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El reino de los cielos no es otra cosa que el reino de Dios y Él está en la tarea de traer su reino a la tierra. Dios tiene planes muy importantes con el mundo ya que es el creador de los planetas, del universo, creó cada estrella y es dueño del universo. El planeta Tierra no se formó por causa de una explosión ni fue hecho por casualidad. Los seres humanos no descendemos del mono; nuestro creador y Padre es Dios, Él nos hizo a su imagen y semejanza. Por más que los científicos señalen lo que quieran, muchos de ellos están equivocados o mienten porque no quieren que Dios exista, tampoco quieren que Dios intervenga porque piensan que el hombre tiene suficiente inteligencia y suficiente razón como para poder gobernarse a sí mismo y llegar a la felicidad, a la paz y a la hermandad.
El pensamiento democrático nos ha inculcado la idea de que cada uno puede opinar lo que le parece, luego se votan las ideas y unos ganan y otros pierden. ¡Pero así estamos gracias a este sistema de gobierno! Les están enseñando a nuestros hijos los principios de la teoría de género, la cual señala que no hay que condicionarlos en cuanto a su elección sexual. En Argentina se armó lío tremendo por causa de una empresa que fabrica huevos de pascua, la cual diseñó un modelo con una cintita que indicaba que ese huevito tenía sorpresas para los varones y en otros una cinta de otro color que indicaba que tenía sorpresas para las niñas. Se levantó una legisladora en ese país y declaró que no podía ser que una empresa hiciera eso, que cómo iban a condicionar la mente de los niños obligando a un varón que sea varón y a una niña que sea mujer, pues ellos tienen que elegir libremente su opción sexual y nosotros no los podemos condicionar. ¡Un bochorno! En un programa de televisión, los periodistas discutían si estaba mal o no, debatían que ya no se podía usar el color celeste para los varones y el rosa para las niñas porque de esa manera se está condicionando la libre elección de la sexualidad en los niños, ya que éstos tienen que elegir libremente, por lo tanto los padres no se pueden meter en este asunto. ¡A ese nivel está la discusión! Un periodista se quejó: “¡Entonces no le puedo comprar pantalones a mi hijo ni falda a mi nena!” Uno lo interrumpió y dijo que aún, acá, no estaba establecida la norma pero en Europa no se puede usar el rosa o el celeste para identificar a los niños y niñas respectivamente. ¡No me hablen de Europa, allá está todo podrido! Ya, las madres, no pueden vestir a sus niñas como unas princesas, de vestidito, porque en ese caso están condicionando a sus hijas. ¡Éstas podrían elegir ser varón según las teorías que hoy están en vigencia!
En cambio, en el reino de Dios prima la voluntad de Dios y ésta se cumple. Él dice que una persona es varón y otra es mujer, y nosotros lo aceptamos así porque Dios lo dijo. Pero en el mundo vemos a una persona y nos preguntamos si es hombre o mujer.
¿Qué es el reino de Dios? Es el territorio o dominio de un rey, en este caso, Dios es el Rey. Debemos hablar de reino para poder entender un poco ya que al haberse establecido la democracia creemos que es importante que todos opinemos, que expresemos lo que sentimos y votemos. Pero en el reino de los cielos no hay votación, allí no hay democracia porque en el reino de Dios se hace su voluntad.
Muchos quieren entrar en el reino de los cielos pero no les gusta hacer la voluntad de Dios, y yo creo que no van a poder entrar porque nadie que sea desobediente o rebelde lo podrá hacer.
Jesús nos enseñó que debíamos orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9 y 10). Muchos se van a llevar una sorpresa cuando se den cuenta que no pueden entrar al reino de los cielos con opiniones personales. Allí entran quienes se han arrepentido de sus planes personales, de su manera de ver y de pensar porque llegaron a la conclusión de que todo lo que pensaban o razonaban, lo que les parecía o sentían, no servía para nada. Entonces vino el arrepentimiento. ¿Qué es arrepentimiento? Es un cambio de mentalidad que me saca de un estado que me hacía pensar de determinada manera; cuando tengo un encuentro con el Espíritu de Jesucristo, me arrepiento de ir en la dirección que estaba yendo, doy la vuelta y comienzo a pensar de diferente manera. Puedo ver las cosas como Dios las ve y salgo de mi estado de capricho, de querer hacer lo que siento o lo que pienso, me vuelvo a Dios y empiezo a caminar en obediencia a Él.
