ENSANCHA TU MENTE - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

ENSANCHA TU MENTE

LA PALABRA DE DIOS ES VIVA

Leemos en Lucas 5: “Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios”. El lago de Genesaret es también llamado el Mar de Galilea y tiene unos treinta a treinta y cinco kilómetros de largo por unos quince de ancho. Allí se levantaban las tempestades que menciona la Biblia y aun se levantan. Hay ciertos vientos huracanados que surgen y producen tempestad en ese lago chiquito como es el Mar de Galilea. Ahí es donde Jesús desarrolló gran parte de su ministerio. Y dice la Biblia que el gentío se agolpaba sobre Él en ese lago para oír palabra de Dios.

Quiero hacer énfasis en el término “palabra”, también quiero reiterar que viene un tiempo de apostasía, y apostatar significa negar la fe que una vez se tuvo. Ya han surgido pastores homosexuales que se casan con personas de su mismo sexo y llevan adelante congregaciones, lo que ha provocado grandes confusiones en el mundo ya que hay una corriente que nos deja a los que creemos en Dios y en su palabra en ridículo ante la sociedad, tildándonos de retrogradas y de gente cerrada.

Nosotros sabemos que la palabra de Dios es especial; la Biblia señala que su palabra es viva. No se trata de papel y tinta sino de la palabra de Dios que fue dicha hace más de dos mil años y todavía está viva porque la palabra de Dios es eterna. O sea que, algo que Jesús dijo hace más de dos mil años, puede vivificarse en tu vida hoy. Hay quienes dicen que lo que dice la Biblia fue escrito para aquella época, pero yo te digo que la palabra de Dios es viva, sigue vigente y tiene el mismo poder de entonces. Cuando alguien habla palabra de Dios, algo se mueve en el ambiente porque no es meramente sonido, sino que es poder de Dios. A la gente le sucedía algo especial y era que cuando Jesús hablaba, y dice la Biblia que Él hablaba como con autoridad, con poder, no como los religiosos, cuando hablaba, algo se manifestaba. La gente era convocada, por eso dice la Biblia que se agolpaban para oír palabra de Dios.

La palabra de Dios fue la que abrió el Mar Rojo, la que hizo de las tinieblas luz; la palabra de Dios fue la que levantó a Lázaro de los muertos. La palabra de Dios es un poder que sostiene el universo. Hay una gran diferencia entre cualquier palabra y la palabra de Dios. Así como hay diferencia entre un libro cualquiera y el libro “la Biblia”, que es la palabra de Dios. En Juan 1:1 leemos: “En el principio era la palabra, y la palabra era con Dios, y la palabra era Dios”. La palabra es algo vivo. Agrega el apóstol Juan: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1: 3 y 4). Juan se estaba refiriendo al Verbo que también se traduce como palabra. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. El Verbo es Jesús, y Jesús es la palabra, y la palabra es Jesús. Es el poder de Dios haciendo la obra de Dios. Jesús es la expresión del pensamiento de Dios. Primero están los pensamientos y después las palabras. Nuestras palabras surgen de los pensamientos que habitan en nosotros; las palabras son el resultado de los pensamientos. Dios Padre tiene pensamientos y esos pensamientos se traducen en palabras, y Jesús es la palabra viva.

LA PALABRA DE DIOS ES PODER

Volviendo al texto de Lucas 5, dice la Biblia que, estando la gente agolpada, Jesús vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Previamente, Pedro había estado toda la noche intentando pescar, pero no pescó nada. Yo nací en la provincia de San Juan Argentina, que se encuentra cerca de la pre cordillera. Allá no hay lagos, no hay ríos ni mar. Yo me crié en una zona donde a veces anhelábamos ir al mar o a algún lago donde se pudiera pescar; queríamos vivir la experiencia de pescar. Cuando me casé, con mi esposa nos fuimos de luna de miel a las Sierras de Córdoba y allí se encuentra el lago de Carlos Paz, entonces le dije a Marta: “Mañana vamos a comer pescado”. Compramos unas cañas, carnada, etc. Le dije a mi esposa que llevara sólo el pan, y yo llevaría leña para asar pescado. Ella me insistía en llevar alguna otra cosa para comer y yo le dije que no, que íbamos a almorzar pescado a la parrilla. Llegamos a eso de las nueve de la mañana, preparamos las cañas con la carnada, la arrojamos al agua y esperamos. Se hicieron las diez y aun no habíamos pescado nada. A las once, no habíamos pescado nada. A las doce, a la una, nada. Cuando quiero acordar, me doy vuelta y Marta estaba abriendo unas latitas para hacer una picada con galletitas. ¡Es frustrante no poder pescar nada! Algunos dicen que la pasan bien igual, aunque no pesquen nada porque los relaja. ¡A mí me da nervios si no pesco!

