PALABRA y ESPÍRITU - Misión Vida para las Naciones

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo

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MENSAJES DEL CIELO

PALABRA y ESPÍRITU

INTRODUCCION

Hay dos cosas que un creyente jamás debe olvidar; dos cosas que siempre debe tener presente y no le puede faltar: Una es que hay muchas voces dando vueltas en el mundo, como la de los consejeros, ideólogos, filósofos, maestros, profesores, políticos, etc. Pero la palabra de Dios es única en el planeta y es la opinión más importante. Podrá haber opiniones relevantes, pero hay una que no puedes obviar. Hay una palabra que no puedes ignorar y tienes que decidir, si eres cristiano, si te vas a guiar por tus percepciones, instintos, sentimientos, por tus emociones o ciertos dichos muy lógicos y racionales, o te vas a guiar por la palabra de Dios. Muchas veces la lógica te puja en una dirección y la palabra de Dios en otra. Y tú tienes que tomar una decisión. Hoy Dios te confronta y te pregunta si vas a tomar en serio su palabra o no.

Muchas cosas se discuten acerca de la Biblia, y se dice sobre nosotros que somos retrógrados, que nuestras enseñanzas son obsoletas y el mundo ha avanzado; pero nosotros seguimos siendo esos retrógrados que mantenemos firme nuestra fe en la palabra de Dios y en lo que Él ha dicho. Para el mundo las cosas pasan y para Dios hay cosas que no pasan; por ejemplo: su palabra. Jesús declaró: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Lo que Jesús ha dicho, no pasa de moda y no cambia. Si la verdad cambiara, nosotros no tendríamos parámetros morales y no sabríamos diferenciar entre lo bueno y lo malo. Pero por cuanto la verdad existe y es inamovible, entonces nosotros sabemos cuál es la dirección de nuestra existencia. Porque el bien está en la verdad, y la verdad es la palabra de Dios.

Espero que no te resulte cansador que yo te repita esto, porque ya he hablado acerca de este tema; pero quiero que te quede claro y entiendas la importancia de la palabra de Dios. Dos cosas no pueden faltar, dos cosas que no puedo olvidar; la numero uno es que la palabra de Dios es imprescindible. Está la opinión del pastor, de la abuela, del amigo o de quien sea; pero la opinión de Dios es lo que realmente te debe importar. Lo que la Biblia dice. Lo que Dios dice. Comparando la palabra de Dios con un cable, éste sirve para transportar señales eléctricas. ¿Puede un cable por sí solo hacer algo si no hay energía eléctrica? Si la llave está apagada, ¿de qué sirve el cable? ¡De nada! Quiero decirte con ésto que la palabra de Dios es el cable; la palabra de Dios transporta el power y tiene la energía. No puedes ser un cristiano y serás desechado si la palabra de Dios no habita en tu corazón. La palabra de Dios que está en la Biblia no es la palabra de Dios si no está activada por el Espíritu Santo.

Lo cierto es que la palabra de Dios conduce el poder del Espíritu Santo; y el Espíritu Santo opera a través de la palabra de Dios. No opera a través de un razonamiento lógico, de algún sentimiento, filosofía o religión. El Espíritu Santo opera a través de la palabra de Dios. Génesis 1 dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. No pasaba nada; el mundo estaba en caos y oscuridad y el Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas, pero no pasaba nada hasta que Dios habló. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 1:3). Actuó la palabra de Dios junto con el Espíritu que se movía en medio de la oscuridad, y cada vez que Dios habló, su palabra actuó de manera viva y eficaz, porque la palabra de Dios es viva y eficaz. Jesús declaró: “…las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). O sea que ahí se necesita Espíritu, el cual es la energía y el poder; y la palabra es el cable.

