¿CAMINAS EN LA LUZ? - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

¿CAMINAS EN LA LUZ?

INTRODUCCIÓN

Donde hay confusión hay oscuridad; y la oscuridad es falta de luz. Tan sencillo como eso. Y aunque tiene una connotación tangible y visible en el mundo natural, tiene una connotación más importante en la dimensión invisible de Dios. Todo lo que vemos que Dios ha creado en el mundo visible tienen un paralelo en el mundo invisible. Un gran predicador, Morris Cerullo, declaró: “Toda verdad es paralela”. Yo te sugiero que no creas a cada noticia que aparece en las redes o en cualquier medio de comunicación. Aún hay información desencontrada acerca del Covid-19, como de tantas otras cosas en el mundo. Isaías dijo: “…he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:2). Nuestra luz no viene de la ciencia ni de las ideologías, tampoco de las filosofías. Nuestra luz viene de la palabra del Dios que creó los cielos y la tierra. Y Dios dijo: “Sea la luz y fue la luz”. La luz proviene de Dios. No cabe duda que la luz es muy buena. ¡Es lindo cuando amanece soleado el día! No sólo es hermosa la luz sino también muy útil porque cuando hay luz todo se ve mejor. Cuando hay oscuridad alucinamos que está el viejo de la bolsa o el cuco. La oscuridad nos despierta temores y la luz nos hace bien. Mucha gente duerme con la luz prendida porque piensa que el diablo no los va a molestar y eso les da cierta tranquilidad, aunque les sale muy caro.

La luz es buena pero lo más importante es tener luz en el corazón y en la mente. Todo el tiempo nuestras neuronas reciben mucha información inútil y necesitamos tener luz para saber detectar qué es bueno y qué no. La luz viene cuando los pensamientos que surgen en la mente no son de nosotros ni influenciados por otros, sino que vienen de Dios. La luz está relacionada a la verdad. En la política, en el mundo, hay oscuridad; también hay oscuridad en las ideologías. Hay engaño y mentira en las filosofías humanas. Pero en la palabra de Dios está la luz que necesitamos. No necesitamos grandes pensamientos humanos; necesitamos los pensamientos de Dios. No necesitamos sabiduría humana porque la sabiduría que sirve es la que Dios ha revelado, por lo tanto, necesitamos su sabiduría.

LUZ EN NUESTRO VALLE DE SOMBRA DE MUERTE

En mi primer año en la universidad tenía un profesor de matemáticas que yo admiraba mucho porque me enseñó a amar la materia. Uno no le encontraba sentido a la matemática y me preguntaba para qué servía y este profesor la aplicaba en la vida práctica. Era un hombre muy sabio e inteligente, pero tenía oscuridad en su corazón. Siempre frecuentaba algún bar y se tomaba una copita; también era depresivo. Así perdió a su esposa y a sus hijos. Perdió lo más importante de su vida. ¿De qué sirve que ganemos en algún área de nuestra vida y perdamos lo más importante? El Covid-19, para mí ha traído cosas buenas y es que como dice la Biblia, a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. Los cristianos no andamos amedrentados por el Covid-19 sino que hemos aprendido de esto. No estamos pensado qué pasará si nos morimos. Para aquellos que tienen cónyuge e hijos que piensan qué será de ellos o quien los cuidará, yo te digo que Dios ha creado a tu esposa y a tus hijos también y Él tiene cuidado de todos. El Señor sostiene, bendice y derrama bendición abundante sobre aquellos que le creen y le aman. Y los que le aman tienen luz. Los que le aman están más en comunión con Dios.

Dijo el salmista: “Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro” (Salmos 89:15). Hay luz en el rostro del Señor y esa luz se debe ver en nuestro rostro. Nosotros sabemos que ni la muerte ni la vida nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. No nos preocupa la vida ni la muerte porque para nosotros, tanto sea que vivamos o que muramos del Señor somos. No le tenemos miedo a la muerte; si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para Él morimos.

Me preguntaron si cuando me enfermé de Covid-19 pensé que me iba a morir y la verdad que no pensé en eso. Tenía más ganas de dormir más que de pensar si me moría o no. Yo le agradezco a Dios por el tiempo que estuve en cama con Covid-19 porque su palabra me confortó, y una de las palabras que leí en la Biblia dice: “Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad” (Salmos 41:2 y 3). Yo nunca le presté atención a ese versículo ni sabía qué tan linda era la cama. Siempre escuché a mi esposa decir cuando se acostaba a la noche: “¡Qué linda mi camita! ¡Amo mi camita!” Yo leí ese salmo y comencé a ver que realmente era linda mi cama. ¡Qué lindo era estar en esa situación, en cama, y no estar pensando en todo el trabajo que había que hacer en la iglesia! Yo sentí realmente que Dios había mullido mi cama y yo abrazaba mi almohada con amor. No pensaba que era lindo o feo lo que me pasaba; simplemente pensaba que era un tiempo para aprender de Dios. Aprendí entonces esto que te estoy compartiendo y también aprendí a orar más por los que sufren; porque siempre en el dolor, en la adversidad, en la muerte o la no muerte, nosotros siempre aprendemos porque en todas las cosas Dios nos ayuda a bien a los que le amamos.

