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MENSAJES DEL CIELO

LA FAMILIA: PROYECTO ETERNO

INTRODUCCIÓN

Dios, al crear al hombre y a la mujer pensó llevar a cabo un proyecto eterno; el Señor creó el universo, creó los cielos y la tierra, y su plan fue hacer una familia para vivir Él en familia, pero decide ser el Padre de esa familia. Dios toma el lugar de Padre, por eso es que la Biblia nos enseña que debemos orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos…” Un padre tiene hijos, por lo que en los planes del Señor está el engendrar hijos con su mismo ADN y también engendra hijos en nosotros con su naturaleza para que tengamos una familia grande en la eternidad. El proyecto de Dios es grande y eterno, y comienza en la Tierra con un hombre y una mujer y la unión entre ellos. ¡Cuánta bendición puede ofrecer al mundo un matrimonio!

No hay meramente una existencia natural y una sobrenatural sino que de la existencia natural, Dios toma hijos para la existencia eterna. No es que hay dos proyectos: uno carnal y otro espiritual, hay un solo proyecto eterno por lo que Dios trae al mundo hombres y mujeres y forma matrimonios, con éstos forma familias y con las familias forma sociedades. No puede existir una sociedad sin familia y la sociedad no es mejor que las familias que tenemos, sino que es la suma de las familias, por lo que si hay desastre en éstas, si hay violencia e infidelidad entonces hay desastre, violencia e infidelidad en la sociedad ya que la sociedad está formada por familias y éstas están formadas por matrimonios.

PASTORA MARTA: DEBERES DE LAS ESPOSAS 

Los que nos hemos casado, no trajimos un librito y nadie nos enseñó nada respecto al matrimonio; fuimos aprendiendo sobre la marcha, lo mismo cuando fuimos padres. Pero qué importante es que en la palabra de Dios siempre contamos con un consejo. Creo que todo matrimonio que esté viviendo un tiempo difícil puede buscar en la palabra de Dios, porque el Señor se encargó de dejarnos esos consejos para que nos vaya bien en nuestra familia. Lo único que puede sostener un matrimonio es el amor, y Dios es amor. Si tú no tienes amor es porque no tienes a Dios y sólo el Señor puede derramar de su amor sobre tu vida para que puedas amar como Él ama, y para que puedas ver como Él ve.

Leemos en 1ª de Corintios 13: 4: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece…” Donde dice amor puedes poner tu nombre; digamos que: Marta es sufrida, es benigna; Marta no tiene envidia, no es jactanciosa y no se envanece. Sigue diciendo 1ª Corintios 13: “…no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. ¡El amor es el único que puede derretir las durezas del corazón! Una joven me dijo: “Pastora, cada vez que me encuentro con alguien que me hace algo, comienzo a cantarle: Te voy a amar, te voy amar, ¡y la bronca se me va!” Roces tenemos todos los días y el matrimonio no está exento de esto, ya que tenemos diferente forma de pensar; los esposos y las esposas somos diferentes porque Dios nos ha dado roles y dones distintos pero si hay amor, todo lo áspero se suaviza. Es importante entonces contar con esta clave que es el amor; el amarnos mutuamente. Que vamos a sufrir, sí, que es bueno el amor, sí, que no guarda rencor, no tiene envidia, no se goza cuando al otro le va mal también. Cuando no tenemos amor nos gozamos cuando al otro le va mal y decimos cosas como: “¡Yo te lo dije!” Entonces nos señalamos unos a otros y nos criticamos.

