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MENSAJES DEL CIELO

LA VICTORIA: PRIMERO SE OBTIENE EN TU CORAZÓN

INTRODUCCIÓN

Toda guerra o lucha es espiritual. Tú te sientes oprimido o deprimido y es que algo está sucediendo en el mundo espiritual, aunque no digo que no haya problemas orgánicos que acompañen la opresión o la depresión. Tú tienes peleas continuas en tu casa o sufres enfermedades: ¡Algo está ocurriendo en el mundo espiritual! Los problemas económicos del país también son espirituales, aún las guerras culturales. Algunos autores señalan que los grandes problemas de la humanidad son a causa de las confrontaciones culturales.

Leemos en Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. En todo conflicto hay poderes espirituales de maldad operando. Vivimos en un mundo paralelo. Nosotros conocemos el mundo visible, pero en realidad debemos conocer lo que sucede en el mundo invisible. Hay un mundo espiritual de maldad que opera en tus malos deseos, pensamientos y sentimientos. Y hay poderes espirituales de bendición cuando hay pensamientos y sentimientos de bien y cuando hay actitudes positivas. Siempre está operando Dios a través de su Espíritu, o hay ángeles operando, porque el Señor los ha enviado para actuar en alguna circunstancia, o hay espíritus de maldad en una situación de conflicto y de lucha. Decimos entonces que toda lucha es espiritual.

ISRAEL y LOS FILISTEOS

El primer ministro israelí declaró recientemente a la prensa: “Tras el cruel atentado del viernes, hoy afirmamos con decisión: El terrorismo nunca nos vencerá y nunca quebrantará nuestro espíritu”. Israel ha sufrido varios atentados en estos últimos días; han asesinado policías, han matado gente con arma blanca y han disparado algunos misiles, uno de ellos explotó en el aire, desde Gaza hacia Israel. Ojalá hubiera cristianos que pudieran declarar ese tipo de cosas como: ¡Nunca mi espíritu será doblegado! Piensa en las cosas que vienen contra ti que te debilitan y te hacen sentir impotente, y que te sugieren que no lo vas a lograr, que no vas a llegar o hacen que te cuestiones si Dios realmente está contigo o no. ¡Tu fe es muy importante!

Dice en sus declaraciones el primer ministerio israelí Benjamín Netanyahu: “El viernes fuimos testigos de un drama desgarrador de terrorismo, consecuencia de un profundo y desenfrenado odio a los judíos. Hemos estado lidiando con el terrorismo asesino durante cien años y lo derrotaremos. El dolor es profundo, pero nuestras raíces en la tierra también lo son. ¡El terrorismo nunca nos vencerá!” Ojalá hubiera cristianos que declararan con certeza: “¡Esta enfermedad no me vencerá! ¡Este conflicto no va a destruir mi matrimonio! ¡Mi problema económico no me va a llevar a suicidarme! ¡Este asunto legal no podrá derribarme porque Dios está conmigo!” Netanyahu usa con frecuencia pasajes de las escrituras, para apoyarse en lo que dice la Biblia acerca de lo que han declarado los profetas que va a suceder. De algún modo invoca el nombre de Dios. Sería bueno si en sus declaraciones también dijera: “Me estoy apoyando en el nombre de Jehová de los ejércitos”, o: “Puedo declarar estas cosas porque mi sustento y mi fe está puesta en el Dios de Israel”. Evidentemente no lo dijo, pero sin dudas el Dios de Israel está ayudando a esa nación.

Quiero contarte del grave problema que hay en Israel; es la franja de Gaza, el territorio más cercano y beligerante contra Israel. Allí, los terroristas han construido túneles, se gastan el dinero que no tienen, la gente pasa hambre, no cuentan con medicinas. He visto la foto de un terrorista que mató a uno de los policías; estaba siendo atendido en un hospital israelí, y le tomaron una foto en una cama del hospital, herido y riéndose por su hazaña.

