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MENSAJES DEL CIELO

NAVIDAD: VERDAD INAMOVIBLE

INTRODUCCIÓN

El mundo está muy confundido, y la confusión tiene origen en el hecho de que se está enseñando la mentira como verdad y la verdad como mentira. La gente está confundida, pero la iglesia de Jesucristo no, y sabe que la verdad es un fundamento inamovible, insustituible, sobre el cual podemos edificar nuestras vidas y nuestras familias sin temor a caer, sin temor a los problemas, a las enfermedades y sin temor a la muerte. La iglesia no está confundida porque camina en la luz de Jesús. ¡La iglesia conoce la verdad!

Aunque hay creyentes que tienen temor a quemarse con la verdad, sienten vergüenza de exponer la verdad; tienen miedo al pensar que al alumbrar con la verdad, el mundo se les vendrá encima. Y esos creyentes viven atados; no defienden la verdad sino la conveniencia; es decir, si se quedan callados la van a pasar mejor. Quiero anunciarte que creo con todo mi corazón que se aproxima un año de mucha lucha, pero tengo que decirte también que en la historia de la humanidad nunca la oscuridad pudo erradicar la luz. ¡Nunca la oscuridad venció la luz! Por muy pequeña que sea la luz, siempre va a atravesar las más densas tinieblas, y nosotros los cristianos no estamos en tinieblas. ¡Nosotros vivimos en la luz de Cristo! Cuando Jesús entró en nuestros corazones, disipó la oscuridad de nuestra mente y de nuestros sentimientos. Por eso siempre celebramos la llegada de Jesús al mundo. ¡Cuando vino Jesús, vino la luz! ¡Fuera diablo! ¡Fuera tinieblas! ¡Cristo reina! ¡Él es el Rey de reyes y el Señor de señores! A veces pareciera que la verdad es increíble, o que no hay que creerla, porque la lógica y la razón se resisten a creer la verdad. La razón vive en oscuridad, pero la verdad sigue en la luz. Si en tu mente y razonamientos hay oscuridad, a la verdad no le interesa porque la verdad sigue siendo luz.

Quiero enfatizar en algunas cosas, presta atención porque esto es una advertencia de parte de Dios; el Señor me ha mostrado que muchos van a retroceder y a caer porque no estarán firmes en la verdad de Dios.

Dijo Jesús: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). Nosotros somos los locos que creemos que el Espíritu Santo engendró a Jesús en el vientre de María. ¡Gloria a Dios! Así dice la Biblia, y esto va contra toda lógica. Yo quiero compartir contigo la palabra de Dios porque sé que su palabra es la que nos alumbra. Es la palabra de Dios la que nos saca de las tinieblas. La palabra de Dios fue enviada para que nosotros entremos en su dimensión.

NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS

Leemos en el evangelio según San Mateo: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mateo 1:18). Conozco una mamá que era muy cuidadosa con su hija y no la dejaba ir a bailes, cuando salía con el novio, la madre iba con ellos; pero un día sucedió que la chica estaba embarazada. La madre confundida decía que no podía ser posible porque ella no dejaba sola a su hija ni a luz ni a sombra, en el único lugar, recuerda ella, que los dejó estar solos fue en el zaguán de la casa. Entonces, el Espíritu Santo descendió a ese lugar y la embarazó. La mujer cree que su hija quedó embarazada milagrosamente…!

Respecto al nacimiento de Jesús y viniendo esto de la lógica y la razón, estamos hablando de algo imposible, pero para Dios no hay nada imposible. Y si la Biblia dice que la virgen María quedó embarazada del Espíritu Santo, nosotros, los locos, levantamos la bandera de la verdad y declaramos que creemos en ella. La verdad no será destruida y nadie la podrá frenar. Hay predicadores cristianos evangélicos que dicen que Jesús fue sólo un hombre y no Dios. Hoy declaramos que en Belén de Judá nació un niño, fruto de la unión del Espíritu Santo y la virgen María. Esto pone un antes y un después en la historia de la humanidad. Si esto es verdad, y es verdad, cambia todo. Porque nació un ser distintivo, un ser humano único, como ningún otro ha habido jamás. Uno de sus nombres es Emanuel que significa, “Dios con nosotros”. El evangelista Juan dijo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1: 1 y 14). Cuando el hombre decidió independizarse de Dios y determinó que iba a tomar decisiones por cuenta propia, cuando decidió por consejo de la serpiente que sería como Dios, si se independizaba de Él, Dios dijo: “Bueno, ustedes lo quieren así. Yo les voy a mostrar las normas”. Entonces puso leyes y determinó que si los hombres obedecían esas leyes tendrían su favor. Pero los hombres, conociendo la ley, no pudieron cumplirla. Dividimos la Biblia en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, fue en la época en que Dios puso a prueba al hombre que había decidido vivir por su cuenta y lo ha juzgado por la ley. Eso es el período de la ley, en el Antiguo Testamento.

Pero cuando llegó Cristo, inauguró una nueva etapa en la historia de la humanidad, la etapa de la gracia y la verdad. Somos dichosos de vivir en esa etapa en que Cristo se ha revelado con mucho amor y misericordia. Y con mucha paciencia se ha manifestado para perdonar nuestros pecados y librarnos de nuestras maldades. ¡Gracias Jesús! Existimos como iglesia porque hemos creído en este ser bendito que descendió del cielo, engendrado en el vientre de María por el Espíritu Santo. ¡La iglesia existe por causa de Cristo! ¡Te amamos Señor! Celebramos su venida al mundo. El mundo andaba en tinieblas, pero vino gran luz.

Continuando el relato de Mateo, dice así la palabra de Dios: “Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Nosotros, los que creemos en Jesús, somos su pueblo. ¡Somos el pueblo que ha sido salvado por Jesús! ¡Él ha venido a salvarnos de nuestros pecados! El Señor nos ha sacado de oscuridad y nos ha puesto en la luz. ¡Bendito sea Jesús! Este versículo que te comparto es el inicio de una historia extraordinaria, en la que Dios humillándose se encarna haciéndose uno como nosotros y vino al mundo en forma de bebé. Siempre que la Biblia enfatiza una verdad, la declara como una verdad firme y fuerte. Dos veces dice en estos versículos que lo que había en el vientre de María, fue engendrado por el Espíritu Santo. Y nosotros somos los locos que creemos en estas cosas. ¡Bendita locura! ¡Bendito Dios!

El que cree no lo hace porque es lógico, sino que cree porque Dios se lo ha revelado, y la persona, o lo rechaza, o lo abraza. La verdad es para abrazarla y no para razonarla. La verdad no cambiará su naturaleza; seguirá siendo la verdad. Debo decirte algo importante mi hermano y mi hermana; tú puedes irte al infierno, pero la verdad seguirá brillando porque es más fuerte que tú y que el universo. La verdad es la palabra de Dios, y Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Será deshecho el planeta Tierra; será deshecho el universo, y está profetizado que Dios va a hacer cielo nuevo y tierra nueva pero su palabra seguirá siendo firme. La verdad no tiene que reñir con nada ni con nadie; es absoluta porque es inamovible, resiste el tiempo y la cultura. No es relativa como te han enseñado en la escuela, o la universidad, ¡la verdad resiste todo! Y Jesús afirmó: “Yo soy la verdad” (Juan 14:6). Y por cuanto es la verdad también dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12).

Es importante que te grabes esto, porque vienen tiempos de mucha oscuridad y de mucha presión política, en la que vamos a ser perseguidos por creer las verdades de Dios. Jesús también dijo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7: 24 y 25). La iglesia de Jesucristo es columna y baluarte de la verdad (1° Timoteo 3:15). Esto se lo dijo el apóstol Pablo a Timoteo. Y la verdad es Cristo. La iglesia, es decir, nosotros, somos columna y baluarte de Cristo. Esto no es una historia mitológica como dicen algunos. Es la historia de Dios escribiendo su verdad en su palabra.

Y había una virgen, una jovencita adolescente, en un pueblito llamado Belén, pueblo donde había nacido el rey David. Y los profetas habían dicho que ese niño que iba a nacer, era descendiente de David. No fue un hecho que aconteció intempestivamente, sino que fue muy bien calculado por Dios y profetizado minuciosamente, de quién tenía que nacer el salvador, dónde y cuándo tenía que nacer, porque Dios no anda “payando”, sino que hace las cosas planificadamente. Continúa diciendo el relato de Mateo 1:22 y 23: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Esto de Dios es con nosotros es desde que Jesús nación en Belén y hasta el día de hoy. ¡El Señor está vivo! Hace más de dos mil años y hasta este día, la venida de Jesucristo significó: Dios con nosotros. Él vino del cielo y vive con nosotros y en nosotros.

JESUCRISTO, LA VERDAD

Creemos verdad, predicamos verdad y nos afirmamos en ella. Caminamos firmes porque la verdad es un fundamento inamovible. Jesucristo es el Hijo del Dios viviente y es nuestro Salvador. ¡Él es Dios con nosotros! La iglesia es columna y baluarte de la verdad, pero tristemente, los cristianos gastan poco tiempo en leer la Biblia. Necesitamos entender que si vamos a atravesar los tiempos que vienen tendremos que leer la palabra de Dios y abrazarla.

Te voy a compartir otro capítulo de la verdad que se encuentra en Mateo 2: 1 y 2: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”.

Así como sucedió con los magos de oriente, el Señor visita a las personas en donde éstas estén, les enciende una estrella, y los trae el evangelio, los trae a la verdad. Ve tú a saber a qué religión pertenecían estos tres magos de oriente, pero de alguna manera Dios se les reveló; ellos contemplaban las estrellas y así supieron acerca de Jesús. Dios tiene estrategias que ni te imaginas para traer a esa persona dura a los pies de Cristo. En aquel tiempo, algunas civilizaciones transformaban en divinidad a sus reyes, y si eran divinidad, debían ser adorados. Nunca digas que tu hijo o que tu nieto es divino; no trates de divina a ninguna otra persona porque sólo Dios es divino y sólo Él debe ser adorado. Cuando viene la luz y la verdad, y tu razón no tiene nada que ver en esto, cuando se hace la luz en tu interior, tú sabes quién es Cristo, entonces te postras y le adoras. Y los tres magos de oriente llegaron a donde estaba Jesús y lo adoraron. No sabían nada de la ley ni de la historia judía, pero supieron que había nacido un Rey en Belén. Fíjate que llegaron a una aldea tan pequeña, un lugar tan humilde; ¿cómo podía ese niño ser el Rey del universo? Les había sido revelado y la verdad se había apoderado de ellos. No es que la gente tiene que entender; las personas tienen que ser alumbradas. La luz de Cristo tiene que brotar de ti y el amor del Señor tiene que llegar a los que te rodean.