El apóstol Pablo dice en el libro de Efesios 5:21: “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Los esposos debemos someternos en el temor de Dios y hacer las cosas como al Señor le agrada. Efesios 5:22 al 24 dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. El estar sujetas es una decisión que debemos tomar y no es algo que tiene que provocarte opresión, tristeza o angustia; es importante estar sujetas a nuestros esposos que son cabeza del hogar, orar por ellos y bendecirlos porque ellos también llevan las cargas del hogar entre otras cosas y en lugar de ponernos mal por esto, debemos alegrarnos y orar por ellos. Mujer, la sujeción es una bendición para nuestras vidas porque el que lleva la carga es nuestro esposo ya que tiene que trabajar para sustentar a su familia aunque hay algunos que no trabajan y son vagos dejándole toda la carga a sus esposas, pero es importante estar sujetas a nuestros maridos y orar por ellos. Yo he tenido que poner en práctica esto de orar por mi esposo siempre, ya que él como líder tiene una visión y ve el cuadro completo; yo desde mi posición veo un poquito, cuando por ejemplo dice que vamos a comprar un terreno y ahí vamos a construir tal cosa, yo pienso: “¡Ah, Dios mío! ¿De dónde vamos a sacar el dinero para tanto y cómo lo vamos a hacer?” Y eso no es nada porque viene con otros proyectos como el hogar de niños en Haití por ejemplo, entonces yo convoco a las hermanas de la iglesia a orar. Hay cosas que a veces nosotras no vemos pero si Dios se las demanda a nuestros esposos, las esposas estamos para apoyarlos, para orar por ellos y bendecirlos.

PASTORA MARTA: DEBERES DE LOS ESPOSOS

Acabamos de compartir tres versículos que hablan a las mujeres, para que amen a sus esposos y sean sumisas pero más adelante hay siete versículos que les habla a los hombres ya que éstos tienen una responsabilidad mayor: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. Aquí la Biblia hace una comparación entre la esposa y la iglesia y manda a los maridos a amar a sus esposas así como Cristo ama a la iglesia, o sea que el amor del Señor es un amor sacrificial. ¡Debes hacer un sacrificio varón! ¡Te va a costar lágrimas amar a tu esposa! “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”. Así como cuidas tu cuerpo cuando te alimentas y lo proteges cuando te abrigas porque te amas, así también tienes que amar a tu esposa, cuidarla y protegerla. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Varón, tienes que ser semejante a Cristo y buscar en el Señor, ser una bendición para tu esposa así como Cristo lo es para la iglesia. Yo no me lo imagino a Jesús criticándome, ni denigrándome, diciéndome que soy una burra, que no sirvo para nada. ¿Crees que el Señor trata así a su amada? ¡No! ¿Por qué ustedes maridos tratan mal a sus esposas? Sean semejantes a Cristo y como Él ama a la iglesia amen a sus esposas. “…porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”. (Efesios 5: 30 al 33) El esposo debe amar a su esposa y ésta debe respetarlo.

PASTORA MARTA: MÁS PARA LAS ESPOSAS 

No sólo encontramos estos consejos en esta porción bíblica sino que también el apóstol Pedro reitera conceptos de esta clase. Leemos en 1ª de Pedro 3: 1: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa”.  Recuerdo una mujer que por mucho tiempo vio a su esposo llegar a su casa de madrugada y encontraba pintura labial en sus camisas, pero ella las lavaba, oraba y bendecía a su esposo día tras día. La mujer me decía que ayunaba y oraba por él porque quería que se convirtiera y fuera tocado por el amor de Dios. Ella batallaba por su esposo, y aunque él llegaba a la madrugada, lo esperaba con la cena pronta; a veces él comía pero otros días llegaba directo a acostarse. Hasta que un día se dio cuenta la clase de esposa que tenía, cómo lo soportaba aún con todo lo que él le hacía y sucedió que este hombre se convirtió a Cristo. ¿Por qué? Porque hubo una esposa que sin palabras y sin reproches, con amor, paciencia, oración y ayuno se ganó el corazón de ese varón y toda su admiración, ya que éste se dio cuenta lo valiosa que era su esposa, que a pesar de todo lo que le hizo nunca lo dejó de amar y le tuvo paciencia.

“Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza”. Sara es un ejemplo para nosotras. Recuerdo cuando tuve que salir de mi tierra natal San Juan para ir a vivir a Buenos Aires y de allí a Montevideo, Uruguay; en ese tiempo me acordaba de Sara. Dios le ordenó a Abraham que se fuera de su casa y de su parentela a una tierra que Él le mostraría; Abraham fue a donde Sara y le dijo que tenían que irse, así que comenzaron a juntar todas sus pertenencias y así andaban de un lado para otro, mas ella lo obedecía y lo llamaba “señor”. Hay cosas que las esposas no comprenden, cuando Dios llama al esposo y le da una visión pero no entienden que deben ser obedientes. Muchos matrimonios se disuelven porque cada uno quiere ir hacia lados opuestos y falta sujeción y comunión entre los cónyuges; es necesario estar unidos y orar pidiéndole a Dios ser guiados. Nosotras somos hijas de Abraham también si hacemos el bien, sin temer ninguna amenaza. Cuando una esposa está sujeta a su esposo es libre de temores y de amenazas.

PASTORA MARTA: MÁS PARA LOS ESPOSOS 

Pero continúa diciendo 1ª de Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. Los hombres tienen que pedirle sabiduría a Dios para poder entender a sus esposas, porque somos bastante complicadas. A veces estamos con cara larga y ellos preguntan: “¿Mi amor, te pasa algo?” “¡No me pasa nada!” Aunque somos complicadas, somos también vasos frágiles y muchas veces me ha tocado atender mujeres destruidas, golpeadas, deprimidas, con ganas de morir. Una mujer me dijo: “Pastora, siete años he aguantado a mi esposo alcohólico; él me ha destratado y golpeado pero durante esos siete años he orado por él y hace unos días asistió a la iglesia. Está hecho una seda, totalmente cambiado, ya no se alcoholiza y no me golpea”. ¡Siete años aguantando los maltratos de su esposo y orando por él! ¡Debes tener paciencia mujer! La bendición para ese matrimonio llegó. Nosotras las mujeres también tenemos herencia de parte de nuestro Dios; somos coherederas de su reino. Hay hombres que destratan a las mujeres y las injurian diciéndoles cosas como: “No servís para nada. No sos nadie”. ¿Crees que Dios trata así a alguna persona? ¡De ninguna manera! El Señor nos trata con amor. Él ve lo precioso que surgirá de ese diamante en bruto y piensa en la obra maravillosa que hará en cada una de las vidas. ¿Quiénes somos nosotros para destratar a alguien o arruinarle la vida con palabras hirientes o con maltrato físico? ¡Qué importante es que podamos ver lo que Dios ve! Así como señala el apóstol Pedro, para que tus oraciones a Dios no tengan estorbo, debes tratar a tu esposa como a vaso más frágil porque si tú la estrás maltratando y denigrando, algún día vas a tener alguna necesidad y orarás a Dios pero, ¿sabes qué te dirá el Señor? “Yo no pienso contestar tu oración porque estoy viendo cómo maltratas a mi princesa, la esposa que te di. Ve primero y trátala como a vaso frágil, cuídala, protégela, amala y bendícela, después ven y ora y yo te responderé”.  Las oraciones de los varones esposos son estorbadas por causa del maltrato que ellos tienen hacia sus esposas. Es muy importante buscar en Dios el consejo para nuestro matrimonio, orar juntos y creer que el Señor tiene grandes cosas para nosotros y nuestras generaciones futuras. ¡Hay herencia de bendición para tu vida y para la mía!

APOSTOL: MATRIMONIO, DESIGNIO DIVINO

Todo comienza con un hombre y una mujer que se unen con un proyecto que no es suyo sino de Dios. El Señor diseñó al hombre y a la mujer, y con ellos tiene planes etenos. Comienza en lo natural, pero tienen un trasfondo espiritual y sobrenatural, y según las victorias que logremos con el matrimonio, lograremos también victorias para la sociedad y para las naciones.

¿Cómo hago para amar a mi cónyuge? Tanto los hombres como las mujeres somos complicados. Yo me considero un hombre bendecido porque mi esposa Marta me ama. Los conflictos en el matrimonio no se arreglan razonando o argumentando. Muchos son los matrimonios que se pelean por estupideces y después no saben cómo parar; ni siquiera se acuerdan por qué empezaron a discutir pero se hieren con palabras; si él le dijo algo que la ofendió, ella busca algo que lo hiera más y así se pasan discutiendo a ver quién lastima más a quién. Los razonamientos no arreglan las desavenencias en los matrimonios, tampoco las discusiones o peleas; la solución para los matrimonios, como señaló mi esposa, es el amor.

