SEGUNDA VENIDA DE CRISTO – Parte I - Misión Vida para las Naciones

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo

WhatsApp:(+598) 095333330

MENSAJES DEL CIELO

SEGUNDA VENIDA DE CRISTO – Parte I

INTRODUCCIÓN

Hoy expondré una doctrina esencial y esa doctrina es la segunda venida de Cristo. ¿Qué es doctrina? Es un cuerpo de enseñanzas de fe, fundamental e inamovible. Hay costumbres y prácticas que tú puedes cambiar o no; pero las doctrinas no se pueden cambiar. Estas son la sustancia de la fe y los fundamentos de la salvación. Las doctrinas no tienen nada que ver con opiniones. Cuando alguien rechaza un dogma de fe está rechazando a Dios y está rechazando la salvación.

Dios bendijo al hombre y a la mujer, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” (Génesis 1:28). Esto es un mandamiento general, y alguno dirá que quiere sólo un hijo, otro querrá tres o todos los que vengan, y esto no afecta la salvación. Mas la doctrina sí afecta la salvación. Como dije, el tema de la segunda venida de Cristo es una doctrina fundamental. Si no esperas la venida de Cristo porque no crees que vuelva, estás rechazando algo muy importante que tiene que ver con tu salvación y esto es negar una verdad divina esencial.

Supongamos que Jesús no resucitó; el apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1ª de Corintios 15:14). Nosotros nos congregamos en la certeza de que Cristo vuelve. Está la doctrina de la muerte expiatoria de Jesús, de su resurrección, está la doctrina de su segunda venida la cual es sumamente importante porque murió y resucitó para ser Señor. Y Él se fue, y nos dejó a nosotros trabajando con la fe, en la creencia de que vendrá a buscarnos. Y la segunda venida tiene connotaciones extraordinarias porque no solamente se trata de la venida de Cristo, sino también qué pasará con nosotros cuando Él vuelva.

El apóstol Pablo nos muestra la importancia de la fe en la segunda venida de Cristo; nuestra esperanza está basada en que Él murió, en que resucitó y está vivo, y en que vuelve. Esto de que Cristo resucitó se trata de un hecho histórico. Quien es agnóstico o ateo lo niega porque quiere evidencias científicas, por lo que no le cabe en su cabeza que sea un hecho real la resurrección. Pero la resurrección es un hecho y la Biblia afirma que cuando Jesús resucitó se presentó a más de quinientas personas. O sea que no fue un hecho escondido. Los romanos y los judíos intentaron desacreditar la resurrección de Cristo alegando que los soldados se durmieron, entonces llegaron los discípulos, abrieron el sepulcro, se llevaron el cuerpo y lo escondieron.

¡Eso es lo más creíble para quien no quiere creer! Pero, después de dos mil años, ¿quién predica acerca de los soldados dormidos o que los discípulos robaron el cuerpo? Después de más de dos mil años, los cristianos seguimos creyendo y predicando que Jesucristo resucitó de entre los muertos. Y comienzo con el tema de la resurrección porque si hablamos de la segunda venida de Cristo, tenemos que estar seguros de qué es lo que creemos. Debemos creer entonces que Jesús está vivo.