¡Todo el mundo necesita saber que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente! Todos deben saber que Él es Emanuel, Dios con nosotros. Todo el mundo debe saber que Jesús es el salvador, quien nos salva de nuestros pecados. Se trata de conocer la verdad mediante la revelación. Tú no sabes cómo, pero la verdad llega al corazón por más que la persona sea dura; la luz de Dios viene y atraviesa sus entrañas. Tú no podías creer pero vas a creer. La fe se está perfeccionando y estás comenzando a entender que Jesús no es uno más sino que es el Rey de reyes y el Señor de señores, el Hijo de Dios en la tierra. “…Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo” (Mateo 1: 2 al 4). Todos sabían dónde iba a nacer Cristo; los principales sacerdotes y los escribas. “Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”. Esta profecía se encuentra en Miqueas 5.2: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Siglos antes, ya los profetas dijeron que esto sería así.

“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore” (Mateo 1: 7 y 8). ¡Herodes estaba furioso! Pensaría: “¿Quién es éste que va a usurpar mi reino?” Fue el cristianismo el que hizo caer al imperio romano. Los magos se fueron a Belén y allí encontraron al niño; no era diferente a los otros niños, no estaba en un palacio, sus padres no eran príncipes, pero cumplían con las normas de Dios. Ellos pertenecían al linaje de David.

Continuando el relato de Mateo 1, dice así la palabra de Dios: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”. ¿Crees tú esto? Mira, la Navidad no es una celebración que Dios ha ordenado. Yo no creo que Cristo nació un 25 de diciembre, pero celebro que haya una época del año en que recordamos esta historia que para algunos es una tontería, al menos para los laicistas, por eso quitaron todo lo que tiene que ver con lo religioso y declararon que es una fiesta de la familia. Casi cien años han pasado desde que se determinó que la Navidad es una fiesta secular de la familia. Pero nosotros seguimos celebrando el nacimiento de Jesús. ¡La historia de Cristo no la borra nadie! Nosotros gritamos al mundo en esta época: “¡El Rey nació!” Él es Dios con nosotros y aún sigue teniendo misericordia de la humanidad, todavía perdona pecados y sigue siendo el Salvador del mundo. Creer en esto me ha hecho una persona firme y he vencido temores, también venceré lo que venga, pero no me voy a soltar de la verdad.

CONCLUSIÓN

Cristo nació en Belén conforme a lo que declaró Dios en Miqueas 5:2 e Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Todo estaba claramente profetizado y advertido para que hoy tú creas. No te avergüences de la verdad. Jesús dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles” (Lucas 9:26).

Que no te gane la vergüenza, la timidez o el temor. Sé valiente y habla la palabra de Dios a tu familia, a tus amigos y a toda persona porque ellos tienen que saber de Cristo para que sus pecados sean perdonados, para que sean salvos y tengan vida eterna. Debemos terminar la gran conquista que resta, entonces Cristo vendrá pronto. La Navidad no es una celebración más, sino un recordatorio de que Dios no ha abandonado al mundo y sigue ofreciendo su misericordia a todos.

En este momento, el Señor quiere darle la oportunidad a quienes no han tomado en serio a Jesús. Quizás no te ha importado mucho la historia del nacimiento de Jesús y es sólo eso para ti, una linda historia. Hoy tienes que aferrarte a la verdad; tienes que aferrarte a Cristo y darle la oportunidad de que cambie sustancialmente tu vida. No es problema si tienes conflictos en el matrimonio porque si tienes a Cristo, con Él, los problemas se desvanecen. Yo tengo algo más firme que los problemas y las preocupaciones, tengo a Cristo. Pasaron más de dos mil años y sigue aquí entre nosotros y está más firme que nunca. No se trata de pedirle a Dios que te dé esto o lo otro, sino que le digas a Jesús que entre en tu corazón.

Aprovechando estas fechas tan especiales, tal vez debas acercarte al Señor y decirle: “Creo en ti Jesús. Tal vez he creído a medias o descuidadamente, pero sé que quieres que yo asuma hoy un compromiso contigo de por vida y que me la juegue por ti. Te doy mi vida Señor. Perdona mis pecados y límpiame de mis maldades. ¡Sálvame, Jesús! Perdóname Señor, porque te seguí pero me aparté, te recibí pero después te eché, te recibí pero abracé el pecado. Hoy te pido perdón. Líbrame Dios y sálvame, te lo pido en el nombre de Jesús, amén”.  

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