El amor no es algo que yo fabrico porque Dios es amor y es la presencia del Señor en mi vida la que hará que yo pueda amar mi cónyuge. Es el amor y la presencia de Dios la que te dará mujer, la gracia para soportar a ese hombre que te insulta, a ese hombre que se alcoholiza y te denigra. Dios me ama porque Él es amor, no me ama porque soy lindo o bueno ya que es la condición del Señor la que hace que me ame tal como soy. Cuando una mujer tiene a Dios en su corazón, ama a su esposo como Dios lo ama porque el Señor ama también a los borrachos, a los drogadictos y a los violentos porque Él es amor. Es un error creer que puedo argumentar con mi esposa para cambiarla así yo seré feliz; todos queremos ser felices y llegamos mal al matrimonio porque creemos que en éste encontraremos la píldora de la felicidad. Nos enamoramos y creemos que esa mujer nos va a satisfacer y nos dará la felicidad que necesitamos y ella piensa exactamente igual acerca de nosotros. Yo te digo que un matrimonio se forma con lo que tú traes a él; si sufres amargura desde tu niñez o adolescencia, esa amargura la llevas al matrimonio. Si sufres de rechazo o de baja autoestima, no es que la autoestima se mejora automáticamente porque te casaste; tú llegas al matrimonio con una baja autoestima y eso va formando la relación. Lo que trae el hombre y la mujer antes del matrimonio, eso es lo que forja la relación, entonces se forma un matrimonio con baja autoestima, rechazo, amargura, etc. ¡Formamos el matrimonio con lo que traemos! Si traes felicidad y paz al matrimonio, aportas esa felicidad y esa paz en éste.

Importa más que revises que tienes adentro y no qué te dará el matrimonio a ti. El asunto es poner a Dios en medio de ese matrimonio y traerlo al corazón antes del casamiento. Alguna mujer dirá: “Yo me voy a casar con este infeliz pero voy a orar y lo voy a transformar”. ¡Esa mujer ya viene perdiendo! El matrimonio es un prototipo en la tierra de lo que es Jesús y la iglesia. Cristo no ama a la iglesia porque es perfecta, la ama a pesar de sus imperfecciones. Yo aprendí a amar a Marta a pesar de lo que no me gustaba de ella. Al principio yo la quería cambiar, que ella pensara como yo e hiciera como yo quería para que yo fuera feliz y estuviera satisfecho. ¡Es una tarea de locos tratar de cambiar a la mujer! Los primeros años yo la hacía llorar a mi esposa, cuando nos acostábamos cada uno miraba para el otro lado. Por ahí quería entablar diálogo y le preguntaba por ejemplo: “¿Apagaste la luz de la cocina?” “No sé”, me respondía ella muy seca. ¿Cómo que no sabes? ¿La apagaste o no? Insistía yo. “No, anda y apagala vos”. ¡Era difícil cualquier tipo de acercamiento! Pero pronto nos dimos cuenta que no se arreglaba con argumentos la relación sino con la presencia y el amor de Dios. El amor es sabio e inteligente. El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo sufre y todo lo soporta; no busca lo suyo propio, no se envanece, no guarda rencor, es poderoso. El amor logrará la victoria y no tiene dudas de ella; el amor es poder y presencia de Dios.