Hablé con una joven, hace unos pocos días y me dijo: “Yo a una comunidad no voy ni loca”. Pero, se quedó un fin de semana en un centro comunitario y le gustó, entonces me declaró que ahora sí quería ingresar a esa misma comunidad en la que estuvo. Yo la interrumpí y le dije que debíamos buscar la voluntad de Dios porque no era cuestión de hacer lo que a ella le gustaba y le parecía sino lo que Él quiere. Le propuse que asistiera a la iglesia y se integrara más, entonces después se vería si ingresaba a algún centro comunitario. ¡Lo importante no es que vaya a la que le gusta sino que ingrese a donde Dios quiera!
Para poder salir de la posición de hacer lo que a mí me parece, lo que me gusta o siento, para hacer la voluntad de Dios, aparecieron cosas que yo no tenía previstas. Hay una joven en Haití que se estaba por poner de novia en el tiempo en que Dios la llamó para ir a ese país. Cuando ella entendió que Dios la quería allá tomó la decisión de irse dejando a su pretendiente, puso en el freezer sus planes, sus sentimientos y deseos porque Dios la quería en Haití. No era cuestión de seguir sus anhelos sino que lo importante era que Dios la quería allá. Cuando esta joven oró y decidió obedecer, y les comunicó a sus padres lo que iba a hacer, se le pusieron en contra. Ellos no eran creyentes, entonces su padre le dijo: “¡Vos no vas a ningún lado! ¿A dónde te quieren mandar y por cuánto tiempo vas a estar allá?” Ella le señaló que estaría el tiempo que Dios dispusiera, y que si Él quería que se quedara, lo iba a hacer, de lo contrario se volvería. ¡Estaba dispuesta a hacer la voluntad de Dios! ¡Se armó una pelea familiar muy fuerte a razón de esto! Sus padres se negaban a dejarla ir y ella estaba decidida a hacerlo. La joven les dijo: “Ustedes ahora no entienden, pero más adelante lo entenderán. ¡Yo tengo que hacer la voluntad de Dios!” Su padre le advirtió que si ella se iba, tendría que olvidarse que era su hija, pero ella le declaró que estaba decidida, e iría a Haití a hacer la voluntad de Dios.
La voluntad de Dios no siempre nos gusta pero es su voluntad y quienes están en su reino no pueden poner condiciones. El reino de los cielos no sólo está en el cielo sino que también está en la tierra; y el reino de los cielos en la tierra se está llevando adelante a través de las vidas que han entendido lo que esto significa y han entendido que Dios es el Rey de ese reino y deciden hacer su voluntad.
Para ir a Haití, muchos han dejado sus proyectos; entre ellos estaban los estudios que quedaron pendientes, los noviazgos, las familias. Y Carolina, la joven que mencioné, tiene una hermana que trabaja en un hotel muy importante, la que espantada le señaló que estaba loca, hasta una prima que tenía contacto con ella dejó de escribirle. Carolina se fue llorando a Haití pero lo hizo convencida que era la voluntad de Dios. Para su sorpresa, a los pocos meses, algo sucedió en su familia ya que comenzaron a asistir a una iglesia en la ciudad de Rivera y al tiempo se bautizaron.
Cuando ella se fue, el diablo le susurraba: “Viste, ahora con lo que hiciste tu mamá no se convierte más, tu padre se va a enojar con Dios porque por causa del evangelio le han quitado una hija”. ¡Pero lo cierto es que sus padres ahora son creyentes y se han bautizado! ¿Cómo hace las cosas Dios? ¡No sabemos, pero las hace! Lo bueno de hacer la voluntad de Dios es que tiene su rédito. ¡Dios bendice a la gente obediente!
