BIENVENIDO ESPÍRITU SANTO - Misión Vida para las Naciones

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo

WhatsApp:(+598) 095333330

MENSAJES DEL CIELO

BIENVENIDO ESPÍRITU SANTO

INTRODUCCIÓN

Dios se ha manifestado en el Antiguo Testamento tratando personalmente con sus profetas, entre otros grandes hombres de la antigüedad. Posteriormente, Dios se ha manifestado en carne en un breve período de la historia de la humanidad; durante treinta y tres años, Dios se hizo hombre. Jesucristo hizo las obras de Dios y manifestó el mundo el amor y el poder de Dios. Mas cuando Cristo iba a morir les dijo a sus discípulos que les dejaría otro Consolador que estaría con ellos para siempre. Se le llama también, el “paracleto”, el que está junto a nosotros y con nosotros.
La obra del Espíritu Santo muchas veces es ignorada, pero Él es el encargado de obrar y actuar en este tiempo, denominado según la Biblia como los tiempos del fin. Desde que Jesús ascendió al cielo hasta ahora estamos viviendo los tiempos del fin y nosotros queremos conocer la obra que el Espíritu Santo hace, porque lo que Dios hace en este tiempo lo hace a través de su Espíritu.

LA PAGA DEL PECADO ES MUERTE

La condición del hombre que ha pecado es una condición de muerte; porque, por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios, así dice la Biblia en Romanos 3:23. Está la gloria de Dios, la vida eterna, el premio de Dios para los que creen; y está la condenación eterna. El que no ha conocido a Dios está en un estado de muerte y no percibe las cosas de Dios. Y el apóstol Pablo dice que para el hombre natural las cosas de Dios son locura. Porque las cosas de Dios no se han de discernir naturalmente, sino que se disciernen espiritualmente. El hombre que no ha conocido a Dios tiene su espíritu muerto, por lo tanto, todo lo que sabe u opina de Dios y todo lo que intenta con Dios es inútil porque está en una condición de muerte. ¿Qué es una condición de muerte? La persona no percibe, no ve, no discierne; está muerta. Así llegaste a Cristo, si es que eres de Cristo. Y el que no llegó a Cristo, aún se encuentra en esa condición; su razón y sus sentimientos no son suficientes para conocer y entender a Dios, ni para discernir las cosas de Dios. Por lo tanto, como Dios ama al hombre, ama a esos muertos que caminan; y como el Señor nos ama profundamente, ha planeado la manera de llegar a nosotros, de darnos vida, salvación y vida eterna. Porque la sentencia es ésta: “El alma que pecare, esa morirá…” (Ezequiel 18:20). La sentencia está sobre nosotros, y nosotros no somos los jueces. No te pongas a jugar a ser Dios porque eres reo, eres el pecador. Tú estás en el banquillo de los acusados. No te juzgues a ti mismo como bueno o malo, ni juzgues a los que están a tu alrededor, eso es tarea de Dios. Hay un juez soberano y justo, y ese es Dios. Hay un fiscal acusador y es satanás que nos acusa delante de Dios día y noche, pero también dice la Biblia que tenemos un abogado justo que aboga por nosotros. ¡Jesucristo! Él dio su vida y se presentó delante del Padre diciendo: “Yo pago la cuenta de esta mujer. Yo pago la cuenta de este hombre”.
¿Qué esperanza tiene un muerto? ¡Ninguna! ¿Y qué puede hacer un muerto? ¡Nada! Un muerto no puede tomar ninguna iniciativa y no busca a Dios. El alma condenada no puede entender las cosas de Dios por lo que tiene que ocurrir algo para que esto sea posible, y es que Dios haga algo con el muerto. Si trataras de pinchar a un muerto, este no reaccionará; si lo insultas no te responderá. ¡Un muerto no tiene ninguna reacción! Así que Dios tiene que despertar al muerto.