LA HISTORIA DE NICOLÁS Y YAMILA

Una joven de la iglesia se peleó con su marido que llegó a la relación con baja autoestima y una necesidad de ser aceptado para levantar su estima; en su casa nunca lo habían tenido en cuenta y nada de lo que él hacía les agradaba a los padres. Cuando este hombre se casó dijo: “Ahora esta mujer me va a admirar, estará orgullosa de mí y me dará para adelante en todo”. Y la mujer ni estaba orgullosa, ni le daba para adelante en nada. Él le exigía que ella tenía que ser así y así; era duro y áspero con ella y la mujer peor se ponía. Se separaron dos o tres veces pero volvieron hasta que un día se separaron para nunca más volver. Él había fracasado una vez más en la vida, estaba solo y se lamentaba que era un fracaso y no pudo lograr sacar adelante su matrimonio. Pero un día la palabra de Dios comenzó a obrar en su corazón; y la palabra de Dios alumbra, entonces empezó a ver sus errores, que había sido malo y áspero con su esposa y sólo pensaba en él; pensaba sólo en cómo ser feliz y para ello su esposa tenía que ser como él quería. Cuando comenzó el cambio en este hombre, la llamaba por teléfono a su esposa y le contaba que había asistido a la iglesia, pero ella lo trataba muy frio. Le confesó que se había dado cuenta que fue muy malo con ella y le pidió perdón, mas ella le respondió: “Muy bien, yo también te perdono pero no quiero saber más nada de vos”. Ella se había enterado de nuestra iglesia y quería visitarnos pero cuando él le dijo que asistía a Misión Vida y la invitó a ir con él, la mujer se negó rotundamente aunque quería ir. El esposo lloraba y la amaba en silencio y un día la pudo convencer para que asistiera a un encuentro y ahí en ese encuentro Dios la comenzó a tratar y le mostró las cosas malas que ella tenía en su corazón.

Ella fue transformada en ese encuentro y ese mismo día los dos asistieron a la iglesia y se sentaron juntos. La mujer pasó a contar cómo Dios la había tocado y pudo perdonar a su esposo; él la estaba escuchando y lloraba, entonces le pregunto por qué lloraba su esposo y ella dijo que era porque estaban separados. El esposo lloraba porque quería estar con ella, él la amaba y le pidió perdón por todo lo que le había hecho. Yo le pedí que le dijera algo lindo al esposo y como no sabía qué decir, yo le dictaba y ella repetía: “Mi amor, perdoname. Yo te perdono y te bendigo”. Yo le iba dictando las frases y en una de esas le pido que repita: “Hoy mismo me voy contigo”. Ella me mira sorprendida pero ese día, delante de la congregación decidió irse con su esposo. El matrimonio comenzó una nueva historia con Cristo en el corazón. ¡Yo soy feliz cuando veo las cosas que Dios hace!

Hace unos meses que los vengo observando y veo que están felices, más unidos y consolados. Ella dice que el esposo no es el mismo y él también dice que ella no es la misma; ya no andan cada uno tratando de transformar al otro sino que ven cómo amar y deleitar a su cónyuge. Con ellos hemos filmado un programa de televisión y en medio de las cámaras, de las luces y de toda la gente que había en el lugar, de repente veo en un rincón a esta pareja orando; vi cuando él dijo amén y le hizo una caricia a la esposa. Yo soy testigo de este gran cambio en sus vidas y me deleito en ver cómo ese hombre ama a su esposa. Con ese material Dios forma familias y con las familias crea la sociedad. Los hijos filman todo lo que ven de sus padres, a ellos les queda grabado en sus cabezas, hechos que han vivido desde la niñez y muchos no quisieran ser como sus padres pero ya han sido sellados en su inconsciente. Mujeres llorando me han dicho que no quieren ser como su madre pero me hablan igual que la madre; hombres que han odiado a su padre porque se alcoholizaban y golpeaban a su madre, dijeron que no serían iguales que sus padres pero terminaron haciendo lo mismo, alcoholizándose y golpeando a sus mujeres. Llevan adentro grabadas esas escenas que vivieron en casa y no pueden librarse de actuar como el padre o la madre.