Algunos señalan que ellos no tienen un llamado a predicar, como otros. ¡No! ¡Si eres ciudadano del reino de los cielos tienes el llamado para hacer sólo la voluntad de Dios! No es que tú tienes permiso de hacer lo que sientes pero otros no, así que suelta lo que tienes que soltar ahora.
La hermana de Carolina vivía con el novio pero un día se pelearon; entró en una gran depresión y no sabía qué hacer con su vida, tenía deseos de morir. Entonces le escribe a su hermana que está en Haití, contándole lo que le estaba sucediendo y ella le responde: “Yo no tengo ningún remedio para darte, lo único que puedo decirte es que tienes que entregarle tu corazón a Jesús. Acercate a la iglesia Misión Vida allá donde vivís y pedí ayuda”. La joven fue, le gustó, se entregó a Cristo, asistió a un encuentro, se bautizó y le escribió diciéndole: “¡Ahora entiendo tu locura porque yo también estoy loca!” Y hace unos días, Carolina me escribió contándome que iría al aeropuerto a buscar a su mamá y a su hermana que la iban a visitar a Haití…
Yo he dejado a mis padres, dejé mi carrera y todos mis planes por servir a Dios pero a la vista está, cómo Dios me ha bendecido. Me considero un hombre bendecido, pero tuve que renunciar a lo que me gustaba y a lo que quería y entender que debía salir de mi mundo de pensamientos, razonamientos y sentimientos.
El hombre se quiere guiar por los sentimientos y razonamientos pero Dios quiere que tú camines por fe. Hay otro sentido que es mejor y superior y es oír la voz de Dios, creerle y caminar obedeciéndole. ¡No se puede tener un poco de cada cosa! Hay quienes quieren negociar con Dios y le dicen: “Si permitís que termine tal cosa…” o “Si Dios me da una casa entonces lo obedezco y me caso” como me han dicho algunos haitianos que conocí. Ya están viviendo juntos, tienen hijos, viven en una choza de porquería, y le decimos que tienen que casarse pero no aceptan porque no tienen casa. “¿Entonces para qué estás con esa mujer?”, le preguntamos, pero ellos porfían que serán obedientes si Dios les da lo que quieren. Algunos piensan obedecer cuando terminen los estudios, otros cuando terminen de criar a sus hijos. ¡Negocian con Dios! Yo te doy esto pero tú me das lo otro. ¡Con Dios “no hay tutía”[1], como dice la expresión popular! ¡Sólo su voluntad es agradable y perfecta!
“Ah, pero a mí no me gusta”. ¡Si todavía no la has probado! ¿Cómo me puedes decir que no te gusta? “Es que no lo siento…” ¡Tienes que probar la voluntad de Dios!
Un día te levantas y sientes de determinada manera, otro día sientes diferente al día de ayer. ¡Los sentimientos van y vienen! ¡No podemos confiar en lo que sentimos! ¡No podemos confiar en lo que razonamos! ¡Hay algo mucho más razonable y es la voluntad de Dios!
Leemos en Hebreos 11:8: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció…” La fe te lleva a la obediencia, el que cree, obedece. Me dijo una joven: “Déjeme que lo medite”. ¡La vas a quedar si lo piensas mucho! ¡Tienes que decidir! ¡La fe decide! Tienes que decidir si harás o no la voluntad de Dios. La obediencia es importantísima e indispensable y quien la piensa mucho, nunca obedecerá a Dios. Quien razona mucho o le pregunta a su corazón y a sus sentimientos nunca va a obedecer la voluntad de Dios.
Es necesario entender que para hacer la voluntad de Dios debo renunciar a lo que yo pienso y a lo que siento y debo obedecerlo. Eso fue lo que hizo Abraham: “8Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). “A ver, contame Dios, ¿a dónde me estás mandando? Dime cómo es para ver si te obedezco o no…” Dios no le contó a Abraham cómo sería la herencia que le iba a dar, tampoco donde estaba, sólo le dijo: “…Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). ¡Abraham le creyó a Dios y le obedeció! El resultado de su fe y obediencia vino después. Algunos quieren saber antes de actuar, pero Dios quiere que creas y obedezcas antes.