1ª de Corintios 15:6 nos habla de que su resurrección es prueba y testimonio de que la muerte ha sido vencida y esto es muy importante. Si la muerte no hubiera sido vencida, ¿para qué me voy a portar bien? Si la muerte termina con la existencia de la persona, ¿qué sentido tiene portarse bien o portarse mal, ser más o menos ético, y ser más o menos moral? ¿Para qué? ¿Cuál es la expectativa si yo no tengo certeza ni tengo promesa de una vida mucho mejor, todo porque he creído que la resurrección no existe? Creer en la resurrección de Cristo me motiva a creerle a Él y a obedecerle; me motiva a creer que Él es la verdad y que es verdad lo que dice. Pero si no resucitó, ¿qué importa lo que haya enseñado o lo que dijo? ¿Y qué es la verdad y para qué sirve si no hay resurrección? Todo se esfuma si no hay una victoria sobre la muerte. Que hay muerte, todos los sabemos, y es lo más seguro en la vida. Así que no dudamos acerca de esto; sabemos que vamos a morir. El problema se presenta ante el cuestionamiento: ¿Ha sido vencida la muerte o no ha sido vencida la muerte? Y la tesitura bíblica es clara: ¡La muerte fue vencida! Cristo vino desde la eternidad a morir en la cruz del calvario para luego resucitar. Y dijo de antemano que Él ponía su vida y la volvía a tomar. Y lo más lindo es que el Señor prometió que lo que pasa con Él también pasa con nosotros. ¡Jesús nos prometió su vida eterna! O sea que la resurrección marca la victoria sobre el peor de los enemigos del ser humano que es la muerte. Y éste está condenado si la muerte llegara a tener la victoria. Pero si Cristo resucitó, tenemos prueba de que la muerte ha sido vencida. Al fin y al cabo, es la resurrección de Cristo que nos da la convicción, y es la vida de Jesús en nosotros la que manifiesta el poder o la victoria sobre la muerte. Porque los que creemos en Cristo Jesús y creemos que está vivo, los que creemos que su vida está en nosotros, participamos de su vida. Participamos del poder de la vida de la resurrección. Si no hubiera resurrección, ¿de dónde sacamos poder?

JESUCRISTO: VINO COMO CORDERO

Nosotros hemos creído que nuestros pecados han sido borrados y hemos recibido una vida que no perece, por nuestra fe en el autor de la vida, por nuestra fe en el autor y consumador de la fe. ¿Qué significa autor y consumador? En Jesús radica la fe, y Él, por fe, viene a la tierra, entrega su vida, es crucificado, y por su fe vive. Consumador significa que Él mismo probó la fe que tiene. Entonces fue a la muerte por nosotros, cargó con nuestros pecados y cuando resucitó al tercer día quedó demostrado que no sólo es el autor de la fe, sino que también probó la fe, y su fe lo resucitó.

Adán y Eva: Quiero hablarte acerca de dos animales con los que se identifica a Jesucristo: uno es el cordero, y dice la Biblia en Génesis 3:21: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. No especifica la Biblia que era de cordero, pero Dios cubrió con pieles a Adán y Eva, por lo que asumimos que eran de cordero, el cual tiene un significado especial. Cubrió a Adán y a Eva después de su pecado, con pieles. Esta es la primera figura de lo que llamamos propiciación sustitutiva que señala la necesidad del juicio sobre el inocente, en este caso el animal, a fin de cubrir al culpable, que sería el otro animal, el que pecó, o sea, Adán. Aquí aparece por primera vez en la Biblia la idea de que Dios admite la muerte del inocente en sustitución del pecador, y aparece por primera vez la palabra propiciación. Leemos en Lucas 18:13: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador”.

En el Antiguo Testamento se habla del propiciatorio. Cuando alguien ofrecía una ofrenda a Dios, esa ofrenda debía ser propicia, es decir, que debía cubrir el valor para que surta efecto y poder sustituir al pecador. La muerte del animal podía ser aceptada o no. Cuando se hacía un sacrificio, el animal tenía que ser perfecto, no se podía sacrificar un animal rengo, enfermo o con defectos; quien iba a presentar la ofrenda debía elegir un animal puro para que reemplazara al pecador. Ese animal era sacrificado en el altar, se tomaba la sangre y se llevaba al propiciatorio. El animal propicio es aquel que Dios acepta en tu lugar. Hablamos entonces de propiciación y sustitución. ¿Por qué hace falta la sustitución? Dice la palabra de Dios en Ezequiel 18:20: “El alma que pecare, esa morirá…” Si has pecado te corresponde la muerte; pero Dios prevé, en vez de tu muerte, la sustitución de alguien en tu lugar. Por supuesto que esto es figura de lo que pasaría con Cristo. La Biblia señala que debemos ser revestidos del Señor y no del cuero de un animal, y que la sangre propiciatoria, aceptada delante del Padre, no es la sangre imperfecta de los animales ni de los seres humanos sino, solamente es aceptable o es propicia la sangre preciosa de Jesús.