Pero escuchan la palabra de Dios: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. ¡Eres una nueva criatura! Tenías baja autoestima pero el Señor te la quita de un plumazo. Dios te abraza y derrama su amor sobre ti y comienzas a sentirte como “Tarzán en la selva”. Ahora eres capaz de hacer lo que no te animabas antes. Te entristecías por tus fracasos pero ahora ya no te importa porque tus fracasos son una escuela ya que aprendes con ellos a hacer mejor las cosas y así desaparece tu baja autoestima. No importa el veneno que hayas traído a tu matrimonio, la amargura o la tristeza; no importa la historia que hayas traído a tu matrimonio, si Dios llena tu corazón, todas las cosas son hechas nuevas. ¡El Señor hace nuevas todas las cosas! No sabes el efecto positivo que tiene en un hijo ver a su papá besar y abrazar a su mamá y en una hija ver a la madre que honra a su papá, que le lava la ropa y le prepara la comida con amor y no siente que es una esclava por hacerlo sino una heroína.

Hoy en día están denigrando a la mujer en su función más preciosa que tiene. Mira que a Dios no le interesa tanto qué trabajo tienes o cuánto dinero ganas, tampoco le interesa si tienes el último modelo de vehículo; a Dios le importa qué clase de padre eres. El título más importante que tienes es el de ser padre y el hijo comienza a valorar la paternidad desde pequeño, observando a su padre. La mejor escuela para ser un buen padre, un buen hombre y esposo es ver a su papá cuidando de su esposa y de sus hijos. No es tan importante lo que le dices a tu hijo o a tu hija, lo que importa es lo que ellos ven; cómo eres con los demás, cómo te desenvuelves en tu trabajo, si eres responsable o no. ¡Es importante ser hombre porque trasmite hombría a las generaciones que vienen!

El proyecto de Dios es un proyecto que involucra generaciones, la cosa no termina cuando tú te mueres sino que continúa con tu descendencia. ¡Lo que tú has logrado con tu matrimonio y con tus hijos continúa! La tarea más sagrada de una mujer es ser madre. La Biblia señala que en este tiempo Dios traerá el espíritu del profeta Elías que hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres. Muchos chicos no quieren saber nada de sus padres, es más, huyen de ellos, los insultan y les roban. ¡Es triste lo que está sucediendo en la sociedad! Los padres no saben qué hacer con sus hijos y a los hijos les pasa igual, pero Dios sabe qué hacer con los cónyuges, con los padres y con los hijos; el Señor volverá tu corazón papá, tu corazón mamá hacia tus hijos y tú conquistarás sus corazones.

¡Eso de las diferencias generacionales es una gran mentira! Una niña que tiene una buena madre estará orgullosa de su madre y no se despegará de ella, lo he visto con mis hijas y mi esposa. Yo honro a mi esposa porque se dedicó a sus hijas; ella es pastora y esposa pero también es madre y sus hijas la llaman y la buscan para pedirle consejos. ¡Gloria a Dios por mi esposa! Por causa de ella mis hijas también son buenas madres y mis nietos son buenos nietos. Estamos afectando generaciones, hemos afectado positivamente a nuestras hijas y ahora lo hacemos con nuestros nietos. ¡Nuestra descendencia es bendecida! Yo no ando pensando qué será de mi familia cuando yo me muera, qué será de mis nietos y bisnietos; yo estoy feliz y tranquilo porque sé que es lo que sucederá con ellos porque he creído en la palabra de Dios y su palabra me dice: “…yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5-6). Mi descendencia será una bendición porque yo amo a Dios y guardo sus mandamientos y no tengo temor de qué pasará después de que yo me muera.