Además Abraham, por ser creyente y obediente llegó a ser amigo de Dios: “23Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23). Dios iba a destruir Sodoma y Gomorra, entonces dijo: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” (Génesis 18:17 al 19). Entonces le contó Dios a Abraham, su amigo, los planes que tenía. ¡Fíjate que los obedientes tienen ventajas!
Tú quieres saber cuál es la voluntad de Dios y quieres que Él te muestre sus planes pero, ¿eres obediente? Si no eres obediente, no esperes que Dios te abra su corazón y te muestre su voluntad. ¡Dios sabe a quien abrirle su corazón para mostrarle sus secretos! ¡Dios sabe a quien desafiar y a quien no! Con Abraham abrió su corazón porque éste llegó a ser su amigo. ¿Quiénes llegan a ser amigos de Dios? ¡Aquellos que por la fe en Él, le obedecen!
Le agradó tanto a Dios la obediencia de Abraham, que a cada momento le declaraba: “Te bendeciré y serás bendición”. También le dijo: “Serán benditas en ti todas las naciones de la tierra”. Le contó Dios a Abraham un plan que tenía para bendecir todas las naciones a través suyo, y el resultado fue que, del linaje, de la descendencia de Abraham, vino Cristo, quien murió en la cruz del calvario para hacerse cargo del pecado de todas las personas que habitan el planeta, en cualquier nación; y cualquiera que esté en maldición, en camino de muerte y pecando pero que crea en Jesús, será bendito. Y eso es una cuestión de fe, no se trata de lo que haces o no haces, sino de creerle a Jesús.
Muchas son las personas que le han creído a Jesús y son descendientes de Abraham. Cristo desciende de Abraham y nosotros somos sus hermanos, estamos hermanados a Jesús. La Biblia nos enseña que aquellos que hemos creído como Abraham, pertenecemos a sus bendiciones. También nos enseña que cuando Abraham le creyó a Dios, aún no existían los diez mandamientos; cuando decidió obedecerle a Dios no habían leyes, sólo existía una relación personal de amistad, de fe y obediencia, por lo tanto, Abraham vino a ser padre de los que han sido paridos por la ley, éstos son el pueblo judío, y de los que creemos, los que estamos sujetos a la ley de la fe.
¡Es necesario que tomes una decisión importante en tu vida!
Hay otra joven que está trabajando en la obra de Haití y le sucedió algo parecido a lo de Carolina; cuando le contó a su padre de su decisión, éste se enojó mucho y al ver que su hija no cedía, la amenazó con que se quitaría la vida. La chica le dijo: “Si te vas a matar, hacelo ahora, porque si lo haces después que me vaya, no voy a poder asistir a tu velorio”. Ella, como Carolina, son mujeres heroínas que están dispuestas a dar la vida por hacer la voluntad de Dios.
¿Cómo crees que Dios hará sus grandes planes en la tierra con gente que no está dispuesta a renunciar a sus vidas? ¡Tienes que renunciar a todo! ¿Qué tienes entre manos? ¿Qué tienes para ofrecerle a Dios? ¡No hay nada bueno en ti! Lo que tienes de bueno es lo que Cristo te da.
Abraham llegó a ser el padre de los creyentes y en la Biblia se lo llama “El padre de la fe”. El que tiene fe, conoce la voluntad de Dios, en cambio, quien no tiene fe, razona, especula y saca a relucir lo que siente y lo que le parece, pero el que tiene fe toma decisiones con certeza. Es difícil, pero el que tiene fe renuncia a todo porque considera que la fe es lo más importante.
Hay quienes creen que entrarán al reino de Dios pero no podrán hacerlo porque Dios no dejará entrar desobedientes. ¡Dios no es democrático, Él es soberano! ¡Rey de reyes y Señor de señores! En su reino se hace solamente su voluntad, y ésta, según nos afirma la Biblia, es agradable y perfecta.