Abraham e Isaac: La segunda vez que aparece en el Antiguo Testamento el cordero como sacrificio sustituto, es cuando Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac. Así dice Génesis 22: “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos…Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”.

Abraham guarda silencio cuando tiene que negar la verdad a su hijo de que lo iba a sacrificar porque Dios se lo había pedido. Él consideraba de más valor a Dios y su relación con Él que a su propio hijo. Entonces, llegaron al Monte Moriah, conocido también como el monte de Sion. El relato de Génesis 22 dice a continuación: “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo”.

Dios sustituyó a su hijo por un cordero. Aquí aparece nuevamente la sustitución. La revelación de Dios en la Biblia es progresiva, o sea qua vamos entendiendo las cosas desde el principio hasta que se consuman las revelaciones. Digamos que la mayor revelación de todas es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La mayor revelación de todas es Cristo. En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad. Jesucristo es esencial en la muerte, en la resurrección y en su segunda venida. No sólo ese cordero enredado en el zarzal es un sacrificio sustituto de Isaac, sino que también demuestra que Dios provee el sustituto. En la ley de Moisés el pecador provee el cordero que debe morir para perdón de sus pecados, pero en el relato de Abraham e Isaac, es Dios quien lo provee, por lo que ese cordero es tipo de Jesucristo, el Hijo del Dios viviente.

La pascua en Egipto: La tercera vez que aparece la sustitución en la Biblia y la propiciación es en la Pascua; antes de que el pueblo hebreo fuera liberado, una de las plagas que cayó sobre Egipto fue la de la muerte de los primogénitos. Y en los primogénitos de Egipto, Dios juzgó a todos los dioses de ese imperio. El faraón era dios, o sea una divinidad, y cuando la muerte llega al hijo de faraón, su sucesor, el juicio es sobre su divinidad. Pero la muerte no entró en la casa de los hebreos que creyeron y obedecieron la orden de Moisés, cuando mandó que sacrificaran un cordero, y que usaran su sangre como señal pintando los dinteles de sus casas. Dice la palabra de Dios en Éxodo 12: “Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir”. El cordero sustituye la muerte de los hebreos.

Jesucristo: Eso se va clarificando hasta que llegamos a Juan el bautista que cuando vio a Jesús venir a él, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). El verdadero sustituto, el que Dios acepta. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Isaías lo describe de una manera extraordinaria en el capítulo 53 setecientos cincuenta años antes de que Cristo viniera. Isaías hablando de Él dijo: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7). El animal puede estar balando antes de que lo maten, pero a la hora de sacrificarlo queda mudo, muere en silencio. Entonces, Isaías ve al Mesías, como un cordero que fue llevado al matadero que enmudeció y no abrió su boca. El cordero representa a Jesús viviendo en esta tierra y padeciendo insultos, padeciendo odio y un juicio injusto; Él vino a esta tierra como un siervo obediente. Entonces, el cordero representa a Jesús como hemos visto. Aunque también hay otro animal que lo representa y ese es el león.

JESUCRISTO: VENDRÁ COMO LEÓN

La segunda venida de Jesús no será en fragilidad ni en debilidad, ni se va a callar la boca. Estos animales representan distintas facetas de Jesús. Una, la de Cristo nacido en Belén y la otra es viniendo en las nubes, pero ya no viene como cordero, ahora vuelve como león. Ya no es el bebé que nació en Belén sin poder y sin gloria, que tenía que tomar del pecho de su madre y aprender a hablar y a caminar. Ya en su segunda venida no llega a una pequeña aldea escondida entre montañas de Judá. ¡Él vendrá en las nubes! Vendrá con sus santos ángeles. En su segunda venida llega en otra función. En su función como cordero, vino a morir por el pecado del hombre; ahora, en su segunda venida lo hará como juez. ¡Vendrá como Rey de reyes y como Señor de señores!