He ido recientemente a predicar a uno de los anexos de nuestra iglesia con mi esposa, una hermana y mi nieta Justina de cuatro años. Cuando finalizó el culto nos dirigimos a Beraca a dejar a mi nieta, pero en el camino paramos para comprar pizza. Era un lugar feo, oscuro, había caras raras y me venían pensamientos como, “aquí me van a asaltar”. Al final nos animamos, en el nombre de Jesús; se bajaron mi esposa y la hermana que iba con nosotros y yo me quedé en el auto hablando con Justina. Ella me dijo: “Abuelito, quiero ir a ver la pizzería”. Yo le había puesto tranca a las puertas del auto y le dije que no, entonces me dice: “¿Qué, no te queres quedar solito?” Le contesté que no quería quedarme solito, pero tratando de que se quedara conmigo en el auto. Justina no le tiene miedo a nada, es una niña confiada, entonces me dijo: “Abuelito, no te vas a quedar solo, Cristo se va a quedar contigo en tu corazón”. Mientras pensaba cómo convencerla, ella me decía: “¡Abrime abuelito!” Le abrí y bajó, y en lugar de ir a la pizzería fue a ver un pozo grande, entonces me dijo: “Abuelo, cuidado después porque hay un pozo grande atrás”. Estoy seguro que ella será una predicadora y que no tendrá temor de hablar de Cristo. Yo estoy saboreando lo que viene después de mí, porque el plan de Dios es eterno. Dios se llama a sí mismo Padre y ha querido tener hijos, y ha declarado que sus hijos somos herederos de su reino. Lo que pasa aquí abajo es una copia de lo que el Señor tiene preparado allá arriba. ¡Dios se deleita en tener familia! ¡Cristo tiene novia! Su novia es la iglesia y Él se casará con ella. Vamos a ser una gran familia en el reino de Dios, seremos sus reyes y sacerdotes.

LA HISTORIA DE DAVID

Leyendo la historia del rey David, él tenía muchos asesores, sacerdotes y administradores entre otros, pero finaliza el pasaje diciendo: “…y los hijos de David eran los príncipes cerca del rey” (1 Crónicas 18:17)

Dios le dio a Adán y a Eva la comisión de multiplicarse; tener hijos y henchir o llenar la tierra porque quiere tener hijos, también les dio la comisión de señorear en la tierra como Él señorea en el cielo. Dios nos da elementos para poder formar parte del reino que ya tiene concebido. El matrimonio no es una cuestioncita de unos jóvenes que se enamoraron perdidamente y se casaron, eso es folklore; la pura verdad es que el matrimonio es un proyecto de Dios porque con ellos Él quiere formar familias fuertes. Dios quiere padres que sepan ser padres, hijos que sepan su lugar y sumen bendición a la nación. Yo digo que mi matrimonio ha bendecido al Uruguay y está bendiciendo a las naciones y no lo digo con vanidad ni orgullo sino que doy gracias a Dios porque su gracia ha hecho posible esto. Y por causa de este matrimonio van a surgir muchos más porque sin temor a equivocarme somos un ejemplo para muchos jóvenes y niños. ¡Tu existencia en el mundo es importante y es trascendente!

La Biblia señala que David fue un hombre conforme al corazón de Dios y otro hombre es Abraham de quien la Biblia dice que fue amigo de Dios, y el Señor le dijo a su amigo: “Te bendeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Dios encontró un amigo, una persona que lo amó, que lo respetó y guardó sus mandamientos y dijo: “Con este hombre haré grandes cosas”. Le dijo que le daría una descendencia que nadie iba a poder contar.

Dios escogió a Abraham su amigo y de su linaje formó un pueblo y de ese pueblo vino Cristo y el Señor bendijo al mundo entero.

Volviendo a David, él quería hacer una casa para Dios, un templo, entonces dijo el rey al profeta Natán: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas. En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán, diciendo: Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite”. Entonces Natán fue a donde estaba el rey y le dijo todas las palabras que Dios le había mandado que le dijese. Leemos en 2ª de Samuel 7: 11 en la última parte del versículo: “Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa”.  No se refería a una casa para vivir porque David se había hecho una casa de madera de cedro muy hermosa; el Señor hablaba de la descendencia de David. También le dijo el profeta Natán de parte de Dios: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino”. Éstas son las promesas del Señor: “…yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5-6)

Continuó el profeta Natán hablando palabra de Dios a David en 2ª de Samuel 7: 13 al 16: “El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”. Antes de David, Saúl fue el rey pero Dios quitó a Saúl así como a su linaje, y su descendencia desapareció para siempre. El Señor apartó de Saúl su misericordia y le dijo a David: “Si tus hijos se portan mal yo los voy a castigar pero no apartaré de ellos mi misericordia como lo hice con Saúl”. ¿Por qué Dios le dijo esto a David? Porque David fue un hombre que ha agradado al Señor y su corazón fue conforme al corazón de Dios. ¡Tienes que saber hoy que tu conducta en tu matrimonio, en tu familia y tu conducta delante de Dios afectará a miles de personas después de ti!

