UNA VIDA SUPERIOR - Misión Vida para las Naciones

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MENSAJES DEL CIELO

UNA VIDA SUPERIOR

INTRODUCCIÓN

La palabra de Dios es el alimento de la vida espiritual. Los que hemos creído en Jesús tenemos esa vida espiritual.

Hoy quiero hablarte acerca de la vida eterna y de la vida del espíritu que es la vida que vence. La vida natural es una vida fracasada; ha pecado y ha sido condenada por Dios. La Biblia dice que el alma que pecare morirá. Dios les dijo a Adán y a Eva: “…De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16 y 17). El hecho es que murieron a su relación con Dios; murieron a la vida espiritual porque Dios es Espíritu. La comunicación y la comunión con Dios es a través de la vida espiritual, y Adán y Eva quedaron desconectados de Él, quedaron librados a la elección que ellos habían tomado, que era, entender el bien y el mal con su alma.

Alma es la psiquis, la mente, el intelecto; alma es la voluntad, los pensamientos y las emociones, todo lo que proviene del hombre. Y lo espiritual proviene de Dios. Juan declaró: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12 y 13).

Hay entonces dos clases de vida; la vida natural, que fracasó, y la vida espiritual que recibimos y que no la podemos generar nosotros mismos. Es decir, no podemos hacer que nuestra vida natural se convierta en espiritual, que sea obediente y no sea pecaminosa porque lo es. Cuando Adán y Eva pecaron quedaron desprovistos de esa vida espiritual y quedaron viviendo en una vida natural. Y cuando tuvieron hijos, esos hijos nacieron como su padre, desprovistos de vida espiritual. Nacieron pecadores. Todos los seres humanos hemos nacido pecadores; nacimos sin pecados, pero sí pecadores. Siempre hablo de la máquina de hacer chorizos. Supongamos que esa máquina nunca fue estrenada, todavía no la usó nadie; nunca hizo chorizos, pero es una máquina de hacer chorizos. Cuando comience a funcionar la máquina, ¿qué va a salir? ¡Chorizos! Nosotros nacemos sin pecados, pero nacemos pecadores, y a medida que comenzamos a crecer comenzamos a pecar. Todos los que hemos nacido de la descendencia natural de Adán tenemos una vida biológica y una vida del alma o de la psiquis; ahí radica nuestro yo, nuestro intelecto, nuestra manera de pensar. Vida que manejamos por nuestra propia cuenta hasta el día que le entregamos a Jesús nuestro corazón y lo hacemos a Él Señor de nuestra existencia, y dejamos de ser nosotros amos de nuestras vidas.

LA VIDA ESPIRITUAL: NO SE LOGRA MEDIANTE ESFUERZO HUMANO

Veo que demasiados creyentes se esfuerzan por lograr una buena vida cristiana, por mejorar sus vidas; y entonces, por ejemplo, luchan por dejar de mentir y no pueden. Otros luchan para dejar el alcohol y no quieren volver a tomar, pero sucumben. Otros luchan por dejar de fornicar, y piensan que cuando dejen de hacerlo Dios los va a amar y van a estar bien delante del Señor; y esto es un grave error. ¿Por qué es un error? Porque nosotros, como hemos pecado y hemos muerto al espíritu, nos hemos hecho esclavos del pecado. No tenemos la capacidad de crear vida o de mejorarla para ser como a Dios le agrada. No es tarea del hombre hacerse cristiano; no es del manzano suplicarle a Dios para dar manzanas, porque el manzano por su naturaleza da manzanas. No puede un manzano clamar a Dios para poder dar higos porque no está en su naturaleza dar higos, sino manzanas. En tu naturaleza no está el bien; en tu naturaleza no está el poder agradar a Dios. Por eso existen dos vidas; una vida espiritual superior y una vida natural. La vida natural nada puede y nada logra. Por lo tanto, tienes que descubrir la gloria y el poder de la vida espiritual, la cual sí puede.