Yo te quiero pintar un cuadro de qué es lo que vivió Pedro ese día y todos los que estaban con él. La gente se agolpaba para escuchar a Jesús quien les estaba enseñando, llegaron los pescadores de mar adentro sin haber pescado nada y cansados. Cuando yo estudiaba arquitectura, ponía sobre unas mesas unos papeles especiales para planos y sobre eso no podía caer ninguna suciedad porque se arruinaba el trabajo que me llevaba muchos días. A veces el trabajo nos llevaba una noche entera y si se ensuciaba con cualquier cosa se echaba a perder todo lo que había hecho. ¡Es muy frustrante trabajar para nada! Jesús estaba enseñando cuando llegaron los pescadores de mar adentro. Estos se dispusieron a lavar las redes y a doblarlas, trabajo que se hacía cada día que se salía a pescar. La gente se agolpaba para escuchar a Jesús, y Él vio dos barcas a la orilla y a unos pescadores que estaban terminando de acomodar las redes.

Entonces dice la palabra de Dios en Lucas 5: 3 y 4: “Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Jesús venía de Nazaret y allí no había mar por lo que el Señor sólo podía opinar de carpintería. Los pescadores sí eran expertos en lo que hacían y podían opinar del tema con autoridad, como por ejemplo en qué fase de la luna había pesca y en qué fase no, entre otros factores. Lo cierto es que sumado a la frustración de no haber podido pescar nada, al cansancio y las ganas de irse a dormir, Jesús les sale con que boguen mar adentro y echen las redes para pescar. Algo pasó por la cabeza de Pedro, porque cuando uno sabe acerca de un asunto, generalmente no se deja manipular por lo que opina otro que no sabe tanto, aunque Pedro vio la autoridad de Jesús, y así dice la Biblia, que Él hablaba como con autoridad y no como los religiosos.

La gente no se agolpaba para escuchar a un fariseo o algún otro religioso, sí para escuchar a Jesús porque sus palabras impartían vida. Entonces surgía en la gente un ánimo especial mientras el Señor hablaba y la fe crecía, ya que la fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios, no de cualquiera. Si tú tienes dudas en tu vida te está faltando palabra de Dios; porque su palabra genera fe y la fe no es duda sino certeza. Lo mismo si sientes angustia; te está faltando palabra de Dios y su palabra no genera angustia, sino que la destruye. La palabra de Dios también destruye el temor. Si estás en camino de muerte y temes, te está faltando palabra de Dios; porque su palabra es la que te aleja del temor y te da seguridad. La palabra de Dios te convierte en una persona de fe que vive confiadamente. La palabra de Dios es poderosa, es viva y eficaz; más cortante que toda espada de doble filo, que penetra hasta partir el alma y el espíritu. Su palabra separa lo que es del alma y lo que es del espíritu. Tú necesitas saber discernir entre lo que es de tu alma y del espíritu. Y es que muchas veces tomamos decisiones fundamentadas en ideas personales, en pensamientos y sentimientos nuestros y no hay poder en eso. ¡Hay poder en la palabra de Dios! ¡La palabra de Dios hace una obra extraordinaria que ninguna otra cosa puede hacer! El centurión romano lo sabía bien ya que le dijo a Jesús: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará” (Mateo 8:8). Jesús no dijo mucho al ver a los pescadores, sólo dijo: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. No hace falta que diga mucho. Si Jesús dice solamente una palabra te aseguro que ocurren cosas extraordinarias. Algo detonó en la mente de Pedro. Él era muy temperamental y tal vez le hubiera dicho: “¿Y vos quién te crees que sos para opinar?” Pero algo le pasó, ya que su respuesta fue: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”. Humanamente hablando, no era muy válido lo que Jesús les dijo ni que se atreviera a opinar de pesca.

Yo le pido a Dios que ensanche tu corazón porque a veces, una sola palabra, cambia para siempre la existencia de una persona. Lo que Jesús le dijo: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” le cambió la vida a Pedro. Nunca más volvió a ser el mismo. No es simplemente que pescaron un montón; es que algo había sucedido en la mente de Pedro.  Se ensanchó su pensamiento ya que le dio cabida a la palabra del Señor. Es por eso que le dijo: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5). Esa decisión fue fundamental y ocasionó un cambio extraordinario en la vida de Pedro.