Dios le dijo a David: “Tú no me vas a edificar casa; yo te voy a edificar casa a ti”. Con esto quiso decir que después de él Dios se quedaría con su descendencia y la iba a bendecir, y si se portaban mal los iba a castigar pero nunca apartaría su misericordia de ellos. Y agregó el Señor: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”. Esto es una doble profecía acerca de Salomón que es el hijo inmediato de David que se quedaría con el reino y también de Jesús, porque cuando habla de reino eterno se refiere al reinado del Mesías. Hay profecías en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que señalan que David reinará personalmente desde Jerusalén en el milenio. La descendencia de David será firme. En Israel habían doce tribus: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. David es descendiente de Judá. El término judío viene de Judá. No sabemos qué sucedió con las otras tribus, fueron dispersadas y no se sabe nada de ellas. La promesa de Dios es que juntaría a todas las tribus de Israel pero hay una que está firme e inamovible.

Israel ha tenido seis guerras desde el año 1948 hasta la actualidad, frecuentemente se levantan en guerra contra esa nación. Israel es un pequeño pedazo de tierra y tiene enemigos que se cuentan por millones. Hay veinte naciones árabes que votaron en la UNESCO en contra de Israel diciendo que el Muro de los Lamentos y el lugar donde estaba el Templo de Salomón no tienen ninguna relación con el pueblo judío. El mundo  entero está en contra de Israel. La UNESCO está pisoteando la verdad pero el pueblo de Israel sigue firme, los descendientes de Judá, los del linaje de David. La Biblia habla de David como el que tiene el cetro, como el elegido del linaje que viene desde Abraham hasta él. Es en cierto modo el prototipo de Cristo y el león de la tribu de Judá. Hoy vemos con nuestros ojos cómo esta promesa de Dios hecha a David, promesa que él creyó, permanece hasta el día de hoy. ¡Dios cumple sus promesas!

CONCLUSIÓN

El Señor ha declarado: “…hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5-6). ¡Dios tiene misericordia de mí y de mi descendencia!

Leemos en 2ª de Samuel 7: 18 y 19: “Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir”. ¡Señor, me has hecho ver qué es lo que vas a hacer con mi descendencia! David fue un hombre que le creyó a Dios. Tú no estás en este mundo por casualidad ni eres un descarte, Dios hoy te señala y te dice: “Yo no hago acepción de personas, cualquier hombre o mujer que me ame así como Abraham y David, yo prometo bendecir su casa y su descendencia. Naciones serán benditas por causa de ti”. Si sigues con ese corazón que hoy tienes no llegarás a hacer lo que Dios quiere; si sigues con ese corazón amargado, resentido y herido no vas a bendecir a Dios, no vas a bendecir a los hombres y tampoco tu casa. Te he dicho que estas cosas no se hacen con razonamientos sino con la presencia de Dios y con el amor del Señor obrando en tu familia, en tu matrimonio, en tu corazón. ¡Dios te necesita para transformar el mundo y quiere sanar tu corazón hoy! ¡Él quiere limpiarte y perdonarte! Dios está seleccionando descendencia y linaje.

“Glorifícate en cada vida, Dios, sopla tu poder Señor. Te damos toda la gloria. La palabra ha sido sembrada, arrebata los corazones, arrebata las vidas para ti, Señor. Tuyo es el poder y la gloria por los siglos de los siglos”. Haz una oración y dile a Dios en esta hora: “Señor amado, te necesito, limpia mi corazón, yo he pecado y estoy herido. ¡Lávame y límpiame, Señor! Haz tu obra en mí, derrama tu Espíritu sobre mí. Líbrame de poderes extraños y lléname de amor Padre, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.

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