CREE LA PALABRA DE DIOS y VERÁS SU PODER

Hay personas que no entienden lo que es darle prioridad a la palabra de Dios. Por ejemplo, Dios te manda a predicar el evangelio a toda criatura, y tú decides que a tu familia no le vas a predicar porque no quieres que se enojen ni que te echen; dices que tus familiares se van a burlar de ti. Entonces, en tu vida no domina la palabra de Dios sino la vergüenza y el miedo. La palabra de Dios dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando habla de estas cosas se está refiriendo a la comida, a la bebida, al abrigo, al techo. ¿Qué es lo que busca la gente primeramente? La comida, el vestido, el techo, etc. Tú tienes que decidir si la palabra de Dios va a ser prioridad en tu vida o no. Cuando yo tomé la decisión de venirme a Uruguay a predicar el evangelio, tuve que dejar de pensar qué iba a comer, qué iba a beber, cuál sería mi techo; y tuve que creer que Dios me iba a respaldar. Le pregunté al pastor que me había enviado a Uruguay cuál sería mi sustento, esperando que me dijera que me iban a pagar un sueldo o me iban a dar un ayuda mensual; y él me dijo: “Si predicas el evangelio vas a levantar ofrendas y vas a comer de las ofrendas, y si no hay ofrendas no vas a comer”. Lo miré asombrado y pensé: “¡Qué vivo!” Volví a preguntarle qué hacía si no me iba bien, a lo que me respondió que si no me iba bien que me volviera. ¡Y me mandó así! Yo tuve que creer que era más importante buscar el reino de Dios y su justicia y Él se iba a encargar de añadirme lo que necesitara.

Cuando compramos el edificio donde tenemos la iglesia hoy, yo había pedido un préstamo de unos cincuenta mil dólares para contratar programas de televisión. Con ese dinero se pagaron espacios de televisión donde predicaba el evangelio. Yo le dije al hombre que me quería vender el edificio que no tenía dinero, sólo tenía mi auto y un hermano de la iglesia dio el suyo; esos autos dimos como entrega inicial más cuotas, y de este modo adquirimos el edificio. De alguna manera, el dueño del edificio se enteró que yo tenía un crédito acordado por cincuenta mil dólares y me exigió que le entregara algo más. Entonces le dije que evidentemente yo tenía un crédito para predicar el evangelio por televisión y ese era mi compromiso con Dios para tener membresía, así los miembros iban a ofrendar, y si tenía ofrendas podía pagar el edificio, pero si no predicaba por televisión no le iba a poder pagar. Tú te plantas con un respeto total y absoluto a la palabra de Dios, o titubeas dejándote llevar por el miedo al qué dirán.

Mi hermano Hugo Márquez abandonó en tercer año de ingeniería para dedicarse al pastorado. Mis padres le insistieron que siguiera y terminara la carrera y después que hiciera lo que quisiera. Y él les respondió: “Ustedes me han enseñado que lo mejor que le puedo dar al mundo es el evangelio y ahora prefieren que me reciba antes de predicar el evangelio”. Mi hermano desobedeció a mis padres y se fue al seminario para ser pastor. Hoy es presidente de la Asociación Nacional de Iglesias Bautistas de Argentina. A veces es la misma familia que te frena. “No vayas”, “No hagas”, “¿De qué vas a vivir?” Busca primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura.

No sólo tendrás que elegir caminar sobre la palabra de Dios, sino que serás probado por causa de la palabra que has creído. Con Marta creímos. Y pasamos hambre, y decretamos ayuno porque no había para comer, pero no nos salimos de la palabra y Dios nos bendijo grandemente.

Recientemente, un encargado de nuestra iglesia en Paysandú, ciudad del interior del país, me mandó un mensaje y me dijo que no le daban las cuentas. Días antes, en un evento que hicimos para la familia en Monte Beraca, al cual vinieron varios anexos de nuestra iglesia del interior, él había llevado un dinero, y a la hora en que yo estaba ministrando la ofrenda, iba a sacar un mendrugo de su bolsillo, entonces, al oír lo que yo estaba diciendo, decidió ofrendar todo lo que tenía y al finalizar la reunión se regresó a Paysandú. Aun con las cuentas que no le cerraban. Y resulta que al día siguiente vendió el doble de lo que vendía habitualmente y así por toda la semana. Él estaba contento por las ventas y al final de la semana se acordó y dijo: “¡Ya sé por qué estamos vendiendo más! Es que le hice caso a la palabra de Dios”. Ya no tenía temor de que si ofrendaba o diezmaba le iban a faltar recursos. ¡Y le fue muy bien!

