¿QUÉ HAY EN EL CORAZÓN DE DIOS? - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

¿QUÉ HAY EN EL CORAZÓN DE DIOS?

INTRODUCCION

 

El hombre está confundido; hay opiniones encontradas en la ciencia y en la política. Una de las embestidas contra Dios ocurrió en la Revolución Francesa, que, bajo la excusa de laicidad, persiguió a los cristianos, de modo que entró la laicidad de una manera muy fuerte en todos los niveles del qué hacer de las naciones, y se le ha hecho una estatua a la diosa de la razón como denigrando a Dios. No solamente endiosaron a la razón, sino que metieron esa estatua dentro de la Catedral de Notre-Dame, y adoraron a la razón. Creyeron que la razón iba a sacar adelante al hombre y hoy el hombre está más confundido que nunca. Pero dejaron a la razón para confiar en lo que sienten; y ya ni la razón alcanzó. No hay dirección en la justicia porque no hay valores permanentes. La verdad, dice la Biblia, ha tropezado en las plazas, y entonces, la justicia quedó de lado.

Una de las cosas que me alegra dentro de toda la anarquía que se está viviendo, es ver a los hermanos de la iglesia salir a repartir alimentos. Me alegra ver cómo con tanto esmero hacen esas ollas de amor. Aliento a que se sumen más personas a hacer este trabajo y a que no dejen de donar ropa y alimentos para los necesitados. Muchos golpean las puertas de nuestros hogares pidiendo un plato de comida. Quiero decirte que el ayudar a los más vulnerables alegra el corazón de Dios. En su corazón no está aplaudir tus logros, sino el ser humano triste, quebrantado, débil.

Cuando nosotros actuamos conforme a su corazón, Él nos da victoria.

 

LA ORACIÓN QUE DIOS RESPONDE

 

Hay muchos que oran a Dios y no encuentran respuesta, creen que Dios no oye, que los ignora o está enojado; y yo te digo que Dios oye la oración del justo y siempre contesta que sí. Alguien dirá: “No siempre contesta que sí”. Déjame decirte que Dios nunca respalda oraciones que se hacen contra su designio porque Él está interesado en su voluntad y no en la tuya. Dios anda buscando personas interesadas en su voluntad. Dios siempre contesta que sí a las oraciones que se hacen con fe. Tal vez dices: “Yo oré con fe y sin embargo Dios no me contestó”. La fe es un instrumento que Dios le ha regalado al hombre para que este conozca la voluntad de Dios, y ore, y haga conforme a su voluntad. Si el hombre ora conforme a la voluntad de Dios y hace conforme a su voluntad, Dios, no solo no se opone, sino que respalda la fe. Más bien debo creer que lo tuyo no era fe sino una ilusión, un deseo, una codicia o ambición; pero no era fe. Pero si lo que tienes es fe, esa espada te la ha dado Dios, viene de Él y proviene de Él y es para que se haga su voluntad. Por lo tanto, al que tiene fe Dios le contesta que sí. Siempre coincide la fe con los designios de Dios. No te dará Dios fe para que hagas una oración que va en su contra y ores en contra de su voluntad y te diga que no. La fe te la da Dios para que ores y hagas su voluntad, y Él se complace en respaldar tu oración y tu acción. La fe verdadera es de Dios y proviene de Dios. No te va a dar fe verdadera para que ores y después te diga que no. ¡Es ridículo! Siempre Dios contesta que sí.

La Biblia dice en Santiago 4:3: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. No oras conforme a la voluntad de Dios sino a tus propios deseos. Tú quieres que se haga la voluntad de Dios y el Señor está buscando en la tierra, gente que conozca y abrace su voluntad, que la ame y se mueva por ella.

