SHAVUOT y PENTECOSTES - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

SHAVUOT y PENTECOSTES

INTRODUCCIÓN

Hemos celebrado Pentecostés que significa quincuagésimo o 50. Este número es muy importante en la Biblia. El 50 está ligado al 49, y el 49 está ligado al 7 veces 7. También el 7 es importante en la Biblia, y hay eventos muy relacionados a este número. Cuatro situaciones que tienen que ver con el número 50: Primeramente, hace referencia a Shavuot, que es la celebración indicada por Dios en la que hay que contar 7 semanas desde la pascua. Entonces, 7 semanas por 7 días son 49 días; y en el día 50 se celebra esta fiesta de la cosecha. Esta era una fiesta de gratitud por la cosecha. En Pesaj o Pascua estaban comenzando las cosechas y en el día 50 éstas finalizaban. El día de la resurrección de Jesús cayó en día de primicia, en la fiesta de las primicias. En esta fiesta, fiesta de las primicias, se ofrecían ofrendas o primicias. Se presentaba una ofrenda mecida delante de Dios. Y en el día 50 hay otra gran celebración porque ya se han cosechado todos los demás granos o frutos de primavera.

Para Dios las cosas no son coincidencias, sino que todo es dirigido por Él para traernos enseñanzas a través de los hechos cotidianos. Sembrar y cosechar el trigo, por ejemplo. Todas las enseñanzas espirituales tienen un paralelo en el mundo visible o de las vivencias cotidianas.

Pentecostés, pues, es la segunda situación que tiene que ver con el número 50. Hay una tercera situación que tiene que ver con el número 50 es el Jubileo; son 7 veces 7 semanas de años, lo que suma 49 años. Y el año 50 es el Jubileo. Y otro tipo de Jubileo son las 70 semanas de Daniel que son semanas de años y significan 70 veces 7 que completan 490 años. Aquí aparece nuevamente el 49, y después de este número 49 viene el 50 que es un tiempo de Jubileo, por llamarlo de alguna manera, y es el tiempo en el que ya no gobierna más el pecado, ya no pecamos, tendremos un cuerpo nuevo y glorificado que no muere. Estaremos viviendo una nueva etapa o período; una nueva creación manifestada.

SHAVUOT

Shavuot nació en el Monte Sinaí, 50 días después de la primer Pascua ordenada por Dios, cuando el pueblo salió Egipto y fue libre de la cautividad. Salieron hacia el desierto y a los 50 días estaban en el Monte Sinaí. Allí el Señor se hizo presente con las tablas de la ley y celebró un pacto con su pueblo. Los tomó por su pueblo y Él se constituyó en su marido. Por lo tanto, en cuanto a los 10 mandamientos, muchos han interpretado que no son otra cosa más que el compromiso de matrimonio de Dios con su pueblo y el compromiso del pueblo con el Señor.

Siempre me llamó la atención que en el Antiguo Testamento se habla de la fornicación y el adulterio del pueblo. Hay versículos de la Biblia que señalan que el pueblo fue infiel a Dios; “siendo yo su marido”, dijo el Señor. Así que esto se trata de casamiento. En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo enseña acerca del matrimonio, del amor del esposo y la esposa, y termina diciendo: “Grande es este misterio”, y no se refiere al matrimonio, sino del misterio del casamiento de su Hijo con la iglesia; dije que todo en la Biblia se trata de un casamiento, desde el principio hasta el final. Cuando termine el tiempo que Dios le ha asignado al hombre, vendrán las Bodas del Cordero.

Shavuot entonces es una fiesta que comenzó en el Sinaí y se celebra todos los años. Cuando entraron en la tierra prometida, dejó de fluir el maná del cielo y comenzaron a producir la tierra. Es en ese entonces cuando Dios da la orden de que deben presentarse delante de Él con ofrendas de primicias de los frutos de la tierra. Todo tiene que ver con cosecha, y lo mismo Pentecostés, que es Shavuot. Al llegar el tiempo en que Jesús se fue al cielo, hubo un Pentecostés o Shavuot en que sucedió algo extraordinario y por ello decimos que ese día nació la iglesia de Jesucristo, su novia. En el Antiguo Testamento siempre se habla del Padre, Jehová de los Ejércitos como el esposo de Israel. Pero a partir del Pentecostés, después que Cristo ascendió al cielo, hablamos de la novia de Cristo y de Él como el Esposo. Esto se trata de dos pactos y los dos tienen que ver con matrimonio. A la celebración de Shavuot los griegos le llaman Pentecostés, porque en aquel entonces dominaba la cultura griega; y Shavuot significa 50.

