LA PRIORIDAD MÁS IMPORTANTE

Como lo más importante es Dios, el primer mandamiento tiene que ver con Él, el primer lugar es Dios. Alguno dirá: “¿Qué se cree Dios?” ¡Él no se cree, Dios es Dios!

Hoy repasaremos los cuatro primeros mandamientos; de los diez mandamientos, cuatro tienen que ver con Dios, con nuestra relación vertical con Él y los seis siguientes tienen que ver con nuestra relación horizontal con nuestro prójimo. Si aprendemos bien los cuatro primeros, los otros seis vienen casi solos.

Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” Ésta es la interpretación que el Señor le dio a los cuatro primeros mandamientos, digamos que esos cuatro se resumen en lo que señaló Jesús, pero no es el primer mandamiento.

            LAS DEMANDAS DE DIOS

El primer mandamiento se encuentra en Deuteronomio 5:7 y el punto de partida para tener una buena relación con Dios está en ese primer mandamiento. Leamos Deuteronomio 5:4 al 7: 4Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego. 5Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para declararos la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte. Dijo:6Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. 7No tendrás dioses ajenos delante de mí”.

Pareciera ser que este mandamiento no está vigente porque el creyente da por sentado que no tiene algún otro Dios fuera del verdadero Dios, pero la verdad es que yo he podido comprobar que los cristianos tienen otros dioses ajenos a Dios, porque cuando comienzan a ponerle excusas a Dios es porque tienen alguna prioridad más grande que Él. Cuando dice: “Dios sabe que tengo mucho trabajo” o “Dios sabe que estoy muy cansado”, “Dios sabe que no tengo dinero porque debo pagar muchas deudas”, “Dios sabe que tengo tres trabajos y llego a mi casa cansado”… Cuando el creyente le empieza a poner excusas a Dios entonces, cualquier tonto se da cuenta que esa persona tiene otras prioridades más importantes que Él.

No es que uno lo declara específicamente, más bien lo hace sin darse cuenta, como por ejemplo: “Porque yo tengo que trabajar y sustentar a mi familia y en mi trabajo me exigen”… ¡Quiero decirte que Dios también exige! ¿Qué es lo primero que dejarás de lado, a Dios o a tu trabajo?

Cuando una persona dice: “Yo no tengo dinero para dar los diezmos, porque Dios sabe que estoy enfermo y tengo deudas”, claro que Dios sabe que tienes deudas y que te metiste sin que Él te mandara, pero también debes saber tú, que eso es un pecado. Así que si tu prioridad es el dinero y el trabajo, éstos se convierten en tus dioses, porque tu trabajo y el dinero que necesitas te demanda de tal manera que no le puedes responder a Dios.

Dice la Biblia: “No tendrás dioses ajenos”, y esto significa, no tendrás absolutamente nada que te quite a Dios del lugar de prioridad que debe tener en tu vida.

He conocido abuelas que han dejado de asistir a la iglesia por cuidar a los nietos, y no sólo que los atienden y por lo tanto dejaron de ser esas abuelas consagradas que eran antes de que llegara el nieto, sino que confiesan: “Yo adoro a mi nieto”. Hay otras mujeres que dicen: “Yo adoro a mi esposo”. Hay dioses que son falsos; muchas mujeres adoraban a sus maridos y resulta que éstos andaban con otra, ¡mira qué dios!

La palabra adoración se aplica solamente a nuestra relación con Dios; no podemos adorar cosas ni personas; quita de tu boca la expresión: “Yo adoro a fulano o a mengano”. ¡Sácatelo, porque la adoración sólo le corresponde a Dios y es la máxima expresión de amor y de servicio a Él!

Yo amo a mi esposa y a mis hijas y me deleito en ellas, amo a mi iglesia pero adoro a Dios. ¡Entiende que Dios es importante! De nuestra relación con Dios provienen todas las demás cosas porque Él es la fuente de la bendición. Si tienes sed, debes ir a una fuente de agua; la fuente de la vida, de la bendición, de la prosperidad, de la paz, de la paciencia, la templanza y de la mansedumbre es Dios. ¡Tienes que ir a Dios!