La vida espiritual no peca, no es vencida por el pecado; tampoco es vencida por la tentación. La vida espiritual no es vencida por el mal porque es de Dios y es eterna. ¿Y qué vida es? ¡Vida engendrada por Dios! Los seres humanos podemos engendrar conforme a nuestra naturaleza, o sea, la naturaleza humana y pecaminosa. Mas cuando es Dios el que engendra, engendra vida espiritual conforme a su naturaleza. Nosotros que engendramos conforme a nuestra naturaleza somos pecadores y no podemos dejar de serlo por nuestra cuenta. Necesitamos creer en Jesús porque así dice Juan: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Se trata de creer y vivir en la gloria de esa vida engendrada por Dios. En la vida natural nos debilitamos fácilmente y caemos. En la vida natural fácilmente somos tentados, nos deprimimos, nos angustiamos, nos llenamos de odio, etc.; todo esto pertenece a la vida natural. Pero no podemos dejar que domine esa vida. ¡Hay una vida superior! ¡Hay una vida victoriosa! Veo demasiados cristianos queriendo agradar a Dios tratando de mejorar su conducta. Conocemos el dicho que dice: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Podrás vestirte con lo mejor que tienes pero eso no va a cambiar tu naturaleza. Esto se trata de que si haces tú la obra, o la hace Dios. El Señor tiene que tener la libertad para hacer la obra que Él quiere a través de ti.

LA VIDA ESPIRITUAL: ES UN REGALO DE DIOS

La vida eterna es un regalo de Dios. Actúas como tonto tratando de mejorar tu vida y resulta que la buena vida, la vida que agrada a Dios es engendrada por Él y además es un regalo suyo. ¿Qué significa esto? Que no tienes que hacer nada para ser una buena persona. Cuando alguien te hace un regalo es porque te ama. Dios nos ama y diseñó un regalo para nosotros. Dios tomó el barro, tomó esa naturaleza caída y puso dentro de ese vaso de barro su gloria. Él no trajo cualquier vida, trajo su sustancia y su naturaleza a nosotros. Por eso es que somos hijos; porque hemos sido engendrados por Dios. Y si somos hijos, somos herederos de Dios y reinaremos juntamente con Cristo. ¡Ese es el plan de Dios! Luchamos muchas veces por ser mejores, luchamos por no pensar lo que pensamos, y no se trata de eso. La vida espiritual no surge porque luchemos. Si nosotros luchando logramos algo; como mejorar nuestra existencia, entonces ya no sería un regalo de Dios. Ya no habría que darle la gloria a Dios sino a nosotros. Como si Dios tuviera que premiarte porque haces fuerza para ser buena persona; pero por hacer fuerza y por tu propia voluntad, nunca vas a cambiar tu naturaleza pecaminosa. ¡No lo vas a lograr! Lo que debes alcanzar es la vida espiritual, y eso no se logra a través de obras o de esfuerzo humano. Eso se logra a través de la fe; por eso Juan dijo: “A los que creen…” Cuando crees en Cristo Jesús, entonces, el Padre engendra vida espiritual en ti.

Mucha gente dice: “Yo no tengo fe. Que Dios me de fe porque yo no creo”. Todos tenemos alguna medida de fe, solo que la aplicamos a lo que nos gusta. Cuando llegué a Uruguay me sorprendí porque mucha gente decía creer en el hombre. Ellos ponen su fe en el hombre. Cuando fui a la India, vi templos en los que se adoran a los elefantes y ratas; recuerdo un templo donde había una serpiente con siete cabezas. El hombre tiene fe, el asunto es dónde deposita esa fe. ¡Bendito sea Dios que un día la luz llegó a mi vida y yo creí en su palabra, y creí en Jesucristo el Autor y consumador de la fe!

La vida superior y espiritual tiene paz; y la Biblia dice que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento. ¿Qué Covid, qué maldición o catástrofe? ¿O la muerte de quién me va a quitar la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? Cuando tú logras vivir en esa nueva dimensión, nada puede quitarte la paz de Dios. Cuando vives en el nivel de abajo y natural se te esfuma la paz. La verdadera vida cristiana que tiene la vida espiritual, vence en todo territorio. Es un don o regalo de Dios; es engendrada por Él y es una vida que no puede perder. La vida espiritual es una vida que no puede pecar y es incorruptible.

LA VIDA ESPIRITUAL: SE REFLEJA EN TU CARA

¿Se puede ver en ti esa vida? La vida superior o espiritual se puede ver en el rostro de los creyentes. Si estás amargado se refleja en tu cara. ¿Ese es el Espíritu Santo que habita en ti? ¡No! Es un espíritu de amargura que hay en ti. Ese espíritu habita en tu alma. Entonces, se puede ver en el rostro de las personas cuál es el espíritu que le está aquejando o dominando. Si hay resentimiento o rencor en ti se nota. La tristeza, la amargura y el odio se te nota en la cara; todo espíritu que domina en ti se muestra a través de tu cara. Ahora, en cuanto a la vida cristiana, así llamo a la vida espiritual, la cual tenemos que diferenciarla de cualquier otra vida; muchos no debieran ni decir que son cristianos porque en su mirada se manifiesta otra cosa. No se le nota en su cara el gozo y la paz de Dios. La vida cristiana se ve en la cara de los creyentes. Ninguna amargura puede reflejarse en el rostro de los cristianos porque solo sale el gozo del Señor, y sale la alegría de ser hijo de Dios. ¡Tienes que llegar a vivir esa clase de vida! Si tú estás mostrando otra cosa que no es la vida cristiana, estás avergonzando a Dios tu Padre.

Estás haciendo mal las cosas y encima te llamas cristiano. El apóstol Pablo dirigiéndose a los corintios les dijo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Corintios 15:57). Aquí aparece el verbo dar. El gozo nos es dado y no se produce por una circunstancia. Es Dios quien nos da el gozo. La paz no surge por la ausencia de los problemas y no se produce por una circunstancia; la paz nos es dada. ¡Esa es la vida victoriosa! Una vida que no decae; eterna, gloriosa y maravillosa. Y hay que darle gracias a Dios. Si yo soy un buen cristiano, el que ha obrado en mí ha sido Dios, así que la gloria es para Él. ¡Todo es de Dios! El plan, el perdón, la vida, la paz, la justicia y la santidad, todo proviene de Dios; y es asignado a los que creen.

La vida cristiana tiene una naturaleza distinta a la que nos heredaron nuestros padres, y es una vida victoriosa porque no hay poderes de las tinieblas que puedan doblegarla. La Biblia dice que Dios ha puesto a satanás bajo nuestros pies. Entonces, algo anda mal cuando un creyente peca; cuando está deprimido, triste y derrotado. Ese cristiano no está manifestando la vida que Cristo ganó para nosotros en le cruz del calvario. La vida natural ha tomado dominio y la vida espiritual ha sido apocada. ¡Eso no puede ser!

LA VIDA ESPIRITUAL: VIDA ENGENDRADA POR DIOS

Leemos en 2ª Pedro 1:3 y 4: Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad; por supuesto que es la vida eterna, cristiana, la vida que Dios engendró. Todas las cosas que pertenecen a esa vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder. En este pasaje aparece el verbo dar otra vez. Conocer a Cristo es llegar y alcanzar entonces, esa vida, y todas las cosas que pertenecen a la vida. ¡Todo nos es dado por Dios! Por eso Él merece toda gloria, toda honra, toda alabanza y toda gratitud. ¡Porque Él lo hizo para nosotros! Lo hizo para poder tener hijos; para que seamos sus hijos y tengamos la vida y la naturaleza que Él tiene por la eternidad. Cuando entendemos estos misterios de Dios es cuando comenzamos a adorarle en espíritu y en verdad como Él merece. Yo quiero agradar a Dios; yo no trabajo ni predico para agradar a hombres. Muchos alaban o adoran a Dios carnalmente y eso suena feo en el cielo. ¡Da mal olor! No hay nada que nosotros podamos producir que agrade a Dios. A Dios le agrada ver cómo brilla esa vida que Él engendró en nosotros. Y la Biblia dice: Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).

Si nosotros pudiéramos lograr algo por nosotros mismos, entonces Dios tendría que darnos una retribución por nuestra victoria. Pero la Biblia dice que somos más que vencedores por medio de Él. Todo lo que tenemos en esa vida extraordinaria que Dios nos ofrece es un don de Dios. Tú tienes fe y crees que Él te dio porque creíste; pero no te jactes en nada porque la fe es un don de Dios. En el libro de Efesios leemos: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8 y 9).