Los grandes hechos de Dios suceden en los tiempos de Dios, lo que significa las convocatorias de Dios. A esto se refiere la Biblia desde el Génesis en adelante. Y los hechos de Dios: el nacimiento de Cristo, su muerte y su resurrección, la venida del Espíritu Santo, etc., sucedieron dentro de las fiestas que Dios ha ordenado.

Shavuot entonces es una fiesta de Pacto. Convocatoria de Dios a su pueblo 50 años después de las fiestas de las Primicias. Primicia es la primera cosecha de primavera en Israel que es la de la cebada. Y Dios pidió que se hiciera una fiesta y presentaran el fruto como ofrenda mecida delante de Él. Y en un día de primicias o primer día de la semana, día domingo, Jesús resucitó y es llamado “Primicia de los que resucitan”. Así que la fiesta de la primicia de la cosecha habla de la gran cosecha del primero que resucitó de muchos. Resucitó Él primero y en 50 días resucitarán todos los que han creído en Él.

Entonces esa convocatoria de Dios comienza en el Sinaí, y en ese momento comienza a funcionar el primer pacto de Dios con su pueblo. Nosotros le llamamos Antiguo Testamento y no está muy bien dicho, pero sí corresponde decir: Antiguo Pacto o la Primer Alianza. Cuando llega Pentecostés, esto es cuando ya Cristo vino, ocurre en una fiesta de Shavuot; igual, es una convocatoria de Dios a su pueblo 50 días después de las primicias. Y aquí sobreviene un nuevo Pacto o se echa a andar un nuevo Pacto. Cuando murió Cristo en Pascua, ese evento, fue el paralelo de la salida del pueblo de Israel de Egipto. Y a los 50 días llegó al Sinaí, y entonces comienza el primer Pacto. Entonces, Jesús muere en Pascua y después de que resucita se cuentan los 50 días y estamos en Pentecostés que es el derramamiento del Espíritu Santo. Esto es el Espíritu de Dios viviendo en, habitando en el templo que Él se ha preparado; porque Él nos ha limpiado y nos ha perdonado, como en Pascua, la sangre de Cristo, y después viene el derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia.

Leemos en Levítico 23:15: “Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. (49) Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová”.

En la semana que Jesús murió, el año en que murió, Pascua cayó en día miércoles y resucitó en día domingo. La resurrección de Jesús no siempre cae en domingo. Pascua puede caer cualquier día de la semana. Pero, las fiestas de las Primicias siempre caen en día domingo. Después de Pascua se cuenta el sábado siguiente; y al día siguiente del sábado siguiente celebran las Primicias. Y esta festividad siempre va a caer en día domingo. Y desde aquí se cuentan 7 semanas, es decir, siete sábados y en el día 50 que es primer día de la semana o domingo, se celebra Pentecostés. Repito el mismo concepto: No siempre el día de resurrección cae en día domingo, pero sí cae siempre en día domingo la fiesta de las primicias. La Pascua siempre es un Sabbat solemne. Sabbat era un día de descanso dedicado a Dios.

SHAVUOT y PENTECOSTES: EL CASAMIENTO DE DIOS CON SU PUEBLO

Llegamos a la conclusión de que Shavuot o Pentecostés son lo misma fiesta. Dios le dijo al pueblo: “Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54:5). La relación de Dios con su pueblo es una relación de matrimonio. ¿Qué quiere destruir o deconstruir la ideología de género? ¡El matrimonio! Los hijos de Dios defendemos el matrimonio y se lo enseñamos a nuestros hijos. La ideología de género quiere que los niños tengan autonomía y tomen sus propias decisiones, aunque los padres estén en desacuerdo. El concepto de patria potestad es un derecho fundamental y es el derecho que tienen los padres a tomar decisiones por los hijos. Y hay una ordenanza de Dios que señala que le tenemos que enseñar a nuestros hijos su palabra.

La relación que Dios tiene con su pueblo es de matrimonio; y la relación de la iglesia con Jesús es un desposorio, una promesa de casamiento. Las Bodas del Cordero sucederán cuando Él venga a buscar a la iglesia. La relación que Dios tiene con su pueblo es muy seria y Él exige fidelidad. Y el pueblo de Dios lucha por ser fiel a su marido, su hacedor. Dios dijo: “Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía” (Ezequiel 16:8).