Jesús viene con otro propósito, no como siervo sufriente y salvador sino como juez de la tierra. Apocalipsis 19:15 dice así: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. ¡Jesús viene a reinar! Si hay un animal que lo va a representar, no será el cordero esta vez; esta vez será el león. ¿Por qué una espada sale de su boca? Porque de la boca sale la palabra de Dios la cual es la espada del Espíritu, que es más cortante que toda espada de doble filo y penetra hasta partir el alma y el espíritu. ¡Esa es la espada del Señor! No herirá con espada de acero sino con la palabra que sale de su boca. Dios juzga con la palabra que sale de su boca. Dios da vida con la palabra que sale de su boca. Por eso es una espada de doble filo, porque te mata o te levanta. ¡Hay poder en la palabra de Dios! Apocalipsis dice del Señor: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea… De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. Con la espada que sale de su boca destruirá a todos sus enemigos.

Durante varios siglos se anunció la primera venida de Cristo, y no sólo se anunció, sino que se profetizó en dónde nacería, de qué descendencia vendría; todo Israel sabía que el Mesías debía venir de Isaí, descendiente de Abraham, y sabían por las profecías que iba a nacer en Belén. Todos sabían que el Mesías era el libertador porque la palabra de Dios todo lo anuncia de antemano. Dios usó a sus siervos los profetas para anunciar lo que iba a acontecer. Durante dos mil años se anunció la venida de Cristo con todo lujo de detalles. Se conocía que iba a nacer de una virgen, se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: “Herodes cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron” (Mateo 2: 16 y 18). ¡Todo había sido profetizado! Han pasado ya más de dos mil años desde que Jesús declaró que iba a volver. Claro, hay mucha gente que se burla de esto. Como se burlaron de Noé cuando Dios lo mandó a construir un arca, cuando nunca había llovido sobre la faz de la tierra. Nadie entendía esto, ni siquiera Noé, pero él le creyó a Dios y lo obedeció.

Estamos a más de dos mil años del anuncio del retorno de Jesús, y por supuesto que las profecías anuncian con una exactitud increíble cuál va a ser el tiempo de su segunda venida. Lo que no podemos anunciar es el día y la hora, pero, las profecías bíblicas anuncian con muchísima exactitud las señales que ocurrirán antes de que Cristo vuelva. Una de las señales ocurrió cuando se vio la última luna de sangre y no hemos sido los cristianos los que le hemos puesto este nombre al eclipse, sino los científicos. Esta no es la señal de que Cristo viene porque ya ha habido otros eclipses en que la luna se vio como de sangre, y ya salieron unos a decir que Cristo venía. Estas son señales que preconizan y son tipo de lo que va a suceder el día que venga el Señor, pero nosotros no sabemos ni el día ni la hora. Aunque la NASA tiene calculados por tres mil años más cuántos eclipses ocurrirán. Y el eclipse fue muy especial porque fue el más largo del siglo con una hora cuarenta y dos minutos de duración. ¿Por qué nos llama la atención este fenómeno? Porque la Biblia dice que en el tiempo de la segunda venida de Cristo la luna se convertirá en sangre y el sol no dará su resplandor. Ahora están puestos los ojos en el cielo porque en su segunda venida, Cristo descenderá de las nubes. ¡No andes mirando hacia abajo! ¡Mira hacia arriba porque pronto viene el Señor!

A Cristo se le denomina el León de la tribu de Judá. Jacob estaba por morir y profetizó sobre sus doce hijos, uno de ellos era Judá, de donde viene el término judío. Jesús era de la tribu de Judá, en otras palabras, era judío, no sólo era israelita sino judío, de la tribu de Judá. En Génesis 49:9 Jacob le profetiza a su hijo Judá diciendo: “Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará?” ¿Crees que el león se acuesta a dormir preocupado que le vaya a pasar algo? ¡No! El león se duerme y no teme por nada ni nadie. También le dijo: “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos” (Génesis 49:10). El cetro es el bastón de mando, el bastón de soberanía y de gobierno. A esta altura de la historia de la humanidad cuesta mucho saber qué israelita pertenece a alguna de las doce tribus, pero los judíos son los de Judá. Es la tribu que no ha desaparecido. ¿Y cuál es la tribu que está gobernando en Israel? ¡La tribu de Judá! Conforme a la profecía de Jacob sobre sus hijos.