EL ESPÍRITU SANTO NOS DA VIDA

Leemos en San Juan 16: 7 y 8: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Llegas a la iglesia creyéndote una persona buena, crees que eres mejor que los demás y que Dios está de acuerdo contigo porque no le haces mal a nadie. Es más, te portas bien y quieres que a todos les vaya bien, pero lo que no sabes es que estás muerto, estás muerta. Tú no sabes que no entiendes nada. Entonces entras a la iglesia y comienzas a escuchar palabra de Dios. Y resulta que la palabra de Dios entra en esa persona que está muerta. El muerto no ve, no escucha, no se enoja, pero el Espíritu Santo toca esa vida, y así como dice la palabra de Dios: “Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. ¡El Espíritu Santo convence a un muerto! Resulta que, en algún momento, algo pasa adentro de la persona, y a mí me sucedió cuando tenía ocho años de edad. Me había dormido en una actividad de fogón en un campamento de niños. El predicador hablaba, pero yo no escuché nada porque me había dormido; y en un momento me despierto y escucho al predicador decir: “Pasen los que quieran entregar su vida a Jesús y quieran ser perdonados de sus pecados…” Yo me desperté y comencé a sentir un sacudón dentro de mí y pensé: “¡Soy un pecador, si Jesús no me perdona me voy al infierno!”. Me incorporé, pasé adelante y empecé a llorar y a orar: “¡Señor si no me perdonas me voy al infierno!”. Nunca supe que fue lo que predicó el líder del campamento, pero doy testimonio que fue el Espíritu Santo quien me despertó. ¡Es maravillosa la obra del Espíritu Santo! Tú estás escuchando al predicador y dices: “¿Quién le habrá contado mi vida al pastor?” ¡Nadie! Hay alguien que conoce tu vida y es el Espíritu Santo. Tú dices que el pastor te está hablando a ti y no te quita los ojos de encima. Es que el predicador te está hablando en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo te redarguye. La palabra redargüir significa argumentar en contra de tus argumentos. Tú estás lleno de pensamientos, de argumentos y sentimientos y no hay quien te haga cambiar de parecer. Tú eres de los que dice: “Nadie me va a decir lo que tengo que hacer”. “Nadie me va a pasar por encima”. Pero llega el Espíritu Santo, te despierta y te dice: “Te vas al infierno. El pecado te domina. Dame tu vida”.
En los encuentros que se realizan en Monte Beraca vemos despertarse a muchas personas y declarar: “Jesús me limpió y perdonó todos mis pecados”. También vimos a esas personas ser llenas del Espíritu Santo. La primera tarea que realiza el Espíritu Santo es convencer a un muerto, es darle convicción de pecado. Hay una convicción que es natural, racional y sentimental; por ejemplo, tú dices: “Claro que soy pecador. Todos somos pecadores”. Pero cuando el Espíritu Santo te toca, tienes una convicción profunda de haber atentado contra Dios y de haberlo deshonrado. Cuando te convence el Espíritu Santo, ya no hablas tan livianamente acerca de tus pecados porque te sientes conmovido, y es que tu pecado se ha levantado contra Dios y te das cuenta que necesitas su perdón. ¡Esa es obra del Espíritu Santo! Y Él va a obrar en tu vida hoy porque la palabra de Dios no vino en vano.
El Espíritu Santo convence. ¡Gloria a Dios! Yo andaba muerto en mis delitos y pecados, pero vino el Espíritu Santo y me dio entendimiento. Algo hizo dentro de mí. Yo aún no lo sé ni entiendo nada, pero sé que me estoy arrepintiendo de mis pecados. Sé que tengo que cambiar de vida; no sé cómo, pero tengo que hacerlo. No debo seguir por donde estoy yendo, debo volverme a Dios. Yo necesito a Dios y vengo a Èl quebrantado y humillado. Me presento delante del Señor y le digo: “Dios, sin ti estoy perdido”. Primero viene la convicción y después viene el arrepentimiento. ¿Qué has hecho tú para recibir el perdón de tus pecados? ¡No hiciste nada! ¡Fue iniciativa de Dios! Y la iniciativa tiene raíz en el amor de Dios, porque si fuera por nosotros, ni la cara nos ayuda. ¡Dios ama aun a los más feos! ¡Alégrense los feos!
El Espíritu Santo está hablándome, y yo que estoy muerto comienzo a conmoverme; y el Espíritu Santo que convence de pecado, de justicia y de juicio promueve arrepentimiento en mí, que es el primer paso para el perdón de pecados. Entonces tú dices: “Me arrepiento Padre de mis pecados. Sálvame, perdóname”. Entonces se produce el segundo paso maravilloso en el relacionamiento con Dios. Juan lo dice de la siguiente manera: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12) En ese momento en que me arrepiento, decido creer que Jesús tiene la verdad y el poder para perdonarme todos mis pecados, y junto con el perdón de mis pecados, unido a mi decisión de fe de creerle a Él, sucede que Dios me da la potestad de ser hecho su hijo.