Toda lucha es espiritual, por tanto, toda lucha se gana en el mundo espiritual; se gana primero en el territorio espiritual y después en el visible. La victoria la debes conquistar antes de ir a la guerra. Si vamos a la guerra pensando que vamos a perder será imposible ganar si estamos teniendo convicción de que vamos a perder. Me agrada la convicción que tiene el primer ministro israelí cuando declara: “El dolor es profundo pero nuestras raíces en la tierra también lo son. El terrorismo nunca nos vencerá”. Nunca saldremos de Jerusalén, declaran ellos. Jerusalén es la capital eterna de Israel y de ahí no salen. Ellos tienen una convicción muy fuerte por ese territorio que Dios les dio cuando le prometió a Abraham darles la tierra de cananeo, del heveo, del ferezeo, del jebuseo y todos los feos que habitaban el territorio en la antigüedad. Josué conquistó esa tierra y desde esa época se le llama la tierra de Israel. En el año 70 D.C, el imperio romano destruyó el templo de Jerusalén, y qué paradoja porque ese templo era extraordinario, una obra arquitectónica única, hecha por un gobernador romano. Herodes el grande edificó el templo de Jerusalén para que el pueblo de Israel tuviera su culto, y lo hizo con los recursos de Roma. Pero en el año 70 D.C el ejército del emperador Tito destruyó Jerusalén y el templo. Este emperador quiso borrar de sobre la faz de la tierra el nombre de Israel y puso por nombre a esa tierra, Palestina. Lo que era entonces la tierra de Israel ahora era llamada Palestina. Muchos llaman Palestina a lo que nosotros decimos que es la tierra de Israel, compuesta por dos partes: Judea al sur y Samaria al norte. Pero ahora no se le llama más Judea y Samaria sino Palestina, mas los judíos le siguen llamando Eretz Israel o la tierra de Israel. Y hay una puja dialéctica porque las noticias que salen de Israel señalan que esa es su tierra, y las noticias de otros lugares dicen que es Palestina. ¿Por qué hablo de esto? Desde al año 70 D.C en adelante se le llama Palestina a esa tierra, que significa, la tierra de los filisteos. Éstos fueron los enemigos más acérrimos de Israel, los que aparecen en todo el Antiguo Testamento, peleando contra el pueblo de Dios. Y como quiero hablarte acerca de David y Goliat, quiero decirte que Goliat era filisteo y si lo trajéramos al presente sería palestino.

DAVID y GOLIAT el filisteo

Los filisteos vivían en las costas del Mar Mediterráneo y tenían la capital en lo que hoy es la Franja de Gaza. Las luchas más encarnizadas que libró Israel fueron contra los filisteos. Y la historia que te quiero compartir tiene que ver con esta puja entre filisteos e israelíes. En una época en que Saúl era rey sobre Israel, los filisteos salieron para hacer guerra contra él. Éstos tenían un paladín que se distinguía por sus hazañas valientes, era un gran representante valeroso que medía seis codos, más de dos metros y medio de altura y metía miedo. Hay un paralelo en esto; los palestinos están aliados a la UNESCO, o como dicen algunos: UNASCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Es muy poderosa, y allí se ha han votado las peores resoluciones en estos últimos tiempos contra Israel, a tal punto que de la ONU surgió la idea de que a Israel no le corresponde la tierra en la que están asentados porque no hay ninguna relación cultural, histórica ni arqueológica; y eso se decidió por votación. ¡Mira para que ha servido la democracia! Parece que si la mayoría está de acuerdo se hace lo que ésta diga, aunque sea mentira. Una mayoría de países árabes han votado contra Israel y han tomado esta resolución. ¡Son como Goliat! La UNESCO viene a ser como el paladín de estos terroristas palestinos que habitan en la franja de Gaza.

Salió el grandote Goliat y se puso entre medio del ejército de Israel y del ejército filisteo gritando: “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo”. En Israel no entendían que la guerra era espiritual y es lo que vamos a ver en esta historia. Leemos en 1ª de Samuel 17:11: “Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo”.