Dios quiere llenar la iglesia con su gloria. Él quiere que abunde su Espíritu Santo en la iglesia, en medio del caos que vive el mundo, como señala Génesis 1:1 y 2:En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Se traduce la frase que señala que estaba desordenada y vacía con la palabra caos. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Yo diría que hay caos, mas el Espíritu de Dios se mueve a través de los creyentes. Los creyentes hacen la obra de Dios; tienen el Espíritu Santo y gozan de su favor. Entonces, tenemos que confiar que Dios nos acompaña en nuestras tareas, pero con ciertas condiciones, por ejemplo, no te pongas a orar sin fe. No hagas algo que no estés seguro que es la voluntad de Dios. Nosotros oramos: “Señor, hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo”. ¡Que yo esté disponible para hacer tu voluntad y no otra cosa! Hay cosas que yo considero importantes, pero para Dios no lo son; hay cosas por las que me empecino y Dios no quiere que lo haga. Y la victoria es para los soldados de Cristo; es para aquellos que han asumido un compromiso con la voluntad de Dios en la tierra.

Y la voluntad de Dios no es tan complicada. Dice Isaías 58:10: “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Yo estoy muy contento y estoy seguro que Dios también lo está con las iniciativas que está teniendo la iglesia, no solo al compartir alimentos sino también el pan del cielo con aquellos a quienes están ayudando. La iglesia está haciendo la obra de Dios; está haciendo justicia. Justo no es aquel que no hace nada malo; justo es el que hace lo que tiene que hacer. Hay quienes piensan que van a ir al cielo porque no se pelean con nadie, se llevan bien con todos y no le hacen mal a nadie. Tú no haces nada no; no sirves para nada. No te metes con nadie y que nadie se meta contigo. Hay gente que tiene miedo agarrarse el virus; no sabe si salir o no, si ir a la iglesia o no, o mejor se queda encerradita en su casa. Y he visto el gozo que tienen las personas que van a hacer ollas de amor a algún barrio, esos que les dan un vaso de leche a los niños, o les dan abrigo. También ha habido algunos que integran grupos amigos que han salido a hacer esta tarea, pero no fueron prudentes y se contagiaron todos. La falta de prudencia no la aplaudo, pero sí celebro que después que se sanaron siguieron con su tarea en los barrios carenciados. Es que cuando la voluntad de Dios arde en el pecho no podemos estar dedicando tiempo o fuerza en pavadas sino en aquello que alegra el corazón de Dios.

El designio de Dios está orientado al ser humano que Él ha creado, del cual se compadece, por lo que no puede verlo angustiado ni con necesidad, y pone en nosotros, sus hijos la responsabilidad de hacer justicia. Hacer justicia es cumplir la ley de Dios, y cumplir la ley de Dios es amar al prójimo. Y en este tiempo se está levantando la iglesia que entiende que es importante salir a salvar almas y hablarles de Cristo. Hoy más que nunca debemos predicar el evangelio. Un sector de la iglesia se ha dado cuenta que en medio del Covid, en medio de la oscuridad, de la anarquía y del dolor hay bendición y la generan los que creen en Dios, los que lo aman y hacen su voluntad por sobre todas las cosas. Dice la Biblia en Isaías 58:10 y 11: “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”. Pueden tener certeza absoluta de esta promesa aquellos que tienen un corazón como el de Dios; que no le ponen excusas para hacer su voluntad, ni siquiera al dolor. Estas son personas que tienen compasión, y esto significa que no solamente hacen algo por el prójimo, sino que les duele tanto lo que sufre el prójimo, que lo sienten como que ellos mismos estuvieran sufriendo. Les duele las personas que están padeciendo en un hospital y sienten la misma angustia que esa persona y sus parientes sienten. Los compasivos son los que producen oraciones fervientes por cuanto sienten el dolor del otro como suyo propio. Esos piden por la necesidad de su prójimo y Dios siempre les va a decir que sí.

Isaías 58:10 dice que, si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. En el principio la tierra estaba desordenada y vacía, la oscuridad y el desorden prevalecía, pero el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y si el Espíritu de Dios se mueve algo grande va a suceder. El Dios que dijo: “Sea la luz”, cuando todo era oscuridad; es el Dios que puede sacar luz de la oscuridad y que hace todo de la nada. Es el Dios que puede hacer lo que se ve de lo que no se veía. Por eso declaró que en medio de las tinieblas nacerá tu luz. ¡Habrá luz en tu casa! ¡Habrá luz en tu corazón y dirección en tu vida! ¡Habrá fuego y visión en tu vida! Cualquiera pensaría que no es tiempo para predicar esto porque la cosa está muy mal. Y yo te digo que no importa lo que esté pasando en el mundo con el Covid y con la economía; si tú dieres tu pan al hambriento y saciares el alma afligida, lo más oscuro de ti brillará como el sol del mediodía.