EL ESPÍRITU SANTO NOS DA SU ADN

Debes conocer más en profundidad que significa ser hecho hijo de Dios. Esto no es algo alegórico o poético; no es una forma de explicar o decir las cosas. ¡Esto es una realidad! Cuando Dios te hace su hijo o su hija, te está dando sus propios genes, de lo contrario no te llamaría hijo o hija. Un hombre engendra en una mujer y ésta concibe. La mujer no engendra, es el hombre quien lo hace. El hombre aporta la semillita, como el cuentito que les hacíamos a nuestros hijos; aporta una semillita en la pancita de mamita. Y más adelante, dice el Nuevo Testamento que somos renacidos, no de simiente corruptible sino de simiente incorruptible. (1ª Pedro 1:23) ¿Qué es la simiente corruptible? Es la que tu papá puso en tu mamá. Pero la regeneración o vida eterna es la semilla que el Espíritu Santo pone dentro de ti. ¡Dios engendra su vida dentro del que cree! El hombre no sólo pone la semillita dentro de la mujer; esa semillita que puso trae un hijo identificado en su genética con el padre. La mujer concibe un ser humano cuyo ADN tiene correspondencia con el padre y la madre. Se puede identificar perfectamente la relación entre un padre y un hijo, y entre una madre y un hijo.
Llevándolo a Dios, se puede entender perfectamente que Dios engendra hijos. Nosotros tenemos el ADN del Padre. La Biblia señala que somos una vasija de barro, pero adentro de esa vasija está la gloria de ese ser tapado por esa vasija de barro. Adentro está la gloria gestando un ser. El apóstol Pablo declaró: “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2ª Corintios 2:16). El Espíritu Santo es quien mantiene esa vida y hace de madre porque nos alimenta, nos consuela, nos bendice y nos guía a toda verdad. Y nosotros andamos luchando entre lo que vemos con nuestros ojos físicos y los ojos espirituales. Y a medida que nos afianzamos en Dios mejor vemos las cosas del Señor; mientras más nos acercamos a Dios vemos mejor lo invisible.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12 y 13). La palabra simiente tiene la misma raíz que la palabra semilla y semen. Dios engendra y nosotros concebimos. Algunos tienen lucha entre que somos y que no. ¡Somos hijos de Dios y tenemos la naturaleza de Dios! Jesús es el Unigénito de Dios, o sea, el único generado o engendrado por Dios.
El Espíritu Santo engendró en la virgen María para que Dios naciera de carne y hueso. Jesús es el único engendrado por Dios, pero después vinimos nosotros engendrados por Dios, que todavía no nos hemos dado a conocer totalmente; y dice la Biblia que la naturaleza gime con dolores de parto a una esperando ver la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. También dice que seremos edificados hasta que lleguemos a ser un solo hombre, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y que el Señor no se avergüenza de llamarnos hermanos. ¡Es maravilloso el proyecto de Dios sobre nuestras vidas! ¡No lo desperdicies ni lo rechaces! ¡No cambies oro por espejitos! Nada tiene valor en comparación al oro que significa la gloria; el tesoro que significa aceptar la vida de Cristo en mí. Por eso Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12). Hierve en nuestro interior la naturaleza de Cristo; lo que llamamos: la regeneración. Jesús le dijo a un religioso que sabía mucho de doctrina: “Os es necesario nacer de nuevo. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3). Te hablo de otra naturaleza distinta a la que tocas cada día que te bañas y a la que ves en las demás personas. A veces juzgas mal a la gente porque miras lo exterior, pero tienes que conocer que es lo que tienen esas personas adentro.
La palabra de Dios que es la espada del Espíritu despierta a los muertos. Esa naturaleza, cuando se hace fuerte, produce un rechazo al pecado. La naturaleza corrompida disfruta el pecado, disfruta del tabaco que le come los pulmones, si tal vez has experimentado cuando fumabas. Fumar provoca cáncer y los médicos advierten a los fumadores acerca de ello, pero algunos doctores no pueden dejar de fumar. Y si una persona fumadora escucha el mensaje de Dios, es despertada por el Señor, se entrega a Cristo, llega a su casa y cuando se dispone a disfrutar de un cigarro, de pronto siente asco. Piensa que es la caja de cigarro que vino mal, abre otra, pero siente que el cigarrillo esta feo. Prueba una y otra vez fumar, pero ese deseo de fumar se disipa y comienza a ver con repudio lo que antes disfrutaba. Así como te doy un ejemplo con el cigarro, puede ser también con el adulterio, la mentira, etc. Si tú sigues mintiendo eres hijo del padre de mentira, así dijo Jesús. No puedes ser hijo de Dios y mentiroso. Se trata de una naturaleza que no es semejante a la de Dios. De otro modo se nos llamaría: casi hijos de Dios, o pseudo hijos de Dios; pero se nos ha llamado: hijos del Dios viviente. ¡Herederos del reino de Dios! ¡Coherederos juntamente con Cristo!