Tú tienes que decidir si la palabra de Dios es importante para ti o no. Porque un cristiano que no considera importante la palabra de Dios tiene averiado el cable y no hay manera de que fluya el poder de Dios. Nuestros hermanos Gabril y su esposa se van a Haití a encargarse de la obra allí. Y los dos cayeron en la cuenta de que es probable que no estén cuando sus padres fallezcan, y es que ya son muy mayores y están enfermos. Pero han oído la voz de Dios y están decididos a irse para Haití. De allí no se puede ir y volver cada semana. Así que ellos se van a ir y nosotros enterraremos a sus padres cuando llegue el tiempo. Tú tienes que decidir si para ti es importante lo que Dios te dice o no; si vale la pena dar la vida por lo que Dios dice.

DIOS RESPALDA A QUIENES CREEN SU PALABRA

Leemos en Hechos 19: “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”. Esos ciertos discípulos eran una especie de cristianos culturales. Se habían enganchado con algunas enseñanzas, pero no tenían dentro, el poder del Espíritu Santo; es más, ni siquiera sabían que había Espíritu Santo. Pablo se entera que ellos fueron bautizados con el bautismo de Juan el bautista. “Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”. Luego Jesús ordenó otro bautismo. Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). Entonces, Pablo, les habló del evangelio de Cristo y les explicó que Juan bautizaba con el bautismo del arrepentimiento, pero tenían que creer en el que venía después de él. Dice a continuación Hechos 19:5: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”. Oyeron la enseñanza acerca del bautismo de Jesús, creyeron, fueron bautizados y continúa diciendo Hechos 19:6: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”. Se necesitaba la palabra y se necesitaba el Espíritu Santo.

Estas son las dos cosas que tienen que quedarte grabadas en tu corazón. Que nunca falte la palabra de Dios y que nunca falte el Espíritu Santo. Hay iglesias que hablan de la Biblia pero están muertas. ¡No hay vida! No acontecen sanidades ni milagros; no hay liberaciones demoniacas. No hay transformación de vidas porque solamente hay palabra, pero no hay Espíritu. Hay gente que no ha tomado en cuenta al Espíritu Santo. Necesitamos la palabra y necesitamos el Espíritu Santo. Y hay iglesias que se van de mambo porque viven experiencias espirituales, andan flotando en las nubes y hablan del cosquilleo que sienten por el cuerpo; pero no tienen sustento en la palabra de Dios. Se mueve fuego extraño. Ninguna de las dos cosas por separado son buenas; el Espíritu Santo no puede operar en el creyente si no tiene el cable que es la palabra de Dios, y el cable nada puede hacer sin la presencia del Espíritu Santo.

La Biblia señala que Pablo puso las manos sobre ellos y fueron llenos del Espíritu Santo, entonces hablaban en lenguas y profetizaban. ¡Comenzaron a predicar! Cuando entra el fuego de Dios, ese fuego no se puede parar. Cada vez que el profeta Jeremías hablaba de parte de Dios había problemas y se cansó por lo que decidió que no iba a predicar más y dijo: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jeremías 20:9).

¿Crees que Dios necesita gente piola, o que se lleve bien con los demás? ¡No! Dios necesita gente llena de su fuego y de su poder y que hagan su obra. Los que dicen que siempre hacen todo el bien que pueden, son personas aburridas y sin poder. Ellos actúan por conciencia, pero no impulsados por el fuego y el poder del Espíritu Santo. Tú no puedes pasar desapercibido por el mundo. Yo decidí que no voy a pasar desapercibido. ¡Si Dios está conmigo el mundo verá su poder manifestarse a través de mi vida! La Biblia continúa diciendo en Hechos 19:11 que hacía Dios milagros extraordinarios por la mano de Pablo. Y él no sólo tenía palabras, sino que también tenía poder. “Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían”. Había palabra y había fuego; había palabra y había poder del Espíritu Santo. Hay varios tipos de creyentes: los que tienen palabra, pero no tienen Espíritu; que asisten por años a la iglesia y no pasa nada. Están esos que no les importa mucho la palabra de Dios y son como cañitas voladoras, tienen un fuego que pareciera que se comen el mundo, pero de repente se apagan y caen. En el peor de los casos cuando caen arman un incendio. Y están los creyentes llenos de la palabra de Dios y del poder del Espíritu Santo. No puedes vivir gastando más horas en televisión o en las redes y nunca lees la Biblia. Que quede claro que la Biblia en sí no tiene poder; la palabra que tiene poder es la que está adentro tuyo, esa que has comido y digerido.