Vuelvo a insistir en todo este tema porque tienes que renunciar a tus planes, a tu voluntad y deseos, tienes que renunciar a tus sentimientos. Hoy en día se predica que lo que tienes en el corazón Dios te lo puso y se lo creen. Hay quienes se fijan en una mujer casada o en un hombre casado y como está en su corazón ya quieren meterse con ella o con él porque según ellos ese sentimiento se los puso Dios. ¡Creen que todo lo que tienen en el corazón es de Dios! Alientan a los demás señalándoles que si está en su corazón tienen que arrebatarlo porque les pertenece. ¡Espera! ¡El diablo también pone cosas en el corazón! No tienes que buscar en tu corazón sino en Dios; tienes que levantar tu rostro al cielo y decirle: “Señor, quiero hacer tu voluntad, renuncio a todos mis planes”.
La palabra arrepentimiento significa cambio de mentalidad, cambio de perspectiva de la vida. Durante toda mi existencia he hecho lo que siento y lo que pienso pero ya no quiero hacerlo más, ahora quiero conocer la voluntad de Dios y eso es por la fe.
Algunos dicen que si la voluntad de Dios es agradable y perfecta les tiene que gustar. Si tú no has hecho la voluntad de Dios aún, ¿cómo puedes decir si te gusta o no sin haberla probado? Es como cuando te ofrecen algo para comer pero tú dices que no te gusta, aunque nunca lo has probado. ¿Cómo puedes decir que no te gusta si nunca los has probado? Así hay algunos que no quieren hacer la voluntad de Dios, porque no la sienten o no les gusta. ¡Hay que hacer la voluntad de Dios primero y después dirás si te gusta o no!
A mí me sucedió que Dios quería que yo fuera pastor y yo enseguida protesté: “¡No! ¿Pastor yo? ¿Y mi título de arquitecto? ¡No! Yo te hago templos grandes si quieres, te los hago sin cobrar nada. ¡Te consagro mi título!” Pero Dios me dijo: “No quiero tus títulos ni tus templos, te quiero a ti”.
Muchos están mal porque aún no han descubierto lo que es realmente arrepentirse, creen que son de Cristo pero esto es solo un sentimiento porque para ser de Cristo se requiere haber renunciado a uno mismo.
Leemos en Romanos 4:16 al 18: “16Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros 17(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. 18El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia”.
Hay otras versiones de la Biblia en las que se traduce el término “gentes” por “naciones”. Muchos piensan que la gente que es obediente es tonta; que se dejan pisotear, que no tienen carácter, cualquiera viene y los atropella, etc. Pero yo te digo que hay que ser humildes para ser obedientes; Dios levanta a los humildes y resiste a los soberbios.
En mi experiencia he observado a muchas personas que me rodean: A algunos les encanta como predico pero prefieren estar lejos de mí, tienen miedo de tratar conmigo porque puede ser que yo les pida algo o les diga algo que ellos no quieren hacer u oír, y como no quieren chocar conmigo, me escuchan de lejos. ¡Tienen una oreja grande y un corazón chiquito! ¡Carecen de manos y pies para obedecer! A algunos no les pido nada porque me ponen mil excusas, entonces no tengo tratos con ellos. Pero hay relación con los obedientes. A éstos les digo: “¡Subí, baja, anda, vení!” ¡Y lo hacen! Entonces opinan: “¡Pobre, cómo lo tienen! ¡Es un estropajo! ¡Ese Márquez cómo se enseñorea de la gente!” Resulta que uno siempre echa mano a los obedientes, entonces a los que ponen excusas no se les pide nada pero a los obedientes se les pide todo, y a éstos los vas a ver hacer todo el día. Esos llegan a ser personas de confianza. Y cuando hay que poner a alguien de confianza en algún lugar, ¿a quién crees que voy a llamar? Llamo a un obediente, ese del que dicen que es un estropajo y que es tonto, y lo pongo en donde necesito a alguien de confianza. ¡Dios da gracia a los humildes y resiste a los soberbios!