EL ESPÍRITU SANTO NOS CONSUELA

En este mundo en que estamos viviendo, una de las cosas que más necesitamos es consuelo, y Jesús le llama al Espíritu Santo: Consolador. Dijo Jesús: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14: 15 y 16). He visto gente en el lecho de muerte, consolada. Recuerdo un amigo que murió por causa del cáncer; nosotros oramos para que Dios lo sanara, pero no se sanó. Y estando en las últimas, él consolaba a su esposa. La esposa le dijo: “¿Y si Dios no contesta nuestras oraciones y no te sana?” “¡Perfecto!” dijo él. Y agregó: “Todo lo que Dios hace es perfecto”. No estaba sufriendo ni le temía a la muerte. Estaba enfrentando su final en paz. Lo que quiere Dios es que ese espíritu consolador esté sobre ti. Es el mismo Espíritu que ha hecho que yo esté consolado, ya que desde que comenzó el año hemos tenido una cantidad de accidentes y muertes increíbles.
Al finalizar el campamento de jóvenes en el mes de enero, una camioneta con ocho personas se dirigía a un recital de Beraca y sufrieron un accidente terrible. Dos personas terminaron degolladas. Las ocho personas murieron. Al finalizar el campamento me fui a la ciudad de Maldonado a reunirme con los familiares de los fallecidos. Había un hombre que no tenía Cristo, no tenía al Espíritu Santo; entonces llegó hasta la puerta del lugar y no quiso entrar, alegando que no tenía consuelo, y que allí adentro no estaba lo que él estaba buscando. Decía que lo que necesitaba era a su hija, pero ella estaba muerta. Y se volvió a su casa sin consuelo. Por otro lado, había una madre que nos dijo: “Yo sé que mi hija está con el Señor, y ese es mi consuelo”. Jesús dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.
Tiempo después asesinaron a nuestro técnico de sonido Oscar Paz a sangre fría. Estaba recientemente organizando un viaje a Cuba y le pedí a mi secretaria que me preparara música para escuchar en el avión, entonces ella me dice: “No tenemos a Oscar”. Ella le pedía a Oscar que hiciera esa tarea siempre que yo viajaba. Y fue asesinado brutalmente. ¡Un joven precioso de la iglesia! Si no tuviera al Consolador no podría sonreír. El Consolador me renueva y me da fuerzas. Yo te cuento lo que Dios hace en mi vida a cada paso porque mi esposa y yo, todos los días escuchamos historias increíbles como la de una mujer que nos contó que desde muy chiquita su papá abusaba de ella. Dormían en un dormitorio ella y otros, muy hacinados, el papá dopaba a su mamá con pastillas y cuando comprobaba que estaba bien dormida tenía relaciones con la hermana de su esposa. No sólo eso, sino que entre primos mantenían relaciones sexuales, y su propio hermano le pagaba para tener sexo con ella. La mujer vino a hablar huyendo, queriendo