A Dios le tiene que quedar claro que no tienes otros dioses. Tu dios no tiene que ser un médico, tu Dios es Dios. Él dice: “Yo soy tu sanador”. Si Él no te sana, puedes recurrir a los mejores especialistas pero no sanarás. Así que en primer lugar vamos a Dios en todas nuestras necesidades; pero el objetivo no es ir a Dios por causa de nuestras necesidades sino porque Él es la fuente de todo. Yo debo cuidar mi relación con Dios y ésta no se da por el hecho de que lo busco cada vez que tengo un problema sino que lo busco con problemas o sin ellos. ¡Las dificultades dejan de ser importantes cuando yo me acerco a un Dios tan grande, tan bendito, tan poderoso, tan amoroso!

“No tendrás dioses ajenos delante de mí…”, y en Deuteronomio 5:9 señala: “…porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte y celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación…” ¿Por qué se le ocurre a Dios que nuestra más importante relación tiene que ser la que mantenemos con Él? Porque Él sabe cómo son las cosas, Dios nos ha fabricado y sabe lo que necesitamos, sabe también cómo funcionamos.

            Mandamiento número dos: Leamos Deuteronomio 5:8: 8No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”.

No te imaginarás quién es Dios, no te harás un dibujito, ni una película de quién es Él; por eso en nuestro templo no tenemos imagen alguna de nada porque: ¿a qué vamos a comparar a Dios? o ¿qué cosa podrá mostrarnos quien es Él? Dios dice: “No hay nada que se compare a mi” por lo tanto no debemos tener imágenes de Él. No sólo no tener imágenes sino tampoco imaginarnos cómo puede ser Él.

Hay gente que dice: “Yo creo en Dios pero no en las religiones, ni enla Biblia, ni en los papas o curas; yo creo a mi manera”. ¡Mira un hombre inventando a un dios! Ahí nomás les pido que me cuenten cómo es su dios y ellos comienzan a contar cómo creen que es Dios. Por ahí alguno dice: “Dios es muy bueno, yo no creo que mande a nadie al infierno”. ¡Se imaginan a un Dios como ellos quisieran que fuera!

La palabra imagen tiene la misma raíz que imaginación; si quieres que Dios sea como tú piensas que Él es, estás haciendo un dios a tu imagen y semejanza, te estás inventando un dios. ¡No puedes! Si quieres saber cómo es Dios ven a su palabra porque Él te dice quién es; “Yo soy el que soy”, declaró Dios. Sila Biblia dice que Él castiga, ¡Él lo hace! “Ah no, yo no me imagino a un Dios que castiga”. Bueno, no te lo imagines, debes creer que Dios castiga porquela Biblia señala que Dios disciplina y castiga a todo aquel que recibe por hijo, porque Él no es un Dios tonto sino justo, es un Dios que pone límites.

Hay madres que dicen: “Yo no sé por qué mi hijo me ha salido así, yo no sé por qué me paga de esta manera. Yo le he dado todo lo que me ha pedido”. ¡Una madre tonta! ¡Le has dado todo! Una mamá que le da todo y no quiere que al hijo le pase nada, que no sufra, ha criado a un desobediente, un desubicado, ha criado un chico que no tiene límites y la va a avergonzar. Es un hijo que en toda su vida le va a demandar a ella y al mundo entero porque es un chico consentido, ¿por qué? ¡Porque la madre le ha dado todo! Dios no es así, Él te pone límites, es un Dios justo. Hay cosas que no conviene que te las de y no te las dará; si tú las agarras, sólo es tu problema, pero Dios es un Dios bueno y justo que nos da lo que necesitamos.

8No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”. (Deuteronomio 5:8) ¡No te imagines quién es Dios! Él ha dejado testimonio de quién es verdaderamente y lo que quiere. Cuando quieras saber cómo es Dios, estudia su palabra. ¿Quieres tener una buena relación con Dios? Hay quienes quieren tener una buena relación con Dios pero ni siquiera tienen una Biblia o la tienen pero está llena de polvo. ¡La palabra de Dios tiene que morar en abundancia en nuestros corazones! Debiéramos gastar más horas leyendola Biblia que viendo televisión; entonces sí tendríamos autoridad para decir quién es Dios y no andaríamos haciéndonos dioses ajenos, no andaríamos inventando o imaginando un dios.