Hacen falta creyentes que tengan luz porque este es un tiempo de conquista. El mundo necesita la luz de Dios; los cristianos también. ¡No aflojes! ¡No te enfríes! Llénate del fuego de Dios, congrégate, invita a un amigo a la iglesia. En la ciudad de Rivera hicieron una reunión especial para jóvenes; una iglesia que tiene pocos miembros, en la que hay unos 12 jóvenes. Lo cierto es que se sumaron 9 jóvenes más a la iglesia en esa reunión. Nuestra iglesia no ha parado ni va a parar. En tiempo de pandemia hemos repartido alimentos, hemos hecho ollas de amor; como nunca hemos ido a predicar a los barrios. ¡Vamos a conquistar el mundo y vamos a ganar a aquellos que han de ser salvos!

En ese tiempo de Covid-19 leí en la Biblia en Eclesiastés 9:2: “Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento”. Pensaba: ¿Si yo soy bueno por qué tengo que aguantar que me ocurra lo mismo que al malo? Y Dios me dio luz acerca de esto; y es que la diferencia no está en lo que le ocurre a cierta persona sino en cómo esa persona enfrenta lo que le acontece. Hay quienes sacan alguna enseñanza de lo que está viviendo. La diferencia está entre el que cree y el que no cree, el que confía y el que no confía. No es que a los cristianos les tiene que ir bien en todo y que a los otros todo le tiene que ir mal. Al creyente le va bien porque en la circunstancia negativa el Señor lo levanta. Yo antes me confundía y decía cosas como: “A mí no me va a tocar el Covid-19”. Cuando era más tonto yo; no ahora. Entiende que el Señor te guardará de todo mal. No es que no te llega la dificultad; es que Él estará contigo en esa dificultad. No es que no se va a morir algún pariente; se va a morir como todo el mundo. Contigo será distinto porque el Señor alumbra tu corazón y tu mente.

Hay quienes no encuentran consuelo en ningún lado y hay otros que reciben consuelo de parte de Dios inmediatamente. Mi pastor, Roberto Paso, antes de la reunión de los domingos hacía un momento de consolación. Siempre dedicaba unos minutos durante la semana y les mandaba a los familiares de los difuntos un saludo especial, y los invitaba a participar de ese momento de consolación; y muchos participaban y quedaban muy agradecidos. Y en este tiempo le ha tocado al Pastor Paso que tiene 86 años de edad que se le ha muerto una hija de 48 años; la más chica de las hijas yla más mimada. Las otras hijas no querían darle la noticia del fallecimiento de su hermana porque como está tan frágil temían que le pasara algo. Yo lo llamé para decirle que me tocaba a mí darle un mensaje de consolación y que recordaba esas palabras que él les daba a las personas que habían perdido algún ser querido. Él citaba por ejemplo lo que dice la Biblia en 2ª Corintios 2:3 al 5: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación”.

Tenemos con esto, otra luz acerca de las cosas que pasan, y necesitamos entender que debemos buscar la luz de Dios para cada circunstancia de nuestras vidas. El Covid-19 no es problema para el cristiano; el problema es andar perdido y no saber qué hacer o qué actitud tomar. Dijo Juan acerca de Jesús: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).Siendo Jesús la luz, padeció, lo trataron de endemoniado, lo han criticado y castigado, pero Él nunca dejó de alumbrar y ser luz, nunca dejó de consolar, de sanar y hacer milagros. Él sabía que le quedaban tres semanas para ir a la cruz y morir, sin embargo, levantó a su amigo Lázaro de la tumba. ¡Jesús nunca dejó de ser luz!

SOMOS LUZ COMO NUESTRO PADRE ES LUZ

La sociedad nos necesita. Las naciones están en tinieblas y van hacia un precipicio, pero aquí en el mundo estamos los creyentes para alumbrar. Jesús dijo: “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” (Juan 9:5). Y en otra oportunidad dijo: “Vosotros sois la luz del mundo…” (Mateo 5:14) No estando Jesús ahora en cuerpo en el mundo, estamos nosotros que tenemos a Cristo en nuestros corazones. Nosotros hacemos las obras de Cristo. ¡Somos luz! Como dijo Juan: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.