LA PALABRA DE DIOS CAMBIA TU VIDA

Hoy tú enfrentas la misma situación, Jesús te está hablando y te está dando la misma palabra que le dió a Pedro hace más de dos mil años: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. No hace falta añadir más textos a la Biblia y escribir más tomos ya que la palabra fue dada. La palabra es viva y eficaz; es eterna y permanece para siempre. La misma palabra que Jesús le habló a Pedro en aquel entonces te la da a ti hoy y esa palabra es tan viva como en ese tiempo. ¿Qué te quiere decir Dios? ¡Qué vas a tener una gran pesca! ¿Echarás las redes o no? Las decisiones se toman en cuenta por causa de pensamientos. Pedro decide renunciar a lo que él sabe, decide renunciar a su experiencia en cuanto a la pesca y a su manera de ver las cosas; y en un instante, en un chispazo producido por Dios dentro de su mente y de su corazón, él decide decirle a Jesús: “…mas en tu palabra echaré la red”. ¡Y sucedió el milagro!

Aparentemente, nunca Pedro había pescado como ese día, y eso lo confirma la palabra de Dios en Lucas 5: 6 y 7 que dice: “Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían”. Fue tan grandiosa esa pesca que Pedro cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. ¿Cómo le entró tal convicción a Pedro de que era un pecador si Jesús sólo le habló de pescar? ¿Qué pasó en la mente de Pedro? Una palabra que supuestamente no tenía ninguna relación con el perdón de pecados lo hace temblar y se da cuenta que está frente a alguien especial y que la pesca que había logrado fue sobrenatural.

Ese día Jesús le dijo a Pedro: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Ese día Pedro decide dejar de ser pescador, así como dos de sus compañeros como leemos en Lucas 5:11: “Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. Algo sucedió en la mente de Pedro. Y sólo la palabra de Dios puede abrir ventanas eternas y te hace entrar en una dimensión sobrenatural para que tú camines en ella. Hoy eres desafiado y eres desafiada con esta palabra, la palabra de Dios, que te demanda en esta hora que no te bases ni te fundamentes en tus conocimientos, en tus pensamientos, en tu historia de vida ni en tus estrategias; y que no te fundamentes en esas cosas que has acumulado del pasado que son tus experiencias. ¡Tus experiencias no sirven! Cuando Dios te da una palabra que enciende tu mente y tu corazón, Él produce dentro de ti una nueva visión. Sus caminos y sus pensamientos son muy altos y el Señor te dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

Una palabra de Dios te saca de esta dimensión de lo natural y te lleva a una nueva dimensión que tú no conoces. Pedro no estaba interesado en saber si era o no pecador, sólo quería pescar. ¡Pero algo sucedió! El que habló era alguien especial y sus palabras sacudían el alma.

Dios no quiere creyentes sin poder, que no pueden mostrar su gloria, que no se animan, que piensan que no pueden y dudan; cristianos que eligen su conveniencia antes que la conveniencia de Dios. Saben lo que Dios les dice, como: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, pero ellos no han tenido un encuentro con esa palabra viva a tal punto que los lleve a abandonarse en las manos de Dios y confiar porque todavía no se han animado ni han creído, y aún no han sido sacudidos por el poder de Dios.

Yo hoy hago énfasis en la palabra de Dios porque vienen días en que habrá personas que negarán la fe; vienen días en que habrá cristianos que retrocederán por causa de sus temores y de sus dudas. Serán exprimidos como lo fue Jesús en el Getsemaní, y a quien sus discípulos le habían prometido que no lo iban a abandonar, pero lo dejaron solo. ¡Viene la apostasía! Estoy cercano a pastores cuyos hijos se han vuelto homosexuales, quienes me han pedido ayuda, pero finalmente han desistido y entregaron sus iglesias aceptando la situación que estaban viviendo. ¡Esto me preocupa! No por mí, porque he decidido creer en la palabra de Dios pese a todo.

Creo que no hay lugar más seguro, más estable y más firme que la palabra de Dios. ¡No hay nada más poderoso que la palabra de Dios! El fracaso de muchos creyentes es haber tomado livianamente la palabra que Dios les ha dado año tras año, mes tras mes, semana tras semana. Y a pesar de la palabra que recibieron han seguido viviendo igual. Pedro nunca más pudo seguir siendo el mismo. Ese día algo detonó dentro de él y Jesús le dijo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Jesús le cambió el oficio porque tenía diseñado para él un camino más alto; el Señor le dio a conocer sus pensamientos y lo hizo caminar en sus caminos.