Muchos versículos hacen referencia a que Él es Jehová nuestro hacedor. Así como escribió Jeremías: “Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo…” (Jeremías 3:14) El matrimonio es cosa seria. No es que el hombre instauró el matrimonio porque se encontró Adán con Eva; no es que vino Cupido flechó a un hombre y una mujer. El matrimonio existe por causa de las verdades espirituales de Dios con su pueblo. Los cristianos se han acostumbrado a que la ley los habilita a divorciarse, pero Jesús dijo que esto no fue así en el principio. Dijo Dios: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). No dice que se unirá a sus mujeres sino a su mujer. Entonces Dios siempre espera que haya un pacto de amor y fidelidad entre el hombre y la mujer. Dijo Dios: “…tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion”.

En el tiempo de Jeremías estaban cayendo bajo el poder de Nabucodonosor y a Jeremías lo encarcelaron metiéndolo en un pozo profundo por estar profetizando que Nabucodonosor se los iba a llevar cautivos, que iba destruir Jerusalén y también el Templo. Iba a quedar roto el matrimonio entre su Dios y su pueblo. Ya Dios no iba a defender a su pueblo, sino que los iba a dejar caer bajo el poder de Babilonia. Mas Jeremías escribió que el Señor los iba a tomar otra vez y los introduciría nuevamente en la tierra. ¿Por qué? Porque Él quiere casarse de nuevo con su esposa adúltera y quiere hacer un Nuevo Pacto. Así como está escrito en Jeremías 31:31: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá”. Algunos dirán que está hablando de los judíos. ¡Está hablando de nosotros! El apóstol Pablo aclara que los que hemos creído en Cristo Jesús tenemos la fe de Abraham, somos sus descendientes y somos parte de su pueblo. Porque no es israelita solamente el que lo es en la sangre, sino que también quienes hemos creído en Cristo Jesús somos sus descendientes; es pueblo de Israel.

En Pentecostés se celebra el pacto de la fidelidad de Dios hacia nosotros. Que siendo aún nosotros pecadores, Él nos amó y estuvo dispuesto a tomar a su esposa adúltera y volver a firmar un Nuevo Pacto con su esposa. Y agrega Jeremías: “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová”. Aclaro; una mujer, un hombre que ha adulterado en su matrimonio ha roto el pacto con su cónyuge. Si después se quieren volver a juntar, tienen que presentarse delante de Dios y renovar el pacto. Tienen que hacer una nueva promesa de fidelidad. Algunos dicen de juntarse de nuevo. ¡No! Preséntate delante del Señor y sella tu pacto con Él. Porque Dios tiene que estar en medio de ustedes. El casamiento no es de dos sino de tres. El pacto que el pueblo ha hecho con Dios no fue la salida de Egipto, sino que fue en el Sinaí; allí hicieron un pacto de fidelidad. Por todos lados insiste la Biblia que Dios es el marido de su pueblo. Dios le hizo vivir a Oseas en su propia piel lo que es amar a una mujer adúltera. El Señor le dijo: “Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas” (Oseas 3:1). Oseas pagó por ella; la compró. Entonces, Dios compara su amor por su pueblo como el de Oseas por la mujer adúltera.

El amor de Dios por su pueblo, es el amor por ese pueblo adúltero como esa mujer. Dijo más el Señor: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33). Vienen días, y ya llegaron, que Jehová hace pacto con su pueblo.

Así dice Deuteronomio 16:16 y 17: “Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado”. Las fiestas solemnes de las semanas son las 7 semanas. Es Shavuot o Pentecostés. Esto nos habla de la importancia del día de Pentecostés. Esta es una de las tres fiestas o convocatorias ordenadas por el Señor en la que todo varón debía presentarse delante de Dios en Jerusalén.

Me pregunto, ¿aprovechó Dios esta circunstancia del Pentecostés como del Sinaí, o lo tenía planeado desde el principio? ¡Lo planeó todo! El Pentecostés fue ordenado por Dios porque es una señal; es un tiempo elegido por Él para establecer pacto con sus hijos. Es un tiempo especial para pedirle perdón a Dios por todo lo que has hecho caprichosamente, por tu testarudez y no obedecerlo. Es día de pedirle perdón por haber adulterado y fornicado delante de Él y por haberte apartado de Él. Sigues asistiendo a la iglesia, pero no tienen deseo de adorarlo y de orar, te cuesta leer la Biblia; estás frio. Dios no se va a casar con alguien que no lo ama. Dice la Biblia que aquel día la iglesia va a estar ardiendo; va a estar pura y limpia sin mancha ni arruga. Dios quiere sacar tus pensamientos absurdos y tus ideas concebidas acerca de Él. Dios quiere que le honres como Él espera.