Otro pasaje que te quiero compartir está en Miqueas 5:2: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Creo que los profetas escribieron cosas que no entendían para nada. Los grandes conquistadores salen a la conquista con sus ejércitos, con sus estandartes, etc., mostrando su gran poder y gloria. A eso se le llama la salida. Su salida no es de ahora, es desde la eternidad. Entonces, la profecía tiene que ver con que Belén, no sólo es el lugar donde nace el cordero, sino que es una aldea de la tribu de Judá la que lleva el cetro. Dice el profeta: “…de ti me saldrá el que será Señor en Israel”.

La aldea de Belén es pequeña y humilde, Jesús nació allí, en un pesebre, era un niño indefenso y débil; pero esa tierra tiene una gran virtud, es territorio de Judá y el que nace ahí es descendiente de Judá conforme a las profecías, y conforme a las profecías que señalan que nacería en Belén de Judá. Muchos hoy en día, inconscientemente, visitan lugares donde hay un Cristo crucificado, esos lugares son tristes, oscuros, es como que se respirara la muerte allí. Entonces, la gente se acerca a ese Cristo, flaco, sangrante, que te mira como pidiéndote ayuda, y son inconscientes de que ese Cristo ya no está en la cruz. ¡La verdad es que Cristo ha resucitado! Ya no es el Cordero que está muriendo por nuestros pecados en la cruz del calvario. Jesús murió y al tercer día resucitó. Él es el león de la tribu de Judá. Por eso las iglesias evangélicas no usan la imagen del Cristo crucificado, y sí usan la cruz, lo hacen sin la figura de Cristo porque eso evidencia que el Señor ha resucitado. Sabemos que Jesús está sentado a la diestra del Padre esperando el tiempo de su venida, porque vendrá a gobernar sobre la tierra.

El autor del Apocalipsis está viendo en una visión un libro que nadie puede abrir, entonces dijo Juan: “Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apocalipsis 5: 4-5). Aquí aparece nuevamente el León. Cada vez que pensamos en el Cordero, nos acordamos de Jesús naciendo en Belén, caminando por las tierras de Judá, haciendo bien, siendo maldecido; sin embargo, Él se mostraba manso y humilde. Hasta que lo crucifican en la cruz del calvario. Ahora, cuando hablamos del León, ese es el Señor de los que hemos creído, el cual volverá por su pueblo.

Me llama la atención cuando en este pasaje bíblico habla de la raíz de David. Cristo tenía que ser del linaje de David, por lo tanto, la raíz de Jesús es David, pero aquí señala que Jesús es la raíz de David. Digamos que, según la carne, según el Cordero, David es la raíz y Jesús nació como descendiente de David. Pero en este pasaje no vemos a Jesús como un Cordero sino como el León. Y sus salidas son desde la eternidad. Cristo es el origen de David y no David el origen de Cristo. Un día, discutiendo con algunos religiosos, Jesús les preguntó: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra” (Mateo 22: 42 al 46). Nosotros que tenemos la revelación de Dios sabemos que el origen de David es Cristo.

CONCLUSIÓN

Una descripción de la segunda venida de Cristo, el gran conquistador la encontramos en Apocalipsis 19:11 en adelante: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”. ¡Ya no es el debilucho! Ahora se lo describe como un conquistador. ¡Ese es Cristo! “Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino èl mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS”. Sus ropas están teñidas en sangre porque es Juez, y es el que condena; y señala la Biblia que Él es el que pisa el lagar de Dios. Es el que le va a dar la corona de justicia y honores a quien corresponda y condenará a quien corresponda. “Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. Jesús vino como Cordero, muere y derrama su sangre como Cordero, y comienza a anunciar cómo siguen las cosas ya que Él mismo habla de su retorno. Esto lo vemos en Mateo 24 y Lucas 21 que son las descripciones de la segunda venida de Jesús, las mismas que se encuentran en el libro de Daniel, así como en los libros de otros profetas, y están también en las cartas de los apóstoles y en el libro de Apocalipsis.

MENSAJES

MISIÓN

VIDA

PARA LAS NACIONES

Av. 8 de octubre 2335

Montevideo, Uruguay

WhatsApp: (+598) 095 333 330

email: info@misionvida.org

twitter: misionvidauy

facebook: iglesiamisionvida

Diseño: VerakaWeb