Hay personas que se sienten protegidas si ponen la Biblia abierta en la entrada de su casa. Creen que los demonios que se acercan miran la Biblia, se asuntan y salen despavoridos. ¡No! Los demonios se matan de la risa de eso; ellos saben más de Biblia que tú. Cuando satanás tentó a Jesús en el desierto usó la palabra de Dios y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra” (Mateo 4:6). Pero la palabra en boca de satanás no es palabra de Dios porque él no está ungido con el poder del Espíritu Santo. Puede hablar de la Biblia, pero no puede demostrar el poder de Dios porque Dios va a demostrar su poder a través de creyentes llenos del Espíritu Santo. Dios no unge demonios y no derrama su poder sobre poderes de maldad. Tampoco llena creyentes que no toman en serio su palabra y que no toman en serio la unción y el poder de su Espíritu Santo. ¡Este mundo necesita ver la gloria de Dios, necesita ver milagros! El mundo necesita ver qué es lo que hace Dios a través de ti. El mundo será sacudido solamente por personas llenas de la palabra de Dios y de su poder. No son argumentos ni historias, no son filosofías; no es dialéctica ni nada que el hombre se imagine. Es lisa y llanamente palabra de Dios ungida por el poder del Espíritu Santo.

Hechos 19:13 dice: “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo”. Porque Pablo echaba demonios en el nombre de Jesús, ahora cualquiera quería hacerlo. Tú no echas demonios porque usas el nombre de Jesús, porque no cualquiera puede usar ese nombre sino sólo aquellos que están en comunión real con Jesús y que son autorizados y enviados. Son esos que fueron ungidos con el poder del Espíritu Santo, quienes pueden hablar con autoridad.

Acerca de esos exorcistas ambulantes que pretendían echar un demonio de una persona en el nombre de Jesús, el que predicaba Pablo, dice la Biblia que: “Respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos” (Hechos 19: 15 y 16). ¡No cualquiera puede hacer la obra de Dios! Acá tienes el caso de alguien que utiliza el nombre de Jesús y su palabra, pero no tiene el poder del Espíritu Santo.

CONCLUSIÓN

Y yo me pregunto qué está pasando en tu vida. En Hechos 19:20 dice la palabra de Dios: “Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”. Es la palabra el conductor del poder del Espíritu Santo. Hoy tienes que decidir si será la palabra de Dios importante como debe ser en tu vida y la pondrás como autoridad suprema de tu existencia. No seas como esos que ponen como excusa que tienen mucho que hacer cuando Dios les da una comisión o que están cansados porque tienen tres empleos y no les queda fuerza para congregarse el fin de semana. Tampoco tienen fuerzas para leer la Biblia ni para orar. ¡Toma hoy en serio la palabra de Dios! Tal vez quieres orar, pero no tienes fuerzas, quieres leer la Biblia, pero te aburre. Tal vez quieres servir a Dios y te sientes impotente. Jesús dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Y tú dices que no tienes palabra. ¿Lo estás tratando de tonto a Dios? Qué importa si hablas bonito o no tienes facilidad de palabras, lo que importa es si obedeces la palabra de Dios o no, y si estás ungido por el Espíritu Santo o no. Porque por más burro que seas, una palabra que salga de tu boca con unción destruye fortalezas del infierno. Una abuelita que se está muriendo también puede espantar a los demonios por su fe porque cree en la palabra de Dios. De hecho, hay muchos cristianos a punto de morir en un hospital y alientan a los demás pacientes a tener fe y a creer en la palabra de Dios. Ellos a pesar de todo tienen el fuego de Dios adentro.