CONCLUSIÓN

¿No estás cansado de tus caminos? ¿No te cansan tus pensamientos? Tú sigues pensando que tienes la razón y que Dios tiene que dártela, pero tu vida no da el fruto que se supone que debiera dar si caminaras en la voluntad de Dios. Entrar en la voluntad de Dios es entrar en la dimensión de lo eterno. Dios hoy te llama a ser pescador de hombres. Vienen días difíciles, todo está muy revuelto, pero ese tiempo revuelto es ganancia de pescadores. El Señor quiere hacer algo nuevo en tu vida y te pide que le des cabida a esta palabra; y verás que tu vida va a cambiar desde hoy y hasta el final como cambió la vida de Pedro. “Tal vez no consideras muy importante una palabra que yo te doy”, dice Jesús. “Pero prueba ponerla por obra. Haz lo que yo te pido y tu historia cambiará”.

Estoy plenamente convencido que hay cristianos que necesitan un cambio en sus vidas; creyentes muy buenos pero que carecen de poder. Asisten a la iglesia, ofrendan y diezman, pero no tienen una vida de poder. No pueden manifestar al mundo las virtudes de aquel que les sacó de las tinieblas a su luz admirable. ¡Dios no quiere que sigas viviendo igual! Pero tú tienes que decirle a Jesús como Pedro: “Señor en tu palabra echaré la red”. Tú sabes qué tienes qué hacer y a qué debes renunciar para hacer la voluntad de Dios. Sabes que no has querido soltar algunas cosas que te atan y vives aferrado a los que más amas, pero no conoces lo que Dios quiere.

Durante mi vida de creyente me sentí un hombre inteligente y capaz. Yo era de esos que al escuchar a un predicador pensaba en cómo lo diría yo y que lo haría mejor. Pensaba en ayudar a los pastores en hacer alguna obra, o montar algún escenario, pero yo rechazaba el hecho de ser pastor. Le había prometido a Dios servirlo hasta el fin de mis días, en una especie de consagración le dije que iba a hacer lo que Él me pidiera, pero le advertí que no se le ocurriera pedirme que sea pastor. ¿Qué soy? ¡Pastor! No cabía en mi mente ni en mi corazón que Dios pudiera llamarme para algo semejante. Algo pasó en la cabeza de Pedro. Él sabía de pesca y tenía mucha experiencia; pero llegó el día en que se encontró con Jesús. Él había fracasado en todos sus conocimientos, no había pescado nada. Y esa fue la oportunidad de Dios. Si tú no has logrado nada, este es el día de Dios para ti y es la oportunidad de que Él obre en tu vida.

Este es el día para aquellos que están cansados de vivir siempre lo mismo con los mismos resultados. Has escuchado muchos consejos para poder cambiar como por ejemplo que si quieres que algo diferente suceda en tu vida tienes que dejar de hacer lo mismo de siempre. Y tú lo sabes, pero no ha pasado nada. Dios quiere hacer un milagro como el que hizo en la mente de Pedro, al punto que cayó de rodillas y le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Nunca se me habría ocurrido que a Dios se le ocurriera que yo fuese pastor, pero los caminos del Señor son más altos que los míos y sus pensamientos son más altos que los míos. No me arrepiento. La obra que Él ha hecho es mejor que lo que yo hubiera hecho. Cien años sobre la tierra no son comparables a diez años sirviendo a Dios en el poder del su Espíritu Santo.

Decide si esta palabra que fue dada hace más de dos mil años es pertinente para ti ahora mismo. Decide si vale la pena tomar una decisión de negarte a toda experiencia de vida, a todos tus pensamientos y decirle a Dios: “A donde tú me mandes iré a pescar”. Dile: “Señor, te necesito. He llegado al punto de mi fracaso; ya no entiendo para qué vivo. Tómame en tus manos, Señor. Quiero dejar de ser un fracaso. Estoy cansado de ser ese buen cristiano que todos aprecian y saludan pero que no tiene frutos. No hay poder en mí, no hay gloria tuya en mí. Vengo a ti como un niño, como un aprendiz. Hagamos de cuenta que no sé nada y que mis experiencias no sirven para nada; yo me voy a abrazar a tu palabra porque creo que tu palabra es poderosa. Necesito una palabra tuya. ¡Dame Señor esa palabra! No he pescado nada, no he logrado nada; pero en tu palabra echaré la red. Estoy dispuesto, Señor”.

Padre, obra en esta hora en el corazón de mis hermanos y hermanas. Sopla tu Espíritu. ¡Queremos mostrar tu gloria! Queremos bendecir el mundo; dejar de pensar tanto en nosotros y empezar a pensar en los demás. Todo aquello que yo no sé hacer tú sabes cómo hacerlo, Señor. Te necesitamos Padre, en el nombre de Jesús, amén.

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