 

EL CORAZÓN DE JESÚS

 

Conozcamos más el corazón de Jesús. Dios no festeja nuestro éxito; Él celebra nuestra compasión. Al Señor no le importa tanto el éxito que hayas tenido en esto y en lo otro. Jesús vino del cielo para mirar a la gente cara a cara y compadecerse de ella.

Había un grupo de cuatro mil hombres sin contar mujeres que no tenían qué comer y Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer” (Marcos 8:2).

Jesús les dio de comer alimento del cielo, pero no estaba conforme porque a Él también le interesa que tengas comida, vestido y techo; le interesa que seas bendecido. Estaban en un desierto y Jesús dijo: “…si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos”. Pero los discípulos pensaban en la dificultad. Habían visto muchos milagros que hizo Jesús; inclusive, antes de este milagro le había dado de comer a cinco mil personas de la misma manera, con unos pocos panes y unos pocos peces. Y dice la Biblia en Marcos 8:4: “Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?” Cuando multiplicó panes y peces para cinco mil personas, les había dicho a los discípulos, para probarles, que les dieran de comer y uno de ellos dijo: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco”. Doscientos denarios eran doscientos jornales; un jornal son unos 2 mil pesos, multiplicado por 200 son unos 400 mil pesos. Necesitaban 400 mil pesos de hoy para darle de comer a una multitud de cinco mil personas. Pero en este caso estaban en un desierto y no había ni siquiera a dónde ir a comprar. Y los discípulos no dijeron a Jesús que necesitaban tanta plata, sino que no había donde comprar pan.

“Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete” Lo importante no era cuántos peces había sino la compasión de Jesús. Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió” (Marcos 8:6 al 9).

A Jesús no le fascina ir a las fiestas, aunque ha ido a alguna que otra; tampoco le atrae estar en la casa de los ricos, aunque fue a alguna. El gran corazón de Jesús se manifiesta en contacto con las personas necesitadas. Él puede ver en sus ojos lo que les sucede, sus temores y angustias, y la impotencia que sienten. Jesús atiende las necesidades de la gente conforme a la gran compasión que tiene.

Cuando leemos los evangelios nos damos cuenta que esa era la tarea principal de Jesús. Su prioridad no era pasear. Hubo momentos en que Jesús no tenía tiempo para comer ni descansar. De pronto les decía a sus discípulos de irse a descansar, entonces se suben a una barca y se los lleva al otro lado. Entonces, la gente que lo seguía, miraba a dónde se dirigía la barca y se iban caminando al lugar, llegando antes que el Señor. Y cuando Jesús llegaba, en vez de descansar, veía la gran multitud que se había juntado y que le demandaba que hiciera milagros.

 La multitud no necesitaba el dinero ni el trabajo; lo que el mundo necesita es a Cristo. Él es el deseado de todas las naciones. El que satisface nuestros anhelos. Quien perdona nuestros pecados, nos da vida eterna y herencia en el reino de nuestro Padre. ¿Y qué es lo que quiere el Señor? Quiere que nuestro corazón sea como el suyo. Justicia es amar al prójimo. En una oportunidad Jesús va a Tiro y Sidón, ciudad de los fenicios. No era Israel. Y no quería que nadie lo supiese, pero no pudo esconderse; y dice la Biblia: Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies” (Marcos 7:25). La mujer creía que instantáneamente Jesús iba a librar a su hija de los espíritus que la aquejaban. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio”. La mujer se postró ante Jesús, y no cualquiera se postraba delante de Él; tienes que tener una revelación muy especial de quién es Él para postrarte delante del Señor. La mujer entendió que Jesús no era una simple persona y había presencia de Dios en su vida. Jesús le dijo: “Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. El pan aquí es el favor de Dios, el milagro de Dios. En Mateo 15:24 al 27 leemos: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

¡La mujer le suplicó con fe! Y Jesús le respondió: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”. Hay una mujer a la que no le corresponde el ministerio de Jesús porque era para Israel. Y después que Jesús asciende al cielo se dispersa el evangelio en el resto de las naciones; pero Jesús no puede negarse a la fe. En otras palabras, Dios el Padre le había dado a esta mujer fe; y Jesús la detectó inmediatamente. ¡Jesús no se puede resistir a la fe! El Señor le concede un milagro extraordinario a esta mujer por causa de su gran compasión por el mundo; y dice Marcos 7:30: “Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”.