¿Cómo quieres terminar tus días? ¿Lamentándote que podrías haber hecho la obra de Dios? Me he encontrado con muchas personas que me han dicho que predicaron el evangelio y la gente se convertía, los enfermos se sanaban y los matrimonios eran restaurados, etc. Pero ya no lo hacen más y siguieron sus vidas con sus trabajos. ¿Qué esperas de tu vida? Dios tiene cosas mucho más grandes de lo que piensas. Decide si vas a creer en la palabra de Dios o no y si te vas a dejar guiar por ella. Muchos se quedaron sin energía y decidieron que ya han pagado el precio, ahora quieren dedicarse a sus vidas, a su casa, su familia, a las añadiduras. ¿Cuándo le diste tu vida a Dios firmaste un contrato por determinado tiempo o hiciste un pacto por toda la vida? ¿Le vas a ser fiel a Dios hasta la muerte o por un tiempito? Te has enfriado, ves que en tu vida no hay poder, y Dios quiere ungirte con el poder de su Espíritu Santo.

Dice el libro de Hechos: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”. Años después desde la cárcel el apóstol Pablo les escribe a los de Éfeso donde estuvo por dos años y ese tiempo que estuvo ahí fue suficiente para que todos escucharan la palabra de Dios. Dice la Biblia que Pablo no paró hasta predicarle a todo el mundo. Él no se comprometió por un tiempito, sino que siguió hasta el fin. ¡Qué triste si yo en unos años más decidiera que ya está, ya cumplí, fui fiel a Dios por muchos años, pero ahora voy a disfrutar mi vida! Tu trato con Dios tiene que ser serle fiel hasta la muerte.

Luego de predicarles, Pablo oró por la gente y ellos recibieron el bautismo del Espíritu Santo, entonces comenzaron a producirse en ellos cambios extraordinarios. El evangelio que predicó Pablo es poderoso porque aun hoy está haciendo efecto por medio de este mensaje que te comparto. Esta palabra poderosa lleva más de dos mil años produciendo cambios asombrosos. Oro que tu lengua se transforme en fuego de Dios y que tu boca pronuncie palabra de Dios. Ya no gastes tiempo y saliva hablando cosas sin sentido que no sirven. ¡Consagra hoy tu lengua! Te lo pide Dios en esta hora. Toma en serio la palabra de Dios, abrázala y decide hacer las obras poderosas de Dios con su palabra. El Señor te ayudará y te guiará. Has estado esperando algo que no llega y es porque Dios quiere darte otra cosa, has tomado decisiones en tu vida, pero esas decisiones no fueron guiadas por el Espíritu Santo. No se va a mover el poder de Dios en las decisiones que tú tomas sino en lo que Él te guie a hacer. Dios te va a respaldar en todo aquello que tú entiendas que le estás obedeciendo.

Estaba a punto de orar por una mujer en el encuentro en Monte Beraca para que sea llena del Espíritu Santo y ella estaba llorando desconsolada, entonces le pregunté qué le pasaba y me dijo que su hijo estaba en la droga. La reprendí y le dije: “Dios te trajo para llenarte con su Espíritu Santo, Él quiere que seas de bendición, quiere llenarte con su gloria y su luz, te quiere guiar a que tomes decisiones correctas para ayudar a tu hijo a salir de las drogas. ¡Dios quiere llenarte y tu estás pensando en otra cosa!” Dios te quiere llenar con su Espíritu Santo. Tal vez después de que seas lleno de su Espíritu deseches lo que has estado anhelando y desees lo que Dios desea.

“Te ofrecemos nuestras vidas Dios, te abrimos el corazón. Bautízanos con tu Espíritu Santo y renuévanos en esta hora. Sopla sobre nosotros, Espíritu de Dios. Llena a tu pueblo, te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén”.  

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