En el reino de Dios los obedientes y los humildes, avanzan; y los que le ponen excusas a Dios, -que después, que estoy cansado, que tengo deudas-, Él los deja ahí porque no puede contar con ellos. ¿Crees que Dios puede tener una buena relación con esas personas o que les va a revelar sus planes? ¡No!
Algunos a quienes les llega este mensaje, atesoran esta palabra, en cambio otros la resisten y dicen: “Yo estoy de acuerdo hasta cierto punto…” Es como si invitaras a alguien a comer a tu casa y lo agasajas con una comida suculenta, pero luego toma el cubierto y comienza a separar la zanahoria porque no le gusta, el tomate tampoco, la grasa menos, y tú te quedas mirando y pensando que te mataste haciéndole de comer y rechaza todo. ¡Dios tiene un plato suculento para ti! ¡Él anhela bendecirte! ¡Dios tiene grandes planes para el planeta Tierra! ¿Con quién crees que lo va a hacer? Hoy tienes que decidir si lo hará contigo o con algún otro, porque Él no podrá usar a los que le ponen excusas, pero los que creen y le obedecen dejarán hoy lo que haya que dejar con tal de conocer la voluntad de Dios y la harán.
Mira que un hogar de niños en Haití no se hace con cualquiera y de hecho unos cuantos que han ido no quieren volver. En Haití necesito contar con gente comprometida, para hacer esa obra se requiere gente con fe, que no retroceda. Jesús tenía razón al decir: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).
¡Una vez más Dios te dice que medites en lo que estás haciendo! Mi tarea es instaurar el reino de los cielos en la tierra y éste está solamente donde hay gente dispuesta a hacer la voluntad de Dios. No es importante si te gusta o no, si quieres, si lo sientes; lo que importa es que sepas cuál es la voluntad de Dios y que estés dispuesto a hacerla. ¿Estás dispuesto?
Hoy, Dios te da una nueva oportunidad. Ya he predicado acerca de esto y le he preguntado a Dios por qué me hace predicarlo de nuevo, y Él me ha respondido que hay muchos cabezones que aún no han entendido. Dios dice: “¡Es que no se niegan a sí mismos! ¡Es que no renuncian a sus planes! ¡Quieren andar conmigo pero no están dispuestos a hacer mi voluntad!” Dios tiene planes para hacer, pero, ¿con quién los hará? ¿Los podrá llevar a cabo contigo?
Si has entendido que esta palabra es para ti y hoy quieres pedirle perdón a Dios y renunciar a tus planes, si has oído la voz del Espíritu Santo y de verdad estás dispuesto a renunciar a lo que haya que renunciar, haz una oración y dile: “Dios amado, ¡perdóname! He hecho siempre lo que se me ha dado la gana, he hecho mi voluntad, mi perecer y mi sentir pero se que estoy mal, se que estoy en la misma de siempre. Se que no puedes hacer algo grande conmigo porque no estoy dispuesto Señor; no quiero dejar mi puesto, mi lugar, mi casa, no quiero dejar mis cosas. ¡Límpiame, Dios mío! Yo, hoy corto con lo que tengo que cortar. Señor, hoy entiendo que tú no podrás hacer nada grande y me arrepiento. Haz conmigo como tú quieras. Me entrego a ti Señor, tómame, perdóname, séllame con el poder de la fe y de la obediencia, que yo sea un creyente y no uno que opina Dios mío. En el nombre de Jesús hago esta oración, amén”.
“Espíritu Santo, libera a los que están cautivos en sus sentimientos, libera a los cautivos de su mente y razonamientos. Limpia el corazón, la mente, las emociones, en el nombre bendito de Jesús. ¡Padre, glorifícate! ¡Bendice a tu pueblo en esta hora! ¡Que reciban una nueva unción, un nuevo poder! ¡Obra poderosamente Dios, sopla con poder! Quema toda inmundicia Padre, quita la desobediencia y la rebelión, y pon en sus corazones la fe y la obediencia. ¡Libera a los cautivos, te lo pido en el nombre de Jesús, amén!
[1] “No hay tutía”: Es decir, no hay remedio o no hay solución.
ANEXOS: