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MENSAJES DEL CIELO

DIOS RESPONDE “SI” A LA FE

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ESTE MENSAJE:

INTRODUCCIÓN

Leemos en Hebreos 11:6: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Antes de aceptar lo que dices, las personas deciden si te aceptan a ti o no; si te ven aceptable y confiable, les es más fácil que acepten lo que dices. Yo, antes de predicar, me baño, me visto con lo mejor que tengo y me pongo perfume para agradar a la gente. Sucede lo mismo a la hora de presentarte delante de Dios; el que se acerca a Él debe estar presentable; debes lograr ser aceptado a los ojos de Dios y Hebreos 11 nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios. ¡No te acerques a Él sin fe! Si lo haces con fe lograrás sacarle una sonrisa a Dios y te mirará con agrado; para poder estar presentables ante su presencia Él nos ha dado algo muy importante y es la fe. Vuelvo a decirte que si no tienes fe, no te acerques a Dios ya que Él demanda que el que se le acerca, debe hacerlo con fe.

DIOS DEMANDA FE

Aquí hay una aparente contradicción porque hay quienes dicen que tienen fe y otros que no la tienen y la pregunta es, ¿por qué Dios demanda que yo tenga fe? Aunque la Biblia dice que a todos se nos ha dado una medida de fe, hay que ver qué hacemos con esa medida de fe que tenemos, porque hay algunos que son capaces de adorar ratas y ponen la fe donde no hay que ponerla. Cuando visité la India vi gente que adoraba a una víbora de varias cabezas, ¡horrible! ¡Cómo van a poner fe a eso! Pero cada uno hace con su fe lo que quiere. Es necesario que te presentes delante de Dios con fe, ya que la misma es un elemento esencial para el creyente, y éste no puede llamarse creyente si no tiene fe. ¡Si no tiene fe, debería llamarse dudante!

La fe es un don de Dios. ¿Y por qué Dios demanda fe si el que da ese don es Él? Dios genera fe dentro del creyente. Entonces deberíamos preguntar, ¿cómo hace el creyente para poder lograr tener fe y presentarse delante de Dios con esa fe? Si no tengo fe o tengo poca, ¿quién la da entonces? ¡Dios! ¿Y por qué Él demanda que yo tenga fe? El Señor no te demandará que tengas fe si primero no te da la vía para que tú puedas alcanzarla. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Otra versión señala: “…es necesario que el que se acerca a Dios crea que existe y que es galardonador de los que le buscan”. Entonces, el que se acerca a Dios, primero debe creer que Él existe y debe creer también que premia; galardón significa premio, aunque hay otra versión que dice que Dios es remunerador, o sea que paga o le concede algo al que le busca con fe.

Debemos entender por qué Dios quiere que nos acerquemos a Él con fe: Digamos que la fe es el ticket que te permite la entrada a algún lugar. Me han invitado a mí y a un grupo selecto a ver una Avant Premiere de la película de la resurrección de Cristo en el Movie de un Centro comercial y nos han dado un ticket que debíamos presentar a la entrada de la sala. Para ver películas en el cine, tú necesitas de un ticket que te permita la entrada, ya sea que tú lo compres o que te lo regalen, pero sin ese ticket no te permitirán el acceso. A la entrada hay una persona que espera recibir el boleto para una película específica y si presentas un comprobante de un circo por ejemplo, no te permitirán entrar. Para ver la película de la resurrección de Cristo debes presentar el ticket correspondiente y no otro, entonces, ¿qué hace la persona que recibe el boleto? Te sonríe, te da la bienvenida, se hace a un lado y te da el paso. La fe es el ticket del Movie Center del reino de Dios; si tú te acercas con fe, pero no la fe en la rata sino la que viene de Dios y la Biblia dice que Jesús el autor y el consumador de la fe, tú te presentas ante Dios, Él te espera en la puerta del cine del cielo y cuando llegas con la fe, ese es tu ticket:

No vayas con otra cosa, como tu argumento de: “¡Yo soy bueno!” ¡No vas a entrar por bueno! Dios no te dará cosas porque eres bueno sino porque Él es bueno; el Señor no te da porque eres grande sino porque Él es grande. La Biblia señala que no hay bueno ni siquiera uno y hay personas que se creen que son buenas, aún los cristianos, pero la palabra de Dios dice que no hay ni aun uno solo que sea bueno y que todos estamos condenados; todos hemos pecado y hemos sido destituidos de la gloria de Dios. ¡No creas que eres una buena persona porque no hay nadie bueno! ¿Por qué creemos que si somos buenos Dios nos concederá lo que le pedimos? ¡Eso no está en la Biblia! El único bueno es Dios y por eso te bendice. La fórmula que usa la gente para creer que es buena es comprarse con uno más malo, así que si esa persona es más mala que tú, entonces eres bueno. El modelo que Dios te ha dado para que te compares no es la persona mala que está a tu lado; el modelo es Cristo. Cuando te comparas con Jesús verás que te falta mucho para ser como Él, que eres malo y que necesitas la gracia de Dios, o sea, el don inmerecido que el Señor nos da por causa de su amor y porque Él es bueno. ¡Tú no eres bueno por lo tanto no mereces nada! Para que le caigas bien a Dios, Él te da un ticket llamado fe, el que te dará acceso a su presencia. Algunos dicen: “Yo le pedí a Dios pero no me contestó”.

La Biblia dice que al que cree todas las cosas le son posibles. Cuando me enamoré de Marta y ella no quería saber nada conmigo, yo quería que Dios me dijera algo pero no me hablaba. Ella se puso de novia con otro, habían fijado fecha de casamiento, se compró la cocina y la heladera, y Dios no me contestaba. Yo la amaba tanto aunque en un momento como veía que no pasaba nada quise odiarla y le pedía a Dios que me la arrancara del corazón, entonces le decía al Señor que me diera una palabra y cuando abría la Biblia me salía el pasaje de Mateo 21: 21 y 22: “Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Anótalo porque te puede ser muy útil. Yo me llenaba de fe y decía: “Señor yo creo, creo, creo. ¡Dame a Marta!” Ahí me entero que compró la heladera para casarse con el otro; ella vivía al lado de casa y su hermano me contaba todo. Yo veía ese panorama y decía: “¿Dé que me sirve este versículo? Dios mío, ¿no me dijiste que todo lo que pidiere en oración creyendo lo recibiría?” Entonces me llenaba de fe y oraba: “¡No me importa si se compró la heladera, Dios mío dame a Marta!” Ya me había consolado cuando me entero al tiempo que se compró la cocina y otra vez reclamándole a Dios que yo oraba y Él no contestaba. ¡Pero eso es una mentira! ¿Cómo vamos a decir que Dios es mentiroso? Él declara: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. El tema es: ¿Te acercas a Él con el ticket correcto o no?

DIOS SIEMPRE CONTESTA QUE SI A LA FE

Yo te pregunto: ¿Dios siempre contesta que sí o a veces contesta que no? ¡Dios siempre contesta que sí cuando hay fe! En el tiempo en que estaba orando por Marta me leí todos los libros que hablaban acerca de la oración y entre ellos había uno que decía que Dios siempre contesta que sí; pero también había otro que se titulaba: Dios a veces contesta que no y daba muchos ejemplos. Entonces, ¿Dios siempre contesta que sí o a veces contesta que no? En Mateo 21:22 dice: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Significa que siempre te va a contestar que sí, si oras creyendo. Pero tú no puedes decir que estás creyendo y que Dios mintió porque te contestó que no, además si Él contesta que no cuando dice que si te acercas con fe te lo dará, entonces es mentiroso. ¿Por qué contesta que no el Señor? Te acercas a la entrada de la sala de cine, yo recibo el ticket y veo que es fe, entonces te miro, te sonrío y te doy pase. ¡La clave está en la fe! Santiago 4:3 dice así: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Cuando la respuesta de Dios es un no, es porque pides mal y no lo haces conforme a la fe. Cuando la Biblia dice que al que cree todas las cosas le son posibles, significa que todo lo que esté dentro de la fe, te será dado. Si pides con fe, todo será posible, y a todo Dios te dirá que sí. No existe eso de que oré con fe pero Dios no me respondió. Siempre pongo el ejemplo de esa abuela de edad avanzada que se está muriendo, le cuesta respirar pero la nieta no quiere que se muera, entonces le dice a Dios: “¡Si se muere mi abuela, yo me muero con ella!” Pero se muere y la nieta se ofende con Dios y dice que no cree en Él porque le pidió que no se la llevara y se la llevó. Una cosa es un deseo o capricho tuyo y otra es la fe. ¿Hasta cuándo quieres viva a tu abuela que ya pesa treinta kilos, no respira, no puede comer y está llena de tubos? Y tú insistes que no se muera porque si no tú te mueres con ella. Yo te pregunto: ¿Estás pidiendo conforme a la fe? ¿Es fe lo que te impulsa a pedirle a Dios que no se lleve a tu abuela? ¿O es tu necesidad, tu gran amor a ella, o tu desesperación porque ya no tendrás quien te atienda? Como ella te hacía la leche, te daba dinero, te consolaba, entonces para ti ella es una santa y la haces igual a Dios; está Dios primero, y luego tu abuela.

Yo te digo que al Señor tienes que acercarte con fe y no con tus historias ni resentimientos. Tú temes que si se te muere la abuela, se muere Dios también. Las personas confunden mucho la fe con sus deseos egoístas. ¡Tú debes asegurarte que tienes fe! Pero, ¿cómo hago yo para tener fe? En el tiempo en que yo oraba por Marta y que duró dos años, me conocí todos los versículos de la Biblia que hablaban acerca de la fe y de la oración. ¿Sabes lo que pasó? La Biblia dice en Romanos 10:17: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Llegué a la conclusión de que Dios contesta que sí, entonces me clavé en los pedales y dije: “Dios me la da, me la da y me la da”. ¡Y me la dio!

DIOS ES EL PROVEEDOR DE LA FE

El Dios que te exige que te presentes a Él con fe es quien te da la fe, pero no se la da a cualquiera sino a los que le buscan. Romanos 10:17 en la Nueva Versión Internacional dice: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo”. Cuando habla de oír el mensaje se refiere al evangelio; y el evangelio es la buena noticia de Dios, es la palabra que el Señor envía a las personas como hoy te la da a ti. Dios te da su palabra y te dice: “…así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 5:11). El evangelio es la palabra de Dios para salvación y el apóstol Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” (Romanos 1:16) La palabra salvación, tanto en hebreo como en griego significa: sanidad del alma y del cuerpo; perdón de pecados, paz, bienestar, etc. Es muy extenso el término salvación, lo que incluye, ser sanos de artritis, de artrosis y de toda clase de enfermedades del cuerpo y del alma. La salvación te trae libertad de tal manera que tu cuerpo y tu mente están bien, aún tú futuro. Tú escuchas la palabra de Dios y ella produce todo ese beneficio que acabo de mencionarte.

“Así que la fe viene como el resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo”. ¡La palabra de Dios es la buena noticia de Cristo! Tú escuchas su palabra y viene la fe. Quien escucha la palabra de Dios le busca a Él, y Dios remunera a los que le buscan.

Tener fe es salir de la dimensión del poder humano y entrar a la dimensión del poder de Dios. Cuando tú tienes fe, produces en la tierra las obras de Dios que son gloriosas, grandes y sobrenaturales; pero cuando no tienes fe produces las obras de cualquier hijo de vecino. Cuando tienes fe, lo que haces trasciende, porque has quedado habilitado por medio de ésta a entrar a pedir aquellas cosas que están en el almacén del cielo, listas para ti.

Yo he sido muy impactado por el testimonio de un joven que por causa de haber sido abusado se hizo travesti pero escuchó el evangelio y su vida fue transformada; hoy es bien hombre, alaba a Dios y me confesó que le está gustando una chica de la iglesia. También se me acercó una joven que yo conocí cuando ella tenía dieciocho años de edad y ahora tiene unos veintinueve años. A los dieciocho años se alejó del evangelio lo que provocó que su corazón se endureciera y así comenzó a pecar; desde que se apartó cometió tanto pecado que llegó a aborrecerse a sí misma: Ella me dijo: “Yo estaba llena de pecado. Me alejé tanto de Dios y estaba tan sucia que pasados algunos años decidí volver a la iglesia pero el diablo me acusaba y me decía: ¿A qué vas a volver a la iglesia con lo sucia que estás? ¡Estás llena de pecado!” Ella avergonzada decía: “¿A qué voy a ir yo a la iglesia?”

El diablo trabaja para robarte la fe y la palabra de Dios trabaja para dártela. La joven comenzó un camino de bajada y llegó un momento en que estaba muy perdida; para colmo y como si fuera poco, le vino una enfermedad autoinmune; el sistema inmunitario que debería defender el cuerpo de enfermedades e infecciones ataca las células sanas del organismo por error entonces la enfermedad autoinmune puede atacar varias partes del cuerpo. Tampoco había medicamento que contrarrestara esa enfermedad. Ella me dijo que para entender mejor, lo que tenía era más o menos como el lupus, aunque era una enfermedad de muerte y los médicos no encontraban un método para librarla, entonces para poder hacer retroceder el mal y darle una mejor calidad de vida, uno de los recursos era hacerle quimioterapia y aunque era efectivo porque mata las células enfermas también mata las sanas, o sea que se quedaba absolutamente sin defensas y totalmente débil. Los médicos luchaban para ayudarla pero insistían en que no conocían medicamento eficaz contra lo que ella padecía. Lo cierto es que se fue debilitando y decía: “Esto me lo merezco y Dios me mandó esta enfermedad por mi pecado”. También me expresó: “Si Dios no me hubiera metido esta enfermedad yo no estaría aquí”.

Comenzó a describirme la debilidad que sufría y me contó que siendo nurse, iba a visitar a los enfermos y se quedaba sin aliento, no tenía fuerzas ni para hablar; en un momento tuvo que pedirle a un enfermo que se corriera porque necesitaba acostarse ya que se caía. ¡Una debilidad total! Y creyendo que no tenía derecho de pedirle nada a Dios porque estaba cargada de pecado y se sentía avergonzada, no sabía a quién recurrir. También me contó que esa enfermedad le producía llagas dolorosas en todas partes del cuerpo incluido en los órganos sexuales, adentro de la boca y otras partes, lo que la hacía llorar y gemir. ¡Eran llagas ulcerosas muy feas que la hacían sufrir muchísimo! Ella había llegado al punto de debilitarse hasta que en un momento le dijo a Dios: “Señor, estoy en tus manos. Yo no peleo más”. Y cuando llegó a ese punto, abrió la Biblia y se encontró con el capítulo 30 de Jeremías, desde el versículo 11: “Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo”. Ella se sorprendió: “¡Acá dice que Dios está conmigo para salvarme! ¡No, debe ser para otro eso! ¡Dios no está conmigo para salvarme!” Ya estaba destruida, sin embargo comenzó a sentir que Dios le hablaba a su corazón, diciéndole: “…pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo”. Ella todo el tiempo me decía: “Dios me ha castigado”. Ahora el Señor le responde: “Sí, yo te castigué pero te levantaré…”

“Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga…” “¡Dios me está hablando a mí!” decía la mujer. Y continúa diciendo Jeremías 30:13: “No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces”. Ella me dijo: “Pastor, los médicos me dijeron que ningún medicamento servía y no había remedio para mi enfermedad. Yo tenía llagas en todo mi cuerpo y Dios que me decía todas estas cosas”. Continuó leyendo Jeremías 30:14: “Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados”. Cuando leyó eso dijo: “¡Oh Dios yo tenía tanto pecado encima y ahora Dios me estaba hablando de mis enamorados!” Siguió leyendo Jeremías 30:15: “¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto”. La joven me contó que gritaba y gemía a causa del dolor. Y termina diciendo Jeremías 30:16 y 17: “Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda”. Cuando ella leyó todo esto, inmediatamente dijo: “Dios me está hablando a mí y me ha dicho que me va a sanar”.

¡Eso es el evangelio! ¡Eso es la buena noticia de Dios! ¡Es la palabra de Dios viniendo al hombre! Dice el Señor en su palabra: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55: 10 y 11). La fe proviene de escuchar la palabra de Dios. El Señor interactúa con los seres humanos enviándoles a las personas su palabra. Cuando oyes palabra de Dios, fe se genera dentro de ti y esa fe te da entrada a su gracia. La fe es el ticket que te da acceso a la gracia de Dios. Esa gracia es un almacén muy grande de bendición, de sanidad, de paz y de gozo en el Espíritu Santo. Recibe hoy la bendición y el consuelo de Dios; recibe su sanidad. ¡Él hoy te ha traído su palabra!

LA FE VIENE POR LA PALABRA

Cornelio era un centurión romano a quien le simpatizaba la fe de los judíos, entonces oraba al Dios de ellos. Hacía oraciones y daba limosnas ayudando a los pobres. Un día se le presentó un ángel y le dijo: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas”. ¡Un ángel le habló a Cornelio, un centurión romano! Un centurión era un oficial romano que estaba a cargo de cien soldados. Pedro les predicó el evangelio y todos los que estaban en la casa de Cornelio recibieron la salvación.

Ahora, ¿Por qué no le predicó el ángel a Cornelio? Porque Dios no le ha dado a los ángeles que prediquen el evangelio sino a los seres humanos. ¡Los voceros de Dios somos nosotros! Las palabras de paz, de bendición y de sanidad que Dios te da son traídas a través de sus siervos. Pedro llegó a la casa de Cornelio y le preguntó qué quería de él porque ni Pedro sabía qué es lo que debía hacer, entonces Cornelio le contó cómo había sido la cosa y al final le pregunta: ¿Qué tienes para decirnos?” Entonces Pedro abriendo su boca comenzó a predicarles el evangelio; comenzó a hablarles del amor de Dios y del poder que hay en el evangelio, poder que levantó a Jesús de entre los muertos. ¡Jesús resucitó de la misma muerte! Todos escuchaban atentamente las palabras de Pedro y en algún momento mientras él hablaba dice la Biblia que el Espíritu Santo cayó sobre todos los que estaban en el lugar, porque cuando se habla palabra de Dios, el Espíritu de Dios viene sobre las vidas. ¡Cuando hay palabra de Dios hay poder de Dios porque está su Espíritu operando en esas palabras! Todos fueron salvos, tuvieron paz y gozo, sus pecados fueron perdonados y fueron sanados.

CONCLUSIÓN

Todo esto está incluido en aquello que se puede adquirir mediante la fe. No importa si escuchas la palabra de Dios a través de mí o la lees en la Biblia; Dios habla y la fe viene por el oír y el oír el mensaje de la palabra de Jesucristo. A ti te ha llegado ese mensaje en esta hora.

Yo he enseñado que nosotros tenemos una conexión entre el oído y el corazón y cuando lo que escuchas es del cielo no tiene que quedar sólo en tu cabeza sino que también tiene que entrar en tu corazón porque lo espiritual entra al corazón y no al cerebro. El cerebro tiene que ver con la razón, el intelecto, la voluntad y otras cosas, pero el corazón tiene que ver con lo espiritual. Del corazón tiene que surgir el poder de Dios, entonces, el Espíritu tiene que entrar por tu oído hacia tu corazón y yo digo que hay algunos que tienen un bypass, un tubito desde una oreja hacia la otra o sea que entra por un oído y sale por el otro. Les preguntas qué tal estuvo el culto y te dicen: “Estuvo lindo”. “¿Y qué tal predicó Márquez?” “Lindo, muy lindo”. “¿Y qué predico?” “Ahhh espera, a ver… Y habló lindo, a mí se me erizaba la piel”. “¿Pero de qué habló?” “No se che, ¿querés que te consiga el mensaje?”

¿Habrá entrado en tu corazón esta palabra que te traigo hoy? La fe viene como el resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. El Dios que exige que te acerques a Él con fe es el Dios que te da la fe pero no te la dará si no le buscas a través de su palabra. ¡La clave está en su palabra! Hoy recibes palabra de Dios que te sana y te bendice y si tienes fe hoy serás sano en el nombre de Jesús.

“Padre, yo te pido en el nombre de Jesús que por tu palabra operes poderosamente sanando toda dolencia y todo mal, sanando toda enfermedad y perdonando todo pecado. Tuya es la gloria, Dios, y tuyo es el poder, en el nombre de Jesús, amén”.

 

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