Hasta la fe que tenemos para creer es un don dado por Dios; por lo tanto nada de gloria merecemos nosotros. Somos personas agraciadas y llegamos a vislumbrar la gracia y la gloria de Dios. Hemos escuchado la palabra de Dios y la hemos creído, y le hemos recibido en nuestro corazón, entonces nos hemos hecho acreedores a aquella gloria y majestad que Dios quería poner en estos vasos de barro. Aunque el vaso sigue siendo de barro; pero hay gloria adentro de ese vaso. Se percibe la gloria que hay en ese vaso porque se le nota en la cara. En el creyente consagrado, lleno del Espíritu Santo le vemos la mirada, la alegría, la paz; y decimos: “¡Este es un hijo de Dios!” Se ve la gloria de Dios a través de sus hijos. Esos son los representantes de Dios y van a la conquista del mundo. Esos son los soldados de Jesús que le están quitando territorio a satanás.

A satanás no le pertenece ni un solo centímetro cuadrado del planeta, ni a él ni a sus demonios. Ni satanás, ni ningún demonio, tienen autoridad para destruirte si eres un hijo engendrado por Dios. Eres un cristiano pero no se te ve la humildad, ¡no te hagas problema! ¡Cristo es humilde! La vida que Él te ha dado es una vida de humildad, y si logras creer verás que hay humildad dentro de ti. Si ves que no hay suficiente santidad en ti, ¡no te hagas problema! Cree en el Señor Jesucristo porque Él nos ha regalado su santidad. Me conmuevo al saber que Jesús dijo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:13 y 14).

Nosotros recibimos la vida de Cristo. “Yo les doy vida”, dijo el Señor. Nosotros teníamos que morir y ser condenados pero Jesús decidió tomar nuestro lugar y morir por nosotros. Tú no puedes vencer el pecado; Jesús ha vencido el pecado. Deja que el venza por ti. Él en mi vence el pecado. Para tener victoria necesitabas resucitar, pero, ¿podías hacerlo? Mas Cristo resucitó porque su resurrección es nuestra resurrección. Su vida es nuestra vida. Jesús quiere ser tu Señor y anhela que en ti sea vista su gloria. No hay mayor gloria para Dios que ver a un hijo con poder haciendo lo que a Él le agrada. Pero tú solo no puedes; Cristo puede todo en ti. Él nos ha dado todo lo que necesitamos para la vida, y nos lo ha dado porque hemos creído.

CONCLUSIÓN

Quita la mirada de las cosas de abajo, deja de turbarte y de amargarte. No podemos crear la vida de Cristo en nosotros porque es otra naturaleza; y tampoco podemos crear la victoria en nosotros. Si fuésemos victoriosos entonces tendrían que premiarnos y darnos gloria y honores. Mas Jesús te dice: “Yo te doy mi victoria. Mi victoria te pertenece y es asignada a ti porque has creído”. Jesús nos ha regalado su santidad, por eso el Padre nos acepta; y es que ya no cuenta lo que yo soy sino lo que Cristo es en mi lugar. ¡Él ocupó mi lugar! ¿Cómo hago para que esa vida se manifieste en mí? Dile con sinceridad: “Señor creo en ti. Yo te adoro y te bendigo. Enséñame a amarte Jesús”. No se trata de hacer algo sino solo de amar a Dios, de adorarlo y tener fe en su palabra. Yo no te he dicho nada que no esté en la Biblia. ¡Todo está en las escrituras! Es cuestión de creer o reventar. Esta palabra viene a tu vida para crear fe en ti, y la fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios. La fe te es dada, no la vas a elaborar tú. La fe es de Dios.

Dile a Dios: “Padre amado, recibo tu palabra y la creo. Esa vida eterna, vida poderosa, gloriosa y del reino ya la hiciste para mí, y yo creo. Manifiesta a partir de este día tu gloria Señor. Apaga Dios mío la miseria de mi alma, apaga las dudas y los temores, te lo pido en el nombre de Jesús. ¡Glorifica tu nombre Señor! Yo recibo tu palabra, creo esa palabra. Te doy gracias Dios porque me has dado vida eterna y junto con ella me has dado victoria, santidad y pureza; me has dado paz y gozo. ¡Gracias Señor! Amén”. 

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