Este hombre por cuarenta días salió y repitió las mismas palabras; y resulta que, tanto Saúl como los soldados del ejército de Israel se escondían por causa de la altura de este hombre y por sus palabras que les infundían temor. Si tú tienes temor no estás listo para la guerra. Quien teme, no puede ganar una batalla; quien tiene temor se transforma en una persona débil que no sabe cómo hacer o qué hacer por cuanto se siente débil y considera que esa guerra es demasiado grande para él o para ella, entonces se paraliza y no puede salir a victoria. Por otro lado, aquella persona que tiene fe no se amedrenta porque la fe lo hace valiente.

Una de las cosas que procura hacer satanás es asustarte; se lo hace a creyentes como a no creyentes. Cuando él logra asustar a una persona lo pone bajo su autoridad y dominio y la persona se vuelve una ovejita mansa del temor. ¡Tú no debes temer! Dios quiere que tengas temor a Él, pero no quiere que temas al hombre, tampoco quiere que tengas temor de los poderes espirituales del infierno. Una mujer me contó que se despertó gritando aterrada. Ella había soñado algo muy feo, entonces despertó al esposo y se pusieron a orar. Hay momentos en que no te puedes tirar de rodillas a orar, así como sucedió con David y Goliat. Imagínate que David se enfrenta al gigante y se arrodilla a orar en lugar de arrojarle la piedra. ¡Viene Goliat y lo mata! Hay momentos en los que hay que pelear. Moisés clamaba a Dios porque venían los egipcios persiguiéndolos, estaba el mar adelante, los egipcios atrás y montañas que los rodeaban. No había dónde huir, entonces comenzó a clamar a Dios, pero el Señor le dice: “¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco” (Éxodo 14:15 y 16). Esa no era hora de orar sino de creer lo que ha orado. Hay gente que ora mucho porque no terminan de creer. Igual que esos que han cometido pecado hace como quince años atrás y le pidieron perdón a Dios, pero cada día, por años le siguen pidiendo perdón a Dios por causa de lo que han hecho, y quien hace eso es que todavía no ha terminado de creer, porque cuando le pides perdón a Dios y crees que te perdonó, el Señor te perdona y te quita la culpa. Imagínate que tenga que venir Dios todos los días a limpiarte con la sangre de Cristo el mismo pecado que has pedido por quince años que te perdone. Hay momentos que son momentos de creer. Debes creer, debes enfrentar la lucha y ser vencedor.

1ª Samuel 17:24 dice así: “Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor”. En ese escenario llega David ya que su papá lo había mandado a llevarle comida a sus hermanos y oye lo que está diciendo ese paladín a los gritos y ve a la gente atemorizada, entonces pregunta qué es lo que está sucediendo, por qué estaban tan asustados, y le cuentan los hechos. Entonces David comienza a preguntar algo significativo, porque la gente andaba diciendo que el rey le daría su hija al que venciere al gigante. ¡Nadie quería ser yerno del rey por el miedo que tenían! Cada uno de los de Israel decía: “Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel. Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? ¡Qué buena oportunidad para ser yerno del rey! pensó David. Continúa diciendo 1ª de Samuel 17:28: “Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido”.

Cuando Dios tiene un propósito contigo es probable que haya muchos que no te entiendan. Si tienes un llamado de Dios, no le pidas confirmación a la gente, mucho menos a tus parientes; si tienes un llamado de Dios obedece a ese llamado. Siempre habrá un pastor o líder espiritual que te confirme que realmente lo que sientes es de Dios. David no había ido a ver qué sucedía sino que fue porque el padre lo mandó y cuando llegó se encontró con ese espectáculo. Lo que no podía entender David era por qué estaban tan atemorizados porque para él, el filisteo no era un gran problema. Le dijeron que el filisteo era muy grande y él era pequeño pero lo que habrá pensado David fue que al ser tan grande no había forma de errarle. Tuvo que enfrentar al hermano y hacer caso omiso de sus acusaciones. Entonces lo llevaron ante Saúl según señala 1ª de Samuel 17:31 y 32: “Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo”.

David tuvo determinación, seguridad y fe. Tenía la victoria en el corazón antes de la lucha. Toda guerra es espiritual y éstas se ganan primero en el plano espiritual para luego ganarlas en el mundo visible. ¡Si tienes fe, ya ganaste! No vayas a la batalla titubeando, pensando que vas a perder. Tú tienes que tener una fe firme de que Dios te va a respaldar en esa guerra.

El hermano mayor, aunque le reprochó, tenía autoridad sobre David por ser el hermano mayor. Por ley, en la cultura israelí, el hermano mayor y primogénito es autoridad después del padre. David se presenta ante el rey Saúl que es la mayor autoridad de Israel, entonces dijo Saúl a David: “No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud”. David tuvo que hacer también caso omiso a las palabras del rey. Entonces respondió a Saúl: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente” (1ª Samuel 17: 34 al 36).

En ese momento David invocó a Dios. Los del ejército de Saúl estaban temerosos, se escondían y nadie se animaba a enfrentar al filisteo, mas David estaba decidido a enfrentar a Goliat y decía que si Dios estuvo con él cuando tuvo que enfrentar al oso y al león también estaría con él al enfrentar al filisteo incircunciso.

Toda lucha es espiritual; la vamos a enfrentar en el mundo físico, visible o tangible pero la victoria la obtendremos primero en el mundo invisible. David no dijo: “Oren por mí y vamos a ver cómo me va”. Él estaba decidido a enfrentar a Goliat y convencido de que iba a ganar. Todavía no tenía la cabeza de Goliat pero ya había conquistado la victoria. David había determinado por la fe que ese hombre no podía burlarse de los escuadrones del Dios vivo. Llegó el momento del enfrentamiento entre David y Goliat. Al muchacho lo quisieron vestir con coraza y le dieron una espada, pero él no se sentía cómodo, así que tomó su honda y su callado y salió a buscar unas piedras. “Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses”.

Cuando la hermana me contó que había tenido un sueño aterrador, surgió la posibilidad de que alguien le haya hecho una maldición o algún trabajo de hechicería, entonces le dije que no se hiciera problemas porque el diablo no es tan grande como se cree ni tan poderoso como ostenta. ¡Si pudieras tener una perspectiva de lo chiquito que es satanás delante de Dios! Y nosotros somos hijos del Dios Todopoderoso. ¡Tenemos la genética del Dios viviente! ¡Somos parte de la familia del Dios viviente! ¡Él es nuestro Padre! ¿Tendrá muchas ocupaciones que no puede atenderte? ¿Cuánta certeza tienes de que Dios es tu Padre y que es Todopoderoso y te cuida? ¡El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende!

Goliat maldijo a David por sus dioses. Los filisteos eran personas temibles que tenían dioses de toda clase y hacían cosas abominables. Era para tenerles miedo. Y cuando ellos maldecían, sabemos cómo es cuando un brujo hace trabajos maldición y si usa un animal de cuatro patas estás frito, a menos que seas un hijo de Dios. Satanás le va ganando a muchos creyentes porque logra amedrentarlos y cuando él logra amedrentarte, te derriba la fe. Pero tiene una desventaja y es que tú eres más lindo que el diablo y muchos asustan con sus caras, pero a pesar de que tú eres más lindo que él, quien se tiene que asustar contigo es satanás. Hay un juego de poder que ejerce satanás contra los creyentes. Muchos endemoniados me han dicho: “¡Vos no podes conmigo!” Te quiere hacer creer que no vas a poder, que no vas a salir adelante y eso es una lucha espiritual. ¡Quien tiene que huir asustado es el diablo! La autoridad que tú tomas en el nombre de Jesús provoca debilidad en los demonios y éstos tienen que huir de tu vida. Pero tienes que enfrentarlos con la unción del Espíritu Santo y debes tener el respaldo de Dios y comunión con Él.

