamar el día de mañana la palabra que hoy te da, pero no pusiste por obra. Qué Dios no te tenga que decir que te mandó a su siervo para que te hablara al respecto y tú hiciste oído sordo; no hiciste su obra, sino que ocupaste el tiempo que te dio en cosas vanas. Dijo más Jesús: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:13 y 14).

 

DIOS y NOSOTROS: UNO SOMOS

 

Todo esto que estoy exponiendo forma parte del plan de Dios de identificarse con los seres humanos, seres que Él creó a su imagen y semejanza. El tesoro más grande que Dios tiene en el universo son los hijos que Él ha creado. Yo estoy indignado con los documentales acerca de animales porque hablan de la ternura de los animales y si te comen es porque necesitan alimentarse y mantienen un equilibrio con la naturaleza extraordinario. Una mujer juntaba víboras y las acariciaba; ¡hermosas las víboras! En todos esos programas sugieren que desde que llegó el hombre se pudrió todo; que el hombre arruinó el planeta. Odian al hombre y siembran odio para con él. Siembran odio sobre aquellos que han sido amados de tal manera por Dios, que mandó a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna; el Dios que mandó que amemos a nuestro prójimo. Hablan de las bondades de los animales y dicen que el hombre es culpable de todo lo malo que acontece en el mundo. Tienen razón, pero no lo dicen con entendimiento. Es el pecado del hombre que contaminó toda la tierra. Pero vino Jesús de cielo y dijo: “Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí, y crean que cuando hablo, no hablo yo sino mi Padre que está en mí. El que cree en mi hará las obras que yo hago”. Jesús oró al Padre por sus discípulos y dijo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20).

Y resulta que ellos emitieron la palabra y hubo una generación que creyó, y esa generación emitió la palabra y hubo otra que creyó; hasta el día de hoy y por más de dos mil años ha habido generaciones que han creído en la palabra de Dios hablada por los seres humanos que han creído en Jesús. Y los que han creído en Jesús han entrado en una dimensión a la cual la razón no quiere entrar; esa es la dimensión de Dios, la dimensión en la que todo es posible, en la que no hay nada difícil para aquel que cree. ¡Al que cree todo le es posible! Jesús habla de una fe que te hace entrar en la dimensión del poder de Dios. Cuando tú crees haces lo que Dios hace. Las obras de Dios se hacen cuando un creyente ha podido entrar en la dimensión de la fe y recibe el empuje del Espíritu Santo, el fuego y el poder de Dios para hacer sus obras.

 Está por verse lo que va a pasar en el mundo. Todavía esperamos que acontezca lo más grande y majestuoso y es la gloria de Dios sobre sus hijos en un mundo de oscuridad y confusión donde el hombre pretende ser dios. Mas Dios te dice que creas en Él porque Él te va a transformar en algo mucho más grande que aquello que sueñas; el Señor te hará entrar en la dimensión de los hijos de Dios. Y si eres hijo entonces eres heredero, te pertenece su gloria, y reinarás juntamente con Cristo.

Jesús también oró: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.  No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:15 al 18).

Tu qué dices que has creído en Cristo Jesús, no eres del mundo sino ciudadano del reino de los cielos; tú debes vivir y operar en la dimensión del poder y de la gloria del Padre celestial. Continuó orando Jesús por sus discípulos: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:20 al 22).

Aquí entramos un poco más en los misterios de Dios cuando Jesús dice: “para que todos sean uno como nosotros somos uno”. “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:23 y 24). Hablamos del Padre en Cristo y de Cristo en el Padre, y también hablamos de los creyentes en Cristo y Cristo en los creyentes para que todos seamos uno con Él.

En la iglesia católica está la doctrina de la transustanciación, por lo que dicen que el pan que comemos en la comunión o en la santa cena es el cuerpo de Cristo o se transforma en el cuerpo de Cristo. O sea, comemos el cuerpo de Cristo, el pan del cielo. Los evangélicos decimos que representa el cuerpo de Cristo, pero la traducción de la Biblia dice que es; “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19 y 20).

Esto nos habla de Cristo en nosotros y nosotros en Él. Lo que tú comes cada día se hace parte de ti; deja de ser lo que comiste para ser parte de ti. En esto hay transustanciación. Lo que como, pierde su identidad y llega a ser parte de mi cuerpo, de mi sangre. ¡Esto es un misterio! Son uno solo, el Padre, el Hijo y la iglesia. ¡Una sola identidad! ¡Un solo Dios y Padre de todos! Si en lo natural lo que comemos puede transformarse en el ser de cada uno de nosotros, cuánto más en lo espiritual. Toda verdad es paralela, dijo Morris Cerullo. Si lo que comí puede transustanciarse para ser Jorge Márquez y perderse en mí; yo quiero perderme en Cristo y dejar de ser yo para que el Señor sea en mí; para que cuando yo hable sea el Padre quien habla, para que cuando yo haga, sea el Padre que haga y ya no sea yo, sino que sea la obra de Dios hecha a través de mí.

 

CONCLUSIÓN

 

Isaías anunció que venía un tiempo de tremenda oscuridad sobre las naciones, pero mientras más densa sea la oscuridad, más brillará la luz de Cristo a través de sus hijos. ¿En qué gastas tu tiempo? ¿En qué gastas tu vida? Procura que cuando abras tu boca sea Dios quien hable y no tú. No nos interesan tus opiniones; nos interesa la opinión de Cristo. ¡Qué bueno sería que te calles cuando no tienes nada bueno para decir! ¡Qué bueno sería que dejaras hablar a Dios! Con toda mi fe creo y confieso que el Padre habla a través de mí y si hay algún muerto por ahí, en este momento el Señor lo resucita. Si estabas ciego, el Señor te permite ver; si estabas sordo te permite oír. Para alguien va esta palabra. Alguien dirá: “¡Soy yo!”

Padre, sacude a aquellos que están encerrados en sus pensamientos y en sus propios proyectos y líbralos. Señor, que entendamos la dimensión en que tú estás en nosotros y nosotros en ti. Concédenos la gloria, la victoria, el honor y el poder para obrar en el poder del Espíritu Santo. El Señor Jesús no está en las paredes o en los bancos de la iglesia; el Señor Jesús está en los creyentes. Bautiza con tu Espíritu Santo Señor, llena las vidas con tu fuego, levanta la iglesia con tu poder. Te damos gloria y honra, Señor. Decide soltar el mundo y aférrate a Jesús; suelta tus planes y deseos y sirve a Dios. ¡El Padre quiere hablar a través de ti! ¡El mundo espera ver la manifestación gloriosa de los hijos de Dios!

Deja que Jesús tome el mando de tu vida; declara como Pablo: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe en el Hijo de Dios”. Decide vivir esta palabra que hoy has recibido y dile a Dios: “Padre, vengo a ti en el nombre de Jesús. No quiero ser más yo, quiero más de ti en mi Señor. Decido ir a la cruz. Tómame en tus manos y lléname de ti, Señor. Que cuando la gente me oiga, oiga a Cristo; que cuando vean lo que hago, vean las obras de Dios. Límpiame, perdóname, transfórmame Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.

 

 

 

 

 

 

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