LA TIERRA MANDA AL CIELO - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

LA TIERRA MANDA AL CIELO

INTRODUCCIÓN

Quien no conozca la palabra de Dios y eche raíces en ella, quien no esté fuerte por creer a la palabra de Dios, va a trastabillar y caerá. Es necesario que conozcas la palabra de Dios. Yo te aconsejo que hoy más que nunca leas la Biblia.

La oración también es importante; la oración tiene varias finalidades, y una es buscar el rostro de Dios. Porque, los que buscan el rostro del Señor, dice la Biblia, serán alumbrados. Orar es buscar el rostro del Señor y lo que ocasiona es que tengamos luz en nuestros ojos. Cuando se conjuga la búsqueda del rostro del Señor con el respeto a la palabra de Dios, el creyente camina firme pase lo que pase.

EL DIOS OMNIPOTENTE LIMITADO

Suena raro escuchar que un Dios Omnipotente está limitado. Cuando oramos: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, éste es un fragmento de la oración que Jesús enseñó a sus seguidores y la encontramos en Mateo 6:9 y 10. Esta oración nos muestra que en algún momento Dios se ha auto limitado; sino, ¿por qué tendríamos que orar así? ¿No es Dios Omnipotente? ¡Sí lo es!  ¿No es Dios Todopoderoso? ¡Sí lo es! ¿No puede venir cuando le venga en gana? ¡No! No puede venir cuando se le da la gana porque Él ha determinado que no lo hará así. El Señor ha determinado que nosotros debemos orar que Él venga; y si no oramos que venga, ¿para qué oramos? ¡Dios se ha auto limitado! Y lo ha hecho en función de que ha entrado en relación con el hombre que Él ha creado y le ha dado facultades y autoridad. Entonces, Dios ha determinado que hay cosas que Él podría hacer, pero no las hace porque se ha auto limitado y le ha dado al hombre autoridad. Digamos que Dios depende de nosotros.

Estaba Dios en la eternidad, y un día, en un momento creó Dios los cielos y la tierra. ¿Cuánto tiempo tiene la eternidad? En la eternidad no hay tiempo; no trascurre el tiempo. Pero Dios crea los cielos y la tierra e introduce el espacio y el tiempo. Escribió Juan en el libro de Apocalipsis 1:8: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”. En ese tiempo en que Dios habitaba y aun habita la eternidad, introduce el tiempo y es donde comienza la historia de la humanidad. Si imaginamos una línea, hacia la izquierda hay eternidad, hay un paréntesis que contiene la historia de la humanidad, y hacia la derecha, después de esto hay eternidad. El único momento en que Dios establece límites para consigo mismo es cuando introduce en la tierra al ser humano. Dice la Biblia que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.

¿Quién le decía a Dios qué hacer y qué no cuando no había nada? ¡Nadie! Cuando Dios puso al hombre en la tierra, lo introdujo como una autoridad a imagen y semejanza suya y le dio señorío y soberanía en la tierra. Esto significa que cuando Dios le da autoridad al hombre se auto limita. Antes de que el hombre fuese creado, en la eternidad siempre hubo una sola voluntad y después de que la historia de la humanidad culmine habrá una sola voluntad; pero en ese paréntesis, cuando Dios crea al ser humano hay dos voluntades, la de Dios y la del hombre. Mientras exista el tiempo existe la voluntad del hombre y la voluntad de Dios. ¿Y qué está haciendo Dios? Está preparando un pueblo para Él; un pueblo que esté dispuesto a hacer su voluntad, que le ame y sacrifique lo que sea necesario para ser uno con Dios, para pensar como Él piensa y hacer lo que le agrada. En la eternidad su nombre es santo, aquí en la tierra no lo es tanto, por cuanto el hombre dice: “¿Qué se cree Dios? ¿Por qué me va a obligar a hacer lo que no quiero?” Nosotros expresamos nuestra voluntad.

Una persona que duerme en la puerta de la iglesia me dijo que se había enojado con Dios. “¿Y cómo te fue?”, le pregunté. Siendo que es una persona que vive en la calle no le ha ido muy bien al haberse enojado con Dios. ¿Por qué pasa eso? Porque él tiene su voluntad y Dios tiene la suya. Leemos en Génesis 1:28: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Cuando Dios creó al hombre lo mandó a señorear y a sojuzgar; o sea que todo lo que sucede en la tierra está limitado por la voluntad del hombre por cuanto el Señor le ha dado a él, señorío, y le ha dado sojuzgar la tierra. Por eso es que hay tantos problemas; porque por un lado estamos lo que queremos que se haga la voluntad de Dios y por el otro los que quieren hacer su propia voluntad. ¿Entiendes por qué un Dios Omnipotente es limitado? ¡Tú le pones límites a Dios!

DIOS ESPERA NUESTRO ACCIONAR

Expongo otros textos bíblicos que hablan acerca de esta realidad, por ejemplo, el que se encuentra en Ezequiel 36:37: “Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños”. Dice Dios que va a bendecir al pueblo de Israel; pero el Dios Omnipotente que promete multiplicar los hombres va a esperar a ser solicitado por la casa de Israel para hacerles bien.

Dios está esperando ver quién se une a Él en sus planes y propósitos. Dios quiere y se ha propuesto hacer cosas a tu favor, de tu familia y de tu nación, pero está esperando que nosotros se lo solicitemos. Dios estaba dispuesto a bendecir a su pueblo pero iba a esperar a que se lo pidan.

¿Te pusiste a considerar esto de que Dios está limitado por nuestro accionar? Lo que estos pasajes que te expuse quieren decir, es que Dios ha puesto facultades en el hombre que Él mismo respeta. Hay cosas que tienen que suceder en la tierra, pero que no sucederán hasta que no haya alguien que pida con autoridad que Dios haga lo que quiere hacer. ¿Qué más significa esto? Que hay sucesos que tienen que ocurrir pero tienen que ser demandados. En otras palabras y citando lo que escribió Watchman Nee: “la tierra gobierna al cielo”. Cuando en la tierra hay iniciativas a favor de la voluntad de Dios, entonces el cielo responde. ¿Entiendes ahora por qué es importante la oración? No hará nada Dios sin que primero nos pongamos de acuerdo con Él y seamos uno con Él.

En Isaías 45:11 leemos lo siguiente: “Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos”. ¿Sabes qué es amar a Dios? Amar a Dios no es solamente enamorarse de Él, sino también enamorarse de lo que Él quiere; desear lo que el Señor desea y orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Esto es desear que no se haga mi voluntad sino que se haga su voluntad. Lo normal no es que la gente esté interesada en la voluntad de Dios; lo normal no es que los cristianos se jueguen la vida por hacer la voluntad de Dios sino la suya propia. Es que realmente las oraciones de los cristianos están dirigidas para que se haga su propia voluntad; o sea que Dios se avenga a la voluntad del que ora y no al revés. ¿Dónde están esos que quieren que se haga la voluntad de Dios; esos que están dispuestos a renunciar a sus propios deseos por llevar a cabo los anhelos del corazón de Dios?

CUANDO ORAMOS CONTRARIO A LA PALABRA DE DIOS

Debemos unir la oración a la palabra de Dios; ambas tienen que estar en consonancia. Viene a mi memoria la historia de un hermano de la iglesia se ha enamorado de una hermana de la iglesia. Yo conozco a esa hermana hace ya muchos años y sé que ha sufrido mucho porque su esposo la abandonó a ella y a sus hijos. Ahora, este hombre se enamora de la hermanita y quiere iniciar una relación con ella. Entonces viene a hablar conmigo, a lo que le digo que yo quiero mucho a esa hermana y como la he visto sufrir no quiero que vuelva a pasar por lo mismo. El hermano me dijo que sentía algo fuerte por ella. Yo lo interrumpo y le digo que mi problema con él era que ya se había casado tres veces y ésta vendría a ser la cuarta. Su excusa era que los dos primeros fracasos matrimoniales fue su culpa porque antes de conocer al Señor él era terrible, y la tercera es una mujer que le falló a él por lo que él no es culpable de que haya fracasado su relación. Resulta que esta tercera sí le falló, pero se arrepintió, lloró delante de Dios, le ha pedido perdón a Dios y a él. Este hombre me dijo que efectivamente la veía bien y de verdad quiere que Dios la bendiga. “Sí, queres que Dios la bendiga pero no la queres en tu vida; queres que la bendiga pero que se busque a otro porque ya tenes en vista una cuarta mujer”, le señalé. “¿No te das cuenta que está mal? Lo increpé. Y él me responde: “Lo que pasa es que esperé y esperé y oré, pero ya se me fue el amor que sentía por ella”. Confunde lo que siente como algo que fuera de Dios. Su pensamiento es: “Si Dios quiere que yo la ame entonces que me de amor porque ya no siento nada por ella”. Yo le dije: “¿No sabes que la Biblia dice que el amor nunca deja de ser?” Y lo mandé a leer el libro del profeta Oseas, cuando Dios le ordena amar a una esposa que era adúltera y lo manda a perdonarla más de una vez, para que Oseas sufra en carne propia el dolor que Dios tiene con su pueblo Israel. El Señor le dijo: “Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová” (Oseas 1:2). Para que Oseas predicara con el fuego del dolor que había en el corazón de Dios, le hace vivir lo que Él vive con un pueblo que no quiere hacer su voluntad, un pueblo adúltero que va tras dioses ajenos.

LA ACTIVIDAD EN LA TIERRA PRECEDE LA ACTIVIDAD EN EL CIELO

¿Creerás tú la palabra de Dios? Dios no trata con nosotros por lo que sentimos; Dios trata con nosotros por medio de su palabra y por nuestra fe en esa palabra. ¿Cómo sentir amor por una persona cuando ya la he descartado y la he reemplazado enseguida? Sucede que nosotros limitamos las bendiciones de Dios por lo que sentimos. Y hoy quiero afirmar la importancia de la palabra de Dios y de no salirse de ella. Debemos respetar la palabra de Dios. Imagínate que cuando vuelve el hijo pródigo, el padre le dice: “Te perdono, te bendigo, pero no entres en la casa”. ¡No! Él nunca dejó de ser su hijo. El padre lo recibió, cambió sus vestiduras, le puso un anillo e hizo fiesta porque su hijo que estaba perdido había vuelto. Esto habla del amor del padre y habla del verdadero amor de Dios. Pero si no conocemos bien la Biblia, y si la desechamos a la hora de razonar, estamos perdidos. ¿Cuándo vamos a ver la voluntad de Dios si no estamos aferrados a lo que Él ha establecido y testificado en su palabra?

Hago un llamado urgente a la iglesia porque los tiempos que vienen son malos; vienen tiempos de confusión sobre la humanidad. Y hay quienes van a ser alumbrados y van a tener claridad; esa es la gente que ora, que conoce y cree en la palabra de Dios. Hay eventos que tienen que ver con la voluntad de Dios y que tienen que suceder en la tierra. Pero hay acontecimientos que tienen que suceder primeramente en la tierra; y si no es así, eso que Dios tiene preparado en el cielo, no vendrá. Concluimos entonces que la actividad en la tierra precede la actividad en el cielo.

En tiempos de Moisés, los amalecitas habían atacado a Israel y el pueblo estaba en una encrucijada. Finalmente, los hebreos que habían salido de Egipto y se dirigían a la tierra prometida, no tenían un ejército formal; no tenían carros ni espadas y se defendían con lo que podían. Este fue un ataque de los más serios que tuvo el pueblo de Dios. Entonces, Moisés se subió a un collado y comenzó a levantar las manos al cielo en señal de clamor. Y dice la palabra de Dios en éxodo 17:11 al 13: “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”.