Con tal que tengamos una buena comunión con Dios, Él exige entonces que no tengamos dioses ajenos y que no nos hagamos ninguna imagen de Él.

 El tercer mandamiento es: 9No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”  (Deuteronomio 5:9).

La palabra adoración sugiere postración; que yo adore a Dios significa que lo amo y lo sirvo, que Él es mi prioridad absoluta; entonces, no te harás imagen ni te inclinarás a ellas. El grave problema es que nos inclinamos delante de muchas cosas, y a veces no nos damos cuenta de ello. Volviendo al ejemplo de la abuela que adora a su nieto; éste la domina, ella no asiste a la iglesia porque atiende a su nieto y él es quien manda. ¿Y cómo es que la manda y la domina?  El nieto no sabe ni siquiera hablar, pero sabe dominar, entonces, le tira una cuchara a su abuela y le grita, ella sabe que el nene quiere la cuchara así que corre para devolvérsela, no vaya a ser que se enferme el niño por gritar. La mira a la abuela como quien mira a un perro, como cuando le arrojas un palo al animal y le dices: “¡Búscamelo!” Allá corre el perro y te trae el palo, ¡igualita es la abuela! El nene agarra la cuchara y se la arroja, y la abuela se la trae, porque ella sirve al niño, se inclina delante de él. ¡Ah, que no le pase nada al nene! ¡No lo lleves a la iglesia con este frío que le puede hacer daño! Como éste, hay muchos ejemplos. Algunos creyentes dicen: “Mi trabajo no me lo permite”. Tienen un dios extraño, ahí hay un hombre que se inclina delante de su trabajo, y el empleo le ordena que no sirva a Dios.

Nos inclinamos y adoramos a falsos dioses; el miedo se comporta como un dios. Dios te manda a predicar el evangelio y tú dices. “¡Me da miedo! ¡Ah me da vergüenza!” Entonces, obedecemos al miedo, a la vergüenza y no nos inclinamos delante de Dios.

Es necesario que entendamos que debemos vivir postrados delante de Dios y lo que Él quiere debe ser nuestra prioridad. Muchas veces, las cosas que le hemos pedido a Dios se transforman en nuestras prioridades, se transforman en nuestros dioses. Hay gente que trabaja toda la semana y no quiere hacer nada el fin de semana, sólo quieren estar con su esposo o esposa y sus hijos. Quiero decirte que el día domingo, el día del Señor se hizo para Él y esa es la prioridad, no es estar con la familia, la prioridad es buscar a Dios. ¡El domingo es el día del Señor, es día santificado para Dios!

Te puedes hacer un asado el día domingo, no hay problema, pero no es el día del asado, ni de la familia, es el día del Señor. Domingo significa Dominus o Señor; el mismo nombre te indica que pertenece a Dios; así que, bienaventurados, bendecidos, dichosos los que asisten a la casa de Dios el día domingo porque le están dando prioridad al Señor.

No obstante, hay algunos que creen que cuando han asistido a un culto ya han cumplido con todo, pero a Dios hay que servirlo por eso la Bibliaseñala: “a él solo servirás…porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte y celoso…” Hemos visto películas que muestran un rey sentado en el trono, unas puertas inmensas que se abren, muestran también un montón de soldados armados, parados firmes y desde esas puertas hasta donde está el rey sentado hay un camino largo. A los costados del rey se pueden apreciar unas efigies de leones. Entonces, entra alguien para hablar con él y en ese cuadro, la persona parece un piojo caminando por el pasillo; mira a los soldados, mira al rey, y cuando llega al trono donde está el rey se inclina, se postra, inclina su cabeza y con esa actitud le está diciendo: “Te reconozco como soberano, soy tu siervo y estoy aquí para hacer lo que me mandes”, ¡Si la persona no hace eso le cortan la cabeza!

Esa figura expresa: “Sólo ante él te inclinarás, sólo ante Dios te postrarás”. No te postrarás delante de tu trabajo ni de tu deuda. “¿Pero qué quiere que haga? ¡Yo tengo deudas!” Busca a Dios, póstrate delante de Él y háblale de tu deuda pero no hagas lo primero que te venga a la mano, porque sólo tienes que inclinarte delante de Él.