Goliat amedrentaba al ejército de Israel, pero a la hora de enfrentar a un piojo, porque así se veía David delante de él, era un niño, lo menospreció diciendo: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Debe haberles causado sorpresa que un muchacho se presentara con una honda y un palo. Goliat esperaba un soldado vestido con su armadura y algún arma, pero apareció el chico con un callado y una honda, y maldijo Goliat a David por sus dioses. A pesar que se hacía el fuerte, invocó contra David a sus dioses. Toda lucha es espiritual. En lo visible había un hombre grande y poderoso, con una facha terrible que metía miedo, pero ese hombre grandote invocó y maldijo a David por sus dioses. Así que la confrontación era entre los dioses de los filisteos y el Dios de Israel. Esta guerra no era de David, no era de Saúl ni de su ejército; esta guerra era de Dios. Tu guerra no es tuya; tu guerra es la guerra de Dios. “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”.

Ya estaba lista la guerra. Goliat iba en nombre de los dioses de los filisteos, maldice a David en nombre de sus dioses y David fue en nombre de Jehová de los ejércitos. ¡Sólo se necesita un creyente que no tenga miedo! ¡Sólo se necesita un creyente que crea en Dios y confíe en el Señor! En lo visible estaban David y Goliat, y en lo invisible estaban los dioses de Goliat y el Dios de David. ¡Toda lucha es espiritual! Goliat tenía fe en sus dioses y amenazó a David con darle su carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Mas David le dijo: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”. ¡Qué agrandado David! No tenía espada sino sólo una honda, pero tenía fe. Contaba con cinco piedras, ¿con cuál de ellas le cortaría la cabeza a Goliat? Éste le dijo que daría su cuerpo a las aves del cielo y David dijo que daría los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Di con fe: “¡Todos sabrán que hay Dios en mi vida! ¡Toda mi familia sabrá que hay Dios en mi casa! ¡Mis familiares, parientes y vecinos sabrán que hay Dios en Uruguay!”

Añadió David: “Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1ª Samuel 17:47). Todavía no había empezado la guerra pero ya estaba ganada. Para David era algo sencillo, y dice 1ª Samuel 17:50: “Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano”. No era tan poderoso en fuerza David para arrojar una piedra con una puntería precisa, seguro que un ángel dirigió esa piedra hacia la frente del filisteo. “Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron…Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda”.

Ganar o perder es una cuestión de creer o temer. A quien tiene fe no le importa lo que está sucediendo en el mundo visible porque sabe lo que sucede en el mundo invisible. Satanás tratará de amedrentarte, pero tú tienes que confrontarlo con fe y hacerlo huir. Cuando tú te presentas en el nombre de Jesús, el que se asusta es el diablo; él ve que vas con fe y piensa que le vas a pegar como David le pegó a Goliat.

Leemos en 2ª Corintios 10:4: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Estas verdades del Nuevo Testamento respaldan las verdades que hemos estado viendo en el Antiguo Testamento. La Biblia señala que la fe es el escudo de Dios que apaga los dardos envenenados del maligno. Los dardos del diablo son las cosas que profería Goliat contra el pueblo de Israel, debilitándolos en su fe y llenándolos de temor. El arma de David era la fe. El hermano le recriminó el haber ido para ver la batalla, Saúl le dijo que no iba a poder porque el filisteo era un hombre de guerra, y él solo era un muchacho sin experiencia. Pero David tenía certeza de que Dios estaba con él. David miraba no lo que veían los demás. El ejército estaba amedrentado por escuchar lo que satanás inducía al filisteo que dijera, pero David hacía caso omiso de todo lo que acontecía en el mundo visible porque sabía que Dios quería la victoria. ¡Toda lucha es espiritual!

Leemos en Efesios 6:12 al 17: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.