Si Moisés hubiera bajado los brazos perdía la batalla. ¿Qué tenía que suceder antes de que la batalla fuera ganada? Que Moisés mantuviera sus brazos en alto. Primero, Moisés levantaba sus manos, después prevalecía Israel. Caso contrario, primero, Moisés bajaba las manos y después se observaba que el pueblo era vencido. Cuando se hacen oraciones, los eventos de Dios suceden. Por eso decimos que la tierra manda al cielo. Dios está en un gran aprieto, y está limitado, pero Él lo ha querido así. Porque Él ha hecho alianza con el hombre corriendo todos los riesgos. Dios ha hecho alianza con el hombre a pesar del pecado del hombre, a pesar de su hipocresía, de su maldad, a pesar de que persiste en hacer conforme a lo que siente y le parece, y no de acuerdo a la palabra de Dios. Pero el Señor está esperando levantar un ejército que va a creer en su palabra y va a orar.

Dios establece que el hombre tiene autoridad en el planeta Tierra; satanás usurpa el poder porque Adán no le respondió a Dios y lo desobedeció. Y Dios envía a Jesucristo, un hombre que tiene la autoridad de Dios porque cree en la palabra de Dios y porque ora. El evangelio nos muestra a Jesús orando toda la noche y al día siguiente haciendo milagros. Dios introdujo un hombre porque debía ser un hombre quien tenía que introducir la victoria por el pecado, contra la muerte y la condenación en el mundo. El apóstol Juan declaró: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

CONCLUSIÓN

Hago un llamado a la oración, porque los que no oren y los que no tengan claridad respecto a las enseñanzas de la palabra de Dios van a fracasar en el tiempo que viene. No van a tener luz en los días venideros y serán días de mucha confusión. Todos los días escuchamos o leemos noticias confusas acerca del Covid. Hay intenciones geopolíticas detrás de una mal llamada pandemia y de la excusa de una enfermedad. En Uruguay se ha aprobado una ley que señala que aquel que viole una ordenanza de la salud y ponga en peligro a la salud pública, será encarcelado. Se utiliza la medicina cono excusa para prohibir que no comas, que no bebas, que no salgas y después te dicen todo lo contrario. ¡Así tienen a las naciones! ¡Están violando el libre albedrío del hombre! Te dicen que si quieres fumar marihuana puedes hacerlo, si quieres cambiar de sexo hazlo, tienes derecho; si quieres hacer lo que se te venga en gana hazlo, para eso estamos, te dicen, para defender tus derechos. Y argumentan que los que no defienden los derechos son los cristianos conservadores. Pero aprende que vas a tener que ser obediente a una autoridad que irá contra tu conciencia y tus creencias.

Yo te pregunto: ¿Serás obediente a Dios y a su palabra, o serás obediente a las obligaciones de los hombres? Dios va a levantar un pueblo glorioso; y Daniel afirmó: “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3). Los rostros de muchos creyentes serán alumbrados y será vista la gloria de Dios en sus vidas.

Espero que después de haber recibido esta palabra tú seas uno de esos que le diga a Dios: “Eres lo más importante que tengo. Yo sé que es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. Yo voy a orar para que venga tu reino y sea hecha tu voluntad. No voy a hacer oraciones para que tú te avengas a mis deseos y sentimientos ni para que hagas mi voluntad Señor. Yo voy a hacer oraciones para que tu voluntad sea hecha en la tierra. Yo voy a declarar que voy a ir a la cruz juntamente con Cristo y voy a jugármela para que tu voluntad sea hecha en la tierra, en el nombre de Jesús, amén”.

Tan limitado es Dios que nosotros oramos que se haga en la tierra su voluntad porque aquí no se hace la voluntad de Dios como se hace en el cielo. En la eternidad no hay dos voluntades; en la eternidad vamos a ser uno con Cristo. Estaremos tan unidos a Dios que vamos a conocer sus pensamientos y su corazón, y vamos a actuar en consecuencia. ¡Seremos uno con Dios! Él estará con nosotros y viviremos con Él y no haremos lo que Dios desea por obligación sino porque le amamos. La cosecha más grande de Dios es poder conseguir gente que le ame y esté dispuesta a renunciar a sus propios planes y a su propio reino para abrazar su reino y su voluntad. ¿Serás tú uno de ellos?

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