La gran solución de los discípulos era, según leemos en Marcos 6:35 y 36: Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer”. No le iban a preguntar qué podían hacer con esa gente tan hambrienta, no. El hombre en su impotencia, en su falta de fe y desconocimiento, actúa mal. Mateo nos narra que Jesús entró a Jericó; iba de camino, pero la gente lo seguía. Y un ciego que estaba sentado junto al camino mendigando se enteró que Jesús pasaba por ahí. Algo fuerte se despierta en ese hombre al escuchar de Jesús y comienza a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Jesús iba de camino y no parece que había pasado al lado del hombre. Entonces Mateo cuenta que muchos le reprendían para que se callase, pero él gritaba mucho más: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¿Cómo no se iba a detener Jesús? Si Dios, según dice la Biblia en Juan 3:16 de tal manera amó al mundo que envió a su Hijo para que entregase su vida por la humanidad.

Lo que más aqueja a Dios es la miseria del ser humano. ¡Benditos los que tienen un corazón como el de Dios! Y para eso Él nos ha provisto de su Espíritu Santo. No importa cuánta oscuridad haya en el mundo; en la iglesia se mueve el Espíritu Santo como en el Génesis. Se detuvo Jesús y mando a llamar al hombre. ¡Ahí aparecen los buenos! Los discípulos lo fueron a buscar y le dijeron: “Ten confianza; levántate, te llama”. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista”. Parece que no fue ciego de nacimiento porque le pide que recobre la vista. Y Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”.

Al hombre ciego no lo pudieron callar. ¡No lo pudieron parar! Ni siquiera las personas malignas que lo reprendían para que se callara y que no molestara al Maestro porque tenía cosas más importantes que hacer. Pero lo que verdaderamente le importaba a Jesús era hacerle bien a la gente.

 

CONCLUSIÓN

 

Oro para que la iglesia, mientras el mundo entra en caos, siga bendiciendo y haciendo bien a las personas. La ciencia no va a poder enderezar este mundo, tampoco la sabiduría del hombre. Los hombres están confundidos; son elocuentes y tratan de mostrar qué hacer y qué no, pero el mundo sigue en caos. Han dicho que venían más cepas y ya han declarado con total certeza que el virus que infectó al mundo entero salió de un laboratorio de Wuhan, China. ¡Está confirmado! ¿Qué habrá en la cabeza del hombre? Sé que desde la segunda guerra mundial están estudiando cómo ganar una guerra biológica que destruya a los seres humanos, pero dejen las ciudades intactas. Dios no está interesado en salvar edificios; Dios quiere salvar a las personas. Me gozo al ver cómo el corazón de muchos cristianos se ha encendido y han entendido que son las manos y los ojos de Dios en la tierra; y se compadecen como Jesús, de los afligidos, de los quebrantados, de los huérfanos y las viudas. ¿En qué se manifiesta Dios en nosotros? En que amamos a la gente. ¿Qué gente amamos? La gente más necesitada; los hambrientos, los rechazados y desplazados.

Oro que el Espíritu Santo te toque y te movilice las entrañas. Dile a Dios: “Dame el corazón de Jesús. Tú no miras nuestras grandes proezas y logros. Tú no miras las grandes edificaciones ni los grandes aviones. Señor, tú miras a los necesitados. Tú no trajiste la peste al mundo; la trajo el hombre. No obstante Señor, tú eres misericordioso y yo quiero ser como tú. Tú eres poderoso y yo quiero que tu poder opere en mí. Dame un corazón como el tuyo”.

El mundo está por ver lo que tú puedes hacer Señor, con un cristiano enteramente consagrado a ti. Sacia los corazones afligidos Señor; sacia las almas hambrientas y sedientas, te lo pido en el nombre de Jesús. Manifiéstate en las familias, en los matrimonios, en el gobierno. ¡Toca nuestros corazones con tu fuego, Padre! Llénanos con el poder de tu Espíritu Santo, te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

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