Digamos que para Dios, su relación contigo es muy importante y espera que tu relación con Él sea muy importante porque de ella, surge todo lo demás. Si Él es tu Señor, entonces es tu sanador, es tu proveedor, si Él es tu Señor entonces es tu paz, pero sólo si Él es tu Señor. Si Él es tu Señor entonces se hará cargo de ti, Él es responsable por ti, si no lo es, no se hará responsable en qué manos tú caigas.

Debo decirte que hay muchos falsos dioses que andan buscando dominar tu vida, el primero de ellos es satanás. Él quiso subir a las estrellas del cielo donde tiene su trono el Altísimo y dijo: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:13 y 14). Satanás quiere ser adorado, quiere ser servido y tú debes saber y él lo sabe bien, que con el solo hecho de que desobedezcas a Dios, ya lo estás obedeciendo a él. Recordemos lo que sucedió en el Edén: “Con que Dios ha dicho que no comáis de todos los árboles de huerto…” Eva le responde: “No, Dios dijo que comamos de todos los árboles menos del árbol de la ciencia del bien y del mal”. Entonces satanás le dijo: “Sabe Dios que el día que tú pruebes del fruto de ese árbol serás como él conociendo el bien y el mal”.

Dios espera que le obedezcas y le creas, y satanás está trabajando para que le creas a él y le obedezcas. ¿Qué le estaba ofreciendo satanás a Eva? Le ofrecía libertad de Dios, “libérate de Dios” le estaba queriendo decir. ¿Qué hace la filosofía moderna? Te sugiere que hagas lo que se te dé la gana y que nadie te mande; que no te mande la religión porque los pastores y curas se enseñorean de la gente. Señalan que la religión te oprime, así que libérate, haz lo que se te cante. En otras palabras le dicen a la gente: “Sé como Dios, sé libre, lo importante es que hagas lo que sientes”. ¡No señores! ¡Lo importante es que hagas lo que Dios quiere!

Un empresario que nos ha beneficiado, que representa unas cuantas marcas importantísimas, tiene puntos de venta en todo el país, y en todos los grandes centros de ventas donde coloca sus marcas, hay un retorno en grandes cantidades de la mercadería vencida; antes, él vendía esa mercadería que sobraba pero ahora nos ha dicho que no lo hará más sino que nos la dará a nosotros, para ser distribuida entre los centros comunitarios. Este hombre le dijo a uno de nuestros pastores: “El apóstol tendría que llamarme y agradecerme”. Yo le llamé y como él conoce el evangelio, ya que iba a la iglesia de niño, le dije: “Hola, tengo que decirte algo importantísimo”. “¿Sí?, ¿qué me va a decir?” “¿Conoces ese versículo que dice: “Así que también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”? ¡Se quedó medio cortado porque esperaba que le agradeciera! Yo no lo hice, pero le dije: “¡Tengo que felicitarte porque has hecho lo que Dios quería!” Él me respondió: “Esto lo siento desde hace rato y cuando yo siento algo, tengo que hacerlo”, y le agregué: “Yo te felicito no por lo que sentías sino porque hiciste lo que Dios quería”. ¡No es importante lo que tú sientes!

Espero que no haya sido muy duro para este empresario pero, todos tenemos que ir aprendiendo que cuando servimos a Dios, nadie nos debe nada.

Hemos tenido hermanos en la iglesia muy serviciales y después que servían mucho, pretendían que por ello le diéramos entradas para alguna actividad. “Pero yo que hago esto y lo otro…” ¿Tú haces lo que Dios quiere o estás haciendo favores? Algunos me dicen: “Pastor, yo le puedo ayudar porque sé esto y aquello” pero yo les respondo: “Mira, yo no necesito gauchos, no necesito gente que le haga gauchadas a Dios o a mi, necesito gente que sirva a Dios y no cobre nada”. Los gauchos de alguna manera te la cobran, pero la obra de Dios se hace con siervos que declaran: “lo que debí hacer hice”. ¡Ante Dios solamente te tienes que inclinar y hacer su voluntad!

El cuarto mandamiento es: 11No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano” (Deuteronomio 5:11). No digas yo sigo a Dios si no lo sirves, no digas yo creo en Dios si no lo sirves, no digas Jesús es mi Señor si Él no es el Señor de tu vida, si no es la prioridad en tu vida; no digas, “por esta luz que me alumbra”, ¡no tomes el nombre de Dios en vano! No declares, “Dios me mostró o me dijo”, si Él no te ha mostrado ni te ha dicho nada.

En una oportunidad, estaba finalizando un campamento y una chica me dijo: “Hay ocho muchachos que se me han declarado y todos me dijeron que sienten que es la voluntad de Dios que yo me case con ellos”. Los jóvenes que quieren pasar por espirituales le hablan a una chica y le dicen: “Sabes que siento de parte de Dios que…” ¡Claro, si le dice que es de parte de Dios la chica se arruga ahí nomás! “¡Apóstol me dijo que Dios le ha mostrado que yo sería su esposa!” “Bueno, vamos a orar, si Dios se lo dijo a él, también te lo tendrá que decir a ti”. ¡Eran ocho cristianos que habían tomado el nombre de Dios para convencer a la chica que se ponga de novia con ellos! Eso sucedió en un campamento que dura seis días. ¿Entiendes lo que es tomar el nombre de Dios en vano?

Hay esposas que están hartas del marido y me dicen: “Yo me quiero dedicar a servir a Dios”. ¡No, están hartas de marido! En la iglesia quiere ayudar y servir pero la tenemos que echar porque se pone cargosa, y es que no quiere volver a la casa porque el marido es insoportable, entonces le dicen: “No te cocino, ni te lavo la ropa ni te la plancho porque ahora sirvo a Dios, Él me ha mandado a servirle”. El hombre piensa que los cristianos están todos locos, comienzan a odiar al pastor y a Dios, pero lo cierto es que la hermanita le puso a Dios de paragolpes, frena al marido con Dios. “No usarás el nombre de Dios en vano porque él no tomará por inocente a ninguno que use su nombre”.

He conocido hombres adúlteros, malvados, alcohólicos, mal hablados, que conocenla Biblia, entonces la esposa no lo sigue porque él no la conduce al altar, sino más bien al infierno; pero él le dice: “¿Por qué obedeces al pastor? Me tienes que obedecer, porque Dios dice que yo soy la cabeza”, y se lo dice medio mareado por la borrachera. ¡Lo toma a Dios y usa su palabra para eso!

Satanás le dijo a Jesús cuando lo tentaba: “Escrito está…” señalándole de este modo: “Tu Padre escribió y dijo…” ¡Usaba el nombre de Dios para tentar a Jesús! A veces hay una persona destruida porque ha pecado, ha hecho las cosas mal y Dios tiene misericordia de ella por lo tanto quiere que le hablemos palabras de consuelo, pero alguien le dice: “A ti te sucede lo que dicela Biblia, te vas a arrastrar, te va a ir mal porque Dios…” ¡Lo usan a Dios! Hay gente que me ha dado palos conla Bibliay me ha dejado chichones por todos lados, no lo han hecho con amor ni direccionados por el Espíritu de Dios; hay quienes usan su palabra para condenar a los demás, utilizan a Dios para expresar lo que sienten, lo que les perece; pero el Señor no dará por inocente al que use su nombre en vano.

¿Por qué estos cuatro mandamientos? Porque Dios considera que es esencial, es primordial, es importante nuestra relación con Él; y dice: “Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Deuteronomio 5:9-10).

¿Todavía dices que Dios es la prioridad de tu vida cuando no demuestras que lo es? ¿Habrás descubierto que creías que Dios era la prioridad de tu vida pero te das cuenta que no ha sido así, que eres un egoísta, que Dios no puede disponer de tus bienes ni de tu tiempo, tampoco de tu familia? Hay padres celosos de que sus hijos sirvan a Dios; ellos se lo han consagrado y cuando el hijo quiere dedicarse a servir a Dios se ponen como fieras porque no quieren que Dios los domine, ni el pastor ni la iglesia, entonces “patean el avispero” y no quieren que sus hijos sirvan a Dios. ¡No le han dado la prioridad a Dios, no han reconocido que Dios es dueño de todas las cosas!

Tú no tienes que matarte para ganar dinero, Dios te dice: “Mía es la plata, y mío es el oro…” (Hageo 2:8). De tu relación con Dios vendrá el dinero que estás necesitando, la ropa, el bienestar que estás necesitando viene de Dios. Él recompensará tu trabajo; Dios es un buen  patrón y paga bien. De Él viene tu salud. ¡Hoy le tienes que dar la prioridad a Dios!

Cuando vives toda la semana preocupado por tu trabajo, por las deudas, la salud y otras cosas, eso es una evidencia de que Dios no es tu prioridad.

CONCLUSIÓN

Hoy tienes que pedirle perdón a Dios si reconoces que tu prioridad hasta este día no ha sido Él, a pesar de que eres creyente y asistes a la iglesia. Dile: “Señor te necesito, necesito amarte como a nadie he amado en esta tierra, yo se que si te amo no tendré dioses ajenos delante de ti, no me haré una imagen de ti, ni una escultura. Sé Señor, que si te amo no me inclinaré delante de nada ni de nadie y no tomaré tu nombre en vano. ¡Perdóname y bendíceme! ¡Te voy a dar el primer lugar Señor! No quiero engañarme ni engañarte, no quiero intentar, quiero hacerlo de verdad. Sella mi corazón en esta hora y que seas mi prioridad número uno, te lo pido en el nombre de Jesús. Señor, yo no voy a engañarte más con la universidad, ni con el trabajo, ni con el dinero, tú puedes disponer de mí, a partir de esta hora”.

Un empresario que hace dos años atrás sintió de parte de Dios irse con su familia a servir a Dios a los centros comunitarios, se demoró y en estos dos años su empresa creció, prosperó, ha llegado a tener cuatro socios, y los negocios van “viento en popa”, como dice el dicho popular; nos reunimos porque él está inquieto, tiene el anhelo de servir a Dios pero señala que le está yendo muy bien y me preguntó qué debía hacer para desprenderse de todas esas cosas. Para colmo la esposa le sugirió que pusiera en un sobre una ofrenda cuando nos visitó el hermano Morris Cerullo porque Dios lo iba a prosperar y desde que esto sucedió hasta hoy, se llenó de clientes. Me preguntó qué hacía y yo le respondí: “No tienes que hacer nada, cuéntame cuál es la prioridad de Dios para tu vida. Si Dios te ha pedido que le sirvas, tendrá que hacer algo y será más doloroso que hace dos años”

Abraham anhelaba tener un hijo y oraba por él; Dios le prometió un hijo y se lo dio. Abraham amó tanto a su hijo que un día Dios le dijo: “Quiero que tomes tu hijo, el que amas, y que tomes un asno y lo cargues con leña. Consíguete el cuchillo más grande que tengas; ve con el fuego, la leña y tu hijo al lugar que yo te voy a mostrar. Allí me vas a sacrificar a tu hijo”.

El empresario me dijo: “Pero esta prosperidad me la ha dado Dios, la empresa me la ha dado Él”. Así como Dios te dio a Isaac, le puede molestar ese Isaac que te ha dado porque hay gente que termina endiosando a Isaac, y lo termina amando tanto que a Dios le molesta. “¿Qué hago?”, me vuelve a preguntar. “Lo mismo que Abraham, agarra un burro, pone la leña, toma un cuchillo grande y lleva tu empresa al altar; métele el cuchillo donde más le duela o donde más te duela”. Es que, para que realmente Dios sea tu prioridad hay que cortar ataduras con algunas cosas. No digas no puedo o es difícil, porque los cobardes no entrarán al reino de los cielos.

Si sabes que tienes que cortar con algo muy difícil de cortar pero has tomado la decisión de hacerlo, haz una oración a Dios y dile:

“Hoy vengo delante de tu trono para inclinarme, para adorarte y para decirte que eres mi Señor y que aquí estoy a tu servicio. ¡Glorifícate Jesús! Me inclino delante de ti y declaro que desde este día eres mi prioridad absoluta. Hoy decido cortar con toda otra dependencia en mi vida; no me frenarán el dinero, el trabajo, ni mi esposo/a ni mis hijos. ¡Tú, ahora eres mi prioridad! Gracias Señor, tú me has llevado a esto y yo lo hago con placer. Tú mereces todo lo que yo soy y todo lo que tengo. ¡Gracias Señor! En el nombre de Jesucristo hago esta oración, amén”.

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