Fuimos llamados a ser luz y la luz resplandece en las tinieblas. Tu fe resplandece en un mundo que está perdiendo la fe. Tu confianza resplandece en un mundo que perece en el temor. Tu paz resplandece en un mundo lleno de afanes y ansiedades. Observando un atardecer vemos que cuando la luz del sol se aleja, aparece la oscuridad. La oscuridad no es nada, no tiene poder ni energía. La oscuridad no puede desplazar a la luz porque no tiene sustancia. En cambio, una luz por más pequeña que sea atraviesa las tinieblas. La oscuridad surge por la ausencia de luz; donde no hay luz hay oscuridad. Cuando alguien me dice que se mudó un macumbero al lado de su casa y todas las noches toca el tambor invocando espíritus y eso le da miedo, le pregunto a la persona si tiene luz o no. ¡Nada pueden hacer las tinieblas contra la luz! No temas que hagan trabajos de bujería porque si tienes confianza en Dios, la luz de Dios está en ti. ¡Ellos tienen que tener miedo!

Un hombre umbandista muy conocido, tenía una hija, y un hijo de religión de él se enamoró de su hija, pero no le gustó nada y lo empezó a trancar haciéndole trabajos. Pero su hija se enamoró de ese joven y se casaron, y encima el pai los tuvo que casar, aunque hizo trabajos de brujería contra ese matrimonio. Un día viene a nuestra iglesia el joven que se casó con la hija del pai, desesperado porque la situación en su matrimonio era un infierno. Ellos se amaban, pero se llevaban muy mal y se iban a las manos. Y los recibimos en Casa Betel de aquel entonces, un hogar que llevaba adelante la pastora Loreley.

Este joven me enfrentó y me dijo: “Mis dioses tienen poder y lo he comprobado. Yo quiero saber si tu Dios tiene poder o no. Dale, demostramesi tu Dios tiene poder”. Yo le dije: “No voy a tentar a Dios ni lo voy a poner a prueba. Sin embargo, voy a orar por vos y por tu matrimonio”. Oré por ellos y él estaba preocupado porque su suegro era muy poderoso y hacía trabajos de cuatro patas. En uno de los bautismos que realizamos en una playa, este muchacho se bautizó. Y el pai ya estaba preparando a su hija, que al haberse separado vivía con él, para que sea su sucesora, entonces la colmaba de regalos. En un momento al finalizar la reunión este joven le habló por teléfono a su esposa y le dijo que la iba a ir a buscar y ella aceptó. La chica huyó de la casa de su padre para irse a vivir con su esposo, pero no tenían donde ir y se quedaron a vivir en Casa Betel donde también funcionaban las oficinas de la iglesia. Este pai viajaba por todo el país y hacía trabajos de umbanda.

Hace muchos años estábamos por comprar una emisora chiquita en la ciudad de Vergara y cuando revisamos la programación, resulta que había un programa diario de este pai. Yo les dije que compraba la radio si sacaban ese programa. Imagínate el odio que me tenía ese hombre. En una oportunidad, una mujer que trabajaba con él, haciendo rituales y que se terminó convirtiendo a Cristo, me contó que viajaba a Brasil con el pai para hacer sus trabajos más fuertes y que vio unos frascos con nombres de personas a las cuales les iba a caer una maldición. Esta mujer sintió curiosidad y empezó a leer los nombres que habían en los frascos y en uno estaba mi nombre. Un día este pai le dijo a su hija: “Yo sé que un día me voy a morir de una mala muerte”. ¡Y así fue! Murió el presidente de la umbanda en Uruguay y yo debo haber sido una de las personas a la que más trabajos de brujería hicieron.  Su hija nunca llegó a ser su sucesora. ¡Las tinieblas no prevalecen sobre la luz!

CONCLUSIÓN

La luz siempre resplandece sobre las tinieblas. Cuando la luz no alumbra, prevalece la oscuridad. Y si Cristo está en tu corazón no hay modo de que las tinieblas dominen tu vida; sólo si tú decides no hacer caso a Dios. El momento de mayor oscuridad es el mejor momento para que la gente vea la luz de Cristo en tu rostro; que vean que tienes fe sin importar la muerte, el Covid-19 y las cosas que surgen en el mundo. ¿Tú crees que la pandemia le hizo un jaque mate a Dios o que el diablo se saldrá con las suya cuando él es total oscuridad y Jesús es luz? Las tinieblas no prevalecieron contra la luz ni lo harán jamás.

como creyente tienes que amar la luz. No vivas más sometido a tus pensamientos y procura los pensamientos de Dios. Pídele que te enseñe el camino y te luz. Cuida que la palabra de Dios habite en ti y como el salmista declara: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera en mi camino”. La palabra de Dios alumbra nuestro camino, nuestra mente y corazón.                    

Dile a Dios: “Señor, alúmbrame para que no me gobiernen los sentimientos. Te entrego mi corazón. Alumbra mis pensamientos. Toma mi mente y mi corazón. Sea tu luz en mi Señor; que en mi se refleje la luz de tu rostro. Venga tu paz a mi vida. No importa como este el mundo, que yo esté en luz y viva en tu luz. Envía tu Espíritu Santo sobre mí. Lléname de tu presencia Dios, te lo pido en el nombre de Jesús, amén.              

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