ponerle fin al espanto que era su vida. Después de hablarle del evangelio y del poder del perdón y de la sangre de Jesús, terminó llorando, pero de gratitud. Se sentía aliviada y bendecida. Abriendo los brazos dijo: “Esta paz no la he tenido nunca”. Dijo Jesús: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). ¿Conoces tú al Espíritu Santo? ¿Es evidente la obra del Espíritu Santo en tu vida? ¿Vives impotente con tus ganas de pecar? ¿Vives débil con ganas de descarriarte? Cuantas chicas de la iglesia se obnubilan por un muchacho que no es de Cristo. O sea, una mujer que tiene vida espiritual se enamora de un muerto. Le ve sólo la cara porque espíritu vivificado no tiene. Lo más importante es lo que no se ve; lo más importante es lo eterno. Y el Espíritu Santo quiere hacerte ver lo que no se ve a simple vista.

CONCLUSIÓN

Leemos en Juan 16:13 y 14: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber”. El Espíritu Santo es el guía que te guiará a toda verdad. Una mujer se enamora de un muerto y ve un príncipe azul. A los meses de haberse ido a convivir con él, lo mira bien y lo ve morado. No conoces la verdad porque ignoras a Dios y no lo tomas en cuenta, porque no lo amas más que a tus deseos. ¡Tus deseos te engañan! ¡Tus pensamientos te engañan! Tal vez no entiendes, pero el Espíritu Santo te guía a toda verdad. Él enciende la luz roja como llamado de atención.
¿Vives esta experiencia o te sigues equivocando? Corres y corres, pero nunca llegas. Sigues buscando la paz que no alcanzas. Quieres vivir confiado o confiada pero la confianza huye de ti y domina el temor. Quien cree en Cristo no sólo es revivido sino también regenerado y es guiado. No puede ser que te digas cristiano, como Nicodemo, un “capo” en cuestiones religiosas, tal vez así seas tú, pero no tienes paz. La religión no bendice a nadie; la religión no tiene poder. Quien tiene poder es el Espíritu de Dios y te da el poder para elegir correctamente y alejarte del mal.
Dios quiere llenarte hoy con la presencia de su Espíritu Santo. Quiere enviar sobre ti al Consolador y consolarte porque te ama inmensamente. Tú eres hija; tú eres hijo del Dios viviente. ¿Por qué andas con cara de mendigo si eres príncipe? Vacíate de tus pensamientos, vacíate de tus sentimientos y entrégate en las manos del Espíritu de Dios quien es más real que tu existencia y hoy te quiere bendecir. Recibe el perdón de tus pecados, recibe hoy vida nueva, recibe al Consolador quien te guiará a toda verdad.

MENSAJES

MISIÓN

VIDA

PARA LAS NACIONES

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo, Uruguay

WhatsApp: (+598) 095 333 330

email: info@misionvida.org

twitter: misionvidauy

facebook: iglesiamisionvida

Diseño: VerakaWeb