CONCLUSIÓN

No es cuestión de hacernos los valientes. Hacerse el matón no sirve para nada. Lo que sí sirve es el valor que te da el saber que Dios está contigo, que eres su hijo y quien atente contra ti se levanta contra tu Dios. Yo no sé qué circunstancia estás viviendo en el mundo visible, mas lo que quiero trasmitirte hoy es la palabra de Dios y que su palabra penetre hasta la médula de tus huesos. Si tú eres un hijo y una hija de Dios, quien tiene que vivir asustado, quien tiene que estar amedrentado y previendo su derrota es satanás. Los poderes espirituales de maldad que te rodean, traman contra ti y no te dejan oír la voluntad de Dios y te infunden temor, y por causa de ese miedo tú no le respondes a Dios haciendo lo que Él quiere.

El Señor tiene un propósito contigo y tiene una visión para ti pero tus temores y excusas no te dejan hacer su voluntad. Y satanás te tiene amedrentado y arrinconado; él te quiere débil y paralizado. La victoria no es de los poderosos sino de Dios. La victoria no es de los que tienen más experiencia, no es de los que tienen más años de cristianos. La victoria es de los que confían en Dios. El Señor quiere que hoy arrebates tu victoria. No sé qué estás enfrentando, pero el Señor te dice: “Yo soy el Dios que te da la victoria. No confíes en tu fuerza ni en tu inteligencia; estoy de acuerdo contigo que tengas miedo, pero deja de sentir temor y pon la mirada en mí. Yo soy tu Dios, el Invencible”.

Tú estás enfrentando una guerra contra los filisteos, ya bastante te ha amedrentado Goliat, bastante te ha mentido el diablo a través de la enfermedad que tienes. ¡No aceptes más la enfermedad ni las mentiras del diablo! La enfermedad tiene origen en las huestes de maldad. Satanás encuentra ocasión en el pecado que hay en el mundo para infundir miedo a las personas a través de las enfermedades. Tal vez recibiste amenazas de tu cónyuge, pero no tengas miedo; tal vez tengas muchos problemas económicos y laborales más el Señor te dice: “Yo soy tu Dios Invencible y tú eres mi hijo”. Somos hijos de Dios engendrados por Él. El nuevo nacimiento es ese, que somos engendrados del Espíritu Santo en un nuevo ser espiritual. Tienes la identidad de tu Padre que está en los cielos. Al verte, satanás tiembla porque tienes el ADN de Dios; en ti está la naturaleza del Dios vivo. ¡No eres un estropajo del que satanás se ríe! ¡No permitas que el diablo se mofe de ti!

El único problema que puedes tener es que no seas hijo o hija de Dios, que tus pecados no hayan sido limpiados y perdonados. Crees que por asistir a la iglesia eres hijo de Dios pero no es así. Quizás crees que eres hijo de Dios porque tienes una cultura cristiana, mas la cultura cristiana no te hace hijo e hija de Dios. Lo único que te hace hijo de Dios es creer en el Unigénito Hijo de Dios, en Jesucristo, a Él tienes que pedirle perdón por tus pecados y pedirle que con su sangre preciosa te limpie de toda tu maldad. Lo que me da identidad como hijo de Dios y me hacer pertenecer e la familia de Jesucristo es la sangre que el Señor derramó por mí. Caminaré, no como un pobre infeliz, miserable, amedrentado por el diablo, sino con certeza, con fe y esperanza porque soy hijo del Dios viviente. Dios es mi Padre y me cuida; Él me sustenta y me provee porque es mi Padre.

Si dudas, no has creído que eres su hijo, porque quien ha creído, ese es hijo de Dios. Satanás miente a la gente diciéndoles que Dios les ha perdonado sus pecados pero hay uno que no se lo perdona, y si tú dices que hay un solo pecado que Dios no te puede perdonar entonces no has creído porque el Señor te perdona de todo pecado. Hoy es el día para venir a Dios y decirle: Señor perdóname, límpiame, quiero ser tu hijo, quiero ser tu hija”.

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