Para que nos demos cuenta qué tan importante es esta fiesta en Jerusalén, que Hechos de los apóstoles describe la cantidad de gente que había el día que irrumpió el Espíritu Santo. ¿Aprovechó el Espíritu Santo para venir en esa celebración o esta fiesta estaba destinada desde el principio de los tiempos para derramar su Espíritu? En esa misma fecha esa fiesta estaba destinada. Dice la Biblia en Hechos que había ese día en Jerusalén: “Partos, medos, elamitas, los que habitaban en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes. Estos oían hablar en sus lenguas las maravillas de Dios” (Hechos 2:9) según declararon. ¿Recuerdas la historia de Babel? En Babel Dios confundió las lenguas, ninguno entendía al otro. Pero en Pentecostés la cosa fue distinta. Los que no se entendían se entendieron, y escucharon a los creyentes que habían sido llenos del Espíritu Santo que hablaban en sus propias lenguas.

Pentecostés era una fiesta alegre y de gratitud. Se presentaba delante de Dios las primicias de los granos que se acababan de cosechar; pero hubo un grupo de creyentes que recibieron el mandato de Jesús cuando les dijo que no se fueran, que se quedaran en Jerusalén y esperaran la promesa del Padre porque la cosecha más grande estaba por llegar. Había 120 creyentes. El apóstol Pablo hizo tres viajes misioneros para predicar en todas esas regiones. Y dice la Biblia en Hechos 20:16: “Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén”. Era importante esa celebración. Andaba predicando vaya a saber por dónde, y lo invitaban a varias ciudades, pero él se apresuró para llegar a Jerusalén para celebrar Pentecostés. Jesús les había dicho a sus discípulos: “…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:18).

CONCLUSIÓN

La palabra de Jesús de hace más de dos mil años se ha cumplido y ha llegado a todas las naciones. Nadie puede ser cristiano sin que el Espíritu Santo habite en su vida. Puedes ser teólogo, puedes ser un gran sacerdote o pastor, o tele evangelista. Puedes reunir miles de personas en tu iglesia, pero si el Espíritu Santo no te guía y el poder de Dios no opera en tu vida, no eres creyente y menos cristiano. Dijo Jesús: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Lucas 7:21). El que hace la voluntad del Padre es porque el Espíritu le guía a dónde tiene que ir, lo que tiene que hacer o hablar. Dios necesita valientes que arrebaten el reino. Él está levantando un ejército. ¡No te quedes!

Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes, juntos. Unánime significa una sola alma, un solo ánimo. Significa, una sola mentalidad y voluntad. Estaban todos emocionados con una misma emoción. Estaban expectantes esperando la promesa del Padre. Alguno se habrá preguntado si vendría en Pentecostés el Espíritu Santo, otro se habrá despabilado y pensaba que los hechos más trascendentes acontecían en las fiestas instauradas por Dios; otros habrán dudado si realmente venía. Pero lo cierto es que estaban todos unánimes orando y esperando la promesa. Y dice la Biblia: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:2 al 4). El Espíritu Santo irrumpió en el lugar y los llenó. Ya no tenían que ser levitas o sacerdotes; ya no tenían que ser profetas. Sólo tenían que ser creyentes. Y el Espíritu Santo los tomó para que sean sacerdotes del Dios Altísimo. A esto se le llama el sacerdocio de todo creyente. Cada uno es un sacerdote que se presenta delante de Dios a favor del pueblo y que se presenta delante del pueblo a favor de Dios y les advierte para que oigan y abran el corazón a la palabra de Dios. Y cuando se levantó Pedro lleno del Espíritu Santo recordó la profecía dada al profeta Joel que dice: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán” (Hechos 2:17 y 18).

¡Estos son los postreros días! ¿A dónde vas a ir sin el Espíritu Santo? ¿Qué vas a hacer sin el Espíritu Santo? ¿Con qué luz te vas a alumbrar si no te alumbra el Espíritu Santo? ¿Qué vas a decir si el Espíritu Santo no te recuerda la palabra de Dios? ¡Es tiempo de cosecha! Los que no cosechaban, cosecharán como nunca antes.

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